Título: Bonne Foi

Categoría: Drama, Romance

Clasificación: M

Resumen: AU. Edward Masen fue convertido en 1918 y abandonado por su creador. Se alimenta de sangre humana, ignorando que hubiera otra forma... hasta que se tropieza con la estudiante de primer año Bella Swan, en una noche que lo cambiará todo.

Renuncia (autor): Una escritora es una diosa en su universo... pero sólo una escritora está haciendo dinero con Crepúsculo, y esa es Stephenie Meyer. Estos son sus personajes, yo solamente me divierto con ellos.

Renuncia (Traductor): Todo lo relacionado con Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer. Bonne Foi, pertenece a Amethyst Jackson. El enlace de su página es: http: // www .fanfiction .net / u / 252097/ (Quitar los espacios)

N/T: Como estaba apresurada para subir este capítulo, no le di una segunda leída para revisar que estuviera lo mejor posible. No es excusa, pero me disculpo. Si encuentran algo particularmente mal escrito déjenme saber en un PM, ¡porfa! Más tarde, con más calma lo revisaré y corregiré los errores que encuentre... pero quería hacerles llegar esto de una vez.

BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF

Capítulo Seis

El martes tuve más clases, algunas de las cuales eran un poco más interesantes, pero igual pasaban lentamente. El tiempo, ahora, parecía girar entorno a Bella —el tiempo hasta que la viera otra vez, hasta que la tocara otra vez...— Las noches las pasaba componiendo, escribiendo melodías con tempos que igualaban el ritmo del corazón de Bella o el paso de nuestra cópula.

El miércoles por la tarde fue una visión bienvenida. Fui al salón de sociología con anticipación, un poco temprano gracias a mi ansiedad. No había nadie ahí, salvo por una chica leyendo en un asiento en una esquina. Me senté en el mismo sitio en que estuve la última vez y esperé la llegada de Bella. Entró cuatro personas después, tensa bajo el peso de su mochila. Vi sus ojos parpadear al rededor del salón antes de que me encontrara, viéndola, y me sonriera. Bella se tropezó en su prisa por llegar al asiento junto al mío, pero no se cayó.

—Hola —dijo, sin aliento, dejando caer su bolso en el asiento junto a ella. Disfruté ver sus mejillas sonrosadas y brillantes ojos, y el sonido de su acelerado corazón.

—Hola—. Hoy llevaba una camisa más bien ligera, a través de la cual podía ver delineado un brasier de encajes. ¿Lo había hecho a propósito?

—¿Cómo has estado? —preguntó, deslizándose hacia su silla. Su cadera golpeó el brazo de la silla y se encogió un poco de dolor.

—Bastante bien —dije, ignorando su torpeza—. ¿Y tú? ¿Cómo te fue con las entrevistas de trabajo?

—Definitivamente no obtendré el de McDonalds —dijo—. Yo... uh... puede que le halla dicho cerdo chovinista al gerente.

—¿Por qué? —pregunté, a la vez divertido y preocupado. ¿La habría tratado de seducir, dicho algo vulgar? Me encrespé ante la idea. Ella era mía, y yo defendía lo que era mío.

—Sugirió que sería más apta, siendo mujer, para trabajar en el fondo, cocinando, que para trabajar al frente con los clientes.

Me reí entre dientes de su agria expresión. —¿Y que dijiste al respecto?

Se sonrojó. —OK, "puede que" está mal dicho. Le dije cerdo chovinista.

Me reí abiertamente. —Bueno, se lo merecía. Estoy seguro de que es mejor para ti no trabajar ahí—. Pensé de nuevo en el hedor de ese lugar y me estremecí mentalmente.

Bella se encogió de hombros, sonriendo. —Pudo ser una experiencia fortalecedora de carácter, pero está bien. Estoy casi segura de que conseguí el trabajo en la cafetería. Están supuestos a avisarme al final de la semana.

—Hablando de eso, ¿cuáles son tus planes este fin de semana? —pregunté. Estaba determinado a tenerla toda para mí, de ser posible.

Se encogió de hombros nuevamente. —Creo que Ángela quería ver una película, y debo terminar un escrito, pero aparte de eso, nada.

