Buenas ^^ Este capi se viene largo, y eso que no he puesto ni Naruhina ni NejiTen, se los debo para el que viene. Disfrútenlo porque creo que pasan cosas interesantes ¡A leer bien! ^^
Perdón por la tardanza, pero como siempre digo… ¡Aquí me tienen! ¡No los abandonare!
Ya saben, Naruto ni sus personajes me pertenecen.
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Paternidad
Capitulo V: Abuelito dime tú.
Los pasillos majestuosos le daban la bienvenida, apoyando del lado izquierdo su bastón que acompañaba su andar. Su expresión seria motivaba a que siempre se lo saludara con el debido respeto. Así era como se había ganado la vida desde que era un jovencito y seguía con su mismo estilo aunque ahora su rostro portara el paso del tiempo a través de algunas arrugas.
—Danzo-sama —uno de sus empleados le abrió la puerta de su despacho—. Buen día.
—Buenas —saludo formalmente entrado a su oficina, en donde ya lo estaba esperando su socia desde hacia seis años.
Una mujer de un atractivo majestuoso, sensual y picaresco que solo podía expresar la suma inteligencia que poseía dicha dama. Su cabello rojo cobrizo, largo hasta por debajo de su cintura, en su casi totalidad suelto; sus ojos verdes y sensuales, su boca rosada siempre dispuesta a pronunciar piropos a la gama masculina o impropios a aquellos hombres insensatos; su buena silueta, esbelta y pronunciada llamaba la atención de los varones de buen gusto. Mei Terumi, socia y accionista de la compañía de publicidad: Anbu M.S., que se había fundado hacia ya veinticinco años.
—Vaya, hoy se te ve mas amargado que de costumbre, Danzo-san —hablo la fémina, sonriendo levemente.
—Hoy no estoy para escuchar tus comentarios, Terumi —expreso él sentándose en su amplio y digno escritorio presidencial haciendo que Mei entronara sus ojos—. ¿Alguna novedad?
—Una que te va encartar escuchar —la mujer se acerco y apoyo sus manos en el escritorio, sonriendo sensualmente—. Konoha Fútbol Club acepto que nosotros seamos su sponsor en lo que va de esta temporada deportiva. Danzo-san dime… ¿Qué buscas en ese bendito club de fútbol?
—Algo que no es de tu incumbencia.
—¡Claro que lo es! —inquirió fuerte y dándole una fuerte palmada al escritorio haciéndose ver—. Que no se te olvide, que yo también soy socia y accionista mayoritaria de esta empresa. Y desde que he llegado a la misma he visto el esfuerzo y empeño que le has puesto para estar ligado a ese club ¿Qué es lo que pretendes?
El hombre miro de reojo a Mei y siguió manteniendo el silencio, como si pensara que debía responderle a esa astuta y entrometida mujer.
—Ganancia, por supuesto ¿Qué otra cosa podría ser? —hablo despreocupadamente ante la mirada estudiosa y calculadora de Mei—. Hace un par de años que el Konoha Fútbol Club no da a conocer sus números en promedio y eso se debe a una sola cosa y es que están en números rojos. Lo se de una muy buena fuente.
—¿Y porque invertir en una organización que puede ir a quiebra? —se alejo del escritorio y lo miro incrédulo.
—¿No te apetece sumar a tu lista de franquicias a un famoso y prestigioso club de futbol? —Danzo la miro fijamente—. Porque a mi si.
—Estas loco.
—Es un buen negocio, Terumi. Uno que nos dará una excelente ganancia, sumada a la de nuestra excelente publicidad. Escucha, el Konoha Fútbol Club fue estafado hace un par de años por un accionista mayoritario que los dejo en una situación complicada, que fue salvada por el talento de sus buenos jugadores que han ganado campeonato local tras campeonato local, lo que les ha valido de una gran fama y buena vida; pero eso fue una solución a corto plazo; porque el Konoha no ha participado en campeonatos internacionales y ya no se valdrá del suficiente dinero para poder pagarle la fortuna de sueldos que hasta el momento ha establecido. Necesitaran ir a acreedores ¿Me explico?
—¿Y porque no ir directamente al llamado de acreedores?
—Tonta —espeto Danzo fríamente, Mei frunció el ceño—. Confianza, debemos ganar su confianza para que en llamado de acreedores ellos nos elijan a nosotros ¿Lo captas ahora?
Mei suspiro y asintió de cabeza; haciéndole creer a Danzo que comprendía sus intenciones, pero ella no era ninguna mujer tonta y sabía que clase de sujeto era su socio: un hombre que siempre había actuado desde las sombras. Por el momento lo dejaría pasar, pero ya averiguaría cual era la verdadera intención detrás de todo eso. En ese preciso momento, uno de los hombres de confianza de Danzo entro al despacho…
—Danzo-sama necesito hablar con usted de un asunto confidencial —expreso el hombre haciendo una leve reverencia y mirando a Mei, dándole a entender que ella estaba de mas.
—Si es un asunto de la empresa no tiene porque ser confidencial conmigo —dijo cruzándose de brazos.
—Es un asunto personal, señorita Mei —se disculpo el individuo.
La mujer empuño una de sus manos y se retiro del despacho dando un bufido, siendo consciente que solo pretendían sacarla del medio.
—Danzo-sama hay un asunto de suma importancia del que usted debe estar informado.
—Dilo, Fuu.
—Señor es que se trata de… de… —el hombre bajo su mirada, se adelanto unos pasos y susurro con el debido respeto—. De su hija, Danzo-sama.
Mei, que se había quedado pegando la oreja a la puerta de dicha oficina, abrió sus ojos más que sorprendida. Pues, en todos los años como socia de Danzo Shimura jamás había oído que este tuviera una hija; aun recordaba que cada vez que a Danzo se le preguntaba por su familia, este alegaba que ya no tenia, que sus parientes mas cercanos habían fallecido. Pero entonces… ¿Qué significaba eso de su hija?
—Entonces eso es algo de lo que yo no debo estar interesado, ni saber —sentencio fríamente Danzo.
—Pero señor… sucede que llamo una jovencita muy alterada y…
—¡Nada! —gritó entre el exaspero y enojo. Mei ante semejante grito se agacho para espiar desde la cerradura y ver hacia dentro, notando como Fuu extendía un pequeño papel hacia Danzo y que este rechazaba de un manotazo—. Mi hija esta muerta, todos mis hombres de confianza saben eso. No vuelvas a cometer una imprudencia semejante, Fuu.
—Mis mas sinceras disculpas, Danzo-sama —ofreció sus perdones, arrugando el papelito en su mano. Mei se paro de un brinco alejándose un par de pasos de la puerta.
—Retírate.
Fuu hizo una leve reverencia y salió de la oficina, al hacerlo se encontró con la figura de Mei –quien hacia leer unos documentos–, la paso de largo en el mismo momento que tiro el pequeño papel en el cesto de basura, se subió al ascensor del piso y desapareció. Mei fue directamente hacia el tacho de basura y con cierta duda retiro el papel arrugado del que Fuu y Danzo se habían desecho.
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Natsumi frunció el ceño para luego posar sus profundos ojos aguamarinas en su tío Shikamaru.
—Estos regalos no eran para mi ¿Verdad? —cuestionó con viveza la niña, levantando una ceja, mientras se probaba un vestido color carmesí, muy elegante y de gala, que Karura había traído para su hija Temari; y por supuesto que a la niña le quedaba tan grande como en edad y ya lo estaba arrastrando por el suelo del living.
Shikamaru suspiró.
—A mi no me mires, que tú solita te hiciste la idea de que todos estos regalos eran para ti.
—Pero… —la pequeña inflo sus cachetes haciéndolos sonrojar—. ¿No te parece injusto?
—Que problemático.
