Capitulo6

EL ENCUENTRO

Era otro día, en el colegio más caro del país. Los días habían pasado normalmente. Mientras cepillaba su cabello, Bulma miraba su reflejo.

-te detesto.- se decía a ella misma, veía sus anteojos, que hacían sus ojos más grandes de lo normal, tenia frenos, unos grandes frenos y toda la ropa, que tenía era de anciana, aunque no se podía imaginar con otro estilo de ropa. Trataba de poner expresiones sensuales pero veía que los resultados causaban gracia.

Nunca se había preocupado por su imagen, ya que en los colegios, a donde había asistido, debía usar un uniforme que los hacía a todos iguales, pero la maldita OHS era diferente. El lugar prácticamente era una pasarela, donde se podía usar ropa casual, todo el tiempo, siempre y cuando no sea provocativa. En realidad eso decía las reglas del colegio. Sin embargo; había visto muchas chicas populares usar minifaldas y botas de taco aguja. Parecían rameras, pero siempre salían ganando, ya que solo les bastaba guiñarle un ojo al preceptor para que este les dejara andar como unas cualquieras.

Bulma se paro en frente del espejo; y vio los resultados. Una camisa a cuadros lo bastante ancha y una falda por debajo de las rodillas. Los zapatos de una colegiala y medias blancas. Parecía… ni siquiera sabía lo que parecía. Y eso era lo más triste.

No sabía lo que era el maquillaje, ni tampoco lo que era echarse 30 diferentes tipos de crema. Nunca se había depilado, pues tenía cejas chicas, y no lo veía necesario.

De pronto, giro su cabeza a la ventana. Ahí estaba el ramo de rosas que le habían regalado, seguían tan bellas como ese lunes que se las habían entregado. Pensó de repente en quien se la había regalado. La vida era injusta, le había prometido a Chichi, no creerle ni una palabra a Vegeta. Según ella, el era un miserable, debía creerle, ella venia desde hace dos años, tres con el corriente. Si era inteligente, debía hacer lo que Chichi decía. Solo deseaba no ser inteligente.

Todavía era temprano. Chichi seguía durmiendo. Ese día quería salir a caminar un poco, solo respirar el aire matutino y mojarse un poco los zapatos con el roció del césped.

Eran las siete del la mañana y las clases comenzaban dentro de una hora. Recorrió el lugar y lo contemplo aun más que el primer día. Estaba todo limpio y se veía el brillo de los pasillos y los recorrió con mas animo.

Camino y camino sin parar, hasta que llego a una escalera; "prohibido el ingreso a alumnos", decía en un costado. No había nadie. Nadie se enteraría. Así que subió velozmente para echar un vistazo y luego bajar lo más rápido posible. Parecía que ya había subido tres pisos, pero todavía no llegaba al final. Luego una ráfaga de luz la encegueció.

-Sorprendente!- dijo impresionada- esto es irreal-. Nunca había visto un lugar así, había toda clase de flores, incluso pasto, superficial, pero aparentaba ser real, había también un pequeño estanque, y la vista… simplemente la mejor.

-¡Qué haces aquí?- Bulma se había sentado en el estanque y esa voz enojada casi la hacía caer dentro de ella, se levanto rápido y busco el dueño de la voz.

-disculpe, no fue mi intención, ya me voy- dijo fuerte mientras buscaba disimuladamente el dueño de esa vos tan ronca y atractivamente conocida.

-este lugar está prohibido para los alumnos?- dijo el sujeto saliendo detrás de una pequeña pared.

Era Vegeta, debía ser una maldita coincidencia o el la había seguido. La primera sonaba más real.

-solo tuve curiosidad. Lo siento- dijo agachando la cabeza tratando de ocultar un poco el sonrojo de sus mejillas.

Vegeta noto su enrojecimiento -te disculpas demasiado. sabes?- dijo coquetamente.

-lo sient… digo si, es como un reflejo. Ya me voy.-

-no te estoy echando, solo te quería informara que aquí no se permiten alumnos-

-tu estas aquí no? Yo debería preguntar por qué yo no puedo venir y tu sí-

Vegeta miro un destello de desafío en los ojos azules detrás de las ridículas gafas -no tengo porque responder eso, pero sin embargo lo hare; yo no soy solo un alumno. Este es como mi espacio personal-

-pensé que todos pagábamos los mismos gastos aquí- seguía desafiándolo.

