¡Holaa! Bueno, como os prometí, acá les vengo a dejar la actualización de la semana de este fanfiction XD Y bueno, no tengo más que agregar que...después de todo en esta historia se maneja el basquetbol además del romance y la comedia LOL
Capítulo 6
Repentina confrontación: Los amigos del ayer son los rivales del futuro
No es como si existiera algo interesante que admirar desde la azotea de su facultad, pero era mucho más cómodo que ir al comedor y tener que soportar todas aquellas miradas asesinas y molestas hacia su persona. Era como si le acusaran de uno de los peores delitos en la historia, cuando claramente no era más que una víctima de los malos entendidos y la prensa amarillista de la universidad.
Había acabado su desayuno en tiempo récord, por lo que simplemente se limitó a observar la maravillosa vista desde aquellas alturas, antes de aburrirse y ponerse a jugar.
—Al menos entregué el cuaderno de ejercicios y por ahora las cosas van bien, exceptuando a las enardecidas fans de Aomine-kun que no me quitan la mirada de encima. Supongo que pronto se darán cuenta de que todo no es más que un mero rumor.
—Así que aquí era donde estabas –resopló desde la puerta que permitía el acceso a aquella zona.
—¿Escondiéndote de nosotras, Daishi? –soltó otra chica con molestia.
—¿Y ustedes son? –les miró confundida mientras yacía sentada sobre el suelo con su nueva consola.
—No te hagas la inocente con nosotras. Sabemos que estás saliendo con Aomine-san.
—Si en todo caso fuera cierto ese rumor, es un hecho que a ustedes no tendría por qué importarles. Él es libre de andar con cualquier chica que quiera y no por ello deben intentar hacerle la vida miserable. Ya son lo suficientemente grandes para este tipo de cosas, ¿no?
—¿Nos lo está diciendo la persona que está jugando en esa tonta cosa? –reprochó la segunda, clavándole como navajas sus afilados ojos.
—Quizás les haga falta jugar algo como esto para que dejen de meterse en la vida de las otras personas –expresó secamente-. Y como ya les dije, entre él y yo no hay nada. Somos meros compañeros y en esa ocasión él me ayudó para que no pasara por un mal momento en el metro.
—Solamente lo dices para que dejemos de molestarte.
—Vayan y pregúntenselo ustedes mismas, les dirá exactamente lo mismo –recalcó.
—¡No te vas a salir con las suyas tan fácilmente, Daishi!
—¿Qué es lo que está ocurriendo aquí?¿Por qué tanto ruido? –Axelle reconoció de inmediato aquella voz pese a que únicamente la había escuchado un par de veces. Se trataba de Nariko, la capitana del Club de Kendo Femenino.
—Tsk, ya nos ocuparemos de ti después rubiecita –soltaron las dos a la par.
—Debe ser un verdadero fastidio andar con alguien tan cotizado y popular como Aomine-san.
—Es que yo no ando con él, ¿cuántas veces debo decírselos a todos? –hizo una mueca de total fastidio. Ese día hasta el desayuno le iba a caer mal.
—¿En serio? Pero si es lo que todos están diciendo. Incluso hay una linda foto de ustedes dos en el periódico escolar.
—Pues es una farsa. Él sólo me ayudaba en el metro para que no me toquetearan, es todo. Alguien tomó la foto e inició todo ese rumor –agregó.
—Eso es algo verdaderamente ruin –soltó con molestia. Odiaba a las personas que se vivían levantando farsas y chismes a las personas-. Entonces debes hacer algo al respecto.
—Con el tiempo se darán cuenta de que todo es falso y se les pasara.
—Pero mientras ese momento llega, las chicas se meterán contigo.
—No es la gran cosa –musitaba la rubia tras tirarse sobre el piso. No le importaba mucho que su ropa se ensuciara un poco.
—Sé que no tiene sentido que te insista más, pero, me gustaría que unieras al Club de Kendo. Tu talento nos será de gran ayuda en las nacionales que se celebrarán a finales del año.
