Muchas gracias a todos quienes se han tomado el tiempo de dejar un comentario o están siguiendo esta pequeña historia. Para este capítulo realmente me esforcé en darle un poco más de dimensión y eso resultó en que fuese cuatro veces más largo que los anteriores, espero de esa manera compensar un poco la demora. Si les gusta o disgusta, todo feedback es bienvenido. Gracias por leer.
Luces del anochecer
Capítulo 6: Fiebre
Viernes 16 de Octubre, 03:45 hrs.
Un extraño cosquilleo baja desde mi cabeza hasta mis pies. Los párpados pesados y dificultad para enfocar. Trato de tomar aire y me incorporo sobre la cama. Mi cuerpo apenas me obedece. Me siento débil y perdido, creo que mis manos comienzan a temblar.
Conozco muy bien la sensación, y sin embargo, siempre logra tomarme desprevenido. Sin importar cuántas veces pase, no sé si algún día me acostumbre a las crisis de ansiedad.
Apoyo mis pies descalzos en el suelo alfombrado de mi habitación. Mi corazón latiendo fuerte y rápido, pero sin adrenalina. Sólo miedo.
Paralizante y denso miedo.
Vuelvo a respirar profundo.
Todo está bien.
La respuesta es inmediata y directa. Una voz (¿Acaso la mía?) que resuena burlona dentro de mi cabeza.
Mentira.
Me pongo de pie y comienzo un paseo circular, como las ideas que se cruzan una y otra vez por mi mente.
De nuevo hiciste todo mal, Draco.
Jamás podrás superar tus fracasos.
No eres capaz. Nunca serás capaz.
Mi cuerpo, al principio adormecido y pesado, se tensa cada vez más. Me cuesta respirar.
Debería darte vergüenza. Deberías darte asco. ¿No te odias a ti mismo, Draco?
Pongo todo mi esfuerzo en contener la frustración y la rabia. Agitado, abro el baúl que descansa a los pies de mi cama y busco entre un montón de libros y frascos.
Todos están vacíos.
Si, me odio.
Desesperado, entro al baño y abro la llave del lavado, tomo el agua entre mis manos y las llevo a mi rostro. No enciendo la luz. En el espejo, mi propio reflejo me mira con una expresión de puro terror.
Realmente me detesto.
Cierro los ojos con fuerza. Tengo que aguantar. Tengo que mantener el control.
Deberías estar muerto.
No me doy cuenta de lo que estoy haciendo hasta que siento el ruido del vidrio quebrarse y el dolor agudo en mi puño derecho. Abro los ojos y veo mi horror desfigurado y multiplicado en cada uno de los trozos de espejo resquebrajado.
Todo mi control se quiebra junto con eso.
Debería estar muerto.
Una y otra vez. La misma idea obsesiva de siempre.
Debería estar muerto.
Cierro los ojos antes de que caiga la primera lágrima. Estoy demasiado cansado de verme llorar. Demasiado cansado de mi propia debilidad. Demasiado cansado de ser quien soy, de estar solo.
Sólo necesito descansar.
Mi cuerpo se dobla involuntariamente. Me apoyo sobre el lavamanos. El agua sigue corriendo.
¿Por qué tuve que acercarme a ella?, ¿Por qué pensé que una estúpida disculpa podría mejorar las cosas?
Felicidades, Draco, nuevamente confirmaste tu nulo valor.
Por un segundo creo que voy a vomitar, pero entonces tres golpes secos resuenan desde la puerta que da al pasillo.
"¿Malfoy?"
Quedo en blanco durante un eterno instante.
"Escucha, sé que algo se rompió ahí dentro. Voy a entrar."
Sin siquiera detenerme a pensarlo, me pongo de pie y cierro de golpe la puerta del baño, al mismo tiempo que la otra puerta se abre.
"¿Malfoy?" Vuelve a preguntar la familiar voz. Escucho sus pasos acercarse. "Vamos, sé que estás ahí."
Mojo mis manos y las paso por mi rostro varias veces.
"Puedo esperar."
"No es necesario." Para mi sorpresa, sueno mucho más compuesto de lo que realmente estoy.
Cierro la llave del agua y me miro en el espejo roto. Desde afuera se escucha un resoplido.
Me acerco a la puerta y tomo el pomo. Me doy unos segundos extra antes de girarlo y salir. Mi mejor máscara puesta.
Al otro lado, ojos azules me devuelven la mirada.
"Te ves como la mierda."
Su comentario no me sorprende, pero es extraño escucharlo luego de tanto tiempo sin hablar. La familiaridad de su voz tiene un efecto tranquilizante en mí, pero de todas formas evito mirarlo.
"Buenas noches a ti también, Nott."
Me siento en la orilla de la cama, aún estoy temblando, pero espero que la oscuridad de la habitación lo esconda (eso y las marcas rojas que empiezan a aparecer en mis nudillos). La única luz viene de una ventana encantada que refleja destellos verde esmeralda.
