Pero, lastimosamente, esa promesa no dependía de una, sino de dos personas…
Hitomi se secó las lágrimas que caían en sus mejillas por millonésima vez esa noche. Parecía que sus ojos eran yacimiento de agua salada, pues las lágrimas salían una tras otra sin que ella las pudiese parar. Todo era ridículo, en realidad. Ella ya había tomado una decisión, y estaba conforme con ella. Entonces, ¿Por qué no podía parar de llorar? Sentía como si el corazón se le apuñara dolorosamente dentro de su pecho, haciendo que su respiración se cortase aun más. Era de madrugada, así que cada uno de los incontables sollozos de aquella noche habían tenido que ser silenciados con su mano.
Nadie debía enterarse de lo mucho que ella estaba sufriendo… Ni un alma.
Tomó el celular de nuevo y pasó a la siguiente foto.
Tenía que ser firme en su convicción… Aunque sintiese que le estuvieran quitando una parte del cuerpo en ese mismo momento. Con cada foto borrada, una parte de su alma ardía, y producía un efecto en su cuerpo bastante parecido. Pero tenía que dejarlo ir para seguir con su decisión por completo. Luego de un tiempo, sería más obvio y evidente que la decisión que había tomado y todo lo que había hecho para cumplirla por completo era lo correcto. Todo el dolor, en algún futuro cercano, tendría sentido.
Pero cuando sus ojos se inundaron de lágrimas al ver las expresiones en su rostro y en el de Kouichi en la foto, todo pareció tener menos sentido, todo pareció ridículo. ¿Por qué tenía que deshacerse de algo que le traía tanta felicidad? ¿Por qué tenía que deshacerse de todos aquellos recuerdos? En ese momento, mientras más lágrimas caían por sus mejillas, parecía estúpido y sin motivo. Apreció la foto como artista viendo su lienzo terminado. Analizó y apreció cada detalle con vehemencia, en realidad grabando la imagen en su cabeza. Pasó así un buen tiempo, sólo viendo y admirando. Le encantaba la sonrisa de Kouichi, y también le encantaba su fotogenia. De todos los modos, él siempre salía maravilloso, y eso era evidente tanto en fotos como en persona. Y, justo cuando pensó eso, más lágrimas inundaron sus ojos y cayeron. Con un dedo pesado y un pecho hundido, apretó el botón que leía "Borrar". Cuando la imagen desapareció de la pantalla, agachó su cabeza y se llevó una mano a la boca para ahogar el sollozo que la hizo de antesala para el llanto descontrolado después.
Y ese proceso se había repetido para cada una de las fotos de la carpeta especial que tenía en su celular. Sí, una carpeta llena de fotos de ellos juntos o solamente de él. Cada una había tenido su proceso especial de borrado…Y cada una había sido peor que la otra. Cuando las últimas fotos se acercaban, sus ojos estaban tan hinchados y cansados, que ni siquiera podía ver por completo la foto. Eso, sin embargo, solo la hizo llorar más. La única esperanza que tenía era que llegara el amanecer pronto… O que el cansancio emocional fuera tan grande que la noqueara inconsciente de golpe.
El procedimiento le estaba costando la vida, pero ella sabía que tenía que hacerlo. No era simplemente un capricho ni una tontería. Ella tenía que deshacerse de todas las cosas que la recordaran en lo más mínimo a él; de lo contrario, estaba segura que no podría dejarlo ir.
Y lo haría… Debía hacerlo, por su bien y el del mismo Kouichi. Aquella infatuación enfermiza y no correspondida que tenía por él, el sufrimiento que causaba ese mismo rechazo inconsciente de parte suya, aquel anhelo interminable de estar con él, el deseo ferviente de abrazarlo y de proclamarlo suyo, todo eso tenía que irse junto con todo aquello que le recordaba a él.
Lastimosamente no podía acabar con su vida para empezar otra; aunque debería, pues su vida estaba toda marcada por él. Pero estaba segura que al arrancarlo de su vida, poco a poco se iría olvidando, y el dolor menguaría hasta finalmente acabarse. Su misma vida se separaría de la de él y tomaría su significado independiente.
O, al menos eso deseaba con toda su alma.