—Ya te dije que renuncié al kendo hace tiempo atrás y que no iba a volver a participar en ningún torneo.
—Dejaste el kendo…¿por lo que pasó en las nacionales hace dos años atrás, no es verdad? –preguntó seriamente, sin dejar de mirar a la chica. Y aunque había sido prácticamente imperceptible su reacción, la había percibido en sus carmesí pupilas.
—No sé de qué está hablándome, Nariko-san.
—No lo niegues, Axelle-dono, no cuando yo estuve participando en aquel torneo.
—¿Cómo dice? –aquella simple revelación le hizo ponerse de pie bruscamente-. De ser así te reconocería.
—Yo te conocí a través de los combates que mi equipo y yo mirábamos antes de las finales. Estuvimos a punto de vernos en persona, después de todo tú venías representando a la Preparatoria Rakuzan, mientras que yo iba por la de Shutoko. Ambas escuelas llegaron a las finales.
—De manera que tú eras la capitana de ese equipo. Escuché que eran sumamente buenas.
—…Aunque al final me fue imposible medir fuerzas contra ti, Axelle-dono…ya que en el combate final nunca llegaste. Y lamentablemente, tu equipo perdió. Después de ese suceso, escuché que te retiraste y no volviste a practicar kendo.
—Estás mejor informada de lo que pensé. Pero no cambian las cosas…
—Axelle-dono, tú amabas el kendo tanto como esos chicos adoran el basquetbol. Admiraba el modo en que combatías y la manera esplendida en que lograbas hacer caer a tus contrincantes. ¿Qué fue lo que te pasó? Tenías un gran futuro por delante en el kendo.
—Algunas cosas pasaron, es todo. Nada por lo que hacer un melodrama –mencionó tranquilamente-. Tus chicas son buenas, sólo requieren practicar más y estarán listas para las nacionales.
—No me rendiré tan fácilmente, Axelle-dono.
La rutina impuesta por aquella confiable entrenadora había sido más de lo que esperaban. Pero no se le podía culpar, no cuando tenían pronto una competencia en puerta, que si bien no era la de mayor peso, les ayudaría para entrenarse y contemplar algún punto flaco. Después de todo, su mayor aspiración era la copa de invierno donde las mejores siete universidades más acreditadas de todo Japón se jugaban su prestigio deportivo.
—Por cierto, antes de que se marchen, quisiera invitarlos a jugar basquetbol mañana a medio día, en la cancha que se encuentra cerca de la estación del metro –pronunció Kagami tranquilamente, observando a cada uno de sus compañeros de equipo.
—¿Jugar mañana? –Hyuuga sabía del enorme amor que Taiga le profesaba al basquetbol, pero no esperaba que después de aquel diabólico entrenamiento todavía tuviera ganas de jugar el fin de semana.
—¿Contra quiénes, Kagami-kun? –preguntó Kuroko, tomando a todos por sorpresa, como siempre-.
—Unos viejos amigos míos están ahora en Japón. Ocasionalmente jugaba con ellos allá en América. Y uno de ellos me invitó a jugar, así que decidí preguntarles por si gustaban unirse –confesó bastante animado-.
—¿Y son buenos? –todos sabían de quién provenía aquella pregunta.
—Ve mañana y compruébalo contigo mismo, Aomine –le sonrió desafiante el pelirrojo.
—Me encargaré de poner en su sitio a tus pequeños amigos –sentenció sonriente el moreno-.
—No bajes la guardia o podrían hacerte pasar un mal rato –indicaba deliberadamente Kagami.
—Oh, suena bien.
—Ahí van de nuevo –suspiraba Riko-. Bien, ya que es una petición de Bakagami, mañana todos asistiremos a ese juego. Lo usaremos de práctica. Así se distraerán un poco en cambiar de oponente.
—¡¿A quién le llamas Bakagami?!
No se podía pedir mejor mañana de sábado que ésa. El sol lucía imperioso desde lo alto, mientras las blanquecinas nubes eran apenas visibles ante la mirada de un buen observador. El día simplemente era perfecto si lo que se buscaba era salir a divertirse o enfrascarse en una buena práctica de basquetbol.
