La Guardia del Lobo – Final
Apretó contra su pecho el frio frasco, la solución era completamente liquida, pudiendo asar por la consistencia del agua, habían muchas burbujas en la superficie pero ningún residuo de lo que sea que le diera esa tonalidad. "Tienes que poner una lágrima de virgen" al pensarlo sentía resurgir en su interior el deseo de reventar en su mano aquella frágil botellita. Sentía el fracaso encima, como si hubiese perdido la última esperanza de ayudar a su amante aunque esto estuviese lejos de la verdad. Sentía tal decepción de sí misma y su propia forma de actuar y crecer, cuántas veces no se había jactado de su "profesión" y ahora la misma de la que tanto se enorgulleció la golpeaba en aquel punto suyo que aún sentía importancia por algo. Qué decepción sentía.
―Deja de pensar en eso y concéntrate ―envolvió aquel frasco en un paño sucio y lo metió dentro de una bolsa, se puso esta por sobre la cabeza y la ató a su cinturón, Azuma le había dicho que sería un viaje movido, puso sobre sus hombros una capa y sobre la cabeza la capucha, las velas de toda la casa estaban apagadas y la puerta asegurada.
"No le digas a dónde vas, miéntele si te descubre pero intenta irte sin que lo note, podría detenerte y ya no tenemos tiempo que perder" era como abandonar todo y escapar; se preguntó si podría hacer eso, darle la espalda a Haruki y huir donde sólo le llegarían los rumores de muertes en aquella ciudad maldita. La capitana se volvería loca al verse superada por la bestia en su interior y no querer darle solución cuando aún podía hacerlo. Negó con la cabeza y comenzó a correr, su capa ondeaba tras sus pisadas en dirección a las afueras de la ciudad, no podría abandonarla, aunque las últimas semanas fueran un infierno, la amaba y era la última esperanza que quedaba, la luna llena estaba casi en el cielo faltaría un día, a lo mucho.
Resollaba cuando llego a la entrada, el frío se metía por debajo de su capa y le congelaba la piel sudada. En el portón de la ciudad había un caballo de enormes patas, muy alto y fornido; no conocía mucho de equinos, pero a Haruki le encantaban, siempre repetía su gusto de cabalgar a los alrededores de la ciudad en el frisón de la guardia. El caballo a unos metros no era igual pero se le parecía ¿Un belga?
―Llegaste ―resaltando lo obvio. Tokaku ajustaba la silla del majestuoso animal; se levantó dando unas palmadas al costillar―. Se llama Agro, este animal siempre me ha servido bien, en general se usan para tirar de carruajes pero hoy sólo nos llevara a nosotras, hará más seguro el viaje, especialmente por los lobos que rondan el camino ―y como afirmación a sus palabras a lo lejos se escuchó un aullido solitario que heló la sangre de Isuke, el animal sólo sacudió la crin―, es fuerte y rápido, aguantara llevarnos a ambas ―se subió al caballo y le extendió la mano, parecía muy difícil subirse―. Monta ya, debemos irnos mientras aún hay luz ―tomó su mano y con el pie izquierdo en el estribo montó tras la otra chica, la silla de montar había sido modificada para que entraran en ella dos personas y no afectar al animal, el movimiento hizo que su capucha se hiciera para atrás y la altura repentina no ayudó a componerse las ropas―. Sujétate fuerte, ¡ja!
Atizó al animal con un corto látigo y este inició un trote tranquilo que al poco se convirtió en galope. Estar montada sobre un animal que representaba el vigor y brío de la especia era una experiencia aterradoramente asombrosa, el viento le azotaba en la cara, la larga crin negra le hacía cosquillas en la mejilla; abrazó fuerte a Tokaku y cerró los ojos ocultando la cara en su espalda, completamente aterrada pero disfrutando de esa experiencia que la sacaba por un momento de la dura realidad: cabalgaba en medio del bosque, a poco del anochecer, exponiéndose a los peligros que asediaban el camino, buscando llegar a una virgen que pudiese regalarles una lagrima; tenía una carrera contra el tiempo y la dama plateada, pronta a llegar con ellos. Vamos Agro, más rápido, más rápido muchacho.
