Hola a todas. Aquí vamos de nuevo. Solo quiero agradecer a Aelilim, Aratziel y Dita por su inestimable ayuda. Especialmente a esta última, pues me salvó de cometer un error garrafal en el curso que pensaba llevar en esta historia y hasta me regaló una frase que usé descaradamente. Jajaja. ¡Muchas gracias por todo, Dita!
La confesión.
Capítulo 6.
XXXVII
Eren cerró los ojos, golpeado por la verdad: alguien más había tocado a Levi, alguien más que no era él. Su estómago ardió como si hubiese tragado veneno.
—Si realmente estás interesado en mí, no debe ser relevante para ti —le escuchó decir con menos dureza en la voz, parecía casi un consejo—. Una persona sensata no se preocuparía por tales idioteces.
—Lo siento —dijo temblando y se alejó de su cuerpo hasta el otro extremo de la cama—, de verdad no soporto la idea de que alguien más lo haya tocado —confesó—. Sé que es irracional, pero no puedo evitarlo.
—Porque eres un niño estúpido que debe aprender a controlar sus impulsos.
Eren resistió esas palabras y trató de sacar de su cabeza todo aquel malestar, aunque volvió a fallar miserablemente. No tardó en encontrar valor para regresar a la carga:
—¿Entonces no me dirá con quiénes?
—No.
Ante la contundente respuesta, soltó un sonido de impotencia. Alcanzaba a comprender que el capitán tenía razón en su forma de pensar. ¿Se había enamorado de un tipo mayor y esperaba que nunca hubiese tenido sexo con nadie? De verdad era estúpido, pero necesitaba tanto saber qué mujeres o hombres habían tenido el placer de tocarlo…
El hilo de sus pensamientos se cortó ante un repentino recuerdo:
"Nunca he hecho esta mierda, así que te aguantas".
—¡Oh! —dijo con sorpresa, sentándose de golpe.
¡El capitán nunca se había acostado con ningún hombre!
—¿Qué pasa? —cuestionó Levi.
—Usted nunca se había acostado con ningún hombre —repitió, esta vez en voz alta, todavía asombrado. Lo vio arrugar el ceño.
—Por supuesto que no. No soy un desviado como tú.
Eren sonrió de forma torcida ante eso.
—¿Y lo que acaba de hacer, capitán? —preguntó, con el tono más inocente que pudo encontrar.
Levi dejó ir un sonido irritado.
—Por supuesto, no lo era hasta que tú apareciste con tus estúpidas pretensiones.
Eren se sintió eufórico al pensar en lo que había descubierto. Era el único hombre que había estado con su superior, dentro de él. Era el único, también, que le había sentido en su interior. Feliz lo observó acostado de espaldas, con su mirada oscura en el techo y volvió a acercarse a su cuerpo hasta apoyar la mejilla derecha en su hombro.
—¿Qué te pasa ahora? —escuchó preguntar a Levi, con tono cansado.
—Nada —negó, conteniendo las ganas de reír—, tengo sueño.
—Vete a tu habitación.
—¡No sea cruel! Déjeme dormir aquí —suplicó y elevó la cabeza parar verlo directo a los ojos.
Levi gruñó y le dio la espalda.
—Haz lo que quieras. Siempre lo haces.
XXXVIII
La afirmación que acababa de soltar era cierta. Sus órdenes y planes para el chico siempre se habían vuelto en su contra. En ese punto Eren no parecía tener nada de subordinado. Se preguntó por qué su autoridad parecía diluirse con él; quizás porque respetaba esa tenacidad, esa voluntad férrea, aunque rozara la enfermedad mental. Su constancia era algo imposible de no admirar.
Una cosa sí estaba clara, a Eren le faltaba mucha disciplina y tendría que corregirlo tanto en el campo de batalla como fuera del mismo. Debía separar ambas cosas: una era esta estúpida relación que había aceptado comenzar; la otra era un cadete recién ingresado a su unidad, cuya vida estaría en sus manos y dependiendo directamente de sus decisiones en la próxima expedición.
