Los personajes utilizados en este fanfic son propiedad de Clamp y Ohtaka Shinobu.

Narración.

—Diálogo

—Aclaraciones—.

(Intervenciones en la narración).

"Pensamientos o frases que se dijeron".

Aclaraciones y Advertencias: Los personajes no me pertenecen. OC. OOC. Una historia random con sus debidos momentos serios. (?)

Summary: Kinomoto Sakura, como muchas chicas de su edad en plena flor de la adolescencia, tenía su propio significado sobre la juventud. Éste no incluía ser transportada a otro mundo con propósito desconocido junto a sus mejores amigos. Menos descubrir que no eran tan ajenos a él como parecía.


Key 5

«Ves cosas y dices, "¿Por qué?" Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, "¿Por qué no?"»


Shaoran tenía poca experiencia con los sueños premonitorios. Su afinidad con la luna lo hizo experimentar visiones eventualmente, pero él seguía sin ser tan talentoso en ese aspecto.

De toda su familia, sus hermanas y su madre eran mejores para lo que involucrase la experiencia extra corporal. Aunque la formación de sus hermanas en el campo mágico era limitada, ellas todavía eran buenas; pero dada su condición de mujeres, las cuatro podían dimitir de los estudios mágicos cuando quisieran. De hecho, tres de ellas se quedaron únicamente con lo que su madre forzó en sus cabezas antes de permitirles abandonar.

Recordar eso lo hacía sentirse frustrado. ¿Por qué? Porque, desafortunadamente, ese talento no se le transmitió plenamente. A él, que no podía abandonar la magia ni sus responsabilidades como heredero. Él, que necesitaba de ese talento y era constantemente criticado por la falta del mismo.

Shaoran era un mago combatiente, un tipo peculiar que reforzó sus carencias con artes marciales. En otras palabras: un As seguro por el cual apostar en una batalla. Pero ello no suponía ningún logro en los tiempos modernos, donde raras veces existían los conflictos en los que ese tipo de habilidad podría ser valorada.

Un descendiente de Clow incapaz de dominar un principio tan sencillo de la magia, no era la gran cosa.

«Tengo altas expectativas sobre ti, no me decepciones» recordaba que su madre le dijo eso pocos días antes de que él partiera a Japón por primera vez. De eso ya casi seis años.

En ese momento, lo único que él tenía en la cabeza de su susceptible psique de diez años era obtener las Cartas Clow por cualquier método, así que no se había percatado de que esas palabras contenían un significado más profundo. Su madre siempre fue una persona muy críptica, por lo que el castaño no la entendía muchas veces a pesar de ser su hijo.

Sin embargo, cuando por azares de la vida Sakura ganó un viaje a Hong Kong, Shaoran empezó a evocar esas palabras ocasionalmente cuando vio la mutación de actitud en su madre. El día que ella conoció a sus amigas, algo cambió en Li Ieran; parecía finalmente haber encontrado la respuesta de una incógnita planteada muchísimo tiempo atrás.

Pero no fue hasta que sus días de Card Captor terminaron que ella finalmente le develó el significado de esas palabras, cuando él por fin logró convencer a los ancianos del Clan de dejarlo regresar a la tierra del sol naciente.

Ieran se inclinó hasta quedar a su altura y lo miró de una forma en la que nunca antes lo había contemplado. Su impositiva y estoica persona siempre la hicieron mantener una distancia entre ella y sus vástagos. Pero en ese momento, ella acarició su mejilla, haciendo que el nerviosismo se esparciera en su hijo; éste no recordaba haber recibido un gesto cariñoso de su parte en mucho tiempo.

«Eres más poderoso de lo que piensas, Shaoran». Esa fue la primera vez que ella lo halagó de tal forma, o que reconoció sus esfuerzos. Para su madre no existía el "es suficiente", por consiguiente no alimentaba el ego ajeno con cumplidos; ella no creía en el límite de una persona, hacerlo sería fomentar la mediocridad y darle excusas para refugiarse cuando estuviera abrumado. Al menos eso es lo que ella explicó tiempo atrás.

Por eso, en ese momento, él se sintió notoriamente feliz.