El camino era poco iluminado pero visible. Agro caminaba tranquilo guiado por Tokaku, quien iba a pie tirando del animal, Isuke sostenía a lo alto una antorcha. El camino de tierra, bordeado a ambos lados por matorrales y árboles, hacía resonar las pesuñas del animal a cada paso, un golpeteo tranquilizador pero inquietante. De pronto este se detuvo y la mercenaria miró a la oscuridad profunda a su derecha.
―No grites…ni te muevas si no te digo, dame la antorcha ―desenvaino la espada e iluminó de golpe ese lado oscuro cual boca de lobo, donde los encontraron. Desenvainando sus propias armas, gruñían enojados por verse iluminados por la antorcha, eran seis, todos de un pelaje oscuro que los escondía en las sombras proyectadas por la luna, sus ojos brillaban verdes y el sonido encogía los corazones de ambas―. ¡Largo! ―intentó ahuyentarlos con el fuego y estos retrocedieron, perdiéndose entre los arbustos pero sin quitarles a ellas la vista de encima ― Vámonos de aquí ¡Arre, arre! ―levantaron tierra detrás al emprender la carrera, era difícil correr en medio del camino, pues tenía ángulos agudos y los árboles se les atravesaban. El animal estaba nervioso, movía a cabeza a cada momento y ellas lo estaban también, no sabía si esos animales las seguían o esos sonidos de garras en la tierra era sólo imaginación suya.
Ella no volteaba atrás. Tokaku había arrojado a su espalda la antorcha y azotaba los costados de Agro, haciéndole correr más rápido casi tirándolas a ambas de su espalda, juraba escuchar las mandíbulas destellantes de los lobos a su espalda, hostigando los flancos traseros de Agro. Sentía su corazón a punto de reventar en su pecho por el miedo. Cuando estaba a punto de voltear a ver, el bosque quedó a su espalda así como los ojos verdes luciérnaga.
Tokaku jaló las riendas de Agro y este detuvo todo el cuerpo con las patas traseras clavadas en tierra. Isuke chocó contra la espalda de Tokaku.
― ¿Por qué nos detenemos?
―Reventaremos al caballo si seguimos a ese paso ―saltó al suelo e Isuke la arremedo. A lo lejos se veían casas y construcciones de granito. Señaló el más grande―. Allí, la construcción con ventanales, es el convento de Santa Irena, allí vive Kaminaga Kouko, una joven que quiere volverse monja. La conocí en uno de mis viajes―se puso la capucha nuevamente, así como Isuke, y comenzaron a caminar. Según la luna era de madrugada, quizás próximo el amanecer.
―Conoces a muchas personas.
―Unas cuantas. Eh viajado de Norte a Sur, desde el alza hasta la puesta del sol.
―Tu reputación asegura que eres alguien que viaja, pero no pareces alguien que haga amistades en cada pueblo en que se queda.
―No lo soy, es Haru la que hace esas amistades, antes que llegaran los pequeños, me acompañaba a cualquier lado, por más veces que le repitiera que no quería que me siguiera ella estaba allí conmigo. Ya no recuerdo cómo era mi vida sin ella.
―Te hace sentir acompañada.
―Me hace sentir como soy en realidad. Me trata como nadie lo hace, igual a si me conociera de verdad. Las personas que nos aman hacen eso―dijo viéndola ―nos tratan de una manera en la que nadie lo ha hecho y nos hacen sentir plenos, como si hubiéramos estado incompletos hasta que llegaron.
El viento del Oeste les hizo ondear las capas, a su derecha el cielo ya pintaba de un rojo bermellón anunciando el amanecer, así como también sendas nubes grises presagiando lluvia.
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―Qué extraño―empujó con el hombro pero la puerta no se movía de su lugar, por más que empujara no lograba entrar. ― ¿Estará en el mercado?
Su capa le cubría el cuello, el frescor de la mañana se intensificaba cuando lloviznaba sobre su ciudad. Se asomó una vez más por la ventana sin resultado alguno de ver movimiento de su residente. Era ya la tercera vez que venía buscando a Isuke en lo que iba de la mañana, sólo le quedaba buscarla a la noche.
―Busca a la señorita Isuke, ¿capitana?―escuchó a su espalda, una niña que llevaba una canasta con hierbas al brazo, la veía con la duda en el rostro.
