El capítulo contiene escenas Lemon, si no les gusta o son sensibles, sáltenselas xD! (En serio). Hay leves diferencias de tiempo entre una escena y otra, para abarcar las dos perspectivas, espero se entienda.


Envejeciendo juntos.

Se miró al espejo una vez más, tomando más maquillaje en polvo con la brocha y esparciéndolo por su piel, difuminándolo con suaves movimientos de muñeca la mascarilla, frenando su mano y mirándose una vez más sin pestañear, estirando la frente y moviendo la quijada hacia abajo. Frunció el ceño al no notar resultados, regresando la brocha al maquillaje para intentarlo una vez más, dejando a un lado los movimientos delicados para comenzar a colocarlos sobre su piel de manera brusca y desesperada.

-Ya es suficiente, te ves hermosa así…- la voz de Krillin llamó su atención, y aunque se sorprendió en primera instancia, se molestó aún más cuando reaccionó lo que dijo.

-¿Acaso estás loco? ¿Qué no ves que se me notan estas arugas de aquí? – señaló su frente y los lados de sus labios, esas marcas que había creado por tantas alegrías y sonrisas, pero que eran las culpables de su infelicidad ahora.

-No se te ve nada, siempre lucirás preciosa para mí, como el día en que te vi por primera vez hace muchos años – recordó con nostalgia, dando unos pasos hacia adentro del cuarto, y Dieciocho lo miró, haciendo un leve puchero.

-Claro que no, soy horrible con esto – le dijo en un murmullo, Krillin se rió divertido, sentándose en la orilla de la cama para observarla detenidamente.

-Yo tengo muchas más que tú, en ese caso soy el más horrible de los dos, soy tan feo que debería quedarme en casa lo que me queda de vida – el comentario estremeció a la mujer, y con las manos en las caderas se giró a verlo.

-Tonterías, para mí también luces igual que el primer día – le regaló una breve sonrisa, y el hombre se sonrió feliz, a pesar de los años juntos era muy raro que su mujer le dijera alguna cosa así de ´bonita´. –Pero, es que creí que no envejecería – admitió en voz baja, y el humano ladeó la cabeza.

-Por mi está bien, así podremos hacerlo juntos – la androide sintió algo de paz, al igual que algo de miedo, pero la idea de quedarse viuda por la eternidad era aterradora a comparación con la realidad de poder morir con él.

-Bueno, tal vez ese Gero me mintió… - volvió a apretar el ceño. –Ese tonto, no pudo hacer nada bien…- se quejó, aun alterada por los signos del envejecimiento. –Bueno, al menos creo que tienes algo de razón, sería trágico que solo lo hicieras tu – trató de sonar distante, pero Krillin la conocía ya muy bien, lo suficiente como para saber que de verdad le importaba.

-Genial, entonces estamos parejos… - se levantó, extendiéndole el brazo a su mujer. –Vamos, se nos hará tarde, el Maestro Roshi y los demás nos están esperando – Dieciocho tomó su bolso, dándose un último vistazo en el espejo antes de colgarse al brazo del hombre, avanzando afuera de la habitación.

-¿Están listos? – preguntó Marron apenas bajaron al primer piso, levantándose de su asiento y notándose más agitada de lo de costumbre.

-Vaya, mira quien está emocionada por ir a ver a su novio – comentó Krillin, y aunque el hombre que cada uno tenía en su mente era diferente, la joven no pudo evitar sonrosarse levemente.

-Ya, vámonos de una vez – Dieciocho se soltó de Krillin, incómoda por el tema de conversación, en especial porque lo incluía a él, y la rabia y coraje la albergaba sin poder evitarlo.

-Tranquila bonita, veo que tú también tienes muchas ganas, ¿verdad? – Dieciocho bufó ante la intromisión del anciano Roshi, cruzándose de brazos en la entrada de la puerta, en donde el resto de la familia pegada se juntó para marcharse.

-No puedo creer que Bra ya vaya por los quince… crecen tan rápido… pronto veré a mi pequeña hija casada y con muchos hijos…- comentó Krillin en el volante de la nave, y las dos mujeres se molestaron bastante.

-¿Por qué iría a tener muchos hijos? – la voz agria de la androide saltó, aterrada con la idea de su hija unida a ese tipo, y más con semejante carga de monos con ella.

-Bueno, quiero muchos nietos, ¿sabes? Así podremos jugar todos juntos – sonrió energético, con tanta alegría como siempre.

-Pues si eso pensabas hubiéramos tenido más hijos – le replicó la rubia mayor, siguiendo con una conversación/Discusión acerca de cosas imaginarias.

Pero Marron no oía nada ya, se había quedado perdida en el pensamiento de ella casada y con hijos, y no precisamente era con el hombre que su papá esperaba. Cerró un momento sus ojos, recargándose en la ventana cerrada que era bañada por la brisa del oleaje del inmenso mar, soñando con ella y un vestido blanco, con ella y un marido elegantemente vestido, con una fiesta y todos sus amigos apoyándola en su felicidad… con la noche de bodas. Se estremeció, mordiendo su labio inferior con ansia y nerviosismo, pensando en el rostro de ese hombre que le robaba el sueño, con sus manos acariciando su piel, y sintió un golpe en el interior de su alma, un deseo inexplicable que no podía incluso controlar.

´Keita´ era el centro de sus pensamientos, su perfecta forma y su sonrisa de medio lado, esa que curveaba sus rosados labios, los que ella amaba y deseaba, los que la enloquecían y con los que sentía no podía vivir más sin ellos. Y por primera vez en su vida se sintió deseosa de poder poseerlo completamente, en cuerpo y alma. Y no sólo a él, era la primera vez que sentía la verdadera curiosidad y deseo carnal, la voz de su piel clamando, de sus manos suplicando, y de su entrepierna palpitando soñadora.

Una vuelta un poco más salvaje la sacó de su trance, abriendo los ojos y dándose cuenta de que no era momento de pensar en esa clase de cosas estando donde estaba. Miró su celular, releyendo la respuesta de Keita hacía unos momentos, sintiéndose aún más nerviosa al contemplar la ciudad en el horizonte. "Ok, nos vemos allá, te marcaré cuando llegue" Decía, y su corazón se aceleraba cada vez que pensaba en ello, albergándose de ese calor.

Llevaban más de dos meses siendo novios oficiales, y sentía que era incluso ridículo seguir sintiéndose tan nerviosa con la idea de verlo, pero no podía evitarlo, sus manos temblaban y su corazón latía muy rápido, y sabía lo suficiente como para saber que era amor. Amor del bueno, puro y real. Y saberlo llegaba a emocionarla aún más y más, hasta el punto en que correr, besarlo y entregarse era una opción, en donde fuera y cuando fuera. Recordó las palabras que Trunks le había dicho algún día, la presión que imponía en ella, las palabras incluso hirientes y las dudas que dañaban su corazón.

Su ceño se frunció, tratando de olvidar aquello, pero los recuerdos aparecían como cinta en su cabeza, remarcando cada momento doloroso que se almacenaba imborrable en su corazón, las palabras, e incluso las caricias forzadas y rudas de las que hubiera querido jampas sentir sobre ella, las que la hacían recordar y volver a enfurecerse. Trunks había sido muy egoísta, probablemente tenía un poco de razón, quizá algo detrás de sus palabras era cierto. Le había reclamado los años enteros sin que ella dejara que se le acercara más allá, la edad que acumulaba cada uno en la misma castidad, cuestionando amor, dudando de sentimientos.

Y tenía razón, probablemente era tiempo de que tuvieran relaciones, pero no entre ellos, y sabía que ahora eso jamás sería. Tenía razón en cuestionarla después de todo, probablemente algo dentro de ella no estaba segura de eso, segura de él, segura de sí valía la pena y si duraría. Y no lo había hecho al final, no habría valido la pena, y había tomado la mejor decisión en su vida al negarse, al rechazarlo incluso cuando se sentía enamorada. Trunks al final tuvo mucha, mucha razón.