Aquel grupo de chicos habían sido impecablemente puntuales, portando ropas cómodas y una mochila con todo lo necesario para soportar el calor abrumador que se encontraba haciendo.
La cancha casi en su totalidad yacía vacía, exceptuando a unos cuantos chicos que se encontraban levantando sus cosas mientras se les veía charlando amenamente. Y a la vez unos cuantos más se detenían de momento a observar a los recién llegados; los reconocieron de inmediato.
Colocaron sus cosas sobre los banquillos que dentro de aquella cancha existían y miraron en todas direcciones. No se veía indicio de que los susodichos amigos del pelirrojo estuvieran próximos a llegar. Aunque claro, todavía restaba un cuarto de hora para que dieran las doce.
—Creo que hemos llegado bastante temprano –indicaba Jumpei observando hacia los alrededores.
—Faltan unos cuantos minutos –Shun le dio un rápido vistazo a su reloj.
—Bueno, igual no recuerdo que fueran los más puntuales del mundo –indicó Kagami muy quitado de la pena.
—Kagami-kun, ¿ese chico no es conocido tuyo?
—¿A quién te refieres? –Kagami no fue el único que posicionó su mirada en dirección al centro de la cancha. Efectivamente había alguien, tumbado y con una toalla encima de su rostro. ¿Se habría desmayado de la insolación?
—No me digas que es…-el pelirrojo se puso de pie, caminando con cierta desconfianza hacia el sujeto desmayado. Tragó saliva y simplemente levantó la toalla con cautela-. ¿Puedes explicarme qué demonios haces aquí tumbado?
—Umm…Al fin has llegado Taiga-chan –le respondió con una amplia sonrisa.
—¡No me llames así! –se enfureció de inmediato.
—¿Ya son las doce? –cuestionó el castaño, antes de flexionar sus piernas y ponerse de pie de un simple salto-. Sabes que Hadrien y Leo no son muy puntuales.
—¿Y qué hacías ahí botado, eh?
—Esperándote –respondió tranquilamente-. Llegué demasiado temprano, así que me puse a jugar con los chicos de por aquí. Los japoneses son interesantes.
—Nunca cambiarás, ¿verdad Marko?
—Incluso has traído contigo a Aomine-san –sí, había pasado del comentario de Taiga y sin decir más se había aproximado a los chicos con una sonrisa candorosa. Incluso su gorra ya no se encontraba con él, permitiéndole a sus rebeldes cabellos hacer lo que ellos quisieran-. Soy amigo de Taiga-chan, mi nombre es Marko Turletti, encantado.
—Es el chico de la vez pasada –soltó Momoi.
—Hola de nuevo –saludó.
—Él es uno de mis amigos –indicaba el pelirrojo-. Te presentaré con cada uno de ellos.
—No hay necesidad, los conozco a todos…Aomine Daiki, Juunpei Hyuuga, Izuki Shun, Rinnosuke Mitobe, Satsuki Momoi, Aida Riko y claro…Kuroko Tetsuya. Corrígeme si me equivoco.
—Estás bastante informado –estipulaba la castaña-. Aunque su rostro me es familiar de algún lado…Umm, ¿pero de dónde?¿O quizás solamente estoy pensándome las cosas más de lo que debería? No obstante, ese nombre me suena de alguna parte, ¿pero de dónde?
—Mi padre siempre me ha dicho que la llave del éxito es conocer a tu enemigo –comentó sin mucho interés-. Además el entrenador me ha hecho instruirme sobre los mejores jugadores de todo Japón. Ya que al ser extranjero, sabe que no conozco nada de por aquí.
—¿Qué les parece si calentamos un poco antes de que lleguen los demás y formemos equipos? –no era una pregunta, era una orden expedita.
—¿Yo también puedo hacer calentamiento con ustedes? –todos miraron entre confusos y sorprendidos la petición del castaño.