Theodore Nott se cruza de brazos frente a mi. No sé qué está haciendo aquí a estas horas de la madrugada, pero una pequeña vocecita dentro de mi le da las gracias.
Por supuesto, jamás lo diría en voz alta.
"Draco." Dice luego de un prolongado silencio. Hace tiempo que no escuchaba mi nombre de su boca. "¿Estás bien?"
Esta vez si levanto la mirada. A pesar de sonar seco e indiferente, veo la preocupación en la sombra de sus ojos. ¿Cuánto tiempo pasó desde la última vez que nos vimos a la cara? Ya no estoy seguro de si han sido meses o años, el día de la muerte de Dumbledore parece un recuerdo tremendamente lejano e irreal. Nott, al igual que todos los alumnos de este lugar, también parece haber envejecido varios años desde ese día fatídico.
"¿No crees que es un poco tarde para esa pregunta?" Digo con más resentimiento de lo que hubiera querido.
"Sabes que intenté hacerla antes." Habla despacio, articulando cada palabra. Theo no es el tipo de persona que sube la voz en una discusión, pero eso no lo hace menos intimidante.
"Las clases se iniciaron en Septiembre." Yo, por el contrario, tiendo a irritarme con facilidad. "Podrías haberlo intentado de nuevo hace casi dos meses."
Sé que estoy siendo un idiota, pero él no lo entiende. No sabe lo mucho que me ha hecho falta.
"Merlín, Draco" Responde igualmente irritado. "Tú decidiste irte con una tropa de mortífagos a tratar de conquistar el mundo y te negaste a volver a verme. ¿Que se suponía que hiciera?"
"Por supuesto que no podía verte, Theo." Me pongo de pie. "Y lo sabes. No podía… no podía ponerte en peligro." Hablo entre dientes, casi murmurando.
"Podría haberte ayudado." Theo también baja la voz.
"Los dos sabemos que eso no es cierto."
Nott descruza los brazos y mira hacia la falsa ventana. Destellos verdes bailan en el azul profundo de sus iris.
"Bien, al menos estas vivo." Vuelve a hablar como si nada hubiera ocurrido. "Y ahora estoy aquí." El tono de su voz no deja espacio a cuestionamientos. "Y no me iré hasta que me digas qué te está pasando."
Con un rápido movimiento de su varita, las luces de la habitación se encienden y me ciegan momentáneamente. Una vez que mis ojos se ajustan a la intensidad de la luz y lo miro nuevamente, la vergüenza llena cada fibra de mi ser.
Theo me observa con el ceño fruncido. Sé que no sólo ve mis ojos enrojecidos y mis ojeras oscuras,ve el temblor de mis manos y mi delgadez enfermiza. Ve al chico de 16 años que se fue destruyendo de a poco luego de la marca oscura. Al mortífago obsesionado con cumplir una tarea que no podía confiarle ni siquiera a él, su mejor amigo, su hermano. Ve la ausencia de mis padres y el miedo al juicio. Ve la soledad y las mentiras y el enorme y devastador cansancio.
Ve a Draco Malfoy, con 18 años y listo para morir.
¿No sientes vergüenza, Draco?
Antes de que las voces en mi cabeza reinicien su discurso, siento una mano en mi hombro.
"Ya estoy aquí, Draco." Theo habla suavemente y todas mis máscaras caen y se rompen.
Con una voz que apenas reconozco como la mía, comienzo a hablar.
07:26 hrs.
Las primeras palabras salieron entre sollozos, gritos ahogados y mi respiración entrecortada, abalanzándose a la superficie como un hombre que pasó demasiado tiempo bajo el agua, desesperadas por tomar una bocanada de aire. Theo me escuchó sin soltarme ni decir nada, sus manos fuertemente cerradas alrededor de mis brazos. Con cada palabra, un resquicio de calma, el atisbo de un posible alivio.
No sé si fueron horas o sólo minutos, pero de pronto ya no temblaba, y mis ojos estaban secos. Theo ya no me afirmaba, pero seguía en completo silencio. Y yo continué hablando, por fin con una voz que reconocía como la mía. Hablé de cómo trate de asesinar a Dumbledore, y de la paranoia y obsesión que casi me vuelve loco en el Cuarto de los Requerimientos mientras trataba de arreglar lo que luego sería la puerta a Hogwarts para los seguidores del Señor Oscuro. Le conté acerca de las veces que vi al mismísimo Voldemort -sorprendiendome de decir su nombre por primera vez- torturar y matar a aquellos que le fallaban. Describí con detalle cuando mi tía Bellatrix torturó a Hermione Granger en la Mansión Malfoy, en cómo su rostro se desfiguró por el dolor, y cómo la sangre había brotado de su brazo cuando el cuchillo hizo el primer corte. Sangre que se veía exactamente igual a la mía.