Karura miraba dicha escena desde la cocina a través del transparente y cristalino vidrio que separaba los confines del hogar Nara de manera moderna y atractiva. No podía dejar de observar a Natsumi, esa niña por cada lado que la mirara le hacia acordar a su pequeño y consentido Gaara cuando era un niño berrinchudo. Sus ojos grises se llenaron de lagrimas emotivas y de orgullo contenido, ella… ¡Era abuela!
—¿Qué el ADN dio positivo? —exclamo con severidad y cierta indignación Tadeshi, mirando a sus tres hijos que estaban sentados en hilera uno al lado del otro frente a él, como si se encontraran frente a un interrogatorio policial; que en realidad era un intenso interrogatorio paternal.
—Así es padre —respondió Temari diplomáticamente—. Fue por ese motivo que le deje en claro a Gaara de que ya no era un crió, que debía hacerse responsable como debía.
—Y así fue como sucedió —explico Kankuro levantándose de su asiento—. Bueno, y como yo aquí no tengo mucho que ver en el asunto, mejor me retiro. Ni que yo fuera el que los hizo abuelos tan irresponsablemente —al escucharlo, Gaara lo fulmino con la mirada.
—¡Sentado! —dio la orden Tadeshi.
—¡Hai! —Kankuro se sentó nuevamente como si fuera un soldadito a cuerda.
—Y a todo esto… ¿No tienes nada que decir, Gaara? —apunto Tadeshi a su hijo menor, era cierto que era su consentido, pero… ¿Esta situación también debía ser consentida?
—¿Qué quieres que te diga, padre? —Gaara miro a su progenitor—. ¿Qué Natsumi no es mi hija? ¿Qué ella en realidad es un invento? ¿Qué en verdad todo esto es una broma? Pues, lo siento mucho, padre… porque nada de eso diré. Todo lo que se dijo es verdad.
—¡Y así de tranquilo hablas! —gritó decepcionado.
En ese momento, Natsumi miro hacia la cocina notando como el hombre que según había entendido era el padre de su papá, es decir, su "abuelo"; caminaba de un lado a otro de la cocina pidiendo explicaciones sobre explicaciones. Dirigió en un fugaz segundo de tiempo sus ojos aguamarinas a la mujer que no despegaba su mirada de ella, su abuela Karura; Natsumi se sonrojo levemente. Karura le hacia recordar mucho a su mamá Matsuri.
—Bien, presta atención —hablo Shikamaru llamando la atención de la niña con una tarjeta en mano, estaban jugando a un juego de preguntas y respuestas—. ¿Cuál es la capital de Italia?
Natsumi se sonrojo violentamente, poniéndose nerviosa; Italia le hacia recordar a algo en particular.
—Roma —respondió desviando su mirada.
Shikamaru suspiro, la nena estaba respondiéndole a todas las preguntas sin titubear y ¡hasta llevaba quince puntos más que él! Busco entre las diferentes tarjetitas de preguntas, buscaría una que la astuta pequeña no pudiera responder "¡Acá esta! Esta no la puede saber… no, no hay modo de que sepa tanto" pensó Nara.
—Ahí va otra… ¿Cuál es el río que separa a los países de Argentina y Uruguay? —sonrió el moreno de manera triunfante.
—El Río de la Plata.
—Tsk.
Mientras tanto desde la cocina…
—¿Y la madre tan irresponsablemente la mando aquí? ¿Así como si nada?
Los tres hermanos Sabaku No bajaron la mirada, eso era algo que aun estaba en el tintero; Gaara lo sabía, él sabia que clase de persona era Matsuri. Ella jamás haría una cosa semejante, puede que las cosas entre ellos no habían terminado de la mejor manera, pero no… Matsuri no era de esa manera. En todo esto había gato encerrado, lo había olido desde que Natsumi apareció en la puerta de su departamento.
—Ya fue suficiente, anata —dijo Karura dándose la vuelta, mirando a su esposo y tres hijos por primera vez desde que habían entrado a la cocina—. Esa niña es nuestra nieta —sonrió levemente y con felicidad—. Es rara la situación, lo se, pero… es nuestra nieta.
—Mhn… —Tadeshi bajo su mirada.
Temari y Kankuro sonrieron, mientras que Gaara miraba a su madre con agradecimiento, seguramente ella había entendido su situación y como debía de sentirse. En ese momento, el celular de Gaara comenzó a sonar.
—¿Moshi? ¿Moshi? —atendió el joven—. ¿Eh? Si, si… soy yo… ¿Por Natsumi? Pero, ¿acaso ella se porto mal? Ah, bien, bien… si, iré. Hasta luego, Izara-sama —al terminar la conversación, guardo su móvil en el bolsillo—. Lo siento, me tengo que ir… me han citado de la escuela de Natsumi.
—¿Escuela? —cuestiono Karura.
—Natsumi va a una escuela musical de verano —hablo Temari.
Gaara se levanto de su asiento y dirigió sus pasos hacia el living para ir en busca de Natsumi, pero su madre lo freno tomándolo del brazo.
—Deja a la niña con nosotros, la queremos conocer ¿Verdad, anata? —la mujer miro a su esposo, quien suspiro cerrando sus ojos para finalmente asentir de cabeza.
—P-pero… —Gaara miro de perfil a su hija que seguía jugando con Shikamaru—. Miren que ella es…
—Gaara hemos criado a tres niños, incluyéndote —Karura le sonrió con la calidez única de una madre—. No nos sorprenderemos de nada.
El menor Sabaku No asintió, nuevamente agradecido. Miro a su hija con atención, tal vez no era una mala idea… Natsumi parecía muy curiosa de querer conocer a sus abuelos, quizás el padre de Matsuri no era tan amorosa con ella. Gaara aun recordaba al señor Shimura, y al hacerlo un severo escalofrió recorrió todo su cuerpo.
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Sasuke salía del gran shopping de Tokio en donde había adquirido unos modelos de botines importados, estaba levemente feliz por su compra. Miro despreocupadamente a su alrededor dándose cuenta que realmente los fines de semana no eran muy entretenidos para él, mucho menos si la noche no estaba presente. Sacudió la cabeza bajando las escalinatas en silencio, perdido en sus pensamientos, que verdaderamente ni eran muchos, siempre él mismo decía que después del fútbol no había muchas cosas interesantes en su vida.
—¡Sasuke!
Se volteo rápidamente y noto como una joven de cabello rojo, ojos del mismo color y lentes que decoraban su rostro blanco y medio alargado, se apresuro a llegar a él, mientras que el mismo Sasuke se quería morir, que se lo tragara la tierra en ese mismo instante.
—¡Sasuke! —la muchacha lo abrazó y lo besó.
—¡E-Espera…! —el joven moreno se alejo de ella muy enojado—. ¿Qué crees que estas haciendo, loca?
—¿Pero Sasuke? ¿Qué sucede?
—¡Eso mismo me pregunto yo! ¿Qué haces aquí, Karin?
—Sasuke estuve esperándote todo este tiempo, se que entrenas mucho por eso no quise molestarte demasiado, pero nosotros somos novios —la chica se puso seria, pero luego sonrió con seguridad—. Mi padre esta muy ansioso por conocerte, le hable mucho de ti.
—¿Eh? —Sasuke no había dirigido muy bien aquellas palabras—. ¡Espera! ¿Dijiste novios?
—¡Si! —Karin lo volvió a abrazar.
—¡No! —Sasuke la volvió a alejarv. Nosotros no somos novios. Entiendo que estuvimos una vez y que la pasamos muy bien, pero eso no significa que seamos novios ¡No y no!
La joven muchacha abrió sus ojos asombrada para luego poner una expresión de desconcierto y a la vez severidad, no podía entender ni creer lo que estaba escuchando en ese momento; para ella las cosas eran muy simples, ya que Karin solo estaba con hombres interesantes con los que podía planear una relación seria. Sasuke parecía estar en su misma sintonía aquella noche que estuvieron juntos. Pero lo que Karin no sabía es que lo que para ella era simple, para Sasuke era complicado.
