Disclaimer: Candy Candy y sus personajes son obra de Mizuki © . Este fic fue escrito sin fines de lucro, sólo de entretenimiento.


6

Candy creía que estaba soñando. Sentía que estaba siendo mecida en un bote mientras la brisa que entraba por la ventana deslizaba un mechón de pelo sobre su garganta. Su mejilla reposaba sobre una almohada que parecía latir rítmicamente. Suspiró, se estiró y oyó un sonido extraño. Fue entonces cuando abrió los ojos.

Su cabeza se encontraba en el pecho de él, el ritmo acompasado seguramente era el de su corazón junto a su respiración tranquila al dormir. Se aventuró a mover una de sus manos para acariciarle cuando de pronto sintió que su mano era apresada suavemente por las de él y la alejaba. Candy entonces se volvió para mirarle contrariada cuando en ese mismo momento él la soltó, se incorporó y se quedó sentado en el lecho con la cabeza entre las manos.

La rubia consciente de la desnudez de ambos se dio cuenta de que Anthony ya estaba despierto cuando ella dormía, miró su espalda desnuda en tanto que la sábana solo le cubría la parte inferior de su cuerpo.

-Anthony….- susurró a media voz todavía confusa ante la reacción de él ante su caricia previa. Él no se volvió a mirarle, tan solo mantenía su vista fija y perdida tras la ventana. Se colocó su short y posteriormente se levantó de la cama y caminó hacia esa ventana. La cerró para después volverse para mesarse un poco los cabellos rubios algo desordenados.

- No puede ser- murmuró sin embargo sus palabras Candy las oyó perfectamente- no puede ser…es….es un error…esto es un error. Se cuestionaba mientras no dejaba de tener baja la mirada y caminaba de un lado a otro de la habitación.

Candy sintió que su corazón se apretujaba cuando oyó lo que él decía. Creyó que él consideraba que lo que había sucedido entre ellos era un desliz del cual ahora se arrepentía. Ella no lo sentía así, le había dado todo lo que su pobre corazón había logrado al recuperarse de su decepción pasada cuando ahora parecía que una vez más se había equivocado y ésta había sido aún más dolorosa.

Gruesas lágrimas empezaron a caer en su rostro tras acurrucarse entre sus piernas tapadas por la sábana de la cama al darse cuenta de la terrible verdad. Agachó su cabeza para ocultar su desgracia de él y poder llorar sin que él la mirase.

Pero entonces creyó que ahí mismo no sería posible dar rienda suelta a su tristeza y decidió refugiarse en otro lado. Se levantó abruptamente llevándose la sábana consigo para entrar en el pequeño baño contiguo a la habitación.

Anthony estaba demasiado absorto tratando de aclarar lo que desde aquella mañana su mente se había encargado de recordarle, que no advirtió lo que sus palabras significaron en la pecosa. Hasta que oyó la puerta del tocador cerrarse con fuerza y los sollozos de Candy dentro de aquél lugar.

Se acercó rápidamente y tocó dos veces.

-Candy…. ¿Candy qué pasa?- preguntó un poco alarmado.

-¡Vete! ¡No quiero volver a verte!-gritó ella con la voz entrecortada por las lágrimas- Vete…

-¡No me iré hasta saber qué es lo que sucede!- declaró él contrariado ante las palabras de ella- Candy abre la puerta.

Hizo el intento de abrirla pero no podía. Esto le confirmaba más que se trataba de una idea completamente absurda y su mente le estaba pasando una mala jugada. Él no podía…. No cuando….. no después de que él y Candy…No. Definitivamente era imposible.

Tocó nuevamente y Candy no le abría.

- Candy tengo que hablar contigo- dijo él a través de aquella barrera para hacerse oír.

- ¡Ya sé lo que vas a decirme y no quiero oírlo!- los sollozos se oyeron con más fuerza. Anthony se quedó atónito… ¿Era posible que Candy lo supiera?...pero ¿cómo? Si él lo había descubierto apenas. ¿Era por eso que ella lloraba?

-Lo…..¿lo sabes?- su voz sonó intranquila-…¿cómo es que….

La puerta se abrió y de ella salió Candy llorosa pero al mismo tiempo con un semblante visible de enojo.

- ¡Tú mismo lo dijiste!… crees que lo que pasó entre nosotros ha sido un error- enunció ella mientras sus labios temblaban y le miraba directamente a los ojos dolida.

