Continúa la Transmisión…

A la mañana siguiente, Número 362 caminaba con un par de adolescentes por el patio de la preparatoria, dispuesta a entrar a clases, cuando una bolita de papel le cayó en la cabeza.

— ¡Rachel! —masculló una voz detrás del bote de basura que estaba cerca. Al darse la vuelta, 362 observó la cabeza de Número 1 asomándose por detrás.

— ¿Chicas? ¿Pueden adelantarse? —le preguntó ella a las adolescentes—. Tengo que… Eh… Ir a tirar mi manzana.

—Pero, tú no tienes una manzana —dijo una de las adolescentes con las cejas arqueadas.

— ¿Ah, no? Por eso… Yo… Voy a conseguir una. Las alcanzó en el salón, ¿sí?

Esperó a que ellas se alejaran y después caminó hasta el enorme bote de basura. Encontró a Número 1 detrás, en posición fetal y con una expresión de pánico en el rostro.

— ¿Ahora qué?

— ¿Ahora qué? ¡¿Ahora qué?! —gritó él y ella tuvo que taparle la boca—. ¡Suéltame! ¡No me dijiste que los de la Otra Cuadra estarían aquí! ¡Y que serían los presidentes de la clase!

—Creí que era obvio, eran nuestros compañeros también en la primaria —explicó 362—. ¿Hablaste con ellos?

— ¡Claro que hable con ellos! ¡Estaba a punto de darles sus pataditas, pero entonces llegó Número 5 y…!

— ¡Ay, Nigel!

— ¡¿Qué?!

—Ellos ya no son peligrosos —dijo 362 rodando los ojos—. ¿Recuerdas que te dije que Padre había desaparecido unos meses luego de que te fuiste? Bueno, cuando los Chicos del Barrio se dieron cuenta de eso, fueron a inspeccionar la mansión de los de la Otra Cuadra. Y ellos ya no recordaban nada, Nigel. Creemos que antes de irse, Padre borró sus memorias para que no pudiéramos encontrarlo.

— ¿Y no pensaron en…? ¡Oh, no lo sé! ¿Encerrarlos y atraparlos por el resto de sus miserables vidas?

—Sabes que no es tan fácil. Si no recordaban nada, no podíamos castigarlos. Además, se volvieron tan inocentes y buenos… ¡Y hacen unas fiestas increíbles!

Número 1 se golpeó la cara con una mano.

—Por cierto, ¿qué tanto le dijiste a Lizzie, eh? —preguntó ella cruzando los brazos—. Recuerda que estás aquí de incognito y que si los adultos llegan a saber que volviste…

—Cálmate, mi chava —dijo él haciendo un gesto despreocupado—. No le dije mucho y además, confió en ella. No dirá nada.

—Bueno, pero necesito resultados rápido, Nigel. Anoche hable con 1400 y me dijo que otro agente fue infectado igual que 46. No puedes darte el lujo de seguir perdiendo tiempo y…

—Ya, ya. Te prometo que ya estaré totalmente concentrado en la misión —dijo Número 1 con un resoplido y la cabeza gacha—. Mi equipo no… Ellos no van a recordar nada y…

—Lo sé, lo siento —dijo 362 poniéndole una mano en el hombro—. Trate de decírtelo. Son adolescentes normales, deja de preocuparte por ellos. Ahora ve a clases y más vale que no sigas llamando la atención, ¿de acuerdo?

Número 1 obedeció y entró a la preparatoria justo cuando el timbre anunció el inicio de clases. Iba caminando por los pasillos, con la mirada baja y arrastrando los pies. Entonces, de la nada, una mano lo jaló hacia el interior de un armario, sin darle tiempo de reaccionar.

— ¡Órale! ¿Qué…?

La puerta del armario se cerró, una lamparita que colgaba del techo se encendió y Número 1 observó a la persona que lo había metido ahí…

— ¿Número 5? —preguntó él, confundido.

—Ya te dije que me llamo Abby, loquito —aclaró ella levantando un dedo amenazador.

—Sí, yo… Perdón, Abby… Es que no entiendo que… ¿Por qué estamos en el armario?

