Capítulo 5

La ilusión

—Promete que no volverás a espiarme—le dije al deshacer nuestro beso.

La confesión de sus sentimientos y su vehemente e inesperado contacto comenzaban a hacerme olvidar de todo el enojo que podía llegar a sentir debido a lo injusto de su actitud. Y para ser totalmente honesta conmigo misma, si yo hubiera creído que él había muerto, si hubiera imaginado, aunque sea por medio segundo, que algo trágico le había sucedido, me sentiría de la misma forma que él se estaba sintiendo. Y para seguir siendo objetiva, si yo fuera poseedora de su naturalmente ágil destreza y pudiera espiarlo sin que él se diera cuenta, también lo habría hecho sin dudarlo. Pero debido a mi egoísmo, si yo solo debía conformarme con ver sus fotos, él debería hacerlo también, era lo más justo para los.

—No—me dijo con gesto un gesto serio que me descolocó.

— ¿No qué? —inquirí confundida con su sequedad.

Me aparté dos pasos de él como si fuera portador de una enfermedad incurable que se transmitía por proximidad

—No te prometeré algo que sé fehacientemente no cumpliré—me respondió sin ceder en su gesto reservado.

—Debes hacerlo—le ordené, comenzando a perder la poca paciencia que poseía.

—Ya me has acusado varias veces de no cumplir mis promesas— me recordó, traspasándome con sus relucientes ojos negros. —Así que no te daré otro motivo para volver a hacerlo.

—Por supuesto que no—coincidí con él en su idea de mantener las promesas, pero permanecía asombrada con el hecho de que estuviera dándome una negativa ante mi pedido. —Debes prometerlo y cumplirlo.

— ¡Eso es imposible contigo! —exclamó negando con su cabeza mientras agitaba sus manos al aire en una compostura tan humana que me desconcertó. —En tu mente, todo lo que hago para mantenerte a salvo conlleva a romper promesas.

— ¿En mi mente? —le pregunté adquiriendo una postura defensiva, me resultaba increíble que aun siguiera pensando que no había quebrantado cada una de sus promesas al dejarme. —Prometiste que nunca me lastimarías, prometiste que siempre estarías a mi lado, prometiste que lo nuestro sería para siempre—le señalé con énfasis cada palabra, mientras me acercaba a él para golpear su pecho tan duro como el granito con mi dedo índice, intentando de esa forma meter mis ideas dentro suyo para que las comprendiera mejor.

—Y mantengo inquebrantables esas promesas—me dijo con convicción, acaparando mi mano que lo golpeaba entre la suya. —Estás viva, estoy a tu lado ahora y para siempre—explicó con simplicidad, ganándose mi bufido ante su lógica limitada. A pesar de ser un vampiro con súper inteligencia desarrollada, su mente de hombre no le permitía ver más allá de lo que él creía correcto. Alivianó la dureza de sus facciones cuando volvió a hablarme. —Entiendo que mis últimas decisiones te hayan hecho pensar lo contrario, pero trato de mantener todas las promesas que te he hecho y recuerdo todo lo que hemos hablado, cada palabra que has pronunciado, pero eso mismo no voy a prometerte algo que sé no cumpliré.

—Entonces yo también puedo espiarte—concluí al darme cuenta de que no iba a conseguir la justicia por ese camino. Debería inclinar la balanza hacia el otro lado.

—Estoy de acuerdo—me concedió y realizó un doble parpadeo seductor con sus espesas pestañas, gesto que observé con desconfianza entrecerrando mis ojos. —Pero si te descubro tendrás serios problemas conmigo—agregó esbozando una media sonrisa divertida y totalmente cautivadora.

— ¿Es una amenaza? —le pregunté observándolo fijamente para acercarme unos centímetros más él. Su sonrisa primeramente divertida se contorsionó en una mueca malévola que habría espantado a cualquiera que no lo conociera, pero no lo conseguiría conmigo. —No das nada de miedo—le dije sin evitar sonreír ante sus intentos.

Ahora sí que me había olvidado por completo del motivo de mi enojo y de la irritación que nos había llevado hasta esa conversación. Él tenía la capacidad de hacerme olvidar cualquier cosa que me afectara. Con sus palabras dulces, sus gestos perfectos, su forma anticuada de expresarse y de pensar, incluso cuando suspiraba lograba que me olvidara hasta de mi nombre.

