Pues bien, que me he tardado mucho en traer el siguiente capítulo de esta historia, me tomó un poco el decidirme a seguir con esta publicación, porque no tiene seguidores, pero… en aras de que permanezca y se gane a alguien alguna vez, subo el siguiente… lo dicho, la historia está basada en el fic/anime de las CLAMP X/1999, con personajes de HP de la autoría de JK Rowling…
Espero que les guste
Reía entusiasmada con una paleta de caramelo macizo en la boca, el conejo estaba sentado en sus piernas rascándose la oreja con una de sus patas traseras; Ron estaba concentrado en mirarle los dedos a Hermione, que por alguna rara razón, no podía dejar de verlo, como si estuviera intentando memorizarlo; Harry subía los escalones de dos en dos, saludando a uno y otro lado a la gente que lo llamaba, Neville le gritó que se diera prisa porque los jugadores habían salido al campo. Luna se volvió a mirar al conejo cuando lo sintió erguirse en su regazo, al verlo frunció el ceño intrigada, el conejo estaba tieso mirando al campo con las orejas levantadas y su naricita temblando como si viera algo horrible; Hermione, que también había notado el movimiento del animal, siguió con su mirada lo que él enfocaba y sorprendida, vio ese diminuto punto negro rodando por el campo, hasta quedar en el centro; Ron alzó los ojos y sin querer dio con su familia que estaba del otro lado, en las gradas mirando también, cuando se volvió al campo a mirar lo que Hermione veía, sintió algo muy parecido a un piquete en la frente, como si algo se le hubiera clavado ahí con mucha presión.
-¡Ah! -Gritó llevándose las manos a la frente y cerrando los ojos con dolor, Hermione lo tomó con fuerza e intentó ayudarlo.
-Ron, ¿qué tienes? -Preguntó desconcertada, al tiempo que la esfera en el campo, emitía el mismo ruido de una ola que se estrella contra la roca virgen.
Harry escuchó aquello como si se tratara de una explosión y se volvió todavía sin haber llegado a su lugar, al ver aquél punto negro en el suelo y a Ginny tan cerca, en lo único en que pensó fue en sacar la varita, pero la columna de luz que emanó de pronto no lo dejó siquiera actuar; Neville tenía la boca abierta sin poder cerrarla y el conejo daba de saltos intentando llamar la atención. Harry temblaba entero y Ron no dejaba de quejarse del dolor, mientras Neville intentaba acercarse hasta Luna, que había echado a andar hasta la orilla de las gradas; todo lo que Harry y los demás pensaron, no sirvió de nada, porque Luna lo expresó en una simple y llana palabra:
-Cielos.
Sacó lentamente las gafas oscuras del bolsillo de su túnica, se las puso enfocando sus ojos en Weasley que daba un primer recorrido en escoba, como analizando el campo; alcanzó a ver a Spinnet que saludaba a algunas personas en las gradas, sonrió de lado intrigado por la apariencia de algunos conocidos entre el público, Pansy sobretodo, que parecía renuente a darle importancia a las palabras que Flint le dedicaba con empeño; volvió la cara al cielo y notó que el sol estaba alto y muy brillante, aunque no hacía calor, inquieto por esa particularidad, escuchó ese sonido y asustado volvió la cara al campo. Cuando enfocó sus ojos en los jugadores, estos intentaban huir de lo que fuera que estaba pasando; una columna de luz, casi tan intensa como el sol mismo emanaba de un punto negro en medio del campo y la gritería que se había desatado anunciaba que muy a su pesar, el partido iba a ser cancelado.
La gente a su alrededor empezó a correr atemorizada, él se puso de pie sin saber hacia dónde ir y al mismo tiempo, sin apartar sus ojos de Ginny, que sobrevolaba el campo mirando la luz, como si no pudiera ella misma salir corriendo; pensó en salir también de ahí, pero entonces recordó que Granger estaría también en ese sitio y decidió ver cómo actuarían ante semejante suceso los aurores; no habían pasado ni dos minutos cuando la esfera de la que brotaba todo el ruido y la luminosidad, dejó escapar una enorme línea de luz negra, que impactó las gradas del otro lado del campo.