―Sí, debo…necesito hablar con ella, ¿sabes, de casualidad dónde está?
―Se fue ayer, capitana.
― ¿Qué dice, Hitsugi?
―La señorita Isuke, dueña de esta casa, ayer la vi, echando llave a la puerta y colocándose una capucha para después salir corriendo. Se fue a la tarde.
―Y ¿por casualidad no sabes por qué se fue? ¿O a dónde?
―No, ella nunca dice a donde va, no habla con nadie, pero Chitaru me conto que ayer vio una cabellera rosa a la entrada de la ciudad, montada en un caballo negro con jinete encapuchado, no se le veía la cara a este, pero era ella, es la única cabeza con ese color tan peculiar.
De pronto sintió que le faltaba el aire, tuvo que sostenerse de la puerta para no caer. ¿Se había ido, la había dejado por alguien más? No, eso no podía ser, se suponía que estaba enamorada de ella. Se suponía que así era, se sujetó la cabeza sin comprender lo que ocurría, el corazón hecho un vuelco. Pero, quién estaba exactamente enamorada de quién, debía recordarse quien era esa mujer de mirada naranja y a qué se dedicaba. Ella, una prostituta bien pagada por hacer un trabajo fácil, Haruki quería amor, ella podía fingirlo perfectamente. Todo eso lo tenía bien claro en la cabeza, no cabía la menor duda, más no lo aceptaba. ¡La había sentido muchas veces decir "te amo" contra sus labios, cuando pensaba que ella dormía, con la sola mirada al poner un tazón de comida frente a ella!, si aquello había sido amor y no meras actuaciones…entonces… ¿había sido su culpa?
― ¿Capitana, se encuentra bien?
La niña se vio alzada de pronto por las ropas, la mirada frente a ella era verde, el reflejo de una luna cristalina hecha ojo de bestia. Le sacudía en el aire como si fuese una muñeca de trapo.
― ¡¿A dónde fuero?!
―Ahh ah ah…Chi-chitaru dice que cabalgaron en dirección a la ciudad vecina, la que está al norte.
Haruki la dejó caer y corrió a su caballo, subió sin consideración alguna jalando de las riendas y este relinchó cuando le azotó con la fusta. La niña creyó que se caería cuando el animal se paró en las patas traseras, pero sujetándose hizo que el animal iniciara el galope. Pronto sólo se escucharon a lo lejos los cascos del animal contra el suelo de la calle.
― ¡Hitsugi! ¿Estás bien? ―llegó corriendo una chica con el uniforme de la guardia, el cabello de un color rojo intenso y en forma aleonada, le ayudó a levantarse― ¿Qué ocurrió? ¿Por qué la capitana te trató así?
―No lo sé, Chitaru, pero creo que algo tiene que ver con la chica Isuke.
― ¿La prostituta?
―No, no creo que lo sea más. Luego de ver como la capitana reaccionó, estoy segura que ya no se dedica a eso. Oh…mis hiervas ¿Chitaru, ayudarías a una damisela indefensa a llevar todo esto al mercado?―mirada inocente.
―Am…cla-claro, en seguida― se agachó a recoger todo, mientras Hitsugi veía la calle por la que la pelirroja se había ido. Le deseaba lo mejor a ella y que dios cuidase de Isuke.
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―Tienes que comer algo, no puedes seguir con el estómago vacío.
―No quiero comer, tenemos que regresar lo antes posible―pensaba caminar sola hasta el convento visto por sobre los tejados de ser necesario, pero la mercenaria la jaló dentro de un pub.
―Entiende que las mujeres que se encierran allí no pueden simplemente abrirte la puerta. También considera quien eres―tras esto la chica dejó de pelear y permitió que la llevaran sumisamente hasta una mesa―, le envié una carta, si todo sale bien le veremos en la puerta trasera de los atrios de la iglesia, a la tarde.
―Pero…no llegaremos a tiempo―trajeron dos jarras de cerveza, Tokaku apuró la suya en un trago.
