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¿Amante?

por Maye Malfter

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I tried so hard and got so far,

but in the end it doesn't even matter.

I had to fall to lose it all,

but in the end it doesn't even matter.

In the end - Linkin Park

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5

NUEVAS NO TAN BUENAS

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Habían pasado varias semanas desde que Harry comenzara a acudir a las sesiones psicomágicas y a decir verdad estaba sintiéndose de maravilla.

La combinación de pociones para dormir y vitaminas para, según Malfoy, "elevar sus niveles de endorfina" habían dado como resultado un Harry más sereno, relajado y hasta feliz. Más feliz de lo que recordaba haberlo sido en los últimos meses, e incluso en los últimos años. Mucho más tranquilo de lo que recordaba haberlo estado jamás.

En esas pocas semanas, Harry había descubierto lo fácil que era hablar de sus problemas con Malfoy. Las sesiones posteriores a su primer encuentro habían estado enfocadas en liberar esa parte de su pasado que el auror había estado guardando bajo llave por tanto tiempo, para así poder superarla y seguir adelante sin esa pesada carga. Al principio le costaba mucho hablar de ello sin que las lágrimas aparecieran en medio del relato, y secretamente agradecía que Malfoy se estuviera comportando todo lo profesionalmente que había prometido.

Pero poco a poco, y sin notarlo, Harry había ido desechando los malos recuerdos acerca de su fallida y triste relación, cuyo desenlace Malfoy le había repetido millones de veces que no era su culpa.

Incluso había días en los que Harry no encontraba absolutamente nada nuevo que decir con respecto a su tragedia personal, como si el pesado frasco contenedor de todas sus frustraciones y tristezas se estuviera quedando paulatinamente vacío. Así que se pasaba la sesión relatándole a Malfoy situaciones del trabajo o de su vida diaria que lo afectaban o preocupaban de una manera no tan profunda, mientras el psicomago le daba ocasionales consejos de cómo llevar su día a día. Al parecer, Harry finalmente estaba consiguiendo el tan ansiado equilibrio.

Una tarde, mientras hacía el papeleo reglamentario de un caso reciente, Harry recibió una carta de Ginny invitándole a cenar en su departamento de Sumatra Road, esa misma noche. El auror se extrañó por la repentina invitación, pero feliz de poder ver a su amiga - y de no tener que cenar solo - aceptó.

A las ocho de la noche, Harry ya se encontraba frente a la puerta de La Gruta, con una botella de vino de Ogden en una mano - el favorito de Ginny - y una cesta de pan en la otra. El pintoresco nombre del lugar se lo había dado George luego de visitar el departamento por primera vez, describiéndolo como "un poco más grande que su antigua habitación, pero demasiado pequeña para ser una Madriguera". Ron había adoptado el nombre de inmediato, y una semana después ya todos conocían la casa de Ginny por su sobrenombre.

—Hola, Harry —lo recibió la chica, dándole un suave beso en la mejilla y ayudándole con la cesta de pan.

Llevaba un vaporoso vestido azul sin mangas y unos leggins negros, y estaba ataviada con un delantal, lo que daba a entender que era ella quien había preparado la cena. Ginny le sonrió y se apartó de la entrada.

— ¿Cómo estás, Gin? —Saludó Harry, cruzando el umbral y cerrando la puerta tras de sí—. Traje vino.

El departamento era pequeño, apenas una habitación, un salón y un comedor, separado de la cocina por una media pared. Estaba decorado en colores cálidos, que extrañamente evocaban La Madriguera, y el reloj encantado con los nombres de sus hermanos, sobrinos y padres que coronaba una de las columnas del salón colaboraba a ese parecido.

Harry caminó hacia el comedor, dejó la botella de vino sobre la mesa, y siguió hasta el sofá de la sala. Notó que había sido el único invitado a cenar con la muchacha, lo que aumentó mucho más su curiosidad.