Draco se había venido al suelo para cubrirse, los restos de gradas y los gritos de los espectadores eran igual de horribles que estar viendo una masacre; desconcertado quiso saber por qué pasaba todo aquello y cuando saltó de su asiento para alejarse del campo e ir hasta los asientos más elevados, una nube blanca lo envolvió entero, una nube que lo asfixiaba y sólo pudo pensar en escapar, en salir corriendo para salvar su vida.
El fuego consumía las gradas y ella sólo pensaba en llegar hasta Oliver y Katie, quienes a su salida al campo le habían hecho señas de apoyo y felicitación; montada en su escoba logró llegar al sitio donde los había visto y desesperada empezó a buscar, sin resultado, porque la gente se movía igual que las hormigas que escapan de la destrucción de su hogar; entonces sintió aquella enorme energía golpearla por la espalda, casi cae de la escoba y colgando de ella, sujeta sólo con una mano, luchó por volver a montarla y vio cómo todos los asientos a pocos metros se venían abajo, con espectadores y todo. Era como ver el derrumbe de un edificio plagado de niños que lloran y claman ayuda; la gritería y el llanto no la dejaban pensar, temblorosa y asustada, sin saber qué más hacer, Alicia Spinnet se lanzó en la búsqueda de esos dos y cuando al fin pudo verlos, casi se le sale el corazón por la boca.
-¡Auxilio!... ¡Ayúdenme! -Gritaba Oliver desconsolado, llevando casi a cuestas el cuerpo inconsciente de Katie, que no parecía sino una muerta arrastrada por la corriente de gente, gente que escapaba pisándose entre ellos, gente que no podía desaparecerse porque el estadio lo impedía, porque así eran las reglas de seguridad en los campos de Quidditch: nadie entra y nadie sale una vez que han salido los jugadores al campo.
-¡Oliver! -Alicia llegó hasta él y haciendo esfuerzos sobrehumanos lo tomó de la mano e intentó subirlos a los dos un poco, para llevarlos lo más lejos posible de las llamas, que ya se acercaban como una marea incontenible. -¡Sujétate!
-¡No vas a poder sacarnos! -Oliver no hacía sino mirar a Katie, que parecía no respirar. -¡Katie, Katie, despierta!... ¡Alicia, Katie se está muriendo!
-¡Vamos Oliver, sujétate! -Alicia alzó el mango de la escoba lo más que pudo, mientras él se sujetaba de ella con una mano y con la otra luchaba por no soltar el cuerpo de su mujer; pero el peso era demasiado y no habían avanzado ni veinte metros, cuando la escoba se hizo añicos y los dejó caer a toda velocidad contra el césped del campo, Oliver apenas pudo lanzar un hechizo que amortiguara un poco la caída de su esposa; en el césped seco y casi muerto ya, donde cayeron los tres pesadamente, donde Oliver escuchó el ruido del cuerpo de Katie al tocar el piso, desconsolado, hizo lo único que le vino a la mente: llorar. -¿Oliver? -Alicia con la cabeza abierta y sangrante lo buscó entre el humo y el ruido, podía escucharlo gemir de dolor y pena, pero no podía verlo porque la sangre le empapaba los parpados; quiso ponerse de pie, pero la pierna derecha estaba rota y la hizo irse de boca al suelo con un grito desconsolado; abrió los ojos sofocada por el dolor y entonces vio esa nube blanca, como el algodón mismo, envolviéndola.
-¡Alicia! -Gritó él una vez que pudo sujetar a su mujer y darse cuenta de que estaba en trabajo de parto e iba a tener que llevarla a un sitio donde se pudiera recibir al bebé o provocar el nacimiento del todo ahí mismo, para que no se le fueran a morir en medio de tanto caos; quería que ella lo ayudara y cuando volvió a gritar para buscarla, la boca se le llenó de esa neblina blanca, haciendo que no pudiera respirar. -Ali…
Alzó el cuerpo quitándose lo que la aplastaba, dando gemidos doloridos y tratando de no ver a la derecha, donde el niño pequeño de al lado había vuelto el estómago de miedo; no podía oír, se había quedado sorda por la explosión y desesperada intentaba enfocar algo, lo que fuera. A pocos metros distinguió a un hombre que trataba de sacar su pierna de debajo de una mole de madera, más allá una mujer yacía con el vientre abierto, como si fuera una manzana partida por mitad; no pudo evitar que se le revolviera el estómago y volvió la cara buscando a su acompañante, con la esperanza de que la sacara de ahí; entonces notó que lo que había tenido encima, era precisamente él.