Recordó una vieja charla con una amiga de la escuela, una a la cual le pido un consejo tras las presiones de su, en aquel entonces, novio, preguntándole si estaba haciendo mal al negarse. "Si no te sientes cómoda, entonces no. Cuando llegué el momento y la persona indicada, entonces lo sabrás" Y no sabía si había llegado la persona indicada, pero podía afirmar en ese momento que para ella lo había hecho. Lo sentía en el fondo de su alma. Él era el indicado para todo.

[…]

Estacionó su Impala a dos cuadras de la corporación, ni siquiera quería acercarse lo suficiente como para arriesgarse a que alguien lo mirara, quedándose dentro de su auto mientras se decidía por alguna idea, pensando en que los movimientos que estaba haciendo eran muy arriesgados, y el peligro se filtraba entre su cuerpo, respirando nada más que olor a problemas. Y no solo por el hecho de que su novia le había invitado a un lugar que resultaba ser la baticueva de los guerreros Z, si no por esa aterradora idea de la conexión que tenía Marron con ellos.

Le dijo que era la fiesta de cumpleaños de una amiga, ¿Y qué otra joven podría ser su amiga más que la hija de Vegeta? ¿Eso significaba que estaban vinculadas? ¿Qué Marron y los Brief se conocían las caras? Eso lo ponía nervioso, bastante para su gusto. Por supuesto que no pretendía poner un pie dentro de esa mansión, y no por qué creyera que ellos se le vendrían encina, de hecho, estaba más que seguro que más de uno lo saludaría como si fueran los grandes amigos. No, todo consistía en que si iba a ir toda la pandilla de perdedores ella estaría ahí, y con todo lo que tenía ahora lo último que quería era verla.

Había imaginado varios escenarios en su cabeza, en donde él entraba a ese lugar, por primera vez sin tener que filtrarse, y que iba acompañado por aquella niña, y que paseaban por ahí, entre todos ellos, y solo a cinco segundos de comenzar a imaginar le entraban ganas de vomitar. No, sencillamente imposible, no creía que Vegeta fuese a correrlo, Marron era invitada y él su compañía, aparentemente no había ningún problema, pero su mente, necia, se aferraba a no dar la cara.

Estacionado desde el callejón donde estaba, miró como los coches comenzaban a llegar, y que la gente se volvía una multitud, todos elegantemente vestidos, y para su tranquilidad, la fiesta no resultó tan exclusiva como pensaba, infestándose de humanos, muchos humanos cualquiera, entendiendo mejor que posiblemente Bra no dejaba de ser una joven muchacha millonaria que despilfarraba su dinero en cualquier tontería invitando a medio mundo si así le parecía, sin importarle que fuera medio extraterrestre y que los amigos más cercanos de su familia fueran unos completos fenómenos.

"Quizás Marron y ella no son tan cercanas como imaginé" se dijo, tratándose de convencer de que la rubia era quizá una muy lejana conocida, ya que la diferencia de edades era mucha, y por ende Marron no podía ser su compañera de escuela. Sacó su móvil, mirando las seis de la tarde que tanto había esperado. Resopló, tratando de no pensar en tonterías y en concentrarse en los pretextos que pondría. "Estoy aquí". Envió el mensaje, decidiendo no hacer una llamada, incómodo con el estruendoso ruido que provenía de la mansión.

[…]

-¡Bra! ¡Felicidades! – La chica de cabello celeste le sonrió, y ambas se abrazaron con cariño y ternura, separándose para mirarse detalladamente. – ¡Estas hermosa! – halagó, y la hija de Bulma solo pudo llenarse de más vanidad, de esa que ya le sobraba.

-Tú también luces muy bien, ya veo por qué tienes enamorado a mi hermano – el comentario fue por demás incómodo, pero se forzó a sonreír, asintiendo una sola vez, sin nada de ganas de enfrentarse a ese tema ahora.

-Y hablando de eso, ¿Cómo vas tú? ¿Alguien nuevo en tu vida? – preguntó para desviar la conversación, y Bra se la pensó un momento, sonriendo pícaramente después.

-No sé, probablemente unos tres…- las dos rieron levemente, para que los demás no pudieran escuchar lo que decían.

-Oye, por cierto, mi hermano está por allá – levantó una mano, señalando en dirección al bufete. –Estaba con Goten, será mejor que vayas a saludarlo…- Bra sonrió en su inocencia, y a Marron no le quedó más que asentir de nuevo, buscando entre la gente al susodicho, quien efectivamente estaba atacando la comida junto a su amigo, charlando sobre algo que no oía.

-Iré, solo quería hablar contigo primero – trató de quedarse, pero una voz detrás de ella le arruinó los planes, mientras Bra sonreía y saludaba a los recién llegados.

-Anda Pan, ve a felicitar a Bra…- dijo Gohan, y la joven morena disimuló una mueca de disgusto, avanzando de brazos cruzados en su dirección, lanzándole una mirada frívola a Marron antes de pasar de largo y saludar calurosamente a Bra.

-Creo que regresaré en un rato…- avanzó, deseando alejarse lo más pronto posible de la hija de Videl, quien parecía odiarla desde hacía mucho tiempo sin alguna razón en concreto para la rubia.

Fingió ir en dirección de Trunks, pero a la mitad del camino se desvió, terminando por regresar a la mesa con sus padres, quienes por desgracia se sentaban en la misma que la familia Brief y Son. Terminó al lado de su tío Yamcha, encendiendo y apagando las luces cada dos segundos para confirmar la hora. -5:30…- leyó, agitada con la realidad que se venía, quería actuar normal, natural, despreocupada, pero cada vez lograba ponerse más y más nerviosa, segura de que lo que había planeado no sería más que un completo desastre.

Goku llegó a la mesa, junto con parte de su familia, incluidos Pan y Goten, y para su suerte Trunks, él que menos quería ver de entre todos. Para su suerte Goten se sentó a su lado, y Trunks a un lado de él, por desgracia Pan le quedaba de frente y se veía obligada a desviar la penetrante mirada de una niña de dieciséis en lugar de regresarle el gesto, pero no podía ponerse a la atura de su inmadurez, era la niña buena de entre todos, y debía comportarse como tal.

-Marron…- la voz de Goten susurró cerca de ella, opacando para sus oídos los estruendosos gritos del resto de la conversación. -¿Cómo… cómo has estado? – preguntó, genuinamente preocupado, pero a la rubia le molestó que fuese tan disimulado al hablarle, seguramente por lo que su interés podría generar en Trunks, quien parecía su dueño en lugar de su mejor amigo.

-Bien, gracias…- le sonrió, y él suspiró al verla, como si se quitara un gran peso de encima con ese acto.

-Me alegro, de verdad… todo estará bien, te lo aseguro…- le sonrió cálidamente, y Marron sintió un poco de alivio en sus palabras, era el único que no parecía querer obligar las cosas, y estaba más que segura que Goten sabía la verdad de aquel día, estaba al tanto por parte de Trunks, y aunque le fuera infinitamente fiel, en el fondo sabía que lo tenía de su parte, y que de seguro estaba haciendo algo para tratar de hacer entender a Trunks. Siempre lo hacía, sin Goten, Trunks jamás recapacitaría del más del cincuenta por ciento de sus estupideces, y saberlo ahí era un alivio para ella.

Goten, lentamente, deslizó su mano para tomar la de ella, rodeándola con sus fuertes dedos en un acto sumamente delicado, sin dejar de sonreírle de esa manera. Marron movió su mano también, apretando la de él y agrandando su sonrisa. Goten era así de especial siempre, la hacía sentir bien incluso cuando el mundo parecía venírsele encima, le daba las fuerzas que a ella le hacían falta muchas veces, los ánimos que más de una vez necesitaba. Lo quería, y ella agradecía infinitamente que él a ella también, desde siempre había sido así con ella, tan atento, tan amable, sería el chico perfecto si no fuera como un hermano para ella.