Eren por fin se había quedado callado y quieto, dándole tiempo para reflexionar sobre sus respuestas anteriores. Si había entendido bien, se sentía inclinado a exterminar a todos los titanes por venganza, por puro odio. Lo que no le parecía una mala motivación.
No podía decir lo mismo de la ira que lo movía a abalanzarse sobre él. Porque ese fue el detonante de cualquiera de las situaciones molestas que debió soportar. Eren había perdido la cabeza ante las palabras de Petra, con las que ella de seguro se refería a la distancia entre cumplir sus órdenes o compartir juntos en situaciones cotidianas. Por supuesto, no significaban nada de lo que aquella calenturienta mente adolescente había imaginado. Aureo era un tema aparte, a ese imbécil debía castigarlo por haber divulgado tan molesta información. Que más gente supiera que había sido atacado por un subordinado borracho no lo hacía sentir precisamente orgulloso.
Mike Zacharias era otro tema pendiente que debía resolver. Tenía la certeza que al hablar con Eren tuvo la intención de hacerlo explotar; de seguro se había olido la situación desequilibrada en que se encontraba. ¿Pero qué pretendía lograr lanzando a Eren en su contra? ¿Enfadarlo? Si era eso, lo había conseguido. Y no se quedaría sin devolver el golpe.
En resumen, su conclusión fue que el asunto más urgente era hacer algo para detener los celos enfermizos de Eren. La determinación por conseguir su objetivo era algo peligroso que no podía permitir que continuase sucediendo.
Luego de un buen rato volvió a girarse hacia el otro, quien dormía plácidamente aferrado a él por la espalda, por lo que tuvo que forcejar un poco para lograrlo. El calor que su cuerpo le traspasaba no se sentía nada mal. Jamás había compartido la cama de esa forma con alguien y le parecía increíble que la primera vez que lo hiciera fuera con un mocoso que no alcanzaba ni la mitad de su edad.
Un mocoso que aparte de perseguirlo hasta el cansancio con sus pervertidas intenciones, lo había logrado preocupar con su personalidad abatida tras su rechazo. En ese sentido Eren también se había salido con la suya, pues nunca quería volver a ver esa mirada herida en los ojos verdes, no con él como la causa.
¿Afecto? Sí, algo de ello había nacido de alguna forma por ese estúpido idiota.
Lo besó en la sien y pudo percatarse que el ritmo en la respiración de Eren cambió. Al observarlo más atentamente, notó que sus mejillas habían comenzado a encenderse.
¿Estaba despierto?
Le clavó cruelmente el dedo índice entre las costillas, de inmediato un sonido de dolor escapó de esos labios entreabiertos. Sí, el niñato estaba despierto.
—Duérmete de una vez.
Eren asintió a la orden y se aferró a él de frente, enterrando el rostro enrojecido en su cuello. Incluso de esa forma fue capaz de sentir la amplia sonrisa contra su piel.
Levi cerró los ojos. Eren era decididamente idiota, uno capaz de ponerse feliz y sonrojarse por un simple contacto, pero no así por algo de lo que habían hecho antes.
XXXIX
A la mañana siguiente Eren estaba radiante. Reía más de lo normal y realizó todas sus labores con una sonrisa tonta en los labios. Petra al verlo actuar de ese modo se sintió por fin tranquila: lo que hacía tanto sufrir al muchacho había pasado ya. Sin darse cuenta le dirigió una mirada agradecida al capitán. De seguro él se había encargado y sonrió cuando su superior la ignoró, girando el rostro en otra dirección.
—¿Qué le pasa hoy a Eren? —preguntó Aureo, receloso—. Está actuando completamente distinto a ayer. Debe estar jugando con nosotros.
—Ponte contento por él —sugirió Gunter, sin dejar de fregar con energía su equipo de maniobras.