—Claro que sí, aunque espera un momento. ¿Podrías quitarte la camisa? –el chico se sorprendió un poco ante tan rara petición, pero al final terminó accediendo. Riko observaba cuidadosamente el marcado abdomen del castaño. Su buena vista siempre le ayudaba a obtener información sobre la condición física de cualquier jugador-….Vaya, no tengo nada que objetar. Tu cuerpo es algo que muchos jugadores envidiarían.
—No recibo comentarios como esos siempre. Estoy sorprendido de su habilidad, Riko-san –le sonrió tan galantemente que le fue imposible a la entrenadora no sonrojarse. Aquel italiano tenía su encanto.
—¡Deja de seducir a nuestra entrenadora, idiota! –ya se había encargado de golpear en la cabeza al pobre chico.
—Yo no estaba haciendo nada, sólo le elogio. ¿Qué hay de malo en ello?
—Que ella es una entrenadora monstruo y esos halagos no van con ella. Además si le dices esas cosas después no habrá quién le soporte…-fue lo último que dijo antes de tener un acercamiento entrañable con el suelo.
—Qué buen brazo tienes, Riko-san –felicitaba el chico.
—No creo que sea para tanto –respondió gentilmente-. Sólo hice lo que cualquier otra entrenadora haría.
—Disciplina ante todo.
—Marko-kun, tú no necesitas calentamiento, ya que se ve que has estado jugando. De hecho deberías descansar un poco.
—No te preocupes por él…Estará bien incluso si lo pones a correr unas veinte vueltas…-era Kagami hablando desde el suelo-…Es un obsesionado con el ejercicio, que estoy seguro que al menos estuvo en dos partidos antes de que llegáramos.
—De hecho tres, pero no es algo que interese –afirmó mientras le ofrecía una mano ayuda a su amigo.
—Lo sabía, sigues con esa energía inagotable, ¿cierto? –al fin se había levantado, observando al oji esmeralda. Le sacaba bastantes centímetros de altura.
—Pues sí me canso, Taiga. Me haces sonar como si fuera un monstruo como tú.
—¡Cállate pequeñejo!
—Igual voy a acabar primero las vueltas –sentenció al tiempo que empezaba a correr a toda marcha. Taiga le alcanzó en breve.
—¡En tus sueños!
—Aomine-san también está bastante motivado –aquella escena podría parecer encantadora para muchas mujeres, pero no para aquellos jugadores que observaban todo desde la banca. Después de todo el italiano yacía entre esos dos altos hombres, unos que no estaban dispuestos a permitirle que se les adelantara.
—¿Tres juegos y todavía tiene energía para correr así de rápido? –el de gafas sencillamente parecía estar frente a otro subnormal como Kagami y Aomine.
—Diría que sus piernas son el área más trabajada de su cuerpo, pero estaría mintiendo. También lo está el resto de su cuerpo en el mismo nivel. Es claro que su resistencia está por encima de muchos jugadores y ese podría ser un problema para vencerle.
—Pero si no posee una buena técnica entonces de nada sirve que tenga tan buena condición física –señalaba Shun.
—Él tiene buena técnica. Sabe moverse dentro de la cancha, aprovechando su velocidad y elasticidad, por lo que puede dar giros inesperados que para muchos jugadores resultaría imposible –mencionaba la peli rosa pensativa-. Pero dudo que eso sea todo lo que tiene por ofrecer.
—Otra vez lo ha hecho –dijo suspirante el recién llegado. Aquellos ojos dorados simplemente se posicionaron en Riko y los demás-. Hola.
—Debes tener mejor modales, Hadrien. Lo primero que debes hacer es saludar y como estamos en Japón no olvides de agregar el honorífico correspondiente al final del apellido de la persona –indicaba su acompañante, un chico igualmente de alto que él.
—Tú y tus formalismos, Leo –le fastidiaba que él fuera de ese modo.
Sus ojos eran tan azules como el cielo mismo y a la vez, bastante vívidos. Contrastando de un modo sumamente particular con el tono canela de su piel. Era una combinación bastante única pero favorable, especialmente cuando se le añadía el tono albino de su cabello.