Consideré eso rápidamente. Su compañera de cuarto estaría ahí este fin de semana, lo que significaba que si quería tiempo sólo con ella... —¿Te gustaría venir a mi casa? ¿El viernes por la noche, tal vez?

Sus mejillas se ruborizaron y sonrió intensamente. —Me encantaría.

—¿Cuándo debo recogerte? —le pregunté, esperando que escogiera un momento que no requiriera que la alimentara, y en consecuencia dar excusas de por qué yo no estaba comiendo.

—Um... ¿A las siete? —sugirió.

—Perfecto.

BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF

Revisé mi apartamento detalladamente, asegurándome que pasaría la inspección como un lugar donde un humano vivía. Puse cosas que nunca usaba en el baño; cepillo y pasta de dientes, maquinillas y crema de afeitar, desodorante, Tylenol, curitas... abastecí la cocina, también, poniendo artículos típicos como leche y carne y vegetales en el frigorífico, y pan y frutas y otras cosas en los gabinetes. No creía que encontrara nada fuera de lo ordinario. Con suerte, acallaría cualquier sospecha que tuviera actualmente de mí, además. Había notado mis cambiantes ojos y sabía que debía haber notado otras cosas que no mencionaba.

Sin embargo, pensaba que el cambio en mis ojos era bastante conveniente. Me preguntaba qué sería diferente en la sangre de los animales que hacía mis ojos dorado profundo en lugar del sangriento escarlata. Lo que fuera, me hacía ver más humano que antes, y eso ayudaba a mi farsa.

El viernes en clase, tenía la sensación de que Bella estaba tan nerviosa como yo lo estaba. Brincaba cuando nuestros brazos se rozaban y su corazón daba rápidos saltos en sobre-marcha. No ayudaba que habían pasado cinco días desde que tuvimos sexo la última vez, tras un fin de semana lleno de de él. Yo ciertamente estaba sintiendo síndrome de abstinencia.

Por eso es que llegué casi media hora temprano al dormitorio el viernes por la noche. Cuando llamé a la puerta, Ángela respondió.

—Oh, hola, Edward —dijo con amabilidad—. Bella no está aquí ahora, aun esta cenando.

Sus pensamientos eran tan afables y modestos que no pude evitar que me agradara un poco, para ser humana, al menos.

—Ah, bueno, vine bastante temprano.

—Puedes esperar aquí, si gustas —ofreció, dando un paso atrás para dejarme pasar.

—Gracias—. Me senté en la silla del escritorio de Bella a esperar.

Bueno, parece educado, al menos. Pero espero que ella esté siendo cuidadosa. Él se ve como si pudiera romper unos cuantos corazones.

—¿Cómo estás, Ángela? —pregunté, sintiendo la necesidad de dar una buena impresión. No sabía cuánta influencia esta chica tenía sobre Bella, pero no quería que le diera a Bella advertencias de mantenerse lejos de mí.

—Bien, gracias. ¿Tú?

—Muy bien —sonreí—. ¿Pasaste bien el fin de semana pasado? Bella dijo que estabas visitando a tu novio.

Una visión de dicho novio flotó sobre su mente, junto a imágenes que realmente no quería ver de lo que estuvieron haciendo todo el fin de semana.

—Estuvo grandioso, pero siempre es duro regresar, sabes, ya que no puedo verlo tan a menudo como me gustaría.

—Debes sentir un cariño profundo por él, para meterte a semejante arreglo.

Se encogió de hombros. —No puedo imaginarme estar con nadie más. Eso como que simplifica las cosas para mí.

—Sí, entiendo lo que dices —dije, dándome cuenta de la verdad de ello mientras lo decía. ¿Podría cualquier humana o vampira alguna vez satisfacerme como Bella? Tal vez... tenía muchas vidas para descubrirlo.

—Pues Bella nunca dijo qué estudiabas —Ángela dijo, genuinamente curiosa.

—No estoy muy decidido aun. Estoy considerando psicología, pero me he encontrado más interesado en la anatomía estos días —dije, escondiendo la sonrisa pícara que se me quería escapar ante el doble sentido.

