Capítulo V
En la seguridad de la pequeña oficina creada en su departamento, Minho le ofrecía a su hyung una taza de té. Quedan frente a frente en los mullidos sillones y el silencio les llena por momentos; la expectativa es tangible entre los dos pero ninguno sabe cómo dar inicio a la conversación.
Cada uno en su propio mar de preguntas, en sus rostros se mostraba la presión, Minho decide acabar con aquella tortura.
—¿Qué ha sucedido hoy hyung? —Jonghyun alza la vista hacia el castaño con rapidez más al pensar en los acontecimientos sucedidos esa noche, no quería imaginar cómo reaccionaría su amigo. —¿Hyung? —Suelta una respiración profunda y da un sorbo a su bebida que extrañamente seguía caliente.
—Sabes que hoy llevé a Taemin a cenar —Minho asiente despacio y sus manos se aferran a la taza de vidrio que sostenía entre los dedos. —Él estaba bastante contento. —Sonríe de medio lado al evocar los recuerdos de su noche, en verdad se había divertido. —En verdad deberías considerar el llevarle a cenar más seguido. —Por momentos el castaño no supo que decir y de no ser por la obscuridad que les envolvía, Jong hubiese sido testigo del leve pero efectivo sonrojo en sus mejillas.
—Hyung —se queja entre susurros y el mayor ríe suave, pero una vez más quedan en silencio. —¿Jong? —El tono curioso y casi asustado del menor le crispa los nervios, daba la impresión que Minho esperaba lo peor, aunque quizás no estuviese tan lejos de la realidad.
—Hoy nos encontramos con su madre —a Ming le toma unos segundos entender y sopesar la seriedad de la situación; para cuando su cerebro se llena de imágenes donde Taemin era maltratado física y verbalmente por su madre, sus ojos muestran la sorpresa y repulsión que sentía.
—¿Acaso…? —No tiene tiempo de formular la pregunta de forma concreta puesto que el rubio le interrumpe.
—Al principio no entendía el alboroto, pero antes de que pudiera reaccionar… La mujer ya estaba sobre Taemin.
—¡Hyung! —Minho comenta sobresaltado ante el relato.
—Por un momento, sólo me quedé parado viendo como le gritaba sin parar. —Los ojos de Jonghyun se entornan entristecidos. —Hasta que le vi llorar puesto que le había abofeteado. —De cuenta nueva, en el silencio, los dos comparten un sentido de impotencia. —Ya para cuando su madre quiso golpearle de nuevo… no pude contenerme. Simplemente la alejé y, ¿sabes lo que me dijo? —Pregunta al aire sin esperar respuesta continuando el relato. —Me preguntó que quién era, ¡a mí! —El mayor parecía divertido pero al mismo tiempo ofendido. —Hacía bastante que la gente no me reconocía.
Y así el ambiente parece relajarse un poco luego de unas buenas carcajadas. —Pero te podrás imaginar mi sorpresa cuando al ofrecerme a llevarle a casa, ya que estaba muy agitado, simplemente me dio tu dirección, como si yo no fuese a reconocerla, entre otras cosas. —Minho se siente culpable ante la expresión clavada en el rostro de su amigo. —Así que… creo que tienes cosas que contar.
Con un solemne ademan, el heredero Choi comienza a relatar el cómo y por qué Taemin se encontraba en su departamento, siendo interrumpido por un curioso Jong en varias ocasiones.
—¿De verdad es un chico? —Minho ríe por lo bajo mientras asiente aclarando ese hecho por enésima vez. —Entonces, se fue de casa…
—Has visto como le trataba la madre. A veces me pregunto cómo pudo soportarlo por tanto tiempo.