—Es cierto. Deberías hacer eso —apuntilló ella, irritada con la desconfianza de Aureo. Nunca lo había visto actuar tan a la defensiva con un nuevo recluta y no lograba entender los motivos por los que él se mostraba tan contrario a la presencia de Eren. Su intuición le reportaba que no era necesariamente por su naturaleza de titán, era algo más personal. ¿Sería posible que Aureo supiera algo que ella desconocía? Quizás relacionado con la extraña dinámica que el muchacho llevaba con su capitán. Todavía no lograba olvidar aquella inusual escena que había presenciado en el despacho —con Eren noqueado— ni lo extraño que los había notado actuar después.
Petra entrecerró los ojos. En todo eso había gato encerrado y en ningún caso le correspondía indagar, pero contener su curiosidad no era algo fácil de hacer.
—¿No les parece ni un poco sospechoso? —cuestionó Aureo. Parecía alterado ante la posición favorable que tomaban con el muchacho.
—La vida personal de Eren no debe ser de nuestro interés —afirmó Erd, dejando su equipo en el suelo, también observó al sujeto de la conversación. Eren estaba fuera de la caballeriza ejercitando a su caballo y, debido a la distancia, no se había percatado de la vigilancia del grupo.
—Aunque da gusto verlo de esta forma —dijo Petra, satisfecha.
—Sí, llega a ser un poco contagioso —sonrió Erd. Ella replicó el gesto y asintió.
—¿No lo cree así, capitán?
Petra lo preguntó con el mismo tono que había utilizado durante toda la conversación para no ofenderlo; de esa forma esperaba comprobar que había tenido algo que ver, pero a pesar de su delicadeza, no obtuvo ninguna reacción que le dejara en claro qué pensaba al respecto o si aquello había sido obra suya. Levi cerró los ojos desinteresado.
—Dejen de perder el tiempo —dijo—. Si ya terminaron con la mantención de su equipo, tomen posición para el entrenamiento de Eren. Ve por él, Aureo.
XXXX
Levi también había notado el ánimo exacerbado del mocoso y no le cabía dudas que tal desplante era a propósito. Estaba actuando como si quisiese que cada miembro de la Legión se enterara de su felicidad. Era molesto. Realmente hubiese sido mejor que se colgara un letrero al cuello con los detalles explicados.
Frunció el ceño. Seguro que eso le gustaría.
Levi renegó en su mente mientras esperaba que Eren se uniera a ellos. De verdad lo tenía por estúpido, más si tenía en cuenta que su felicidad no provenía de que hubiesen tenido sexo otra vez, sino del beso en la sien que le había dado. ¿O era porque había asumido como una buena noticia que jamás se hubiese acostado con otro hombre? No podía saberlo. Era difícil tratar de comprender un cerebro lleno de mierda como ese.
—Recuerda que hoy es tu última oportunidad —le dijo, cuando llegó trotando hasta él—. Prueba tu valía.
—¡Lo lograré, señor!
A Levi no le sorprendió ni un poco el espectáculo que se dio después de esa declaración. Eren, con esa actitud decidida, parecía ser capaz de cualquier imposible y tras morderse la mano logró, por fin, llevar la mesa de un lado a otro a través del campo sin romperla. El único problema fue que tuvo que extraerlo del titán de un corte y cargarlo en brazos. De otra forma no había caso que volviese a su forma original. Fuera de ese punto, él estaba listo para la batalla.
—Nada mal —ofreció como un cumplido, dejándolo sentado en el pasto.
Eren rio feliz al escucharlo y se dejó caer de espaldas, todavía respirando agitado.
—Gracias, capitán —dijo de forma entrecortada.
—Tienes una hora para descansar —replicó—. Lo mismo para ustedes.
El escuadrón aceptó la orden al unísono. Levi se retiró primero a su habitación para quitarse la mugre de titán y luego a su despacho a escribir el que sería su último informe en el castillo. A la mañana siguiente partirían. No tardó más de diez minutos en acabarlo y le dio una lectura de revisión:
"Informe de conducta sobre el cadete Eren Jaeger. Aspectos positivos: capacitado para la lucha en el exterior, solo resta mejorar su velocidad con más experiencia de campo. Competente en tareas varias. Sin problemas para acatar la cadena de mando"
Esta vez, al menos, esa última afirmación no era una verdad parcial.