—Eso es grandioso. Yo misma estoy en biología. Quiero entrar a la escuela veterinaria —me dijo, emocionada ante el prospecto de un espíritu afín.

—¿Te gustan los animales?

—Oh, sí—. Su mente parpadeó a través de una colección de mascotas de niñez. —Digo, son tan importantes en nuestras vidas sin que nos demos cuenta. Se siente como un deber cuidar de ellos.

Sonreí a pesar de mí mismo. Su entusiasmo era tan parecido al de Bella. Justo cuando pensé eso, la puerta se abrió y Bella entró. Hablando del diablo, y el diablo aparece, pensé.

—Edward, viniste temprano— dijo, llena de sorpresa.

Me encogí de hombros. —Estaba impaciente, supongo.

Me sonrió, inconsciente de que Ángela nos observaba con atención. Me puse de pie para recibir a Bella, esperando transmitir el lenguaje corporal de un novio humano de verdad. —¿Necesitabas más tiempo...?

—No, estoy lista —dijo, agarrando una mochila de su cama—. Um... te veo mañana, Ang.

—OK —Ángela sonrió, divertida por la avidez de Bella. Nunca había visto a Bella tan aturdida antes; me sentí un poco engreído. —Diviértanse—. Su voz estaba tan pesada con implicaciones que no necesité escuchar los pensamientos que la acompañaban.

—Muy bien—. Tomé la bolsa de Bella, temiendo que estuviera tan pesada como era usual, pero estaba significativamente más ligera. —Fue un placer hablar contigo, Ángela

—Igualmente —dijo, agitando su mano.

BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF

—Tienes un sitio grandioso —dijo Bella, volteando su cabeza alrededor para absorber enteramente la sala.

—Gracias —murmuré, observándola vagar hacia el piano. Sus dedos revolotearon sobre las teclas.

—¿Tocarías para mí? —preguntó, mirándome con ojos esperanzados.

—¿Algo en particular que quieras escuchar? —pregunté, dando largos pasos hacia la banca. Se sentó ahí junto a mí, entusiasmada como una niña.

—No, toca lo que sea que gustes.

Su corazón golpeteaba de emoción y mis dedos establecieron automáticamente un tiempo equivalente con una de las canciones que había escrito recientemente. Era una pieza sensual, llena de la necesidad física que sentía, llena de mis frustraciones, derivando finalmente hacia la satisfacción al llegar al cierre. Volví a ver para encontrar a Bella viéndome con una expresión insondable.

—¿Qué era esa pieza?

—Yo la escribí —le dije, quitando mis manos de las teclas—. No tiene título.

—Es bella —dijo, pasando melancólicamente sus dedos por las teclas—. O tal vez bella es una palabra incorrecta. Pero pensé que la debías haber escrito. Sonó... como tú.

—¿Sí?

—Bueno, sonó... no sé si sonó como tú, exactamente, pero sonó como nosotros.

Asentí, tal vez en acuerdo o tal vez en reconocimiento. —¿Debería empezar a enseñarte ahora?

Mordió su labio. —Sólo si tú quieres.

Me encogí de hombros y me puse detrás de ella, poniendo mis manos sobre las suyas. —Empiezas aquí— dije, guiando sus manos a la posición correcta. —Esta —presioné un dedo—, es Do mayor. Muy importante. La próxima es Re, luego Mi —continué, guiándola a través de la escala—. ¿Ves la teclas negras? Esos son tus semitonos. Sostenidos y Bemoles. Hay solo medio tono entre Si y Do y Mi y Fa, así que no hay ninguna entre esas teclas.

—OK, —murmuró. Su pulso estaba acelerado—. ¿Así que va de La a Sol y empieza de nuevo, ¿no?

—Correcto—. La guié por la escala de Do mayor una vez más. —Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, Do —dije con cada nota—. Si empiezas en una nota diferente, como... Fa, por ejemplo, tienes que ajustarte a los semitonos. Así que sería, Fa, Sol, La, Si-bemol, Do, Re, Mi, Fa.

—¿Edward? —su voz se entrecortó. ¿La había lastimado accidentalmente?

—¿Qué pasa?

—Yo...uh... creo que tuve suficiente aprendizaje por una noche.

