Los dos se quedaron mirándose unos segundos después de que la sombra se comunicara con ellos.
-Vale- susurró Skye-. Avancemos, tenemos que avanzar.
-Sí.
Ward dejó a la chica en el suelo, paso el brazo de ella por sus hombros y rodeó su cintura para cargar con gran parte de su peso y comenzaron a andar hacia el bosque
-¿Viste recuerdos?- le preguntó Skye unos minutos después.
-No fueron recuerdos en sí. Vi alguna que otra imagen, pero la mayoría fueron… sentimientos. ¿Y tú?- le contestó él en un susurro.
- Fueron recuerdos- le contestó-. Cosas que había conseguido superar, e incluso a veces olvidar.
-Lo siento. ¿Quieres contármelo?
-¿Y tú?
-Nada que tú ya no sepas- le contestó él pensando que en una parte muy grande de la frase estaba diciendo la verdad.
-¿Paramos? Hasta que amanezca, no debe de faltar mucho- él asintió y se sentaron en el bosque, él apoyó su espalda en un tronco y ella sobre el pecho de él.
Pareció un acto tan natural, como si lo hubieran hecho un millón de veces antes (la verdad es que era la primera vez). Ella cerró los ojos unos segundos y giró la cabeza hacia él, aspirando su aroma, que a pesar de oler a fuego y cenizas aun le parecía estar en casa.
-Mi mejor amiga se suicidó cuando yo tenía dieciséis años, yo la encontré- comenzó a contar ella, no iba a hablarle de las familias que la habían pegado, no merecía la pena, él ya tenía suficiente con su propia experiencia.
-Debió de ser horrible.
-Más que horrible, doloroso. Ella me propuso el nombre de Skye en su carta de suicidio ¿no crees que es raro que yo decidiera usarlo?
-Honraste su memoria- le contestó él-. Olvídate de los que digan lo contrario.
-Nadie más lo sabe. A Miles le dije que escogí ese nombre porque para mí representaba la libertad, pero en realidad lo representaba para ella- por un motivo extraño, saber que él era el único al que le había confiado ese "secreto" de su vida le hizo sentir una sensación cálida en el pecho que jamás había experimentado antes.
-¿Eso fue lo único que viste?- le preguntó él pasando un brazo alrededor de la chica y atrayéndola hacia él. Solo con la expresión en la cara de la chica supo la respuesta: no fue lo único.
-No, no fue lo único. Lo de mi amiga es algo que acepté, que superé. También me mostró algo que había preferido olvidar, fingir que no había pasado… bueno, el que tenía que tragarse que nunca pasó jamás lo hizo, pero tampoco preguntó, así que…- dijo ella recordando el momento en el que Miles le preguntó si era virgen, y el hecho que ella supo apenas segundos después de hacerlo por primera vez con él de que se había dado cuenta.
Ward la miraba como intentando con todas sus fuerzas comprender las palabras de la chica.
-Lo siento, pero… no he entendido nada.
-No esperaba que lo hicieras.
-¿Quieres contármelo?
Ella se lo pensó durante unos segundos antes de hablar.
-No, ahora no- le contestó ella girándole levemente hasta pasar sus dos piernas por debajo de una de las de él y poder abrazarle. Él doblo la rodilla de forma que no la hiciera daño en la pierna mala.
-Estaré aquí cuando estés lista.
-A ti… ¿te dijo algo? La sombra mientras, mientras hurgaba en tu mente.
-Nada que no supiera- le contestó él. "Tú nunca podrías llegar a merecerla. Tú nunca merecerás a nadie" recordó "¿De verdad eres tan ingenuo de pensar que ella nunca se enterara? ¿Qué ella no ha visto ya el monstruo que guardas en tu interior?".
Pero con ella así, abrazada a él, sintiendo su calor, como sus dedos acariciaban su piel por encima de la camiseta… con ella no sentía ningún monstruo, se sentía capaz de ser el héroe que ella creía que era.
-Grant, te vi- le dijo ella mirándole a los ojos-. Estabas destrozado. Si no quieres contármelo no lo hagas, pero no me mientas… no intentes hacer las cosas mejor de lo que son porque te conozco, y se cuando las cosas van mal.
-Soy un monstruo, Skye. Siempre lo he sido- le dijo al fin.
-No es cierto- le contestó ella mirándole decidida, sin un atisbo de mentira en su mirada.
-Tengo oscuridad dentro de mí, oscuridad que destruye todo lo que toco. No quiero arrastrarte conmigo. Tu eres… eres pura, eres luz y yo la oscuridad y no quiero apagarte.
-No soy una santa, Grant. No soy un ángel que brilla con luz propia. ¿Tienes miedo de que vea la oscuridad que hay en ti? La vi el primer día que nos conocimos.
-Entonces… ¿Cómo puedes estar aquí a mi lado?, sin temerme- le preguntó el sorprendido.
-Que tengas algo oscuro en tu interior no te convierte en un monstruo. Lo que hagas con ella es lo que define quien eres. Tú usas esa oscuridad que hay en ti para proteger a las personas. No eres un héroe, y jamás lo serás, pero si hay otra cosa que no eres es un monstruo o un villano.
-¿Y entonces que soy?
-¿En los términos que estamos usando? Un antihéroe. Te vi matar a Garrett por venganza, por lo que me hizo. Él era un monstruo y acabaste con él, y eres bueno con la gente honrada. Tienes oscuridad en tu interior, pero tú la controlas a ella, no ella a ti.