—¿Qué estás diciendo? ¡Nosotros estuvimos juntos!
—¿Y con eso que? Lo que paso no significa nada, Karin —suspiró él—. Pensé que eras más inteligente.
—¡No me importa! —respondió Karin con seguridad—. ¡Porque desde ahora tú serás mi novio! Se lo dije a mi padre y no pienso defraudarlo.
—¿Ah? —arqueó una ceja enfadado, esa mujer se había vuelto loca si creía que lo iba a enredar así como si nada—. Nosotros no podemos ser novios y no lo seremos, ¡no molestes!
…
Las tiendas esa día siempre tenían a las mejores marcas de ropa femenina en un descuento del 50%, es por eso que los domingos eran sus predilectos y ella por nada del mundo se lo perdía. Le hubiera gustado que Ino la acompañara como en los viejos tiempos, pero entendía que su amiga ya tenía una familia y que en estos momentos no estaba pasando por una situación agradable. Sakura suspiro, y saliendo del shopping se dirigió hacia las escalinatas que daban hacia una gran avenida, con todas las bolsas que llevaba encima necesitaría un taxi de seguro.
Y mientras bajaba las escalinatas distraídamente escucho el parloteo de dos personas que parecían tener una discusión, al mirar hacia el frente sus ojos jade se encontraron con esos orbes negros que ella tanto amaba.
…
—¿Por qué no podemos ser novios, Sasuke? —Karin gritó enfurecida.
—¡Por que…! —en ese preciso momento levanto su mirada furiosa y miro hacia detrás de Karin en donde se encontraba Sakura observando perdida dicha situación, la joven al notar que estaba mirando algo que no le correspondía intento darse la media vuelta para retirarse—. Porque… porque yo ya tengo novia.
Sasuke no supo realmente porque dijo aquellas palabras, pero sin siquiera querer pensarlo subió algunos escalones para agarrar a Sakura del brazo llamando su atención.
—Sasuke-kun hola… digo no… ¿Qué haces? —dijo la chica confundida viendo que él trataba de llevarla hacia un lugar en particular.
—Hazte pasar por mi novia —exigió como si fuera una orden que Sakura debía acatar sin rechistar.
—¿Eh? —sin poder entenderlo la chica en un segundo se vio enfrente de otra joven de cabello rojo y con una expresión en la que parecía llevársela el mismísimo demonio.
—Karin ella es mi novia Sakura y nos estamos por comprometer, que bueno que se hayan conocido. Bien, es hora de irnos, Sakura —Sasuke volvió a tomar a Sakura del brazo—. Apresura el paso.
Sakura no dijo nada, analizando la actitud y cada una de las palabras que había dicho Sasuke. Ambos llegaron hacia el coche de Uchiha, quien saco la alarma del mismo.
—¿Y ahora que debo hacer? ¿Darme la vuelta e irme como si nada hubieras hecho? ¿O aunque sea vas a tener la gentileza de llevarme a mi casa después de hacerme cómplice de tu mentira, Sasuke-kun? —Sakura hablo vivazmente mostrándole a Sasuke todas las bolsas que cargaba.
El joven la miro reprimiendo una pequeña sonrisa que quiso aflorar en su rostro, debía admitir que –a pesar de ser algo pesada y cargosa cuando se trataba de él– siempre había admirado la inteligencia de Sakura.
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Ino miro a su marido y levanto una ceja.
—Cree en mí, por favor —dijo Sai con seguridad—. Llegare para llevar a Kai al cumpleaños de su amigo, te lo prometo.
—Siempre prometes y prometes, y nunca cumples nada —la joven rubia expreso sarcástica—. ¡Perdón por dudar de ti! ¿Sabes? No te lo mereces.
—¡Ino! —protestó—. Lo último que te faltaba es ser sarcástica conmigo. Yo… ¡hago lo mejor que puedo!
—¡Hacer lo que mejor puedes no es suficiente en una familia! No, si no le pones voluntad y encima te sumerges en tu egoísmo.
—¿Me estas llamando egoísta? —la expresión inmutable de Sai cambio por una de sorpresa, sintiéndose ciertamente ofendido.
—¡Si, te estoy llamando egoísta!
Ino no podía bajar su tono de voz, estaba demasiado enojada sin saber muy bien porque, pero en el fondo de su corazón sentía que otra vez iba a sufrir una decepción en manos de su marido; era como si estuviera enojada de ante mano.
—¡¿Qué es lo que te pasa?!
—¡Nada!
Yamanaka Ino se dio la vuelta dándole la espalda a su marido, suspiro agitada tratando de encontrar un poco de aire tranquilizador.
—Perdón —susurró—. Yo ya no quiero… desconfiar de ti, Sai. Ayuda tú también en esto.
El joven moreno se acerco a ella y la abrazó, dándole un poco de su calor.
—Siento haberlos decepcionado tantas veces a ti y a Kai-chan, pero eso ya no volverá a suceder.
Kai miraba dicha situación en silencio desde las escaleras, según él… su padre era un embustero. Porque les volvería a fallar, era una costumbre. El niño sin decir nada volvió a subir los escalones que lo llevaban a su cuarto.
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—¿Cómo?
—Que deseamos que su hija forme parte de la orquesta clásica de nuestra institución. Claro, seria en la Orquesta F, perteneciente a la temprana edad que es hasta niños de doce años.
—¿Y porque? —seguía sin entender.
—Señor Sabaku No es imposible que usted no lo sepa, su hija… ¡es un genio en el piano! —exclamó con suma fascinación Izara-sama, la directora de la escuela de música en donde acudía Natsumi.
—Bueno, es que en realidad Natsumi, ella me dijo que no sabía tocar el piano —Gaara cerró sus ojos sabiendo lo que sus palabras significaban.
—Lamento decirle, señor Sabaku No, que la niña le ha mentido —dijo diplomáticamente la mujer—. Porque yo no miento, sino mírelo usted mismo.
Izara tomo un pequeño control remoto que tenía cerca y encendió la TV plasma que tenia en su despacho.
Gaara dirigió su mirada hacia el video que le mostraba a su hija tocando una delicada pieza de piano.
—Mire sus manos —explicó con cierta fascinación Izara—. ¡Que técnica magnifica! No cualquiera mueve sus pequeñas manitos de esa manera sobre las teclas del piano. Señor Sabaku No créame cuando le digo que su hija o tiene un don especial, o alguien ya le ha enseñado a tocar el piano antes.
El joven miro detenidamente la imagen de su hija en aquel plasma, lo que sin querer lo hizo viajar en el tiempo.
—¡Vamos, Gaara-kun! —dijo Lee de manera efusiva—. ¡Quiero que conozcas a alguien!
—¿Y para que? —hablo inexpresivamente cruzándose de brazos—. Yo no deseo conocer a nadie.
—No seas así, Gaara-kun —Lee lo miro achinando sus ojos—. ¿O es que acaso querías ir con Naruto-kun a la exposición de sapos y ranas que hay en la Expo-Tokio?
—¡Claro que no! —exclamó berrinchudo—. Yo no soy ningún rarito amante de los peluches de renacuajos.
—Ranas y sapos, Gaara-kun —corrigió el moreno—. Bien, entonces nada de quejas. Además, conocer mas gente te va sentar bien. Mira esta es mi escuela, vamos a entrar.
Gaara le siguió los pasos a su amigo entrando al gran edificio antiguo que tenia frente a sus ojos. No se equivocaba en sus conjeturas, la fachada antigua del mismo le mostraba que era una casona oriental de la época de los monjes que ahora –seguramente– había sido convertida en una institución educativa. Se respiraba un aire armonioso en ese lugar, la luz solar que entraba por las ventanas era tan blanca que cegaba, mientras que el olor a jazmín era purificador.