—Si él vive contigo, ¿qué hace todo el tiempo? —El castaño tilda la cabeza a un lado inseguro de cómo responder, pero tal parece que Jonghyun estaba inventándose su propia historia. —¡CHOI MINHO! —El rubio se levanta de su sitio y le lanza una mirada acusadora mientras le señala firme con un dedo. —¿No me digas que has estado usando a ese pobre chico para tu propio beneficio? ¡Con razón no salías con nosotros! Prefieres quedarte en casa y… —Minho no le deja continuar su mar de tonterías y le lanza un cojín ofendido.
—¡HYUNG! —Va hasta su escritorio y busca un documento. —No puede creer que en verdad pienses eso de mí. Y baja la voz que le vas a despertar. —Jonghyun quien había esquivado ágil el proyectil dirigido a su persona ríe con gracia. Él, por supuesto no creía ni una sola palabra de lo que había dicho; tales acciones podrían, quizás ser reales para cualquier otro empresario del mundo, pero en lo que concierne a Minho, eran simples disparates.
—No puedes culparme por intentarlo —contempla curioso el pedazo de papel que Minho le ofrecía. —¿Qué es esto?
—Un contrato de convivencia —el rubio le ojea fugaz.
—No puedo creer que le hayas hecho firmar un contrato.
—No he sido yo.
—¿Eh?
—Taemin decidió dejar en claro los términos de cómo vivir en este departamento.
—Chico listo —sonríe complacido ante la idea.
Continúan los relatos de cómo Minho había convivido con el pequeño en los últimos meses, solo para darle seguridad al mayor de que él no era ningún tipo de pervertido acosador roba inocencia de ángeles caídos del cielo como lo era Taemin. —Pero hay algo que no entiendo. —Comenta casual aunque verdaderamente intrigaba al rubio. —¿Por qué vestirse de chica?
—¿Fluidez de género? —Pregunta Minho poco interesado encogiéndose de hombros. —En lo que a mí concierne, él puede usar lo que quiera.
—Como por ejemplo el sweater que te regalé en tu cumpleaños. —Minho es tomado por sorpresa ante el comentario y Jong ríe con ganas ahora que si puede ver el rostro sonrojado de su dongsaeng. —Una cosa más Minho. —Su espalda deja de estar encorvada en un aspecto relajado y queda frente al castaño. —¿Qué ha sucedido con madre? —La mención de su madre le crispa los nervios y cree tendrá un dolor de cabeza.
—Sigue insistiendo con la fusión de las compañías pero me da la impresión de que se trae algo más entre manos —se frota las sienes con la mano.
—¿Por qué lo dices?
—Quizás no es nada, quizás solo estoy siendo paranoico, pero no deja de hablarme de Taeyeon.
—¿Taeyeon? —El mayor no parece reconocer el nombre.
—Sí. Kim Taeyeon. Solíamos estar en la misma secundaria pero luego la enviaron fuera del país para prepararse a ser la heredera de la compañía.
—¡Eso es! —Minho le observa sin entender. —Ella es la heredera, ¿no? —Él asiente varias veces. —Ella será la representante de la empresa Kim y tú en un par de meses serás de la corporación. A como yo lo veo, ella solo quiere que te familiarices con esa idea.
—No lo sé hyung. Hay algo extraño.
—¿Cómo qué?
—No estoy seguro.
—Tú solo estás paranoico, finalmente el vivir del trabajo te ha afectado la cabeza. —Posa una mano en sus hombros. —No te preocupes demasiado.
—Sí, tienes razón —comenta sin estar del todo convencido pero lo deja ser.
—¡Bien! Creo que es hora de irme —ambos contemplan el reloj sobre la puerta y Minho se siente mal por haber entretenido a Jonghyun por tanto tiempo. —Tú no te preocupes. —El rubio le sonríe. —Pero si tanto quieres hacerme sentir mejor, salgamos este fin de semana. —Ríe por lo bajo y cierra la puerta del apartamento con cuidado de no despertar el cuerpo que dormía tranquilo sobre el sillón de la sala.
