Mi Señor

Renesmee había estado desesperada por que por fin llegara la noche y así poder estar a solas de nuevo con el príncipe Jacob; dejó que Leah la desvistiera como cada noche y le pusiera su vestido blanco de lino, ambas chicas se despidieron y minutos mas tarde su compañero entró a la habitación que como las noches anteriores solo estaba iluminada por una vela del lado derecho de la cama.

El príncipe se acostó a su lado, pero en esta ocasión en lugar de besarle la mejilla y alejarse de ella a toda prisa, le besó la mano, la palma y sus pequeños y delicados dedos, uno por uno.

La chica se estremeció ante su contacto deseando mas, no solo ese simple gesto.

Sintiendo un puñado de mariposas en el estomago, Renesmee se acercó a Jacob y con la misma valentía que la poseyó en el jardín, lo besó. De nuevo no fue rechazada, sino que mas que bienvenida y correspondida. El príncipe posó sus manos en las suaves mejillas sonrojadas de su compañera eterna, acercándola mas hacia el. Bajó sus labios para besar su mandíbula, su cuello y poco a poco se acomodó sobre ella descansando su peso en sus antebrazos.

Delicadamente acarició su rostro. Jamas se cansaría de ese tierno y delicado rostro, Jacob había recibido su beso de la mañana un tanto desconcertado. Había tratado de darle su espacio, acostumbrarla primero a su presencia y estaba feliz de que ella por fin lo viera como hombre y no solo como un compañero impuesto. Su padre, el rey, le había dicho que Renesmee lo amaba pero el no lo había creído y menos en su primera noche juntos donde ella parecía un animalito asustado. Así que esperó hasta que ella se acercara, no quería obligarla a nada, no quería forzarla. Quería que ella fuera total y completamente libre, que hiciera las cosas por que quería no por que tenia que hacerlas. Primero fue esclava y unos días después se convirtió en princesa en una boda apresurada que el deseaba pero ella tal vez no. Así que por eso el se había alejado de ella, y ahora ahí estaban, compartiendo realmente el mismo lecho, besándose, tocándose, descubriéndose.

Renesmee se sorprendió cuando el príncipe acarició sus caderas desnudas. A que hora le había quitado el vestido de lino blanco? Fascinada y asustada lo vio besar su vientre, su estomago, sus costillas y cuando sus labios rodearon sus pezones se sacudió debajo de el. Jacob continuó su camino de besos hasta llegar de nuevo a sus labios, mientras su mano derecha se perdía entre sus muslos y sonriendo se llevó un dedo a la boca para saborear su humedad. Sonrió cuando Renesmee abrió desmesuradamente los ojos completamente horrorizada, pero los volvió a cerrar contra su voluntad cuando suavemente dos dedos comenzaron a explorar su cuerpo mientras la lengua del príncipe hacia los mismos movimientos en su boca.

-No sabes cuantas noches he soñado con esto - susurró Jacob en su oído antes de bajar los labios por su cuello, dejando un rastro de besos húmedos que la hicieron doblar los dedos de los pies.

El príncipe quería besar cada pedacito de su cuerpo así que se alejó de ella y tomó su pie derecho y besó cada pequeño dedo, el arco del pie y el empeine y le hizo cosquillas en la planta, robandole unas risitas avergonzadas. Sus labios y su lengua recorrieron sus piernas y en su sexo pasó la lengua saboreando su humedad directamente de ella.

El corazón de Renesmee latía desesperado en su pecho, cada respiración se sentía como un violento jadeo y se estremecía cada vez que sus ojos se cruzaban con la mirada brillante de esos ojos negros que la miraban no solo con deseo y lujuria... sino con algo que para ella le era desconocido.

Lentamente el príncipe le dio la vuelta para besar su espalda y ella gritó luchando repentinamente con el.

-Renesmee?

-No, mi señor... no por favor... No - sus ojos se llenaron de lagrimas.

Ella no soportaría ver como se horrorizaba el rostro del príncipe al ver su espalda llena de cicatrices en relieve. Aun recordaba la cara de Leah y Sue aquella mañana en que llegó al palacio y el rey Billy la dejo bajó su cuidado y al lavarla vieron su espalda.

Ella había soportado palizas por días, siempre sucia, con hambre, con sed. Cada día esperaba que sus padres fueran por ella, imaginaba que la buscaban por mar y tierra y sacaban de aquel infierno, pero no. Con cada día que pasaba perdía mas y mas la esperanza y tuvo que soportar maltratos por algo que ella no entendía, por algo de lo cual ella no era culpable. Pero sabia que algún día se reuniría con sus padres, si no en esta vida en la otra. Era su único consuelo, pero en ocasiones se olvidaba de ello y volvía a hundirse.

-No te haré daño. Yo... te lastimé? Lo siento - Jacob sonaba muy arrepentido siendo que no había hecho nada de lo que preguntaba.