-¿Cómo lo haces?- le preguntó él mirándola con adoración.
-¿El qué?
-Da igual lo mal que estén las cosas, siempre encuentras la forma de lograr que me sienta como si todo fuera a salir bien, como si esa oscuridad no existiera.
-No lo sé. Es como si yo te preguntara como consigues que contigo me sienta en casa de la forma que nadie jamás lo ha conseguido antes.
Sus caras cada vez estaban más cerca la una de la otra, mientras se miraban a los ojos como si no existiera nada más, como si no estuvieran en medio de toda esta locura perseguidos por un auténtico monstruo y todo el equipo no hubiese desaparecido.
Cuando sus labios se juntaron ambos sintieron como si hubieran encontrado su sitio en la vida, en los labios del otro.
Él comenzó a acariciar la espalda de la chica mientras ella metía las manos por debajo de la camiseta de él, acariciando su torso. Cansada de tener que luchar contra la camiseta para poder moverse se propuso sacarla por la cabeza de Ward.
Él la ayudó a tumbarse baca arriba en el suelo, intentando colocarse sobre ella de forma que no la hiciera daño en la pierna y volvió a besarla.
Skye jamás había hacho esto en un bosque, con Miles lo hizo en todos los lugares que se os puedan ocurrir dentro de la comodidad de cuatro paredes, pero jamás lo había hecho al aire libre.
Él en cambio, tras tantos años de servicio y cinco viviendo en un bosque, no era la primera vez que practicaba sexo en medio de un bosque, pero si era un novato en lo que ese momento le importaba, era la primera vez que le hacía el amor a alguien.
Comenzó a bajar besando su cuello con delicadeza hasta llegar al escote de la chica y comenzó a desabotonar la camiseta que ella llevaba besando la piel que iba quedando expuesta hasta que la camisa quedó totalmente abierta.
Ambos sabían que dadas las circunstancias no podrían desnudarse hasta quedar por completo piel con piel, pero eso no les impidió aprovechar la piel que si podía tocarse.
Se acariciaron y besaron largo rato, más del que podían permitirse, hasta que él bajo el pantalón y la ropa interior de la chica con sumo cuidado hasta que esta quedo en sus tobillos y luego bajó la suya propia.
-Te amo- tubo la necesidad de decir él antes de introducirse lentamente en ella.
Le pareció una diosa cuando notó sus uñas clavarse en su hombro y espalda y la vio arquear la espalda en un arrebato de placer mientras aspiraba aire de golpe… sin duda era una imagen que le gustaría ver cada día.
Comenzó a moverse en el interior de ella, entrando y saliendo, mientras que su mano acariciaba su clítoris. Sintió como ella tuvo dos orgasmos antes de que lo tuviera él y al acabar calló en el suelo al lado de la chica, con la cabeza apoyada en su pecho.
Ella sintió como lágrimas caían por sus mejillas mientras acariciaba el pelo del especialista.
Un día pensó que Miles era el hombre al que de adolescente lo hubiera gustado esperar para dar ese paso, el de entregarse a alguien. Pero hoy se había dado cuenta de que era Ward el hombre con el que ella había soñado. El cual a ella le hubiera gustado dar ese paso que le parecía de suma importancia en esos años tan difíciles de su vida.
Sin poder evitarlo sollozó, y él se dio cuenta de sus lágrimas. Se incorporó y cogió la cara de la chica entre sus manos.
-¿Qué te ocurre? ¿Estás bien? ¿Te he hecho daño?- le preguntó él corriendo a observar si volvía a salir sangre de la herida.
-No, no, tranquilo. No me has hecho daño- se apresuró a decir ella.
-Entones, ¿Por qué lloras? ¿Te arrepientes?- preguntó él con un nudo en la garganta.
-Créeme, lo que ha pasado es lo único de los que no me arrepiento de las últimas horas. Es solo que… estoy tan feliz y triste al mismo tiempo que no puedo evitarlo.
-No te entiendo- admitió él.
-Cuando era una adolescente todas las chicas que rondaban mi edad decían que habían conseguido muchas cosas de los hombres de las casa de acogida con su cuerpo, no de todos, había gente decente, pero también había gente que no lo era. Yo en cambio era lo suficientemente ingenua como paro soñar con cuentos de princesas- le contó ella-. Yo me veía incapaz de entregarme a un hombre al que no amara. Yo quería esperar a estar enamorada, al chico correcto. Pero no me dejaron.
-¿Cómo que no te dejaron?
-Una mujer me acogió y poco después me llevo a una casa, el hombre que vivía allí le había pagado una alta suma de dinero por mí. Ella amenazó con matarme si no hacía lo que él me pedía, y era sincera. Me odie durante meses por lo que le dejé hacerme. Luego de unos años conocí a Miles, él era bueno, amable… creí que él era el hombre con el que soñé que pasara, pero no lo era.
-¿No?- preguntó el con ganas de acunarla entre sus brazos para borrar lo que esa mujer y ese hombre la habían hecho.
-No. Le engañé, le dije que era virgen, pero él se dio cuenta de que no lo era, tampoco dijo nada al respecto en ningún momento de nuestra relación, pero yo lo supe. Fingí que todo había sido como yo quería. Pero hoy me he dado cuenta que el hombre con el que soñaba, el hombre con el que iba a compartir mi vida, no era Miles, eras tú. Eras tú- y con eso se acercó a besarle, él se lo devolvió gustoso y aprovecho la ocasión para abrazarla como había deseados hacerlo.