-¿Y por qué tan separados hoy? Me sorprende después del tiempo que llevan sin verse…- Bulma habló, y Goten y Marron se soltaron de inmediato, percatándose de que las miradas estaban puestas en ellos. –Hasta parece que Goten es el novio – agregó, y el hijo de Goku bajó la cabeza, mientras trataba de suprimir el nerviosismo que esas palabras le provocaban.

-Por supuesto que no, mamá, Marron y yo estamos excelentes… lo que pasa es que al muy imprudente de Goten se le ocurrió sentarse en medio…- ´bromeó´ Trunks, y al instante Goten se levantó, sin mirar a ni uno de los presentes mientras esperaba a que su amigo hiciera lo mismo. El muchacho de ojos claros lo dudó un momento, pero con la misma falsedad y arrogancia se puso de pie, intercambiando lugares con su mejor amigo.

-Se ven tan lindos juntos…- dijo Chi-Chi, arruinando más las cosas para la chica. -¡Apuesto a que tendrán unos hijos preciosos! – junto sus manos entusiasmada, como si fueran a ser de su propia familia.

-¡No digas eso, Chi, todavía soy muy joven para ser abuela! – se alarmó Bulma, colocándose las manos en la cara.

-¡No digas tonterías, Bulma, si no se dan prisa tendremos bisnietos en lugar de nietos! – la broma de Krillin no le llegó nada bien a la dueña de la corporación, haciendo un puchero ante eso, Vegeta sonrió disimuladamente entre su comida, pero su mujer no dejó escapar aquel gesto.

-Claro, como tú eres un monstruo y no envejeces, puedes burlarte…- le recriminó, pero el príncipe no hizo más que poner los ojos en blanco e ignorarla como era costumbre frente a los demás. –Ah… como te envidió Dieciocho, tú y Marron casi parecen hermanas…- la androide hubiera reído arrogante para sus adentros, pero esta vez solo exteriorizó una sonrisa algo tímida y complacida ante el cumplido, era lindo recibir algo así cuando en realidad se estaba poniendo igual de vieja que el resto y el espejo se lo restregaba con fuerzas sobre la cara.

-Sí, casi hermanas gemelas…- aquel comentario por parte de Yamcha picó a más de uno, pero en especial a Trunks, quien las miró de reojo comparándolas, sonriendo indiscretamente, a sabiendas de que Dieciocho lo vigilaba, y que eso seguro lograría molestarla.

-Hablando de gemelos, ¿Qué le pasó a tu herm…? –la pregunta de Bulma se cortó ante el timbre del celular de Marron, quien se levantó de inmediato, y Dieciocho no hizo más que suspirar tranquila, como siempre no quería hablar de él. Salvada por la campana.

"Estoy aquí" Decía, así que trató de escapar rápido, sin haber notado el momento en que fueron las seis, pero antes de que pudiera hacer más que pararse, Trunks se colocó como una muralla delante de ella, frenándola con un solo brazo y acercándola hacia él. -¿A dónde vas? – más que sonar a pregunta o cuestión, sonó como una exigencia y reclamo, uno posesivo muy digno de él, pero que por supuesto, ya no ejercía sobre ella. Marron se apartó, separándose de ese pecho que tantas veces había abrazado.

-Al baño – usó, tratando de escabullirse, mirándolo apenas unos breves momentos a los ojos, pues siendo sincera no soportaba verlo ni tenerlo cerca.

-¿De quién era el mensaje? – volvió a ordenar por una respuesta, y la chica arrugó el entrecejo, indispuesta a contestar algo tan personal.

-Déjala – la voz de Goten intervino, seria, como pocas veces, haciendo afán de que se pondría de pie, pero un simple y rápido vistazo de Trunks, con sus potentes ojos azules amenazantes, lo hicieron callar, de hecho, lo hicieron quedarse inmóvil en su sitio, como si no tuviera voluntad propia, limitándose a ver con los puños apretados.

-¿Pasa algo? – Bulma habló, y los dos jóvenes de pie fueron consientes hasta ese momento de que todos los presentes los estaban mirando, entre extrañados y sorprendidos, viajando sus miradas de ellos, a Goten, quien daba la impresión de que saltaría en defensa de la chica en cualquier momento, apretando la quijada y tan serio que cualquiera hubiera creído que estaban a punto de atacar a la tierra nuevamente.

-Nada, ¿Verdad? – la voz de Trunks, cargada de esa indiferencia y malicia propia del hijo de Vegeta sonó, convenciendo solo a aquellos pocos que seguían creyendo en el chico bien educado, o confundiéndolo con la amable contraparte del futuro.

Marron bajó la cabeza, acunando el teléfono en su pecho. Asintió, porque no le quedaba de otra, moviéndose de nuevo para huir, pero los brazos del joven la abrazaron, dejándola contra su cuerpo nuevamente, trató de zafarse por un segundo, pero pronto tuvo las manos de Trunks en su rostro, obligándola a ver hacia arriba, plantando con sus áridos labios un beso sobre los de ella. Marron no aguantó aquello, empujándolo del pecho con todas las fuerzas que tenía, y no supo si estas fuerzas habían sido lo suficientes para apartarlo y hacer que la soltara, o si él la había dejado ir. Como fuera aprovechó la oportunidad, corriendo desesperadamente, huyendo de él, asustada y asqueada.

Trunks apretó los dientes al verla hacer aquello, dándose la vuelta para ir tras ella, pero Goten no aguantó más, levantándose e interviniendo en su camino, sin darle la oportunidad más que de dar unos pocos pasos. Lo tomó de los hombros, hablándole, pero Trunks no escuchaba, tenía sus ojos, afilados como lanza, clavados en la espalda de ella, suspirando un poco más calmado cuando la miró desaparecer. –Ven, volvamos a la mesa – le dijo, girando sus ojos unos instantes, percatándose de que todos sus conocidos los miraban con cara de duda, sin saber que había pasado, pero con la certeza de que las cosas entre ellos dos no iban nada bien. Trunks negó, quitándose de un movimiento agresivo las manos de Goten de su persona, avanzando velozmente al interior de la casa, tratando de reprimir toda la ira que sentía y no ir tras ella, de no cometer una locura.

[…]

Pasó entre las mesas y las personas, apartándose hasta que estuvo en la entrada principal, en el patio que funcionaba como recibidor y que estaba completamente vacío en ese momento, para su suerte. "¿Estas adentro?" preguntó, nerviosa, pues el patio estaba atascado y como la noche ya estaba casi encima, el ambiente en la fiesta comenzaba a alzarse, y no estaba segura de haberse fijado bien entre tantos, además, por sus deseos de huir no había puesto la suficiente atención a todos los lados.

Por más que quería, no podía imaginarse lo que pasaría de ahí en adelante si ella llevaba a ´Keita´ con ella, todos seguían creyendo que andaba con Trunks, y aparecerse con otro chico seguro que los alarmaría, además, lo que más le preocupaba era la poca comprensión del hijo de Bulma, ¿Qué parte de haber terminado no entendió? Seguía actuando de manera posesiva, y además de eso parecía estar más loco cada día, y su agresividad no le gustaba nada. Lo desconocía, y por eso mismo temía que fuera capaz de lastimar a Keita cuando lo viera.

Deseó golpearse, arrepentida por haberlo invitado a esa clase de reuniones a sabiendas de que estaba rodeada de locos fortachones, y que si admitía que era su nuevo novio, Trunks se pondría como loco, y trataría de golpearlo ¡Y el pobre chico moriría de seguro con el primer golpe! Solo era un humano, y no estaba a la altura de esos guerreros, menos si eran mitad extraterrestre, así que, literalmente, para ella estaba en juego la vida de su novio. ¡Y todo era su culpa! ¿Qué se supone que iba a hacer ahora? Su móvil volvió a sonar, y lo abrió velozmente.

