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¡Nuevo cap! ¡Nuevas intrigas y nuevos personajes! Y por fin, ¿un paso más cerca de Kaname...?

¡Disfrutadlo y gracias por vuestros reviews!

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6- Las misteriosas hermanas Brown

Aquella noche nuestro cazador de vampiros fue a un cabaret de la zona baja de la ciudad. El salón era muy alto, del techo colgaban ténues luces de cristal y el escenario era amplio, con una pasarela en el centro para que las hermosas vedettes se contonearan a sus anchas entre el público mixto.

En realidad, Zero sabía que allí no encontraría nada de lo que buscaba.

Pero esa noche era una pausa. Esa noche... venía con otros propósitos.

Se apartó los mechones de cabello plateado de la cara, y al hacerlo notó que un sudor frío le recorría la frente. Se movió en su silla, incómodo.

Sabía por qué estaba nervioso. No era miedo o vergüenza, en absoluto, ni tampoco calor al ver los cuerpos expuestos de las jovencitas.

Una de ellas le miró coqueta al pasar cerca de él en el escenario, y después continuó con una rápida coreografía de baile.

Zero le devolvió una mirada y le mostró una sonrisa arrogante.

... Era la expectación de un cazador al elegir su presa.

Su consciencia interrumpía constantemente ese proceso, y aunque Zero se odiaba por ello, empezó a descartar mentalmente las personas que parecían más débiles o viejas. En realidad, pronto acabó descartando todos los hombres, ya que estaba, antes prefería a una linda bailarina que no a un pervertido que no tenía nada más que hacer que venir allí un día entre semana a la una de la madrugada, sin conocimiento, claro, de la esposa que le aguardaba en casa.

La que le había mirado estaba bien. Era pequeñita y tenía un aspecto... dulce. Pronto se arrepintió de pensar así, porque aquellas características le recordaron a la persona que no deseaba recordar, no en aquel momento.

Definitivamente, buscaría otra víctima.

Se levantó de la mesa convencido de coger por sorpresa a cualquier chica en el backstage y llevársela antes de que nadie se diera cuenta. Él podía hacerlo. Con el poder de Ichijou dentro de él, sería tan veloz como una ráfaga de viento.

Y "puf", la chica desaparecería. Y sería suya.

"Soy repugnante" se dijo. Pero no le importaba.

No importaban los medios...

... se convertiría en cualquier cosa con tal de poder llevar a cabo su venganza.

- Excusez-moi – dijo una voz aguda junto a él, sorprendiéndolo.

- ¿Qué...? - Zero había hablado en japonés, así que intentó concentrarse y recordar su escasa conversación en francés – Est-ce que je vous connais?

La persona que estaba delante de él era una chica morena, más bien baja y con ojos verdes y grandes. Parecía nerviosa de estar hablando con él, puesto que se cogía las manos y evitaba mirarle directamente a los ojos.

- El otro día usted [NA/ en Francia, el "usted" (vous) es obligatorio en cualquier conversación con una persona poco conocida o a la que le guardas respeto] estuvo conmigo y con unas amigas en un pub de... - empezó ella.

Zero comprendió. ¡Era una de las tres con las que había bebido hacía unos días! No la había reconocido porque la sed le nublaba los sentidos por momentos. Ahora, pero, con el cuello al descubierto y a su vista, sus ojos empezaban a teñirse de carmesí pensando en el sabor que tendría la sangre de la pariseña. Intentó espabilarse y le saludó cortés pero fríamente. Cuando volvió a mirar su piel, cambió de opinión y decidió invitarla a compartir su mesa de nuevo. Ella aceptó y al sentarse, dijo:

- Debe perdonar... como estuve el otro día. No suelo emborracharme así, ¿sabe?

Zero le hizo un gesto para restarle importancia y le sonrió.

Quería beber su sangre.

Se preguntó cuánto tiempo necesitaría para convencerla de ir a fuera con él.
Se preguntó si gritaría mucho después.

- Es que mis amigas son muy lanzadas con los hombres y suelen decirme que yo debería serlo también – continuó ella, con un vaso de martini en la mano – Pero no se me da muy bien, qué digamos -rió suavemente.

Zero no le hacía el más mínimo caso. De hecho, no entendía todo lo que le decía, y además no estaba por la labor de traducir nada. Solamente se dedicaba a asentir de vez en cuando, con una enigmática medio sonrisa en los labios.