Luego, cuando ya empezaban a aparecer los primeros rayos del sol en la ventana, hablé sobre mis padres, sobre el juicio que me esperaba y el miedo que tenía de Azkaban. Cuando mencioné -rápidamente y si como no tuviera importancia- que había intentado disculparme con la hija de muggles, Theo levantó una ceja y me miró incrédulo, pero no hizo comentarios. Y sólo porque de pronto recordé que él había venido por el ruido del espejo romperse, le hablé de las pesadillas y la angustia que la mayoría de las noches no me dejaba dormir.
Y finalmente me callé.
En algún momento de mi interminable monólogo, nos sentamos en el piso a un lado de mi cama, y el silencio me hizo notar la incomodidad y mis piernas dormidas. El frío de la mañana haciéndose súbitamente presente.
"Realmente llevabas tiempo sin hablar ¿no?" La voz de Theo suena ronca, como si acabara de despertar, pero también amigablemente burlona.
Por primera vez en mucho tiempo, una genuina sonrisa se dibuja en mis labios.
09:00 hrs.
"¿Así que tú eres el culpable de que esté ausente?" Theo pregunta en voz baja mientras sirve jugo de naranja en un vaso.
"Yo no lo diría así."
"Pero estabas con ella cuando se desmayó, ¿no?"
"En realidad nos habíamos despedido unos minutos antes" bajo la mirada a mi plato, sabiendo que estoy ajustando levemente lo que realmente pasó "Ella iba de vuelta al castillo cuando de pronto cayó inconsciente."
"Y tú la cargaste a la enfermería." Theo me mira entrecerrando los ojos. Yo me apresuro a poner un trozo de pan en mi boca y sólo respondo con un vago sonido afirmativo. "¿Todo el camino?" otro sonido ambiguo de mi parte. "¿Por qué no usaste un hechizo para levitarla?"
Me encojo de hombros mientras tomo un sorbo de café. Realmente no lo sé.
"Sólo pensé que si Gra-" Me interrumpo, sin querer decir su nombre en voz alta con tanta gente alrededor. "Que si justamente a ella le pasaba algo grave luego de haberse reunido conmigo, McGonagall no dudaría un segundo en expulsarme y enviarme directo a Azkaban hasta el día de mi juicio." Hablo casi susurrando.
Theo no hace más preguntas, en cambio, rellena mi plato con bizcochos y me sirve más café. Creo que es segunda o tercera vez que repite el mismo proceso. Lo miro extrañado.
"Ya te lo dije, te ves enfermo." Yo ruedo los ojos, pero no me presta atención. "Y estás tan delgado que pareciera que hasta un niño de primer año podría noquearte."
"Ni siquiera hay ni-"
"De hecho, me sorprende que hayas podido cargarla hasta la enfermería sin caer inconsciente tú también."
Doy un resoplido de indignación, pero prefiero no continuar la conversación.
Los recuerdos de Granger desmayada en medio del verde prado frente al castillo me hacen sentir nervioso. Examino la mesa de Griffindor, no se le ve por ninguna parte. Ya son dos días en los que no aparece.
Cuando llegué con ella a la enfermería, Madame Pomfrey la miró totalmente horrorizada.
"¡¿Qué fue lo que le hiciste?!"
Por supuesto, cuando dije que no había hecho nada, apreto los labios en una línea y me miró con desconfianza, pero se concentró en revisar los signos vitales de la Griffindor que yacía en la camilla.
La observé durante unos minutos, esperando a que dijera algo sobre su condición, pero no tuve demasiada suerte.
"¿Sr. Malfoy, por qué sigue aquí? Fuera, tengo trabajo que hacer."
Y así, cerró la blanca cortina que separa a las camillas entre si, un gesto poco práctico si lo que quería era realmente aislarme, pero efectivo en cuanto a la entrega del mensaje: No eres bienvenido aquí, Malfoy. Salí del lugar con la imagen de Granger inconsciente grabada en mi cabeza.
Por supuesto, Madame Pomfrey no mencionó si podría volver a verla más tarde ni cuándo tendría un diagnóstico. Tampoco es que tenga intenciones de visitarla, pero es parte de protocolo estándar, ¿no?. La idea de que tal vez nunca vuelvan a tratarme como a una persona normal me pone de mal humor.
Vuelvo a mirar la mesa de Griffyndor. Una chica de melena pelirroja se acerca al grupo de alumnos de octavo año. Longbotton la recibe con entusiasmo. En medio de un aparentemente animada conversación, la menor de los Weasley gira su rostro hacia mi y me mira con desagrado.
"Bien, nos vemos en Aritmancia." Anuncia Theo mientras se pone de pie.
"¿A dónde vas? Todavía falta para el inicio de clases."
"A la biblioteca, tengo que buscar algunos libros."
"Te acompaño."
"No." Theo alza una mano hacia mi. "Tú termina tu desayuno. Lo necesitas."
Sin darme opción de responder, Theodore Nott camina hacía la puerta del Gran Comedor y se pierde de vista. Desanimado, vuelvo la vista a mi plato y muerdo un trozo de bizcocho de mala gana.
Manzana y limón.
