¡Hola de nuevo mis queridísimos lectores!
Aquí les traigo como les dije el nuevo capítulo de esta historia.
Hoy los agradecimientos especiales son para betzacosta, Elianela, blackdaphne y Adrit126 (a vosotras ya os respondí el review) y por otro lado a luz, Smithback y Danny (a vosotros me encantaría de verdad responderos los reviews).
Muchísimas gracias a todas por vuestros maravillosos reviews que me animan a escribir y a seguir adelante con la historia.
También muchísimas gracias a aquellos que me agregaron a alertas, favoritos y demás y a los que leen el fic aunque no dejen review. Mil Gracias de verdad.
Antes de comenzar quería deciros que el siguiente capítulo está prácticamente listo asique si me dejan muchos reviews prometo subirlo antes del fin de semana! ^.^ Un poco de soborno no viene mal de vez en cuando.
Y sin más preámbulos les dejo con el nuevo capítulo, espero y lo disfruten mucho.
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Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer (personajes, lugares y demás) pertenecen a J.K.
Siempre había sido una persona fría, calculadora, sabía qué hacer y qué decir en cada momento y situación y tenía todo bajo control, sin excepción. Pero parecía que todos esos patrones que en su día siguió, se derrumbaban estrepitosamente sin poder hacer absolutamente nada por evitarlo. Toda esta situación con Granger se le estaba escapando de las manos, no tenía una explicación lógica para el extraño comportamiento de la chica en el último tiempo con él.
El mes de noviembre se iba abriendo paso con un frío polar demasiado intenso para subsistir en esa casa por lo que la mayor parte del tiempo se la pasaba junto a la chimenea de la biblioteca o cubierto por una gruesa manta en su habitación. Después de defenderlo delante de sus amigos no había vuelto a dirigirle la palabra salvo en contadas ocasiones en las que no le quedaba más remedio. Andaba sola por la casa de un lado a otro, con el único con el que la escuchaba hablar era con Potter porque el pelirrojo seguía enfadada con ella por lo del otro día. Eso lo desconcertaba aún más, ella sabía que le buscaría problemas con su mejor amigo y aún así lo hizo.
En una de sus bajadas a husmear oyó una conversación que estaban manteniendo Potter y ella a solas.
-Hermione, se que tienes buen corazón pero déjame decirte que tiendes a confiar en la gente demasiado rápido- le reprochaba cariñosamente Harry.
-Harry, sabes que yo nunca le otorgaría mi confianza a Malfoy si no fuera porque estoy segura de ello- le respondía Hermione. Harry fue a decirle algo pero Hermione lo cayó- Si vas a preguntarme el porqué Harry, no puedo responderte. Sólo sé que dice la verdad.
Y aquellas últimas palabras que había oído salir de la boca de la chica hicieron que esa cosa que se había agazapado en su interior desde aquel día que creyó en su palabra, se revolvió levemente cómo lo hizo el día que lo había defendido.
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Como odiaba la cabezonería de Ronald, siempre era motivo de discusión entre ellos. El pelirrojo siempre criticaba la crueldad con la que Malfoy trataba a los demás y ahora él se comportaba igual. ¿Cómo podía ser tan hipócrita? No estaba nada bien que se aprovechara de la clara desventaja que tenía el chico al no tener su varita consigo. Siendo sinceros, todos sabían que si el rubio tuviera su varita consigo, Ron jamás lo vencería en un combate justo.
¿Pero de verdad sólo defendía a Draco a favor de sus principios? ¿O había algo más? Eso era imposible, su relación de odio se remontaba mucho tiempo atrás como para olvidarlo de un día para otro. Muy a menudo se había descubierto pensando él, en esa mirada de color mercurio que no mostraban ningún tipo de sentimiento y lo peor de todo es que, secretamente, le encantaría poder atravesar esa barrera y llegar hasta él para poder saber que era lo que pensaba, lo que sentía. Quería conocer al verdadero Draco Malfoy y no podía permitirse el lujo de pensar en esas cosas, tendría que desistir de su idea. Pero resultaría un poco más difícil de lo que creía.
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Harry y Ron de nuevo en uno de sus ataques de sobreprotección, tomaron la decisión de dejarla en casa mientras ellos iban a inspeccionar un posible lugar que hubiese servido como reunión de mortífagos. Todo esto, por supuesto, era al margen de la Orden, ninguno de sus miembros dejarían que se arriesgaran de tal forma pero ellos, aburridos de estar encerrados en aquella casa, decidieron ir. Sólo serían unas horas y nadie tenía porqué enterarse, además estaban seguros de que no correrían ningún peligro. Si de verdad los mortífagos habían utilizado aquella casa cómo sitio de reunión, y estaban bastante seguros, no los encontrarían allí porque nunca repetían lugar.