"No" leyó, y se extrañó ante aquella resumida información, pero debía admitir que se sintió brevemente aliviada, aunque aún no tenía una manera sutil de decirle que ya no entrara. Para su suerte otro mensaje llegó enseguida. "Marron, la verdad no quiero entrar, estoy estacionado afuera a dos cuadras, ¿podrías venir tú?" aquello le llegó como caído del cielo, pero sabía que Dende no había sido porque el muy chistoso estaba sentado ahora mismo en la misma mesa con su familia y los demás.

"De acuerdo, ¿de qué lado estas?" envió aquello cuando ya estaba afuera, dando de vueltas frente a la puerta de la Corporación, pero sin necesitar respuesta lo vio, recargado en un poste no muy lejos, algo distraído y con el móvil en las manos. -¡Keita! – gritó, y el chico no había volteado antes ante aquel nombre, pero últimamente esa palabra se repetía incansable en sus recuerdos y sueños.

Él la recibió con un abrazo, claro, uno obligado por que ella casi se le echa encima, agradeciendo ser como era, si no habría caído de espaldas irremediablemente. –Oye, tranquila…- le dijo, separándola un poco y mirándola al rostro, iluminado por sus ojos brillantes que le sabana una sonrisa automáticamente.

-¿Por qué no quieres entrar? – preguntó de inmediato, y aunque en realidad ella no quería que lo hiciera, llevaba la curiosidad pegada. –Es horrible, lo admito, y no quiero volver… pero no creí que te importara…- agregó, después de que el chico se lo pensara.

-No… me gusta mucho la gente, además, no conozco a nadie… ¿Esa Bra, es cercana tuya? – indagó, tratando de no sonar tan directo, fallando completamente.

-¿Bra? – su mente corrió en ideas, pero su razón las detuvo antes soltar respuestas que no debía decir. "Mucho, muy cercanas, nos veíamos siempre, era la hermanita de mi novio, la hija de la amiga de mi padre, dos chicas rodeadas de un montón de animales" Sí, seguro y sonaría perfecto. –No, apenas y la he visto, ya sabes… de lejos, es famosa… y rica… y eso…- respondió, y ´Keita´ soltó un suspiro de alivio que Marron no llegó a comprender.

-Que bien… - relajó su pose, mirando unos momentos en dirección a la entrada de la mansión, guardó una mano en su bolsillo y con la otra tomó el brazo de ella, acercándola a su cuerpo. -¿Qué te parece si vamos a otro lado? Ya sabes, si tan mala es…- se encogió de hombros, y Marron no supo que decir.

-Bueno, es que mis papás están ahí dentro, no es como si pudiera dejarlos sin avisar, además…- Diecisiete la tomó de la barbilla, besándola suavemente, de manera lenta y delicada sin llegar a profundizar, solo el roce de sus labios, el intercambio de aliento y de sabor, ese electrochoque que los albergaba vez que caían en ese contacto. Se separó de ella, mirándola a los ojos, pero Marron tenía esa expresión dulce, calmada, más sumisa de lo que ya era, expresando en toda la extensión su hermosura, la que hacía que sus ojos parecieran cristales preciosos, remarcando en sus redondas mejillas el carmesí, ese que sacaba a la luz su tan preciada inocencia, la delicadeza de una rosa que solo ella podía asumir.

-¿Qué dices ahora? – preguntó de nuevo, conociendo a la perfección su juego, tomándola de la mano y llevándose consigo sin excusas, porque ella perdía solo con un contacto tan simple como ese, porque ella se rendía ante él, y no por que tuviera ese dominio y posesión de hacerla ser u obligarla como lo habían hecho antes, lo hacía porque sinceramente quería hacerlo.

[….]

Movía el pie desesperada bajo la mesa, ya incómoda y dejando de lado las apariencias, mostrando su cara llena de angustia y coraje, apretando más sus puños, los cuales mantenía al margen con sus brazos apretados contra su pecho. Chi-Chi y Bulma hacía rato que la habían excluido de su conversación, y de vez en cuando le mandaban miradas en donde la palabra "rara" y el miedo salían a colación. Pero lo que esas dos señoras pensaran era lo que menos le importaba en ese momento. Recorrió sus agudos ojos una vez más por enfrente de ella, sin dejar pasar rastro de todos los que estaban allí. Escaneándolos incluso, deseando poder encender una oleada de energía y volarlos de una vez para que se callaran y se estuviesen quietos.

Miró a Gohan y a Videl bailar, tan tímidos como eran, en la pista, acompañados por humanos y el resto de la pandilla Z que estaba pasada de copas, claro, menos los salvajes de Goku y Vegeta que hacía rato se habían marchado para enfrentarse a un duelo por enésima vez desde que los conocía, jurando golpearse a muerte, pero siempre regresaban siendo más amigos que otra cosa. Lo que más le molestaba de todo era que Krillin estaba ahí, bailando y con un gorro que ni siquiera sabía de donde había sacado, siendo la pareja de baile de Yamcha y viéndose más tontos que Tien, y eso que él estaba charlado con un árbol.

Gruñó, tratando de hacer cuentas en su cabeza de cuánto tiempo llevaba sin ver a su hija, logrando ponerse aún más alterada y nerviosa. A disgusto con todo el rollito de la fiesta. Se puso de pie, bien metida en su papel de madre, sobreprotectora y paranoica, andando de brazos cruzados por el lugar, sin importarle ir rápido a pesar de llevar vestido, era lo último que le importaba. Pasó por entre los borrachos y evitó automáticamente a Muten Roshi, de quien ya se sabía todas sus mañas, ignorando de paso a su marido, a quien no parecía importarle y se la pasaba diciendo: "Esta bien", "Debe estar por ahí", "Déjala ser". En condiciones normales su esposo habría dicho otras cosas, hubiera ido él mismo, pero ese lobo inútil del desierto siempre acababa convenciéndolo de hacer sus tonterías.

Miró a Bra y a Pan a lo lejos, sintiéndose más intranquila de no verla con ellas, pero al recordar la riña infinita de la morena y su hija era más que obvia su ausencia. Se mordió un dedo en frustración cuando recorrió todo el patio disponible, rezando porque la razón del odio de Pan estuviese con su hija, Goten era alguien en quien, sabía muy bien, podía confiársela con los ojos cerrados, muy diferente a su contraparte maligna que se hacía llamar Trunks. Pero por desgracia para Dieciocho sus ojos se toparon con una imagen que no le gustó para nada.

Ahí, sentado y solo, mirando como los demás se divertían mientras él mantenía en su rostro una expresión de preocupación e impotencia, alejado del resto y sin su complemento, su diablillo malo que lo haría incluso quemar una iglesia. Y si Goten estaba solo eso solo significaba que Trunks también lo estaba, y que eso le daba aún más libertinaje para hacer eso que tanto le gustaba hacer, y lo peor es que no encontraba a su hija, y la posibilidad de que ellos dos pudieran estar juntos, solos, sin Goten, la alteraba demasiado.

-Hola – saludó, tratando de no sonar tan alterada como se sentía. Goten se sobresaltó al verla, bajando la mirada para evitar toparse con ese escote que saltaba a la vista. Dieciocho se sentó a su lado, consciente de que su presencia había empeorado el rostro del muchacho. -¿Has visto a Marron? – inquirió, y él sonrió de lado, mirándola a los ojos por un momento.

-No está con él…- le aseguró, y la mujer quiso felicitarlo por su sorpréndete percepción. Miró al frente, más tranquila, concentrándose de nuevo para tratar de sentir ella misma su energía, pero no era muy buena, y no podía sentirlos si estaban muy lejos, no había querido practicarla porque tenía a muchos con esa habilidad a su alrededor, ahora se daba cuenta de que debió esforzarse más en eso.

-¿Y tu amigo? – preguntó para estar más segura, y la leve sonrisa en el rostro siempre pasivo de Goten se difuminó, mirando a Dieciocho con algo de preocupación.