-Marcus, Marcus, vamos… hay que salir de aquí. -Lo tomó por el hombro y le dio la vuelta para mirarle el rostro. -Mierda. -Se le vino el vómito sin poder contenerlo, Marcus estaba muerto, con la cabeza atravesada por un trozo de madera del tamaño de su mano; con el cuerpo temblándole igual que una maldita telaraña al viento, se puso de pie y quiso echar a correr, tambaleante miró al centro del campo y vio la columna de luz, que ahora provocaba un remolino de nubes negras en lo alto del cielo; no pudo evitar dar dos pasos atrás y tropezar con el niño, que lloraba desconsolado aferrado a la mano de un hombre que definitivamente, ya no podría salvarlo.
Estaba horrorizada, las nubes dejaban salir relámpagos tan vivos y fuertes que partían el piso donde azotaban y la gente no podía salir del estadio porque por un lado los rayos partían las escaleras y por el otro, las llamas lo devoraban todo; impregnada por un miedo sobrehumano sintió una rara tibieza bajándole por las piernas y supo que se había orinado, miró a uno y otro lado y notó que ya nadie se ocuparía de ayudarla; escuchó otra vez al niño llorar y sin saber qué más hacer, le tendió los brazos, lo apretó contra su pecho, más en un afán de no huir sola que de salvarlo y se puso de pie.
De un salto bajó al siguiente nivel de asientos, pensando que por ahí podría escapar, se unió a la gente que corría y trató en vano de calmar al niño, que se aferraba a sus pechos casi como si quisiera desgarrarle la piel; siguió corriendo hasta que se unió a la multitud y sin saber cómo, chocó contra dos enormes hombres que obstruían el paso; la gente se aglomeraba en una de las salidas. El impacto fue tan duro que perdió el sentido de orientación y cayó sentada al piso, confundida no supo en qué momento alguien le arrancó al niño, que dio de gritos como si lo hubieran alejado de su madre, algo en el pecho se le arrugó igual que un acordeón y pensó lo absurdo que era su cuerpo, que sin haber parido, clamaba un hijo ajeno.
Desconcertada se apoyó en su mano, húmeda de vómito, para levantarse y mientras lo hacía, una avalancha humana la golpeó de lleno, dejándola tirada como a un perro, pisoteada y maltrecha; en el suelo, mirando sólo pies y rodillas, Pansy Parkinson pudo ver ese humo blanco que se le acercaba, cerró los ojos implorando que no fuera la muerte, porque su corazón seguía tan virgen como el de una niña.
-¡Ginny! -Gritó llamándola, pero ella no se volvía, seguía mirando fijamente la luz, como si no pudiera quitarle los ojos de encima a esa enorme destrucción que se desencadenaba a su alrededor. -¡Ginny! -Volvió a gritar ahora dispuesto a saltar para ir por ella.
-Ron… Ron por favor contéstame. -Hermione tenía su propia batalla intentando hacer a Ron salir del trance en que el dolor lo tenía sometido; Neville había logrado llegar hasta Luna y tomándola por la cintura, volvía hasta la castaña para tratar de salir.
-Tenemos que salir de aquí, tenemos que escapar… -Neville abrazaba a Luna, que por raro que pareciera, no dejaba de mirar hacia Ginny igual que Harry; el conejo saltó hasta la espalda de Ron y olfateándolo, dejó más asustada a la castaña cuando salió huyendo del pelirrojo. -… vamos, intenta levantarlo.
-Ron, ¿Me escuchas? -Hermione se inclinó para verle la cara al chico y al hacerlo, notó una rara marca en su frente, como si de verdad algo lo hubiera golpeado.
-Corre. -Exclamó Ron ahogado y Neville vio cómo Harry corría hasta el campo, empujando gente y esquivando golpes para llegar a Ginny.
-¿Qué? -Preguntó Hermione, Ron tenía los ojos nublados de llanto por el dolor, clavados en algo que subía lentamente por las escaleras y que venía desde el sitio de la esfera y de todo el desastre: una neblina blanca y densa.
-Neville, mira eso. -Luna apuntó hacia ese humo extraño y el chico, sobrecogido por la sensación de que algo no andaba bien, jaló a Ron tomándolo por la cintura y empujando a Luna, que siguiendo al conejo se internó por un pasillo, empezó a gritar desesperado.