Sonrío tristemente entre sus lágrimas al recordar cómo, muy a pesar a lo que debía hacer, había guardado las fotos, las cartas, los álbumes, las tarjetas y los regalos en una caja hermosa, finamente decorada por ella, y se los había dado a su nana con la indicación de no dárselos nunca… Pero de asegurarse que estuvieran en un lugar seguro y que nada les llegase a suceder. Sí, su convicción era aun débil, y no la dejaba deshacerse totalmente de él, de alguien sumamente especial en su vida. Su inacabada convicción también la había llevado a otra debilidad; al día siguiente, aunque no debería, compartiría todo su día con él… Sería el último, un día al máximo, y ella no había podido resistirse a la tentación de ese desliz. Dentro de unas pocas horas cerraría para siempre esa etapa de su vida para comenzar una nueva; terminaría ese ciclo de una vez por todas. Le daría a él, su primer y más grande amor, un último día y después, sin que él lo supiese, le diría adiós y lo sacaría de su vida.
Cuando la última foto fue borrada, ya con el corazón y el alma entumecida, recostó su cabeza en la pared y cerró los ojos que ardían de tanto llorar y por la incapacidad que tenían de detenerse. La cabeza le daba vueltas y se sentía vacía, drenada de toda vitalidad y energía. Aun así, de sus párpados cerrados aun se deslizaban lágrimas que caían en sus mejillas y recorrían todo el camino hacía su mandíbula.
¡Qué dolor más inmenso y profundo! Corría y recorría sus arterias y sus venas, llenándola de un pesar que jamás había conocido… Muy parecido al sentimiento experimentado al ser niña y perder a su madre, tantos años atrás. El sentimiento de vacío y desesperación era casi igual, solo que se inclinaba a dos áreas diferente de su vida. Era, entonces, como si Kouichi estuviera muriendo frente a ella…
No, era aun peor. Era como si ella estuviera matando a Kouichi, observando su vida apagarse frente a ella.
¿Por qué? ¿Por qué tenía que hacerlo? ¿Por qué Kouichi no podía fijarse en ella como algo más que una amiga? ¿Por qué se tenía que haber enamorado de su mejor amigo?
Y con aquella batalla interna, la conciencia la abandonó sin ella darse cuenta de que caía en un sueño profundo, y sin embargo, lleno de imágenes de él.
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Me desperté esa mañana con una sonrisa de oreja a oreja que no desapareció ni siquiera luego de que me di un baño, desayuné y le di de comer a mi perro; ni siquiera desapareció luego de que mamá me regañara por la pelea con mi hermano. Había hecho todo con un ánimo inmutable, con un espíritu que no parecía estar dispuesto a que nada ni nadie lo perturbaba.
Aun en ese momento, cuando caminaba en medio del atestado parque lleno de ruidos, mi sonrisa se mantenía intacta. Y, ¿Cuál era el motivo de aquella sonrisa? Simple, pero extremadamente complicado y hermoso. Iba a la casa de ella, a recogerla, para ir a una cita.
Sí, a una cita.
¿El sol estaría brillando especialmente ese día? Así parecía hacerlo, al igual que los pajarillos que también ambientaban en el día con sus más lindos cantos. Las plantas se alzaban buscando la luz y un aire fresco rondaba por el parque. Definitivamente, ese era el día perfecto.
Crucé el parque y luego unas cuantas calles más, finalmente arribando a la casa. Abrí la puertecilla del jardín delantero con la confianza y familiaridad de siempre, y avancé sobre los ladrillos que formaban el camino hacia la puerta principal casi dando saltitos.
¿Qué era yo? ¿Un adolescente enamorado de pies a cabeza? Sí, eso era. No era que importara en realidad. Nada podía molestarme en realidad. Todo era perfecto en ese día; todo debía serlo y lo sería, pues yo me aseguraría de que así fuese.
Toque la puerta y esperé hasta que unos momentos después la señora Ayumi me recibía con una sonrisa.
"Vaya, vaya" Me decía, mientras abría la puerta y se hacía a un lado para dejarme pasar. "No es ninguna sorpresa tenerlo aquí, joven Kouichi… Bueno, quizá a esta hora sí".
No devolví la sonrisa pícara que ella me mostraba; mantuve mi sonrisa de enamorado e inclusive descarté contestar el obvio comentario acerca de mis visitas nocturnas a la casa. Simplemente me dediqué a decir "Es un placer verla, como siempre, Señora Ayumi".