«Eres mi hijo, eres descendiente del mago Clow… pero también eres diferente a todos nosotros. No eres como tus hermanas, ni como yo. Eres especial». Normalmente, depende de los padres y sus gestos el que un niño interprete la palabra "especial" como algo bueno o malo, pero el rostro de Ieran no dejaba entrever ninguna pista acerca de cómo él debería tomar sus palabras. Así que asintió, intentando no arruinar el momento y atesorar esa emoción que se acumulaba en su pecho, antes de partir.

Shaoran jamás se percató de la preocupación en los ojos de su madre.

Aquella no era su primera experiencia extra corporal, pero sí era la primera en la cual él no tenía ningún tipo de indicio que lo ayudara a ubicarse. ¿Se trataba de una visión del futuro? Era probable, debido a que muchos de los sueños premonitorios eran confusos y mostraban imágenes desconocidas, generalmente de cosas que el espectador se toparía en un futuro cercano. Pero ese pensamiento se sentía incorrecto en su mente, y Li no sabía por qué.

Ante él había una multitud de personas pululando dentro de una amplia habitación, que daba la impresión de ser mitad comedor y mitad sala recreativa. Toda la gente vestía de manera similar, usando ropa en la que predominaban los mismos colores: blanco, rojo y dorado. No reconocía a ninguna de las personas presentes.

No las reconocía, pero una sensación de familiaridad lo invadía al ver sus caras.

―¡Buenos noches mundo, y todos quienes lo habitan!

La atención de varios (él incluido) se dirigió hacia la entrada de marco curvo, por la cual ingresaba el dueño de la voz cantarina. Era una chica que aparentaba aproximadamente quince años de edad; tenía un cabello exótico de color rosado y vestía con los mismos colores que todo el mundo, además de llevar un bastón dorado con una joya incrustada en él.

Por alguna razón, el castaño no pudo despegar su mirada de ella.

Siguiéndola de cerca estaba un hombre alto de piel morena, sus ojos eran dorados y su cabello púrpura. Extrañamente, él y la chica compartían una similitud: dos mechones de pelo a los costados de la cabeza que parecían orejas de gato. Además de que el chico también llevaba un bastón dorado, aunque el suyo parecía un tridente. También vestía de la misma forma que los demás en la habitación.

La chica se aproximó hacia una mesa en particular, donde cinco personas interactuaban a la par que cenaban. Eran dos mujeres y tres hombres. El castaño también notó a un bebé en brazos de una de las féminas, cuando se acercó siguiendo los pasos de la chica de pelo rosa.

―Bienvenidos de vuelta. Luces muy feliz hoy, Sheba. ¿Pasó algo bueno? ―dijo una de las mujeres, la castaña de cabello trenzado en dos largas y voluminosas coletas. Sonreía de forma alegre, con un aura casi maternal a su alrededor.

En respuesta, la joven se sentó junto a ella y tarareó algo que parecía ser una afirmación.

―¿Conociste a un hombre por fin, aru? ―preguntó la mujer pelirroja con tono pícaro mientras se cubría la boca con su mano disponible. En la otra llevaba al bebé, que claramente era su hijo por la similitud en rasgos que compartían.

La joven de cabello rosa se sonrojó furiosamente.

―¡Claro que no, Falan! ―exclamó.

Todos parecieron disfrutar esa reacción, pero no de una manera maliciosa, sino como lo haría una típica familia bulliciosa que adora sacarse de quicio los unos a los otros.

―Está feliz porque Suhan prometió confeccionarle un vestido ―explicó el hombre de tez morena, quien tomó asiento junto a un chico de cabello verde.

―¡Setta! ―amonestó enfurruñada el objetivo de los albures.

―Oh, así que era eso ―canturreó en misterioso entendimiento la mujer de cabello castaño―. Sin embargo, ¿no es algo un poco difícil considerando…?

Sheba le miró ligeramente ofendida.

―Yo he estado practicando mi magia un poco, ¿saben? ―anunció con orgullo, interrumpiendo lo que sea que la otra estuviera por decir.

