Emma madrugó esa mañana y llegó a la empresa temprano, una vez allí una joven la recibió con una sonrisa, se presento como Bella su nueva secretaria, no podía negar que era un mujer muy atractiva y con la que hubiese querido tener algo si su cabeza no estuviese en cierta morena que tenía que pasar por su despacho en unas horas.

Eran las doce de la mañana cuando tocaron a su puerta sacándola de sus pensamientos, y apareció la guapísima morena con un vestido azul marino que le hacia unas curvas de infarto y que provocaron que la rubia casi desnudase con la mirada a la abogada. Se saludaron cortésmente, y se pasaron todo el día ultimando los detalles para que Emma tomase poder de su cargo y echase al incompetente de Neal Cassidy de su puesto. Durante todo el día hubo cruces de miradas que se hacían cada vez más largar y más tensas. Aunque como dos profesionales evitaron cualquier contacto que estuviera fuera de lo estrictamente profesional. Aunque fue a Emma a la que más le costo poder reprimir su deseo de probar aquellos deliciosos labios rojos.

A los ocho de la tarde, y tras una larga y cargada jornada de trabajo Emma decidió que era el momento de dejarlo para mañana ya había oscurecido y comenzaba a tener hambre debido a que habían pasado todo el día casi sin parar de revisar documentación y archivos. Levanto la cabeza de su ordenador y se quedó observando durante unos segundos a la guapísima abogada concentrada en los documentos que estaba redactando. Tomo una profunda bocanada de aire y se dispuso a hablarle.

Señora Mills, creo que deberíamos parar un poco. No ha comido casi nada y seguro que tiene hambre, además podemos continuar mañana. Dijo Emma estirándose en su silla debido al fuerte dolor de espalda.

Tiene razón. Mañana podemos seguir con esto, vendré temprano. Dijo Regina dejando todos los papeles y levantándose. Supongo que en un par de días conseguiremos poner esta empresa al día. Puntualizo Regina con una sonrisa de satisfacción.

Ambas salieron del despacho apagando las luces ya que eran las últimas en salir. Emma quería alargar lo máximo posible ese momento, no quería que Regina se marchase al menos no aún. Así que una vez que entraron en el ascensor jugo su última carta.

¿Le apetece cenar conmigo? Es decir, llevamos todo el día trabajando creo que lo menos que puedo hacer es invitarla a comer. Intento no parecer nerviosa pero le fue imposible. Y trasmitió todo ese nerviosismo a la morena.

Tengo que recoger a Henry de casa de mi madre... Respondió Regina intentando que su excusa sonase lo más convincentemente posible.

Vamos a por él, y si quiere lo invitamos también. Me apetece volver a ver al chico. Así me puede poner al día. Respondió rápido sin dejar que la morena le buscara una nueva excusa.

Esta bien. Respondió Regina intentando disimular su nerviosismo. Esa mujer la inquietaba y la ponía nerviosa. Regina no comprendía esos sentimientos, eran extraños para ella, sobre todo después de sufrir la muerte de su marido y poner una gran coraza a su corazón para no volver a sufrir. Coraza que parecía debilitarse cada ves que esa rubia ponía sus ojos en ella.

Tras treinta y cinco minutos en el Aston Martin de la rubia, en los que la suave música que sonaba en la radio hizo relajarse el ambiente, llegaron a una gran casa a las afueras de la ciudad, Regina miro al guarda de la casa y sin decir una sola palabra las dejo pasar sin ningún problema. La morena indico a Emma donde debía estacionar y espero en el coche mientras Regina bajaba y buscaba a su hijo.

¿Por qué hacia esto? ¿Por qué complicarse la vida con una mujer que no mostraba interés por ella? ¿Por qué no se alejaba? Preguntas y más preguntas eran las que pasaban por la cabeza de Emma en los escasos diez minutos que pasaron desde que Regina bajo del coche y volvió con el niño.

¡Chico! ¿Qué tal? Dijo la rubia viendo la cara de sorpresa de Henry al verla con su madre.

¡Emma! ¿Qué haces aquí?. Respondió el chico con una gran sonrisa en la cara mientras se abalanzaba sobre la rubia que había bajado del coche y puesto a su altura. ¿Has venido con mama? ¡Qué divertido! Dijo Henry mirando a su madre y sonriendo.

Mientras tanto Regina veía la escena desde atrás y tenía una expresión de sorpresa y alegría, nunca había visto a su hijo acercarse así a una mujer que casi ni conocía, Henry era un niño bastante tímido y retraido le costaba mucho hacer amigos en cambio con la rubia había conectado desde el primer momento, será por que es igual de infantil que él pensó la morena con una sonrisa. La escena que se desarrollaba delante de ella la estaba enterneciendo.