- Pero…- Anthony trató de entender a lo que ella se refería. Ella se adelantó y le señaló con el dedo en su pecho amenazadora.

-¡ Lo tengo claro! Tú Anthony…..Anthony….- en ese momento notó que no conocía su apellido.

¡Había tenido relaciones con alguien de quién tan sólo conocía de nombre! Y la desnudez parcial de él no ayudaba.

- Espera… no entiendo de que me hablas amor-repuso el rubio, que al oírse hablar de amor pensó en si eso era posible dada la situación en la que él estaba o más bien de la situación en sí.

- Hablo del hecho de que te arrepientes de lo que hicimos….es de eso de lo que querías hablar ¿no?-nuevamente surgió la voz entrecortada de la pecosa, pero se abstuvo en dejar salir otra vez las lágrimas.

Anthony que la miraba con el ceño fruncido, tras oírle decir lo último suavizó la línea de expresión de su rostro y se acercó a ella para envolverla en su abrazo. Candy se estremeció al sentir sus brazos sobre ella.

-No. No me arrepiento y no me arrepentiré nunca- le susurró al oído-….porque finalmente y de alguna manera estás aquí conmigo, siendo que yo…

Anthony vaciló en contarle a la conclusión a la que había llegado esa mañana. La inconsciencia lo había mantenido buena parte de la noche entre brumas pero al mismo tiempo le había mostrado toda la vida que había tenido hasta aquél día. Eso hizo que despertara sobresaltado, no sabiendo dónde exactamente se encontraba pero al verla creyó que había sido un mal sueño. Porque se sentía vivo, respiraba, podía hablar, acariciar y besar la suave piel de su pecosa que dormía a su lado y lo más importante, su corazón latía. Él no podía…. y luego estar ahí ahora en un lecho después de haber hecho el amor con la mujer que amaba y a quien había esperado toda su vida sin que ella apareciera….

Precisamente hasta ahora.

- Siendo que tú…- lo instó la pecosa a que continuara sacándolo de su abstracción. Anthony tan sólo movió la cabeza tratando de alejar aquellas ideas estremecedoras.

-Que yo te amo, y siempre lo haré- la besó en la sien- nunca lo olvides y nunca dudes de mi cariño hacia ti.

-Anthony….- Candy se sintió de nuevo muy feliz, había tenido una idea equivocada, pero entonces recordó que él hablaba de un error.

-¿De qué error hablabas hace un rato?-inquirió curiosa mientras miraba sus insondables ojos azules que ahora le parecían mucho más claros que otras veces.

-De algo que tengo que comprobar por mí mismo y que me es imposible de admitir- respondió él tras lo cual la besó- simplemente imposible….

Después de unos minutos, ambos se vistieron, Anthony con la misma ropa del día anterior y Candy con un sencillo vestido playero. Él le dijo que tenía que regresar a casa y que después la visitaría, a lo que ella accedió.

El primer objetivo que Anthony se fijó fue regresar a su casa a unas millas de donde se encontraba. Y en ese momento algo le inquietó. Si era verdad que él venía nadando rodeando el acantilado para llegar a este sitio… ¿cómo era posible que sus ropas estuvieran intactas? Ahora que lo pensaba cuando tenía conciencia ya había salido del mar y se ponía su camiseta y su camisa además de su short. Y no sólo eso, también cuando se despedía de Candy para volver a casa, tan sólo recordaba meterse al mar y no recordaba cuando emergía para salir del otro lado.

Un escalofrío lo recorrió. Por más intentos que hizo, no recordaba la forma de su casa, ni lo que había en su interior, forzó a su memoria y logró vislumbrar una fotografía en la pared donde estaban él y su madre poco antes de morir.

Sí, eso bien valía como una prueba. Sin embargo tenía que comprobarlo. Se adentró en el mar y nadó hasta la otra orilla después del acantilado, sintió alegría al saber que estaba de pie ahí y empezó a caminar dentro del camino que le llevaba siempre a casa.

Cuando estaba próximo a llegar se detuvo en seco al advertir que en el lugar donde estaba su casa, ésta ya no existía. Tan sólo algunas ruinas derruidas se mantenían en pie, pareciera que había pasado mucho tiempo sin que nadie hubiera pisado ese sitio. Años quizá. Se acercó tambaleante ante aquella extraña visión y en una de las pocas paredes que no había caído vislumbró aquella fotografía que minutos antes había rememorado.

