Yo de nuevo con un nuevo cap de esta humilde historia 7u7


Una semana había pasado desde que acepto la ayuda de Jack

Su día comenzaba como cualquier otro: desayunar, estudiar, comer y por la tarde aprender a dominar sus poderes junto a Jack, claro que siempre había tiempo para divertirse y jugar.

— Descansa pequeña princesita — era la hora de dormír para Elsa. Su día había sido agitador y necesitaba descansar. Mañana sería otro día.

— ¿A dónde irás? — pregunto bostezando. Le encantaba que Jack le contara el cómo eran los lugares a los que llevaba el invierno

— Pues, iré a un Reino algo lejano, he estado yendo ahí desde hace un par de días. Se llama Corona es realmente hermoso y más cuando la nieve cae por ahí.

— ¿Crees que podrías llevarme a visitarlo algún día? — poco a poco el sueño la iba venciendo

— Claro que sí. — le respondió antes de que callera dormida.

Beso su frente y le deseó buenas noches. Salió del castillo con dirección al Reino de Corona. Sobrevolaba el bosque próximo cuando comenzó a escuchar una voz que lo hizo detenerse en seco

— ¡Ayuda, auxilio! — era la voz se un niño, que gritaba por ayuda, podía sentir el miedo y la preocupación en aquellos alaridos. Sin dudarlo bajo al bosque para buscarlo.

— ¡¿Dónde estás?! — gritó con desespero, no le importó si el niño creía en el o no, la prioridad era encontrarlo; ya se las ingeniería para ayudarlo.

— ¡Aquí! — Le respondió aquella voz, cada vez la escuchaba más cerca — ¡ayuda!

Jack siguió la voz iluminando el boscaje con su cayado. Ese día las nubes cubrían en su totalidad a la luna, por lo que la visibilidad era nula.

Finalmente llegó al origen de aquella voz; a sus pies se encontraba un profundo agujero que parecía no tener fondo. Lo primero que pensó es que era un pozo y un niño había caído ahí.

Con decisión se adentró en él, bajando varios metros adentrándose cada vez más. Finalmente hizo contacto con el fondo, dentro había una red de túneles que jamás había imaginado existiera, conocía los túneles de Conejo, pero estos no se asemejaban para nada; los de su peludo rival acostumbraban tener iluminación procedente de su pintura fosforescente, pero en donde se encontraba no había ni el más mínimo rastro de luz, de no ser por su cayado, estaría totalmente a oscuras

— ¡Por aquí por favor! — De nuevo escuchó la voz, alejando sus pensamientos acerca del lugar. Ahora su atención estaba puesta en encontrar al niño.

Siguió aquella voz, que se hacía más y más débil con el pasar de los segundos. Apresuró el paso mientras la preocupación por aquel niño aumentaba, sentía un vacío en su estómago y la necesidad de moverse más rápido. Se sentía atrapado en un laberinto de oscuridad, sentía el miedo acecharlo; por cada giro que daba, por cada zancada que daba, una nueva red de túneles aparecía frente a él. La desesperación termino por vencerlo.

— ¡¿Dónde estás?! — gritó con toda la impotencia de su ser. Su pecho bajaba y subía producto de su agitada respiración. Sin embargo, todo su ser se congelo al oír la una gélida voz respondiéndole en susurro justo detrás de el

— Aquí — fue lo último que escuchó antes de sentir un impacto por detrás y caer inconsciente, sin la más mínima oportunidad de defenderse. — Oh, dulce dulce miedo — De las sombras emergió una figura delgada con forma humana. Parecía traer una túnica negra ya que su rostro estaba cubierto por una capucha del mismo color, solo permitiendo ver que sus manos grises y maltratadas

— ¿Realmente creíste que podrías acabar con su miedo? — aquel ser terrorífico estaba listo para, cobardemente, darle el golpe definitivo.

Justo en ese momento, el cayado comenzó a emitir una luz potente que lo hizo retroceder

— ¡no! — aulló aquella oscura criatura, detrás de él, una oleada de sombras comenzó a emerger a forma de ataque. Con su mano apuntó en dirección del espíritu del invierno, e inmediatamente aquella oscuridad lleno el túnel.

Jack aún yacía inconsciente por lo cual estaba indefenso. El cayado actuando una vez más por cuenta propia, creo una esfera de hielo para protegerse, quedando en el interior junto al peliblanco.

El ataque impacto en aquella esfera, agrietándola por la superficie.

Una respiración agitada provenía de aquel sombrío ser, ese ataque lo había debilitado de sobremanera y se notaba en su agitada respiración y dificultad para ponerse en pie.