Cerró la puerta tras ella con una sonrisa ahora más divertida. "Sí, seguro que es a mí a quien te alegras de ver, muchacho".
Reí y avancé con confianza hacia el pequeño saloncito de visitas. "No lo dude; es más, ahora me he alegrado aun más de verla".
La señora rió mientras palmeaba mi hombro con suavidad "Ahh muchacho, si sabes hacer reír a esta vieja. Mi niña bajara dentro de unos momentos. Ya sabes el protocolo, ¿Verdad?"
Asentí mi cabeza mientras me sentaba en uno de los sillones del salón. "Y usted sabe que prefiero el jugo de naranja, ¿Verdad?"
"Sí, conozco sus gustos de memoria. Por cierto, ¿Debería de preguntar por el moretón su mejilla?"
Sonreí. "Dejaré la anécdota para otro día".
Ayumi asintió con una mueca de falsa sorpresa y se retiró luego de inclinar un poco su cabeza. Volví a ver al piso mientras estampaba mi pie una y otra vez en el suelo, ansioso. Dios, no era la primera cita a la que asistía, pero no podía controlar mis nervios. No era, ni siquiera, la primera vez que saldría con ella solos los dos, pero jamás lo habíamos hecho con intenciones de citas. Creo que lo que más me ponía nervioso era el hecho de tener el compromiso de no tratarla más como mi amiga. Desde ese día sería más obvio con mis sentimientos, y le haría saber claramente que quería que ella fuera mía, y sólo mía.
Pronto, una de las otras empleadas llegó con mi vaso de jugo de naranja. Lo agradecí mientras ella lo colocaba en la mesita frente a mí y se retiraba. Sintiéndome de repente muy sediento, tomé un poco y lo volví a dejar en el portavasos, parándome para caminar alrededor de la mesita para tranquilizarme.
En esos momentos fue que unos pasos provenientes de las escaleras frente a la entrada del salón me distrajeron y envolvieron mi total atención. Me detuve en seco y vi como ella bajaba de los escalones uno a uno, vestida majestuosamente con un vestido veranero blanco, de tela fina y ligera, que se ajustaba en su tronco y luego se desplegaba holgadamente desde su cintura, cayendo hasta un poco arriba de sus rodillas. Sus piernas, bien tornadas y delicadas, parecían bailar mientras se movían, y estaban adornadas simplemente con unas zapatillas blancas en sus pies. Un ligero suéter amarillo pálido cubría sus desnudos hombros y brazos, y encajaba perfecto con el colgante del mismo color que adornaba su cuello y caía hasta el comienzo de su estómago. Su cabello, brillante y suelto, caía hasta su abdomen en ondas suaves, y enmarcaba su rostro perfectamente. Una sonrisa adornada sus delicadas facciones, y al verla, mi corazón empezó a latir con fuerza y rápidamente, preocupándome por un momento en que se viera su palpitar por mi camisa.
El tiempo transcurrió lentamente mientras la vi acercándose a mí con pasos lentos y seguros, su sonrisa nunca cayendo. Mi cara de sorpresa y contemplación de nuevo tomó la expresión de felicidad total, y la sonrisa de enamorado re apareció en mis labios.
Aquella sonrisa que había aparecido desde que ella me había dicho que sí la noche anterior.
"No entiendo qué los pudo haber llevado a tomarse a golpes" Decía mi madre mientras aplicaba pomada sobre la hinchazón de mi mejilla.
"¿Tomarse? Mamá, él salió ileso de la casa" De cierto yo había provocado la pelea, pero definitivamente no era yo quien lanzó el primer golpe… Ni el último. Hasta algún punto lo agradecía, en realidad, pues sabía que de haber regresado el golpe, si hubiéramos iniciado una pelea que solo el cielo sabía en que hubiera terminado.
"Lo sé, pero me niego a creer que tu hermano tira golpes porque sí"
Bueno, ella no tenía por qué enterarse de los detalles. "'¿Insinuas que algo hice yo para merecer el golpe?"
"Nada justifica un golpe, Kouichi. Ya lo hemos hablado millones de veces, y así es como te he criado".
