CAPÍTULO 6: A TRAVÉS DE LOS CIELOS
La tarde se les pasó volando, literalmente, y Tails y Amy habían llegado hasta Green Hill pilotando el Tornado, cuando la noche ya casi había caído sobre ellos. Tuvieron algo de suerte cuando llegaron a la casa de Cream, pues se encontraron a la conejita y a su madre tomando el té con Big, quien estaba sentado cómodamente en el suelo, y Sticks, que se encontraba acomodando flores por toda la casa, mientras el inquieto de Cheese revoloteaba contento de aquí para allá. Con eso se habían ahorrado el trabajo de tener que buscar a cada uno por separado, y luego de saludar y ponerse cómodos, Tails y Amy les contaron a todos los presentes sobre los últimos acontecimientos. Por supuesto, las noticias no fueron para nada agradables, y Cream se mostró triste por los heridos de los ataques a las ciudades. Sin embargo, pronto volvió el espíritu de alegría a la casa y todos los presentes quisieron ir a ayudar, aunque Vanilla se mostró reservada en cuanto a eso. Aunque no necesitaron convencerla para permitirle a su hija embarcarse en un viaje tan peligroso, pues conocía los grandes talentos de Cream y sabía que hacían un gran equipo con Amy y Big, y siempre estaría cerca su amigo Cheese para cuidarla.
Luego de una serie de preguntas y respuestas para aclarar dudas sobre la gema y los zetis, pronto se prepararon y se acomodaron en el avión para partir. Tails manejaría los controles, Cream estaría en el lado del copiloto aferrada a Cheese y Amy y Sticks viajarían sobre las alas del Tornado, en lados opuestos. Finalmente, Big se encontraría sentado sobre la cola del avión para equilibrar el peso. Sin perder más tiempo, Tails encendió la aeronave y se preparó para volar. El ruido del motor parecía más fuerte de lo normal en esa noche tranquila, y encendieron las luces frontales para visualizar su camino, pues la luz de la Luna todavía no tenía la intensidad suficiente.
- ¡Cuídense mucho! – dijo Vanilla - ¡No olvides comer frutas, Cream! ¡Te dan energía!
- ¡Lo haré, mamá! – contestó ella mientas saludaba con la mano.
- ¡Si pasa algo extraño por aquí, llámenos! – dijo Amy – Y no se preocupe, cuidaremos a su hija.
- ¡Lo sé! – dijo Vanilla - ¡Estaré atenta a lo que pase!
Así se marchó el Tornado, de nuevo, hacia el cielo. Su próximo destino sería Westopolis, donde se encontrarían con los Chaotix y se prepararían finalmente para ayudar a detener a los zetis.
La noche avanzó y la luz de la Luna llena iluminaba el mundo desde las alturas. El aire estaba levemente frío, pero eso no parecía molestarle al grupo, que contemplaba el paisaje que se revelaba ante ellos. Las colinas verdes de aquella región y las cataratas de agua cristalina, los pasajeros e inclusive el Tornado; todo estaba iluminado por la blanca luz de la Luna, y lo único que podía oírse era el ronroneo del avión que se confundía con el de Big, pues se había quedado dormido.
- ¿Cómo te va en la escuela, Cream? – preguntó Amy de pronto.
- ¡Muy bien! – contestó alegremente – La maestra dice que soy buena estudiante, y mis compañeros son buenos conmigo. ¡Pero con ustedes me divierto mucho más! Y el Señor Big me pasa a buscar a la escuela, a veces solo o con mamá, pero siempre con Froggy.
- Por cierto, a él no lo veo por aquí… - dijo sudando Tails.
- ¡Tranquilo! Froggy se fue a visitar a su familia, en Frogg Forest – dijo Big, que se había despertado – ¡Les manda a todos un fuerte abrazo! Me hubiera gustado acompañarlo, pero quería quedarme para cuidar el pueblo. Pero parece que los problemas están ahora en otros lugares más lejanos. La semana que viene iré a buscarlo.
- ¡Ah! ¡Menos mal! – dijo Tails, aliviado – Por cierto, ¿cómo van las cosas en el tienda, Big?
- Bastante bien – dijo el gato – A la gente le gusta los pescados que pesco y vendo, y lo que me sobra lo uso para mi cena – rió - Fue una buena idea convertir mi pasatiempo en un trabajo. Gracias, Amy.
- ¡De nada! – dijo sonriente – Me alegra que te vaya bien. Y Sticks, ¿cómo te va con… con…?
