Hinata sabía que algo estaba mal. Lo sentía pegado a ella, como si se hubiera llenado de una sustancia viscosa y verde. Había algo malo con Naruto, pero no estaba segura. O no estaba segura de querer saberlo. Tenía la sensación que, como todo lo relacionado con Naruto, causaría un impacto en su corazón. Pero esa sensación que era casi una certeza, no era algo nuevo. Era un susurro que la acompañaba desde los exámenes chunnin.
El teléfono de la casa sonó y Hinata caminó hacia el aparato, algo pasado de moda, pegado a la pared de la cocina. Descolgó la bocina y la voz de Ino le saludó del otro lado, siempre el mismo día desde los exámenes Chunnin.
- Hinata... ¿qué haremos este mes por ellos? -Inclusive en medio de la tragedia, pensó Hinata, Ino seguía sonando tan sexy.
- Yo llevaré a los niños a visitar sus tumbas. Sarada -por un instante, tembló y creyó entenderlo todo pero ese pensamiento atroz fue descartado inmediatamente- ella se sentirá mal. Creo que sería mejor si vamos todos juntos.