―¿Hablas de cuando encogiste a Abril? ―inquirió el chico al lado de Setta, poco impresionado. Como si el suceso fuera normal.

―¡Ella pasaba por ahí cuando practicaba! ―se defendió la peli-rosa con evidente vergüenza―. Ejem, pero sí, de eso hablo.

―¿Y funcionó? ―preguntó amablemente el hombre de cabello azul y lentes, al cual el sujeto de cabello verde estaba molestando hasta hace poco.

―¡Sí! ―la sonrisa de Sheba iluminó la sala―. La expresión de Zagan fue bastante entretenida cuando eso pasó.

La mujer castaña empezó a carcajearse descontroladamente, llamando un poco la atención ya que su reacción fue un poco exagerada. Doblada sobre sí misma, no paraba de golpear su puño contra la mesa. Su risa también era bastante potente y extraña.

El resto tenía cara de no entender.

―Arba, ¿por qué te estás riendo?

La mujer, Arba, se limpió una lágrima e hizo un ademán apresurado con una de sus manos.

―¡Lo descubrirás con el tiempo, Sheba! ¡Aún eres muy joven!

Setta estaba por agregar algo a la conversación cuando la vista de Shaoran empezó a oscurecerse.

Confundido y sin respuestas, se desvaneció.

«-kun. Shaoran-kun. Shaoran. ¡Shaoran!»

El rostro preocupado de Sakura fue la primera cosa que vislumbró.

―Gracias a los dioses ―suspiró ella cuando lo observó abrir sus ojos―. Yo estaba muy preocupada por ti, Shaoran.

El castaño no tenía idea de lo que su amiga estaba diciendo. Le dolía la cabeza demasiado como para poder concentrarse y ese recuerdo en su interior lo había perturbado un poco, aunque no más de lo que lo hizo esa extraña visión posterior. ¿Por qué en su inconciencia vio precisamente ese recuerdo? ¿Qué se supone que significaban las palabras de su madre en ésta situación? ¿Y qué demonios con ese sueño y las personas que aparecían en él?

―¿Shaoran?

Sakura volvió a mirarle preocupada al no conseguir una respuesta de su parte. Lentamente su rostro se transformó de una expresión aliviada, a nuevamente en alarma. Sin embargo, antes de que pudiera precipitarse a examinarlo o cuestionar por su salud, Shaoran la detuvo con un ademán.

―Estoy bien ―mintió ligeramente para no preocuparla más, la verdad es que su mente era un caos―. Sólo me duele un poco la cabeza y estoy algo confundido.

Kinomoto asintió, tranquilizándose al escuchar eso.

―Comprendo.

Una vez en calma, la castaña lucía como si tuviera ganas de abrazarlo, pero probablemente se contuvo para no afectarlo más.

Ella extendió su mano para ayudarlo a incorporar. Él no se había percatado de que estaba postrado hasta ese momento, aunque era lógico debido a que no existía otra manera de que Shaoran observara desde abajo a su amiga; siempre había sido ligeramente más alto que Sakura, y en la actualidad ella tenía que elevar un poco el cuello para poder mirarlo a los ojos.

Tomó la mano ajena.

Al colocarse de pie se percató de que ambos estaban dentro de una especie de estanque natural, con un nivel de agua en el que apenas podrían ahogarse si quedaran inconscientes; pero lo que más llamó su atención fue la estrella de ocho puntas encerrada dentro de un círculo, grabada en el suelo de roca.

―Cuando desperté estaba igual que tú ―explicó Sakura, probablemente en referencia al dolor de cabeza y la confusión―. Me asusté, pero ni siquiera me pude dejar llevar por el pánico cuando te vi postrado a unos pocos metros de donde yo estaba. Al parecer llegaste antes que yo por una pequeña fracción de tiempo.

―¿Llegar…?

Antes de que pudiera terminar de hacer una pregunta estúpida, su mente se encargó de recordarle apresuradamente lo que ocurrió en forma de escenas breves: el chico (Aladdín) cortando las cadenas de Morgiana y Kougyoku, su reencuentro con Tomoyo, la posibilidad de cumplir su promesa con los esclavos ayudando a ese sujeto (Alibaba) a conquistar el Calabozo de Amon, el grupo de adolescentes huyendo de los guardias, el reencuentro con Sakura casi finalizando el tramo de las escaleras, la precipitación de todos hacia la entrada del calabozo para poder escapar, y un vasto y extraño mundo con pilares de luz a sus pies.