De repente, una hermosa y afinada melodía logro penetrar sus oídos haciendo que su corazón sintiera una paz infinita y extraordinaria, era como sentir que las penas ya no existían, como si flotara en la luz sin la gravedad. Sus pies se movieron solos hacia donde provenía dicha música, cada vez mas cerca, cada vez mas cerca… su curiosidad fue satisfecha cuando sus ojos se toparon con tan linda jovencita tocando aquel piano clásico blanco. Sus cabellos marrones se agitaban al compás de la brisa, sus ojos negros miraban con amor las teclas del piano, sus manos se movían como si bailaran la mejor pieza de vals, mientras sus mejillas se coloreaban de un tierno sonrojo rosa pastel.
Ella era… perfecta.
—Ah, ¿ya la has visto? —susurró Lee, posándose a su lado—. A ella te quería presentar, es mi mejor amiga Matsuri Shimura, una chica maravillosa. Y solo puedes ser su amigo con una condición —advirtió el joven—. No te puedes enamorar de ella, Gaara-kun.
Muy tarde, Lee. Muy tarde.
—Señor Sabaku No… ¡Señor Sabaku No!
—¿Eh? —Gaara salio de su trance.
—Le acabo de hacer una pregunta.
—Lo siento —se disculpo acomodándose en su asiento—. ¿Me decía?
—¿Qué si usted tiene idea de quien le pudo haber enseñado tan magnifica técnica a la niña?
Gaara trago saliva con nerviosismo, él no quería responder aquella pregunta. Le dolía decir su nombre, porque solo se llenaba de culpa. Porque solo él sabia el grave error que había cometido, de la gran manera en la que había fallado. Solo su persona lo sabia, él y nadie mas, o bueno… tal vez también su abogado Baki.
…
Sari suspiró con alivio, pero no pudiendo quitar la culpa que en estos momentos estaba sintiendo. Le había fallado a una amiga, a su única amiga en este mundo, porque le había hecho una promesa que juro que jamás rompería, pero… ¡realmente no era el momento! No, no era la situación para ser orgullosa y mantener dicha promesa. Porque si estaba al alcance de su mano salvar a su amiga, lo haría. Aunque ella luego no la perdonara nunca por la ayuda que había pedido.
—Ben-chan… ¿Tú me guardaras el secreto, verdad?
Miro a su hijo que mantenía en brazos, el pequeño rubiecito de grandes ojos azules levanto una ceja confundido, dándole a saber a su madre que no le había entendido de que estaba hablando. Sari le sonrió con melancolía, para finalmente entrar al departamento que compartía con Matsuri.
—¡Ya llegamos! —anunció poniendo la mejor predisposición y alegría para hacer sentir mejor a su amiga—. ¡Matsu! ¿En donde estas? —Benjiro se llevo a su boca un paquete de chocolate con envoltorio y todo, ansioso por comer el dulce en ese mismo instante, Sari lo regaño mientras caminaba con cierta distracción buscando a su amiga—. ¡No! Debes sacarle el papel, amor… ¡Matsu, ya llegamos! ¿Estas?
Y en el momento que llego a la habitación de Matsuri…
—Oye, Matsu te estamos… —Sari abrió sus ojos espantada, encontrando a su mejor amiga tirada en el suelo, al parecer desmayada—. ¡Oh, por Kami-sama! ¡Matsuri! —gritó alterada, haciendo llorar a su hijo debido al susto que le provoco dicha exclamación y yendo hasta su amiga para socorrerla—. Matsuri, Matsuri respóndeme, por favor… ¡Oh, esta fría! ¡Kami-sama!
…
—¿Y? —Izara miro con cuestionamiento a Gaara—. ¿Tiene alguna idea o no?
Matsuri.
—¿Sabe de alguien que le pudo haber enseñado a Natsumi a tocar el piano?
Matsuri.
—¡Señor Sabaku No! —reprendió la mujer con una mirada severa, pues el silencio tedioso de Gaara ya la estaba poniendo de mal humor.
—P-Pues, su m-madre solía… —de repente Gaara sintió una fuerte punzada en el medio de su pecho que le hizo lanzar una exclamación de dolor, se llevo su mano hacia donde sentía el malestar y arrugo su camisa entre los dedos de su mano—. Itai…
—¿Qué le sucede, señor Sabaku No? ¿Qué le duele?
—El pecho —dijo con malestar—. No puedo respirar.
Gaara se levanto de su asiento e Izara lo imito preocupada yendo directamente a abrir las ventanas de su despacho para que entrara un poco de aire. Y en el momento que se dio la vuelta, pudo ver como Gaara caía desplomado al suelo.
—¡Señor Sabaku No! —gritó espantada, para luego pedir auxilio.
Matsuri.
Fue el último pensamiento de Gaara antes de caer en la inconsciencia.
…
Las sirenas de la ambulancia eran lo único que Sari escuchaba mientras veía como subían arriba de una camilla a una inconsciente Matsuri.
—¡Suba de una buena vez, señorita! —reclamó una enfermera, quien veía una situación critica y sabia que debían estabilizar y llevar a la paciente urgentemente a la clínica.
—S-Si —dijo Sari subiendo a la ambulancia aforrándose a su único compañero, su pequeño hijo Benjiro.
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Karura caminaba por el parque de juegos de la mano de Natsumi, quien se aferraba a ella con mucha fuerza y una notable felicidad. Kankuro caminaba distraído a la par, mientras Temari y Shikamaru iban a unos pasos mas atrás mirando la situación.
—¿Todo ira bien, verdad Shikamaru?
—No te preocupes, problemática —bostezó su marido.
Temari sonrió levemente, el estilo de su marido seguía intacto y no podía quejarse, así se había enamorado de él. Además, solo podía pensar en la ilusión de poder ser madre ya que con Shikamaru lo estaban intentando. La hacia muy feliz el saber que su esposo, el hombre que había elegido por el resto de su existencia, quería compartir esta importante decisión que a ambos le cambiaria la vida.
—Tadeshi —susurró Karura viendo como su esposo venia hacia ellas con unos copos de azúcar en sus manos.
Ella sonrió levemente, su marido podía hacerse el duro, ser serio y hasta a veces mostrarse insensible, pero ella más que nadie sabía que eso solo era una pantalla para ser un buen cabeza de familia.
—¡Copos de azúcar! —expreso feliz con sus mejillas sonrojadas Natsumi.
—Toma —inquirió con una expresión seria Tadeshi, dándole un copo a la niña y corriendo su cara hacia un costado. En el fondo, la niña le parecía adorable, muy parecida a Gaara de pequeño, pero… no quería encariñarse mucho en verdad.
—¡Arigato! —Natsumi le sonrió agradecida.
Esa una gran diferencia con Gaara, su hijo no solía sonreír de esa manera tan jovial cuando era un crío, pero recordaba muy bien que Matsuri Shimura si lo hacia, esa jovencita que había enamorado a su hijo, solía ser muy predispuesta y alegre. Tadeshi Sabaku No aun no podía creer que esa misma jovencita hubiera cometido tal imprudencia con la pequeña Natsumi.
En ese momento, a Kankuro le sonó su móvil.
—¿Moshi? ¿Moshi? —atendió distraídamente alejándose unos pasos de su familia—. ¿Cómo dijo?
Karura observo como Kankuro volvía hacia ellos con una mirada de inquietud.
—¿Sucede algo, hijo?
—¿Eh? No… pero la verdad es que debo irme, me salio un imprevisto —se disculpo Kankuro—. Lo siento mucho.
—No te preocupes, en la semana te pasaremos a visitar —expreso su madre comprendiendo que sus hijos ya tenían vida propia.
—Cuídate, Kankuro —se despidió Temari y Shikamaru sigo con la mirada a su cuñado—. Mejor vayamos a las zonas de los juegos —dijo señalando para el lado sur del parque—. Y Natsumi come despacio el copo de azúcar porque sino luego vomitaras.
—¡Si, tía Temari! —levanto su manito como un soldado obedeciendo una orden, Karura le acaricio la cabeza con ternura.