—Oh, cariño, eres muy gentil —dijo la chica, caminando hacia la cocina—. Ponte cómodo, en un momento estará lista la cena.

Harry se acomodó en el sofá, mientras esperaba a Ginny. Le gustaba mucho ese sofá, pues él mismo la había ayudado a elegirlo luego de que la chica decidiera irse a vivir sola. Le agradaba estar allí, ya que hacía mucho que no visitaba a su amiga debido a circunstancias variadas, él agobiado por sus problemas de pareja y ella planeando su inminente boda.

Un momento después, Ginny regresó de la cocina con la botella de vino en una mano y dos copas en la otra. Sirvió vino para ambos.

—La cena está casi lista. Mientras tanto podemos hablar aquí —comentó, entregándole su copa y sentándose de forma despreocupada en la otra plaza del mullido sofá.

Harry asintió y tomó un sorbo de vino.

— ¿Me dirás lo que vas a decirme, o es tan malo que primero quieres sobornarme con comida casera? —Soltó Harry ante la divertida mirada de la chica.

—No puedo engañarte, ¿eh?

—No. Recuerda que soy el auror más joven de los últimos cincuenta años —señaló Harry, con una sonrisa petulante al mejor estilo Malfoy.

—Ya… Y que hayas sido mi amigo por más de una década y me conozcas bien no tiene nada que ver ¿no?

—Sólo un poco —admitió, guiñándole un ojo a la muchacha. Un segundo después, ambos rompieron en carcajadas.

—Sabía que me descubrirías, pero igual hay un asunto delicado que quiero conversar contigo —el tono de voz de Ginny se tornó serio, y Harry se sintió repentinamente incómodo. Conocía lo suficiente a su amiga como para suponer que el futuro de la conversación no pintaba nada bien.

—Te escucho.

—Verás… Theo y yo estamos agradecidos contigo por habernos permitido secuestrar tu fecha de cumpleaños como fecha de nuestra boda-

—Ya te dije que no importa —interrumpió Harry—. No tienes que seguir pensando en eso.

—Lo sé, cariño, y nuevamente te lo agradezco. Es por eso que necesitaba hablar contigo, porque creo que vamos a incordiarte una vez más…

—Sólo suéltalo, Gin ¿Qué puede ser tan malo?

La chica le dio una mirada evaluativa antes de continuar. Realmente parecía estar muy apenada por lo que estaba a punto de decir.

—Está bien… ¿Recuerdas que Theo era un Slytherin? Sí, bueno, supongo que sí lo recuerdas porque ustedes veían clases juntos en Hogwarts. El punto es que Theo tiene muchos amigos Slytherin a los que quiere invitar a la fiesta y-

—Si esto es por Malfoy, me temo que tu plan de sobornarme con comida fue en vano. Malfoy ya no es un problema.

Harry sonrió bajo la mirada incrédula de la chica, pues el muchacho aun no le había comentado a nadie acerca de sus sesiones de terapia.

—No, no es por Malfoy… Aunque después tendrás que explicarme ese cambio de actitud, jovencito… Cómo sea, lo que trato de decir es que Theo invitó a ciertos ex-Slytherin que podrían causarte sentimientos encontrados.

— ¿Sentimientos encontrados? Ginny, ya no entiendo nada. Si no hablas de Malfoy, entonces, ¿de quién?

Ginny lo miró nerviosa, mientras se servía más vino. Habló de nuevo.

—Daphne Greengrass, Harry. Theo invitó a Daphne Greengrass.

— ¿Greengrass, la chica que iba en nuestro curso de Hogwarts? No entiendo que tiene que ver eso conmigo.

—Oh, Harry —suspiró Ginny, dedicándole una mirada compasiva, y el auror estuvo seguro de que se estaba perdiendo de algo—. Daphne es… Bueno, yo no lo sabía cuándo Theo le dio la invitación a ella y a su familia… Al parecer Theo también se enteró hace poco-

— ¡Merlín, Ginevra, dilo de una vez!