―Ella me avisará si puede vernos antes―fuera la lluvia había llegado, arribaron al pueblo con la mañana convirtiéndose en medio día, la lluvia llegó a recibirlos ―. A menos que quieras ir por el pueblo preguntando a cada chica si es virgen, no te culparía, pero si esa lagrima no pertenece a una joven inocente que no fuera ya poseída por un hombre, esa posición será lo equivalente a tirarle agua bendita y rezar.
Golpeo con la jarra la mesa, atrayendo miradas y dejando lugar al silencio. Tokaku no se inmutó, sólo la miraba.
―Todo esto…sería innecesario de yo…― los lagrimones rodaban por sus mejillas― mi corazón aún tiene lágrimas que dar…me siento tan inútil y frustrada, corriendo detrás de algo que no le puedo dar.
― ¿Eres inútil para completar la posición que salvaría a la capitana? Sí ¿todo hubiese sido más fácil de ser una dama virgen? Por supuesto. Pero eh aquí la diferencia, lo estás intentando, haciendo algo por ella. Eres valiente, más de lo que serías de haber crecido como una joven que espera anhelante ser desposada―tomó otro trago―mi esposa tampoco era virgen, la violaron de joven, pero eso no fue impedimento para que me hiciera feliz. Reponte y continúa. Aférrate a tu paciencia que podremos estar un rato aquí.
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De pronto sintió las lluvias; saliendo de la ciudad había distinguido a lo lejos nubarrones grises, esperaba sentir las gotas a medio camino, cerca de salir del gigantesco bosque, pero llegaron antes de lo previsto. No tenía idea cuanto tiempo habían estado cabalgando, pero ya el animal se escuchaba cansado ¿Reducir la velocidad o sacar el mayor provecho que pudiera? Sin previo aviso, se escuchó el cielo romperse a la mitad, un rayo cayó de la bóveda azul, ilumino todo el cielo gris e hizo reventar en mil pedazos lo que era un roble sano a 15 metros. El animal se paró en sus patas traseras por el susto repentino, lo hizo tan de pronto y Haruki estaba ya tan distraída con la mujer que perseguía, que el caballo logró tumbarla de la silla y salir corriendo al lado contrario, por más gritos que ella diese para que volviera.
― ¡Grani! ¡Vuelve, ah malditos demonios del infierno! ―la caída no la lastimo, pero perder al caballo no estaba en sus planes, recuperarlo ya era imposible, ya no se distinguía ni la larga cola ondeante. Volviose la mirada al camino por delante y por primera vez pensó en dejarla ir, soltarla de su cautividad y dejarla libre de hacer su vida con alguien más.
Se levantó y dio el primer paso.
¿Qué podía ofrecerle? Se preocupaba mucho por lo que la gente hablaría, y ella no conocía un estilo diferente de vida que no fuesen los bares y los vicios por la noche. Y tenía miedo, miedo a que si le quitaba eso, tiempo después la acusara de egoísta.
Siguió dando pasos, haciéndolos más rápidos, casi iniciando el trote.
Pero ¿no el amor era egoísta? Desear a una persona, que esta fuese exclusiva para ti y nadie más pudiera tocarla, ser partícipe de sus alegrías y tristezas, ver cada aspecto de ella como una fascinación. ¿Isuke en la cama, comiendo, caminando a su lado, riendo con alguien más? Nunca, no le dejaría la salida fácil, ella no estaría dispuesta a rendirse sin pelear y la bestia en su interior jamás la dejaría ir.
Corrió encaminada a la ciudad vecina, su propio cuerpo conocía el camino sin consultar antes la decisión. Ya era media tarde…
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―Te agradecemos tú ayuda ―tomaron el frasco con la lagrima de virgen, el líquido había pasado de un morado claro a un azul casi plateado. La mujer vestía un largo vestido que la cubría entera, también una capucha para cubrir el rostro, las internas no podían salir del convento y si la descubrían estaría en muchos problemas por ayudar a paganos.
―Cualquier amiga de Suzu es amiga mía ―bajó la mirada, un poco triste. Isuke miró el enorme lugar, grandes ventanales, piedra sobre piedra, cerrado pero imponente, igual que un dios magnificente pero sin oídos para las suplicas de los afligidos, ¿dónde estaba él al permitir al diablo crear esas horribles maldiciones de sangre que poblaban los bosques? ¿Dónde estaba ese padre amoroso ahora que su corazón latía desesperado por volver antes de que la luna se mostrara? Faltaría una hora a lo mucho para que se ocultara el sol y ellas tardaron toda la noche en llegar a los campos de la ciudad.