- ¿Con mi casco anti-telepatía? – dijo entusiasmada - ¡Muy bien! Aunque sospecho que esa amiga suya, la vampiresa, puede estar queriendo robarme información. ¡Saben que no confío en los agentes del gobierno! ¡Pero no le tengo miedo! Y cuando termine, podría llamar a ese chico del futuro para ver si puede leer mi mente. ¡Mi casco será un éxito en ventas! Bueno, al menos venderá más que ese videojuego de las vendas, las bufandas y los rediseños…
Los minutos pasaron en aquel vuelo, algo monótono pero relajante, mientras el Tornado brillaba y relucía bajo la luz blanca. Las estrellas centelleantes adornaban el firmamento como un interminable y hermoso manto de perlas. Sticks, sentada sobre el ala derecha, balanceaba las piernas, aburrida. Giró la cabeza y observó detenidamente a Amy, y notó que se encontraba pensativa, con la cabeza gacha.
- ¿Y a ti qué te pasa? – le preguntó al acercase - ¿Por qué la cara larga?
- ¿Eh? ¡Oh! ¡No es nada! – dijo incorporándose – Sólo estaba pensando…
- ¿Y en qué pensabas? – indagó curiosa la tejón – Aún no soy adivina.
- En todo – respondió la eriza – En la vida que llevo, en lo que hemos hecho y lo que podremos hacer el día de mañana. Sólo reflexionaba.
- Hay algo que te disgusta – dijo Sticks – ¿Qué es? ¿Todo este asunto?
- Bueno, en parte es eso… - respondió Amy – Pero no logro comprender cómo es que estamos en el lugar que estamos. ¡Míranos! ¡Mírate! Ni siquiera somos adultos, y nos la pasamos enfrentándonos a situaciones que superan hasta a los líderes del mundo. No es que no disfrute de poder luchar y salvar al planeta y todo eso, pero a veces quisiera no tener que hacerlo. Me gustaría no tener que llevar a Cream o a Tails a pelear contra monstruos horribles y crueles. Todo esto no es lo normal.
- ¿Y qué es lo normal? – dijo Sticks - ¿Me hablas a mí de normalidad? ¡Nací en la selva y me crié sola!
- Bueno, al margen de eso… – dijo Amy – Míralo de esta manera: ahora luchamos y salvamos al mundo de los zetis y el planeta vuelve a estar seguro. ¿Pero por cuánto tiempo? Porque posiblemente aparecerán nuevos peligros más adelante, y quizá seamos nosotros otra vez los que tengamos que enfrentarlos. ¿Por qué tiene que ser así? ¿No podemos tener una vida en paz, planear nuestro futuro e intentar cumplir nuestros sueños, así como lo hicieron nuestros padres?
- ¡Claro que podemos! ¡Pero tienes que mantenerte optimista! Hasta las águilas más fuertes caen al suelo si dejan de agitar las alas. Algún día pasarán todos los peligros y podremos tener la vida que deseamos, pero mientras tanto hay que luchar por ello. Y no te aflijas tanto por el mundo. La naturaleza siempre sigue su curso; no hay nada que pueda ir contra eso. Sólo debes dejarte llevar por ese instinto natural que la vida te dio y el mundo reprimió. Y así podrás saber, en tu corazón, qué es lo correcto para ti.
- Suenas igual que Sonic… - dijo Amy con una sonrisa – Gracias por eso, Sticks…
Pasaron unos minutos más. Eran más de las ocho de la noche y estaban a pocas decenas kilómetros de la ciudad de Westopolis. Tails manejaba el Tornado con tranquilidad, manteniendo siempre un rumbo fijo. Estaba enfrascado en sus pensamientos, distraído, hasta que unos cuantos puntos luminosos, en el horizonte, captaron su atención. Parecían estar sobre la línea de vuelo del avión, lo cual sorprendió al zorro, que había pensado por un instante que esas luces provenían de la ciudad. Al poco tiempo, esos puntos se fueron intensificando y el zorro, desconcertado, miró el radar. Como sospechó, esos puntos luminosos estaban en el aire, y se estaban acercando al Tornado. Tails aferró los mandos con firmeza.
- ¡Atentos! – exclamó – Tenemos unos objetos adelante. No puedo saber qué son.
- ¡¿OVNIS?! – dijo Sticks - ¡Lo sabía! ¡Sabía que los extraterrestres me encontrarían!