Ella debió sentirse un poco tonta, hablando sola, y calló de pronto. Ahí Zero se dio cuenta de que él también debía participar en la conversación, o la caza se iría a la mierda.

- Perdona, entonces, ¿el otro día fue una excepción? - dijo en inglés (total, ella ya sabía que era extranjero) – Porque a mí me pareciste muy sexy.

La joven, que probablemente había sido criada para decir siempre "por favor" y "muchas gracias" se sonrojó casi hasta las orejas. Zero pensó que era muy mona, y le dio un poco de lástima tener que alimentarse de ella.

- Seguro que no, si casi no sabía ni de lo que hablaban. Ahora que recuerdo – dijo ella, obviamente para cambiar de tema – usted buscaba información sobre un personaje pariseño, ¿no? El Ladrón del Louvre...

Los ojos de Zero se agrandaron mientras su cerebro se olvidó sistemáticamente de la sed.

- En quel momento, estaba tan borracha que no podía pensar – dijo ella – pero, verá...

La muchacha le contó que conocía una persona que sabía mucho del tema, y que era la que siempre explicaba la leyenda a la gente. Se llamaba Anne, y trabajaba como restauradora en el museo del Louvre.

- Si pregunta por ella seguro le atenderá. Es bastante conocida allí.

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- ¿Anne? Tendrá que ir a la sección de Egipto, creo que tiene turno allí.

El día siguiente había amenecido lluvioso y frío. Zero Kiriyu había entrado en la elegante pirámide de cristal que es la nueva entrada al museo más grande del mundo y se había quitado la chaqueta, húmeda por la lluvia (no tenía paraguas). Con un mapa del museo en las manos, se apresuró a encontrar el lugar en cuestión y al llegar, en seguida pudo ver a la señora Anne en persona.

Parecía, aparentemente, una mujer normal, de unos 40 años. Tenía el pelo corto y recto y llevaba unas gafas rectangulares que le hacían los rasgos más severos. La nariz era un poco estrecha, y los ojos marrones y escrutadores. Llevaba un traje de falda-chaqueta elegante y parecía atareada observando unas vasijas antiguas.

- Estoy con usted en un segundo – le dijo sin girarse, cosa que sorprendió mucho al prefecto.

Al cabo de un par de minutos de espera, la mujer se presentó y le dijo que le esperaba (cosa que también descolocó a Zero) pero que aquel no era un lugar adecuado para hablar. No entendió muy bien la razón que dijo ella en francés, así que, para acabar de rematar las sorpresas, la mujer se lo repitió en japonés:

- No querrás que algún cotilla escuchara nuestra conversación...

Zero no respondió, pero frunció el ceño. ¿Quién era aquella mujer?

Anne le llevó con él hasta un ascensor acristalado. Bajaron hasta el piso más bajo, (un inmenso párquing), y caminaron en silencio hasta una puerta azul oscuro que tenía un cartel colgado: "mantenimiento". La mujer ignoró el cartel y abrió la puerta con una de las llaves que llevaba. Zero la siguió adentro.

¡Oh, por Dios! ¿Iban a hablar en un mísero cuarto de la luz? Él no creía que aquel sitio fuera más seguro que la sección Egipcia. Sin embargo, Anne abrió una caja de luces antigua, que tenía pinta de no funcionar bien y de estar llena de moho.

Empezó a tocar botones y a dar y quitar luces.

Y de pronto, se oyó un sonido así como "click" y el interior de la caja de luces se deslizó hacia la derecha casi en absoluto silencio. Anne se levantó, señaló el oscuro vació que se veía ahora a través de la pared y con un gesto, indicó a Zero que pasara.

Este no se lo pensó mucho, y se metió adentro. Tocó suelo firme y se descubrió a simismo en una especie de plataforma metálica. Anne le siguió y estiró de una palanca.

La plataforma descendió.

Ninguno de los dos dijo nada, pero Zero no paraba de mirar fijamente a aquella desconocida. No notaba nada sobrenatural en ella, pero todo aquello no podía ser obra de una persona normal.

.............................................. en otro lugar, muy lejos, mucho más frío.............................

El ansia era cada vez mayor.

Le ahogaba aquella sensación de necesidad, tan fuerte que eclipsaba cualquier otra cosa.

No sentía nada, ni siquiera el dolor en las entrañas.

Rugió, pero tenía la garganta seca, y fue como ahogarse aún más. Se acurrucó contra la nieve helada y enterró la cara entre su manto. El sabor del frío elemento era indescifrable, y no le calmó la ansiedad.

Si no cazaba, le devoraría la sed.