—Está bien —balbuceó la chica, algo apenada. Tomó aire, y volvió a hablar—. Daphne Greengrass… es la nueva esposa de Seamus. Aunque ahora se hace llamar Daphne Finnigan.

A Harry se le vino el mundo a los pies. Por un instante olvidó donde se encontraba, olvidó sus terapias con Malfoy, incluso olvidó lo bien que se había estado sintiendo esas última semanas. Seamus, su ex, se había casado.

Harry había evitado todo contacto con él, desde bloquear su número de teléfono y devolver las lechuzas sin abrir las cartas, hasta pedirle a Myrthle que no le permitiera verle si por alguna casualidad se acercaba a su oficina. Con todas las acciones realizadas por Seamus para contactarle, lo menos que Harry esperaba era enterarse de que ya estaba casado con la futura madre de su primogénito.

Un momento después, Harry se obligó a volver a la realidad. Ya luego podría lamentarse.

—Ejem… la… ¿la esposa de Seamus, dices?

—Sí, cariño. Ni Theo ni yo teníamos idea. No sé si tú la tenías…

—Sabía que planeaba casarse. Lo que no sabía era que ya estaba casado, ni el nombre de su esposa.

— ¡Imagínate mi sorpresa! —Comentó Ginny, bebiendo más vino— Seamus casado, y con una amiga de Theo. Por supuesto que intenté convencer a Theo de retirar la invitación, pero es casi imposible. Los Greengrass son muy amigos de los Nott, y tanto Daphne como Astoria son buenas amigas de Theo. Aunque si tú me lo pides, definitivamente los mandaré a freír mandrágoras-

—No es necesario que te pelees con tu futura familia sólo para evitarme un disgusto, Gin. Yo ya no tengo nada que ver con él, así que no tienes de qué preocuparte. Seamus puede hacer con su vida lo que quiera.

— ¿Estás seguro, cielo?

—Completamente. No arruinaré tu gran día, y te aseguro que esto no arruinará mi cumpleaños —agregó, con una sonrisa que pretendía ser tranquilizadora.

—Si tú lo dices... —dijo la muchacha, poco convencida— Lo menos que quiero es arruinar aún más tu día, después de todo eres mi padrino, y mi mejor amigo. Sin contar con que sería muy difícil conseguirme otro mejor amigo a tan sólo cinco días de la boda... Por cierto, ¿de qué va eso de "Malfoy ya no es un problema"? La última vez que chequee, no podían verse ni en pintura.

—Oh, nada en especial —mintió Harry—. Es sólo que ya estamos demasiado grandes cómo para seguir comportándonos como los mismos adolescentes tontos de Hogwarts. Solo eso.

—Uhmmm… De todas maneras, Theo ya escogió a Zabini para que sea su padrino. No hay necesidad de tentar a la suerte ¿verdad? —Comentó guiñándole un ojo, para luego levantarse del sofá—. Bien, vamos a comer. La cena debe estar lista.

Harry siguió a Ginny hasta el comedor, sus palabras aún resonándole en los oídos. Tomó el teléfono móvil sin que la bruja se diera cuenta, y escribió un mensaje:

"Necesito una cita URGENTE. Iré mañana en la tarde. Confírmame vía lechuza."

...

—Así que Seamus irá con su esposa a la boda.

—Sí.

— ¿Y tú qué sientes al respecto?

Harry se había pasado la última media hora contándole a Malfoy acerca de su conversación con Ginny, y de cómo había sentido que todos los avances de las últimas semanas se iban al garete en un segundo. Estaban sentados en el sofá del consultorio, cómo hacían algunas veces.

—Ira. Y frustración. Me molesta que él esté tan tranquilo rehaciendo su vida y yo incluso haya tenido que venir a terapia para intentar recomponer la mía. Me parece injusto que sea capaz de arruinarme hasta el mínimo detalle sin siquiera saberlo.