Me retiré, preguntándome que podría haber hecho para causar un problema. Cuando se volteó para mirarme, sus ojos enviaron una descarga directo a mí.

—¿Quieres... um... quieres mostrarme la habitación ahora? —preguntó.

Sonreí ante su intento de atrevimiento y tomé su mano. —Eso puede, definitivamente, ser arreglado —dije, guiándola hacia el pasillo—. El baño está ahí —señalé mientras pasábamos—, y aquí es mi habitación.

Entré primero y encendí la innecesaria —para mí, al menos— lámpara de la mesa de noche. Cuando me volteé, estaba cerrando al puerta tras ella, sosteniendo su labio inferior entre sus dientes.

—Esto es realmente muy agradable —exhaló, sus ojos pasando sobre los muebles de madera oscura y la gran cama.

—Es más agradable contigo en él —respondí, imaginándola ya desnuda, extendida sobre mis sábanas.

Se sonrojó y se acercó un paso. —Gracias. Por invitarme, me refiero.

—Desde luego —murmuré. Parecía estar viendo algún profundo significado en visitar mi apartamento que en apariencia yo me estaba perdiendo.

Dio otro paso y me moví para encontrarla en medio camino. Se empinó sobre sus dedos para poner sus labios en los míos. Cedí inmediatamente a sus calientes y urgidos labios mientras se arrastraban sobre los míos. El roce de su lengua contra mi boca era la cosa más suave que jamás había sentido y me excitó más de lo que querría admitir.

—Me siento un poco nerviosa —murmuró, mientras se retiraba.

—¿Por qué?—pregunté, distraído. Había encontrado una franja de piel entre su camisa de algodón y sus jeans. Se estremeció ante la caricia de mis dedos.

—Bueno, las otras veces que hemos... hemos... —se esforzaba por sacar las palabras— tenido sexo, ha sido como en el calor del momento y ahora...

—¿El momento no es tan caliente? —me reí entre dientes, viendo sus mejillas ruborizarse.

—No, no quise decir...

Puse un dedo sobre sus labios, silenciándola. —No hay nada de qué estar nerviosa.

Sonrió tentativamente. —Yo sólo... quiero ser suficientemente buena para ti.

Fruncí el ceño, bajé la mano que tenía en sus labios hacia su cadera. —¿Qué te hace pensar que no lo eres?

Se encogió de hombros y jugueteó con mi camisa, sus ojos trabados en sus dedos. —Es que soy tan simple y aburrida y tú... no.

—¿Qué ves cuando me miras? —pregunté en voz alta, deseando poder verlo por mí mismo. Sabía que las mujeres, y ocasionalmente los hombres, me encontraban atractivo. Eso era dado por hecho para los vampiros. Juzgando por lo que Bella le había dicho a su compañera de cuarto, sin embargo, ella miraba algo diferente, algo más.

Toda su cara se enrojeció. —Bueno, eres bellísimo, desde luego, y eres inteligente y amable y considerado y encantador... y podrías tener a quien quisieras. Así que no tengo ni idea de qué estas haciendo conmigo.

Amable y considerado, ¿yo? Estaba tragándose la mentira, anzuelo, linea y plomo. Eso debió tranquilizarme, pero en su lugar me dejó sintiéndome extrañamente vacío. Tal vez sólo estaba sediento.

—No tienes ni idea de cómo los hombres te perciben, ¿verdad? —dije, decidiéndome a desviar la conversación lejos de mí.

Se rió sin humor. —Correcto. A pesar de todas las apariencias, los hombres milagrosamente ven a una rubia bustuda cuando me ven.

Me reí entre dientes y la volteé frente al espejo de cuerpo entero que el anterior inquilino del apartamento dejara en la puerta del closet. —¿Te muestro?

Sus ojos, abiertos de par en par, encontraron los míos en nuestro reflejo. —Um.. ¿si quieres? —dijo, vacilante.