— ¿No te doy miedo? —me preguntó abriendo desmesuradamente sus ojos como si le hubiera hecho una confesión irrisoria.

—Ni un poco—aseguré acercándome otro centímetro más a su rostro. —Es más, viéndolo en retrospectiva, ni siquiera entiendo cómo te tenía tanto miedo la primera vez que te vi, incluso a veces llego a dudar que realmente seas un vampiro.

—¡Woow! —exclamó tomando su pecho con sus manos, simulando que su corazón estaba a punto de caerse de su lugar. —Eso fue un golpe demasiado bajo, apuntaste directo a mi masculinidad vampírica—dijo sin dejar de fingir que lo había herido. — ¿No crees que puedo ser realmente aterrador si me lo propongo? —me preguntó haciendo un esfuerzo porque su postura se viera nuevamente amenazadora.

Con su pregunta, no pude dejar de evocar la imagen que Caroline había introducido a la fuerza en mi mente cuando me tenía cautiva. Era Max con actitud rapaz, tomándola fieramente por el cuello, con toda su fisonomía contorsionada en una expresión aterradora de asco y desprecio. Un escalofrió me recorrió desde la nuca hasta los tobillos al recordar lo terrorífico que podía llegar a ser Max si realmente se enojaba. Igualmente, pondría sin dudarlo mis manos al fuego, confiando en que nunca lo vería dirigirse de esa forma hacia mí.

—Nunca podrías espantarme—le aseguré fijándome en la belleza que resplandecía la perfección de su rostro demoniacamente sublime.

Con toda la delicadeza que poseía elevé mi mano hasta posarla en su nívea mejilla. Se sentía tan pétrea como el mármol mismo, pero logré con mi tacto que al menos relajara su fingida actitud aterradora. Él cerró sus ojos con la paz instaurada en sus facciones, para luego tomar mi mano e inhalar todo el aroma que mi muñeca desprendía, al mismo tiempo que depositaba sus labios sobre ella a modo de beso.

—Camille está buscándote—me advirtió abriendo repentinamente sus ojos. —Tiene el bolso que dejaste olvidado en el vestuario—agregó mientras permanecía inmaculadamente detenido, poniendo toda su atención en escuchar una conversación ajena a mis oídos. —Discutió con Adams…

— ¿Qué ocurre con ellos dos que siempre pelean? —le pregunté en un susurro, con la tonta creencia de que si estaban cerca podrían escucharme.

—Diferencias irreconciliables—respondió ásperamente.

— ¿Eso es una causal de divorcio? —le pregunté confusa, recordando de improviso una conversación que había tenido Rosalie con una cliente que estaba ansiosa por divorciarse. — ¿Van a romper?

—No lo sé—meditó dubitativo.

— ¿Es por mi culpa? —no pude evitar la punzada de culpabilidad al hacerle esa pregunta.

— ¿Cómo puede ser tu culpa que ellos no se entiendan? —me cuestionó.

Noté en el leve elevamiento de su comisura que algo en mi pregunta lo divertía.

—Camille me dijo que sus diferencias comenzaron después de que nosotros nos separamos…—me detuve mirando hacia un costado para evitar la inquisición de sus ojos.

— ¿Y eso cómo se relaciona con ellos? —me incitó a seguir contándole mi preocupación con su pregunta.

—Que ella se preocupó demasiado por mí, dejado de lado a Adams—concluí pronunciando las palabras precipitadamente.

El me observó pensativo unos segundos antes de dar su verdecito.

—Sus problemas son de ellos—sentenció en tono serio y luego me aseguró de forma convincente. —Ni tú ni yo tenemos nada que ver eso.

—Eso dices tú…—susurré aun sin poder dejar de lado mi culpa.

—Esa es la verdad—me dijo con ojos amables. —Cuando una pareja se separa, no es más que por ellos mismos—explicó. No evité pensar en nosotros mismos y en cómo teníamos que alejarnos por culpa Caroline e inmediatamente descreí sus palabras. No dije nada, pero algo vio en mi rostro ya que agregó. —Nosotros no aplicamos a esa verdad universal, lo nuestro no es una separación propiamente dicha.

—Eso espero…—murmuré, más para mí misma que para que él lo escuche.

Miró por encima de mi hombro hacia el lugar donde el largo pasillo se bifurcaba y luego, de forma inesperada, río por lo bajo.

—Camille me odia—me informó animado, atravesándome significativamente con sus ojos que lograban paralizar mis sentidos.

