BÊTE

El aullido tétrico y prolongado del lobo hizo despertar a Thad, no sabía cuánto tiempo llevaría inconsciente si habían sido unos minutos o muchas horas, la luz de la luna llena se seguía filtrando entre las ramas de los árboles.

Al parecer si había sido mucho tiempo puesto que una fogata estaba encendida rodeándolos ¿Por qué buscaban protección? La cabeza le daba vueltas, no podía recordar qué diablos hacían en el bosque, por qué demonios de dolía hasta respirar y sobre todo por qué aullaban los lobos.

Las llamaradas alrededor de ellos aumentaron y disminuyeron de pronto su tamaño ¿qué significaba eso? En ese momento, solo ver los brillantes ojos malignos de la bestia del otro lado de la protección del fuego hizo que el americano recordara todo de un golpe, intentó moverse pero las frías manos de la gitana lo detuvieron.

No te muevas- susurró- no cruzará la protección.

No había pasado más de unas horas después de que Fossey cambiara de guardia con la señorita Conliffe cuando el primer aullido de los hombres lobo se dejo escuchar, al parecer estaban siguiendo su rastro ya que solamente escucharlos Gwen y la gitana se pusieron a trabajar a marchas forzadas, la prometida de Ben Talbot comenzó a repartir madera y ramas secas alrededor del árbol donde Thad se había quedado dormido mientras la gitana les prendía fuego con los leños de su improvisada fogata y recitaba una serie de palabras extrañas que a Fossey se le antojaron hechizos y maleficios de las brujas de los cuentos de hadas.

Solamente terminar los lobos guardaron su distancia, en verdad parecía que no podían cruzar.

Tal vez solo fuera miedo al fuego como el resto de los animales salvajes, tal vez solamente estaban midiendo sus fuerzas y cual sería el mejor ataque, lo cierto es que los acechaban sin decidirse a lanzar el primer golpe.

Parecía que esto duraría toda la noche o tal vez hasta que las llamas se acabaran para poder darles muerte cuando un aullido muy diferente se dejo escuchar.

La última nota de la criatura recién llegada tenía y extraño era decirlo, cierta nota de humanidad ¿humanidad? Sí, había algo extraño en lo gutural del aullido. Los lobos también parecieron darse cuenta de que el recién llegado no era como ellos ya que al momento parecieron preocuparse más por su nuevo visitante que por la presa arrinconada entre el fuego y sus zarpas.

De un salto el nuevo hombre lobo se dejó ver sin que los perseguidores de las dos mujeres, el hombre herido y el niño no hicieran algo al respecto.

Thad se forzó a sí mismo a no caer inconsciente mientras esas bestias peleaban, el nuevo lobo tenía un pelaje café que parecía recordar la tonalidad del cabello castaño, su rostro aunque deformado por el cambio monstruoso que producía por la maldición de la luna era alargado y el pelaje formaba unas especies de patillas que cerraban el contorno de la cara.

Era una criatura salvaje y poderosa aunque el pelaje que salía entre la ropa rasgada dejaba ver algunos mechones grises, tal vez se trataba de un lobo maduro.

¿Quién podría ser? Se preguntó Fossey, la gitana había contado algunas cosas sobre los malditos por mordida de la bestia ¿quién sería el pobre hombre que ahora se enfrentaba a los demás?

La señorita Conliffe no perdía detalle de la forma de ataque de la nueva bestia, se enfrentaba contra los otros como si los odiara a muerte ¿acaso no eran de la misma especie? ¿Acaso podía haber diferencias entre esas criaturas?

El hombre lobo de pelaje castaño parecía no preocuparse de lo que su grupo de espectadores pensara, estaba más ocupado dándoles una paliza a los perseguidores de esos viajeros. De un zarpazo le destrozo la mandíbula al primero que ensangrentado siguió peleando hasta que de una mordida terrible le partió el cuello. El cuerpo de un hombre de cabello negro y abundante bello en los fuertes brazos cayó al suelo a los pies del hombre lobo nuevo.