Me reí de su incertidumbre. —Muy bien. Trabajemos de arriba hacia abajo, ¿sí? —dejé su caer cabello entre mis dedos, levantándolo para que pudiera verlo en el espejo—. Es un mito, sabes, que los hombres prefieran a las rubias. Tienen un cabello oscuro tan adorable, con tantos colores en él —murmuré, viendo la colección de cafés, morados y rojos que los ojos mortales fácilmente pasarían por alto.

Ya se estaba ruborizando cuando llevé mis dedos a su mejilla, rozando el dorso de ellos sobre su piel. —Y quizá la piel bronceada esté de moda ahora, pero la tuya es bella. Como porcelana y tan suave.

Su piel se llenó de tibieza mientras se sonrojaba y dejé caer mi mano lejos de la tentación. En su lugar, fui a mi próximo paso, levantando su camisa sobre su cabeza para revelar su pecho cubierto por su brasier. Mis ojos se detuvieron ahí, quietos de sorpresa. Era el brasier de encajes que había atisbado el miércoles, pero ahora podía ver todos los detalles, el suave color lavanda contrastando con su piel, el delicado diseño permitiendo ver aun más de su tentadora piel.

—¿Esto es nuevo? —pregunté, sabiendo que no lo había visto en su gaveta de ropa interior. ¿Tenía calzones que combinaban? No podía esperar a descubrirlo.

Desvió la mirada, evitando mis ojos en el espejo. —Ángela quería comprar algo para Ben, así que fui con ella...

—Mmm, es deleitable en ti —murmuré, recorriendo con mis manos por la leve curva de su estómago para agarrar sus senos; inhaló rápidamente.

—Dijiste algo sobre rubias bustudas antes, ¿creo? Bueno, he escuchado decir que más de un puñado es desperdicio, y me inclino a estar de acuerdo—. Apreté ligeramente para enfatizar mi punto. Amaba el almohadillado peso en mis manos.

Bajó la mirada, lejos de nuestro reflejo una vez más. —Tus manos podrían sostener un poco más —balbuceó, claramente avergonzada. Acaricié sus endurecidos pezones para distraerla de sus pensamientos auto-despreciables.

—No querría sobre-cargarme. Además, es la calidad lo que importa, no la cantidad. Y los tuyos —deslicé mi mano alrededor para destrabar el cierre de sus brasier—, son perfectos —concluí, dejando caer al piso la prenda de encajes.

En su reflejo, pude ver muchas cosas a la vez, el rosado rubor, sus ojos entrecerrados en creciente excitación, el sube y baja de su pecho con cada pesada respiración, y sus rosados pezones endureciéndose con el aire frío. No puede resistir tomar los perfectamente redondos montículos en mi mano y rozar con mis pulgares sus picos. Se mordió el labio para reprimir un gemido gatuno, un sonido hermoso, pero mejor aun fue el flujo de su excitación que pude oler de entre sus piernas. Gruñí, incapaz de detener el sonido. Qué humana tan pervertida me había encontrado, tan excitada por la visión mía tocándola. Oh, las cosas que le haría...

—¿Me crees ya? —pregunté, sorprendido por la tensión en mi voz; nunca la había deseado tanto antes—, ¿o necesito seguir convenciéndote?

—Pienso que necesitas continuar convenciéndome—. Su voz se entrecortaba y su corazón martilleaba. No creía que le importara si apresuraba las cosas un poco.

—Muy bien —murmuré bruscamente, deslizando una mano por su estómago hacia su cintura—. Amo tus amplias caderas —dije, contra el caracol de su oreja, empujando mi cuerpo contra el suyo—. Me hacen querer agarrarte y cogerte hasta que pierdas el sentido.

Sus ojos se abrieron de conmoción, desacostumbrada a escuchar tales cosas, pero le gustó, estaba seguro. Mis dedos se deslizaron hacia el botón de sus jeans abriéndolo fácilmente. El sonido del ziper deslizándose hacia abajo se mezclaba con su agitada respiración en una armonía erótica. Necesitaba llevarla a la cama, pronto.

Bella se apoyó en mí, sus piernas temblaron mientras le bajaba los jeans por las caderas. Cayeron en un montoncito alrededor de sus pies, me arrodillé detrás de ella para ayudarla a quitarse los zapatos y pararse fuera de los jeans.