Natsumi se subió a cada uno de los juegos habidos y por haber; corrió, trepo y le puso ímpetu y energía. Tanto había correteado y jugado que tanto Temari como Karura estaban con ojos hasta en la nuca, Natsumi había mostrado una hiperactividad extrema.
—Vaya, es muy juguetona —dijo Karura sonriendo levemente mirando a Natsumi.
—Si —asintió Temari—. Se dice que con los niños se deben tener ojos hasta en la nuca.
—Es verdad, con ustedes tres cuando eran unos críos hasta su padre tenia ojos en la nuca.
Temari sonrío con agrado y miro a su padre, quien observaba con atención a Natsumi que en ese momento se estaba por lanzar desde un tobogán, ahora poso sus ojos en la niña.
—¡Me voy a lanzar, tío Shikamaru!
Nara sonrió levemente viendo a su sobrina, pero en ese momento un niño sin querer empujo a Natsumi, haciendo que la pequeña se tambaleara y fuera caída libre; Shikamaru abrió sus ojos e intento reaccionar, pero no fue tan rápido como… Tadeshi Sabaku No.
—Salvada —expresó el hombre serio y pelirrojo, con la niña entre sus brazos, para luego mirar a los chicos que se habían quedado arriba—. Tengan mas cuidado.
—¡Disculpe, jii-jii! —dijo uno de los niños.
—¿Jii-jii? —Tadeshi frunció el ceño, sin quitar cierta sorpresa de su rostro.
Karura rió por lo bajo, era muy sorprendente saber que de la nada habían sido convertidos en abuelos y que encima se ve… ¡ya tenían la apariencia de uno!
—Muchas gracias, abuelito —Natsumi le sonrió agradecida y levemente sonrojada—. ¡Miren un espectáculo de agua! —la niña correteo hacia donde veía aquello que le atraía.
—¡Natsumi, despacio! —regañó Temari—. Dios santo, esa niña no para. Espero que solo me deje energías para cuando vengan los míos.
—¿Are?¿A qué se debe eso?
Temari se sonrojo.
—Con Shikamaru lo estamos intentando —confesó ilusionada, una ilusión que Karura solo podía recordar en ella misma cuando estaba esperanzada por ser madre.
Natsumi llego hasta la multitud que estaba apreciando el espectáculo acuático, pero una pequeñita de su estatura no lograba ver hacia el escenario, por mas que empezó a brincar de un lado hacia otro. Hizo una berrinche muy quejosa por no ser grande y mas alta, pero fue callada en el momento que Tadeshi Sabaku No la tomo de los brazos y la alzo para ponerla en sus hombros, dándole a la niña una visión excelente del espectáculo. Con el rostro serio y la mirada impenetrable, con pocas arrugas y aun brazos fuertes, el señor Sabaku No, no era el villano mas tenebroso de los cuentos que Natsumi solía leer; a veces los niños suelen ver cosas que ya la gente adulta no. Y ella veía en Tadeshi a… un amoroso abuelo con cariños simples y toscos, pero con una bondad mas grande que el mismísimo mundo.
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Sakura se acomodo su cabello y tomo las bolsas de todas sus compras, miro de reojo a Sasuke y suspiró. Ese hombre, a pesar del amor que le tenia, era todo un misterio; tal vez era ese misterio el que la mantenía aun prendida a él.
—Bien, Sasuke-kun, me retiro y muchas gracias —dijo abriendo la puerta del automóvil—. Aunque debo confesarte que lo que hiciste frente a esa muchacha me sorprende tanto que… me gustaría saber porque lo hiciste.
—No es tu asunto —espeto él fríamente.
—¡Oh, si! Claro que lo es —ella lo miro arqueando una ceja, pero luego cedió—. Esa chica se veía media psicópata ¿Sabes? Si ella me empieza a molestar o mi vida se ve en peligro, debes saber que no te cubriré, le diré la verdad.
—Espera —el joven la tomo del brazo impidiendo que ella se bajara.
—¿Qué?
—Esta noche te invito a cenar, no te pienses cualquier cosa ni te ilusiones. Simplemente te debo una y ya.
—¿Y quien se hace ilusiones, idiota? —Sakura negó de cabeza haciéndose la superada—. Mira pasa a las ocho ¿Bien?
—De acuerdo.
La jovencita finalmente bajo, cerro la puerta con uno de sus pies al ver que sus manos estaban ocupadas de miles de bolsas de ropa y zapatos; Sasuke no la podía ver, pero ella mantenía una sonrisa tan grande y radiante como el sol. El chico Uchiha miro la silueta y el buen caminar de la joven asombrándose de que bien se movía, negó rápidamente de cabeza ¿Qué demonios era eso? Rió sarcásticamente y solo en su auto, prendió el mismo y partió. Sakura era una mujer, después de todo. Una mujer ardiente y nada más.
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Mei sentada desde su propio escritorio miraba con pura preocupación y un poco de escrutinio el pequeño papelito que había rescatado del cesto de basura. Debía o no debía, esa era la cuestión.
—Mei-sama —hablo un jovencito introvertido y flacuchento de cabello celeste y anteojos negros, quien la miraba con suma inquietud.
—Si me permite a mi, Mei-sama, yo creo que usted no debe meterse en este lío y misterio. Por algún motivo Danzo-sama no presta atención a su hija —opino un hombre un poco mas mayor, quien era tuerto de un ojo por eso llevaba un parche en el mismo—. Tal vez es alguna desafortunada que se hizo la rebelde o alguien que no respeta a su padre.
—Yo creo que ya es una desafortunada por tener semejante padre, Ao-san —dijo tímidamente el más joven acomodándose sus gafas.
—¡Boberas, Choujiro! Lo que sucede es que los jóvenes como tú ya no respetan ni se comprometen como deben.
"¿Compromiso?" pensó Mei ensombreciendo su mirada.
—No es así, Ao-san. Lo que sucede es que a veces los padres dan sus consejos tarde.
"¿Llegar a mi compromiso tarde?" a Mei se le formo una venita en la frente.
—Tonterías, los jóvenes no se dan por enterados y lo hacen al propósito, nunca lo entenderás, Choujiro.
"¿Llegar tarde a mi compromiso? ¿Por eso nunca me casare?" con esos pensamientos en su cabeza Mei se levanto de su asiento silenciosamente y se puso al frente de Ao con la mirada ensombrecida, se acerco a él susurrándole:
—Cállate o te mato.
—¿Ehhh? —el hombre retrocedió sin entender la actitud de su jefa.
—¡Bien! —Mei con expresión renovada y sonriendo con seguridad tomo una decisión—. Llamare a esta jovencita y averiguare que es lo que esconde Danzo, la simple idea de saber que trata a su hija como muerta estando ella viva… me repugna.
…
Sari estaba con la mirada perdida, sintiendo solo el calor del pequeño cuerpecito de su hijo Benjiro, quien verdaderamente no entendía nada. Y ella, a decir verdad, tampoco. Desde que había llegado a esa clínica no le habían dado ni nota de lo que estaba sucediendo con su amiga. Estaba realmente preocupada.
De un momento a otro, sintió la presencia de alguien sentándose a su lado, al voltear se dio cuenta que se trataba de Sasori, quien portaba un semblante algo devastador, pero intento disimularlo.
—Dime que tienes noticias –expreso Sari ansiosa y angustiada.
—Ella esta grave, Sari. Sufrió una recaída muy importante, el doctor Watson la esta estabilizando.
—¡No confío en ese doctor!
—Sari… el doctor Watson es…
—¡No confío en él! —Sari se paró de su asiento casi como si estuviera envenenada.
—Tranquila —Sasori la imito y abrazó junto al niño para poder calmarlos a ambos—. Haré lo que esté en mis manos para salvar a Matsuri.
Sari asintió agradecida dándose cuenta que las palabras de Sasori estaban cargadas de un amor intenso y sincero hacia su amiga, Matsuri. Tal vez él era el hombre que su amiga había anhelado desde que había perdido las esperanzas de amar, era injusto que lo hubiera encontrado… en un momento así.