A pesar de querer aferrarme mi mal humor, el dulce y fresco sabor logra alejar mis pensamientos negativos.
Tal vez no será un mal día después de todo.
12:45 hrs.
El frío de la mañana lentamente dio paso a una agradable calidez. El sol brilla con intensidad en medio del cielo despejado, la luz atraviesa los ventanales y minúsculas partículas de polvo flotan a través de los haces luminosos. Todo adopta un brillo especial, y por un momento Hogwarts vuelve a ser el castillo que fue antes de la guerra.
Theo camina a mi lado, con el ceño fruncido mientras revisa sus apuntes. La escena es reconfortantemente familiar.
No he olvidado mi juicio, ni que mi padre está encerrado en Azkaban y mi madre en arresto domiciliario mientras esperan sus sentencias, pero la extraña sensación de cotidiana calma -y tal vez la falta de sueño que me hace sentir dopado- logran abstraerme de mi oscura realidad. Veo los pasillos luminosos, las partículas danzantes y siento el calor del sol, y mi mente fantasea con la idea de que al doblar en la próxima esquina, mágicamente viajaré en el tiempo y seré de nuevo el niño de 11 años que alardeaba acerca de su nueva Nymbus 2000, Crabbe estaría vivo y nos burlaríamos del Trío de Oro, pero sólo un poco, sin insultos acerca de la pureza de sangre. Snape pasaría a mi lado y me miraría con su mueca de permanente desagrado, pero también con un pequeño brillo de orgullo y cariño en sus ojos. No tendría la marca oscura en mi brazo, y mi madre me esperaría ansiosa para las vacaciones de Navidad.
Mientras doy la vuelta, me permito cerrar los ojos sólo por unos segundos, queriendo mantener la idílica imagen un poco más.
Cuando los abro, apenas alcanzo a registrar lo que está pasando.
Una mancha borrosa en colores rojos se abalanza contra mí, escucho la voz grave de Theo detrás de mí. Un empujón y un puño dirigido a mi cara que impacta mi mentón.
"¡Maldita basura!"
Siento el sabor metálico de la sangre, aún perdido. ¿Qué acaba de pasar?
Me volteo a ver a mi agresor, llevando mi mano a mi boca de manera automática. Miro mis dedos, están manchados de sangre.
"¡¿Qué mierda te pasa?!" Creo que es la primera vez que escucho a Theo gritar de esa manera. Ronald Weasley lo mira iracundo, pero rápidamente vuelve su atención hacia mí, acortando la distancia entre nosotros en un par de zancadas.
"¡¿Qué le hiciste?!" Su rostro enrojecido está tan cerca del mío, que siento su aliento cuando vuelve a hablar. "¡Contesta!"
Estúpido, ridículo Weasley.
"No sé de qué estás hablando." Respondo sin alterarme.
"Maldi-"
"¡Ron!" El gran y siempre heróico Harry Potter hace su entrada. Se ve agitado, como si hubiera corrido detrás de su amigo. "Ya basta."
"No, Harry, definitivamente no basta." Weasley se voltea hacia Potter. "También la viste. Ni siquiera fue capaz de hablar. Y este..." el pelirrojo redirige su atención hacia mi "¡Este idiota es el culpable!"
"Si te refieres a Granger, no tengo nada que ver con lo que sea que le esté pasando." La conversación comienza a aburrirme. Volver a ver a Potter y Weasley, con su renovado aire de superioridad moral, está muy lejos de lo que consideraría parte de un buen día. "¿Puedo irme ya, o seguirán haciéndome perder el tiempo?"
Imagino que algo en mi tono de total indiferencia tocó una fibra sensible, porque Weasley vuelve a abalanzarse sobre mí, aunque esta vez al menos no me golpea.
"Escucha, Malfoy" Me dice mientras sujeta mi túnica entre sus puños. Su rostro nuevamente muy cerca del mío. "Si algo le pasa a Hermione, juro que-"
"¡Ronald Weasley!" La voz de McGonagall suena como un trueno en medio del pasillo. "¡Suelte al Sr. Malfoy inmediatamente!"
Afortunadamente, McGonagall parece tener más poder sobre el pelirrojo del que tiene Potter y al escucharla me suelta bruscamente, empujándome lejos de él.
"¡Este tipo de conductas son inaceptables Sr. Weasley! Sin importar que ya no sean alumnos de nuestra escuela, aún así tienen que respetar las normas."
"Lo sentimos mucho, Profesora." dice Potter rápidamente, usando su mejor tono de arrepentimiento. Weasley sólo se cruza de brazos, su rostro tan rojo como su cabello.
"Esperaría mucho más de ustedes dos, Sr. Potter." Dice McGonagall acusatoriamente. "Lo siento mucho, pero tendré que pedirles que se vayan." Weasley abre la boca para protestar, pero McGonagall lo corta antes de que comience a hablar "¡Sin peros, Sr. Weasley!" Luego me mira y frunce el ceño al notar la sangre en mis labios. "Nott, por favor lleve al Sr. Malfoy a la enfermería."