El flequillo que poseía se encontraba peinado hacia atrás, despejando su frente, pero a la vez siendo incapaz de contener aquellas largas hebras de cabello de sus costados.
Ambos vestían ropas deportivas, llevando consigo sus respectivas mochilas.
—Hasta que llegan –regañaba Taiga tras detenerse y recuperar un poco el aliento.
—Es culpa de Hadrien, se entretuvo con una tontería a medio camino –criticaba Leo mirando de reojo al causante de la tardanza-.
—Tú fuiste quien se tomó más de media hora decidiéndose qué ropa ponerse. A veces eres peor que una mujer en su primera cita –recriminaba a Leo.
—Mejor cállate y mueve tu trasero a la cancha, que ya están calentando –el oji dorado simplemente bufó y saludó a todos de manera general antes de dirigirse hacia donde el pelirrojo y los otros dos permanecían.
—Discúlpenlo, no ha sido educado adecuadamente –estipulaba el peli blanco, haciendo una pequeña reverencia. Todos estaban sorprendidos por sus buenos modales-. Ahora si me permiten, empezaré el calentamiento para que podamos iniciar con nuestro juego amistoso.
—Ah, no hay problema –agregaba Riko con cierto nerviosismo. Esos tres poseían personalidades muy curiosas-…Tal vez esté pensándolo de más, pero ellos quizás sean…
—¿Qué te parece si damos un par de vueltas más y empezamos? –interrogaba entusiasta Taiga, mirando fijamente a Marko.
—Suena bien, Taiga-chan.
—¡Ya te dije que dejes de llamarme así, idiota!
—No te cortes Taiga-chan, y sigamos corriendo –aquel condenado jugador ya había iniciado su maratón.
—Está muy entusiasmado –agregaba Hadrien.
—Es que hay buenos jugadores. Ya sabes, en su universidad se encuentra Himuro y no se llevan demasiado bien.
—¿Himuro se encuentra en la Universidad de Tohoku? –cuestionó Taiga con sorpresa.
—Así es…Él es muy bueno, pero con su talento no es suficiente para que el equipo de basquetbol pueda dar pelea durante el National Seven Tournament, por lo que trajeron un jugador del extranjero, a Marko –informaba Leo, quien ya se había puesto a correr junto con el resto.
—En mi caso no hay tanto problema, ya que Murasakibara se encuentra en nuestro equipo –indicaba Hadrien campantemente-. Además de que tenemos otro talento en nuestro equipo.
—De modo que Marko tiene las cosas difíciles.
—¡Se están quedando muy atrás! –les gritoneó el castaño.
—Eres más rápido de lo que pensaba –el italiano admitía no haber visto el momento en que Aomine le alcanzó. Estaban peligrosamente parejos.
—Me ha sorprendido, Aomine-san –felicitaba sin bajar ni un poco la velocidad, es más, había incrementado su trote-. Sé que aún no soy lo suficientemente bueno para enfrentarme uno a uno contra usted, pero haré lo que sea necesario para tener una oportunidad como ésa en el torneo invernal.
—Suenas como un fanático empedernido –soltó con burla.
—Admiro su juego, Aomine-san…Admiro esa forma tan libre de jugar baloncesto –expresó tan seriamente que incluso aquella relajada mirada se había helado por completo.
La hora del pre calentamiento ya había pasado y ahora mismo se estaban terminando los preparativos para iniciar el juego amistoso. Aunque lamentablemente las retas debían ser de tres contra tres debido a la falta de jugadores.
Los primeros en ir a la cancha, por haber salido victoriosos en el piedra-papel-tijera, fueron los superiores. El resto debía seguir lamentándose en la banca.
—Maldita sea Kuroko, ¿por qué eres un asco en ese juego? –masculló Kagami con malhumor.
—Kagami-kun, tú fuiste el que decidió el juego.
—Sólo serán quince minutos, así que dejen de quejarse par de idiotas –regañaba Aomine.
—¡No me des órdenes Aomine! –chisteó el pelirrojo de inmediato.