Se sobresalto al sentir su celular sonar, Sari le pidió con la mirada a Sasori que tomara entre sus brazos a Ben.
—¿Moshi? ¿Moshi?
—Muy buenas… ¿Con la señorita Sari? —una voz femenina y a la que Sari insinuó como muy elegante, se escucho del otro lado de la línea.
—Si, soy yo ¿Quién habla?
…
Mei abrió sus labios levemente en el momento que termino de escuchar las palabras pronunciadas del otro lado del teléfono, una historia que le conmovió y la movilizo en cada poro de su piel, que le hizo sentir la necesidad de llorar de amargura como hacia tanto tiempo no lo hacia. Tenia ganas de volverse una fiera inquieta y arremeter contra Danzo con uñas y dientes.
—No puede ser… posible —dijo mordiéndose los labios.
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Danzo miraba hacia el horizonte desde el cristal del ventanal de su oficina, meditaba y recordaba, ya se estaba poniendo en edad… sabia que le iba a pasar. Pero estaba tranquilo, un hombre tan ambicioso como él no era de dar pasos en falsos y siempre supo que tarde o temprano llegaría su hora. La hora de desquitarse con aquellos que le habían arrebatado lo mas preciado que tenia: su prestigio y… su adorada hija.
Hiruzen –su amigo de la infancia– pagaría por haberle quitado su prestigio y todo aquello que había deseado tener, pagaría teniéndole que vender su preciado club de fútbol a él. Dichoso Konoha Fútbol Club que le seria de carril para vengarse de… Sabaku No Gaara. Ese jovencito con aires de enamorado mentiroso que le saco a su preciado y eterno tesoro: su hija. Ella era lo único bueno que había hecho en esta vida y Gaara se la había quitado sin permiso ni perdón.
Si, jamás se lo perdonaría. Los haría pagar, uno a uno… poco a poco.
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Kai echo su mirada hacia abajo encontrándose con el paquete de regalo que le llevaba entre sus manos para su amigo que hoy cumplía ocho años. Miro de reojo a su madre, quien observo su reloj de pulsera y suspiro cansina. Él lo sabía, ya estaban una hora retrasados, llegaría tarde al cumpleaños de su amigo… si es que llegaba. Su padre airosamente lo había hecho de nuevo.
—Mami yo creo que mejor me voy a mi habitación —dijo tratando de poner buena voluntad.
Ino lo miro con una sonrisa triste en sus labios; en ese momento la bocina de un auto llamo la atención de ambos. En el fondo Kai se esperanzo, pero Ino parecía saber de quien se trataba.
—No te preocupes que tu padrino y tía Temari han venido por ti —no miro a su hijo, pero sabía que ya no había vuelta atrás—. Ellos te llevaran al cumpleaños, recuerda agradecerles con una sonrisa, ellos te adoran.
—Lo sé.
El niño escondió su tristeza, sabía que Temari y Shikamaru no tenían la culpa de nada. Es mas, ellos al tenerlo tanto en cuenta lo hacían sentir especial. Su padrino era la figura masculina que estaba presente, quitándole sin querer el lugar a su padre. Ino abrió la puerta encontrándose con Shikamaru, Kai paso por al lado de ellos sin decir nada, viendo como su tía Temari lo esperaba en el auto sonriente fue directo hacia ella.
—¿Cómo has estado, pequeño? —Temari le sobo la cabeza con cariño, deseaba mucho tener un niño como él.
—Bien —Kai sonrió, después de su madre Temari era la única que le saca esas sonrisas.
—Ven, súbete al auto antes de que pesques algún resfriado.
—No hace frío —se encogió de hombros y subió.
Ino y Shikamaru miraban en silencio.
—Lo siento tanto, Shikamaru. Se que estaban ocupados —Ino parpadeo al darse cuenta de algo—. ¿Y Natsumi-chan?
—Oh, se quedo con sus abuelos en el parque, estábamos con ellos, pero nos vino bien venir por Kai. Considero que la niña debe conocer a sus abuelos por su cuenta.
—¿No me digas que los padres de Gaara…?
—Karura-sama es una santa y Tadeshi-sama no es tan ogro como parece, creo que ya adoran a la niña más que a su vida.
—Ya veo ¿Y Gaara?
—Quien sabe —Shikamaru se encogió de hombros—. Él es un padre tan irresponsable como tu marido.
—Por lo menos Gaara tiene una justificación, le cayó una hija de un día para otro, es normal. Sai no tiene pretextos.
—Solo estaba bromeando, Ino —él suspiro perezoso—. Trata de no precipitarte, nosotros te traeremos a Kai, no te preocupes.
—Kai es el que más me preocupa —Ino se sincero—. Por cierto, te ves bien en el papel de padre sustituto deberías pensar en darle un hijo a Temari-san. Ella es una santa.
—Si, una santa con un hacha en la mano —Ino rió y Shikamaru sonrió mirando a su esposa—. Ma, quien te dice… tal vez pronto.
La joven Yamanaka se sintió feliz por su amigo, Shikamaru se lo merecía y a pesar de que este le aconsejo que se tomara las cosas con calma ella ya había tomado una decisión. Así como su amigo había perdido el miedo problemático a ser padre, ella perdería el miedo a lo desconocido. Y aunque doliera… le pediría el divorcio a su marido. Esta era la ultima que le dejaba pasar.
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La noche mostraba pocas estrellas en el cielo y una oscuridad genuina, con un poco de matiz sombriento. Nada que fuese a destrozar un corazón o a un artista en vísperas de un milagro. Los sucesos más inesperados suceden bajo un cielo tan normal que da escalofríos.
—Pensé que querrías ir a un lugar más lujoso —expresó Sasuke mirando de reojo a su alrededor, notando lo pequeño que era ese resto bar.
—¿Y porque pensaste eso? —Sakura frunció el ceño y tomo unas papas fritas que habían pedido junto a unas hamburguesas—. No soy chica de lujos, nunca lo he sido. Aunque puede que no estés acostumbrado a eso ¿Las mujeres con las que sales te cobran caro?
—Eso fue un golpe bajo.
—Lo siento, pero es la verdad. Tú eres el idiota que te permites cosas así —Sakura sonrió muy a gusto con su comida—. Por cierto, ¿Cómo esta Itachi-san?
Sasuke la miro con furia.
—No me hablo con mi hermano.
—Algo habrás hecho. Itachi-san es un hombre espectacular, inteligente, amable y todo un caballero. Con una moral muy grande y admirable.
—Ya, no me digas que estas enamorada de mi hermano —dijo con recelo y sin saber porque interesado en la respuesta—. Hablas de él como una estupida enamorada.
—Estar enamorada no es algo estupido ¿Y que si en el fondo siempre he estado enamorada de tu hermano? No es algo que a ti debería de importar ¿Ne, Sasuke-kun?
Sakura había sido filosa y Sasuke supo que le estaba tomando el tiempo ¿Ella enamorada de Itachi? Sonrío con sorna, ¡por el amor de Dios! Si Sakura siempre anduvo arrastrada por él. Sasuke tenía un ego muy grande.
—Claro, como no puedes conmigo… vas por mi hermano.
La chica dejo de comer y mordió uno de sus labios con rabia.
—¡Que estupidez, Sasuke-kun! Soy una chica muy hermosa ¿Sabes? En la Universidad tenía muchos pretendientes, de clase y adinerados. Todos mejores que tú —esas palabras dolieron en el orgullo del joven Uchiha—. Pero solo salía con aquellos con los que me llevaba bien, no soy una chica interesada ni mucho menos, pero se que tengo atributos que pueden dejar babeando a cualquier idiota, incluyéndote.
—¿En serio? —Sasuke levantó una ceja desafiante.
—¿Quieres que te cuente un secreto? —Sakura le hablo confidencialmente y Sasuke la miro sereno tratando de leer sus próximas palabras—. Pero me prometes que no se lo dirás a nadie, ni a Ino.