— Quizá no pueda acabar contigo — pronunció con voz pavorosa — ¡pero me asegurare de que no vuelvas a interponerte en mi camino! — Un nuevo ataque emergió de la oscuridad, sólo que está vez lo dirigió a los alrededores del túnel, provocando un derrumbe que comenzó a cubrir aquella esfera de hielo sólido. — Disfruta de tu tumba, Jack Frost. — Fueron sus últimas palabras antes de desmaterializarse entre las sombras

Dentro del improvisado sistema de protección, las cosas no iban muy bien, Jack no reaccionaba y la estructura de hielo comenzaba a vencerse, la presión de la tierra era demasiada. En un intento desesperado por salvar a su amigo y dueño, y entendiendo la magnitud de la situación, aquel cayado mágico liberó todo su poder, disminuyendo el tamaño de la esfera, pero haciéndola más gruesa y espesa. No era un hielo cualquiera.

Sin embargo el precio sería enorme. Aquel heroico acto no sólo había consumido todo el poder del cayado, también había consumido el poder de Jack, dejándolo en un estado de animación suspendida. La luz de su cayado había desaparecido, por lo cual todo estaba inmerso en la oscuridad.

Sin nadie que pudiera ayudarlo


Elsa despertó a penas el sol iluminó su blanquecino rostro. Se levantó energética esperando ver a Jack haciendo alguna tontería para hacerla reír como lo hacía prácticamente todos los días.

Lo buscó por toda la habitación creyendo que se escondía en alguna parte de esta. Reviso por todos lados: debajo de su cama, en el armario y levantó la mirada por si estaba levitando arriba, pero no. Simplemente no estaba.

Quizá sólo se había retardado, entendía que en ocasiones eso podía pasar. En fin, no le dio mucha importancia al asunto

Como aún faltaba tiempo para que le llevarán el desayuno, y ya no tenía sueño, decidió pasar el rato haciendo un dibujo como acostumbraba hacer en sus tiempos libres.

Comenzó creando un claro en el bosque; luego le añadió flores de diferentes colores, árboles y demás detalles. Realmente poseía un gran talento

Admiró su obra, dándose cuenta que no era totalmente de su agrado; así que comenzó a mejorarlo desde su punto de vista. Lo único que hizo fue añadirle un toque invernal. Ahora las plantas, flores y árboles estaban adornados con blanca nieve, y del cielo, hermosos copos de diferentes formas y tamaño caían.

Busco una forma de resaltar tanta hermosura blanquecina, por lo que convirtió su dibujo en un paisaje de noche, con la luna en su máximo esplendor y las estrellas adornando todo el firmamento.

Ahora estaba casi completo. Sólo faltaba poner algo en el centro para llenar ese espacio que carecía de algo.

Pensó en poner animales del bosque o algún troll de los que había conocido en el pasado, pero sin darse cuenta, ya estaba dibujando a una figura masculina; era obvio de quien se trataba.

A diferencia del primer dibujo que había hecho de él, ahora se notaba un esfuerzo para hacerlo lo más parecido posible. Le puso su ropa de siempre, su inseparable cayado y su sonrisa torcida que tanto le encantaba. El parecido era realmente increíble, el dibujo digno de halagar, nadie creería que era obra de una niña de su edad.

No se detuvo ahí, estaba inspirada, así que a un lado del Frost, comenzó a trazar otro cuerpo. Siguió y siguió, hasta que al final plasmo a una joven esbelta de edad aproximada a la de Jack, cabellos rubios que caían hacia atrás dándole un look audaz, y un vestido en donde el azul celeste predominaba; en sus manos dibujó un ramo de flores que sostenía frente a ella, una sonrisa de sincera felicidad se notaba en su rostro maquillado de forma perfecta

Cuando finalmente termino, se dio cuenta de lo que había hecho. No pudo más que sonrojarse al ver que, inconscientemente, o quizá no tanto, se había dibujado a si misma casándose con Jack Frost.

En tiempos pasados hubiera tenido miedo de abrir su corazón, hubiera destruido el dibujo, reprimiéndose una y otra vez.

Pero no ahora, ya no más. Lo guardaría para que Jack no lo viera y así evitar una incómoda situación.

Abrió una gaveta de su escritorio y ahí lo guardo. Sería su pequeño secreto

— Quizás algún día — expresó antes de cerrar el cajón.

Quizá algún día el Rey de Arendelle podría ser Jack Frost. A ella no lo molestaría.


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