—Mira, quiero que te quede claro que pienso que estás loco —dijo Número 5 cruzándose de brazos—. Y que aún no creo nada de lo que me dijiste ayer. Pero, bueno… Estoy un poco aburrida y no tengo nada que hacer, así que… ¿Por qué no?

— ¿Qué? ¿Estás diciendo que…? —la cara de Número 1 se iluminó—. ¡¿Qué aceptas haber sido una agente de los Chicos del Barrio?! ¡¿Qué vas a ayudarme a combatir la tiranía de los adultos?! ¡¿Y qué vamos a pelear contra los villanos y a darles sus pataditas en las costillitas?!

—No —dijo ella y Número 1 volvió a agachar la cabeza—. Estoy diciéndote que estoy algo… Intrigada por todo lo que dijiste y que si realmente soy una agente de esos Chicos de no sé qué…

—Del Barrio.

—… entonces, me gustaría saber más sobre ellos, ya sabes… Tal vez todo sea cierto y al fin pueda recordar —Número 5 sonrió—. Entonces, ¿qué dices? ¿Aún me quieres en tu equipo?

— ¡SI! —gritó Número 1 y comenzó a saltar de alegría—. ¡Sí, claro que sí!

—Muy bien, ya basta… —le dijo Número 5 intentando detenerlo—. ¡Dije que ya! ¡Oye, loquito! ¡Deja de brincar!

— ¡Ay, perdón! ¡Es que esto es súper hellow! ¡Voy a tener a mi equipo de vuelta, sí! ¡Sabía que aun eras la Abby que conocí! ¡Lo sabía!

—Sí, sí, si —dijo ella rodando los ojos—. Entonces, regresaste del espacio porque esos chicos te necesitan…

—Los detalles de la misión te los explicaré en cuanto reunamos a Número 2, Número 3 y Número 4 —dijo él, recuperando el tono que hacía cada vez que le explicaba algo a su equipo—. Lo cual será muy fácil ahora que ya tengo a mi segunda al mando.

Le ofreció la mano, entusiasmado y Número 5 arqueó las cejas. Después de unos segundos, resopló y le devolvió el saludo.

—Sí, lo que digas. Y, ¿dónde vamos a encontrar a esos tontos?

—Creo que ya tengo un plan —dijo Número 1 y sonrió.


Memo González salió de su clase de Historia con el ceño fruncido. Algunos tipos del equipo de futbol habían estado lanzándole bolitas de papel llenas de saliva durante toda la hora.

Estaba limpiándose los restos de papel del cabello, cuando sintió una fuerte patada en el trasero. El Gran Bobby soltó una carcajada detrás de él.

— ¡Oye! —exclamó Memo, pero se calló al ver la mirada amenazante del sujeto. Intentó seguir su camino, pero otra patada lo golpeó—. ¡Auuu! ¡Ya basta!

Esta vez habían sido los chicos del club de lucha que se reían sin parar, mientras él intentaba seguir avanzando por el camino. Apenas dio otros tres pasos, cuando otra patada lo tiró al suelo, tirando todos los libros de su mochila.

— ¡Es un ñoño! —gritaron los muchachos del club de ajedrez, detrás de él. Uno se limpiaba las lágrimas de la risa detrás de sus anteojos.

— ¡Ay, Memo! —exclamó una chica acercándose a él y quitándole algo de la espalda. Era una hoja de papel que decía "Patéame" —. Debes tener más cuidado con los bravucones de la escuela.

—Lo sé, lo sé —dijo él con un suspiro.

—Por cierto, alguien me dijo que te diera esto —dijo la chica entregándole una nota doblada por la mitad.

—Gracias —dijo él levantándose y tomando la nota—. ¿Quieres salir conmigo, muñeca?

—Muérete, perdedor —dijo la chica dándose la vuelta y alejándose de él rápidamente.

Memo dio otro suspiro y desdobló la nota.

Para: Memo González Jr.