...................................................

- Mi nombre es Anne Brown – dijo la mujer desde su cómodo sillón de felpa – Y esta es mi hermana pequeña, Teressa. Aunque se la conoce más por el nombre de "El Ladrón del Louvre", como ya sabrás.

La escena era, por así decirlo, algo singular.

Teressa y su hermana estaban delante de aquel desconocido de ojos extraños, serias, tras una presentación en condiciones.

Le dio la impresión de que el chico, que ya parecía traspuesto entre tanta sorpresa, no sabía si echarse a reír o empezar a gritar.

- ¿UN...VAMPIRO? - casi escupió - ¿Ésta es la leyenda de París?

Teressa Brown le miró con desdén. Era una mujer bella, podría haber tenido tanto 20 como 35 años (la edad de un vampiro siempre es un poco difícil de asegurar) y tenía una cabellera espesa y rubia, llena de rizos salvajes. Vestía una camisa blanca, unos pantalones de cuero ajustadísimos y una chaqueta abotonada. Con el añadido de unas coquetas gafas de sol en el pelo y un escote que hubiera impresionado a la más ligera.

Vale, no era el atuendo de cuando iba a trabajar, ni de cuando acudía a las reuniones, pero era la ropa cómoda y transparente, como ella misma, que querría llevar siempre que pudiera. Necesitaba prendas que no le asfixarian.

El extraño la miró de nuevo y, fulminándola con esa mirada rasgada, dijo algo en su lengua, que Teressa, que sólo dominaba francés e inglés, lógicamente no captó.

Anne, sin embargo, contestó al muchacho con una respuesta seca que le dio a entender que no empezaban por buen camino.

¿Cómo había llegado hasta allí?

Teressa no era una persona cotilla. En serio, no lo era. Iba a lo suyo, y toda la información que recaptaba era para el bien de sus propios objetivos y beneficios, nunca por simple ocio. No veía programas del corazón, odiaba a muerte los shows como "Gran Hermano" (para ver un puñado de idiotas discutiendo ya tenía la editorial) y siempre que alguien empezaba a contarle su vida, le paraba los pies de inmediato.

En este caso, sin embargo, había echo una excepción.

Su querida hermana Anne, que es la criatura maś lista y manipuladora que Teressa había conocido nunca después de ella misma, le había llamado a eso de las 12 para decirle que le necesitaría en la Sala de la Ley, la antesala del subterráneo, llamada así porque si en un plano mirabas unos 20 metros más arriba de ellas te encontrabas justo debajo de la tablilla del código de Hammurabi, rey de Babilonia.

Cuando preguntó por qué esas prisas por verse, Anne le comentó que creía tener un nuevo cliente.

Y Teressa entendió, claro.

Pero cuando Anne le comentó, como quien no quiere la cosa, que era alguien especial, Teressa estuvo a punto de dar un bote. Para su hermana, que llevaba tanto tiempo en aquel oficio diabólico y paranormal, nadie, por muy extraño que fuera, llegaba a salirse nunca de la normalidad.

¿Quién podría haber merecido tal adjetivo, "especial", de ella?

Lo tenía enfrente, allí de pie en la pequeña sala común de la base. La habiación era oscura y baja, pero estaba llena de objetos cotidianos como estanterías, estufas y sofás que la hacían, de alguna manera, hogareña. Pero probablemente el vampiro invitado no percebía nada "hogareño" allí, sólo se dedicaba a mirarlas mal.

- If you dislike me so much, why are you still here, mister? - siseó más que habló Teressa, enfadada y a la vez todabía más curiosa por el comportamiento de aquel chico.

Él, que se había declarado en huelga lingüística, le contestó en japonés. Anne se lo tradujo.

- Porque tú me ayudarás a conseguir lo que quiero.

- ¿Y qué es lo que quiere, el señor? - preguntó, burlona.

Las dos hermanas se quedaron petrificadas ante la respuesta en inglés de él:

- Quiero matar a un vampiro de sangre pura.

Anne y Teressa se miraron un instante. Luego, Anne, que era la única sentada y acomodada de los tres, cruzó una pierna por encima de la otra y preguntó, en inglés, con un tono que evidenciaba su creciente interés.

- ¿Por qué?

A partir de entonces la conversación volvió al japonés, y Teressa se tuvo que conformar con las traducciones de su hermana a cada frase.

- Mis razones son... personales - gruñó el vampiro.

- Nuestra ayuda también lo es – replicó Anne, con una sonrisa.