No pudo más y cayó de rodillas en tierra. Sin fuerzas para levantarse a ver de nuevo ese lugar que amaba por el simple hecho de que ahí había pasado la mayor parte de su vida junto a su madre.

- No es posible…- murmuró consternado- si apenas estuve ahí…¿Cómo…

No acabó de hablar cuando se levantó y corrió desesperadamente hacia ese sitio especial que su madre y él habían forjado año con año. Nunca ni un solo día había dejado de ir a ese pequeño jardín donde se encontraban aquellas rosas que llevaban el nombre de su amada Candy.

En poco tiempo llegó a las faldas de aquél promontorio que se erigía orgulloso de frente al mar. Tomó el camino donde por primera vez se encontrara con una pequeña Candy y tambaleante torció en dirección hacia el desnivel con el corazón anhelante.

Lo que advirtió lo desmoronó por completo. En aquél espacio oculto no había nada, ni rastro de algún tallo, todo estaba completamente erosionado, sin embargo podía notarse que tiempo atrás ese pedazo de terreno había sido preparado para sembrar algo. Anthony entonces miró hacia la punta del acantilado. Allí estaba su último recuerdo.

...

Hacía viento, según las predicciones que se oían de la vieja radio era probable que una tormenta se desatara esa tarde y noche, el viento ululaba anunciando mayores ráfagas y el sol empezaba a ocultarse tras espesos nubarrones.

Se preparó para encerrarse en casa. Ese día había ido al pueblo a llenarse de provisiones para la semana, y en sus manos traía muchas bolsas….se dijo que ya era hora de comprarse un auto. Pero simplemente no le era de mucha utilidad, el trabajo estaba cerca de casa y además no lo echaba en falta más que para ir al pueblo.

Después de comer, se dispuso a descansar leyendo un buen libro. Poco tiempo después el libro yacía a un lado mientras él dormitaba sin darse cuenta hasta que la lluvia que golpeaba las ventanas lo despertó.

Fuera no había luz, las nubes habían tapado completamente el cielo y tenía un aspecto sombrío iluminado una que otra vez por algún rayo con el estruendo que conllevaba segundos después.

Cerró sus ojos por un instante y los abrió cuando advirtió que la luz del techo parpadeaba hasta apagarse por completo. Se levantó y se dirigió a la cocina para buscar atientas algún cabo de vela.

-Me olvidé de ellas- murmuró al recordar que no había comprado un paquete de velas cuando fue al mercado.

Estaba rebuscando en el pequeño almacén de provisiones de la cocina cuando su tacto logró hallarlas. Contento, se dispuso a prender la mecha para alumbrarse y lo depositó a un lado del sofá donde estaba sentado minutos antes. Se dijo que no debería retardar más la construcción de una chimenea.

Tomó el libro con una mano y entonces subió las escaleras que llevaban a su habitación. En la otra llevaba el trozo de vela encendido y lo dejó en la cómoda cerca de la cama junto con el libro. Desarregló las sábanas un poco y las miró mientras su mente divagaba. Recordó a su madre que le había expresado su inquietud por verle solo. Pero él en el fondo de su corazón sabía que nadie podría reemplazarla pues no quería engañarse a sí mismo y mucho menos a alguna mujer que quisiera compartir su vida con él, como algunas féminas que le conocían lo insinuaban.

Le decían que no era posible que un hombre tan atractivo llevara una vida solitaria en una casa solitaria, sin embargo él no se inmutaba. Bastaba no mostrar interés en ellas y rechazarlas educadamente las veces que fueran necesarias para que lo entendieran finalmente. Afortunadamente ninguna se había atrevido a seguirle a casa.

Se acercó a la ventana de su habitación, la lluvia seguía cayendo y algo lejano se oía el rumor de las olas rompiendo en la playa. Entonces de pronto sus ojos se abrieron desmesuradamente.

-¡Las dulce Candy!- exclamó antes de echar a correr escaleras abajo para salir afuera de la casa y buscar algo que se encontraba en el cobertizo, rebuscó y por fin encontró una extensa y ligera manta además de algunas alcayatas que le servirían en su propósito. Salió con aquellas herramientas y se aventuró hacia el camino que lo llevaría hacia ese lugar sin vestir nada más que lo que llevaba puesto antes de salir que era su camisa con una camiseta debajo complementada con sus pantalones cortos, unas botas y un ligero impermeable que estaba apostado en la entrada del cobertizo.. No notaba el frío, la preocupación le hacía no ver otra cosa más que asegurarse de que las rosas no sufrieran algún daño. Se preguntaba si no sería demasiado tarde. La incesante lluvia le golpeaba el rostro y el fuerte viento, le hizo retroceder un poco pero él no se dejó amilanar, continuó avanzando.