-En la casa, está ahí desde esta tarde…- señaló con la mirada, y la rubia asintió, regresando sus ojos al frente mientras soltaba un suspiro. Miró a Goten de reojo, quien seguía ahí solitariamente, mirando al resto en lugar de ir a por una de las múltiples chicas que había allí. Y la androide fue embargada de nuevo por aquel sentimiento en el pecho, impotencia con arrepentimiento, el peso de la culpa del pasado y las ganas de poder hacer algo para tomar una mejor decisión, para que Marron tomara una buena decisión.

-¿Por qué no bailas? – inquirió, y el chico salió de sus cavilaciones.

-¿Eh? Bueno, no hay con quien…- respondió, sonriendo mientras lamentaba de la misma manera que fuese esa la razón, que quien quería entre sus brazos en ese instante y en muchos más no estuviera a su lado. Como siempre.

-Aquí hay muchas chicas – insistió, pero Goten negó, dándoles una mirada a todas, bajando la cabeza mientras sonreía forzada y tristemente.

-No está la que quiero – declaró, y no era necesario que lo dijera, Dieciocho lo sabía, ella buscaba a la misma persona, y se sintió algo aliviada de saber que Goten estaba consciente de que ella sabía, y que no le importaba admitirlo en su presencia.

-Andando – Goten parpadeó extrañado cuando la mujer se levantó, extendiéndole una mano y dedicando una sonrisa que muy pocas veces había visto en su rostro. –Así me distraigo yo y te distraes tú un momento ¿no? -

El chico lo dudó, arrugando la frente y mirando a la mujer, esperando a que fuera a dejar esa extraña broma, pero no pasó, y la rubia ladeó la cabeza interrogativamente. Goten la tomó de la mano, y ella lo dirigió a la parte más cercana de la improvisada pista en el patio, tardando unos momentos para lograr acoplarse al ritmo, que era música movida, no muy pegados pero si necesariamente en pareja. Dieciocho río, mirando como Goten se movía torpemente, por demás avergonzado y apenado, haciendo el más mínimo contacto visual posible.

Dieciocho era una señora, pero no por eso dejaba de tener un cuerpo envidiable, así que no había perdido la oportunidad de llevar un vestido rojo que combinaban con sus zapatillas y sus labios, algo corto y con una discreta cortada en un costado, mostrando sus hombros en dos delgados tirantes, dejando ver en su pecho el movimiento de sus senos con el ritmo de la música. Y Goten tenía el control suficiente para ignorar todo aquello, para ignorar la cercanía y para hacer de cuenta que esa no era más que la danza obligada con la tía a quien apenas conoces.

Y la mujer agradecía eso, al igual que sus limitaciones en todo lo que pensaba y sentía, "si tan solo Trunks no estuviese ahí…" pensó, haciendo un leve puchero, pero trató de no pensar en cosas que no podía cambiar. La pista terminó, iniciando otra, en donde los dos se esforzaban por divertirse y hacer creer que no resultaba incómodo, al grado en que de verdad dejó de serlo, pegándose un poco más mientras varios fijaban sus miradas en ellos, entre esos varios, un par de ojos de cristal, unos claros pero que al mismo tiempo parecían fuego, llamas hirvientes al rojo vivo, enfurecidos.

Goten sintió esa sensación en la nuca, ese escalofrío que quemaba, la marca de su tan conocido látigo. Se giró, fijando sus ojos en un balcón en el tercer piso, encontrándolo vacío, pero el ritmo de su corazón se había agitado y toda su preocupación volvió de golpe, aumentándose además miedos que se formulaban poco a poco en su mente, reiterándose que estaba bailando con Dieciocho. Regresaron sus ojos a ella, pero no tuvo que decir nada, ella leyó en sus ojos la preocupación, ese maldito control que tenían ejercido sobre él, y supo que el momento había acabado. Por decisión de Trunks, claro.

-Bueno, fue divertido…- le dijo, mientras la escoltaba de nuevo a la mesa vacía. – ¿Sabes? Mejor me voy, tengo que buscar a mi marido y a mi hija, se hace tarde – Goten soló asintió, avergonzado, mirando como ella se alejaba de nuevo, viajando sus ojos a escudriñar el edificio, pero no estaba, y lo maldecía por ocultar su presencia.

Se sentó, cruzando sus manos y mirando sin mirar al frente, concentrándose en lo que había estado siguiendo desde hacía ya mucho tiempo. -¿Dónde estás? – preguntó en voz alta, como si hacerlo le ayudara a entender. -¿Qué haces allá, Marron? – agregó, detectando su inconfundible Ki a lo lejos, muy, muy a lo lejos, podía asegurar que incluso estaba en medio del bosque. Y estaba preocupado, pues estaba completamente sola, no había ni una sola energía humana a su alrededor. Claro, eso era porque los androides no tienen presencia.

[…]

-¿A dónde vamos? – preguntó, recargada en la ventana, mirándolo mientras había dejado hacía ya varios kilómetros la enorme mansión.

-Bueno, estamos yendo a mi casa, creí que sería algo bueno, un poco de tranquilidad – respondió, bastante emocionado en realidad.

-¿A tu casa? ¿No me dijiste que tenías un departamento en el centro de Satan City? – Diecisiete asintió, mirándola unos segundos antes de regresar sus ojos al frente, girando en una esquina para ir a la salida de la ciudad.

-Lo tengo, pero no vivo ahí… mi casa está en lo profundo del bosque… - rió divertido, y Marron se quedó pensativa, entre sorprendida y extrañada.

-¿De qué dices que trabajas? – su pregunta sonó dudosa, y él trató de recordar que mentira había dicho, pero esta no funcionaba para explicar departamento, casa, coche y dinero siempre disponible.

-Heredé mucho de mi padre – resumió, riendo para sus adentros, lo único más cercano a un padre que hubiera tenido (o recordado) era al Dr. Gero, y ese infeliz no había hecho más que joder a todo mundo.

Marron trató de convencerse de eso, asintiendo mientras miraba los edificios desaparecer y los árboles comenzar a extenderse en los alrededores, atenta y sorprendida cuando ´Keita´, literalmente, atravesó el bosque tomando un extraño camino fuera de la carretera. Parecía que el Impala ya estaba diseñado para andar por ese lugar, y la chica abrió la boca impresionada cuando una enorme construcción apareció a la vista, alzándose en un claro a la mitad de todo. Le impresionó la hechura, pues parecía inmóvil, fabricada a mano, con un diseño único, no tenía nada que ver con todas las construcciones obra de corporación cápsula de la ciudad.

-¿Vives aquí tu solo? – la pregunta hubiera sido lastimosa antes, pero ahora solo sonrió, orgulloso y feliz, pero no por ese hecho, ni por las dimensiones o dinero que había invertido en ella. Estaba feliz de que después de tanto tiempo, tantos años, finalmente hubiese ahí alguien más a parte de él.

-Adelante – abrió la puerta, quedándose afuera y mirándola atravesar el umbral, extasiado con la idea, fascinado con su presencia ahí.

Marron entró, y por la espalda de Diecisiete hubo un escalofrío, recorriéndolo abrazadoramente, sintiendo como el silencio se partía en pedazos, quebrándose como cristal con cada paso que esa mujer daba, con cada eco que marcaban sus tacones contra la superficie siempre helada. La admiró, parado y en silencio, recorriéndola y sintiendo que el espacio ya no era tan grande, que todo se resumía a ella.

-Es hermosa…- comentó, dándose una leve vuelta en el recibidor, y hasta el chico llegó su perfume, haciéndolo inhalar con fuerza.

-Ahora lo es – Marron se detuvo, mirándolo, detectando en esas orbes azules y profundas esa extraña calidez, ese fuego que se escapaba de entre la tempestad, de entre la lluvia y el cielo oscuro que siempre habitaba en lo profundo de él, entre ese abismo lleno de cosas que no podría definir.

Decidió entrar, cerrando la puerta tras él para evitar que la fragancia de la chica se colase por la entrada, para que no abandonara con su vida, aquel rincón frío. Su oscuro y triste rincón. La tomó de las manos, apretando cada una con dulzura, demasiado suave comparado con las fuerzas que tenía de absorberla, de consumirla ahí mismo, de arrebatarla al resto del mundo y de dejarla siempre a su lado, de no dejarla ir bajo ninguna circunstancia.