"Aspectos negativos: aunque ha adquirido más control sobre el titán, no puede retirarse por sí mismo de la transformación, por lo que depende de apoyo para asegurar su sobrevivencia. Termina inservible después de diez minutos o más en el titán. Al regreso de la expedición, se sugiere un exigente entrenamiento para superar estos defectos".
No se molestó en sellar el sobre y se dirigió al despacho de Erwin.
—¿Y el sello? —dijo él al recibirlo.
—Lo leerás de inmediato, ¿no? —replicó con tono de "no fastidies".
—Sí, pero las formalidades nunca están de sobra.
Levi no respondió y Erwin procedió a revisar el informe.
—Veo que ha progresado mucho —comentó al terminar.
—Era esperable, aunque sea un chico estúpido, se esfuerza lo suficiente.
Erwin asintió.
—Y según me han dicho, su ánimo está de regreso. Eso sin duda ayuda.
Levi se mantuvo en silencio.
—Bien hecho, Levi.
—Tch. Eres molesto —masculló, caminando hacia la salida del despacho. Simplemente no podía soportar su tono insinuante. Erwin tenía claro que se había acostado con Eren y no era necesario ser un genio para saber quién le había dado esa información. El maldito de Zacharias seguía jugándosela en su contra.
—Levi —dijo Erwin, justo antes de que se marchara—. Informa a tus hombres sobre el objetivo principal de tu escuadrón. Ya es hora de que lo sepan.
XXXXI
Eren se recostó en su cama sintiéndose tan animado como durante sus mejores tiempos en Shinganshina. Y es que amanecer al lado de Levi había sido una experiencia por completo reconfortante.
Lo que más alegría le daba era haber sobrevivido a su propio atrevimiento, ya que tomando ventaja de haber despertado primero, se deslizó entre las sábanas hasta cubrirle el pene con su boca, el que había comenzado a degustar con ganas.
—Yo tampoco he hecho esto nunca —le dijo entre lamidas—. Así que dígame si siente bien.
—Maldito mocoso de mierda —fue todo lo que le escuchó decir, ya que no paró hasta hacerlo terminar, lamentando no poder ver su rostro mientras eso sucedía. Después emergió entre las mantas y pretendió besarlo. Lo que recibió en respuesta fue la única patada que Levi pareció darle con un gusto malsano escrito en los ojos. Terminó tirado de espaldas en el suelo, enredado en las mismas mantas y con la amenazante figura del capitán de pie a su lado. Elevó la vista dispuesto a aceptar la golpiza que quisiera darle, pero en cambio solo recibió una mirada estricta:
—Si llegas atrasado, te castigaré. —Y sin decirle nada más, se había metido al baño.
—Pero señor, ¡no alcanzaré a llegar si no me aseo aquí! —reclamó, tocando la puerta desesperado—. ¡Señor!
No tuvo caso, por más que insistió, Levi no le permitió entrar. Eso lo obligó a vestirse a la carrera, llegar a su habitación y darse un baño rápido a toda velocidad. Por suerte, logró su objetivo. Cuando el capitán apareció en el campo de entrenamiento, él ya se encontraba allí conversando con Petra y los demás. Entonces juraría que pudo ver su mirada brillar de aceptación al verle cumplir con su deber de presentarse a primera hora.
A eso se sumó el gozo de recibir una felicitación de su parte, ya que había logrado los avances esperados de su transformación. Al parecer no era una meta imposible ganarse la aprobación de su superior, aun pese a todo lo que había hecho para conseguir una intimidad con él. Una intimidad que nada más recordar le llenaba el pecho de calor. Lo amaba tanto y había dormido a su lado con la ilusión de que tal vez no iba por tan mal camino para ser correspondido.
Este último sentimiento venía de que el capitán le había besado en la sien cuando lo creyó dormido. Una muestra mínima de afecto de cualquiera, pero viniendo de él era tan potente como una declaración. No se engañaba, no era eso, pero lo que le había transmitido le hacía sentir tan bien de una forma que ni siquiera alcanzaba a comprender. ¿Sentía esperanzas? Sí, eso era, esperanzas de conseguir más que una relación física.