—A nadie.
—Hay una razón por la cual no utilizo más mis encantos con nadie, ya no me interesa.
—¿Y porque?
—En mis estudios en el exterior me enamore perdidamente de un profesor que era veinte años mayor que yo —Sasuke parpadeo sin poder creerlo—. Si, pero se mantenía muy bien, eh… no aparentaba para nada la edad mayor que en realidad portaba. Por supuesto que estaba casado y tenía familia. Pero sin saber como una cosa cedió a la otra y tuve un romance de medio año con él.
—¿Cómo?
—Me di cuenta que era un vicio, que yo le permitía cosas solo porque veía experiencia en él, yo sabia que jamás me daría nada, solo encuentros a escondidas. Pero igualmente esperaba mucho más de él, lamentablemente fui educada a lo antigua. Un día cansada de todo lo fui a buscar a su hogar, tenía mucha rabia y quería decirle que lo odiaba y que su mujer supiera lo que ese hombre bien portado en realidad era. Todo hombre que engaña a una mujer es un canalla. Y yo estaba saliendo con ese canalla —bajo su mirada, Sasuke vio arrepentimiento—. No pude, no pude decirle a su hermosa mujer con aquel bebé en brazos que su marido le engañaba conmigo. Yo que tenia veinte años menos que ella. Ese mismo día, me metí en un bar para sacarme las penas a licores. Una ridiculez, en verdad. Pero mientras me servían la quinta botella de sake, un joven bien parecido se me acerco diciéndome que era una pena que una joven tan bella como yo ahogara sus penas en un bar. Fue un flechazo o tal vez consecuencia del alcohol, pero vi en John a un chico maravilloso que quedo fascinado de mis encantos —Sakura miro a Sasuke con melancolía—. Él me hacia acordar a ti, físicamente claro esta.
—¿Y que paso luego?
Sasuke supo que la historia no terminaba allí y aun no sabia porque le interesaba tanto o cual era el hilo que seguía dicha narración.
—John era el hijo mayor de mi profesor, de mi amante —Sasuke abrió los ojos de par en par, nunca se hubiera imaginado algo así de Sakura—. Lo supe tres meses después de estar de novia con John, cuando me dijo que quería presentarme a su familia. Cuando vi su hogar ya conocido por mí y puse mi pie allí, vi en la mirada de mi profesor el odio que me envolvía, una mirada llena de veneno también hacia su hijo. John no tenia la culpa de nada, si yo hubiera sabido desde el principio que ellos eran familia jamás, pero jamás hubiera salido con John. Las cosas no terminaron bien, no para John que nunca supo lo de su padre y yo, sino para mí. Y en ese momento comprendí, que hay cosas que por más que desees mucho, no cambian. Como tú, Sasuke-kun, que tienes la cara de John pero la mirada de odio de su padre. Cuando volví aquí esperanzada de verte, intente utilizar mis encantos y como siempre me ignoraste, ahí lo volví a ver de nuevo… uno espera mucho de personas que nunca le darán nada. Por eso, ya no utilizo mis encantos contigo, porque por más que intentes ignórame mas de una vez te he visto contemplarme. Pero ya tú eres un caso perdido, como mi profesor.
Sasuke se hizo para atrás para contemplar a Sakura, su boca estaba seca, pero sabía que la de Sakura solo decían la verdad.
—Yo no soy así —fue lo único que logro decir.
—Si, lo eres.
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Abrió los ojos poco a poco sintiendo un mareo intenso, sin ni siquiera hacer el esfuerzo de levantarse. Miro el techo y luego cada rincón de aquella habitación dándose cuenta de que no era su recamara y tal vez ni siquiera su casa.
—Ah, con que ya despertaste ¿eh? —reconoció dicha voz como la de su hermano Kankuro—. Me hiciste preocupar, dormiste como un animal.
—¿Qué hora es?
Gaara se incorporo llevándose una mano al pecho.
—Las diez de la noche.
—¡Natsumi! —expreso tratando de salir de la cama.
—Tranquilo —Kankuro lo calmo haciendo que se siente como era debido—. La mocosa esta con mamá y papá, no tienes que preocuparte por ella. Nuestros padres están en tu departamento así que tranquilo. Mas que preocuparte por ella deberías hacerlo por ti ¿Qué demonios fue lo que te paso?
—No lo sé.
—El medico dijo que sufriste un desmayo ¿Un desmayo tú? Eso es raro de creer.
—Soy un ser humano, Kankuro, me puede pasar como a cualquiera —en ese instante escucho voces y música del otro lado de la puerta—. ¿Y eso?
—Kiba y los muchachos. Hombre tú estas muy estresado, la vida de padre no te sienta bien. Así que decimos con los chicos hacerte una pequeña fiesta para que recuperes las energías.
—Kankuro… —Gaara suspiró cerrando sus ojos a punto de explicar que no era un buen momento, pero en ese instante apareció en la puerta de la habitación una joven rubia de facciones americanas y ojos almendra, de un figura exquisita que lo que menos que tenia puesto era ropa.
—Giselle, tu americana favorita ¿La recuerdas? —dijo su hermano—. Es toda tuya esta noche, esta muy preguntona por ti.
¿Qué si no recordaba a Giselle? Claro que Gaara la recordaba, si en una época se había embobado por ella, hasta se había vuelto su chica oficial y ahora que se lo ponía a pensar; no visitaba ni veía desde la llegada de Natsumi a su vida. Su hija pedía mucho de su tiempo.
Kankuro se retiro silencioso creyendo que le hacia un bien a su hermano, Gaara no estaba hecho para ser padre, él tenia que recordar sus andanzas y que mejor con la mujer que lo traía loco.
—¿Cómo has estado, Gaara? —la chica se acerco a él, acariciando su torso—. Hacia mucho que no te veía, me has dejado a un lado.
—No es eso, se aparecieron cosas.
—¡Oh, si! —sonrió, pero en el fondo se moría del veneno, había jurado capturar a Gaara a como diera lugar, jamás se imagino que otra mujer con la presencia de una hija le ganarían de mano—. Esa niñata que dice ser tu hija ¿Ne?
—Es mi hija —Gaara cerró los ojos sintiendo los besos de aquella mujer por su cuello.
—Olvídate de ella, y solo piensa en mí. Olvida todos los problemas que has tenido que pasar y solo piensa en mí. Olvídate de todas tus obligaciones y solo piensa en mí.
Se sentía bien, no lo podía negar. Él necesita eso, lo necesitaba con ansias, quería recordar lo que era antes de que Matsuri volviera a aparecer en su vida junto a Natsumi. Gaara había jurado no volver a enamorarse y eso era porque su corazón siempre había sido de Matsuri, pero ella nunca había regresado. Matsuri jamás había reparado en sus sentimientos y lo había abandonado, incluso llego a odiarla por ello.
Giselle abrió su boca y la unió junto a la de Gaara, se sintió tan excitada que comenzó a moverse deliberadamente provocando a Gaara con su solo roce. Sus cuerpos se agitaron, queriendo más. Mucho más. La mujer lo arrincono contra la cama, le mostraría que ella era la mujer que él necesitaba, no los recuerdos de un fantasma que ahora se aparecía en forma de hija.
"Gaara ya no es ningún crío, debe hacerse cargo. Miren a la niña es igual a él y a Matsuri. No hay necesidad de un ADN" La voz de Temari hacia eco.
"Tonto, mamá tenia razón. No te quiero mas." Esas palabras de Natsumi dichas el primer día que había vivido junto a ella le habían dolido de verdad.
"Te doy la razón, Gaara no esta para ser padre, es un irresponsable. Pero la niña lo quiere, no se puede contra ello, Kankuro. Es como Matsuri, lo quería a pesar de saber que Gaara nunca le daría mucho" Lo dicho por Shikamaru en una charla confidencial que había escuchado por error volvía a su mente y lo hacía arder de rabia. Él si quería a Matsuri tanto como ella a él ¿Por qué todo el mundo daba por sentado que no? Eso lo hacia enojarse mas.