Un dolor agudo punzó en su sien.

―Estamos dentro de Amon ―dijo, buscando concentrarse en algo aparte.

―Eso parece ―comentó la castaña, con una calma impropia de la chica animada y expresiva que él conocía. Eso sólo podía significar que también tenía cosas en su mente―. ¿Éste es un calabozo, verdad? Leí sobre ellos en algunos rollos que me recomendaron, "Las Aventuras de Sinbad"… aunque ahora deben estar inservibles ―palpó su bolso de cuero estilo marroquí, evidentemente mojado.

―Sí, yo también sé algo sobre ello… aunque probablemente menos que tú, debido a que yo sólo escuché algunos rumores. Lo único que puedo asegurar es que éste es el séptimo dungeon.

―Tomoyo y los demás deben llegar en un lapso indeterminado de tiempo después de nosotros ―Kinomoto sonaba bastante segura al respecto, así que debía ser algo que leyó en los rollos antes mencionados―. Es algo aleatorio, independientemente del orden de entrada.

―Ya veo.

Ambos se dejaron caer recostados contra la pared rocosa de la caverna, echados a un lado del pasadizo que conducía al interior. No seguirían adelante sin los demás.

En silencio, Sakura cayó recostada en el hombro ajeno.

―Los extrañé mucho, Shaoran.

El joven chino casi sonrió escuchando la voz que apenas contenía el llanto. Esa era la Kinomoto Sakura que él conocía: vulnerable, honesta, noble y una gran bebé llorona.

Su mano reposó en la coronilla femenina.

―Nosotros también te extrañamos, Sakura.

―¿Qué fue lo que pasó? ―inquirió ella, lágrimas resbalaban silenciosas por sus mejillas. Él fingió no notarlo. Llorar era lo que su amiga necesitaba para calmarse y enfocar su mente en la situación actual. Una vez Sakura dejaba fluir sus emociones es que salía a relucir lo mejor de sí misma, lo que Shaoran y Tomoyo tanto admiraban de ella: su determinación, su valor y su fuerza.

―Era algo que tenía que pasar ―contestó―. Tu presentimiento era una advertencia, Sakura.

―¿Cómo lo sabes?

Sus ojos esmeraldas suplicaban por una respuesta.

―No lo sé, simplemente estoy sacando deducciones sin tener una base fija. Pero en retrospectiva parece un poco lógico.

Ella se mostró ligeramente insegura.

―Tal vez ―dijo, aceptando reticentemente su explicación al no tener otra cosa que pudiera funcionar―. Sin embargo, siempre son sueños, no emociones ambiguas. ¿Por qué fue diferente ésta vez?

―Eso es lo que me gustaría saber ―suspiró él.

Se quedaron en silencio.

―Uhmn, ¿Shaoran? ―llamó la castaña con algo de duda―. ¿Ya has notado que estamos enormemente limitados para hacer magia, verdad?

Eso lo tomó por sorpresa.

―Por la forma en que cambió tu expresión, supongo que no has tenido la oportunidad de intentarlo ―rió suavemente, secándose las lágrimas―. Yo traté usar mis poderes en diferentes ocasiones, pero no pude hacer ni siquiera el más simple de los hechizos. Nada más liberar mi báculo me cansa demasiado.

Estaba de más decir que el descubrimiento de Kinomoto era genuinamente importante. Sin magia, ellos estaban aún más restringidos en opciones de supervivencia. Shaoran tenía sus conocimientos de artes marciales y esgrima, pero las chicas estaban totalmente indefensas; Sakura era atlética, pero no podía luchar sin sus cartas; Tomoyo tenía un montón de conocimientos e ideas que siempre eran de ayuda, pero no sabían nada de éste nuevo mundo y por lo tanto su potencial era reducido. Siendo así, era una suerte que los tres se hubiesen reunido ilesos en Qishan.