- No creo que sean eso, Señorita Sticks… - dijo Cream. Cheese había empezado a inquietarse en sus brazos.
A medida que se acercaban, la luz de la Luna permitía vislumbrar las grotescas siluetas de las cosas que tenían adelante. Amy hizo aparecer su martillo.
- ¡Son zetis! – anunció Tails mirando la imagen ampliada de la pantalla del avión - ¡Cuatro de ellos!
- ¡Seguramente sean exploradores! – dijo Amy - ¡Tails, intenta…!
Pero antes de que la eriza terminara la frase, los zetis les dispararon unos proyectiles de energía luminosa. Tails curvó la trayectoria del avión para esquivar los ataques y se puso en posición. Las chicas mantuvieron el equilibrio hábilmente sobre las alas y se prepararon para la batalla. Big se afirmó en la cola del avión, y Cream aferró a Cheese con fuerza.
- ¡Se dirigen a South Island! – dijo Sticks sacando su búmeran - ¡No debemos dejar que pasen de aquí!
- ¡Ya vienen! – dijo Tails.
Entonces el zorro disparó: una lluvia de balas brillantes emergió de la boquilla posterior del Tornado, mientras el ruidoso siseo ahogó el continuo ronroneo del motor. Los primeros proyectiles impactaron sobre uno de los zetis voladores pero rebotaron, aunque la fuerza de los impactos lo hizo caer. El zeti recobró el equilibrio en el aire mientras sus malvados compañeros seguían disparando.
El Tornado esquivó los disparos hábilmente, mientras el avión se acercaba cada vez más a los zetis. Amy preparó su martillo, y cuando estuvo a una distancia adecuada, Tails acercó al ala del avión hacia un zeti para que la eriza le propinara un tremendo martillazo en el pecho. El resto de los zetis sobrepasaron al Tornado y se giraron para volver a dispararles. El tornado comenzó a dar una gran vuelta sobre el cielo para poder tenerlos a tiro directo, y luego Tails volvió a disparar. Las balas continuaron impactando y rebotando sobre dos zetis, que caían unos metros antes de recobrarse y continuar el ataque.
De improviso, mientras Amy y Sticks estaban distraídas mirando de frente a los enemigos que atacaban, un zeti cayó sobre el Tornado, específicamente sobre el asiento de Cream. La conejita comenzó a temblar ante la horrorosa y amenazante presencia del monstruo que la miraba con ojos asesinos, y cuando este levantó una mano, recibió de parte de Big un gran golpe en el rostro que lo lanzó fuera del avión. Pero luego volvió a recobrarse para volver al ataque.
La batalla aérea continuó así durante intensos minutos. El búmeran de Sticks iba y volvía, desde su mano y hasta el rostro de los atacantes. La excelente puntería de la tejón era un talento admirable, y los presentes se sorprendían al ver que podía acertar a sus blancos voladores aún lanzando desde el ala de un avión en movimiento. Amy se mantuvo empuñando a su martillo Piko Piko, impactando con gran fuerza a los enemigos que se atrevían a acercarse al Tornado, mientras Big se mantenía protegiendo la retaguardia con su gran fuerza física.
Los atacantes parecían estar perdiendo terreno. Cada vez embestían con menos frecuencia y sus disparos de energía eran menos luminosos y más pequeños.
- ¡Ya casi los tenemos! – gritó Amy - ¡Tails, continúa disparando!
Tails volvió a abrir fuego sobre el grupo de atacantes, pero de pronto ocurrió algo que no tuvo en cuenta: un ataque kamikaze. Salido de la nada, un zeti apareció volando en dirección hacia ellos, decidido a estrellarse contra el avión. Tails giró los mandos y el Tornado logró esquivarlo, pero la criatura alcanzó a embestir a Sticks y arrojarla del avión. El grupo contempló horrorizado cómo su amiga caía hacia el vacío en medio de una noche clara, desde varios cientos de metros sobre el suelo.
- ¡Maldición! – gritó Tails - ¡No veo nada! ¡Aférrense a algo!
El zorro inclinó los mandos y el avión descendió abruptamente. Amy tuvo que sujetarse a las alas para no caer, mientras Big se aferraba a la cola del avión. Tails aceleró lo más que pudo, pero apenas vislumbraba la silueta de su amiga bajo la luz de la Luna, que caía hacia una muerte segura.