―Pasamos a retirarnos, nos queda un largo recorrido a casa.
―Vayan con dios.
Tokaku subió al caballo y ayudo a Isuke a subir también. Con un par de toques de talón hizo que el animal trotara.
―Vamos tarde…
―Lo sé…nos detendremos a la entrada, una amiga de Haru nos prestara otro caballo, de sus caballerizas viene Agro ―cuando llegaron a la entrado, vieron un animal del mismo tamaño que Agro, pero de un color canelo con crin blanca, ensillado y sujeto por una moza de cabellera plateada.
― ¿E-eres Azuma Tokaku? ―la peliazul asintió ―, soy Bamba Mahiru, la señorita Sumireko me mandó con este caballo para usted, le desea suerte en su empresa y manda saludos para su señora en casa e hijos.
―Hazle llegar mis agradecimientos, Bamba―dejó una moneda de plata en manos enguantadas y subió al nuevo caballo ―Agro es tranquilo, sólo sígueme y nada malo pasara, pero apuremos el paso, pues llegaremos a ver el infierno desatado en el pueblo y está en nosotras cerrar esa puerta ¡arre!
Aceleraron en los campos queriendo regresar lo antes posible, queriendo ganar a la luna escondida entre la confidencia de las nubes. El bosque se tornaba oscuro, la tormenta había pasado, pero dejando a su paso lodo y neblina. Se adentraban cuando cayó la noche. No tomaron su tiempo en encender antorchas, no es que pudieran, se concentraban en el camino.
― ¡¿Hoy es la primera noche?! ¿¡Ya no sabe lo que hace!? ¿¡No controla a la bestia!? ―preguntó Isuke, gritando para hacerse escuchar sobre el ruido de cascos.
― ¡Nunca la controló, sólo no estaba completamente liberada, la dirige, pero no la controla, la alejaba de personas inocentes pero le soltaba la cuerda al ver bandidos y con eso la bestia se conformaba, coexistían, pero esta noche no, las próximas 3 noches serán días de caza y ella no podrá detener al monstruo, el monstruo mata o muere!
¡AUUUUUUUUUUUUUUHHHHH!
― ¡¿Qué fue eso?!
― ¡Los lobos, sigue corriendo, no te detengas!
Ahora eran más, se escuchaban sus respiraciones entre gruñidos, el sonido que hiela la sangre de cualquier niño, el niño interior que se escondía bajo las mantas al escuchar ese sonido aterraba ambos corazones. Isuke tocaba la bolsa en su cadera para armarse de valor y no voltear, Tokaku tomaba su espada y pensaba en esa mujer que la esperaba en casa. Detuvo al animal de golpe e Isuke igual se detuvo.
― ¡Vete, los detendré, debes asegurarte de que una gota llegue a la boca del lobo, basta una gota! ¡Corre, corre y no te detengas, salva a la capitana, al pueblo y a mi familia, el lobo está suelto y quiere comer!
Pronto estaba rodeada, el animal daba patadas y Azuma cortaba el aire con su espada. Agro se movía nervioso pero lo hizo correr. La niebla le impedía ver el suelo, aún escuchaba los aullidos y gemidos de los lobos a su espalda, le pedía a dios que Azuma estuviera bien. Agro se levantó en sus dos patas relinchando.
― ¡Ahh, AGRO! ―no creía lo que veía, Haruki caminaba tambaleante, sujetando su cabeza con las manos. No se detuvo a pensar, saltó del caballo, tropezando al levantarse y la abrazó ― ¡Haruki, que alegría verte aquí! ¡La poción, la poción está terminada! solo basta que la bebas.
―Isuke…Isuke…―se acariciaba contra ella, apretaba su talle y aspiraba el aroma de su cabello. Sintió el aliento pesado sobre su cuello y después una lamida ―tengo hambre…
― ¿Haruki? ―Agro relinchó detrás de ella, asustado corrió de regreso por el camino. Se separó de la capitana, sus ojos habían cambiado, eran los ojos amarillos de una bestia y la luna, saliendo de la intimidad de las nubes, se reflejaba en su pupila como la dama poderosa que gobernaba.