Pero en medio de sus gratas ensoñaciones, un recuerdo apareció para envenenar toda su alegría. Tras permitir que el capitán terminara en su interior, le había preguntado qué podía entender acerca de que hubiese tomado la iniciativa de tocarlo. Levi había declarado que cedería a lo que quería, a tener una relación con él. La impresión y la incredulidad habían dado paso de inmediato a un potente estado de felicidad. Sin embargo, ahora entendía que había sido un total tonto. La sorpresa no le había permitido reparar en las condiciones que él había establecido:
"Pero Eren, tendremos una expedición dentro de dos días. Deberás aprender a controlarte antes de partir. Tanto en tu forma de titán como en tus hormonas de mocoso malcriado. ¿Lo has entendido?"
Ahora que recordaba sus palabras con atención, ya no le sonaban solamente a un llamado a mantenerse en un comportamiento correcto. ¿Podía ser que el capitán hubiese cedido solo para contentarlo, que controlara al titán y fuese útil en la próxima expedición? ¿Y si Levi en realidad no quería nada de lo sucedido?
Con el pasar de los minutos, lo bien que se sentía continuó diluyéndose ante esa punzante idea. No lo quería de esa forma. Si el capitán había accedido a estar con él por obligación, no iba a aceptarlo.
Le había sido dada una hora para descansar, pero no fue capaz de reportarse hasta mucho rato después.
XXXXII
Eren no regresó en el tiempo indicado. A Levi le pareció extraño porque siempre veía en su proceder la determinación de no decepcionarlo de ninguna manera, de cumplir cada una de sus órdenes al pie de la letra. Incluso esa mañana se había presentado en la hora requerida, a pesar de que deliberadamente le había dejado menos margen del necesario para lograrlo. Lo había hecho con la intención de que Eren comprendiese que, lo que fuese que pasara entre ellos, no cambiaba nada en sus deberes militares.
—El niñato no ha llegado, ¿quiere que vaya por él? —dijo Aureo con maldad. Tenía escrito en el rostro las ganas de ver a Eren sufrir un castigo, lo que le recordó que debían ajustar cuentas.
—No —replicó—. Ve a dar quinientas vueltas al campo de entrenamiento.
—¿¡Qué!? —preguntó Aureo sorprendido.
—Hazlo sin dejar de repetir "debo pensar antes de hablar" —ordenó—. Si no te escucho al pasar, tomaré medidas más severas como hacerte correr hasta que pierdas la conciencia.
Aureo echó a correr aterrado apenas terminó de hablar. Había adivinado perfectamente la razón de su castigo porque le escuchó mascullar "¡el capitán se enteró!".
—¿Tiene indicaciones para nosotros? —preguntó Petra, que no ocultaba su sonrisa al ver a Aureo en esa situación.
—Ayuden en la cocina —ordenó. Erd, Gunter y ella se cuadraron ante sus palabras y se retiraron.
«¿Qué estaría haciendo Eren?», se preguntó, apoyado en la pared del castillo de brazos cruzados, observando a Aureo rodear el campo una y otra vez.
No lo vio aparecer hasta a la hora del almuerzo y le bastó un vistazo para percibir que algo andaba mal. La expresión de ridícula felicidad que el mocoso había cargado toda la mañana se había extinguido. En cambio, se encontró con una mirada apagada y con sus visibles esfuerzos de actuar normal cuando se toparon de frente en el pasillo, a la entrada de la sala de reuniones donde también comían. Eren lucía como si quisiera desaparecer e intentó avanzar sin dirigirle la palabra.
No era una conducta que pensara permitir y le cortó el paso:
—Creo haber dicho una hora de descanso, no dos.
Eren se sobresaltó.
—Lo siento, ¡me sentía más cansado de lo que pensé!
No, esa no era la razón. Le estaba mintiendo y lo vio agachar la cabeza ante su observación. Estaba por hacérselo notar cuando Eren aprovechó para escabullirse al interior de la sala en el mismo instante en que Petra, Erd y Gunter aparecieron trayendo las raciones de comida. Soltó un siseo malhumorado. Desde que lo había tomado bajo su mando, había vivido tan pendiente suyo que era capaz de leerlo como un libro abierto. Algo lo había deprimido otra vez y no lograba dar con el motivo.
