Nada me pertenece, pero eso ya lo saben.
6.- Inesperado
Edward POV
Carlisle y yo llevábamos acomodando mi habitación y su estudio un par de horas, mientras íbamos a ver a Nessie y a Renée cada par de minutos. La primera se estaba encogiendo a un ritmo alarmante, como cinco cm por hora. Y Renée estaba normal, quizás un poco cansada, charlando con Phill. Y las habitaciones estaban casi listas.
En una de las habitaciones dejamos espacio para las cunas que sabía que las chicas iban a traer, junto con instrumental que sería necesario en caso de que algo ocurriera, aunque esperábamos que no pasara. En la otra pusimos lo necesario para el parto de Renée. Un asunto que realmente preocupaba a Carlisle era la posibilidad de muerte de su consuegra, aunque hubo algo en su forma de pedirnos que apadrináramos que me hacía creer que ella no quería sobrevivir, y aunque lo hiciera nos dejaría a la bebé de todas maneras. De todas maneras, íbamos a intentar que ella al menos pudiera despedirse y conocer a su hija.
Iba a ser más duro para Bella de lo que imaginaba, y sabía que parecía tener un título en actuación porque nadie se había dado cuenta de lo duro que era para ella saber que su madre iba a morir. Y lo peor era que no iba a poder consolarla como era debido teniendo en cuenta que iba a estar atendiendo el parto y a las dos niñas. ¿Irónico?
Las chicas llegarían en una media hora, y esperábamos tener todo listo para entonces, pero lo que realmente me estaba preocupando era que el encogimiento parecía ir cada vez más rápido. Si antes sólo eran un par de centímetros por hora, ahora era mucho más rápido. Ya no tenía casi nada de cabello y parecía de unos tres o cuatro meses de nacida. Tan pequeña como Bella la había conocido. Y Renée comenzaba a sentirse débil.
- Edward – llamó Carlisle – no te gastes. Sé en lo que piensas, pero no vas a lograr nada. Bella es fuerte y lo sabes bien. Lo afrontarán juntos, como pareja y en su momento, ¿entendido?
De una u otra manera, lo sabía. Era una conexión que formamos después de tanto tiempo juntos, algo que aún no lograba desarrollar con los demás.
- Ok – cedí. Mi semblante no lo demostró, pero lo tomé muy a pecho. No podríamos hacerlo del todo como pareja si seguíamos en Forks. Es decir, lo haríamos, sin embargo, las bebés estarían bajo la influencia de toda la familia. Serían criadas por una adicta a las compras, una madre-tía obsesiva, dos abuelos muy consentidores, un tío subido de tono y no del todo amable, todos sin modales, todos raros, todos sin rutinas, sin trabajar para conseguir lo necesario. Sería muy lindo, pero no bueno para que fueran educadas. Tenía que hablarlo con Bella, pero quizás, no era lo mejor hacer las cosas tan en familia, a pesar de todo. Sin embargo, Carlisle se dejó llevar por mi expresión, por lo que me miró, interrogante.- Creo que lo que más me preocupa es encargarme de Bella. Quedará destrozada cuando su madre muera, y no podré abrazarla por estar cuidando a las niñas. Ella es fuerte, pero no quiero que sufra. Es algo inevitable.
- Lo sé, pero la verdad es que no hay mal que por bien no venga, y tampoco hay uno que dure cien años. – Aconsejó con una sonrisa.
- Ni cuerpo que lo aguante – le repliqué. Eso era a lo que temía.
Volví a la otra habitación, donde mi bebé estaba realmente pequeña. Carlisle estaba a mis espaldas, pero supo mi preocupación casi en el momento en que entró en la habitación.
- Quizás deberíamos detener el medicamento – sugerí con un suspiro. Renesmée estaba diminuta, pero aún no era una recién nacida, quizás convenía detenerlo, y que los remanentes le ayudaran a terminar el proceso, para evitar que la cosa se nos saliera de las manos.
- Estoy de acuerdo, encárgate de ella – me dijo, dándome una palmada en la espalda, antes de avanzar hasta la máquina, que apagó por medio de un interruptor. Los propulsores, que habían estado girando a toda velocidad, se detuvieron poco a poco. Cuando estuvieron quietos, ya con toda la sangre fuera de ellos, fui hasta mi bebé, a la cual desconecté con suavidad de las intravenosas, poniendo unos pequeños, muy pequeños apósitos en los pequeños orificios.
- Temo que esto no funcione como debería – le confié a mi padre, acariciando el pequeño cuerpo de mi hija.
- Puedes cargarla, si quieres – me dijo con una sonrisa.
Decidí tomarle la palabra, un bebé necesita calor humano, y aunque yo no era cálido, podía darle y transmitirle mi cariño. La levanté con cuidado, jalando la suave colcha que cubría la cama, para protegerla de mi fría piel. Podría hacer esto. Bella y yo nos haríamos cargo.
Como si fuera una respuesta a mis pensamientos, ella y las chicas entraron a casa, con una cantidad realmente grande de bolsas, y sabía por sus pensamientos que había otras cosas, incluyendo cajas, en el coche.
Mi esposa subió las escaleras graciosamente rápido, a pesar de la panza que cargaba en su vientre y los tacones en sus pies, hasta llegar a mí.
La besé con todo mi amor mientras observábamos a Nessie, recién nacida ya, durmiendo en mis brazos como si solo tuviera un par de días de vida. Bella se detuvo a mi lado y se recargó en mi hombro, observándola también. Alice nos tomó una foto desde el otro lado de la habitación. Seguramente éramos una imagen muy curiosa, con una bebé recién nacida y con Bella a mi lado, embarazada de 9 meses.
Todo pasó realmente rápido. Escuchamos un grito en la habitación contigua, unida al ruido de agua cayendo, gracias al cual supimos que Renée había roto fuente, sin embargo, antes de que pudiera dejar a mi hija en la cama e ir a ver qué había pasado, otro grito me sacó de mis pensamientos.
A mi lado, mi esposa estaba doblada de dolor en el suelo.
~Sev