La guió, lento, esperando a que ella reprochara, a que se negara, a que preguntara, pero no lo hizo, andando y marcando con su suave compás una melodía que lo embelesaba, que silenciaba todo aquel sonido natural, que callaba la voz en su cabeza, que acompañaba el ritmo de su corazón. Subieron las escaleras, ella un escalón antes que él, pasando su mano por el barandal de madera, la que debía sentirse agraciada por tan delicado contacto. Tan agraciado como se sentía él.

Abrió la puerta de su habitación, algo dudoso, con una pequeña duda y miedo que jamás había sentido ante una situación así. Negó, levantando la vista a ella "Jamás había estado en una situación así…"pensó, muy seguro de que el galope de su alma no había estado ahí antes. La chica se soltó de su agarre, y muy contrario a tratar de huir, entró a la habitación de él, paseándose con el mismo ánimo, con la misma inocencia, alegría y felicidad, sin borrar esa sonrisa de su rostro, haciendo que su vestido algo infantil se levantara en un suave vuelo por una vuelta completa que realizó en el centro, juntando sus manos emocionada al verlo.

-¡Tu habitación es enorme! – Diecisiete sonrió, y de pronto sintió el golpe de los muchos años sobre su espalda, y algo de culpa se cumuló en su pecho, una que lo hacía sentir el hombre mayor con una pequeña niña, inocente, ajena.

Pero no podía alejarla, no ahora, no cuando ya no podía si quiera respirar sin saber que era por ella, por verla un momento más. Dejó de lado la edad, la misma eternidad, dejó de lado cualquier hueco que existiera para poder avanzar hasta ella. Porque la amaba. Y porque tenía miedo a esa palabra, a sus consecuencias, a lo que contenía, y no sabía si era un loco por llamar de ese modo a ese sentir tan desconocido para él, a ese sentimiento que solo parecía estar dormido dentro de su alma, pero que ahora despertaba. No sabía si era eso amar, pero la palabra saltaba a sus pensamientos sin poder evitarlo, y con solo pensarla su corazón daba un bote extraño, como si respondiera, como si admitiera y reconociera.

Marron ladeó la cabeza, como esperando alguna respuesta, y de nuevo se topó con esos ojos, los que decían más que palabras, y el calor subió hasta inundar su pecho. Él llegó hasta ella, y sus manos treparon por su cuello, llegando a su, por el momento, rizado cabello, mandando unos mechones hacia atrás de su oreja, sin importarle estropear tan laborioso peinado que había llevado para la fiesta. A ni uno le importaba ya nada de lo que todo significara. Sus bocas se unieron, ansiosas, deseando poder consumir todo el néctar y calor que estos desprendían.

Marron sabía lo que hacía, Marron sabía lo que él quería. Porque ella lo quería también. Y no le importó, no le importó escuchar la voz de su madre, de su padre, de todos sus tíos al decirle que la virginidad era algo importante, y que se debía entregar a alguien bueno, a alguien que la quisiera. No le importó tampoco las ideas de todos aquellos cuentos de hadas en donde el príncipe azul llega y después de hacerte su esposa te hace el amor de la manera más romántica para vivir felices para siempre. Y no le importó porque todas las formalidades, sueños, y fantasías no eran más que eso, cosas que no existían. Lo único verdadero era el amor, el profundo y hasta doloroso amor que sentía por él, no le importaba si era el primero o el último, ni si ella era la de él, le importaba qué en ese momento lo deseaba como a nadie, lo quería como a ningún otro. Y que eso le bastaba.

Sus piernas dieron contra la orilla de la cama, después de que ambos caminaran lentamente en su dirección, un acto que pudo ser rápido pero que ambos se molestaron en hacerlo discreto y duradero. La chica se dejó caer en el colchón, sentándose mientras el joven se inclinaba sobre su cuerpo, sin dejarle otra opción más que dejarse caer completamente en la cama, sintiendo como él trepaba, subiéndose en ella, sin dejar de atacar su boca en ningún momento, tomando sus manos y aplastándolas contra las suyas, sumiéndolas en la superficie suave de la cama conforme sus dedos se enredaban.

Diecisiete se separó cuando sus manos hervían en deseos de recorrer aquel cuerpo, cuando su instinto gritaba por arrancarle aquellas prendas y sus ojos suplicaban por admirar aquel cuerpo desnudo, descubrirlo en su totalidad. La miró, y sus ojos enormes y azules brillaban, y la culpa, aquello que jamás se había detenido a pensar volvió a él. Se sintió como un monstruo, como no se había sentido con nada, con ninguna. Estaba a punto de robarle lo más preciado a esa niña, a esa joven que había capturado su alma, y él, cargado de experiencia y años, iba a corromperla, a arrebatarle su inocencia como si tuviera derecho.

Pero estaba equivocado, y su dulce flor se abría ante sus ojos, extendiéndose en su plenitud, en su hermosura, en su propio y promiscuo deseo. Ella lo supo sólo con la tensión que sintió en sobre sus manos, y sonrió, divertida y agradecida de que se tomara aquel detalle, aquella muestra de duda que solo lo volvía aún más atractivo. Dudaba, no porque no la deseara, si no por miedo a hacer cosas que ella no quisiera, cosas de las que se podría arrepentir. Llevó su mano, delgada y delicada como debía ser, hasta alcanzar su cuello, desabrochando el primer botón de la camisa negra de vestir que portaba en ese momento, haciendo lo mismo con el siguiente y el siguiente, metiendo su mano entre la prenda cuando llegó a la mitad, rozando y acariciando con sus dedos la caliente piel de él, su suave pecho bien formado.

-Te amo – soltó las palabras, aquellas palabras que parecían incluso un pecado, vetadas de su existencia, las que habían estado prohibidas para él por años, décadas enteras en donde solo había habido deseo carnal y satisfacción sexual, acunando solo rencor, frialdad e indiferencia. Las que nunca pensó que escucharía. No para él.

Pero ahí estaban, frescas y perfumadas, delineadas en su mente, pronunciadas por aquellos delgados y brillantes labios rosas, los que expresaban todo lo que aquel cuerpo tembloroso bajo el suyo sentía. Y vibraron, lo hicieron vibrar con cada vez que se repetían en su mente, rebotando contra las paredes de su mente y de su espíritu. Su boca tembló, deseando responder con la misma verdad, mientras las palabras se atascaban en su garganta, creando un nudo que sentía que lo asfixiaba. Pero no pudo decirlas, no tuvo la oportunidad de decirlas, sus manos la expresaron en caricias, sus labios en besos y su presencia en suspiros.

Marron se aferró a su cuello, sintiendo las manos de él luchar contra el cierre de su vestido lila brillante, deslizándolo hacía abajo hasta dejarlo por debajo de su cintura, sintiendo sus ojos de cristal azul clavarse sobre su cuerpo cubierto únicamente por la ropa interior. La ropa parecía incendiarse entre tanto calor, y se deshizo de su propia camisa, tratando de conseguir de vuelta el aire que se consumía entre los dos, agitándose más cuando las manos de ella se pasearon libres por su cuerpo expuesto.

Sus manos, grandes y duras, se posaron sobre uno de los senos de ella, estremeciéndola, acariciando por sobre la ropa antes de introducir sus dedos dentro del encaje, sintiendo con la yema aquel rígido pezón, logrando sacarle un suspiro a la chica, algo que se semejaba más a un leve quejido. A la mente de Marron vinieron otra vez aquellos senos enormes de la secretaria de Trunks, aquello contra lo que no podía competir, y se sintió avergonzada por un momento, apenada con ´Keita´ de que ella fuese tan poco dotada en ese aspecto, moviendo un brazo para intentar cubrirse en un arranque de miedo repentino, pero él detuvo su mano, regresándola a su sitio, tomando los tirantes blancos y deslizándolos con amor y lentitud por los hombros de ella, exponiendo a la vista sus dos senos, a los cuales Diecisiete se quedó admirando, más con aprecio y felicidad que lujuria misma.