—Solamente cállense y vean el partido –amenazaba Riko con sus manos hechas puños.
El partido recién había dado inicio, logrando de inmediato apreciarse las posiciones que cada uno de los jugadores desempeñarían durante el juego. Podían observarse de inmediato a Hadrien y Mitobe parados a poca distancia de la canasta; ellos se encargarían de ser el pivote de ambos equipos.
Tanto Hyuuga como Leo representarían el apoyo necesario para aquellos dos que fungían como la escolta del equipo.
—Hadrien, no dejes que ni una sola entre –sentenciaba Marko al tiempo que hacía unos rápidos estiramientos-. Leo, no te confíes demasiado y cuando tengas oportunidad tira, no te detengas por nada.
—Seguro tu actitud debe molestar al capitán del equipo, ¿verdad? –se burlaba Leo.
—Posiblemente ya hasta se agarraron a golpes por eso –se rió el oji dorado.
—Hyuuga.
—Ya lo sé, en cuanto tenga el balón intentaré encestar. Lo que quisiera saber es que tan alto es capaz de llegar ese chico.
El sonido del silbato se escuchó por toda la cancha, y fue en ese preciso instante en que los jugadores empezaron a moverse, listos para iniciar la contienda.
Podría considerar como un grave error el haber parpadeado durante unos breves instantes, justo cuando aquel castaño se encontraba dentro de su campo visual. Ya que fueron esos segundos de nula concentración los que ese jugador había usado para pasar de él.
Pero la cosa no iba a ser simple, no cuando había alguien más esperándole. La confrontación uno a uno fue inevitable. Tenía que bloquearle en ese preciso momento mientras Shun hacía lo mismo con su otro compañero de equipo. El duelo de miradas dio inicio.
El balón botó hacia la derecha y posteriormente hacia la izquierda, en un ir y devenir. O ese chico era demasiado hiperactivo o estaba tramando algo no demasiado agradable.
Giró sobre su pie izquierdo, volteando ágilmente. ¿Es que acaso estaba decidido en pasarle el balón a Leo?
Sus piernas se flexionaron, más que listas para mandar aquel balón en una parábola perfecta. Pero pronto aquel intento sería rápidamente interceptado. Y eso era justamente lo que él deseaba.
Con esa misma destreza volvió a girar hacia el sentido contrario, iniciando nuevamente con el bote del balón e incrementando la velocidad de sus pasos. Pero en su camino había un enorme problema bloqueándole la canasta.
Sonrió animosamente, como quien está a punto de experimentar un suculento placer. Estaba emocionado por tener que encarar a aquel enorme japonés.
El intento de robo había sido bloqueado por el moreno, alguien que se movía rápidamente entre la cancha y que no estaba dispuesto a que fastidiaran el avance de su amigo.
Simplemente se detuvo, saltando prácticamente de inmediato.
Aquel sonido fue seco y bastante duro; el castaño había regresado a la seguridad del suelo mientras aquel balón rebotaba en la cancha tras haber ingresado magníficamente en el aro.
Mitobe no había alcanzado a bloquearlo gracias al tiempo de retraso que el tiro poseía, lo que hacía más difícil calcular el momento correcto para interceptarlo; aunado a su magistral orientación. El enano sabía tirar muy bien pese a su estatura.
—No bajen la guardia chicos, que el encuentro apenas ha empezado y seguramente después de esto no nos permitirán acercarnos ni remotamente a la mitad de la cancha –indicaba Marko limpiando el sudor de su frente con su camisa.
—Jamás me canso de ver los saltos de Marko –agregaba alegremente Hadrien.
—Bueno, así compensa el ser tan bajo.
—¡Los estoy escuchando idiotas! –les regaño enfurecido. La estatura era un tema tabú para él.
—No les dejaremos las cosas fáciles –sentenciaba Hyuuga.
—Eso está bien, porque odio las cosas fáciles –sonrió de lado el castaño.