Contempla la posibilidad de moverle hasta su habitación ya que el dormir en el sillón no parecía ser nada cómodo, más al verle tan tranquilo y sereno, decide en contra.
Regresa a la oficina y toma las tazas vacías que habían dejado atrás y regresa al tren de pensamientos que no querían dejarle en paz desde el momento en que puso pie en la casa de sus padres; él estaba acostumbrado a tratar temas de trabajo desde muy temprana edad pero por alguna razón que desconocía, el hablar sobre Bienes Raíces Kim, que si bien era una empresa reconocida, le dejaba una sensación extraña y carente de sentido, y aún más cuando el nombre de Kim Taeyeon salía a flote.
Detrás de la puerta siente unos leves pasos y solo puede imaginarse a un adormilado Taemin rondando por el departamento, el ruido se detiene por momentos y Minho duda si el pequeño ha regresado a dormir, la puerta se entreabre.
—Taemin-ah —le llama mientras que se gira para poder verle, el chico parecía sorprendido de ser escuchado.
—Minho-sshi —contempla en silencio la figura del pelirrojo. Sus ojos poco enfocados a causa del sueño, su vestimenta arrugada a causa del haber permanecido en el sillón pero lo que llama su atención es la inflamación proveniente de una de sus mejillas junto a la insistente coloración rojiza. Flashes de la conversación con Jonghyun regresan a él y de nuevo se llena de indignación.
—Minnie —susurra al tiempo que llega a su lado, aún en el umbral de la puerta y lo rodea con los brazos. Minho nunca le había visto llorar de esa manera, tan pequeño, tan frágil; ni cuando se conocieron, ni aun luego de ese incidente la primera vez que salieron de compras. El chico se abrazaba a él con tal fuerza que parecía desproporcional con un cuerpo tan pequeño.
Le mece entre sus brazos y le acaricia la espalda creando pequeños círculos contra su ropa, quita mechones rebeldes de la cara y limpia sus mejillas sintiendo un nudo en el estómago al escucharle quejarse debido al dolor que procedía de sus heridas, que más que físicas eran dolorosas para su corazón.
Llevándole consigo hasta el sillón, el pequeño se acurruca contra su pecho mientras se disculpaba una y otra vez sin parar. Se disculpaba por ser quien era, por el hecho de que le gustasen las cosas que le gustaban, se disculpaba por el hecho de su mera existencia y él solo sentía la necesidad de hacerle entender que no estaba mal, que no había nada malo con su persona.
—Ya, ya pequeño —susurra contra su oído. —Todo está bien. —Le besa la mejilla y acomoda de nuevo su cabello. —No tienes porque… Tú eres perfecto Minnie. —Y así estuvo por un tiempo hasta que finalmente le siente relajarse.
—Gracias —el chico le habla por lo bajo contra el cuello.
—¿Por qué?
—Por salvarme —él solo puede sonreír y posa un beso en su frente.
Permanece en la misma posición sin más que decir, solo compartiendo calidez y tranquilidad del momento, hasta que le siente caer dormido de nuevo.
Acaricia su cabello por última vez y con cuidado de no despertarle le toma en brazos; de forma inconsciente el pequeño se aferra a su cuello y Minho usa la oportunidad de tomarle por debajo de las rodillas.
Una vez dentro de su habitación, le deposita sobre la cama pero tiene dificultades para alejarse, el chico le mantenía fuertemente agarrado evitando así que se fuese a cambiar por algo más cómodo.
—Yo volveré, solo espérame —le habla entre susurros y solo así el Taemin le deja libre. Se gira dándola la espalda no sin antes llamarle en sueños.
—Minho… —por su lado él niega divertido y se dirige hasta su closet en busca de un par de pantalones y un sweater viejo que usar como pijama.
Regresa a la cama con cuidado y no puede evitar contemplar el cuerpo que estaba a su lado, escondido bajo las sábanas con el cabello derramado por la almohada, a Minho se le antoja adorable.