"Te amo, Gaara" La voz de Matsuri en aquel pasado feliz.
—Yo también te amo, Matsuri.
Giselle lo aparto de un momento a otro para mirarlo directamente a la cara y con una ceja en alto.
—¿Qué fue lo que dijiste?
—Nada —Gaara saco a Giselle de encima suyo—. Yo mejor me voy.
—No, tú no te vas. Tú te quedas conmigo —Giselle lo tomo del brazo, él la miro desconcertado, si había algo que no le gustaba de ella era ese aire manipulador y posesivo que tenia—. Es nuestro reencuentro, es nuestra noche, Gaara.
—Lo siento, pero tengo una hija y responsabilidades que atender —dijo levantándose de la cama y poniéndose sus zapatillas.
—Kankuro me dijo que estaban tus padres con la niña ¡Vamos, quédate conmigo! —ella lo abrazo por la espalda.
—He dicho que no —se levanto en busca de su campera—. No quiero estar con nadie además, yo no puedo estar contigo.
—¿Por qué?
—Porque soy un hombre casado.
Fue lo último que dijo al cerrar la puerta tras de si.
Kiba, Kankuro y compañía, quienes se encontraban en compañía de varias mujeres conocidas de fiesta en fiesta, no solo escucharon el grito dado por Giselle sino que miraron como Gaara se ponía su campera y salía de aquel departamento.
—¡Gaara! —lo llamo su hermano, pero no logro alcanzarlo—. ¿Pero que mosca le pico?
Kankuro miro hacia la habitación donde antes había salido su hermano y se encontró con la figura de Giselle, quien estaba en el marco de la puerta y lo miraba como pidiéndole una explicación.
—¿Se puede saber que demonios le sucede a tu hermano? —la rubia enarco las cejas mostrando un enojo evidente—. ¿Cómo es eso de que es un hombre casado?
—¿Ehhh?
Kankuro no sabía que decir, estaba tan sorprendido como todos los que escucharon aquella frase.
…
Natsumi estaba encerrada en el baño, bajo su mirada con cierta tristeza en el momento que apago su celular. Se sentía muy triste sin saber porque, hoy en todo el día su mamá no le había atendido el teléfono. Eso nunca pasaba, Matsuri siempre tenia tiempo para ella.
—Mami.
—Natsumi salte del baño de una buena vez, que ya está la comida —Karura la llamo dando un golpecito suave a la puerta.
—Sí, ya voy.
"Mami te extraño", sus pensamientos la engañaron y una pequeña lágrima rozó su cachete rosado y aniñado.
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Una semana había pasado desde que los señores Sabaku No habían hecho presencia en Tokio, Temari se sentía tan animada que ninguno de los berrinches de su hermano Kankuro, ni la pereza de su marido la tenían afectada. La reunión de Natsumi y sus abuelos le alegraba el alma. Las cosas parecían andar en ruedas cuatro por cuatro, los días en familia le habían sentado tan bien que hasta creyó ver a Gaara sonreír una vez.
—Ya estoy —dijo Shikamaru terminando de ponerse su abrigo—. ¿Lista?
—Si —sonrió ella delicadamente.
El matrimonio salio del hogar Nara en dirección a la cita con el medico que venia siguiendo los estudios de Temari. Hoy los había mandado a llamar a ambos porque tenía que hablar con ellos. No sabían que tenia por decirles el medico de cabecera, Temari esperaba que sean buenas noticias. Después de todo, ella y Shikamaru estaban todos las noches trabajando para un hijo.
…
Gaara estaciono su automóvil en frente de la academia de música en donde asistía Natsumi ya con regularidad. Miro de reojo a la pequeña, la notaba hacia un par de días algo apagada o preocupada por algo; se encogió de hombros ¿Qué preocupación podría tener una niña de seis para siete años?
En ese momento sonó su celular, al ver de quien se trataba, no contesto. Directamente apago su móvil, Giselle desde la última vez lo llamaba insistentemente.
—¿Es tu novia la que te llama? —Natsumi pregunto mirando hacia fuera de la ventanilla.
—¿Mi novia? —parpadeo sin entender—. ¿De dónde sacaste eso?
—La otra vez te estabas bañando y tu celular sonaba, así que atendí. Una tal Giselle dijo ser tu novia y que te llamaría luego, que te dejara el recado.
Gaara frunció el ceño, había dos cosas que le molestaron de ello.
—Primero que Giselle no es mi novia, yo no tengo nada de eso. Y segundo… ¿Por qué no me diste el recado?
Natsumi se encogió de hombros.
—Me olvide —expresó con tono desinteresado.
Si, claro… y él era el rey de Inglaterra.
—Izara-sama hace una semana atrás me propuso de que entraras a la Orquesta F, esta esperando mi autorización —Natsumi se sorprendió de escuchar aquello y miro a su padre con ansias—. Dice que eres un prodigio del piano.
—¿Y me dejaras? —preguntó ilusionada, una mirada que hacia tiempo Natsumi había perdido.
—No lo se, eso depende de ti.
—¿De mi? —Natsumi arqueo una ceja.
—Si, depende de que me digas de una buena vez la verdad —Gaara la miro seriamente—. ¿Por qué me mentiste?
Natsumi sintió un sudor frío recorrerle desde su frente a su cuello y desde su nuca hacia su cintura ¿Acaso Gaara había descubierto la verdad? Eso estaba mal, muy mal.
—¿M-Mentirte?
—Si ¿Por qué me dijiste que no sabias tocar el piano? Izara-sama me mostró un video, a ti ya te habían enseñado… dime quien.
Shimura Natsumi suspiro con alivio, Gaara no entendió aquello.
—Mi mamá… —se sonrojó como si hablara de alguien a quien amaba mucho—. Ella es un genio en el piano, desde que era muy pequeña mamá me sentaba entre sus piernas y me ensañaba a tocar el piano.
—¿Por qué no me lo dijiste? —Gaara sintió un sabor amargo y otra punzada profunda con solo imaginarse a Matsuri enseñándole a una aun más pequeña Natsumi a tocar el piano.
—Pensé que te enojarías.
Gaara suspiro entendiendo que aun le faltaba mucho para conocer del todo a su hija.
—No estoy enojado, nunca me enojaría por algo así. Solo no vuelvas a mentirme, debe haber confianza, así supongo nos llevaremos mejor.
Natsumi bajo su mirada, eso no la hacia sentir muy bien que digamos.
…
—Buenos días, Temari y Shikamaru Nara
La médica saludo haciéndolos pasar a su consultorio.
—Buenos días —respondió Temari y Shikamaru solo se limito a saludar de mano, él no entendía muy bien que es lo que hacia allí, se suponía que los análisis eran referente a Temari, ella luego le contaba todo. Pero si la doctora había pedido la presencia de ambos.
—Siéntense, por favor —la mujer les señalo las sillas al frente de su escritorio.
—¿Ya están mis estudios, Tsunade-sama? —preguntó ansiosa Temari.
—Así es —la rubia de ojos miel y cabello recogido en dos coletas bajas, cambio su semblante amable por uno más serio y duro—. Verán… lo que tengo que decirles es un tanto delicado.
Temari cerró sus labios que dejaron de sonreír y Shikamaru tuvo un mal presentimiento, de esos que lamentablemente… siempre se cumplían.
Continuara…
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Bueno, aquí ha terminado este capitulo, creo que lo deje en una parte interesante y con intriga ¿eh? Si logre eso ¡buenísimo! Porque era lo que buscaba.
Próximo episodio: Decepción.
Ya verán que el capi que viene, tal vez… haya un "encuentro" esperado. Muchísimas gracias por leer y seguirme, gracias de todo corazón.
¡Hasta el próximo capitulo!
