Hola! Un nuevo capítulo que espero que disfruten. Muchas gracias por el apoyo que me dan.
Creo que Stay (with me) no pasará de los diez capítulos, pero eso todavía está en proceso. ¡Hasta la próxima!
"La vida es una tapicería que se borda día a día con hilos de muchos colores, unos pesados y oscuros, otros delgados y luminosos, todos los hilos sirven". Isabel Allende.
Capítulo 6. Nos levantamos de nuevo, juntos.
Ella fue lo primero que Steve vio cuando despertó. Su cabellera roja esparcida sobre las sábanas, cubriendo a medias su rostro, y sus ojos cerrados en un sueño tranquilo.
No era la primera vez que pensaba en lo hermosa que era, pero sabía también lo incorrecto que sería pensar demasiado en aquello. Ella era una buena amiga, una mujer fuerte, amable, vibrante. Y, se recordó nuevamente, estaba enamorada de alguien más a quien deseaba volver cuando encontrara el camino de vuelta a su mundo.
Logró incorporarse en la cama, con algo de dolor. ¿Cómo es que lo habían sacado?
- Así que el bello durmiente ha despertado.
Steve alzó la vista hacia la puerta.
- Nat.
Tenía un brazo en escayola, y cuando se acercó cojeaba en un pie, pero por lo demás parecía estar bien, considerando todo lo que había pasado.
- Ella no ha dejado este lugar desde que llegó contigo.
Por supuesto, si estaba allí, y si estaba vivo, tenía que ser obra de Ginny? ¿Pero es que ella no midió lo imprudente de aquello?
- ¿Cuánto… – sintió la garganta seca y su voz salió rasposa - … cuánto tiempo he estado inconsciente?
- Dos días, un poco más. – Natasha se encogió de hombros e hizo una mueca de dolor – Quisiera tener un poco de tu habilidad de sanar tan rápidamente.
Otros no habían tenido tanta suerte. Steve lo recordó tan pronto como el silencio calló entre ellos. Era la primera vez que se veían desde la batalla, desde que Clint había muerto, y el peso de aquello los hundió levemente.
- ¿Sabes algo de Laura?
- Aún no estoy en condiciones de salir de aquí e ir a verla. Sam se está encargando.
Ella le contó entonces lo que había ocurrido en esos días: el atentado que sufrió había disparado nuevas alarmas en la población que, después de todo, aún lo consideraban un héroe. La gran mayoría lo creía muerto, pero incluso los que creían que podía estar vivo con la forma misteriosa en que desapareció, lo creían en poder de algún secuestrador, ya que nadie había podido atrapar a quien le había disparado.
Había habido protestas en todas partes en contra del Registro de Súper Humanos, pero también habían seguido otras reforzando la postura a favor. Todo era un caos.
- Sam y Scott están bastante vigilados, y por el momento el libertad condicional. Pero Ginny trajo a Wanda a tiempo, justo cuando se lo indicaste, y Scott tuvo tiempo para hacer que Peter se retirara, el chico se negaba a rendirse.
- ¿Cómo están ellos?
- Peter se ha ido por su cuenta. – dijo ella - Wanda, creo que mejorando. Es difícil de decir. Lo de Clint le ha afectado mucho.
Como a todos ellos.
- ¿Cómo estás tú?
- Todavía quiero matar a Stark.
Steve suspiró. No podía culparla, resultaba difícil no sentirse de esa manera. Él nunca había creído que Tony llegaría a esos extremos…
Volvió a levantar la vista hacia su amiga, cuyos pensamientos ya parecían estar lejos.
- Me alegro de tenerte todavía con nosotros, Nat. Saldremos de esto y haremos todo lo posible para hacer justicia a Clint.
Ella simplemente asintió y luego volvió a su propia habitación a descansar.
Él siguió observándola hasta que ella despertó, íntimamente satisfecho con la sonrisa que apareció en su rostro.
- ¡Steve!
- Deberías ir a descansar. Me han dicho que has estado aquí demasiado tiempo.
Ella frunció el ceño.
- Me debiste haber despertado…
- Pero estaba disfrutando verte dormir.
Nunca pensó que sería posible, pero en ese momento podría jurar que Ginny Weasley se sonrojó, aunque fuera el más leve de los sonrojos.
- ¿Cómo te sientes?
- He estado peor – dijo él, sonriéndole. – Gracias, por todo lo que hiciste. Salvaste a Wanda de volver a ser apresada, gracias a ti Nat llegó aquí a tiempo, y también me salvaste la vida.
- Sólo hice lo que tú también hubieras hecho.
- Y aun así, si todo esto llegó a estos extremos, ha sido en gran parte mi culpa.
Ginny tomó con suavidad una de sus manos.