Justo cuando lograron estar cerca de Sticks, una embestida en el costado izquierdo del fuselaje les hizo recordar que habían desatendido a los demás zetis. Uno de ellos embistió el avión e hizo que Tails perdiera el control sobre el Tornado, que comenzó a girar sobre sí mismo mientras volaba hacia el suelo. El zorro no podía creer su mala suerte.
- ¡Chicos, distraigan a los monstruos feos! – dijo Cream - ¡Voy a salvar a Sticks!
Sin dudarlo, Cream desabrochó su cinturón y saltó hacia el vacío, con Cheese sobre su hombro. La coneja se enderezó y agitó sus orejas para darse más impulso. Con una mirada de decisión en sus ojos, Cream llegó bajando hasta Sticks y la tomó por la cintura. Abrazó a su amiga tejón con fuerza mientras comenzaba a desacelerar, hasta que poco a poco fueron perdiendo velocidad. Al poco tiempo se encontraron suspendidas en el aire, con Cheese celebrando y revoloteando a su alrededor.
- ¡Gracias! ¡Parece que volar es muy útil! – dijo Sticks – Quizá debería aprender a hacerlo…
La alegría del momento les duró poco, pues en seguida apareció uno de los zetis para atacarlas. El enemigo se acercó directo hacia ellas, con las manos extendidas, como si quisiera tomarlas por el cuello y terminar con sus vidas rápidamente. Cream sintió un terror instantáneo por la mirada asesina del zeti, pero afortunadamente no estaban solas: Cheese, que antes revoloteaba de alegría, apareció ante el enemigo con una fiereza impropia de él. Parecía como si la esencia del propio Chaos, con su furia desatada, hubiera reencarnado en el pequeño chao. Cubriendo su pequeño y delicado cuerpo con un remolino de energía, Cheese embistió al zeti con un gran poder. El atacante perdió sus fuerzas, dejó de volar y no volvió a recobrarse. Las chicas observaron cómo el zeti, desvanecido, caía precipitadamente hacia un lago que se encontraba debajo de ellas. Alcanzaron a ver el agua revolviéndose cuando el zeti se sumergió en ella. Cheese, jadeando, se acercó al hombro de Cream y descansó unos momentos.
Mientras tanto, Tails, Amy y Big alcanzaron a derrotar a los otros tres zetis que quedaban. Lograron tenerlos a tiro y los atacaron con el fuego de la ametralladora del Tornado, y entre martillazos y golpes, los atacantes perdieron el conocimiento y cayeron. Amy propinó el último golpe: lanzó su martillo con gran fuerza, que giró en el aire e impactó sobre el pecho de un zeti. Amy hizo reaparecer a Piko Piko en su mano derecha, y contemplaron como los tres zetis cayeron al vacío, mientras se desvanecía la energía luminosa que antes los cubría. Terminaron en el mismo gran lago que su otro compañero, y no se los vio salir del agua.
Cream y Cheese llevaron a Sticks hacia el Tornado, que desaceleró para facilitar su regreso. El resto de los chicos los recibieron con alegría, especialmente Big, que estaba feliz de que nadie resultara herido. Entonces Tails redireccionó el avión y volvieron a poner rumbo a la ciudad de Westopolis, que ahora estaba a escasos kilómetros de distancia, mientras hablaban acerca de la batalla anterior.
- Lo que no entiendo es por qué nos atacaron – dijo Amy – Ni siquiera nos conocían. ¿Será que tratan de destruir lo primero que se encuentran?
- No lo creo – dijo Tails pensativo – Como decías, parecían ser exploradores, y no se habrían arriesgado a luchar si no hubieran tenido un buen motivo. Supongo que este avión es bastante popular entre los zetis desde que fuimos a Lost Hex.
Al fin llegaron a su destino. Westopolis aún conservaba las cicatrices del ataque de los Black Arms, aunque el trabajo continuo de los gobernantes de la ciudad logró reparar la gran mayoría de los daños. Ahora, con su sistema de defensa en desarrollo, Westopolis era una ciudadela fuerte, capaz de detener los ataques de algún enemigo inesperado, al menos durante algún tiempo. Su defensa local contaba con infantería, caballería blindada, vehículos ligeros y una pequeña flota de aviones caza, todo distribuido a lo largo y ancho de la ciudad. Aunque todavía mantenía una apariencia de metrópolis tradicional, con un sistema militar más disimulado que el de ciudades como Empire City, que se decía que era la mejor defendida del mundo.