—Sí—asentí moviendo mi cabeza hacia arriba abajo sintiéndome nuevamente culpable. —Puede ser que eso sea debido a lo que le conté…

—Que mi ex me tenía confundido—me dijo con expresión circunspecta, juzgando lo que había hecho.

— ¿Escuchaste nuestra conversación?

—Por supuesto—aseveró y luego me brindó la excusa perfecta. —Tenía que estar al tanto de tu versión para que no haya inconsistencias en nuestros relatos, no puedo comentar otra cosa diferente con los chicos.

—Lo siento…—comencé a disculparme por haber generado el odio de mi amiga hacia él, pero un grito me interrumpió, sobresaltándome.

—¡Jasmett! —la voz de Camille me llamaba a mis espaldas, se escuchaba exasperada. Me giré para verla correr hacia mí a través del pasillo con Adams pisándole los talones. —Te estuve buscando por todo el instituto.

—Estaba hablando con Max—le expliqué señalando al mencionado cuando llegó hasta mi lado.

—Hola, Cam—la saludó él con gesto simpático.

—Max—respondió ella de forma brusca, admiraba como podía hablarle así cuando él le estaba brindado la insoldable profundidad de sus ojos.

—Lo siento, hermano—le dijo Adams a Max con un gesto de pena reluciendo en la forma de sus ojos.

— ¿Qué es lo que sientes? —le gritó Camille a su novio. — ¿No haberme podido entretener por más tiempo? ¿Qué los haya encontrado? —sus preguntas parecían una imputación. — ¿O tu sabías dónde estaban y no me dijiste nada? ¿Me dejaste buscarla como una estúpida por todo el lugar sabiendo que estaban aquí?

El interpelado solo giró sus ojos hacia el techo y depositó su mirada sobre Max, quien se la devolvía un gesto de disculpa y compasión.

—Siento haberte robado a Jass—le dijo Max sin perder la cordialidad en su tono de voz. —Solo necesitaba hablar con ella…

— ¿Ya has terminado de embaucarla? —le preguntó grosera, acusándolo con la mirada. — ¿O deseas que te de cinco minutos más a solas con ella?

—Cam—le dije tomándole el brazo en un intento por calmarla. —Estábamos poniéndonos al día, nada más.

—El ya no tiene nada que decirte, Jaz—me dijo mi amiga sin dejar de mirar con furia a Max. —Tuvo su tiempo para dar las explicaciones necesarias ¿Lo hizo? —realizó la pregunta en tono sarcástico. —No, no lo hizo—se respondió a si misma ensombreciendo aún más sus facciones dirigidas hacia Max.

Intenté decirle a Cam que se relajara, pero Max me interrumpió en el mismo momento que estaba tomando aire para hablar.

—Ella tiene razón—concedió mirando a mi amiga con cariño a pesar de que ella lo estaba taladrando con sus ojos del color del cielo más tormentoso.

—Claro que la tengo—bufó mi amiga.

—Devuélvele el bolso a Jasmett y vamos a mi casa—le dijo Adams señalando el bulto que acarreaba en su mano. —Por favor—agregó súbitamente al ver la mirada asesina que sostenía su novia.

Camille me entregó el bolso y suavizó su gesto al mirarme.

—Gracias—le dije entregándole una sonrisa.

—Tu hermana vino a buscarte—me avisó. —Está afuera esperándote con su novio.

Me imaginé el rostro impaciente de Jacob en el auto y evité sonreír para no generar más furia en mi amiga.

—Nos vemos mañana—le dijo Adams a Max dedicándole un gesto que se pareció a una sonrisa, pero realmente no lo era. Se lo notaba sumamente urgido por abandonar esta situación de cuadrilátera pelea de parejas en la que se encontraba involucrado.

— ¿Vas a quedarte aquí con él? —me insistió Camille señalando a Max con un gesto de su mentón.

—Solo un minuto—le pedí como si ella fuera mi madre y le estuviera rogando que me brindara permiso para jugar un rato más con mis compañeras del kínder.

—Da acuerdo—me dijo ella en tono de desaprobación. —Hasta mañana.

Tomé su mano y la presioné con cariño antes de que se marchara junto a Adams, pero no relajó su postura tensa.

—Creo que Adams me odia tanto como Camille a ti—le dije cuando ambos se perdieron de nuestra vista, cayendo en la cuenta de que él se había marchado sin siquiera dedicarme una mirada de despedida.