Ya no puedo ocultar más mis sentimientos. Estoy muy, muy, muy enamorada de ti, Memo. Necesito que sepas lo que hay en mi corazón. Esta noche, reúnete conmigo en el campo de futbol de la preparatoria. Te veo a las siete en punto. Ven solo y no llegues tarde.

Con cariño, tu enamorada secreta.

Memo, pasmado y con la boca abierta, abrazó la nota cerca de su corazón.


Kuki Kiut se despidió de sus amigas porristas y caminó hasta su casillero, cuidando que su cabello no se hubiera despeinado luego del entrenamiento y poniéndose un poco de brillo labial.

—Hola, Kuki —la saludó Lance, uno de los jugadores del equipo de futbol. Ella sonrió—. ¿Qué vas a hacer el viernes?

—Bueno, podría ir al cine, o al centro comercial con las chicas, o… —sonrió aún más y pestañeó—. Podría ir contigo a tomar un helado.

—Me gusta el plan del helado —dijo Lance alzando las cejas.

Kuki se rio, pero su sonrisa desapareció cuando escuchó a alguien carraspear detrás de ella.

—Están bloqueando mi camino —dijo el Güero Torres mirándolos con el ceño fruncido.

— ¡Claro que no! —dijo Kuki frunciendo el ceño—. ¿Quién te crees que eres?

—No, no, hay que hacerle caso, Kuki —dijo Lance apartándose rápidamente.

— ¿Qué? ¿Nos vamos a mover solo porque él lo dice?

—Así son las cosas, niñita, ahora quítate de mi camino —dijo el Güero, apartándola con una mano. Kuki frunció el ceño y él siguió caminando hasta perderse de vista.

— ¡No soporto a ese tipo! —gruñó ella.

—Nadie en esta escuela, linda —dijo Lance—. Bueno, te veo el viernes.

Kuki volvió a sonreír y retomó el camino hasta su casillero. Lo abrió e iba a tomar su mochila cuando una nota cayó hasta sus pies.

¿Te gustan los Simios Arcoíris? ¿Quieres llenarte de su amor redondito y divertido? ¿Coleccionar objetos invaluables? ¿Conocer al nuevo miembro de la familia Arcoíris?

¡Solo tienes que venir al campo de futbol de la preparatoria a las siete de la noche!

Sola.

¡No te pierdas esta increíble oportunidad!

— ¡Pffff! ¡Simios Arcoíris! —exclamó Kuki arrugando la nota y tirándola al suelo—. ¡Qué ridiculez! ¡Esas son tonterías para niñas bobas!

Tomó su mochila y se alejó de ahí, pero pasados unos segundos, volvió y recogió el papel rápidamente, volteó hacia los lados, asegurándose de que no había nadie cerca y se fue corriendo.


—Güero Torres, ¿otra vez en detención? —preguntó una señora enorme y con cabello canoso, sentada detrás de un escritorio. Frente a ella había un salón con adolescentes que parecían criminales, sentados en pupitres bastante incomodos—. ¿Qué fue lo que hiciste ahora?

—Hum… Déjeme ver… —dijo el Güero rascándose la cabeza—. Hice llorar al maestro Griffin, puse tachuelas en el asiento de Hueverto Hueverstón, encerré a un chico del club de ajedrez en un casillero… ¡Ah! Y le puse al perdedor de Memo González un letrero de "Patéame" en la espalda.

—Eres incorregible —se lamentó la señora—. Siéntate.

El Güero se dirigió al asiento que había en medio del salón y al instante, todos los adolescentes que parecían criminales apartaron sus sillas, espantados. Él solo gruñó y se dejó caer en su asiento, cuando algo llamó su atención.

En el pupitre había toda clase de rayones y dibujos, pero justo en el centro estaba su nombre y un mensaje escrito con plumón negro.

Güero Torres:

Creo que eres un tonto y un debilucho. Eres el más grandísimo idiota que hay en el universo (créeme, lo sé).

Por eso te reto, Güero, a una pelea hoy, a las siete de la noche, en el campo de futbol de la preparatoria.

Ven solo.

El Güero golpeó el pupitre con el puño y todos los que estaban a su alrededor, se apartaron aún más.