Demasiada suerte, en realidad.

―¿El viaje afectó nuestros poderes? ―no le gustaba lo que estaba sugiriendo, pero no podía hacer la vista gorda de ello.

―Eso es lo interesante… ―dijo Sakura―. Mis poderes en realidad han aumentado.

Los ojos marrones se entrecerraron.

―Por favor, explícate.

―Ni siquiera yo misma acabo de entenderlo ―aún así, la de ojos esmeralda intentó expresarse lo mejor que pudo―. A pesar de que liberar la llave me cansa tanto, las cartas y yo estamos llenas de energía. Mis poderes están en su cénit, pero no puedo usarlos cuando lo desee. Creo que tiene que ver con estas pequeñas aves doradas que siempre revolotean alrededor.

Li parpadeó. Él no le había dicho a nadie sobre esas aves, las cuales veía prácticamente en todas partes, pero sobre todo alrededor de las personas. Eso fue porque se dio cuenta de que en realidad nadie aparte de él podía divisarlas, o eso es lo que Shaoran pensaba hasta ahora.

Los pájaros luminosos eran la única fuente de luz en aquella oscura cueva, revoloteaban místicamente sobre el aire y el agua, como si danzaran. Su amiga estiró su mano y una de las aves se posó sobre el índice extendido. Ella miró fijamente el brillo dorado de eso, y sonrió, agitando a las demás a su alrededor.

Shaoran se dio cuenta de que había más aves en torno a Sakura que de sí mismo.

―¿También puedes verlas? ―preguntó con un obvio retraso y descoordinación entre sus pensamientos y el sentido de la vista. Para cuando se dio cuenta de que hizo una pregunta idiota, ya era tarde para enmendarlo.

Kinomoto contestó de todas formas, con la amabilidad que la caracterizaba:

―Sí. Recuerdo que, por alguna razón, se agitaban cada vez que intentaba usar mis poderes. Y no sólo yo soy capaz de verlas, Aladdín también ―le informó―. Estas cosas, sean lo que sean, no parecen ser dañinas. Pero si yo pudiera indagar más al respecto…

―Tal vez un mago de éste mundo podría ayudarnos ―sugirió.

―Tal vez ―convino ella―. Sin embargo, en las últimas semanas no he conocido a nadie más que pueda ver estas cosas y Aladdín no parece saber lo que son.

―Espera, ¿'últimas semanas'? ―la mirada masculina se agudizó―. ¿Exactamente cuánto tiempo tienes aquí, Sakura?

―Uh… pasado mañana ya sería un mes y medio desde que desperté en éste mundo.

El semblante del castaño se tornó grave.

―Yo solamente tengo tres semanas.

Eso significaba que ambos habían llegado a éste mundo con una considerable diferencia de tiempo, a pesar de que desaparecieron el mismo día.

Sakura lo observó, ligeramente aturdida.

―¿Cómo…?

―No sólo eso ―la interrumpió antes de que ella planteara cosas que él también quería saber, pero que presentía se quedaría sin respuesta―. En mi primera semana, escuché rumores sobre mí. Decían que llevaba cuatro meses por aquí.

Los ojos esmeraldas se abrieron de par en par.

―¡¿Entonces tienes casi cinco meses en éste mundo?! ¿Cómo es posible?

―No, te equivocas, Sakura ―la corrigió―. Solamente tengo tres semanas aquí desde que desperté. Esos supuestos cuatro meses… fueron antes de que llegara.

―¿Qué…?

Pero ella no fue capaz de terminar su pregunta, ni tampoco tuvo tiempo de ser invadida por el pánico.

En ese momento, una luz dorada sumamente potente los distrajo. La estrella de ocho puntas del estanque brilló, emergiendo una figura conocida de su centro.

Alibaba no dejaba de gritar.

Nada más ingresar a la celda, todo se tornó extraño. Él ni siquiera recordaba haber pasado del marco de la entrada. Lo siguiente que sabía era que una fuerza desconocida estaba arrastrando su cuerpo, y que dicha potencia iba a partirlo en dos.