Queda de espalda y poco a poco el sueño comienza a inundarle hasta que siente al pequeño removerse descuidado por la cama.
Minho se gira una vez más y acaricia la mejilla del chico el cual mantenía el entrecejo fruncido como si tuviese una pesadilla.
—Estoy aquí Minnie. Estás a salvo —Taemin da vueltas de nuevo por la cama hasta que choca con la calidez proveniente del cuerpo del mayor y sonríe mientras un sentido de seguridad le rodea.
Minho le atrae a sí por los hombros y quiere reír por momentos ya que la respiración acompasada del pelirrojo le causaba cosquillas.
Sus hombros se relajan y cae dormido sin darse cuenta.
La luz del sol que se adentra por las cortinas le pega de lleno en el rostro y él se esconde bajo la almohada disfrutando de la sensación fría aunque fuese ilusoria.
Momentos más tarde el sueño le deja y alejando la pesadez de sus ojos bosteza dejando atrás cualquier rastro de sueño. Queda por instantes en la cama, disfrutando de lo mullido de las almohadas y posa la vista en un curioso cuadro colgado en la pared. Era un vasto campo de flores en un día soleado y alguien aparecía de espaldas como si lo estuviese contemplando, a Taemin se le hacía muy hermoso.
Se mueve un poco y junto a la mesa de noche donde debía estar ese pequeño reloj que acostumbraba a darle la hora, se encontraba más bien un par de lentes. Su rostro se llena de confusión.
A su nariz le llegaba un conocido aroma de comida y abre los ojos de par en par sorprendido cuando finalmente se percata de la hora, eran pasadas las ocho y él aún en la cama. Se levanta con prisa y rueda por el piso a causa de las sábanas que habían decidido atrapar sus piernas.
Queda frente al closet y contempla incrédulo la imagen que tenía en frente; un par de puertas abiertas daban paso a un gran número de trajes cuidadosamente guindados, al igual que muchas camisas de vestir de distintos colores. Sus pies parecen tener vida propia y se adentra al espacioso lugar, con la punta de los dedos roza los cajones que contenían nítidos distintas corbatas de diferentes patrones, algunos pañuelos y correas de alta calidad. Ensimismado da vueltas sobre sí mismo ante lo que veía, nunca antes había imaginado que tales lugares fuesen posibles, y es allí una vez que puede tener una vista panorámica de la habitación, es que logra percatarse de donde estaba.
Lanza miradas asustadas a todos lados, un par de zapatos cerca de los pies de la cama, una puerta cerrada que por asimilación debía ser el baño, el cual en su habitación estaba era del lado derecho; de nuevo el par de lentes al lado de la cama y el cuadro. Él no tenía ningún cuadro en su habitación y eso solo significaba una cosa, una sola cosa que él no tenía claro como había sucedido.
El simplemente no entendía que hacía en la habitación de Minho.
Lanza la mirada en exploración al pasillo que conectaba las habitaciones y cree escuchar como el mayor se manejaba en la cocina.
Se escabulle hasta su habitación y una vez que cierra la puerta detrás de sí, se deja caer al suelo escondiendo el rostro en las rodillas, ¿qué estaba sucediendo?
Con el rugido de su estómago se da por vencido de inventar cualquier cantidad de posibilidades tratando de darle sentido a su situación, la mejor solución que contemplaba era discutirlo con el dueño de la habitación.
Se llega hasta la cocina con pasos inseguros y se queda parado por momentos sin saber qué hacer, de solo pensar en tener que hablar con el mayor le causaba un poco de vergüenza, o más bien mucha.
—Minho-sshi —es tan bajo su tono que le sorprende el hecho de el mayor le escuche.
—Buenos días Minnie —Minho le dedica una expresión suave y regresa la atención a las tostadas francesas que preparaba. —Toma asiento, el desayuno pronto estará listo. —Taemin le obedece mientras observa con asombro como el castaño hacía girar la tostada con un simple movimiento de su muñeca.