"Por supuesto, profesora." Theo me toma del brazo y comienza a caminar. Mientras nos alejamos, noto su varita sujeta fuertemente en su mano derecha.
13:25 hrs.
Madame Pomfrey no pareció sorprenderse al vernos entrar, pero si se mostró extrañamente amable.
"Parece que los Weasley nunca dejan de meterse en problemas" Murmuró mientras curaba mi pequeña herida.
Cuando fue a buscar una poción para la inflamación y el dolor, noté que Theo observaba la situación con una sonrisa maliciosa.
Madam Pomfrey volvió con un par de pequeños frascos y los puso en mis manos, pero en vez de indicarme cuándo debía tomarlas, me miró a los ojos y dijo: "La Srta. Granger despertó esta mañana, aunque todavía no se encuentra del todo consciente. De todas formas, puede visitarla cuando se acaben las clases."
Creo que mi expresión de desconcierto se mantuvo hasta varios minutos después de haber dejado la enfermería.
16:45 hrs.
El fantasma de Granger vuelve a penarme en la clase de Runas Antiguas. Su puesto en la primera fila permanece vacío, y de alguna manera eso la hace aún más presente.
La falta de sueño me hace sentir exhausto y mi mentón comienza a sentir las consecuencias del golpe de Weasley. El recuerdo de su voz exigiendo explicaciones me enfurece.
Sé que él y su familia no lo han pasado bien desde la guerra, aunque siendo hijo único, me es difícil imaginar el dolor de perder a un hermano. De todas formas, me cuesta sentir pena por el pelirrojo. Por lo que recuerdo, se comportaba como un idiota desde mucho antes de la guerra. ¿Es eso algo malo? Definitivamente podría decirse lo mismo de mí.
El cansancio hace que las runas frente a mí se vuelvan borrosas. A mi lado, Theo da un bostezo y me siento culpable de haberlo mantenido despierto durante la noche.
Los minutos parecen alargarse infinitamente, toda la clase sumida en el sopor que suele acompañar a la última clase de la semana. Tal vez pueda decirle a Theo que vayamos a Hogsmade durante el fin de semana, comprar una botella de whisky de fuego y beber hasta olvidar que en poco más de una semana tendré que sentarme frente al jurado del Wizengamot y esperar que ocurra algún tipo de milagro y sientan piedad de mí.
No lo sé, el sueño no me deja pensar más allá del día de hoy. Por ahora, lo único que espero es apoyar la cabeza en la almohada, y con suerte, caer dormido de inmediato. Idealmente no despertar hasta que el juicio ya haya acabado.
Justo cuando creo que ya no soy capaz de mantenerme despierto un minuto más, la clase se da por finalizada. Me dirigo a la puerta lentamente, con el cuerpo pesado, pero feliz de que el día ya se esté terminando. La idea de una buena comida tampoco suena del todo mal.
"¿A dónde vas?" Me giro a ver a Theo, parado unos cuantos pasos detrás de mí.
"Al comedor, obviamente." Theo me mira con reprobación, "¿Qué? Pensé que tú eras el más preocupado de mi alimentación."
"Por supuesto que me preocupa, como ya he dicho varias veces, te-"
"Si, si, no podría verme peor, lo sé." Lo corto antes de que empiece con uno de sus sermones. "Ve al grano, Nott."
"¿No tienes un compromiso que atender?"
Lo miro confundido durante un momento, y entonces entiendo. Por Salazar, puede que Theo me salve de la ansiedad, pero sólo para enloquecerme en su propio y particular modo.
"No puedes estar hablando en serio."
"Vamos, Draco, los dos sabemos que quieres hacerlo." Se acerca a mí mientras habla, viéndose genuinamente divertido por la situación. "Vi como mirabas la mesa de Griffyndor esta mañana. Y su puesto durante la clase. Merlín, Draco, si no te conociera, diría que estás… Oh, por favor, no me mires así."
No sé cómo lo estoy mirando, pero sí sé que con cada palabra que dice me siento más exhausto.
"No iré, Theo, y nada de lo que digas me hará cambiar de opinión."
Puede que haya sido algo en el tono de mi voz, o simplemente mi expresión de cansancio extremo, sea lo que sea, Theodore Nott finalmente guarda silencio. Aliviado, continúo la caminata hacia el comedor, Theo siguiendo mis pasos de cerca.
"Tienes razón." Dice luego de un par de minutos. "Después de todo, Granger es una sobreviviente." Siento mis ojos rodar hasta el fondo de mi cabeza. "No ganas una guerra para luego morir sin causa aparente, quiero decir, se enfrentó al mismísimo Señor Oscuro, de seguro una simple disculpa no será lo que la lleve a la tumba."
"Realmente no lo dejarás ir, ¿no?" Theo me ignora olímpicamente.
"Y no es que su muerte vaya a jugar en tu contra en el juicio."