-Son perfectos – le aseguró, mirándola a los ojos para confirmarle que no mentía. Y ella lo supo, y solo pudo atinar a regresar sus manos al cuerpo de él, moviéndolo hacía ella para reclamar por más besos, mientras las caricias suaves sobre esa zona volvían, cubriéndola de seguridad y de goce. Amor, solo eso.

El chico se movió, creando un sendero con sus labios a través de su cuello, posándose sobre uno de esos bultos, en donde se llenó de ellos, de su textura, de su sabor, de la reciprocidad en la respiración y agitación de ella. Su mano se movió, deslizándose por el suave y plano vientre de la chica hasta topar con la orilla de su ropa interior, introduciendo su mano hasta sentir con sus dedos aquella humedad, ese punto que palpitaba deseoso. Marron gimió al sentir la mano de él allí, experimentado como comenzaba un delicado roce con sus dedos, masajeando esa zona hasta que ella misma quería más contacto.

Diecisiete no pudo más, sintiendo su propia excitación exigiendo atención, apretándose contra su ropa interior y sus pantalones, deseoso de hacer su aparición. Se arrodilló frente a ella, abriendo sus piernas y quedándose en medio del ángulo de estas, lanzando el vestido y el sostén a un lado, admirándola ahí, acostada en la cama que le había dado refugió a él, aquella que lucía enorme para uno solo, la que albergaba sus sueños y deseos. Y ahora estos estaban justo ahí, frente a él, totalmente a su merced, deseándolo de la misma forma y con la misma necesidad y locura. Amándolo. La miró, queriendo fundirla con el entorno, grabando su presencia en ese lugar siempre vacío.

Llevó su boca a la parte interna de sus piernas, besándola y acercándose peligrosamente a aquella zona aun cubierta por sus bragas, las cuales estaban ya húmedas, estorbando simplemente. Las mordió, en un acto cegado y salvaje, queriendo deshacerse de una vez de ellas, pero prefirió quitarlas por las buenas, bajándolas solo un poco para dejar descubierta aquella sensible parte. Marron ahogó un grito al sentirlo ahí, su boca realizando actos que le borraban cualquier pensamiento cuerdo, incomparable con cualquier otra sensación que hubiese sentido, pérdida en un mundo donde solo él y ella existían.

Se separó, dejándola jadeando y mirándolo con desconcierto, siguiendo cada movimiento que hacían sus manos cuando se quitó finalmente los pantalones, liberándose también cuando con ellos se llevó sus bóxers. Sus ojos azules miraron aquello, y su corazón se agitó, sintiéndose nerviosa, recordando todos aquellos relatos sobre la primera vez y el dolor que esto producía. Pero se relajó cuando volvió a verlo a la cara, confiaba en él, lo hacía aun cuando no le creía todo, cuando no conocía ni la mitad de su vida, incluso cuando esa nube negra aparecía sobre sus retinas. Lo hacía porque lo quería y confiaría en él sin importar que. Y se sentía segura a su lado.

Se movió de nuevo hasta quedar sobre ella, besándola mientras se acomodaba entre sus piernas, mientras se deslizaba en ella, atrapado por esa calidez, un roce adictivo, una fricción que los envolvía en sensaciones nuevas y desconocidas, incluso para él. En ese momento no sentía aquella indiferencia propia de cuando se satisfacía con otras mujeres, aquel espacio vacío y silencio que existía, la idea de tirarse al precipicio y después huir. Pero con ella era diferente, solo quería tenerla a ella y a nadie más, había calor, escuchaba el latir de ella, sus manos, cada parte de su cuerpo y sus enormes ojos en los suyos, existía una conexión entre los dos. Estaba haciendo el amor, por primera vez, tan emocionado e inexperto como ella.

Marron sabía que era doloroso, lo sentía, pero definitivamente no podía quejarse, era tan satisfactorio como lastimoso. La fricción finalmente los condujo a la satisfacción, y Diecisiete apretó los dientes, sintiendo como el sudor proveniente de su frente se deslizaba por su cabello, aquel que rodeaba el rostro de la rubia quien centraba sus ojos en su imagen, agradecida de que estuviera ahí tan cerca de ella porque sentía desvanecerse. Él se apartó, acostándose a su lado y tomándola de la cintura para acercarla a su pecho, besándola y después quedándose fijo en ella, sonriéndole, sintiendo por primera vez lo acogedora que era la habitación cuando estaban los dos.

-La marca que tienes aquí me gusta mucho…- comentó ella, señalando la mejilla de él, justo en la hendidura que se creaba cuando sonreía. –Aunque creo que no la había visto antes -

Él desvaneció su sonrisa, mirándola en completa incomprensión, tocándose el mismo punto y sintiendo una grieta extraña, mientras su mente trataba de asimilar lo que había dicho. "¿Marca? ¿Habla de una arruga?" pensó, tratando de permanecer tranquilo, sonriéndole de vuelta y besándola una vez más, abrazándola hasta que esta se quedó prontamente dormida. Se levantó un momento después, sin mover mucho la cama y sin poder quitarse aquella duda y tentación de la mente, moviéndose directamente al baño, en donde se encontró con un espejo, con su reflejo. –Imposible…- murmuró, fijándose en aquel punto. Era verdad, tenía una marca en su siempre piel incambiable, una arruga para ser preciso, la prueba de que el tiempo estaba pasando finalmente por él.

La escuchó revolverse en la cama, y supo de inmediato que de alguna manera tenía que ver con ella. Con lo que significaba para él. Se paró en el umbral de la puerta, en donde la vio descansar cubierta a medias por una sábana, en el sitio donde él mismo la había dejado. La vida eterna que habían prometido se estaba esfumando por entre sus dedos de una manera sorpresiva, la realidad de una en donde moriría con los demás, tan rápido como ellos lo hacían. El tiempo había dejado de estar congelado, pero solo pudo sonreír más, agradecido con aquello que para muchos otros sería una desgracia. La vida eterna no tenía caso si estaba solo, pero ahora estaba vivo, ella lo hacía sentir vivo, lo hacía sentir feliz, aunque esa felicidad lo estuviese matando.

[…]

Se había cansado de insistirle a Krillin una vez más que se fueran, y que éste la ignorara o le dijera que sí y no moviera su trasero a ningún lado. Harta, decidió irse, pero la preocupación de Marron no la dejaba en paz, hacía unos breves minutos en los que había hablado con Goten, no más de diez, y ya estaba histérica nuevamente. Una parte de ella quería ir con él de vuelta y volverle a preguntar por su hija, que le dijera en donde estaba y ella misma iría sin perder más tiempo. Pero sinceramente quería ahorrarse malos entendidos, y más que nada ahorrarle problemas a él también.

Ya había visto que no estaba en el patio, y que cuando preguntaba nadie sabía, nadie la había visto después del mismo momento que ella. Confiaba en las palabras de Goten, pero no podía sacarse de la cabeza que Trunks era un peligro para ella, a parte de sus propias sospechas, la escena que habían tenido durante la comida le había dicho demasiado, y todo sobre ese asunto no resultaba gustándole para nada. Ese hombre estaba adentro, y no quería ni verlo, pero era el lugar en donde no había buscado, y tomando en cuenta que Marron no se había llevado la cápsula de su automóvil, no podía estar en otro lado más que dentro de las instalaciones de Corporación Cápsula.

Entró, con la suficiente confianza como para hacerlo sin permiso, comenzando a recorrer la cocina y el comedor, pasando por el recibidor y una sala en donde no encontró a nadie, chasqueando la lengua mientras subía unas escaleras. Había muchas puertas en esa ala, en la que sabía, era la destinada para el hogar de Bulma, y no sabía si todas ellas eran puertas que daban a habitaciones privadas, pero no se estaría tranquila hasta comprobar que Marron no estaba en ninguna de ellas.