-No... es que... no quiero... no quiero que vea, mi señor... No quiero que me vea de esa manera, me gusta la forma en que me ve ahora... - se atrevió a mirar sus ojos negros como la noche inundados de calor y deseo.

-De que estas hablando? - asustado, Jacob se acercó mas a ella con la mano extendida, pero ella se alejó de el tratando de cubrirse con las sabanas.

-No quiero que lo sepa, mi señor.

Por que le estaba hablando como si aun fuera una esclava? Era una princesa ahora, era su pequeña princesa.

-Renesmee, puedes confiar en mi. Lo sabes, cierto?

-Es algo muy feo. No quiero que lo veas - sollozó.

-Nada que me digas o me muestres hará que deje de amarte.

La princesa contuvo el aliento.

-Tu... me amas? - lo miró con sus ojos llorosos.

-Yo se que es muy pronto y seré paciente, haré que me ames. Solo dame un poco mas de tiempo - suplicante, el príncipe tomó su mano con delicadeza.

-Pero yo ya lo hago - susurró ella bajando la mirada.

-Me amas?

Renesmee asintió levemente.

Como no amarlo cuando la trataba de manera tan delicada, cuando era tan atento con ella. Lo amaba y por eso lloraba por su rechazo cada noche. Por eso ahora que el le estaba dando toda su atención y la miraba como si fuera algo comestible le daba pánico que el la rechazara al ver su cuerpo marcado.

-Ansío su compañía, su toque, su mirada. Cierro los ojos y lo único que veo es... es a usted, mi señor. Cuando no esta a mi lado... siento que mi corazón es una roca... Se que no tiene sentido y no se nada sobre el amor... pero es lo que siento. Y no quiero... no quiero que deje de mirarme de la forma en que lo hace, mi señor... Soy una esclava... no soy digna...

El corazón del príncipe tartamudeó en su pecho y le agradeció a los dioses por que esa pequeña y divina criatura lo amara. Su padre tenia razón, Renesmee lo amaba, su pequeña princesa lo amaba. Pero era su princesa, su pequeña princesa, era su compañera, el la amaba y nada que le dijera hiciera o viera lo haría cambiar de opinión.

-Entonces si me amas tanto como lo hago yo... déjame ver. No eres una esclava, eres mi pequeña princesa. Eres mía y yo soy tuyo. Debes tenerme confianza y si no la tienes haré lo que sea necesario para ganarla. Pero quiero que sepas que te amo, Renesmee y nada me hará dejar de hacerlo.

La chica se mordió el labio y con un profundo suspiro dio media vuelta en el enorme lecho. Jacob le quitó el cabello largo y rizado de la espalda y contuvo el aliento al ver las cicatrices en relieve, iban desde el blanco hasta el rosa brillante, que eran de los latigazos que el rey interrumpió. La mayoría de ellos estaban en lo alto de su espalda y sus ropas y cabello siempre las habían ocultado en el palacio. El príncipe se tragó las lagrimas, no podía ni imaginar cuanto había sufrido su pequeña princesa.

Ella había sufrido, pero no mas. Nunca mas y el se iba a encargar de ahora en adelante de que fuera feliz y el la iba adorar como si fuera su propia diosa particular.

El príncipe bajó el rostro y besó cada una de las cicatrices en la espalda de su compañera y ella se retorció debajo de el tratando de huir, pero el la sostuvo en su lugar y fue bajando por su espalda hasta que besó la ultima cicatriz. Al darle la vuelta de nuevo ella aun seguía llorando, su toque había sido suave y ligero pero cada beso le llegó al alma.

-Entrégate a mi, pequeña - susurró el príncipe besando sus labios.

-Si, mi señor.

Aunque el Jacob quería mostrarle todo lo que había aprendido en la India durante su viaje, sabia que tendría que ir lento, despacio para no asustarla. No había recibido ninguna clase de charla con las mujeres de la familia sobre como complacer a un hombre y no sabia si Sue y Leah le hablaron al respecto, pero al el le gustaba saber que tendría que enseñarla en todo. Así que tomo sus pequeñas y blancas manos e hizo que recorriera su pecho con ella; quería que se familiarizara con su cuerpo, que lo conociera como el mismo se conocía y como el quería conocerla a ella.

-Tócame, Renesmee.

Ella obedeció con las mejillas al rojo vivo y se estremeció al tocarlo de manera intima, tal y como el lo estaba haciendo con ella.

-No me temas, nunca te lastimaré. Yo te amo...

Ella solo asintió recorriendo su gruesa longitud como el le había mostrado.

Sus amplios aposentos en penumbra se llenaron de rápidas respiraciones y pequeños gemidos cuando el príncipe tomó a su princesa, haciéndola suya.

-Estas bien, pequeña? - cuestionó en un susurro.

Los brazos gruesos y fuertes de Jacob la envolvían y las uñas de Renesmee estaban enterradas en sus hombros, pero logró asentir.