"No está muerta, Theo." Mi irritación crece peligrosamente, "¿Y en serio estás recurriendo a mi juicio por esto? Es bajo incluso para ti."
"Tienes razón, tienes razón." Se apresura a decir. "Sólo pensé que estando tan preocupado por absolver tus culpas, no haber ido a visitarla, tan sólo por unos minutos, en uno de sus, tal vez, últimos días de vida…"
"THEO" Me detengo abruptamente y lo miro con ira. He dormido apenas unas cinco horas en los últimos dos días, mortificado cada segundo del día por recuerdos de la guerra, por el miedo de terminar en Azkaban y porque tal vez me quede sin familia antes de que termine el año. Y hoy, luego de semanas -no, meses- sin tener ganas de comer, ni levantarme en las mañanas, ni respirar, justamente hoy ha resultado no ser un día tan malo. Incluso habiendo sido insultado y golpeado injustificadamente, porque por supuesto que algo como eso tenía que pasarme, ¡Merlín prohiba que Draco Malfoy tenga tan sólo un buen día sin ser recordado que, sin importar lo que haga o lo que no, sigue siendo una basura!
Me siento totalmente derrotado, irritado, e inusualmente hambriento, y aún así, lo único que puedo agradecer es que el idiota que tengo en frente haya decidido volver a hablarme, porque sé que yo no hubiese sido capaz de hacerlo.
Maldito e increíble Theodore Nott.
Cierro los ojos y respiro profundo, la rabia disipándose rápidamente. Cuando lo miro de nuevo, Theo me observa con una mezcla de miedo y preocupación.
"Realmente no sé por qué esta estúpida idea se fijo en tu cabeza, y honestamente, creo que tampoco quiero saberlo." Le digo resignado, veo como sus ojos azules comienzan a brillar en anticipación. "Pero sólo porque eres tú, Theodor Nott, y porque no creo que pueda sobrevivir una hora más de tu sin sentido, lo haré." Veo que abre la boca para decir algo, pero hablo antes de que diga algo que me haga recobrar la cordura. "Sólo no quiero escuchar ni una palabra más al respecto, ¿está bien?"
Trato de sonar digno y autoritario, pero por la amplia sonrisa de mi querido amigo, sé que no soy más que un completo perdedor. Theo ganó, y lo sabe.
"Está perfecto." Dice sin dejar de sonreír. "Estaré en la sala común."
Theo comienza a alejarse, mientras yo inicio mi camino en dirección contraria. Cuando pienso que ya no queda nada más que decir, escucho su voz a la distancia.
"Oh, y Draco, no te preocupes, te guardaré algo de comida. Como ya dije, sigues viéndote horrible!"
Realmente lo odio en este momento, pero a pesar de eso, no puedo evitar sonreír.
17:30 hrs.
Pensé que no sería tan difícil, pero apenas Madame Pomfrey me recibió, con una extraña casi sonrisa, supe que estaba equivocado.
Afuera, el sol comienza a ponerse, y en la enfermería se encienden luces tenues y cálidas. Madame Pomfrey me conduce a la cama en la que Hermione Granger descansa. Está al fondo de la sala, rodeada por una cortina blanca que la mantiene escondida de los ojos curiosos del resto de estudiantes que podrían visitar el lugar.
"Estaré en mi despacho." Dice Madame Pomfrey cuando ya estamos frente a ella. Luego escucho sus pasos alejarse.
Granger yace dormida sobre la cama de sábanas blancas. Su largo cabello desparramado sobre la almohada. Su túnica ha sido reemplazada por lo que parece ser un camisón, también blanco. En la pared paralela a la cama, una ventana deja pasar los últimos rayos del sol, la suave luz ilumina su rostro, dándole un aspecto tranquilo y algo… onírico.
Me remuevo incómodo en mi posición. ¿Qué se supone que haga ahora? La opción obvio es irme. Técnicamente, ya cumplí con mi palabra, Theo no podría recriminarme nada, y de seguro ni Granger ni yo necesitamos más encuentros incómodos con el otro.
¿Cierto?
Mi mente está completamente de acuerdo, pero mi cuerpo no se mueve. Y entonces, ocurre exactamente lo que no debería ocurrir.
Granger abre los ojos y me observa con ojos vidriosos. Yo mantengo la respiración.
"¿Harry?" Su voz es apenas audible, pero su pregunta explica el que aún permanezca hospitalizada, aunque despierta, está claro que no se encuentra del todo consciente.
Trato de decirle algo, pero sólo logro emitir un sonido ahogado. Mi garganta se ha secado de pronto. Debería irme, ahora mismo, antes de que Granger salga de su alucinación y vea quién es el que realmente está a los pies de su cama. Doy media vuelta y me dispongo a abandonar el lugar, cuando vuelve a dirigirse a mí.
"Harry, no te vayas." Su voz suena tan débil y suplicante que me detiene de inmediato. "Por favor."
Maldición.
"No soy… Harry, Granger." Digo en voz baja y volviendo a mirarla.