― ¡Ghrraaaaa! ―escuchaba gemidos guturales y primitivos, la combinación amorfa de la voz humana y los encarnizamientos del hocico prístino de una bestia. La transformación era peor que la vista, los huesos crujían se rompían y tomaban otro ángulo dentro del cuerpo. El cabello hermoso de su dueña parecía tener vida propia corriendo por todo el cuerpo, recubriéndolo― ¡No, no, ISUKE VETE! ¡ME ESTÁ DEBORANDO, VETE!
Se arrancaba la piel, sus manos eran patas humanoides, parecidas a las zarpas de un tigre en el largo de las garras. Se arrancaba la ropa y parte de la piel humana. El instinto de supervivencia que afecto a Agro también lo hizo con ella. No se quedó a ver el resto, cuando la boca comenzó a alargarse supo que todo estaba perdido, comenzó a correr.
El bosque parecía muerto, o era su respiración lo único que podía captar sus oídos, pesada, desesperada por ver a su espalda, a una pequeña perdida de su persona para tirarse a llorar echa un mar de nervios. Sus botas se hundían en la niebla a sus pies, tropezaba, sus manos llenas de barro. Su capa se atoró con unas ramas bajas y se desabrochó completa para seguir corriendo. La oscuridad era profunda, salía de las peores pesadillas de un adulto, que por serlo sus miedos son peores que los de un niño. Desesperada quería orar, pero no recordaba ningún salmo, rezo u oración, había olvidado todo y sólo corría, no era consciente del cansancio en sus piernas y sólo corría.
Se detuvo exhausta, contra el tronco de un árbol que la cubría entera. A donde fuera que mirase, creía ver al lobo corriendo, de pie o encorvado, indeciso de cuál era la naturaleza que debía seguir. Escuchó el gruñido de la bestia, y no pudo conservar la sangre fría, siguió corriendo en cualquier dirección contraria al ruido. Los rallos de la luna, caricias para la criatura, entraban por entre los árboles, era hermosa, majestuosa y radiante luna. Toda plateada con mil formas ocultas en su cara, tenía un halo rojizo a su alrededor, no era roja del todo pero no se podía negar que era inmaculada. Al verla pensó en sí misma, no era blanca, no era pura, podía negarse que fuese una perdida en las calles pero no era santa.
Pensó en Haruki e imagino el sol, el sol imposible de ver, radiante y cálido. Señor del día y protector de los peligros que su esposa deja libres por la noche cuando se acuesta a dormir. El lobo era la ausencia de su amado sol veraniego. Su cuerpo no podía más, habían pasado minutos u horas, pero ya no podía dar otro paso. Se agachó a las raíces de un árbol caído. Mirando aún la luna, ¿sería eso lo último que vería, o podría volver a ver el sol matutino?
Se tapó la boca con ambas manos, una rama crujió. Intentó internarse en el tronco hueco del árbol. Sintió algo presionado contra su pierna, al revisar sus ojos se agrandaron. Era la poción, olvidada pero presente. Otra rama que la hizo encogerse. Podía jugar a escapar con el cazador del bosque toda la noche, o intentar algo, lo que fuese, por rescatar de las garras de la bestia a Haruki. Apretó el frasco, apretó los ojos.
―Que dios me proteja ―y salió encarando lo que hacía ruido. Un venado se enderezó asustado de la muchacha y corrió con la cola blanca alzada.
Sonrió aliviada pero un enorme peso le sacó el aire, estampándola nuevamente contra las raíces. Una nariz café, fue lo primero que vio, luego algo blanco y curvo. "Colmillos, dientes" temió por un instante haber sido atacada por uno de los lobos que poblaban el bosque, pero no cabía duda ni esperanza, era su amante lupina gruñendo sobre ella, la saliva escurría de sus negros labios y la manchaba. Veía esos ojos amarillos de bestia y el hambre.
―No Haruki…no lo hagas ―lloró, implorando por su vida―no hagas esto ahora, soy yo, mírame, soy Isuke, recuérdame, aún no es tarde…por favor ―con el dedo destapó la poción, pero su brazo estaba aprisionado bajo la pata de la loba.