Sin embargo, la vista a sus pies lo sorprendió más: diversas columnas de luz se movían en torno a un mundo. Y el rubio descubrió con sorpresa que estaba dentro de una de ellas.

«¿Qué significa todo esto?» pensó antes de que su conciencia se desvaneciera.

Alibaba ya no sintió nada. No obstante, algo dentro de él reaccionó ante ese pensamiento. Si estaba pensando significaba que ya estaba consiente otra vez, ¿verdad? Y si podía aseverar que no sentía nada, es porque no estaba haciendo algo que se supone debería hacer por instinto.

No identificó qué hasta que algo dolió en su pecho.

«¡No puedo respirar!»

Su cuerpo se movió hacia adelante ―o lo que él creía era adelante―, de manera brusca.

―¡Fuwaah! ―el adolescente dio una enorme y desesperada bocanada en busca de aire, afortunadamente lo consiguió. Ahora tosía sin control mientras se percataba de que también estaba mojado, pero al menos estaba vivo.

Segundos después es que procesó que pudo morir ahogado.

—¡Woah!

Tan aterrador como ese pensamiento era, no pudo evitar asustarse y reaccionar de manera instintiva. Con lo que no contaba es que al entrar en estado histérico acabaría casi golpeando a alguien, que por suerte retrocedió a tiempo antes de que ambos colisionaran.

—¿Eso fue una especie de venganza por lanzarme sobre ti ayer?

El rubio se sorprendió al ver quien era.

—¿Tomoyo?

Ella le sonrió.

—¡Finalmente despiertas, Alibaba! ―su voz irradiaba alegría genuina de verlo, como si se le hubiera olvidado que segundos atrás él estuvo a punto de llevársela por delante―. Estaba bastante preocupada porque todavía no aparecías ―dicho esto lo ayudó a terminar incorporarse.

Alibaba solamente pudo dejarse hacer, aturdido.

—¿"Todavía…"?

―Sí, todos llegamos en intervalos diferentes ―le explicó―. Primero Shaoran, después Sakura, luego yo. Aladdín-kun y Kougyoku-chan llegaron casi en el mismo momento. Tú tardaste un poco más. ¿Lo ves? Mis ropas ya están secas.

Ella tenía razón, su sari se encontraba completamente seco. A diferencia de él y su equipaje que se escurrían como si acabaran de salir de un tifón.

—I-increíble.

En ese momento, unos pequeños pasos resonaron en la cueva. Ambos jóvenes levantaron la vista, topándose con un animado Aladdín que iba a su encuentro mientras agitaba efusivamente su mano, saludando.

―¡Al fin llegaste, Alibaba-kun!

Alibaba volvió a toser.

―No lo hagas sonar como si estuviera retrasado.

El joven de trenza parpadeó inocentemente.

―Pero estás retrasado.

Tomoyo se rió discretamente antes de intervenir:

―Bueno, ¿qué les parece si nos reunimos con los demás?

―¡Sí! ―apoyó inmediatamente Aladdín, lleno de energía―. ¡Tienes que conocer a Sakura-nee-san, Alibaba-kun!

El rubio apenas y pudo decir nada cuando el chico lo tomó del brazo, arrastrándolo hacia el interior del dungeon. Alibaba no pudo evitar sorprenderse por el cielo negro y lo roja que era la tierra, era una diferencia aplastante con el exterior. Sin embargo, lo que más lo impresionó fue lo que encontraron al final del pasillo rocoso: las paredes brillaban, había flores que nunca antes había visto, un paisaje completamente desconocido.

La emoción lo invadió.

―¡No puedo creer que al fin estemos aquí!

―Eso debería decir yo ―respingó alguien a su izquierda. Era Shaoran, quien se veía notablemente irritado―. No puedo creer que al fin estés aquí.

―No le prestes atención, Alibaba ―le dijo Tomoyo, sin inmutarse ante el aura ligeramente hostil que emanaba su amigo―. No es alguien que esté acostumbrado a esperar demasiado tiempo en estas situaciones.

«¿Estas situaciones?» Alibaba no perdió el detalle de lo que sugerían sus últimas palabras.