En el camino hacia arriba, recorrí con mis manos por sus temblorosas piernas, trazando las sensibles partes detrás de sus rodillas y en el interior de sus muslos. La piel era tan suave ahí, hecha para acariciarse.

—Tus piernas se sienten fantásticas enrolladas al mi rededor —susurré en su oído cuando estuve de pie. Mis manos descansaban en lo alto de sus muslos, a menos de una pulgada de su sexo cubierto de encaje. Y los calzones combinaban.

—¿Quieres saber mi parte favorita? —pregunté, aunque no estaba esperando una respuesta. Se estremeció, y deslicé mi mano dentro de su calzón, acariciando con mi índice a lo largo de su liso y caliente centro. Sus caderas dieron un delicioso tirón cuando rocé su clítoris.

—Quiero saborearte —gruñí en su cabello, sin estar exactamente seguro de en qué sentido decía estas palabras—. Sabes diferente a cualquier cosa en el mundo... tan bien. Dios, estás mojada. Puedo olerlo.

—Edward —lloriqueó, restregándose contra mi mano—. Te creo ahora.

—Bien —exhalé, bajando su calzón en el instante siguiente—. Súbete a la cama.

Sus ojos se abrieron de par en par ante el brusco comando, pero fue. La observé subirse en el alto colchón mientras me quitaba mi ropa. Sus movimientos hacían rebotar sus pechos y a su trasero mecerse atractivamente para mí, y el furioso rubor desde su frente hasta su pecho sugería que no tenía ni idea.

Cuando mi ropa estuvo en una pila junto a la de ella, me acerqué a la cama. Bella se sentaba ahí con las piernas bajo las cobijas y sus brazos cruzados sobre su pecho y me miraba con ojos grandes. Su lengua salió para mojar sus secos labios.

—¿Y ahora estamos tímidos? —pregunté, deslizándome junto a ella bajo las sábanas—. Pensé que dijiste que me creías ahora.

Bajó sus brazos incómoda, desnudando sus pechos una vez más. —Esto es nuevo para mí, eso es todo.

—Vamos a remediar eso —dije, mientras la empujaba suavemente sobre su espalda—. Si de mi dependiera, nunca te pondrías ropa.

Se rió trémulamente mientras me movía hacia ella. —Pienso que eso causaría un buen alboroto en el campus.

Abrí sus piernas y me deslicé entre ellas. —Oh, nunca dejarías mi apartamento.

—Eso es un poco espeluznante, —bromeó, provocativa—. No me vas a poner un collar y convertirme en tu esclava sexual, ¿verdad?

—La idea tiene mérito, pero no, no estaba planeando eso—. Dejé que la cabeza de mi pene rozara su entrada y vi sus ojos revolotear. —Básicamente, sólo quiero tenerte toda para mí—. Y me introduje en ella, arrancando un gemido de sus labios.

—Eso puede ser arreglado —jadeó, súbitamente aferrándose a mis hombros. Tibias piernas se entrelazaron alrededor de mis caderas y yo rápidamente establecí un ritmo. Ya había tenido suficiente plática esta noche.

Por suerte, Bella estaba en completo acuerdo.

BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF BF

Continuará.

N/T: De nuevo me disculpo por el retraso. La Semana Santa se me cruzó en el camino, lo que significa que mis hijos y esposo estaban de vacaciones. Además actualizaron muchas de las historias que estoy leyendo —que son como 25— y debo aclarar en este instante que más que escritora y/o traductora, soy una lectora empedernida... Es algo compulsivo para mí. Espero que sean almas pacientes y caritativas y me perdonen mis tendencias obsesivo-compulsivas (que se concentran básicamente en leer) y no me abandonen o más bien a Bonne Foi...

Ayer Amethyst subió el capítulo 28 de Bonne Foi y déjenme que les diga que esta historia se pone cada vez mejor.

Por favor, dejen un review!

Gracias a quienes han puesto en su lista de favoritos o de alerta esta historia.

Si no he respondido algún review déjenmelo saber en el siguiente. De verdad intento responder a cada uno.

Gracias, también, a quienes dejan reviews anónimos... no puedo responderlos, pero sepan que los leo todos y que me hacen muy feliz.