— ¡Oiga! —le gritó a la señora que estaba detrás del escritorio—. ¿Cuánto falta para que sean las siete?

—Pero si apenas son las cuatro, Güero.

—Eso significa que solo faltan diez horas para partirle la cara al idiota que se atrevió a retarme —se dijo a sí mismo, apretando los puños y la señora rodó los ojos.


Eran las siete de la noche. El campo de futbol de la preparatoria estaba vació y silencioso. Solo iluminado por los pocos rayos de sol que aún se distinguían en el cielo. Abby estaba sentada en las gradas, con los brazos cruzados y un gesto de aburrimiento en la cara.

— ¿Hola? —preguntó Memo, apareciendo en la entrada—. ¿Hay alguien aquí?

De repente, se fijó en Abby y su cara se iluminó. Subió torpemente las gradas hasta llegar a su lado y sacó una pequeña flor de su bolsillo.

—Hola, nena —dijo él, haciendo su voz más grave de lo normal—. Es una verdadera sorpresa que me hayas citado aquí. Es decir, nunca hemos hablado, ¿verdad? Sin embargo, creo que puedo hacerte el favor de tener una cita contigo, si eso es lo que quieres…

— ¿Me estás hablando a mí? —preguntó ella arqueando las cejas. Miró la flor, confundida y rodó los ojos—. No, amigo. Yo no fui quien te citó aquí.

— ¿Qué? —preguntó Memo decepcionado—. Pero, la carta decía que…

— ¡Ewww! ¿Qué están haciendo ustedes dos perdedores aquí? —preguntó Kuki apareciendo al otro lado de las gradas.

—Hola, nena —dijo Memo corriendo hasta ponerse junto a ella y agravando la voz otra vez—. Es una verdadera sorpresa que me hayas citado aquí. Es decir…

— ¡Aléjate de mí, perdedor! —dijo Kuki separándose de él—. Ahora, por favor váyanse los dos que tengo un asunto muy importante que atender aquí.

—Sí, los Simios Arcoíris no deben de esperar —comentó Abby con una sonrisa burlona.

— ¿Qué? ¿Simios Arcoíris? ¿Yo? —Kuki soltó una risita nerviosa y negó con la cabeza—. ¡Claro que no! ¡A mí no me gustan esas cosas! ¡Son para niñitas bobas y cursis!

—Bueno, al fin estamos de acuerdo en algo, niñita.

Los tres voltearon a ver al Güero Torres, que acababa de aparecer cerca de Abby. Llevaba su uniforme de futbol americano, con el número 4 resaltando en su pecho y estaba despeinado.

—Ahora, ¿Quién de ustedes, tontos, se atrevió a citarme aquí y sacarme de mi juego, eh?

— ¿Te saliste a mitad del partido? ¡No puedes hacer eso! —exclamó Kuki frunciendo el ceño.

— ¿Y tú no deberías de estar allá? —preguntó el Güero.

—O sea, soy la capitana del equipo de porristas, puedo hacer lo que yo quiera.

— ¡Ahhhh! ¡Es el Güero Torres! —exclamó Memo asustado y corrió a esconderse detrás de Kuki—. ¡No me mates, por favor! ¡Por favor! ¡Tengo mucho por delante!

— ¡Ewww! ¡Deja de tocarme! —gritó Kuki apartándose.

— ¡Quiero saber quién me citó aquí! —exclamó el Güero haciendo sonar sus nudillos—. ¡Díganmelo ahora!

Los tres siguieron gritándose entre sí, mientras Abby los miraba con un ligero tic en el ojo, impaciente.

— ¡YA CIERREN LA BOCA! —gritó. Ellos obedecieron, pero la miraron con el ceño fruncido.

— ¿Qué estás haciendo aquí? ¿No tienes un lugar solitario y deprimente al que ir? —preguntó el Güero cruzándose de brazos.

—Sí, y vamos a ir los cuatro —dijo ella con fastidio.

— ¿Qué estás…?