- Hiciste lo correcto, Steve. Lo sé. Ese Registro… ve lo que pasó con la familia de Peter, no lleva a nada bueno. Lo mismo está sucediéndole a tantos otros. Pero también supiste detenerte cuando todos estaban cayendo, y tal vez no salvaste a todos, pero si a muchos. Es todo cuanto puedes hacer.
¿Cómo podía ella haberse vuelto tan importante en tan corto tiempo? Apenas habían pasado unos meses desde que estaba con ellos, con él, pero el hecho de que ella creyera en él lo significaba todo.
- ¿Quieres algo? ¿Un poco de agua? – ella ya estaba sirviendo un vaso desde la esa cercana a él.
Él sólo asintió y demostró que, al menos para tomar de un vaso, no necesitaba ayuda.
- Ginny, ve a dormir.
- No estoy cansada, en serio.
- Lo estás.
Ginny era bastante obstinada, pero por suerte él sabía una cosa o dos sobre ser persistente. Siguieron en la batalla por un largo rato hasta que él ganó.
Probablemente, era la noche más calurosa que diciembre había traído hasta el momento, y allí seguían ellos, sentados observando la noche estrellada desde los balcones. Sólo ellos, como se había vuelto tan frecuente con el correr del tiempo.
Extraño, debía ser. Por un momento, cuando la locura de todo aquello comenzó, Steve había creído que había algo entre él y Sharon. Sin embargo, en todos esos meses en que no se había llevado a sí mismo a extrañarla, comprendió que lo que había pasado entre ellos había sido sobre todo una consecuencia de la pérdida de Peggy, y un intento de su parte de aferrarse a algo que ya no existía. Sharon, después de todo, no era Peggy.
Ginny tampoco lo era, aunque se le pareciera en su inquebrantable fortaleza, en su determinación y valentía. La manera en que Ginny reía y le hacía reír era algo único, porque ella no perdía esa capacidad a pesar de todas las cosas que habían pasado desde que ella se unió a ellos en la clandestinidad, y las que él sabía que ella había vivido antes, a pesar de su juventud.
- Es extraño, no tener algo de chocolate caliente a estas horas – dijo la chica, rompiendo el silencio.
Era, de lejos, la navidad más silenciosa que Ginny había pasado nunca, incluso más que la de ese oscuro año en la guerra. Sin su familia y los rostros y risas familiares, todo parecía apagado.
Nat había ido a pasar esos días con Laura y sus chicos. Sólo Sam y Wanda se habían quedado con ellos; Wanda había estado feliz en ayudar a preparar la cena, pero poco después se fue a dormir, y luego de unas cuantas copas de vino, Sam también siguió su ejemplo.
Sólo quedaban ellos dos, en el extraño calor de diciembre, algo a lo que ninguno estaba muy acostumbrado, pero que resultaba especialmente difícil de aceptar para Ginny.
- Quiero dar una vuelta por Londres, ¿quieres venir?
- Sería muy peligroso, Ginny.
- Nadie nos verá – aseguró ella. - ¿Por favor?
Lo tenía todo pensado, el glamour que usaría para cubrir ligeramente sus apariencias, y el hecho de que poca gente andaba afuera en el frío invierno a media noche, eso ayudaría a su propósito.
- Sólo tienes que abrigarte un poco más, aunque sé que no necesitas demasiado, todavía eres un ser humano…
Steve suspiró, y unos minutos después había hecho lo que ella le pedía. El hecho de que encontrara tan difícil decirle que no debía ser un signo de alarma mayor en ese momento.
- ¿Y ahora?
Ella sacó su varita y tocó con ella un libro que había dejado en la mesa del café.
- Portus. – dijo, y luego lo miró a él, tomando su mano – Lo tocamos al mismo tiempo. A la cuenta de uno, dos, y tres…
Y un instante después estaban en lo alto de la torre del Bing Beng, observando lo hermoso de la ciudad en esa noche llena de luces y colores.
- ¿Ves? No pasa nada.
- Eres en verdad algo especial – dijo él.
Ella arqueó una ceja.
- ¿En un buen sentido, espero?
- El mejor de todos.
Y por ese momento, la anterior sensación de vacío y tristeza que había sentido desapareció, sólo con las palabras que él le daba, y el tacto de su mano cerrada con fuerza sobre la suya.
Porque él, después de todo, sabía cómo se sentía, ajena al mundo, extrañando otro, ansiando pertenecer. Él también había atravesado por todo aquello. Pero incluso más allá de ese entendimiento, estaba el hecho de que él siempre daba esas pequeñas muestras de que le importaba, como decía el que estuvieran allí en ese preciso instante, aunque él lo considerara imprudente.
Una gran sonrisa apareció en el rostro de Ginny.
- Feliz Navidad, Steve. – dijo, y lo abrazó con fuerza.
Él estuvo sorprendido en un primer momento, pero devolvió el abrazo enseguida.