Nadie podía objetar que era un juego aburrido, ni por asomo. Ambas partes se encontraban dando lo mejor de sí, pero tampoco era demasiado difícil darse cuenta de la diferencia en habilidades y resistencia que cada uno de esos extranjeros poseían en comparación con Hyuuga y los demás, era lo suficientemente grande como para asombrarse poco del marcador final.
Hadrien no sólo saltaba alto y era capaz de bloquear literalmente cualquier tiro sin importar por dónde viniera, sino también era rápido y un experto en envolver a sus adversarios en fintas estilizadas que hacían que hasta el más experto se las comiera sin problema alguno. Por lo que además de fungir como Pivote, era un férreo Delantero de Poder.
El peli blanco tampoco se quedaba atrás, no cuando era capaz de ofrecer tiros desde la esquina más lejana de la cancha, logrando encestar desde cualquier ángulo sin importar lo complicado de la situación, resultando así un peligroso adversario. Él podía fácilmente pasar de un magistral tirador a un Ala-Pivote.
Marko por su lado, pese a su estatura no era despreciable en lo más mínimo. De hecho asombraba la facilidad que tenía para pasar de Armador a Escolta. Incluso no hacía nada mal los bloqueos gracias a esos grandes saltos que le daban una ventaja notablemente abrumadora.
Y en contraste con sus contrincantes, se les veía tranquilos y todavía con la energía suficiente para continuar jugando.
—Demonios, ese chico salta condenadamente alto. ¿Cómo demonios no empieza a sentir los efectos secundarios de algo como eso? –expresaba el de gafas, bañado en sudor intentando recobrar sus valiosos electrolitos con una bebida energética.
—Hadrien es igual de molesto e intimidante que tú, Kagami –señalaba Shun. Mitobe simplemente asintió, apoyando la noción.
—Les dije que no les subestimaran.
—¡No lo hicimos, Kagami idiota! –resopló molesto el capitán del equipo-. Si mis tiros no eran bloqueados por Hadrien, el balón era robado por Marko o Leo. Ninguno de ellos dejaba de moverse.
—Todos ellos son veloces y tienen una gran resistencia, por lo que es difícil que se cansen dentro de un juego. Incluso ahora Hadrien y Leo han entrado en calor…Esos tipos son de esa clase de jugadores que entre más presiones, más ofrecen –Kagami estaba ya de pie, junto con Kuroko y Aomine, era su turno de poner en su lugar a esos tres sonrientes chicos-.
—Ya están todos con esa cara de alegría –suspiraba Riko.
—Toma esto como una experiencia para comprobar las fuerzas de nuestros futuros adversarios –señalaba Momoi.
—Estos idiotas lo único que quieren hacer es medir fuerza y fanfarronear –masculló la castaña.
Los seis jugadores se encontraban en el centro de la cancha con el balón siendo custodiado por Riko. Ella sería la encargada de lanzarlo.
—¿Están listos? –preguntaba la mujer por igual.
—Cuando quieras, Riko –decía Taiga, clavando su fiera mirada en el oji dorado.
—Siempre con esa mirada tan intensa, como si fueras una bestia al acecho.
—Al menos me entretendrás un poco –agregaba el moreno, observando detenidamente a Marko. Había decidido que él sería su contrincante en ese juego.
—Usted es muy entretenido Aomine-san, pero ahora las cosas están un poco diferentes aquí –sus esmeralda ojos se postraron en el peli azul-. Y dejar a Kuroko solo, no es una idea inteligente, especialmente ahora que sabe tirar y que pasa desapercibido por la cancha.
—No parece representar problema para ti, Marko-kun.
—Hadrien y Leo, son mi equipo ahora, debo confiar en que podrán enfrentarse a Aomine-san y Taiga, mientras me encargo de ti. Me esforzaré por verte dentro de la cancha, Kuroko-kun.
El equipo formado por aquellos dos miembros de la Generación de los Milagros y el novato Taiga, era concebido por muchos como una combinación monstruosa e imparable por lo habilidosos que cada uno de ellos resultaba ser. Existan muy pocos contrincantes que estaban a su nivel.