"Lo sé, mamá. Es por eso mayormente que creo que Kouji salió sin un rasguño de la casa" Dije con algo de pesar. Ahora me alegraba no haberle dado un golpe, pero eso no significa que me hayan faltado las ganas.
Mi madre no insistió más en el tema, y luego de aplicarme la pomada, darme algo para el dolor y una compresa fría, me despachó a mi cuarto para que descansara. Al llegar, sin encender alguna luz y sin quitarme la ropa, me desplomé en la cama, suspirando fuertemente mientras cerraba los ojos y dejaba la compresa sobre mi rostro unos momentos.
Debería de sentirme enojado, decepcionado, inclusive furioso. Pero estaba ansioso y deseoso, incitado e inspirado a hacer cosas que nunca tuve el valor de hacer. Kouji, ¡Que tonto fuiste! Me habías tirado exactamente donde no querías que estuviera.
Y te arrepentirías.
Saqué el móvil de la bolsa de mi pantalón con una mano y con la otra removí la compresa de mi rostro. Abrí los ojos cuando tuve la pantalla sobre mi rostro y con una gran costumbre mis dedos marcaron el número que tantas veces había digitado, moviéndose como si fuesen independientes de mi orden.
Llevé el artefacto a mi oreja cuando dio el primer tono. Justo luego del segundo escuche esa voz que me llenaba de paz.
"Kouichi…"
Sobrecogido por un sentimiento que no supe reconocer en el momento, callé. Era una mezcla del entumecimiento que me había perseguido por semanas, y que últimamente se había apaciguado, y una felicidad extrema que no tenía por qué ser. ¿Qué había despertado todo eso? ¿Qué había en su tono de voz al pronunciar mi nombre que había sonsacado tristeza y felicidad al mismo tiempo?
¿Qué pasaba? ¿Qué estaba tratando de decirme mi corazón?
"Kouichi…" Escuché su voz quebrarse, como queriendo llorar, y entonces todo lo demás se disperso hasta el fondo de mi mente. Primero estaba ella, de segundo también, y de tercero.
Me reincorporé en mi cama rápidamente, dejando caer la compresa al lado. "Hitomi, ¿Estás bien? ¿Qué te sucede?"
Tardó un rato para contestar, seguramente tratando de tranquilizarse ella misma. Cuando hablo, lo hizo suavemente y con un hilo de voz. "Estoy bien, Kouichi…"
Fruncí mis cejas en una mueca de preocupación e incredulidad. ¿A quién creía que engañaba con eso? ¿A mí? "Hitomi…"
"Me siento melancólica, es todo" Explica, y pude tonar como iba calmándose con cada palabra. "Estaba viendo unas fotos viejas… Tenemos una vida juntos ¿Verdad?"
Sonreí. "Sí, así es… Una vida…"
"¿Qué tal tu día?" Preguntó luego de un silencia corto.
Reí mientras llevaba mis dedos al aun punzante golpe en mi mejilla. "Podría contarte, pero lo verás más pronto de lo que te imaginas".
Suspiró. "Eso no me suena a nada bueno".
"Y no lo es. Pero no es nada grave, así que no te alarmes" Dije, a pesar de que sabía que era imposible pedirle eso.
"Sí, claro. Pídeme eso, mientras también iré a practicar fútbol".
Reí, y luego hubo otro silencio. Aproveché para recordarme el propósito por el cual le había hablado, el cual aunque tentador, no era decirle que Kouji me había golpeado.
"Hitomi… Tengo que pedirte algo".
"Dime"
Dejé salir el aire que sin saber sostenía mientras cerraba los ojos y llevaba una de mis manos a la cabeza. Era ahora o nunca. "Mañana… ¿Qué harás mañana?"
"Kouichi, ¿Por qué balbuceas? ¿Qué está-…?"
"¡Cita!" La interrumpí repentinamente, cortando lo que estaba a punto de preguntarme.
"¿Cita?"
"Sí… Mañana. ¿Quieres salir conmigo mañana a una cita?"
Calló por unos momentos y yo empecé a mover el pie intranquilo. Ya había dado el primer paso, ahora solo quedaba especificar qué tipo de cita, si era necesario.
"Nunca habías llamado así a nuestras salidas… Una cita… Tú y yo… ¿Cómo lo estoy pensando?"