Todo eso a Hermione le parecía muy bien, no estaba del todo de acuerdo con que sus amigos lo hicieran a escondidas de la Orden, pero la euforia de haber hecho alguna averiguación consistente la hacía pasar por alto ese detalle. Pero con lo que no estaba para nada de acuerdo era con que ella se quedara.
-Vamos Herms, entiéndelo- le repetía Harry por enésima vez estando ya en la puerta junto con Ron poniéndose la capa- Te necesitamos aquí por si deciden hacernos una visita inesperada, tienes que encubrirnos, eres la más creíble de los tres. Por favor-terminó añadiendo con ojos tiernos.
-Además de que tú eres la únicaque confía en el hurón- terminó de añadir Ron con sorna. En los últimos días el chico había decidido devolverle la palabra a Hermione sin embargo, no perdía la oportunidad de molestarla con comentarios cómo aquel.
-Bueno chicos está bien, pero cuidaos por favor- dijo ignorando las palabras dicha por el pelirrojo y un poco nerviosa se abalanzó sobre ellos y les dio un beso en la mejilla a cada uno- Volved y si tenéis algún tipo de problema no dudéis en regresar.
-No te preocupes Hermione- la tranquilizó Harry- Estaremos aquí a la hora de la cena.
Y después de un par de palabras más de despedida los dos amigos se fueron dejando a la chica sola en la casa. En cuanto la puerta se cerró con un sonido sordo, los nervios se asentaron en su estómago. Estaba sola con Malfoy. Lo había evitado con éxito los últimos días reduciendo a mínimas las ocasiones en las que se había cruzado con él por la casa.
Sus nervios se acrecentaron en cuanto sintió a alguien caminando por el piso de arriba, pidió para sus adentros que el chico decidiera meterse en la biblioteca y que no bajara pero no, Merlín tenía que odiarla mucho porque al instante sintió los pasos del rubio bajar las escaleras y poco tiempo después apareció en el rellano de la casa.
La situación era bastante incómoda, Hermione estaba apoyada contra la puerta principal con la respiración un poco agitada y su pulsación a mil, mientras que Draco se había quedado parado a los pies de la escalera con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón. Ella no pudo evitar fijarse que el chico acababa de salir de la ducha, traía el pelo mojado cayéndole por la frente tapándole parcialmente su mirada grisácea. También se fijó en que venía pulcramente vestido con unos pantalones y camisa negros, ésta última traía desabrochados los primeros botones dejando ver su nívea clavícula y el inicio de sus pectorales. En cuanto se dio cuenta del exhaustivo control al que estaba sometiendo al chico, sus mejillas se colorearon.
-¿A dónde fueron Potty y la comadreja?- preguntó él casual.
-No los llames así- le riñó Hermione intentado recomponerse- Y no es de tu incumbencia a donde hayan ido- le respondió altiva mientras se dirigía escaleras abajo.
Él la siguió, quería ver cuál iba a ser su comportamiento ahora con él, iba a forzarla a dirigirle la palabra.
-No es que me importe demasiado, solo era pura curiosidad…-le volvió a hablar de forma indiferente- Lo que me sorprende es que te dejen a solas conmigo.
Hermione seguía en silencio sin responderle, ella se había sentado en uno de los sillones junto al fuego y el chico se había estirado a sus anchas a lo largo del enorme sofá.
-Saben que puedo defenderme sola- le atacó después de unos segundos.
La irritaba de sobremanera que el rubio hubiera decidido precisamente ese momento del día en el que ella se encontraba sola para ir a molestarla. Así lo único que conseguía era que su esfuerzo por ignorarlo se complicara considerablemente.
-Yo no estaría tan seguro Granger, aún sin varita sé defenderme bastante bien.
-No pienso discutir contigo tus habilidades con o sin varita Malfoy, no me interesa lo más mínimo- intentó zanjar la conversación. Pero parecía que el chico no se daba por enterado.
- Eres una persona bastante rara sabelotodo- cambió de tema- Tienes unos cambios muy bruscos de personalidad, personalmente creo que deberías de tratártelo.
Eso fue la gota que colmó el vaso.
-¿Se puede saber quién te crees para decirme lo que me tengo que tratar o no?- le respondió bastante ofendida Hermione- Yo no tengo cambios bruscos de personalidad, lo que ocurre es que tienes la gran habilidad de sacarme de quicio.