-¡Salgan!... ¡Corran!... Hermione, de prisa, vamos Ron. -El pelirrojo se sujetó del hombro de su amigo y empujó débilmente a Hermione, quien, sacando la varita, llamó a Harry llena de espanto.
-¡Harry!... ¡Trae a Ginny, tenemos que salir! -Exclamó asustada, pero el moreno no se volvió un segundo, seguía corriendo con la esperanza de que la cazadora lo oyera.
-¡Vamos Hermione, vamos! -Neville la llamaba, Ron azotado por un dolor más intenso se vino al suelo vomitando estrepitosamente, Neville quiso esperarlo, pero al volverse a la puerta del pasillo, ya no vio a Luna y contrariado la llamó a gritos, sin resultado. -¡Luna!, ¡Luna, ¿dónde estás?!... ¡Maldición Luna, no te vayas sola!
-Ron, Ron respira, tranquilo. -Hermione se tiró junto a su novio para intentar calmarlo, pero el dolor que lo inundaba había degradado en un temblor convulso. -¡Ron!
-¡¿Luna?! -Neville clamaba, sujetando a Ron a medias para que no se sacudiera demasiado, la niebla se acercaba.
-Ve por ella, yo me quedo con Ron, parece que está pasando. -Hermione notó que el chico, con la frente perlada en sudor, dejaba de temblar poco a poco, Neville se volvió a verlo y le escrutó el rostro; convencido de que estaría bien con Hermione, se levantó y salió corriendo en busca de Luna, el pasillo estaba atascado de gente y cubierto de humo producto del fuego, corrían el riesgo de asfixiarse ahí adentro.
-Hermione… vete. -Ron murmuraba con la boca pastosa y ella, confundida, hizo por levantarlo y ayudarlo a salir de ahí.
-¿Cómo podría dejarte? -Preguntó pujando por alzarlo.
-Algo me dice que deberías hacerlo. -Exclamó sofocado, recordó el sitio donde estaban sus padres, alzó la mirada para localizarlos, pero ya no estaban; Hermione lo llevó a cuestas, pero Ron tropezó y la jaló al suelo, cuando ella pudo salir de bajo su brazo, la niebla los cubría, asustada hizo lo único que podía, apoyó su cabeza en el pecho de él y cerró los ojos, implorando un milagro que los salvara. -Tranquila… estoy contigo. -Murmuró Ron sorprendiéndola y todo se puso claro.
-¡Fleur! -Gritó cuando la multitud la arrastró en una separación de caminos, la rubia fue empujada por la gente hacia la izquierda, mientras Molly y su marido, siguiendo a George y a Angelina, salían por la derecha, directo a la salida; George iba herido del cuello y apenas lograba mantenerse en pie, gracias a las manos firmes de su esposa y de su padre, que lo guiaban lentamente.
-¡Sigan, sigan!… ¡Yo los alcanzo afuera! -Aseguró con una sonrisa de confort, en cuanto perdió de vista a su suegra, intentó ver el sitio al que la gente la guiaba; notando que iban directo al campo de juego, se volvió contra corriente y se decidió a empujar y golpear de ser necesario; pero no había dado ni dos pasos, cuando le fue ya imposible seguir, porque la multitud huía ahora de una nueva explosión a pocos metros. -¡Merlín! -Gritó echando a correr junto con ellos y al salir al campo, la luz encandiladora de esa cosa en el cielo, la dejó de un palmo llevándose las manos al rostro para protegerse.
Siguió caminando a tropezones, empujada por la gente que gritaba y lloriqueaba de temor, porque tras ellos estaba el fuego y frente a ellos la causa terrible de todo; cayó de rodillas y metiendo las manos para no irse de boca, se raspó las palmas y los brazos y varias personas, mujeres y hombres, tropezaron con ella aplastándola y pateándola sin misericordia; una rodilla le golpeó la nuca y atontada, rodando, intentó huir y fue a dar hasta un recoveco de las gradas, donde adolorida intentó tomar aire.
Tardó en recuperar la plena consciencia de dónde estaba, se llevó la mano a los labios y notó que le habían reventado el inferior, cuando asomó la cara fuera del hueco, cuando miró afuera, al campo, distinguió a esa pelirroja cayendo sin control de la escoba; sacó la varita para intentar detener su caída, pero lejos de lograrlo, algo muy similar a una pesadez enorme la envolvió; cayó azotada por algo muy parecido a un sopor horrible y cuando la vista se le nubló en una ceguera blanca, la silueta de un hombre le saludó afablemente.
