D:Los personajes de Hetalia (como todos ya sabemos) no me pertenecen.


Capitulo 6

Ludwig ya estaba cansado de tanto avión. Había pasado aproximadamente una semana desde ese primer vuelo que cogió a Venecia. Este ya era el sexto. Prácticamente estaban cogiendo un avión por día. Si por lo menos podría caer en los brazos de Morfeo al igual que su hermano…

-Onkel (tío)Lud, cuéntanos una historia.-Y al final siempre acababa hablando con sus sobrinos.

-Había una vez tres cerditos que…

-Una real.

-¿Cómo que queréis que os cuente? –Preguntó el germano feliz de no tener que contar la historia de los cerditos.

-Alguna que te ha pasado a ti. Una historia de la historia histórica.

-¿Qué?

-Una cosa que pasó de verdad, que te pasó a ti.

Y así comenzó a contarles a sus pequeños sobrinos tal abuela con sus nietos historias de un tiempo que ya no existía. Les contó desde anécdotas divertidas hasta de las partes más tristes de la historia. Pero no contó una cosa muy importante, no les contó como conoció a Italia. Ya que esa historia era de los dos y nadie mas.

Sin que se diera cuenta acabaron en el aeropuerto de Madrid. Ludwig no comprendía que hacían allí, necesitaban ir a Atenas, no a Madrid. Gilbert se acercó a los chicos, todos lo miraban con cara extraña.

-Lo siento bruder (hermano). Pero hemos de quedarnos aquí para un concierto. Ve a Atenas y regresa aquí. Te esperamos en esta dirección. –Dijo el albino dándole un papel con una dirección.

-Danke (gracias). Nos volveremos a ver pronto.

El albino le dedico una sonrisa y levantó si cruz de plata. El alemán hizo lo mismo. Luego se despidió de los dos niños que le habían acompañado durante tanto tiempo. Estos le dedicaron una sonrisa y se despidieron.

Tomó otro avión que lo llevó a Atenas. Se durmió durante casi todo el vuelo. Cuando no estaba dormido estaba pensando en que pudo haber hecho el joven italiano cuando estuvieron separados. ¿En que trabajaría? ¿Qué haría en su tiempo libre? ¿Cómo se llamaría?

Llegó a Atenas sin demasiados contratiempos. Cogió un taxi para que lo llevara a la dirección de Japón y de Grecia. La distancia entre el aeropuerto y la casa de su amigo era grande pero al joven alemán se le hizo muy corta pensando en que iba a decir cuando llegara.

Al llegar a la casa al igual que la del resto era una mescla arquitectónica de dos estilos. Era muy hermosa y tenía una forma de equilibrio por así decirlo increíble. Se acercó a la puerta y tocó el timbre. No esperó demasiado tiempo hasta que se abrió la puerta.

-Cuidado con no pisar los gatos. –Dijo una voz desde dentro.

Tenía razón. Había una gran, pero GRAN cantidad de gatos. Era prácticamente imposible caminar sin pisar alguna cola, cabeza, pata o demás. El alemán con cuidado entró a la vivienda evitando en todo momento pisar cualquier miembro de los felinos.

-Pisa donde yo piso. ¿Vienes a ver a μπαμπάς (papá-griego) o a お父さん (papá-japonés)?

El alemán vio que quien se dirigía a el era un joven muchacho que parecía cansado. Este lo miraba con una seriedad inexpresiva que solo podía transmitir una paz interior digna de un monje. Sus ojos se encontraron con los del alemán evaluándolo.

-A ambos. Tengo que hablar con los dos.

-Sígueme y evita pisar algún gato.

Entre tanto gato Ludwig pasó. No tuvo ningún inconveniente menos por dos colas que fueron parcialmente aplastadas por sus pies. Llegaron a una habitación en donde había una gran puerta-ventana que daba a un hermoso jardín. El chico abrió la puerta y pasó por ella.

-Es una persona la que ha llamado a la puerta. -Dijo el niño.

-Hola. –Dijo Ludwig a las dos personas que estaban. Una de ellas se volteó rápidamente.

-¿Alemania-kun?

-Efectivamente.

-Vaya sorpresa. ¿Qué te trae por aquí? De hecho, ¿cómo has sabido donde estábamos?