-¿Qué yo te saco de quicio?- se cuestionó Draco con aire pensativo- Vas por el mal camino Granger, el primer paso es aceptarlo.
-¿Te has propuesto darme la tarde Malfoy?- le dijo irónicamente la chica- Has dicho molestemos a la sangre sucia, total es lo único divertido que se puede hacer por aquí.
Malfoy negó con la cabeza cómo si ella se tratase de un niño pequeño que se acaba de equivocar.
-No Granger, parece mentira pero sí, te equivocas. Sólo quería solucionar tu problema, nada más- le habló con paciencia infinita.
-Pues no te preocupes tanto por mi problema y dedícate a tus cosas, tienes problemas mucho más gordos que los míos.
-Vamos Granger, déjame portarme bien por una vez- a cada palabra el enfado de ella aumentaba ¿Se podía ser más cínico?- Tengo tiempo de sobra para dedicarme a mis problemas y a los tuyos.
-Que te den Malfoy.
-¡Qué grosera!
-Eres el menos indicado para hablarme de groserías hurón- intentaba por todos los medios no responder a sus provocaciones pero se le hacía imposible- Tú, que desde que has llegado a esta casa no ha dejado de insultarnos y de ser grosero con nosotros con todo lo que hemos hecho por ti.
-Nadie os pidió que lo hicierais ratón de biblioteca, por lo que no tengo absolutamente nada que agradeceros- le respondió altivo y arrogante.
-Eres insoportable...-bufó la chica.
-A pesar de ellos no dejas de tener buenas acciones conmigo Granger…- sabía que había tocado un punto en el que enfurecería de verdad a la chica pero quería oír sus explicaciones a porqué confiaba en él y porque lo defendía.
-Puede ser que porque no soy tan odiosa cómo tú y, aunque te lo merezcas con creces, no pienso tratarte con la misma moneda.
-Pues entonces eres bien estúpida para ser una sabelotodo. Aún así, eso sigue sin explicar porqué confías en el malvado mortífago- continuó retándola.
Al oír aquello Hermione se tensó inmediatamente, ella misma se había hecho esa misma pregunta montones de veces y nunca había encontrado una respuesta para ella.
-¿Qué te ocurre? ¿Por primera vez no tienes la respuesta a algo? ¡Vaya! Debo ser el primero en presenciar algo así.
-¿Por qué no te limitas a agradecer que alguien confíe en ti?- intentó Hermione desviar la respuesta de su pregunta.
-De nuevo intentas cambiar de tema…- negó con la cabeza el rubio- Creía que tus grandes principios no te permitirían engañarte a ti misma.
-¿Qué insinúas?
-Qué sabes el motivo por el que confías en mí y por el que me defendiste delante de los imbéciles de tus amigos- saboreó las últimas palabras consciente de que un rubor aparecía en las mejillas de la chica y que evitaba por todos los medios mirarle directamente.
-No tengo ningún motivo más allá de que no me parece justo que Harry y Ron te acribillen a preguntas y te amenacen con sus varitas cuando tú no puedes defenderte. Eso es todo- respondió altiva.
-Bueno Granger si tu lo dices, tendré que confiar en ti al igual que tú, ingenuamente me atrevería a señalar, crees en mí- continuaba Malfoy burlonamente.
-¿Acaso no decías la verdad con lo de mis padres?- Todo rubor y vergüenza desapareció del rostro de la chica que se irguió en su sillón para poder mirar directamente a los ojos al Slytherin.
-¿Tú crees que la dije?- el tono burlesco había desparecido, siendo sustituido por una máscara de seriedad.
Hermione al principio sólo le mantuvo la mirada, no entendía porque le importaba tanto a él que ella confiara en sus palabras. ¿No debería de serle indiferente?
-Sí que te creí pero puede que fuese porque soy una ingenua, cómo bien has puntualizado. Asique posiblemente esté equivocada por creer en tus palabras ¿no?
-Puede que sí puede que no Granger, tú decides que es mejor creer…- intentaba parecer indiferente ante las palabras de la chica pero oírle decir directamente a él que sí le creía le hizo sentirse igual de bien que aquel día.
Ella se quedó en silencio observándolo analizando sus gestos, intentando averiguar si decía la verdad o no pero nada en su postura ni en su mirada dejaban entre ver nada.
-Creo que voy a optar por creerte- respondió al fin ella.