Hubo un silencio tenso, y finalmente, algo en la actitud del extraño cambió, como si decidiera darse por vencido.

- ¿Qué quieres saber? - susurró.

- Para empezar, tu nombre estaría bien – comentó la hermana mayor – Y puedes sentarte, pareces muy rígido ahí de pie.

- Mi nombre es Zero Kiriyu – dijo él, y a continuación buscó la silla más alejada de Teressa para sentarse.

Media hora después, Zero había explicado, sólo en general, toda su historia. Teressa se fijó en que aquel personaje evitaba decir nombres propios, en su lugar la gente de la que hablaba se identificaban por "ella", "ese cabrón chupasangres" o "alguien importante para mí". Tal vez fuera una manera de evitar el dolor que provocan los recuerdos dolorosos.

Cuando acabó, su hermana había servido un te, que había traído de la cocina en un momentito y servía las tazas como si fuera lo más normal del mundo en medio de la narración de la vida de un vampiro.

- Hay muchas cosas que no entiendo, Zero Kiriyu – dijo Anne, mientras servía la última taza – Como por ejemplo, quién eres tú o por qué odias a todos los vampiros, quitando por supuesto aquel al que persigues – el otro resopló, impaciente – Pero aún así creo que has venido al lugar indicado.

- ¿Qué se supone que hacéis aquí?

Teressa sonrió desde su lugar en las sombras y dijo:

- Bussines!

- Sí, eso es - asintió Anne – Negocios.

- Cúanto por encontrarlo – dijo Zero, que parecía totalmente decidido.

- ¡Eh, eh, tranquilo! ¿Has dicho encontrarlo? - Anne frunció el ceño – Eso no lo has dicho, pensaba que sólo querías un modo de matarlo.

- Le mataré yo, con mis propias manos – replicó él – Sólo necesito encontrar a ese vampiro.

Teressa suspiró. ¿Un modo de encontrar a un sangre pura? Eso sería difícil.

- ¿No tienes ni idea de dónde está Kaname-sama? - preguntó Anne.

- ¿Cómo sabe quién...?

- Gajes de oficio. Tienes que conocer a la gente importante, chico.

Teressa rió ante la brabuconería de su hermana y luego habló en inglés, mientras su hermana le iba traduciendo.

- Lo que pides tiene un alto precio. Y puede que sea imposible...

- Haré lo que sea por llegar hasta él.

Entonces, la chaqueta del chico se abrió por una ligera brisa de aire procediente del sistema de ventilación, y el olor de él se le clavó a Teressa en la nariz.

¡Oh, Dios mío! ¡Pues claro que era especial!

No era SÓLO un vampiro. Era un vampiro E, ¡de orígen humano! Y había algo más... una esencia tan fuerte que era inconfundible... el olor a cazador de primera.

Ante aquella aura terrorífica el cuerpo de ella se encogió casi por instinto, como dispuesto a defenderse. Enseguida se recuperó, pero estaba realmente sorprendida.

Ajá. Muy interesante.

- ... pero si no tienes objetos personales de él, algo que lleve su esencia, esto no se puede... - estaba diciendo Anne, cuando Teressa estampó su mano en la pequeña mesita de te, haciendo temblar las tazas.

- ¡Es perfecto! - dijo sonriendo - ¡Claro que tiene su esencia! ¡De hecho, la lleva dentro de él!

- ¿Qué...? - preguntó Anne, con el ceño fruncido.

- Eh, eh – continuó Teressa, acercándose al cazador – Tú has bebido su sangre, ¿verdad? La sangre de Kuran.

Zero pareció pálido un momento, como si aquello fuera algo de lo que se avergonzaría toda su vida.

- Sí.

- Puedo ayudarte...

El otro la miró, expectante.

- Podemos usar el vínculo de la sangre para llevarte hasta él.

::::: ¡Hasta aquí por hoy! Y aquí el avance del próximo::::::

- Lazos de sangre – leyó.

- ¿Qué son exactamente? - preguntó Zero, mirando las letras desconocidas.

- Son conexiones especiales – susurró Anne, cada vez más enfrascada en la idea que acababa de tener su hermana – entre vampiros.

- ¿...Cómo es posible? - Zero preguntó, sin poder ocultar su sorpresa.

- Es fácil. Si tenéis un vínculo de sangre, lo único que tendrás que hacer es tirar de él.

- Muy fácil, hermanita.

::::: CaP 7: Lazo de Sangre ::::::::::::::::::::::::::.

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