Pero antes de que Memo pudiera terminar su pregunta, un ruido los sobresaltó a todos. Del cielo comenzó a descender una extraña nave, color verde oscuro y con cohetes rojos incrustados en los lados. Memo soltó un agudo gritó de niña, mientras los demás veían con impresión como la nave aterrizaba en el campo de futbol, frente a ellos.

Hubo mucho humo y al abrirse la puerta principal, una figura salió de ella.

—Compañeros Chicos el Barrio —dijo Número 1 acercándose a las gradas—. Es un honor tener de vuelta a mi equipo, reunido aquí para juntos, en este miserable campo de futbol creado para adolescentes, seguir combatiendo a la tiranía de los adultos, como juramos hacerlo cuando pusimos nuestros mocos en el módulo de códigos. Sé que ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos por última vez, pero confió en que sus habilidades sigan intactas y que sigan siendo el equipo bárbaro que alguna vez fueron. ¡Aquí estoy, como su líder, para pedirles, que una vez más se unan a mí para salvar a todos los niños del mundo!… ¡¿Quién está conmigo?!

—Oye, yo te conozco, eres ese chico extraño que apenas entró a la escuela, ¿verdad? —preguntó Número 3.

—No entendí nada —dijo Número 2.

— ¿O sea que tú me citaste aquí? —preguntó Número 4.

— ¡Ayyy! ¡Él citó a todos aquí! ¿Qué no ponen atención? —preguntó Número 5 con impaciencia.

Número 2 soltó un gemido de horror.

—Oye, está bien que me agradas, Nigel… Pero… Seamos solo amigos, ¿quieres? —dijo él retrocediendo lentamente—. Sé que soy súper guapo, pero no eres mi tipo, viejo.

—No, tonto —gruñó Número 5 rodando los ojos—. Yo te escribí esa nota, pero lo hice solo porque hubieras visto las horribles cosas que escribió este tipo.

Y señaló a Número 1. Éste la miró ofendido.

— ¿Disculpa? Para tu información, Número 5, muchas chicas se conmueven ante mi romanticismo —dijo él cruzándose de brazos—. Si no, pregúntale a Lizzie…

— ¿Qué estás…?

Pero no pudo completar su pregunta, porque Memo volvió a acercarse a ella y sacó de nuevo la flor.

—Hola, nena… Es una verdadera sorpresa que me hayas citado aquí…

— ¡Ay, ya cierra la boca!

— ¡Qué alguien me diga ya a quien tengo que golpear! —exclamó Número 4 con impaciencia.

— ¡O sea, hellow! ¡Cállense ya y déjenme explicarles! —gritó Número 1. Todos guardaron silencio y lo miraron, confundidos—. Haber, será rápido porque no tenemos mucho tiempo. Los cuatro pertenecen a una organización súper secreta llamada los Chicos del Barrio y sus nombres son Número 2, 3, 4 y 5. Después de mucho, la organización nos necesita y debemos de volver a ser un equipo para salvar a los pobres niños del planeta, ¿alguna pregunta?

—Sí, ¿ya puedo irme? —preguntó Número 3.

— ¿Dónde vas a querer tus pataditas, tonto? —preguntó Número 4.

—Entiéndelo, Nigel. Solo seremos amigos. Aunque si tu invitas los nachos, puedo considerarlo —dijo Número 2.

— ¡O sea hellow! ¡Voy a tener que hacerlo a la mala! —exclamó Número 1 rodando los ojos y sacó de su bolsillo un arma.


— ¿Qué les hiciste? —preguntó Número 5 observando a los tres adolescentes que estaban desmayados a la mitad del S.C.A.M.P.E.R. Número 1 también los había atado con una soga.

— ¡Si, lo sé! ¡Este bebé es poderoso! —exclamó Número 1 emocionado, mientras se aseguraba que el piloto automático de su nave estuviera funcionando perfectamente. Sacó el arma de su bolsillo y la besó—. Lo saqué del espacio, ¡es genial! ¿Verdad?

—Sí, claro. Si por genial hablas de aterrador —comentó ella.