Tenía que ver con él, sabía eso por su forma evasiva de actuar y si era así, ¿qué más necesitaba ese idiota para quedarse en paz? Pensaba que ya había hecho suficiente para no tener que soportar esa molesta expresión herida.
Durante el almuerzo, todo su escuadrón charlaba animado por el logro de Eren convertido en titán, dándole tiempo para examinarlo con atención. Estaba abstraído en sí mismo, evitaba ver en su dirección y tenía tal brillo torturado en sus ojos que volvió a ganarse otra mirada preocupada de Petra.
—Les dije que está jugando con nosotros —escuchó el susurro agitado de Aureo, quien acababa de llegar tras cumplir con su pena impuesta. Petra le hizo callar y lo obligó a comer sin volver a abrir la boca.
Cerró los ojos y mandó al fondo de su mente lo mucho que le irritaba ver a Eren tan deprimido. Debía concentrarse en lo importante y les permitió hacer algo de sobremesa antes de comunicarles lo encomendado por Erwin.
—Escuchen con atención.
Todos en la sala se quedaron de inmediato en silencio y le miraron.
—Mañana saldremos en la expedición cincuenta y siete. Nuestra misión será proteger a este mocoso —dijo viendo hacia él—, debe regresar sin un rasguño, aunque nos cueste la vida. Esas son las órdenes de Erwin.
—¡Sí! —aceptaron todos con energía. Eren llevó su mirada impactada a su rostro—. Ahora vayan a preparar el campo de prácticas. Será nuestra última sesión antes de salir mañana. Esfuércense.
Su escuadrón por completo se puso de pie y procedieron a retirarse. Sin embargo, Eren, que continuaba preso de una suerte de conmoción, no fue lo suficientemente rápido para que no lo detuviera con una pregunta:
—¿De qué te sorprendes tanto?
Eren dominó su expresión de incredulidad e inclinó la cabeza hacia adelante.
—No esperaba que ese fuera el objetivo de ustedes, señor.
—¿Y qué esperabas? —cuestionó, parándose frente a él.
—Vigilarme —susurró Eren—. Contenerme en caso de perder el control del titán.
El tono dolido con el que dijo "contenerme" evidenció que esa no era la palabra que estaba en su mente.
—Matarte es nuestra responsabilidad en caso de ser necesario. No estás equivocado al pensarlo —afirmó—. Pero como arma vales más, ¿o eres ciego al efecto que tu presencia causa en la Legión?
Eren se mantuvo en silencio.
—¿Eres así de estúpido? —masculló y enseguida presionó—: Contesta, Eren.
—Sé la esperanza que muchos tienen en mí.
—Entonces responde a la altura de lo que creemos que vales.
Eren, por primera vez desde que se habían quedado solos, enfrentó directamente su mirada y dijo:
—Haré todo lo que pueda por no decepcionar a nadie, señor.
—Bien —aceptó, conforme al ver un atisbo de esa tozudez que era tan natural en su personalidad.
—¿Puedo retirarme? —preguntó Eren, tras una larga pausa.
—No —le devolvió, secamente.
La necesidad de poner tierra de por medio entre ellos era clara en los ojos verdes. Fue el momento exacto en que perdió la paciencia.
—¿Qué mierda te pasa? —cuestionó, avanzando hacia él.
—N-nada, capitán —replicó Eren a la carrera, retrocediendo hasta topar con la mesa. Levi se detuvo a menos de un paso de distancia.
—Mentir no es lo tuyo, Eren.
Vio como abrió la boca, dispuesto a replicar, pero enseguida la cerró tras notar su cercanía. Al menos tuvo la decencia de guardar silencio en vez de seguir mintiendo.
—¿Qué es lo que te cuesta tanto decirme?