La primera habitación estaba vacía, acomodada lujosamente pero sin llegar a lo ostentoso. La cerró, continuando con la segunda puerta que estaba considerablemente lejos de la primera. Se arrepintió al abrirla, percibiendo entre las penumbras de la habitación una silueta de espaldas a ella, alta y fornida, y no necesitó percibir su Ki para saber quién era. Sin soltar la perilla dio un pasó hacía atrás, tratando de escabullirse sin hacer ruido, agradecida de que no la sintiera, pero la voz del chico la congeló en su lugar.

-¿Por qué te vas, Dieciocho? – preguntó, y los ojos de ella se desorbitaron al verse descubierta, algo completamente imposible para cualquiera de los guerreros. -¿Qué pasa? ¿Acaso estás sorprendida? – la mujer quitó aquella expresión, apretando los labios con seguridad, fija en él, quien lentamente se dio la vuelta.

-¿Cómo supiste…? – quiso saber, pero la risa de Trunks interrumpió su pregunta, mientras avanzaba en su dirección, solo unos pocos pasos.

-Creí que ya sabías, yo te siento… porque existe una conexión entre nosotros – dijo, tranquilo, como si aquello fuera lo más normal o natural en el mundo.

-Estás loco – siseó con furia, apretando su agarre mientras jalaba para cerrar la puerta. Pero su brazo no hizo ningún movimiento, pues la mano del muchacho estaba sosteniendo su muñeca, haciéndola alzar la vista sorprendida, sin haber notado el momento en que llegó hasta ella.

-Entonces dime, ¿Qué haces aquí? – la insinuación en su pregunta era obvia, y la mujer sintió verdadero miedo correr dentro de ella.

-Busco a Marron, así que déjame en paz – trató de zafarse, jalando su brazo con fuerza, mucha fuerza, pero Trunks no se inmutó ni un poco.

-Sí, claro… donde viniste a caer… ¿No? – se burló, obligándola a soltar la puerta, cerrándola y comenzando a caminar hacia Dieciocho, quien retrocedió, haciendo y tomando justo el camino que el chico quería que tomara. –Pero está bien, quería hablar contigo – La mujer frenó cuando topó con pared, moviendo sus ojos de un lado a otro, esperando a que alguien, quien fuera, la ayudara, y maldijo como nunca antes que no tuviera energía, que ni Krillin, Yamcha, Goku, incluso Vegeta, supieran que estaba ahí con un medio saiyan desquiciado.

-No hay de qué hablar, lo que quieres no se puede, soy casada y tú eres un…- Dieciocho chilló cuando Trunks la tomó de los hombros, agitándola y golpeándola suavemente contra la pared, sosteniéndola tan fuerte que los brazos podrían habérsele quebrado a cualquiera. Abrió los ojos después de haberlos apretado por el terror que sintió, mirándolo a solo centímetros de su rostro, con esos ojos que la paralizaban, como si quisiera meterse dentro de su cabeza.

-Yo ya no soy un niño – masculló entre dientes, los cuales estaban apretados, conteniendo mucha ira e impulsos que insistían en salir a flote. –Además, con Goten estabas muy a gusto, y él es menor que yo…- se notó en cada silaba los celos y el reproche, pero la mujer trató de no involucrar al otro, respondiéndole lo más tranquila posible.

-Para mí lo eres, siempre lo serás… te conozco desde que eras un bebé, te vi crecer… ¿Cómo concibes que yo sienta algo por ti? ¿Cómo pretendes algo como esto cuando eres el novio de mi hija? Pensé que habías madurado – la mano de Trunks tomó su cara, apretando su quijada y hundiendo sus dedos en las mejillas de ella, quien trató de liberarse agitando su rostro, pero su brazo parecía de hierro.

-No entiendes, ¿Verdad? No entiendes que no he podido ver a otra mujer más que a ti, que no existe otra mujer en mi vida más que tú, que he pasado años llenos de frustración y desprecio propio por no poder tenerte ¡Que crecí para ti! – exclamó, y la mujer apretó los ojos, sintiendo su aliento encima. - Que no sueño con nadie más y que tu imagen aparece en mi mente cuando estoy con otras, cuando beso a tu hija…- Dieciocho levantó una mano, la que él había liberado, tomando vuelo para plantarle una bofetada, pero de nuevo su muñeca se vio presa de aquel hombre, y la impotencia la dominó enseguida. –Parece que olvidas quien soy – susurró, de nuevo en aquel toque sádico. –Pero déjame demostrártelo, déjame enseñarte que no soy un niño, ya no. Déjame enseñarte que soy mejor que él…- Dicho esto, pegó sus rostros, originando un beso forzado que no duró mucho, pues la rubia comenzó a mover su cabeza desesperadamente de un lado a otro, ejerciendo presión en sus brazos para apartarlo de su lado.

Trunks gruñó, pues sabía que los androides tenían la fuerza de un Súper Saiyajin nivel uno, y en su estado normal estaban algo parejos aun usando mucha fuerza, pero un error como transformarse durante la fiesta con toda la pandilla Z podría costarle caro. La pegó a su cuerpo, tomándola de la cintura cubierta por un cinturón negro sobre su vestido rojo, avanzando con ella de ese modo hasta que llegó a su cama, donde la tiró, tratando de inmovilizarla con el peso su cuerpo. Movió una mano por las piernas de ella, sosteniendo con la otra las dos muñecas de Dieciocho, atacando su rostro y cuello con besos sucios. Su mano se deslizó por debajo del vestido, aquel que le llegaba arriba de la rodilla, pero por la posición se había subido hasta casi estar a la altura de su ropa interior, tocando un lugar que no le agradó para nada a la mujer.

La mano de la rubia brilló, concentrando su energía en ella y liberándose, dándole un golpe en la cara al joven que lo mando a volar, estrellándose contra la pared de su cuarto, la cual no rompió por que logró equilibrarse con facilidad. –A veces parece que también olvidas quien soy yo – le dijo ella, mandándole una última mirada cargada de desprecio antes de dirigirse a la puerta.

-Sabes lo que esto afectará a tu hija, ¿Verdad? – le dijo, deteniéndola a un paso de salir de ahí. –Si no te tengo a ti, me quedaré con ella a cambio…- Dieciocho chasqueó, avanzando con indiferencia ante aquello, no iba a caer en sus juegos, por más que supiera que Trunks hablaba en serio.


Sé que el contenido sexual ´explicito´ está prohibido, pero por Kami, ¡Esto no es explicito! Y la verdad es que de ser escritora sexual en otra página por mucho tiempo y tener que censurar esto me costó mucho, según yo está muy, muy suave, y si le quitó algo sería robarle vida a la historia, pero igual y recibo consejos (Diosa de la muerte, cof, cof) pero bonitos tampoco que me maten.

Sobre el "te amo" de Marron y Diecisiete, no soy de las que hacen que los personajes se amen de la nada velozmente, pero se me hacía tedioso decir que se enamoran de alguien inexistente (por que no se dicen la verdad), tanto para uno como para otro, así que eso se justificará poco más adelante.

Con Trunks, no me gusta mucho el occ (aunque es casi imposible no usarlo en los fics), así que lo poco que tengo que decir sobre él sin hacer Spoiler es que saiyan o no, de la realeza o no, tiene sentimientos, debilidades, deseos, y que como cualquiera, se enamoró de quien no debía, y ese amor se fue distorsionando y como cualquiera que comete errores se obsesionó, y una persona con una enfermedad como esa puede ser capaz de muchas cosas, así haya salvado el mundo o su papá sea un ex asesino súper sensual (XD) no se salva de los muchos defectos humanos.

Espero y les haya gustado, en el siguiente viene por fin Goten y presente de Trunks. Mil gracias a iitzel, bulmitaouji , Megumi007, Crystalinah, Diosa de la muerte y CarXx, de verdad que me hacen feliz, muy feliz, las adoro y aprecio su interés. Nos vemos la siguiente semana, besos y abrazos, nos leemos!