Tenía la boca abierta en una mueca de pánico, no lograba comprender por qué sus manos seguían aferradas al mango de la escoba, por qué continuaba ahí plantada, en medio del campo mientras todas las demás jugadoras habían escapado; confundida bajó la mirada al escuchar la voz de Harry llamándola y abajo, en el campo y junto a la columna de luz negra, vio a Pavarti Patil.
Clavó sus ojos en ella, como si esperara que le viera, así fue. Cuando Pavarti alzó los ojos y miró a Ginny, ésta notó las lágrimas de profunda tristeza y arrepentimiento y conmovida hasta el llanto, no pudo menos que llorar también, cuando comprendió que el fin estaba alojado en el rostro de su compañera de casa.
-¿Por qué? -Preguntó moviendo los labios apenas, pero confiada en que le escuchaba a la perfección.
-No lo sé. -Respondió Pavarti sonriendo tristemente, entonces la escoba tembló entera y Pavarti, cerrando los ojos compungida, murmuró la frase que le marcaría a Ginny el resto de su existencia. -Lo lamento. -Y la pelirroja cayó sin control.
-¡Ginny! -Gritó Harry corriendo más, apuntándole con la varita para intentar salvarla, al tiempo que un enorme rayo caía a su lado, alzándolo del suelo en vilo y dejándolo maltrecho a pocos metros de Pavarti, con las gafas estrelladas y la nariz sangrante; Pavarti quiso acercársele, pero el sonido de la explosión la hizo sacudirse y un mareo la envolvió entera, de tan mala suerte que cayó desmayada.
Ginny, golpeada por la caída, miraba el cielo negro y brumoso, pensando en que la disculpa de Pavarti, más que decir que no sabía por qué todo pasaba, significaba también que lamentaba algo que ocurriría pronto. Una bruma blanca bañó a los tres, con una lentitud pasmosa y desesperante.
La llevaba sujeta de la mano y empujaba gente a diestra y siniestra, tomándola a veces por la cintura, otras veces por los hombros, otras más envolviéndola en sus brazos para protegerla; ella no podía hacer nada más que ver ojos, cada vez que alguien se volvía le miraba a los ojos, cada vez que una mujer pasaba a su lado golpeada por el brazo fuerte y tajante de Blaise, ella le clavaba la mirada y podía ver esa mueca de desconcierto y desesperación. Habían logrado llegar al pasillo principal y estaban a pocos metros de la salida, cuando un rayo atravesó el techo y cayó directo sobre el cuerpo de un hombre, que al momento se transformó en linterna y se volvió cenizas.
-¡Merlín! -Gritó llevándose la mano a la boca para ahogar el grito y no quedar como una débil, Blaise la cubrió con su cuerpo, porque las llamas saltaron en todas direcciones y los restos de madera golpearon cuanto en pie había; se aferró con fuerza a sus brazos y él tuvo que arrastrarla un buen trayecto, pronto la gente empezó a correr con más fuerza y empujaron a Blaise, que se fue al suelo sin poder evitarlo, dejándola prensada con su cuerpo contra el frío piso.
-Lavender, cúbrete. -Murmuró resguardándola de la muchedumbre con sus brazos, buscando con la mirada un sitio donde ocultarse.
-¡Tenemos que salir de aquí! -Estaba horrorizada, no podía dejar de ver al parpadear a ese hombre reduciéndose a cenizas, Blaise afirmó y la ayudó a levantarse tomándola por la cintura, yendo hacia la pared; había alcanzado a ver las puertas de los baños y creyó lo más adecuado refugiarse ahí, huyendo de la avalancha de personas, al menos mientras pudiera contener con su varita el fuego.
-Vamos, camina. -Ordenó de mala gana y tomándola por la muñeca la hizo caminar, Lavender tropezaba con los escombros de la explosión, mirando de vez en cuando atrás, a las llamas que consumían medio estadio y a la gente, que rugía como una fiera acosada.
-Tenemos que salir… debemos ir para allá, debemos salir, hay que seguir a la gente. -Exclamó asustada de ver que él la guiaba a un sitio cerrado.