Eren tragó saliva y sus ojos ya no estaban en los suyos, sino en su boca. Parecía anhelar con tanta fuerza el contacto que Levi eliminó la distancia entre ellos y cedió al impulso de darle aquello que parecía necesitar. Antes que Eren alcanzara a reaccionar, sujetó su nuca y lo besó con saña hasta alterarle la respiración. Fue cruel al meterse entre sus piernas y dejar sus caderas presionando las suyas durante todo el tiempo. Las manos de Eren volaron a aferrarse al borde de la mesa, resistiendo la presión y sujetándola para que no se corriera hacia atrás en la medida que el beso y el empuje de sus caderas subía en intensidad. Le estaba respondiendo torpemente, como si no pudiese creer lo que estaba sucediendo. Levi entrecerró los ojos. Si derribar sus defensas y que le soltara toda la mierda que tenía dentro requería que fuese de esa manera, no le molestaba. Eren siempre sabía bien y a limpio. Entonces le escuchó soltar un jadeo de gusto y no tardó en sentir la contundente respuesta contra sus pantalones.
—Eso fue rápido —se burló, mirando hacia abajo entre sus cuerpos. La erección de Eren era claramente visible.
—Lo siento —le vio disculparse torturado, sin esquivar la vista. Parecía hipnotizado con su rostro.
—No lo hagas —replicó y al instante fue Eren quien buscó su boca echándole los brazos al cuello. Esta vez el beso fue más intenso, con mayor participación de su parte. Su lengua empujaba la suya con ganas, aunque todavía de forma torpe, por lo que Levi rápidamente la obligó a replegarse para ser él quien invadiera su cavidad. Al separarse, quiso decirle "Ahora dime, Eren", pero no alcanzó ni a registrar la expresión del mocoso, pues un grupo parado en la puerta llamó su atención.
—¿Qué quieren?
La respuesta tardó en llegar, los miembros de su escuadrón estaban obviamente aturdidos.
—N-nada, nada, s-señor —tartamudeó Aureo—. Puede esperar.
La incomodidad que hubiese podido generar en ellos le tenía sin cuidado, pero juzgó que, si se habían devuelto todos en vez de cumplir de inmediato su orden, debía ser algo que merecía ser escuchado.
—Entren.
Vio en sus expresiones que era lo que menos querían hacer, pero obedecieron. Eren a su lado parecía no saber dónde meterse, lo que se le hizo ridículo. ¿No quería marcarlo como su territorio como un perro? ¿Acaso no le venía bien que Aureo y Petra les vieran?
Eso trajo un recuerdo a su mente: Eren había vuelto del descanso luciendo como un cachorro traicionado. ¿De eso se trataba todo? ¿Se había vuelto a poner celoso? ¿Y de quién? ¿De Erwin otra vez porque había pasado por su despacho?
Pensar que ese fuera el caso le hizo rememorar la urgencia de encontrar la manera de detener los arranques enfermizos del mocoso, quien además había mostrado la firme intención de averiguar con quiénes se había involucrado anteriormente. Si algo tenía claro en medio de esa irritante situación, era que se negaba a caer en el juego infantil de tener que relatarle cada uno de sus encuentros sexuales pasados. A cambio, se le ocurrió que quizás podía utilizar la situación en que estaban a su favor. Con un poco de suerte, terminaría con los ataques celópatas de Eren y traería de vuelta su mirada animada. La mejor ventaja es que de paso se llevaría a Mike y eliminaría potenciales acosadores. Determinó que era un plan con alto porcentaje de éxito.
Pero lo primero, era lo primero. Les hizo un gesto con la mano para que se sentaran y miró a Eren esperando que cumpliera su orden. En su fuero interno, se rio del alivio que vio en su cara al poder esconder su erección con la mesa. Lucía como si quisiera desaparecer.
El silencio se podía cortar con un cuchillo.
—Hablen —exigió.
—Veníamos a… —Gunter titubeó mirando a Erd en busca de apoyo— preguntarle si tenemos deficiencias graves como unidad.
—Sí, porque no queremos fallar en nuestra misión —confirmó Erd, recuperando el aplomo.
—Así que si las tenemos —prosiguió Gunter—, queremos que nos entrene también durante la noche. Hemos venido a hacerle esa solicitud.