—Aún así le dijiste que no a Ginevra cuando te sugirió cancelar su invitación.

— ¡Por supuesto! De ninguna manera pienso dejar que arruine la boda de mi amiga, ya suficiente tengo con que haya arruinado mi vida.

— ¿Piensas que tu vida está arruinada?

—No. O bueno, pienso que ya no lo está, pero estuvo muy cerca, y todo fue gracias a él.

—¿Crees poder contener tus sentimientos durante toda la boda?

—Puedo intentarlo. Amo más a Ginny de lo que lo odio a él. Simplemente no vale la pena. Nunca valió la pena —concluyó, con hilo de voz y la mirada perdida.

Draco tomó una de sus manos. Solía hacerlo a menudo, cuando Harry se sentía realmente mal. Contra todo pronóstico, el toque del medimago lo tranquilizaba.

—Toda experiencia es valiosa, Harry, recuérdalo. Lo que pasó con Seamus es ciertamente lamentable, pero deja en ti una enseñanza.

—Estoy cansado de esto —dijo Harry, muy bajito, haciendo que Malfoy tuviera que acercarse más para entender lo que decía—. Estoy cansado de intentar sobrevivir, de intentar ser feliz. A la mínima mención de ese imbécil todos mis avances parecen en vano. No puedo creer que luego de lo que me hizo, él pueda seguir con su vida como si nada ¡Es injusto! Debí ser yo el que consiguiera la felicidad rápidamente. Le di tanto de mí, que no quedó casi nada para ofrecer a alguien más.

Malfoy suspiró pesadamente, le tomó del mentón y alzó su rostro. Gruesas lágrimas asomaban en las comisuras de los ojos color esmeralda, pugnando por caer, pero Harry intentó contenerlas lo más posible.

—Potter, no digas eso. Por supuesto que tienes mucho que dar. No dejes que un imbécil que no sabe lo que quiere te haga sentir que no vales. Eres el jodido niño-que-vivió, ¿recuerdas? Pudiste derrotar al Lord, seguro que puedes salir de ésta con vida —afirmó Draco, con una sonrisa.

Harry nunca supo si fue un impulso del momento, la tristeza en su corazón, el cálido toque en su mentón o simple agradecimiento, lo cierto fue que para cuando el muchacho se dio cuenta ya había tirado de Draco por el cuello de la bata y le estaba besando.

Sus ojos se encontraron con los del otro mago, cuyas pupilas contraídas denotaban sorpresa. Los labios de Draco estaban completamente inmóviles ante el contacto con los del auror, y su expresión era algo entre la estupefacción y el asombro. El beso sólo duró un par de segundos, el tiempo justo para que Harry se diera cuenta de lo que estaba haciendo.

Se separó de Draco bruscamente, dando un respingo y alejándose del sofá. Malfoy tenía la misma expresión pasmada, y ahora se llevaba una distraída mano a los labios, tocándolos con delicadeza.

—Potter… ¿qué-? Yo no… —comenzó a decir Draco, pero Harry le interrumpió.

—Lo siento, Malfoy, yo… ¡me tengo que ir! No podré venir el jueves, tengo una cena en La Madriguera por lo de la boda. Nos vemos la próxima semana. Buenas tardes —Se despidió, abriendo la puerta y saliendo del consultorio.

Caminaba a grandes zancadas, tratando de alejarse lo más posible de ese lugar, de ese beso. Por qué demonios hice eso, pensaba mortificado, mientras se alejaba más y más, dirigiéndose a la salida.

...

La noche del jueves, Harry se dirigió a La Madriguera ataviado en el atuendo más elegante que se le ocurrió: un traje negro de chaqueta y pantalón, con una corbata a juego y una camisa color crema. Era la cena de ensayo, y tanto los Weasley cómo los Nott estarían allí, así que vestirse presentable era lo menos que podía esperarse del padrino de la novia.