-Me lo ha dicho tu hermano mayor. He ido a verle antes, a Moscú. Y en lo que me respecta en que me trae por aquí es muy fácil. Tenía que hablar con vosotros sobre las reuniones. Hay que volver a ponerlas. Ahora os explicó todo con mas detalle. –Se volvió hacia el griego dormido- ¿Nos escucha?

-Sí. Bueno, a medias. Si quieres lo despierto.

-Sería lo mejor he de hablar con los dos.

El japonés con la ayuda del joven muchacho despertaron al bello durmiente de su larga siesta. Al despertar los gatos, como si del efecto de gravedad se tratara comenzaron a acercarse a el. Este miró con extrañeza a Ludwig, como si no lo reconociera. Luego su expresión cambio.

-¿Alemania? No te había reconocido sin uniforme militar.

-Buenos días Grecia.

-Puedes llamarme Heracles si quieres.

-Puedes llamarme Ludwig si quieres.

-¿ Como es que no hemos sabido de ti antes?

-No hace mas de una semana que me he puesto en contacto con mi hermano. No he visto a ninguna de las naciones antes. He podido llegar a vosotros gracias a China.

-¿ Wang Yao? No me esperaba que el te ayudara. No es que tenga nada contra ti, pero no creí que os conocierais de algo. Mi hermano no suele ayudar a la gente y dar mi dirección así por que si. ¿Has visto a mi sobrina? La última vez que la vi estaba un poco enferma no sé de que.

-Estamos intentando volver a poner en marcha las juntas. Un poco para volver a encontrarnos todos, un poco porque la vida es un poco rara si ellas y un poco para ver si ahora que hemos tenido una vida normal podemos hacer algo productivo en ellas. Y no he visto a ninguna niña…

Los dos dueños de la casa se le quedaron mirando sin saber que decir. Pensaron en la oferta. Mas bien Japón estaba pensando en la oferta y Grecia estaba intentando quitarse a un gato de la cabeza que estaba durmiendo. Luego lo voltearon a ver.

-Puede ser. No voy a tomar una decisión ahora pero en cualquier caso tomare las medidas adecuadas. Solo dinos cuando y donde van a ser y veremos si vamos. Tengo mucho trabajo y ahora estamos en vacaciones. Por cierto, ¿y Italia?

-Sabía que preguntarías por el. No sé nada de lo que ha sido de su vida. Se ha desconectado hasta mas que yo. –Luego se puso a contar lo que le había pasado en la última semana. Desde su viaje a Venecia, hasta las extrañas conversaciones con sus sobrinos. –Y ahora tengo que ir a Madrid a hablar con el hermano mayor de Veneciano. Y seguramente luego tendré que ir a hablar con el mismísimo Veneciano para convencerlo de nuestro plan.

Los dos adultos, el joven muchacho y la mayor parte de los gatos (que estaban despiertos) lo miraban con atención. No se habían perdido una sola palabra de lo que había dicho. Lentamente el japonés abrió la boca para decir estas palabras: Cuenta con nosotros.

Después de tomar el té se fue al aeropuerto. Tomó el primer avión que llevaba a Madrid. Por mala suerte en este vuelo no se pudo dormir. La persona a su lado, un hombre de una cuarentena de años y algo mas que principios de calvicie, estaba en los brazos de Morfeo sin opción de regresar. Para su MUY mala suerte el sujeto en especifico tendía a roncar cuando dormía.

El germano no paraba en pensar en lo que le había dicho su compañero durante la segunda guerra mundial. Sus palabras daban vueltas y vueltas en su cabeza si poder olvidarlas.

-Tienes que ser tu quien hable con el. Es tu mejor amigo, por no decir el único. Es algo así como tu deber. No te preocupes por Romano, todo lo que puede hacer es utilizar un bigote postizo para intentar humillarte. Debes de hablar con el y pedirle que te cuente su historia; vas a ver como todo tiene sentido. Al fin y al cabo, los malentendidos siempre se pueden resolver hablando.

No tardó demasiado en llegar a la ciudad donde debía encontrarse con su hermano. Sacó la dirección que le había dado y se la dio a un taxista. Ludwig siempre había pensado que el italiano y el español se parecían; así que comprendería muchas cosas. No contaba que se parecían un poco para la gente que dominaba bien uno de los dos idiomas. Y siete años sin practicar es bastante.


Gracias por leer. Siento no publicarlo antes pero... no sé... no se me ocurre una escusa creíble... XD
Por favor. ESCRIBAN. Me voy a volver loca por no leer... Bueno, no tanto... pero...