He venido a invitarte a cenar, bueno a tu madre también. Sube y cuéntame como te ha ido en el cole y como vas con ese cómic. Dijo Emma como si lo conociese de toda la vida, ese niño había conseguido robarle el corazón en tan solo unas horas.

Claro, ¿Podemos comer pizza? Pregunto Henry poniendo esa cara de dulzura a la que su madre no podía resistirse.

Regina intento negarse, pero vio el en rostro de Emma la misma mirada que ponía Henry y no pudo más que asentir y sonreír ante la actitud infantil que seguía teniendo la rubia.

Emma condujo durante un rato, sin que Henry o Regina supiesen a donde iban. Henry se paso todo el camino preguntándole a Emma por su vida, y contándole todo lo que se le ocurria casi sin respirar, Regina se sentía orgullosa de su hijo, ya que él se había atrevido a hacer todas las preguntas que ella se moría por hacer. El viaje paso entre risas y bastante tranquilidad, a pesar de que Regina casi ni participaba de la conversación. Se sentía extraña compartido momentos así con alguien a quien a penas conocía.

Llegaron a un pequeño restaurante pero que estaba abarrotado de gente, Regina miro a Emma pensando que se darían la vuelta pero Emma estaciono el coche y los tres bajaron de él.

Francesco, ¿Tienes mesa para tres? Preguntó la rubia al entrar al restaurante y encontrarse con el joven camarero.

Emma Swan, ¿Eres tú? No me lo puedo creer... ¿Cuanto tiempo? Respondió el joven abrazando fuertemente a la rubia.

Si, demasiado... ¿Qué tal Isabella? Preguntó mientras se acercaba a Regina y Henry.

Muy bien, a punto de dar a luz. Respondió sentándolos en un reservado al fondo del restaurante.

Ellos son Regina Mills y su hijo Henry. Los presento Emma con una sonrisa.

Vaya, Emma nunca habías traído a ninguna de tus novias al restaurante, eso significa que vas muy en serio. Dijo el camarero saludando a Regina y observando a Henry que se había alejado a ver una pecera que había al fondo.

¡Francesco! Ella es... Intento hablar Emma pero su voz no era capaz de salir de sus labios.

Encantada, solo somos amigas. Respondio Regina arreglando un poco la incomoda situación.

El joven se marcho avergonzado por el error y los ojos de Regina y se clavaron en ella. Emma sonrió nerviosa y se sentaron en la mesa. Emma le recomendó a Henry la mejor pizza del mundo mientras que la morena no podía evitar dejar de mirar a la rubia y como la camarera que les atendía casi la desnuda con la mirada. A pesar de la incomodidad del principio pasaron una gran velada, con Henry rompiendo los silencios incómodos y haciendo que ambas mujeres se relajaran y charlaran alegremente.

Bueno Henry, ¿Qué tal la pizza? ¿Te ha gustado? Decía Emma mientras salían del restaurante.

Si, estaba buenísima. Tengo que convencer a mama de que me traiga más a menudo aquí. Dijo el niño más bajito para que Regina no lo oyese.

Henry, te estoy escuchando... sabes que me gusta que comas más sano, y la pizza es solo para ocasiones especiales. Decía Regina provocando una mirada de enfado del niño y una gran carcajada de Emma.

¿Es una ocasión especial? Dijo Emma dejando que Henry montase en el coche y no las escuchase.

Señorita Swan, no arruine la noche con su coquetería. Decía Regina intentando subir al coche para evitar que Emma se percatase de su nerviosismo.

¿Ahora soy señorita Swan? No creo que después de esta noche necesitemos esas formalidades. Y siento lo que ha pasado con Francesco... no sabe mantener la boca callada. Decía Emma cerrando la puerta del copiloto para no dejar subir a la morena.

Emma, mi hijo esta ahí dentro. Deje de hacer tonterías. Dijo más rogando que exigiendo. La equivocación de Francesco la dejó pensando... Si Emma nunca había llevado a ninguna de sus amantes a ese restaurante porque la había llevado a ella. Eso la dejo trastornada y quiso cortar cualquier juego que Emma quisiese provocar.

Esta bien, si para usted son tonterías no hay nada más que hablar, pero no olvide que son mis tonterías las que consiguen sacarle esa sonrisa cada vez que nos vemos. Respondió Emma dolida por las palabras pero sin querer dejar ganar a la morena tan fácilmente.