Después de más de media hora llegó al pie del acantilado, miró hacia arriba y notó que las enormes olas chocaban en él, el agua que traían consigo corría libremente hacia abajo y en ese momento se lamentó el haber olvidado de traer una linterna. Se acercó apresurado y con mucho trabajo hacia el pequeño declive resbalando en varias ocasiones debido a lo lodoso que se estaba volviendo el terreno pero consiguió llegar.

Advirtió con tristeza que algunos tallos parecían arrancados desde el suelo mientras que otros se habían deshojado. La tormenta inusual se había encargado de ello. Sin embargo había algunas que todavía se mantenían en pie, habían soportado milagrosamente aquella furia de la naturaleza.

Rápidamente se dispuso a tratar de salvarlas, tomó una de las alcayatas y la clavó en el suelo fangoso hasta que dio con tierra firme conteniendo así parte de aquella extensa manta. Clavó una segunda en el otro extremo, el viento hacía rugir ese pedazo de tela moviéndolo a su voluntad, e iba a clavar la tercera alcayata cuando advirtió que la primera se había removido.

El agua que bajaba desde la punta del acantilado chocaba con él y removía aún más la tierra. Además en un extremo del cerco donde se encontraban sus rosas estaba próximo a desprenderse. Alzó la alcayata y en ese momento la tela que estaba detenida por la misma voló libremente en dirección a la punta del acantilado deteniéndose en una rama de un arbusto irregular.

Anthony lanzó un quejido junto con una maldición al advertir lo que había ocurrido y tras guardarse las alcayatas fue en la misma dirección que había tomado el trozo de tela con mucho trabajo tratando de no caer y finalmente llegó hasta donde éste se encontraba. Lo tomó y al mirar hacia adelante advirtió que una enorme ola venía hacia él.

Trató de bajar aprisa, pero un resbalón lo envió al suelo y peligrosamente hacia una de las orillas donde estaba un surco que el agua se había encargado de abrir, en el transcurso, las alcayatas que llevaba consigo se perdieron entre el suelo lodoso. Anthony alcanzó a sostenerse un poco aferrándose al mismo arbusto en donde había encontrado la manta, sin embargo sus pies no encontraron donde sostenerse. Trató de no mirar abajo y balancearse para alcanzar con sus pies la superficie sin ningún éxito. Con todas sus fuerzas se sostuvo del arbusto sin embargo advirtió con desesperación que éste cedía al paso del agua e iba perdiendo su propio sostén en la tierra.

Algo hizo que volteara hacia el mar mientras sus brazos a cada instante se iban debilitando más y más. El rumor sordo que éste hacía lo envolvió, entreabrió sus ojos para notar que una ola más se acercaba hacia donde se encontraba él. Terriblemente angustiado se dio cuenta de que no tendría escapatoria.

Sintió el fuerte y feroz golpe del agua sobre su cuerpo y sus manos dejaron de aferrarse al arbusto que había cedido. Cayó irremediablemente en caída libre mientras podía oir a su corazón que latía a toda prisa desesperado y tan sólo una palabra salió de sus labios antes de que la inconsciencia se apoderara de él y la marea lo engullera en sus fauces, arrastrándolo al vacío.

He estado esperando por tanto tiempo

Para que algo llegara

Para que el amor viniera

Ahora nuestros sueños se están convirtiendo en realidad

Con los buenos tiempos y los malos

Sí, estaré ahí para contigo

(Heaven*Bryan Adams)


N/A: Hola!Chicas mil gracias por seguir esta historia a la cual sólo le falta un capítulo más, por lo que el siguiente es el último.

Anon, disculpa que no haya contestado esta misma pregunta la vez pasada, sin embargo en lo que respecta a Terry pues no aparece en realidad en este minific, tan solo lo mencionado por Candy en capítulos anteriores. Más que nada este es un exclusivo Anthonyfic, lo cual me encanta jijijiji.

Rocío: Muchas gracias por tus bellas palabras, espero que este y el siguiente capítulo te gusten también. Saludos!

Hasta el siguiente y último capítulo. Bye