Poco a poco, los tres muchachos comenzaron a despertar, removiéndose incomodos entre la soga que los mantenía inmóviles.

—Ay, mi cabeza… —dijo Memo y al abrir los ojos, una mueca de pánico se formó en su rostro y comenzó a gritar—. Pero, ¿Dónde rayos…? ¡Oye, ya estuvo eh! —se fijó en que estaba atado y volvió a gritar.

—Creo que no se lo tomó muy bien —comentó Número 5 levantando una ceja.

— ¿Pero, qué…? ¡AHHHHHHHHH! —Kuki empezó a moverse como loca, retorciéndose entre el Güero y Memo—. ¡SUELTENME, MANIACOS! ¡LES EXIJO QUE ME SUELTEN! ¡AHORA!

—Ni ella —dijo Número 5.

— ¿Qué rayos…? —dijo Número 4 despertando—. Tuve un sueño extraño, de un pelón que… —vio a su alrededor y comenzó a gritar, desesperado.

—Tampoco él —dijo Número 5 y volteó a ver a Número 1, esperando que hiciera algo.

—Haber, haber, cálmense, mis chavos —pidió Número 1 acercándose—. Ya acepté que no voy a poder recuperar sus recuerdos, ¿bien? Pero eso no quiere decir que no pueda recuperarlos a ustedes.

— ¡NADIE ENTIENDE NADA DE LO QUE DICES! —gritó Kuki.

—Ya, que dramáticos, de veras —dijo Número 1 rodando los ojos—. Lo que voy a hacer es tratar de que recuperen a su niño interno. Esos niños que… Que alguna vez fueron mis compañeros —bajó la cabeza y suspiro—. Solo quiero que despierten del mundo de los adolescentes.

—Loco —murmuró Número 4.

— ¿Qué dijiste?

— ¡Dije "loco", sordo!

— ¿Ah, sí? —Número 1 sonrió—. Veamos quien es el loco ahora. Número 5, hazme el favor de desatar a Número 2, ¡pero a la de ya!

Número 5 se quedó quieta.

— ¡O sea, Abby desatas a Memo, por favor!

—Ahhhhh —dijo ella asintiendo—. Explícate.

Obedeció a Número 1 y le quitó la soga a Número 2. Éste se alejó rápidamente de todos y comenzó a saltar de alegría.

— ¡Sí! ¡Soy libre, soy libre! —gritaba, observando burlonamente a Número 3 y 4—. ¡Ja, ja! ¡Tomen! ¡Soy libre y ustedes no!

— ¿Seguro que sabes lo que estás haciendo? —le preguntó Númer él asintió.

—Estoy muy seguro.

Luego caminó hasta los controles y sin decir nada, desactivo el piloto automático.

La nave comenzó a tambalearse con violencia y los que estaban atados, comenzaron a gritar mientras eran sacudidos. Número 5 se agarró con fuerza de una silla, mientras Número 2 se hacía bolita en el piso. Número 1, por otro lado, se sentó tranquilamente en la silla principal.

— ¡¿POR QUÉ HICISTE ESO?! —gritó Número 2 con terror—. ¡SUBENOS AHORA!

—Bueno, si tanto quieres volar, puedes pilotear el S.C.A.M.P.E.R. tú mismo —dijo Número 1.

— ¡ESTÁS LOCO! ¡YO NO SÉ VOLAR! ¡TE DIJE QUE LE TENÍA MIEDO A LAS ALTURAS!

— ¡Que gallina! —gritó Número 4 desde el otro lado de la nave.

—Que lastima, porque ya estamos llegando al suelo —dijo Número 1 con una sonrisa.

— ¡HAS LO QUE DICE, TONTO! —gritó Número 5 cerrando los ojos.

— ¡NO PUEDO, NO PUEDO! ¡YO NO SÉ VOLAR! ¡YA NOS LLEGÓ LA HORA! —gritaba Número 2 y comenzó a correr en círculos por toda la nave—. ¡VAMOS A MORIR, VAMOS A MORIR!

Se asomó por una ventanilla que tenía cerca y comprobó que, efectivamente, la nave descendía cada vez más, cayendo hacia el vacío.