Habían decorado el jardín para la ocasión, colocando una gran cubierta de lona que le daba cierto aire campestre al evento. Montones de luces encantadas flotaban dentro y fuera de la cubierta, iluminando el lugar y haciendo el ambiente aún más cálido y acogedor.

Un largo mesón se extendía debajo, con alrededor de treinta asientos. Hacia el centro de la mesa había dos asientos diferentes a los demás, y Harry supuso que eran el puesto de los novios.

Apenas llegar, la señora Weasley le saludó y abrazó, al igual que Hermione, Fleur, Angelina, y Ginny. La pelirroja estaba radiante, envuelta en un sencillo vestido rojo ceñido al cuerpo, cuyo color acentuaba el café de sus ojos. Harry se alegró sinceramente por la felicidad de su amiga, y se prometió no dejar que sus problemas personales empañaran ni por un instante el momento feliz de la chica. Minutos después, los Nott hicieron acto de presencia, junto con los demás invitados, y la cena dio comienzo.

Algunos de sus amigos cercanos, como Ron, Hermione, George e incluso la misma Ginny se acercaron a él varias veces durante la reunión, para preguntarle cómo estaba llevando lo del casamiento de su ex. Al cabo de un rato, Harry deseó haber traído consigo la capa de invisibilidad, para así poder escabullirse de la fiesta y de las preguntas.

El muchacho les sonreía a todos, y les aseguraba que no tenían nada de qué preocuparse porque hacía ya mucho tiempo que Seamus no significaba nada para él. Algunos suspiraban aliviados, pero los que lo conocían mejor - como Ron y Hermione - se alejaban con una expresión no del todo convencida.

Entre los invitados a la cena había muchos de los Weasley que Harry recordaba de la boda de Ron y Hermione. También estaba Andrómeda, y algunos miembros de la Orden. El padrino de bodas de Theodore, Blaise Zabini, se encontraba conversando animadamente con un mago de aspecto hosco al que Harry no conocía, pero que posiblemente era parte de la lista de invitados de Theo.

De los Nott, Harry sólo distinguía a los abuelos del novio, pero al parecer habían varios tíos y tías del muchacho, y algunos cuántos niños que jugaban animadamente con su ahijado Teddy y con Victoire, la hija de Bill y Fleur. Todos los Nott eran de tez blanca y cabello color chocolate, tal como Theo, y con cierto aire de prestigio y abolengo presente en casi todas las familias sangre pura, a excepción de los Weasley.

Ver a todos esos respingados en un mismo lugar le recordó a Harry la existencia de cierto rubio platinado con el que se había visto prácticamente en secreto durante las últimas seis semanas, y al cual había besado en un arrebato de mal juicio.

Tenía que hablar con Draco acerca de aquel beso, de eso estaba seguro. Aclarar las cosas para poder seguir con las terapias que tanto bien le estaban haciendo. Tal vez le contactara luego de la boda de Ginny, cuando el mar de estrés y caos se hubiera calmado un poco. Y quizás hasta le invitara a tomar un café fuera de ese reducido consultorio suyo, para hablar como magos adultos y civilizados.

Sí, definitivamente eso haría.

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Meta notas:

*En el canon, la madre de Theodore murió cuando era pequeño, y su padre fue uno de los mortífagos caídos durante el ataque al Departamento de Misterios en el quinto curso de Harry, así que asumo que terminó de ser criado por sus abuelos.


Notas finales: Al que mienta y diga que se esperaba ese beso, le va a crecer la nariz XD

Ya vamos casi a mitad de la historia, y aún faltan muchas cosas interesantes por suceder así que ¡Alerta permanente!

Aprovecho para agradecer a todos los nuevos lectores que se toman el tiempo de comentar, y a los asiduos que comentan puntualmente y me siguen allá donde mi temperamental musa me lleve ¡Son un amor!

Y bueno, me despido por hoy. Un gran abrazo de oso a todos, y nos leemos el próximo lunes.

Maye.