-si, pero algunos pagamos un poco de mas, para tener pequeños lujos como este- esto ultimo le dijo como si se lo explicara a un niño pequeño.

A Bulma no le gustaba tirar el dinero en estupideces como un carrito de minigolf o mensajeros personales, pero el lugar era tan precioso que valía la pena volver -entonces si pago un poco mas podre venir aquí? Cuando yo quiera- pregunto.

Vegeta sabia que la chica no era becada, asi que debía dejarle en claro que no podía volver -no! Este lugar es mío y de nadie más.

-me parece que solo tratas de intimidarme para que ya no vuelva- otra vez desafiándolo.

-"que niña más persistente"- pensó Vegeta - puede ser, logre intimidarte?

-no, pero igual ya tengo que irme-

-espera no te vayas- dijo Vegeta viendo que esta podía ser una buena oportunidad para agregar una pequeña foto de la peli azul a su abultada colección.

Bulma se detuvo un instante y lo miro a los ojos. Esos ojos azabaches que podían hipnotizar a cualquier mujer.

Vegeta se acerco a ella a paso seductor, se paro en frente de ella, casi sintiendo su respiracion -te gustaron las rosas? Nunca me lo dijiste?- pregunto sonriéndoles.

Bulma noto sus intenciones y aunque la ponía un poco feliz, sabía que debía alejarse de ese hombre -si, eran muy bonitas, pero puedo saber porque me las diste?- tuvo que preguntar.

Vegeta camino hasta la puerta que daba a las escaleras y se apoyo en ella, prácticamente bloqueando la salida de Bulma.

-pues la verdad es que no yo sé. Te he visto varios días. Eres un poco especial, sé que no eres becada, que casi me igualas en coeficiente intelectual. Además se que te quedas en el colegio todos los fines de semana con Chichi-

Bulma se quedo perpleja, se había sorprendido cuando se entero de que el sabia su nombre, pero esto? Sabía mucho, muchísimo más de los que había imaginado. Lo que ella no sabía era que Vegeta había averiguado eso solo hace un día atrás.

Bulma vio como empezó a sonreírle. No debía confiar. Tenía que ponerse a la defensiva.

-si, supongo que somos pocos los que vamos a terminar el año, sin sobornar a un profesor.-

Vegeta sonrió, le había causado gracia el comentario. -Dime Bulma, que haces para divertirte? Porque supongo que alguien como tu necesita diversión no?-. Bulma sabía a qué se refería Vegeta y no se estaba refiriendo exactamente a un hobby en particular. Debía irse, y debía hacerlo en ese momento. -ya son las 8 menos 10. Yo me voy-

-es muy temprano todavía.- y coloco su brazo en el extremo de la puerta bloqueándola, por completo. Bulma no sabía qué hacer, una parte de ella le rogaba quedarse todo el día ahí, pero la otra le gritaba que huyera.

Pensó en sus posibilidades de escape y debía pensar rápido -es un lugar muy bonito, debería traer a mis amigas aquí-

Noto que fruncía el seño… más de lo normal -te lo prohíbo!. Nadie puede entrar aquí!- dijo Vegeta.

Ya estaba, ya lo había provocado, ahora tenía que seguir haciéndolo -porque no?- dijo como una niña a quien se le negaba una paleta.

Vegeta se enojo más ante esa actitud -haces demasiadas preguntas niña.-

-pues tu no pareces dispuesto a responder alguna- le respondió poniendo sus manos en sus caderas.

-no tengo porque hacerlo!.- en ese momento, Vegeta cruzo los brazos y miro a un costado.

Bien.

Bulma aprovecho ese descuido para salir del lugar. -igual no le contare a nadie. No te preocupes, adiós!- le grito bajando a toda velocidad por los escalones.

Cuando Vegeta abrió los ojos vio a la peli azul bajar las escaleras. Había sido astuta. Pero la próxima caería. Todas caen.

Bulma bajo a toda velocidad. El corazón le latía a mil por hora. En otras circunstancias, la situación hubiera sido más romántica que cualquier película, el lugar, el encuentro, la vista, sus ojos… ese día volvería a perder la clase, soñando en un mundo alterno, en donde ella era bonita y él se moría de amor por ella. Pero solo seria eso, un mundo alterno.