― ¡ISUKE! ―escuchó, la loba volteó en dirección al ruido, una luz se acercaba, gruñó en su dirección y esa fue la oportunidad que necesito. Aventó la poción a su cara y casi toda esta entró a su boca. El animal aulló de dolor y se quitó de encima, tapando su morro café rojizo. ― ¿Estás bien? ¡Ponte detrás de mí!―Tokaku estaba bien, Agro relinchaba pero sus riendas estaban bien sujetas en una rama, desenvainó la espada lista para la lucha.
― ¡No, espera, la poción entró a su boca! ¡No la mates! ―sujetaba el brazo con que la mercenaria empuñaba la espada de plata.
― ¡Pero no funciona la poción, mírala! ―el animal sacudía la cara, sus zarpas se pasaban por su morro intentando quitarla, gemía y daba gañidos pero no cambiaba, seguía igual ―está cegada, la matamos ahora o nunca, es un monstruo, ¡quítate mujer! ¡Se acabó, llegamos tarde! ¡Suéltame, es mi deber para con dios y las personas acabar con este monstruo antes que mate a alguien! ¡No quiero hacerte daño, Isuke, apártate!
Isuke dejó ir el brazo de Tokaku y se puso frente a ella, con los brazos extendidos.
― ¡Si quieres matarla, primero tendrás que matarme a mí! ―Tokaku apretó los dientes ― ¡Mátame, hazlo, porque no permitiré que le hagas daño, yo la amo, estoy dispuesta a todo por ella, lo que sea, si salimos de esta, dejaré mi vida de prostituta por compartirla con ella, y sino pues estoy dispuesta a morir por ella! ―Azuma se preparó pero algo la hizo detenerse, se veía en su cara el asombro. ―Haruki…
El lobo, sobre ambas patas, los veía con orejas levantadas, pero no gruñía, sus ojos habían vuelto a cambiar, eran esos ambarinos amables que tanto amaba ella. ¡Auuuuuuuuuuhhhh! Fue como si en ese aullido liberara el espíritu animal que había estado preso, el pelo cayó como si fuese agua y el cuerpo de la pelirroja, desnudo, calló de rodillas en el suelo del bosque.
― ¡Haruki!
― Ufff…Isuke ¿Qué haces aquí? ¿Dónde estamos? ―Tokaku se acercó con una manta, que arrojó sobre ella ― ¿Azuma Tokaku?
― ¿Cómo se encuentra, capitana?
―Je…estoy bien, fue como un baño de agua caliente, me liberó el cuerpo… ¿Isuke…todo lo que dijiste…es verdad? ―tocó sus labios con los dedos.
―Sí, Haruki, todo es cierto, idiota…me hiciste pasar un mal momento―empezó a llorar de alegría, pegando su frente con la otra.
―Lo siento mucho, lo siento, debí escucharte. Perdóname.
Se apoyó en ambas para ponerse de pie.
―No hay nada que perdonar―subieron a Haruki sobre Agro, el otro caballo había quedado atorado en unas ramas, cerca del camino―. Al final tuviste razón…era el amor el que cambia a la bestia.
―La poción tardo un poco en funcionar, Kouko será virgen…pero eso no la hace pura de mente.
―Muchas gracias, Azuma, no sé cómo pagarlo.
―Déjalo, Haruki es amiga de Haru, la hubiese ayudado de todas formas, pero tú la salvaste.
Caminaron en las sombras del bosque, buscando el camino para volver a casa. La verdad era que todos tienen una bestia interna, una que busca el amor cálido y no está dispuesto a dejarlo ir. El lobo sabía que al tomar el camino por el bosque, encontraría su destino pero no le importaba, porque sobre su instinto estaba su anhelo. Su anhelo de una mujer. Y se quedó con él.
N/A: Qué les pareció? Dramático? No convence? Je bueno pues dedique una buena tarde a hacerlo, así que sean agradecidos, esto fue para ustedes pero no se marchen aún, nos queda otra historia por allí. Digan qué les pareció, la verdad yo lamento el retraso pero…favores que tenía que hacer me impidieron actualizar ayer. Gracias a esos lectores fantasmas, esos que dejan opiniones y bienvenidos los que apenas leen estso shorts. Hasta la otra.