—No te odia—negó con su cabeza. —Solo cree que me dejaste.

—Me lo contó Camille—le dije. — ¿Por qué les dijiste algo así?

—No lo hice—elevó sus hombros y explicó. —Simplemente no les conté nada.

—Diles algo—le sugerí intentando sonar amable a pesar de la pena que sentía. —No quiero que tus amigos me observen como si fuera una bruja.

—Lo haré—me dijo a modo de promesa y lo miré con desconfianza, pero no insistí.

— ¿Qué fue lo que le ocurrió a Camille? —le pregunté recordando los gritos de mi amiga hacia su novio. — ¿Por qué se lo tomó así con Adams?

—Tiene la sospecha de que Adams y yo nos complotamos para que no te encuentre—me dijo con despreocupación.

—Qué ridículo…—comencé a defenderlos justo cuando noté una chispa de remordimiento en la mirada de Max. — ¿Es verdad?

—No fue un pacto implícito—comenzó a explicar a modo de disculpa.

— ¿Y qué fue?

—Solo le mencioné a Adams que necesitaba un tiempo contigo—me dijo forzando una expresión de inocencia. —Y él lo interpretó de esa forma…

—Vamos a ser los responsables de su ruptura—me lamenté.

—No seas tan dramática—me pidió. —Ellos no se están llevando bien últimamente y no es por nosotros, ya te lo he dicho—me hizo esta afirmación de forma insondable, pero de todos modos no me convencí del todo. —Confía en mí, por favor—me pidió con dulzura, sin dejarme otra alternativa.

—De acuerdo—me logró relajar solo un poco.

—Será mejor que salgamos—me propuso. —Alice está esperándote fuera.

— ¿Vino Alice a buscarme? —pregunté extrañada de que no hayan sido Renesmee yJacob.

—Sí—afirmó el con una leve sonrisa de simpatía, demostrando cuan bien le caía mi pequeña tía.

Posó su mano en la parte baja de mi espalda y me guio hacia la salida del instituto. Caminamos en silencio por los pasillos hasta el gran portón. En todo el recorrido solo pude concentrarme en la majestuosa sensación de su mano sobre mi cuerpo. Incluso, aunque no estuviera tocando directamente mi piel, podía sentir como enviaba descargas eléctricas hasta mi ombligo.

— ¡Al fin! —exclamó Alice al vernos.

Se encontraba celestialmente apoyada sobre su vehículo, con los brazos cruzados sobre su pecho. Los extremos de su cabello color azabache estaban despeinados, apuntando cada uno a una dirección diferente y cambiaron radicalmente de posición con el movimiento cuando danzó grácilmente hacia nuestro encuentro.

— ¿Cómo estás, Alice? —le preguntó Max cuando ella se estrelló contra él tomándolo en un cálido abrazo.

—Muy bien, gracias—le respondió al soltarlo, dedicándole una relampagueante sonrisa. —Nos tocó a nosotros esta vez venir a buscar a Jasmett.

—Los mantiene a todos muy ocupados con su seguridad—expresó y su rostro se ensombreció con un abatimiento fortuito.

—Ella siempre es nuestro mayor pasatiempo—le dedicó una sonrisa animada. —Será mejor que vayamos al auto, Jasper comienza a exasperarse—me dijo mi tía señalando con un suave gesto de su cabeza a mi tío que se encontraba esperándonos.

Max aprovechó que el aludido miró en nuestra dirección al escuchar su nombre para levantar su mano y dedicarle un saludo, pero Jasper solo le ofreció una mirada fortuita y un gesto huraño con su boca. Max elevó sus cejas del asombro al sentir ese rechazo.

—Un gusto verte como siempre, Alice—le dijo a mi tía sin perder la elegancia luego de recomponer su gesto.

—Lo mismo digo—le respondió ella, posando una mano sobre su hombro. —Te esperaré en el auto, no tardes demasiado—agregó mirándome momentáneamente, para luego dirigirse hacia donde se encontraba su marido con la galanura desbordando de sus pasos.

Permanecí detenida frente a Max, adorando cada una de sus perfectas y hermosas facciones de adonis. El dolor me atravesó en el pecho cuando caí en la cuenta de que definitivamente no había manera de que aquella criatura celestial estuviera hecha para mí. Todo lo ocurrido con él, solo había sido una mala broma del destino. Me habían permitido tocar el cielo con las manos, para luego soltarme en caída libre y estaba a punto de estrellarme contra el pavimento. Era invevitable.