-Duele... un poco.

-Lo se, pero seré bueno... lo prometo.

Renesmee asintió de nuevo y se dijo que tenia que complacerlo, no debería llorar ni quejarse, no estaba en posición para hacerlo. El príncipe la había aceptado con sus feas cicatrices y ella debía complacerlo. Así que con cada empuje doloroso apretó los labios y dejó que el obtuviera su placer... Pero de pronto dejó de doler y comenzó a sentir algo muy diferente.

Ya no había dolor, sino... Bien, ella no sabia que era eso, pero quería mas. Su cuerpo comenzó a calentarse y moverse por si solo contra el del príncipe, sentía cada pequeña cosa que la rodeaba y al mismo tiempo todo desaparecía excepto ella y el hermoso hombre que la estaba besando y haciendo suya.

Podía sentir su suave piel bajo la punta de los dedos, sentía su sedoso y corto cabello negro que se había rasurado el día de la boda días atrás, sentía el suave colchón de plumas debajo de ellos que se hundía con cada movimiento, sentía la briza nocturna que entraba por la ventana de pared a pared frente a la cama que refrescaba su piel sobre calentada, al igual que la pequeña vela a su derecha que parpadeaba hasta casi la extinción. Todo eso lo notó y desapareció en el segundo en que una poderosa fuerza inundó su cuerpo naciendo en la unión de ella y el príncipe expandiéndose por todo su cuerpo hasta dejarla exhausta.

Segundos después sintió una sustancia caliente y pegajosa en su vientre y al príncipe casi desmayado sobre ella diciéndole que la amaba una y mil veces.

El príncipe se separó de ella minutos después y miró las mejillas sonrojadas de su compañera. No había esperado que ella respondiera a el de esa manera, no la primera vez al menos y una mezcla de orgullo y alivio lo inundó. No la había lastimado, al contrario, ella lo disfrutó y fue receptiva. Aceptó sus caricias y besos de la manera en la que el solo podía esperar en sueños, pero al ver su ceño fruncido, se dijo que tal vez había celebrado demasiado pronto.

-Ocurre algo, mi pequeña? Te lastimé? Fui brusco?

-No, es solo que... - Renesmee tocó la sustancia entre sus cuerpos y recordó lo que Sue le dijo, la semilla del príncipe tenia que plantarse en ella para que diera frutos... Así que como es que iba a darle un hijo si el no...

-Que ocurre, mi pequena? -preguntó Jacob dirigiendo la mirada a donde estaba la suya-. Oh, eso... Aun no quiero compartirte... Te quiero para mi... aunque sea por un ciclo - su voz ronca y posesiva la hizo estremecer.

-Pero... para eso son las compañeras, para... para dar hijos. Si no le doy un hijo... no serviré. La gente hablara y... Yo ya soy vieja y debo de darle un hijo, mi señor.

-Lo se, no me interesa. Dame al menos un ciclo, no te quiero compartir aun. Quiero mostrarte el mundo.

Su tono de suplica desarmó la resolución de la princesa para darle un hijo, para eso eran las mujeres en su era. Solo para dar hijos, para formar un hogar, para darle un heredero a los reyes y príncipes, para servir a sus señores y su señor no quería aun un heredero... pero el rey tal vez si.

El príncipe Jacob seria el rey cuando su padre muriera y Jacob necesitaba herederos, así es como eran las cosas.

-Que te parece si hacemos un poco de practica antes de tener un heredero? - susurró el príncipe estirándose sobre ella para apagar la vela como cada noche, pero en esta ocasión abrazó a Renesmee contra su pecho en lugar de alejarse.

-Practicar?

-Si, practicar... mucho. Tengo mucho que enseñarte, mi pequeña y ambos disfrutaremos al hacerlo - sus dedos viajaron suavemente por sus largos rizos, fascinado por su suavidad, disfrutando de ese pequeño delicioso momento.

-De acuerdo, mi señor - susurró acercándose mas a el disfrutando de su cercanía.

-Por que me dices de esa manera? Soy tu compañero, soy un príncipe y tu una princesa - besó su frente en la oscuridad.

-Como debo decirte?

-Jacob. O... mi sol, mi dios, mi todo - bromeó haciéndole cosquillas y se deleitó en el sonido de su risa.

Era alta, clara y suave.

-Los dioses se enojaran si le digo así, mi señor.

-No lo creo, por que tu eres mi diosa. Mi pequeña diosa.

-No digas eso! - replicó Renesmee asustada por lo que los dioses les podrían hacer si los escuchaban.

-Bien, mi pequeña princesa. Que duermas bien.

Renesmee suspiró de felicidad envolviendo la cintura del príncipe con su brazo derecho y se quedó dormida bajo las rítmicas caricias en su espalda y escuchando el latido del corazón del príncipe.

Su príncipe.