Su cuerpo se sentía cálido y pequeño junto al de él, de una forma maravillosa. Ginny no se había sentido de esa manera desde hacía tiempo, y le tomó una buena dosis de fuerza de voluntad separarse de Steve.
- Es extraño. Estoy aquí, y la vista resulta familiar, como antes Ottery St. Chappole se sentía familiar, pero… no es lo mismo. No es el lugar al que pertenezco – dijo ella, suspirando – desde que llegué a este mundo, no se siente como si…
- … como si pertenecieras a ningún lugar.
Ella asintió y continuó mirándole fijamente.
- Se ha sentido desde esa manera, desde que comenzó esta guerra entre nosotros mismos, y sobre todo desde que dejé el escudo. – dijo él, mirando a la distancia. – Ya no puedo seguir siendo el Capitán América.
- Pero seguirás estando allí para el mundo.
No era una pregunta, porque Ginny le conocía lo suficiente para saber que sería así.
- ¿Qué sugieres?
- Tal vez es el momento de buscar otra identidad.
Ginny llegó con una bandeja llena de comida a la sala, mientras cantaba por lo bajo una canción de Las Brujas de Macbeth.
- Creo que te haría bien comer algo de verdad después de tanto tiempo – dijo, dejando la bandeja frente a Buck.
- Gracias, - dijo él, tomando un plato de huevos revueltos y tocino - se ve bien.
Realmente, no había tenido mucho tiempo de conocer a Buck con los pocos días que habían pasado juntos al principio, pero desde que T'Challa le dio a Steve la noticia de que sus científicos finalmente habían encontrado la manera de limpiar la programación que HYDRA había puesto en el cerebro de Buck, devolviéndole todos sus recuerdos intactos (incluso los que, tal vez, el prefiriera no recordar), ella había estado feliz con él.
Claro, estaba feliz con Steve porque él era su amigo. Sólo eso.
- Entonces, te quedaste. – dijo él, entre bocados.
Ella se encogió de hombros.
- Bueno, no tenía otra opción – recordó – pero creo que, incluso dentro de las circunstancias, estoy bastante bien.
Natasha entró a la habitación antes de que Buck pudiera preguntar nada más.
- Ginny, Steve se estaba preguntando… – ella se detuvo al ver a Buck – Oh, así que estás de vuelta. Creo que a Steve se le olvidó comentarlo.
- Natasha.
Hubo un momento en el que ninguno dijo nada, pero Nat y Buck siguieron mirándose, y Ginny comenzó a sentirse extraña. Ella carraspeó para obtener de vuelta la atención de los dos.
- ¿Ibas a decirme algo? – preguntó a Nat.
- Steve quería enseñarte algo.
Algo había allí, de lo que ella no estaba enterada. Y, como tensión seguía en el aire, Ginny no encontró nada mejor que hacer que ir corriendo a buscar a Steve.
Él estaba repasando las noticias de esa mañana en las pantallas del computador, y se giró hacia ella en cuanto la oyó llegar, pero lo que sea que iba a decir, fue interrumpido por ella.
- Dime, ¿qué es lo que hubo antes entre Natasha y Buck?
Steve noqueó al último de los hombres que guardaban la torre.
- Todo despejado aquí adentro, – le informó Ginny a través del intercomunicador. – Creo que tengo las pruebas, pero de todas formas sería mejor que vengas a echarles un ojo tú mismo.
- Voy para allá.
Acababan de desmantelar una base terrorista que operaba desde Francia, y que era en gran parte responsable de los conflictos con Oriente Medio, una misión que llevaban semanas planeando.
- Así que, ¿han soltado algo alguno de los dos?
- Al parecer Buck entrenó a Natasha cuando estuvo en la Sala Roja – dijo él, mientras dejaban el lugar montados en su motocicleta, que comenzaba a elevarse en el cielo – Tengo que admitir, ésta realmente me gusta.
- De nada, – dijo Ginny sonriendo, y rodeando la cintura de Steve con sus brazos – y ahora cuéntame esa historia sobre Nat y Buck, realmente tengo curiosidad.
- No han dicho mucho más – dijo Steve, y siguió, dejando entrever cómo lo había ncontrariado – pero no puedo creer que Natasha me hubiera mentido con algo como eso. Cuando encontramos a Buck hace un par de años, ella me dijo que lo conoció en una misión, cuando él la atacó.
Lo que sea que hubo en el pasado entre Buck y Natasha, parecía que no había acabado del todo. Lo cual, Ginny creía, era algo excelente.
- Una vez alguien que admiro mucho dijo, - Ginny sonrió con nostalgia – que especialmente en momentos difíciles como estos debemos alegrarnos de que haya un poco más de amor en el mundo.
Steve sonrió y aceleró la marcha. La sensación del cuerpo de Ginny pegado al suyo mientras volvían a casa se sentía sencillamente correcta.