— ¡AHHHHHH!

—Ya te lo dije, Memo. Si quieres salvarnos, pilotea esta nave —dijo Número 1 con tranquilidad.

Número 2 se acercó con pánico hasta los controles. Sus rodillas temblaban y sus manos sudaban. Observó los cientos de botones y palancas que había en el tablero y pegó otro grito.

— ¿ESTÁS LOCO? ¡YO NO PUEDO VOLAR ESTO!

— ¡ELEVA ESTA COSA, PERO YA! —gritó Kuki y sus ojos destellaron tanto fuego que hasta Número 4 intentó apartarse, asustado.

—Haber, haber… Cálmate, tranquilo… —murmuró Número 2 sentándose en el asiento del piloto—. Es como los videojuegos… Sí, eso… Solo que más terrorífico y podemos morir, pero… ¿Qué hará este botón?

En el S.C.A.M.P.E.R. comenzó a sonar una fuerte alarma con luces rojas y la nave se sacudió aún más fuerte.

— ¡AY, ESE NO! ¡ESE NO! —gritó Número 2 y apretó otro botón—. ¡ESE TAMPOCO! —comenzó a apretar todos los botones, como loco. Se asomó de nuevo por la ventanilla que tenía más cerca y volvió a gritar—. ¡AYYYY!

De repente presionó otro botón, sin pensar y colocó ambas manos en el volante, subiendo poco a poco. Cerró los ojos con fuerza y la nave comenzó a elevarse en el aire, tambaleándose cada vez menos.

Cuando Número 2 abrió los ojos, la nave estaba volando.

— ¡LO HICE! ¡LO HICE! —gritó—. ¡VOLÉ, VOLÉ! ¡VOLÉ UNA NAVE! ¿LO VIERON, LO VIERON? ¡ESTUVO INCREÍBLE! ¡Y LUEGO HICE ZAS! ¡Y DESPUÉS, PAM! ¡Y LUEGO YO…!

—Quiero vomitar… —se quejó Número 4 con la cara verde.

—Ay, pensé que no lo lograba… —murmuró Número 1 tocándose el corazón y respirando aliviado. Número 5 lo miró con el ceño fruncido—. Quiero decir… Eh… Felicidades, Número 2. Sabía que lo lograrías.

— ¡Jamás me había sentido tan bien en toda mi vida! ¡Amo volar! —exclamaba Número 2 con la mirada fija en el horizonte, sin soltar el volante—. Llámenme González, Memo González, el piloto del amor…

— ¡Ay, por favor! —exclamó Número 5 pegándose en la frente con una mano.

—Y es solo el principio, Memo —dijo Número 1 acercándose a él. Le puso una mano en el hombro—. Porque si me acompañas en las siguientes fases de mi plan, te dejaré volar todas las naves que quieras.

Extendió su mano, igual a como lo había hecho con Número 5. Memo se puso una mano en la barbilla y torció la boca.

— ¿No irás a hacerle caso a este loco, verdad? —preguntó Número 4 recuperando el color natural de su piel.

— ¡No lo llames loco, ignorante! —exclamó Número 2 y aceptó el saludo de Número 1—. Sí, ¿por qué no? ¿Cuál es la siguiente parada, capitán?

—La fábrica de Simios Arcoíris, por favor —dijo Número 1 y fijó su mirada en Número 3, quien arqueó las cejas, confundida.

Transmisión Interrumpida…


Yeiiii fue el capítulo más largo hasta ahora. Ya pudimos ver a todo el equipo reunido. La verdad es que creo que la niñez de Número 2 estuvo representada por los aviones y el poder volar, por eso decidí que Número 1 lo convenciera de esta manera. En los siguientes capítulos veremos como convence a los demás... Recuerden que ellos aun no tienen sus memorias porque el modulo recuperador está descompuesto (eso será importante después así que no lo olviden muajajaja), pero aun así Número 1 intenta hacer que reviva el niño interior de cada uno.

Espero les haya gustado, muchas gracias por sus comentarios y espero que sigan leyendo.