Por un segundo, él se dejó invadir por el pensamiento de que ellos ya tenían experiencia con calabozos; no obstante, desechó la idea rápidamente, ya que de ser así se habrían encaminado hacia Amon desde el principio y la celda habría desaparecido antes de que el rubio tuviera la oportunidad de ingresar en ella. Y Tomoyo realmente no sabía nada de los calabozos cuando se conocieron, recordó. Ella tenía amnesia.

«Entonces, ¿a qué se refiere?» pensó.

Antes de poder continuar reflexionando, alguien se colocó frente a él. Alibaba inmediatamente se distrajo por dos razones: 1) la sorpresa de ser abordado repentinamente por alguien, 2) la persona en cuestión era una chica bastante linda.

—Sé que no es el momento más apropiado, pero mucho gusto ―dijo ella―. Mi nombre es Sakura y soy amiga de Tomoyo y Shaoran. Yo estaba viajando con Aladdín hasta que se coló en una caravana que tenía Qishan como destino. Ya me ha contado lo que hiciste por él, ¡te lo agradezco mucho!

Si Tomoyo, Kougyoku y Morgiana le habían parecido lindas, Sakura era como tener a las tres juntas: irradiaba gracia femenina, pureza y al mismo tiempo era tan adorable que apenas podía contener las ganas de decirlo en voz alta. Su corto cabello castaño tenía un brillo rojizo, resaltando sus exóticos ojos verdes. Su piel no era pálida, pero sí blanca y se veía suave (al igual que la de Tomoyo, parecía sospechosamente bien cuidada).

Pero lo más impresionante de ella era su sonrisa, que irradiaba más luz que las paredes rocosas y también le daba la extraña sensación de parecerle familiar. ¿Tal vez le recordaba la sonrisa de su madre? No, de ser así inmediatamente la habría asociado con ella.

Notó que Sakura esperaba una respuesta.

—Em… soy Alibaba ―sí, eso fue lo más inteligente que se le ocurrió decir.

Tomoyo rió, mirándolo con ojos amables. Como si la estupidez de Alibaba fuera algo normal.

El resto la observó confundido, salvo Shaoran, que puso los ojos en blanco y murmuró algo que sonaba como «¿Por qué no me sorprende?» Pero él no parecía molesto, sino extrañamente comprensivo.

Antes de que pudiera preguntar, Sakura se encogió de hombros y retomó la palabra:

—Es un placer conocerte, Alibaba. Debes ser muy especial si Tomoyo ha llegado a tutearte en tan corto tiempo. Espero seamos buenos amigos.

Él simplemente atinó a sonreír con torpeza.

—Igualmente.

—Si ya terminaron ―dijo el joven chino, atrayendo la atención de todos―. Ahora es el momento de decidir cuál de todos estas entradas vamos a tomar.

Tenían un montón de caminos por delante, pero sólo uno los llevaría hacia la sala del tesoro.


Continuará


Nota de la Autora:

¡Al fin tengo Office! Tuve que esperar media semana, pero por lo menos la nueva computadora ya tiene antivirus y los programas básicos. xD

Si bien la actualización no parece gran cosa, he de aclarar a que la falta de acción se debe a que el capítulo estaba enfocado principalmente en Shaoran. A medida que la historia avance, los personajes irán descubriendo cosas acerca de su situación actual (algo que ha ido sucediendo desde el capítulo tres, si se han dado cuenta) pero no tendrán tiempo de ponerse a hablar a menudo. En esta ocasión simplemente me aproveché del vacío temporal para darles ese tiempo.

Si me preguntan por qué me enfoqué en Shaoran, como he dicho en el capítulo anterior, a veces unos tendrán más protagonismos que otros. Shaoran será el primero en brillar del Equipo Card Captor, debido a que tiene algo que hacer en el Arco de Amon. No daré más detalles.

Y seguimos sin sugerencias para el crack ship. Bueno, eso no me detendrá ¡Hierba mala nunca muere! (Y no lo digo sólo por Gyokuen (?)

No tengo nada más que decir por ahora. So, se aceptan dudas, preguntas, críticas constructivas, teorías conspirativas y comentarios.

Nos vemos.