Tails tenía localizada en su radar la dirección de la Agencia Chaotix, así que no les fue difícil llegar hasta la oficina de los detectives. Aterrizaron sobre la alumbrada avenida, cuidadosamente, mientras recibían el sonido de las bocinas de los vehículos: algunos conductores estaban felices de verlos, otros algo molestos por la maniobra del avión. Tails estacionó el Tornado cerca del viejo edificio que les servía a los Chaotix tanto de oficina como de hogar. El lugar estaba iluminado tenuemente por un farol que se encontraba a un lado de la puerta. Esta poseía un cartel que decía cerrado.
El grupo se bajó del avión y tocaron el timbre de la agencia. No hubo respuesta. Volvieron a llamar, sólo para oír unos gritos desde adentro.
- ¡Ya cerramos! – se escuchó una voz aguda y conocida - ¡Vuelva mañana si no es urgente!
- ¡No somos clientes! – gritó Tails - ¡Somos nosotros, tus amigos!
Luego de un instante fueron recibidos por Charmy, que llevaba un vaso de leche en la mano y una expresión de alegría en su rostro.
- ¡Hola a todos! – dijo el abejorro – Lo siento, es que estaba viendo una película. Creímos que llegarían más temprano.
- Hola, Charmy – dijo Amy – Perdona la tardanza, es que tuvimos unos… problemas.
- Ah, ¿sí? – dijo – ¡Bueno, para eso estamos los detectives! ¡Para resolverlos! No se queden ahí fuera. ¡Tenemos maíz inflado y televisión por cable!
El numeroso grupo ingresó al edificio y saludaron a Vector y a Espio, que se encontraban analizando un gran mapa que tenían sobre la mesa de la oficina. Como siempre, la oficina de los detectives no era un paraíso del orden y la limpieza; más bien era dominio del caos. Había algunas cajas desordenadas en una esquina de la habitación y varios libros sobre la repisa y la mesa. Detrás de ésta se encontraban una pizarra sobre la cual se desplegaba un gran mapa de la ciudad y una serie de fotografías de individuos, con fichas detalladas de sus antecedentes y varios alfileres con hilos de colores que relacionaban a los sospechosos con ubicaciones en el mapa. Delante de la mesa se encontraba un viejo televisor que estaba sintonizando una película de policías.
- ¡Ja! Típico de detectives – dijo Sticks.
- Lo siento, no tenemos muchas sillas, pero siéntanse como en su casa – dijo Espio – Sepan disculpar todo este desastre.
- Tu casas es linda – dijo Big – Ser detective debe ser muy entretenido.
- Sí, cuando tienes trabajo… - murmuró Charmy.
Espio desapareció un instante pero no gracias a su habilidad para camuflarse. Fue hasta la cocina y volvió para ofrecerles bebidas y unas galletas de arroz. Luego de una breve conversación, Vector comenzó a preguntar sobre más detalles de lo que había pasado durante las últimas horas. Quiso saber más sobre los zetis, sus poderes, su forma, sus propósitos y su líder. Y luego indagó sobre la gema poderosa, y quería saber todo cuanto se pudiera sobre ella. Tails no pudo contestar todas sus preguntas, claro, pues tampoco conocía las respuestas, y el cocodrilo se dio por satisfecho, por el momento.
- Bueno, creo que ya es hora de llamar a Sonic – dijo Tails sacando su celular y tocando la pantalla.
- ¿Hola? – se oyó al fin del otro lado de la línea.
- Sonic, aquí Tails – dijo el zorro – Ya estamos todos reunidos en la oficina de Vector.
- Genial – dijo el erizo – Estoy con Silver. Nos hemos dado una vuelta por una base de Eggman y hablamos con él. Malas noticias: no tiene ganas de ayudarnos a luchar contra los zetis otra vez porque parece que ya no son una molestia para él. Quiere intentar dominar el mundo de nuevo.
- ¿Pretendían pedirle ayuda al Doctor Eggman? – preguntó Vector - ¿No es eso algo ingenuo de tu parte, Sonic?
- ¡Fue idea de Silver! – dijo el erizo.
- ¡Hey! ¡A ti te pareció buena idea! – se oyó a Silver de pronto - ¡Y no perdíamos nada con preguntar!
- Bueno, bueno… - dijo Espio - ¿Y cuál es el plan? Porque no tenemos mucha información de nuestros nuevos enemigos.