Sonreí. "Sí, exactamente como lo estamos pensando".
Calló sólo unos segundos. "Me encantaría, Kouichi".
Me dejé caer sobre las almohadas, una sonrisa de oreja a oreja iluminando el oscuro cuarto.
Cuando llegó frente a mí, los dos nos sonreímos con una sonrisa casi idéntica, lo cual hizo que mi estómago se contrajera placenteramente dentro de mí.
"Estás hermosa" Le dije, mientras metía mis manos a las bolsas del pantalón y me balanceaba sobre mis pies.
Rió, y en menos de lo que pude reaccionar, tiró sus brazos alrededor de mi cuello, abrazándome fuertemente a su cuerpo. Con algo de sorpresa saqué las manos de mis bolsillos y devolví su abrazo, recostándome sobre su hombro y deleitándome de su hombro.
"Tonto…" Murmuró en mi oído, y la sentí separándose un poco para luego plantar un suave beso en mi mejilla. A pesar de que era la lastimada, no sentí ninguna pizca de dolor. Por el contrario, sentí un calor que la inundaba y hacía sentir relajada la piel adolorida.
Nos separamos un poco, siempre en el abrazo, para mirarnos a los ojos. Ella sonrió divertida.
"¿Qué sucede?" Pregunté, contagiándome un poco de su sonrisa.
"Estás sonrojado".
Solté un poco mi agarre alrededor de su cintura nervioso. Yo era le llevaba una cabeza de alto, así que tuve que recurrir a ver arriba mientras aparentemente esperaba que el sonrojo bajara, aunque mis nervios solo lo estuvieran agrandando.
Una de sus manos soltó mi cuello y viajó hacia mi mentón, halándolo suavemente hacia abajo, haciendo que nuestras miradas se encontraran.
Estábamos tan cerca que podía sentir su respiración en mi rostro. Tomó toda mi fuerza de voluntad no inclinarme para besarla, y nunca había sentido esa necesidad tan punzante como en ese momento. Ella me sonrió mientras me dijo en un susurro "Me fascina".
Le devolví la sonrisa y, no resistiendo el impulso, me incliné un poco y besé su frente. Ella cerró los ojos y dejó salir un suspiro.
En ese momento supe que así era como siempre debió de haber sido.
"¿Nos vamos?"
"Sí… Vámonos"
Bueno, bueno. Mucho tiempo, ¿Verdad? Permítanme primero disculparme con todos los lectores que han esperado tanto tiempo. Un proyecto embarcado desde finales de enero ha consumido la mayoría de mi tiempo libre, y no he podido actualizar como tenía planeado.
Y de segundas noticias, tengo algo grave que contarles. El viernes de la semana pasado me cayó una solicitud de la administración del sitio, diciendo que había sido denunciada por "Mal Rating" y que mis trabajos estaban bajo consideración y que, por el momento, no podía actualizar ni publicar nada. Estuve en shock unos buenos 10 minutos antes de tragar las noticias. Si alguno de mis fics ha ofendido a alguien lo lamento, pero no considero que ninguno de ellos tenga mala clasificación ni que viole los término considerados por este sitio. Me hubiera gustado que la persona responsable primero contactara conmigo para decirme su opinión y yo explicar o tomar en cuenta… No considero necesario la denuncia, pero independientemente del mal rato que pasé, ya no todo está bien =) Así que aquí tienen su actualización.
Entre otras cosas, estoy considerando dedicarme solamente a esta historia para terminarla lo antes posible. No puedo tomar la decisión, sin embargo, antes de leer lo que ustedes tienen que decir. ¿Qué piensan? ¿Dejo Innocence en espera y termino esta o sigo actualizando alternamente las dos? Espero sus comentarios acerca de eso de cualquier modo =)
¿Qué me dicen del capítulo? Algo triste, ¿Verdad? Bueno, queridas mías, lo tuve que cortar ahí para no hacerlo más largo… Pero les advierto desde ya que el otro capítulo es todo lo que esperan Y MÁS… ¿Qué le sucede a esta Hitomi, sinceramente, tomando decisiones tan radicales verdad? Humanos, ¿Quién los entiende?
Bueno, agradezco de nuevo su lealtad y espero que disfruten. Innocence para el final de la semana, ¿Sí?