El juego recién había dado inicio y se podía respirar la tensión que invadía el aire, después de todo, el grupo de Taiga se había hecho del balón.
Por segundos que parecieron eternidades ninguno de los seis jugadores se movió ni un milímetro. Estaban analizándose antes de hacer cualquier movimiento. El momento de atacar dio inicio, comandado por Marko, quien estaba más que fijado en robar el balón y mover el juego a su favor.
Ninguno de aquellos jugadores había ganado porque sí, todos sabían lo que hacían a la perfección y la versatilidad que poseían para cambiar su posición de acuerdo a las circunstancias, sólo era una muestra clara de que llevaban jugando por mucho tiempo, y no se habían limitado a una sola posición. Taiga y los demás tampoco estaban fuera de su liguilla, eran abrumadoramente competentes.
Solamente cinco minutos habían transcurrido desde que iniciaron y nadie había logrado anotar ni un punto. Todos los intentos de encestar se veían mutuamente frustrados y el robo del balón era algo que ocurría a cada momento. Cada uno se encontraba en movimiento, nadie se quedaba a defender la preciada canasta.
La primera canasta estuvo a punto de entrar y proporcionar una notoria ventaja, sin embargo, era algo que aquel capitán temporal no iba a permitir. Una vez más todos fueron espectadores de aquel monstruoso salto, uno que trajo consigo el balón a su bando.
Sin embargo, en el justo instante que tocó el suelo empezó a desplazarse con aquellos dos siguiéndoles el paso. El resto no demoró en reaccionar.
Marko no iba a tenerla fácil, no cuando existía un miembro fantasma capaz de pasar imperceptible entre los jugadores. Él se habría de encargar de robar el balón y devolvérselos a sus compañeros. O eso era lo que él pensaba hacer.
Su mano rozó la silueta del balón. El esférico simplemente había pasado a su mano contraria en una fracción de segundo. ¿Había fallado?¿Había tenido suerte al haber cambiado la orientación del balón en ese momento?
—Te lo dije, ¿no? Que tendría toda mi atención puesta en ti, Kuroko-kun.
—De ninguna manera…pudo haber notado a Kuroko-kun –soltaba Riko, tratando de hallar una respuesta a ello.
—Pero de no haberlo hecho no hubiera podido evitar que le robara el balón –agregaba la peli rosa.
—Ni siquiera ha pasado el tiempo para que la desorientación de Kuroko deje de funcionar –alegó Hyuuga pensativo.
—¿Entonces cómo es que logró darse cuenta de que estaba allí? Ninguno de sus amigos lo notó, por lo que logró llegar a Marko fácilmente. ¿Es que acaso ese chico todavía tiene más misterios que desconocemos?¿Realmente qué tan fuerte será…? -la castaña no era la única que yacía perpleja por lo que acaban de ver.
—Yo seré tu oponente, Turletti –estipuló Aomine. Ya se había encargado de frenar el avanza del castaño y ahora estaban cara a cara.
—Es raro que me llamen por mi apellido –agregó con cierta pena.
—No sé cómo demonios lo hiciste, pero lograste frenar a Tetsu apenas inició el juego. Y esos saltos tampoco son poca cosa. Quién diría que Bakagami tenía a amigos tan interesantes.
—Taiga también es muy bueno. Y hasta el momento es el único que ha logrado traspasarle…-dijo tan tranquilamente como le era posible.
—Debe ser una broma…
Su atención se había concentrado en aquella mirada, en esos ojos que pasaron de ser despreocupados y alegres, a unos completamente agudizados y fríos como una implacable tormenta helada.
Le era imposible no sentir aquella presión sobre cada fibra de su cuerpo. Cada uno de sus músculos se tensó desde el cuello hasta sus tobillos. Era casi ridículo que alguien como él fuera capaz de crear semejante presión con tan solo despedirse de su sonriente y relajado rostro.
En ese preciso momento pensó que durante todo el partido había estado enfrentándose a la persona equivocada y que al fin había llegado aquel prometedor jugador que le haría hervir la sangre de emoción y adrenalina con su juego.