- Aquí es donde los ingenuos se llevan el crédito – dijo Sonic – Antes de que Silver y yo arrasáramos lo que quedaba de su base, Eggy me dijo que los zetis están esparcidos prácticamente por todo el mundo en forma de pequeños grupos. Dijo que montaron campamentos en Spagonia, Chun-Nan, Empire City y posiblemente alguna otra región más. Son más de ochocientos, pero no hay que dejarse intimidar por los números, ¿cierto?
El resto del grupo permaneció un instante en silencio, cruzándose miradas, y varios de ellos estaban con la boca abierta. Big tragó saliva.
- No importa cuántos sean. El mal nunca tiene la convicción que se necesita para vencer – dijo Espio – Todo lo que tenemos que hacer es aprender de nuestro enemigo y combatirlo con las armas apropiadas.
- De casualidad no tienes una caracola cacofónica, ¿cierto? – dijo Sonic del otro lado de la línea – Porque nos vendría genial una de esas.
- Bueno, bromas aparte, ahora ya tenemos una imagen más clara – dijo Tails – Sabemos dónde se esconden algunos de los zetis, así que podemos hacer un plan para contraatacar.
- Ya estamos en ello – dijo Sonic – Hemos hablado con Shadow y nos dijo que GUN ya tiene una estrategia. Él y Omega dirigirán un asalto a los campamentos zeti que están cerca de Empire City. Mientras tanto, nosotros podemos atacar las bases de los zetis en Spagonia. De este modo llevaremos el combate lejos de las ciudades.
- ¡Pero las ciudades no son lo único que está en peligro! – dijo Cream – De camino hacia aquí nos encontramos con algunos de esos monstruos. Pudimos detenerlos, pero ¿y si iban hacia algún otro pueblo pequeño e indefenso?
- Por eso queremos captar su atención – dijo Vector – De este modo se concentrarán en luchar contra nosotros y se olvidarán de las demás personas.
- Esperemos que eso resulte – dijo Sonic – A propósito, ¿están todos bien? Los zetis no son fáciles de vencer. ¿Dónde los encontraron?
- En el aire, a las afueras de Westopolis – dijo Amy – No fue sencillo, pero les ganamos. Iban volando, y luego de la batalla cayeron a un lago y no los volvimos a ver.
- Bueno, menos mal. Pero tenemos que hacernos a la idea de que no podemos estar en todos lados a la vez. GUN tendrá que hacerse cargo de la seguridad de la mayor parte de las ciudades – dijo Vector – Si son más de ochocientos zetis, realmente necesitaremos más amigos que se nos unan. Por supuesto, también ayudaremos. Cuenten con nosotros para pelear.
- ¡Claro, sí! Pero, ¿qué pasará con el Doctor Eggman? – preguntó Charmy – Si intenta conquistar el mundo con sus máquinas, tendremos que estar en ello también.
- Supongo que lo resolveremos en la medida que nos encontremos con sus fuerzas – dijo Espio – Por el momento, el asunto de los zetis es más urgente que el de Eggman.
- Y ahora que lo mencionas – dijo Silver – El Doctor dijo algunas cosas sobre que tiene lo necesario para enfrentar a los zetis y a las fuerzas de GUN. Quizá se refiera a la gema esa que salió de la nada.
- Tal vez, pero creo que será tarea de Knuckles y Blaze averiguarlo – dijo Amy – Sonic, Silver, ¿dónde están ahora? Podemos volar hacia allí y luego ir hasta Spagonia.
- No te preocupes, Amy. No hará falta – dijo Sonic – Creo que lo mejor será que todos descansemos esta noche y nos reunamos mañana directamente en la ciudad para comenzar a prepararnos. Ha sido un día largo y estoy algo cansado.
¡HOLA! ¿CÓMO ESTÁN TODOS?
Antes que nada, muchas gracias por leer. Realmente espero que hayan disfrutado este capítulo. Últimamente he estado actualizando cada dos semanas por motivos de estudio, pero espero volver a publicar semanalmente dentro de unos días.
Quiero agradecer nuevamente a Anonimus por sus reviews, aunque me gustaría poder llamarte por tu nombre ¡jajaja! Quiero que sepas que realmente estoy considerando los consejos que me das y te los agradezco.
¡Parece que los chicos al fin tomarán medidas más drásticas! Pero, ¿qué fue del grupo de Knuckles? ¿Habrán obtenido alguna pista de la gema? ¿O es una búsqueda imposible? ¡No se pierdan las aventuras de Knuckles, Rouge, Blaze y Marine en el próximo capítulo: Guardianes!
Hasta entonces…
See you later!
