El disparo alcanzó a Izzy en el pecho y cayó al suelo. Yolei bajó el brazo y se acercó a él. Davis estaba blanco como un papel. Yolei se fijó en su enemigo. Tenía los ojos en blanco, pero...

- No está muerto.

- ¿Qué?

- No sangra. ¡Maldita...!

Tai apareció detrás de Davis y de un movimiento, agarró a Yolei, impidiendo que se moviera. Tras él, Kari, Sora, TK, Mimi y Ken entraron también en el comedor. Izzy de levantó.

- Buen invento, el chaleco antibalas - comentó.

Yolei estaba muy enfadada. La habían traicionado.

- Tú... - dijo mirando a Davis -, ¿lo sabías? ¡Maldito bastardo, ¿lo sabías?

- No... no sabía qué iba a hacer Tai. Sí sabía que iba a hacer algo.

- Traidor...

- Es por tu bien - dijo Sora -. No puedes seguir así.

Yolei respiró intentando calmarse, y dijo:

- Quizá, antes de seguir, al rubio - miró a TK - le interesará saber que anoche su hermano fue atropellado. Edu no sabe perder.

Esta vez fue TK el que tenía la cara blanca. Dos segundos después, salió corriendo de la casa.

- Ahora, escucha - dijo Mimi -. Esto ha llegado demasiado lejos. No puedes guardar ese odio toda tu vida. Mírate, tenías una vida inmejorable...

- Sí, hasta que Ken se fue con ese maricón - dijo Yolei.

Sora intentó hablar.

- No digas esa...

Pero Izzy la interrumpió.

- Déjala. Sí, soy maricón, gay, homosexual, usa la palabra que prefieras. Pero si yo desapareciera, eso no cambiaría las cosas.

- Y sinceramente - dijo Ken, que hasta entonces no había dicho nada -, si vas a seguir, puedes asegurarte que se terminó nuestra amistad.

Eso era un golpe muy bajo. Le dolía mucho haberse distanciado tanto de Ken, pero no soportaría que la rechazara del todo. Empezó a llorar. Lo necesitaba.

- Lo siento... de verdad, lo siento... no se que me ha pasado...

- Ha sido ese desgraciado, Edu. Te ha llevado por el peor camino posible. Has estado a punto de destruirte - dijo Kari.

Yolei lloró con más fuerza, de forma que Tai la soltó con cuidado, para evitar que se golpeara contra el suelo.

- Ahora, Yolei, vas a hablar con Edu, y decirle que no se te acerque más. Y vuelve al instituto. Tienes una mente brillante, y sabes que lo necesitas - dijo el antiguo líder de los Niños Elegidos.

Yolei no podía respirar bien por culpa del llanto. Se levantó como pudo, guardó la pistola, y se marchó mirando al suelo. Kari intentó pararla, pero ella no se dejó y siguió andando. Caminó mucho tiempo, hasta que se dió cuenta de que era la tercera ver que pasaba por delante de su casa sin darse cuenta. Entró. Encontró a su madre en el comedor, viendo la telebasura.

- Mamá...

- ¿Si, hija?

- Querría volver a las clases para el próximo curso...

Su madre saltó del sofá.

- ¿Qué?

- Sí, he visto que... no, no estoy en condiciones de hacer nada, tengo que volver, centrarme y... seguir con mi vida...

Su madre corríó a abrazar a su hija, feliz de que quisiera volver a ser como antes...

- Ahora es difícil, porque es sábado. El lunes llamo, sin falta.

- Gracias.

Yolei subió a su habitación. Recogió un poco, ya que hacía tiempo que no limpiaba su cuarto, y que no dejaba que nadie lo hiciera. "Esto está mejor". Mandó un mensaje al teléfono de Edu, diciendo simplemente "Olvídame".

Encendió su ordenador, buscó la foto en la que aparecía ella con Izzy y Ken y la puso de fondo de pantalla.

Decidió darse un baño para despejarse. Sin embargo, el estrés de la mañana le hacía necesitar...

Cogió el último porro que le quedaba y se metió a la bañera. Sin embargo, esta vez la droga no le hizo caer en las tentaciones. Al contrario, empezó a ver mejor la vida. Aprovechó para llorar un poco más, pensando en lo ocurrido los últimos días... "Davis,lo siento... te he usado como muñeco sexual... aunque tengo que admitir que sabes lo que haces..."

Mientras, los Niños habían estado debatiendo.

- Se acabó la pesadilla - dijo Ken.

- Unos cojones se acabó. Seguro que esto acaba de empezar - dijo Izzy -. Me ha disparado, esto no va a ser tan fácil.

- Pero si se aleja de Edu... - dijo Mimi.

- ¿Y quien te dice que se va a alejar? - dijo Davis -. Ese tipo es el Demonio personificado, seguro que hace algo.

- ¿Algo más, después de dejar medio muerto a Matt? - dijo Kari.

Sora movía la cabeza, pensando.

- Lo mejor será esperar - dijo finalmente.

Decidieron ir esa tarde a ver a Matt.

Yolei también lo había decidido, de forma que al ir, se los encontró a todos. La enfermera intentó echarles.

- ¡Tres por turno!

- Voy yo, creo que soy la que más prisa tiene en esto - dijo Yolei.

Kari entró también.

Matt estaba a pecho descubierto. Una gran marca roja le marcaba gran parte del cuerpo. Su hermano TK estaba de pie, a su lado.

- Matt... yo...

- Tranquila... que me han dicho lo ocurrido. Por lo menos, parece que has parado de hacer el tonto...

- Sí...

- Pues ya está. De ese tipo, ya me encargaré yo. Es personal.

- Ten mucho cuidado. Conoce gente peligrosa.

- Me basto yo solo. Ahora será mejor que te vayas a descansar.

- Bueno, vale... adiós, Matt.

- Adios.

Yolei se fue. Tenía una última cosa que hacer. Llegó al bar donde siempre iba para emborracharse.

- Camarero, una cerveza. La última.

- ¿Última?

Una voz que ella conocía muy bien sonó a su espalda. Era Edu.

- Tú... - dijo ella, con odio.

- Sí, yo. Querías que te olvidara, pero si vienes a los mismos sitios que yo... ¡ja, lo tienes jodido!

- Hijo de puta...

- ¡Eh, cuidado! No me he metido contigo.

- Has atropellado a Matt.

- Sí, pero no lo hice bien. Sigue vivo. Quise pasar varias veces por encima de el, pero venían los otros, y bueno, era más dificil.

Yolei se levantó. Había ido a poner punto y final a sus borracheras, pero no iba a aguantar más a Edu. Salió del bar corriendo. Él la siguió.

- Una pena... tenía algo nuevo para tí...

- ¿En serio? Que pena más grande - dijo Yolei, con sarcasmo.

- Te iba a gustar.

Sacó una jeringuilla y se auto pinchó. Hizo que entrase la mitad del contenido, y puso una cara de idiota, más idiota que lo normal.

- ¿Que demonios es eso?

- Un animalito... jijiji.

- ¿Animalito?

- Sí... caballo, jijijijiji.

- Tenía que haberme imaginado el chiste. Que te aproveche - dijo Yolei, a punto de irse.

Pero antes de darse cuenta, Edu la agarró con un brazo.

- Noooo, no. Tu no te vas a ir.

- Suéltame...

- No hasta que pruebes esta delicia...

- ¡Suelt...!

Con el mismo brazo que la sujetaba, la hizo callar tapándole la boca.

- No seas así... venga, por los viejos tiempos...

Yolei intentó resistirse, pero no pudo evitar ver como la aguja se clavaba en su brazo, y la droga entraba en su cuerpo...