Capítulo dedicado a Sayonara Distance. Sin ti probablemente seguiría en crisis.
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Sintió un ligero tic en su ojo derecho.
Para comenzar, allí faltaba un adjetivo, la oración estaba muy vacía. El siguiente párrafo no tenía mucho sentido y en las líneas siguientes quedaría mucho mejor una explicación de la escena o cómo se sentían los personajes principales.
En serio, necesitaba llamar a Honda.
La chica poseía talento, eso no lo iba a negar, pero aún así, era insuficiente. Le faltaban cosas que aprender, expresar, fundamentar. El que su idioma natal no fuera el inglés también complicaba un poco más las cosas. Ella necesitaba un buen guía. Aparentemente, podía ser él.
Buscó entre sus papeles, desordenando un poco la zona de trabajo. Encontró su celular bajo una hoja de cálculos y mientras marcaba el número de la chica, decidió acomodar todo de nuevo.
Un escalofrío recorrió su espalda cuando se percató del número de documentos esparcidos por su mesa: Diecisiete. Número primo. Número impar. No combinaba con nada, era irregular.
Cuando la dulce voz de la nipona contestó la llamada, Alfred guardó de manera sigilosa uno de los papeles dentro de su folio. Ahora eran dieciséis. Podía estar tranquilo.
—Disculpe todos los inconvenientes, Sr. Jones. Estaré en las oficinas dentro de dos horas, por favor, vaya adelantándose con el trabajo. De nuevo, discúlpeme ¡Esta vez daré lo mejor de mí, lo prometo!
Esa chica era realmente asombrosa. Calmada, creativa. Con una actitud sumamente delicada... Y feroz. Sí, una vez la había visto atacar, ella no tuvo piedad. Deslumbrante.
Ese fuerte choque de personalidades le fascinaba a Alfred. Sentía algo inexplicable en el pecho. Sin embargo, tenía que enfocarse en el trabajo. Aún no era tiempo para buscar esa clase de cosas. Menos con ella, después de todo, sólo era una compañera.
Dejó el teléfono en el bolsillo de su chaqueta y en cuestión de segundos, su mente volvió a pisar realidad. Una que no era muy bonita.
Se removió en su asiento, nervioso. Se sentía sofocado, ahogado. Ante sus ojos pasaban todas las hojas y capítulos que aún le faltaban revisar, pero es que simplemente no podía hacerlo. Sus problemas no le dejaban y aquello simplemente lo estresaba aún más.
Su mente daba vueltas y vueltas, divagando. Mareado. Número de archivos, la posición de su lapicera, el color de su laptop. La oficina se hacía más pequeña, las cosas más grandes y él estaba siendo absorbido. Sacudió la cabeza con fuerza y sujetó sus manos, estaban temblando. Volvieron los mareos. Se sentía enfermo.
Con algo de esfuerzo, se levantó de su asiento, decidió salir un rato. Antes de lo esperado y evitando chocarse con alguien, llegó al balcón del edificio. Se permitió mirar un rato el paisaje, tratando de calmar sus nervios. No funcionó.
A decir verdad, las vistas desde allí eran preciosas. Pero estaba demasiado alto y apestaba a tabaco. Aunque trató de olvidar esto último, poco a poco terminó sofocado.
Gruñó frustrado. Demasiado. A pasos rápidos volvió a su punto origen; sentado, con las manos sobre la cabeza respiró hondo. Muy hondo.
La situación era en parte su culpa, eso no lo iba negar.
—Estúpido, estúpido, estúpido, estúpido…
Cuando comenzó con todo esto, sabía muy bien que la cafeína podía llegar a ser adictiva. Y no le importó, incluso lo vio como algo bueno. Excelente para su condición.
—Idiota, idiota, idiota, idiota…
Como bien dicen "un clavo saca otro clavo" y siendo sinceros, una taza de café es mucho más barata y sana que tres paquetes de cigarrillos diarios.
—Tonto, tonto, tonto, tonto…
¿Quizás debió haber cortado la flor de raíz? Era mucho mejor que ese problema suyo se fuera a que lo reemplazara. Era obvio que estaba desesperado… A veces lo seguía estando.
Cerró los ojos, sintiendo los tics en su ceja de nuevo. Esa mañana no pudo ir a la cafetería de Katyushka.
La noche anterior, luego de hacer un ritual nocturno (para darse ánimos y felicitarse por sus logros, tal y cómo le dijo el señor psicólogo), dejó su celular cargando. La batería había muerto hace unas horas mientras que hablaba con sus superiores y debido a que ese día tocaba darle una limpieza al departamento, se olvidó completamente de el. Se fue a dormir confiado, ignorante que justo esa noche hubo corte de luz en la zona: el aparato nunca renovó energías. Las alarmas tampoco sonaron.
Se despertó 10 minutos tarde, su horario se había ido directo a la mierda. Incluso estuvo apunto de olvidarse los lentes.
No creyó que el no consumir su dosis de cafeína diaria le afectaría tanto. Quería golpear su cabeza contra alguna pared. Quería llorar. Gritar. Su paz estaba siendo interrumpida, su seguridad se esfumaba. Tenía miedo de lo que vendría en el futuro.
Extrañaba con fuerzas su libreta. Quizás aún no estaba lista para dejarla ir, quizás aún la necesitaba. Sólo tuvo que esperar dos semanas para saber que era más débil de lo que creyó.
A este paso, nunca lograría superar sus problemas, ser salvado.
Y moriría. De seguro.
¿Por qué? Porque no iba a encontrar alguna solución a aquello que lo atormentaba. O la situación terminaba con su vida o él mismo lo hacía. Sencilla y retorcida lógica.
De repente, sintió una mano tocando su hombro, casi le dio un infarto. Lanzó un manotazo hacia su atacante, para luego percatarse de que sólo se trataba de Toris, uno de sus amigos.
—¿Estás bien, Al? ¿Ocurrió algo? El jefe quiere verte...
Era Toris, uno de sus amigos, trayendo malas noticias.
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TOMORROW. SCHOOL. NO. I DON'T WANNA. PLEASE, SEND HELP ;- ;
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Dear Lydy:
¡Oh! Спасибо! Pues, los finales tristes siempre tienen su lado cautivador, no vamos a negarlo xD. Gracias por la preocupación, lamento si te asusté. No estoy en mis mejores momentos ;- ;
¡Gracias por apoyar y seguir la historia!
Dear Sayonara Distance:
Lo prometido es deuda~ Capítulo por y para ti ;)
No hay mucho que pueda decir, la verdad, creo que ya me conoces demasiado bien xD. Aún así, quería agradecerte el mensaje UwU, me subió bastante los ánimos en ese momento.
¡Gracias por apoyar y seguir la historia!