-Ven conmigo, confía en mí. -Dijo entre dientes, más asustado que otra cosa, abrió la puerta del baño y la metió dentro, confiado en que era la mejor solución; Lavender entró de mala gana, casi aferrada al marco de la puerta, acometida por un mal presentimiento, y ahogó un grito al ver toda aquella densa niebla blanca adentro, cuando volvió los brazos y apretó la mano de Blaise, la garganta se le cerró igual que una celda y no pudo decirle que no entrara.
Blaise entró un segundo después, cerrando tras de sí la puerta, sin volverse adentro; cuando lo hizo, Lavender había desaparecido entre la humareda clara y sofocado intentó encontrarla, pero ni sus gritos lograba escuchar, convencido estaba de que la había condenado al intentar salvarla.
-¡Tambor detente! -Gritó cuando alcanzó a ver que el pequeñito seguía y seguía subiendo escaleras, como si ansiara llegar hasta los últimos lugares, los más alejados de todo el estadio.
-¡Luna! -Neville le seguía subiendo de a dos los escalones, un rechinido le anunció que las gradas se vendrían abajo y nada más subir su pierna izquierda, el sitio donde reposaba el pie derecho se vino abajo, dejándolo literalmente colgando de un trozo de gradería; miró abajo y notó una caída de al menos veinte metros, alzó la cara buscando a Luna y pudo ver que continuaba subiendo. -¡Carajo Luna, deja de subir!
-¡Tambor, espera! -Luna saltó un hueco en la madera y asida de una saliente, alcanzó al fin al patronus, que de tan corpóreo quedó prendido de su mano, colgando por las orejas. -Te tengo. -Sonrió respirando agitada, volvió la mirada a Neville, que luchaba por llegar hasta ella, sus ojos pasaron por inercia por el campo y alcanzó a ver a Ginny cayendo de la escoba y una explosión a lo lejos. -¡Ginny! -Neville que venía casi llegando a ella, se volvió estirando la mano para sujetarla, pero viendo hacia el sitio que ella miraba; no notó el momento en que los asientos bajo sus pies se vinieron abajo, los dos cayeron con gran estrépito.
-¡Luna! -Neville alcanzó a tomarle de la mano y miró al suelo, apuntó con la varita con la esperanza de amortiguar con algún hechizo la caída, pero bajo ellos no había nada sino humo, humo blanco.
-¿Qué es eso? -Preguntó Luna al momento en que se internaron en la neblina, Tambor relució como una llama plateada y Neville no pudo contestar.
-¿Qué es todo esto? -Preguntó al vacío, Cho caída sobre el suelo debido a los temblores que todo aquello había producido, parecía no contestar ni en sueños. -¿Por qué ha pasado todo esto?, porque Pavarti no tienen nada que ver, ¿Verdad? -Se volvió a ver el cuerpo de Cho y no había siquiera enfocado la mirada, cuando notó esa neblina tragándosela; se volvió buscando a Pavarti y la vio caer en medio de la misma bruma, desesperada quiso levantar a Cho, pero no pudo hacerlo, de pronto sintió las manos de un desconocido y al volverse, topó de frente con Cormac McLaggen que intentaba ayudarle a levantar a Cho, con la manga de la camisa quemada y la oreja sangrante.
-¿Qué haces con una enferma en este lugar? -Gritó de mala gana, luchando por levantar en brazos a Cho.
-No es una enferma. -Refutó contrariada. -Se dicen muchas cosas de ella. -Murmuró buscando con la mirada a Pavarti, sin resultados.
-A veces lo que se dice es cierto, Padma. -Aseguró francamente, echaron a andar hacia el sitio donde Ginny había caído y de pronto, con el sonido de un tornado, la neblina blanca los envolvió. -¡¿Qué es esto?!
-¡Pavarti, Pavarti! -Gritó Padma echando a correr entre la neblina, hasta que Cormac la perdió.
-¡Tonta, ¿a dónde vas?! -La llamó, miró a todos lados, mientras la ventisca lo mecía de lado a lado, entonces la mano de Cho se prensó de su brazo y clavó sus ojos en ella, estaba dormida, dormida profundamente; empezó a faltarle el aire y cuando se dio cuenta, había caído de rodillas, con la chica prendida de él. -Cho…
-Tranquilo, todo saldrá bien. -Le murmuró sin abrir los ojos y desencajado, sintió el mareo de la asfixia, pronto todo a su alrededor, era solamente blanco.
Si son gustosos comentar, se los agradecería enormemente.