Ella me mira confundida, pero se mantiene en silencio. Este es el momento en que debería dejar la escena, pero mis pies se mantienen firmemente fijos. Granger baja la mirada. Se ve ausente y… triste. Recuerdo que sus amigos tuvieron que dejar el castillo por culpa de Weasley y siento algo de pena por ella. Luego pienso que de seguro Potter podría haberse quedado si lo pedía, después de todo, es el maldito salvador de todo el mundo mágico, incluso McGonagall habría hecho una excepción por él, pero imagino que simplemente no quiso hacerlo.
Tampoco es que El Elegido se haya destacado alguna vez por ser un amigo incondicional. Supongo que cuando estás tratando de salvar el mundo no te queda tiempo para pensar en las personas que día a día arriesgan su vida por ayudarte en tu pequeña gran aventura en contra del mal. Tal vez es por eso que me cuesta sentir pena por él y su idiota compañero pelirrojo.
Sin pensar en lo que estoy haciendo, camino hacia la silla que está a un costado de la cama y me siento. Granger vuelve a mirarme, viéndola de cerca, noto sus pupilas dilatadas y sus labios anormalmente rojos. Fiebre.
"Potter tuvo que irse." Hablo en voz baja, aunque no hay nadie que pueda escucharnos. "Weasley también."
"Tan elocuente como siempre." Dice un Theo imaginario dentro de mi cabeza.
La expresión de Granger se ensombrece, pero continúa sin decir nada. La luz que se refleja en su rostro hace que sus ojos se vean más claros de lo normal, casi dorados, como los de un gato.
"¿Malfoy?" No suena especialmente emocionada con el descubrimiento de mi identidad.
"Lo siento"
Me muerdo la lengua apenas termino la frase. ¿Qué tan difícil es simplemente dejar de disculparme con ella?
"Está bien" Cierra los ojos, suspira sonoramente, frunce el ceño. "Te disculpo, Malfoy, por no ser Harry... y por todo."
Mi corazón se detiene.
"No tienes que hacerlo" Le digo luego de unos segundos, inseguro de volver a tocar el tema.
"Lo sé." Su voz es apenas un murmullo.
Ambos nos quedamos en silencio. Granger sigue con los ojos cerrados, y me hace dudar de si está despierta o no. Es extraño verla así, tan de cerca y en tanta quietud. Creo que la única vez que estuvimos realmente cerca el uno del otro fue cuando me golpeó en tercer año.
Me alegro de que Granger permanezca con los ojos cerrados y no vea la mueca que me provoca ese recuerdo. No puedo negar que lo mereciera, pero aún ahora me hace sentir algo de miedo.
Entonces las imágenes de los últimos días aparecen de golpe en mi cabeza. Mi primer acercamiento en la biblioteca y cómo ella me sujeto muy cerca de su rostro. Luego en la orilla del lago, poniendo uno de sus dedos sobre mi boca.
Aunque sé que sucedió, no parece real. Ahora mismo, sentado a un lado de su cama, siento que en cualquier momento despertaré de un extraño y largo sueño.
Vuelvo a mirarla. Las ondas de su cabello esparcidas desordenadamente alrededor de su rostro relajado. Sus labios levemente entreabiertos. No se parece a ninguna de las Hermione Granger que están en mis recuerdos. Definitivamente no es la chica de tercer año cuya ira se salió de control. No es la alumna ejemplar levantando la mano cada vez que un profesor hace una pregunta, ni mucho menos la niña que me miró dolida la primera vez que le dije sangre sucia.
¿Quién es Hermione Granger?
A pesar de ser, de cierta manera, bastante obvio, me sorprendo al descubrir que realmente no sé nada de ella. Observo su expresión con nueva curiosidad. Sus pestañas son castañas, como su cabello, y pequeñas y sutiles pecas se esparcen desde el puente de su nariz hacia sus pómulos.
"Lamento que Ron te haya golpeado." Escucharla tan repentinamente me hace saltar en mi asiento, y siento el calor subir a mi cara al notar lo concentrado que estaba en observarla.
"Las noticias vuelan rápido."
"En este castillo las paredes tienen ojos y oídos." La frase me suena a algo que diría Lovegood, supongo que la fiebre es lo suficientemente fuerte como para influenciar sus palabras, pero debo admitir que el sin sentido no le queda del todo mal. "No debió haberlo hecho."
"Está bien, no fue gran cosa." Considero decirle que ella golpea bastante más fuerte que su novio, pero me muerdo la lengua y guardo silencio. Estoy hablando con Granger. No somos amigos.
"Tampoco creo que debieses ir a la cárcel."
¿Qué?
"No sería justo." Agrega antes de que yo pueda si quiera procesar lo que me está diciendo. "Yo…"
Su voz suena repentinamente triste. Demasiado triste.
"Estoy tan cansada del daño." Dice en un susurro. Mi cuerpo se tensa y siento que me hundo en el asiento.