—Supongo que esta es nuestra despedida—rompí el silencio que nos envolvía.

—Insistes en despedirte de mí—me dijo elevando solo una comisura de sus labios en un triste gesto. Quise repicarle que era él quien estaba alejándose, que él me había dejado, pero sería seguir hondando sobre lo mismo y no lograría hacerlo cambiar de opinión, así que hice un esfuerzo para mantener mis labios sellados y solo lo observé. —Nos vemos mañana—afirmó.

— ¿Lo prometes?

—Por supuesto—aseguró en medio de una débil carcajada.

No le dije nada acerca de la desconfianza que me generaban sus promesas, sólo escuché el sonido de su risa y lo grabé en la memoria. El temor de no volver a verlo nuevamente me aguijoneó en la garganta.

—Nos vemos—susurré casi sin voz, agachando mi mirada para evitar ver en sus ojos la despedida.

En ese momento, tomó un mechón de mi cabello que el viento se empeñó en sacar de su lugar y lo colocó delicadamente detrás de mi oreja, dejando un hormigueo en el lugar de mi mejilla que había rozado improvisadamente al hacerlo. Sin agregar más nada, ni detenerme a mirarlo, me di la vuelta y caminé trastabillando hasta el auto.

—Hola, Jasper—murmuré hacia mi tío quien estaba al volante, a la vez que me acomodaba en el asiento trasero.

—Hola, cariño—me dijo al dar arranque al motor con un roce de su dedo sobre la placa de encendido.

Contuve mis ganas inmensas de pegarme al vidrio trasero para observar la figura de Max hacerse cada vez más pequeña con cada metro que nos alejábamos de él. Sentí a mi corazón resquebrajarse dentro de mi pecho, esa sensación ya era algo de todos los días, demasiado conocida muy a mi pesar. Como siempre hacia, me abracé a mí misma para evitar que los pedazos se cayeran sobre mi regazo.

El silencio se instaló en el auto durante todo el camino, era extraño que mi tía Alice no tuviera nada que decir, seguramente estaba intentando darme la posibilidad de conectarme con mis ideas. Tenía mucho que razonar luego de la conversación con Max y ambas lo sabíamos. Las olas de calma y tranquilidad que Jasper enviaba en todas direcciones me fueron relajando. Percibí como el dolor que me invadía poco a poco se iba a apaciguando.

Para cuando bajamos del auto, el padecimiento que me traspasaba ya casi había desaparecido. Subí a mi habitación saltando de dos en dos los escalones y me regalé una ducha con agua tan caliente que me enrojeció cada milímetro de piel. Al terminar, me metí dentro de mi pijama y fui directo a recostarme sobre la cama. Cuando lo hice, observé que en la pared de la cabecera aún estaba colgado el mural con las mil fotos destrozadas de Max, las cuales habíamos restaurado prolijamente con Renesmee. Estando acostada, podía observar cada una de sus facciones invertidas. Incluso de esa forma se veía despampanante.

Ahora que la paz impuesta por mi tío se estaba esfumando, el agujero en mi pecho comenzaba a crecer gradualmente otra vez. Sin evitar pensar en el inesperado encuentro con Max, no podía discernir si haber hablado con él era algo bueno o, por el contrario, era terriblemente malo. Ciertamente me había dejado más rota incluso que antes, pero al menos se habían aclarado algunas cosas en mi mente, o eso creía.

Max y yo ya no éramos novios, definitivamente la lejanía que debíamos mantener debido a su plan impedía que nuestra relación continuara. Pero de cierto modo, al menos me reconfortaba saber que aún nos correspondíamos. Podía considerarse esto como una pausa en la relación, que en algún otro momento sería retomada.

Era un alivio haber conseguido que no se escondiera más de mí, aunque solo lo viera durante el almuerzo en el instituto y ni siquiera habláramos… Pensar en esto ya dejaba de resultar aliviador, considerando que solo podría dedicarle miradas furtivas unos minutos al día. Al caer en la cuenta de esto, el agujero de mi pecho creció desmesuradamente.

Meditándolo en la tranquilidad de mi habitación, debía reconocer que su plan no era tan malo, incluso podría funcionar. Solo me había quedado la duda de cómo haría para contactarse con ella, o si de hecho ya lo había hecho. En mi desesperado intento de hacerlo volver conmigo me había olvidado de decirle un montón de cosas y de plantearle todas las dudas que ahora se arremolinaban en mi mente respecto a su estrategia ¿Tenía el número de teléfono de Caroline? ¿Había hablado con ella? ¿Hablaba con ella a menudo? ¿Qué se decían si es que hablaban? ¿Le mentía diciéndole que la amaba solo para que regresara?