Solo ver esto los otros dos lobos que acompañaran en su persecución al caído lanzaron un grito de furia salvaje a la luna para lanzarse una vez más contra el recién llegado, uno de los dos que quedaban le dio tal mordida por la parte trasera del hombro que el lobo con pelaje gris aulló de dolor solamente para sujetarlo con las zarpas, lanzarlo hacia adelante, la bestia chocó contra un árbol quedando algo atontado por el momento, el nuevo aprovechó la situación para desgarrarlo por la mitad dejando caer al suelo un mar de entrañas.

Tía Gwen no pudo evitarlo y grito solo ver el espectáculo dantesco mientras le tapaba los ojos a Fossey para que no viera más sangre.

El último lobo solo ver que sus compañeros habían caído lanzó un gruñido amenazante pero salió disparado hacia las sombras y protección de los árboles.

Solo ver que había ganado ese enfrentamiento el hombre lobo que quedó en ese lugar lanzó el aullido más extraño de victoria que se haya escuchado nunca en esos bosques, parecía que se carcajeaba de la cobardía del que había huido.

Thad nunca había visto algo parecido, la mano de la gitana le apretaba con fuerza el hombro del miedo que sentía mientras él no podía separar su mirada de cada uno de los movimientos de esa fascinante bestia.

Ésta se sentó sobre sus cuartos traseros respirando con fuerza, bufando en ocasiones mientras parecía estar esperando a que la fogata se apagara.

Y cuando se apague- pensó Thad- ¿qué vamos a hacer?

Fueron las horas más inquietantes que ninguno de ellos había pasado, Fossey no sabía que podrían hacer para salvarse si esa bestia decidía atraparlos, ¿qué iba a ser del señor Thad? ¿Iban a morir? El niño no dejaba de atormentarse pensando en que esa bestia de azules ojos… Un momento ¿azules ojos?

¡Tiene ojos azules!- gritó Fossey

Al principio la gitana pensó que eran ocurrencias del pobre niño, las bestias no tenían ojos de color, todos perdían la humanidad al transformarse con la luna llena y solamente tenían la mirada del diablo, una mirada ya fuera café o negra como la de los lobos de las montañas.

¿Azules? La señorita Conliffe enfocó mejor entre la oscuridad y la débil iluminación de la mortecina protección de las llamas encendidas.

¡Dios mío, tiene ojos azules!- gritó a su vez.

Ésta vez no hubo duda, el hombre lobo había reaccionado cuando fue descubierto que tenía ojos azules, es más parecía intentar comunicarse de alguna forma, era eso o intentaba distraerlos para devorarlos en cualquier momento.

Tan ocupados estaban pensando en su nuevo descubrimiento que tarde se dieron cuenta que las brasas se habían acabado, ahora estaban a merced de la bestia ¿qué debían hacer? ¿correr? ¿esperar la muerte?

El hombre lobo no se movió de donde estaba lo que los inquieto más, solamente levantó la cabeza al cielo lo que los demás imitaron.

La luna descendía lentamente y a la distancia se vislumbraban los primeros rayos del día ¿Por qué esa bestia no huía? ¿qué era lo que tramaba?

Fue la primera vez que Thad vio la transformación de la bestia a su regresó a hombre. La gitana no podía parpadear de la impresión y Fossey no había cerrado la boca en ningún momento, la única que temblaba visiblemente era la señorita Conliffe, ella ya lo había visto y aun peor… sabía quién era la bestia que terminaba de regresar a su forma original frente a ellos.

¿Inspector Aberline?- musitó Gwen- ¿Es usted?

Ahora encogido sobre sí mismo por el dolor de la transformación no se encontraba la bestia que terminara con los otros dos hombres lobo hacía unas horas, quien se levantó fue el antiguo Inspector de la Policía, aun con sus patillas y barba marcando su rostro, sus ojos azules no se habían perdido aun cuando la humanidad lo abandonaba a causa de la mordida del heredero de la casa Talbot, no, aun estaba ahí quién se enfrentara en Black Moor a Sir John y Lawrence Talbot.

El tiempo solamente se hacía presente en el cabello castaño con algunos mechones de gris en la revuelta cabellera de Francis Aberline.

Señorita Conliffe- saludó con su marcado acento inglés- ha pasado mucho tiempo…

Continuara…