Sé que es la fiebre hablando, pero sus palabras atraviesan mi cabeza. Remueven mis recuerdos y miedos y siguen más allá, hasta donde ya no quedan ideas ni excusas, ni siquiera rabia ni llanto.
Me llevan al vacío.
Granger gira su rostro hacia mi y veo que el vacío también está en sus ojos, como una herida invisible y permanente que la consume de a poco. Entiendo lo que dice perfectamente.
"No quiero…" Se detiene y muerde su labio inferior.
"...Hacer o recibir más daño." Termino la frase por ella.
Sus ojos se agrandan, pero no dice nada. Puede que me esté dando fiebre a mí también, pero no me importa. Sé que estoy en lo correcto. Lo sé.
Porque también lo siento.
El sol finalmente se esconde, la habitación queda en penumbras. Las luces encantadas iluminan su rostro con suavidad. En medio de las sombras y los reflejos dorados, me doy cuenta de que por primera vez veo un atisbo de la mujer real que nunca antes fui capaz de conocer.
El silencio sella la escena durante varios minutos. Cuando vuelve a hablar, dice algo que jamás esperé escuchar de su boca.
"Te ayudaré, Malfoy."
El mensaje es críptico y poco claro, pero me hace recordar que la chica que tengo enfrente está, de hecho, enferma, y que probablemente debiese buscar a Madame Pomfrey para que haga algo respecto a su temperatura.
La realidad se hace presente con todo su peso y la nebulosa en la que estaba sumida mi mente parece aclararse.
"Creo que ahora mismo eres tú la que necesita ayuda." Digo poniéndome de pie. "Buscaré a Madame Pomfrey." Ella no responde. "Probablemente no recuerdarás nada de esto, ¿no?"
Granger me mira extrañada, totalmente ajena a su propio malestar. Siento el impulso de poner mi mano en su frente para sentir su temperatura, pero me reprimo.
"Recuerdo que tenemos un trabajo por hacer." De un segundo a otro, vuelve a ser la de siempre.
"Merlín, Granger, no creerás que realmente vamos a trabajar juntos."
"Por su-"
"Mira cómo terminó nuestra primera reunión de trabajo." Le recuerdo antes de que pueda replicar.
"No dejaré que mis notas se vean perjudicadas por tu obsti… obstinen..." Parece hacer un gran esfuerzo para encontrar la palabra correcta. El ceño fruncido sobre sus ojos vidriosos es una imagen demasiado lastimera.
"Obstinación." Granger me mira aún más ruborizada de lo que ya estaba. "Tranquila, no es que hayas olvidado el lenguaje o que yo me haya vuelto más inteligente que tú." Ella me mira confundida. Merlín. "Tienes fiebre, Granger."
"Pero…" dice mientras lleva el dorso de su mano a su frente. "No siento nada."
"Por Salazar, Granger, por supuesto que no sientes nada." Y sin pensarlo, empujo su mano con la mía y mi palma se apoya en su frente.
Está hirviendo.
"Buscaré a Madame Pomfrey." Repito. Mi mano vuelve rápidamente a su lugar. No creo haberla tocado antes, pero me rehuso a pensar en eso ahora mismo. Mis pies por fin me obedecen y se alejan de su lado
Granger no parece ser consciente de lo que acaba de pasar. Supongo que realmente no recordará mucho de esto cuando se sienta mejor.
No sé si sentirme aliviado o decepcionado.
Cuando estoy a punto de desaparecer tras el biombo, vuelvo a escuchar su voz.
"Malfoy." Me llama como si acabara de darse cuenta de que ya no estoy a su lado. Yo me detengo, pero mantengo la mirada fija en la puerta. "Gracias por… venir." No suena muy convencida, pero no puedo culparla.
"Puedes agradecerme cuando te sientas mejor." Sueno más petulante de lo que quería, pero no puedo evitarlo. ¿Cómo se supone que responda a algo como eso? No estoy acostumbrado a que la gente me de las gracias. Mucho menos ella.
Necesito salir de aquí.
Reanudo mi andar y me apresuro a la puerta antes de que cualquiera de los dos vuelva a hablar sin pensar.
Paso por la oficina de Madame Pomfrey y le digo que Granger necesita su asistencia. No doy detalles, no es necesario. Antes de que ella salga de su despacho, yo ya estoy varios metros lejos en dirección a la sala común de Slytherin.
Al llegar, subo directo a mi habitación. No veo a Theo por ninguna parte, pero en mi velador hay un plato de comida. De pronto recuerdo el hambre que tenía antes de mi pequeño desvío a la enfermería y mi estómago se queja.
Cuando ya he comido y estoy listo para meterme a la cama, por fin siento que mi pulso vuelve a su velocidad normal. El cansancio volviendo a pesar en mi cuerpo
¿Por qué todos se volvieron locos hoy?
Aunque mi cabeza es un caos, me es imposible reflexionar al respecto. Por primera vez en mucho tiempo, el sueño me atrapa rápida y profundamente.
El calor de su piel sigue quemando la palma de mi mano hasta que me quedo completamente dormido.