El agujero en mi pecho continúo extendiéndose ¿Cuán vacía podría quedar por dentro antes de morir? ¿Cuánto dolor podría soportar mi cuerpo?

Quizás no le mentía al decirle que aun la amaba, quizás realmente lo hacía, quizás nunca la había olvidado y solo huía de ella debido a su maldad. Sacudí mi cabeza con violencia para sacar esos pensamientos oscuros y me reí de mí misma ¿Cómo podía seguir dudando del amor que Max sentía hacia mí? A pesar de no ser merecedora de su amor, estaba segura de que él lo sentía. A pesar de saber que no era lo suficientemente bonita como para ganarme sus miradas, el me las dedicaba. Y aun sabiendo que no era tan interesante como para que el deseara hablar conmigo, él lo hacía.

Si había algo de lo que estaba plenamente segura, era del amor que nos teníamos. De hecho, eso era lo único que me mantenía aferrada a la cordura. Habíamos nacido en diferentes épocas, en diferentes sitios, bajo diferentes circunstancias, él tenía casi 70 años y yo apenas 17. Pero aun así nos habíamos encontrado aquí y, a pesar de todas las diferencias, nos habíamos correspondido. El vacío que antes parecía crecer de forma desmedida ahora comenzaba a cerrarse con el sentimiento de la esperanza que afloraba en mí.

¿Cuánto tiempo Max sostendría su plan si es que Caroline no aparecía? ¿Cuánto tiempo tardaría en darse cuenta de que era en vano continuarlo? Con un poco de suerte ella caería en sus redes y lo vendría a buscar. Racionalmente, si consideramos mi poca suerte, esto no pasaría nunca, pero considerando lo desquiciada que Caroline estaba respecto a Max, era probable que el plan salga victorioso dentro de poco.

Para seguir torturándome, pensé que, dado que lo vería durante tan poco tiempo comparado con lo insaciable que era mi necesidad de Max, debería buscar una forma de mantenerme en contacto con él. Resultaría imposible espiarlo como él hacía conmigo, considerando que yo no tenía sentidos súper desarrollados que me permitieran escuchar cada cosa que conversaba con sus amigos. La curiosidad de saber en qué momentos me había estado espiando me invadió ¿Solo se limitaba a seguirme con su oído por el instituto? ¿Me miraba cuando nadie lo estaba viendo? ¿O era más osado y se aparecía en habitación mientras dormía? Le di la negativa a esa última pregunta de inmediato, era imposible que irrumpiera en mi cuarto sin que mi padre lo detenga antes de que comenzara a pensar en saltar hacia mi ventana. De todos modos, me emocioné con este hecho. Hubiera sido agradable saber que él estaba por ahí, cerca mío, incluso aunque yo no lo viera. Observé hacia el gran ventanal de mi habitación, imaginando que estaba detenido entre los jazmines, observándome en silencio con sus manos descansando dentro de los bolsillos delanteros de sus típicos jeans desgatados por el uso. Le sonreí a la reminiscencia de su imagen, que vagaba en mi mente tan lívida como siempre. Aun fantaseando, me dirigí con pasos lentos hacia el balcón para ir a su encuentro. Al deslizar el vidrio corredizo, el aroma a flores blancas y vegetación silvestre me invadió por completo, envolviéndome aún más en la calidez de mi ensueño. Tomé asiento en la mecedora, invitando al espejismo de Max a sentarse junto a mí y allí permanecí, manteniendo los ojos cerrados en todo momento mientras imaginaba que él estaba a mi lado cogiéndome entre sus brazos. El frio viento de la tarde golpeaba apaciblemente contra la piel expuesta de mi rostro y brazos que el pijama no cubría, congelándome e imitando su tacto a la perfección.

Más entrada la noche, volví a soñar con su gélido contacto, o quizás aún continuaba envuelta en mi alucinación, no podría asegurarlo. Pero habría jurado por mí misma, que sus brazos me levantaban en vilo, tan fuertes y cuidadosos como siempre.


¡Hola! Aquí les traigo un capítulo más, no se olviden dejarme sus comentarios.

Besos.

Tam!