—¡Woah! En verdad sabe cocinar —por ese comentario despistado se gana una carcajadas por parte del mayor.
—¿Creíste que no sabía cocinar? —Ante el tono divertido de Minho, él no puede más que sentirse avergonzado. Niega furioso.
—Es solo que siempre le veo comer afuera —esconde la mirada y juega con el borde de su camisa, al menos ahora estaba un poco más presentable a como había visto su reflejo pocos momentos antes.
—Normalmente no tengo tiempo —deja una torre de tostadas frente al chico. —Por lo que termino comiendo donde pueda. —Minho le mira alegre y le alienta a dar bocado. Taemin siente como se le hace agua la boca ante el sabor. —¿Y? ¿Qué tal está?
—¡Delicioso! —Minho ríe complacido y se sirve una taza de café.
—Pero no comas demasiado.
—¿Eh? —Mira al hombre confundido, quiere preguntar cómo puede decirle eso luego de ver lo mucho que le había gustado. —Más tarde nos encontraremos con Jonghyun para un brunch*.
—¿Brunch?
—Un desayuno tardío o un almuerzo tempranero —explica sencillo.
—Oh —asiente despacio y se termina la tostada.
—Jong quería saber cómo estabas —ante el nombre del mayor, posa ambas manos en su regazo. —Hey —al percatarse en el cambio repentino del pequeño, le levanta el rostro tomando su mejilla con la punta de los dedos. —Todo está bien. No tienes que preocuparte.
De camino al lugar donde Minho y Jonghyun habían quedado Taemin juega con las mangas de su abrigo nervioso, al principio todo le había parecido un sueño o más bien una pesadilla; la idea de encontrarse con su madre no era para nada agradable y que dicha cosa hubiese sucedido cuando se encontraba con Jonghyun era aún más desconcertante, él no tenía la más mínima idea de cómo enfrentar al hombre ahora.
Minho le toma de la muñeca y con el pulgar hace suave círculos cerca de sus mudillos aun atento a las ajetreadas calles en un gesto de consuelo.
Posando un brazo en sus hombros, deja un beso en su frente y sonríe leve.
—Estarás bien Minnie —de nuevo esas palabras suaves le llenan de calidez y paz y él asiente enérgico mientras le toma por la manga, juntos llegan a encontrarse donde, un distraído por el menú, Jonghyun estaba sentado. —¡Hyung! —Minho atrae su atención y el rostro de Jonghyun se enciende contento al verles.
—¡Ming! —Alza un brazo y les saluda enérgico atrayendo varias miradas. Taemin estaba seguro tras la espalda de Minho, siente que sus rodillas van a fallar en cualquier momento. —Taeminnie —el mayor le observa con cuidado y sonríe suave al percatarse del sonrojo de sus mejillas. —Estás hermosa Taeminnie —alza el rostro sorprendido y siente ganas de llorar ante la mirada llena de entendimiento que el rubio le dedicaba. No había un solo ápice de rencor, de enojo o de desagrado, solo veía compresión en esos claros ojos.
—Jonghyun-sshi —saluda cuidadoso y se apega al costado de Minho aún temeroso.
—¡Yah! No te dije que dejaras de llamarme tan formal —Jong regresa a su silla y queda sentado en un gesto infantil. —¡Oppa! ¡Debes llamarme oppa! —Taemin ríe sin poder contenerse y asiente varias veces.
—Jonghyun-oppa —con un gesto por parte del mayor toma asiento. Minho que contemplaba la escena incrédulo no puede más que darle un leve golpe al mayor, como veces anteriores, tras la cabeza.
—¡Hyung! No deberías decirle esas cosas.
—¡A callar Choi! Tú solo estás celoso de que Taeminnie me llame de manera informal —con un movimiento de su mano hace que Minho quede callado sin saber que decir y Taemin ríe un poco más.