—Ustedes creen que si pensara que no están listos, ¿les habría dado siquiera una hora de descanso? —cuestionó cortante.
—Tiene razón —dijo Erd mirando a Eren—. Es solo que entendemos la importancia de esta misión.
Levi sabía que Erd, al igual que gran parte de la legión, tenía puesta sus esperanzas en el poder de Eren. Entendía bien los sentimientos que embargaban a su escuadrón.
—No lo piensen demasiado. Soy yo quien debe tomar ese tipo de decisiones si las creo necesarias —puntualizó—. Y no es el caso.
La expresión de Gunter y Erd se relajó notablemente.
—Gracias, señor —dijo el primero—, nos alivia escuchar eso.
—Eso era todo —secundó Erd—. Iremos a preparar el campo de prácticas.
Levi vio ponerse a los cuatro de pie, casi al mismo tiempo, como si se hubiesen coordinado para huir. Gunter y Erd parecían haberse repuesto y solo se veían incómodos, pero no se le había pasado por alto el silencio turbado en que se había mantenido Petra y Aureo.
—Quietos —los detuvo y con un gesto los obligó a sentarse otra vez—. ¿Tanta impresión porque se la meta a un mocoso?
—¡Capitán! —exclamó Petra horrorizada. Levi desvió la mirada de ella solo para ver cómo la boca de Erd, Aureo y Eren se abría casi en un círculo perfecto. El último era lejos el más conmocionado.
—¿Tienen algún problema con eso? —cuestionó con seriedad.
—No, señor —respondieron los cuatro oficiales a destiempo y de manera atropellada.
—¿Estás seguro, Aureo? —preguntó, clavando su mirada en él.
—¡Seguro, señor! ¡Cuentan con mi bendición! —respondió Aureo a gritos, asustado.
«¿Quién dijo algo de necesitarla?», pensó, pero se limitó a decir:
—Bien. ¿Y tú? —le preguntó, directamente a Petra.
—No, no, por supuesto que ningún problema, aunque se me hace raro…
—No es tan raro —interrumpió y el rostro del perro vino a su mente. Definitivamente debía hacerle pagar todos los problemas que le había causado. El peor arrebato de Eren había sido por su causa—: Mike e Erwin llevan una relación así hace años y nadie dice nada.
La sorpresa volvió a inundar a su escuadrón.
—¿¡El comandante y el mayor!? —se sorprendió Petra—. Y con raro me refiero a inesperado —explicó tratando de justificar su anterior respuesta—. ¡Ustedes cuentan con todo mi apoyo, capitán!
—Gracias —dijo él. Y era cierto que lo hacía. Había eliminado cualquier proyección amorosa de su parte, además del afán de Aureo.
—¡Es increíble lo del comandante! —murmuró Erd—. No sé qué me sorprende más.
—Nunca lo pensé de Zacharias —agregó Gunter—, pero Eren y el capitán...
—Eso es todo —dijo Levi, terminante y se retiró, dejando a Eren por completo a manos de ellos para saciar la curiosidad malsana que veía en sus rostros. Al menos así el mocoso también pagaría una parte del costo de que todos supieran que estaban involucrados. A ver cómo se las arreglaba para huir de ahí y encargarse del problema que tenía entre las piernas.
—¡Eren! —exclamó Petra, sintiéndose traicionada—. ¿Por qué no me dijiste nada? Pensé que teníamos confianza. ¡Y yo hablándote de mis sentimientos!
—¡No! —exclamó Eren, saliendo de su sorpresa. El capitán había reconocido su relación. Era increíble, más de lo que había soñado—. Todo fue muy rápido. No es que se los haya escondido.
—¿Cómo sucedió, niñato? —preguntó Aureo exigente.
—No imites al capitán —cortó Petra.
—Responde —insistió Aureo.
—Pues… fue mi culpa. Yo lo perseguí —admitió Eren, avergonzado, pero feliz, todavía impactado por la inesperada e increíble acción de su capitán.
Continuará…
Nos vemos en el siguiente ;)