Draco dirigió su mirada al perfil de la chica que miraba fijamente la chimenea cuando oyó sus últimas palabras, dándose cuenta que ella se había vuelto a sonrojar por sus palabras y que una tímida sonrisa aparecía en sus labios. Y sin saber cómo ni por qué sintió como el mismo esbozada una sonrisa ladeada que a cualquiera le hubiese parecido burlona y arrogante pero que distaba mucho de serlo.
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Estuvieron largo rato en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos que, sin que ellos lo supieran, estaban más relacionados de lo que pensaban. A media tarde Hermione decidió preparar un poco de té ofreciéndole una taza al rubio.
-¿Ves como tienes drásticos cambios de humor?- había pasado demasiado tiempo sin su pose burlona.
-Intenta ser un poco menos idiota de lo habitual y coge la taza.
Draco la tomó y se dispuso a bebérselo. Quién entrase ahora mismo en la cocina jamás se creería que tal situación se estuviese dando. Draco Malfoy y Hermione Granger tomando té juntos en la misma habitación y sin lazarse las tazas a la cabeza. ¿El mundo se está volviendo loco? Parecía que sí.
-¿Qué se siente al tener la marca tatuada en tu antebrazo?- preguntó al aire la chica. Por su tono de voz Draco supo que no lo preguntaba malintencionadamente ni para recordarle lo qué había sido en algún momento, solo simple curiosidad.
-¿Nada? Es un simple tatuaje Granger, sólo está ahí y ya está.
-Cuando Voldemort los llama, ¿tú también lo sientes?- A pesar de Hermione no estar mirándolo directamente percibió el pequeño escalofrío que Malfoy se esforzó por disimular al oír el nombre del que una vez fue su amo.
Draco se quedó callado, él seguía sintiendo la llamada del Lord. Un dolor punzante que atravesaba su piel y llegaba a lo más profundo de su ser lo recorría cuando el Que- no-debe-ser-nombrado mandaba a llamar a los mortífagos para alguna reunión importante. Desde que había llegado a aquella casa le había ocurrido un par de veces pero jamás había dicho nada a nadie. Pero la forma en la que Granger le preguntó, con simple e inocente curiosidad hizo que quisiera liberarse de esa carga que portaba desde hacía tiempo.
-Sí, y no es nada agradable.
De nuevo el silencio volvió a cernirse sobre ellos, pero ahora era bastante incómodo. Ambos eran conscientes de que mantener un cruce de palabras como el que acaban de tener no era nada usual en ellos. Es más, aún Hermione estaba bastante sorprendida por como el chico le había respondido sin burla o ironía.
Poco tiempo después Draco no soportó la situación y levantándose del sofá con su pose elegante dejó la taza sobre la mesa y desapareció por la puerta de la cocina dejando a Hermione sola.
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Tal y como Harry predijo, a la hora de la cena, tanto él como Ron volvieron de su expedición. Hermione se encontraba preparando la cena cuando ambos llegaron.
-Por fin llegáis- exclamó dejando su tarea y abalanzándose sobre ellos para abrazarlos- Ya me empezaba a preocupar, ¿cómo os ha ido?
-Mejor de lo que creíamos- respondió Harry un poco azorado aún por el recibimiento de su amiga- Herms hemos encontrado un par de pergaminos con algunas notas y este medallón.
Mientras hablaba, Harry se sacó del bolsillo interior de su túnica un par de pergaminos arrugados y lo que parecía un guardapelo de plata. Hermione con sumo cuidado lo cogió entre sus manos y lo examinó. Tenía el tamaño de una nuez y dibujos inconexos sobre su superficie muy gastados con el paso del tiempo.
-¿Lo habéis podido abrir?- preguntó en apenas un susurro aún observando el guardapelo.
-Lo hemos intentado pero no hay manera- habló por primera vez Ron- Esperábamos que tu pudieras.
-Bueno, puedo intentarlo pero no os prometo nada.
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La cena se hizo bastante amena, Harry y Ron no dejaron de relatarle a su amiga todo lo acaecido aquella tarde mientras que Hermione los observaba con los ojos abiertos de par en par sin perder detalle de lo que relataban.
Después de la cena estudiaron el par de pergaminos que ambos chicos habían traído, que al final resultaron ser un par de anotaciones sobre el ataque que se había producido semanas atrás en el callejón Diagon por lo que ya carecían de interés.
Pasadas las once de la noche, Hermione se despidió de sus amigos portando el medallón consigo. Quería echarle un vistazo antes de irse a dormir pero si tenía a sus amigos encima de ella no podría concentrarse.
En vez de dirigirse a su cuarto se metió en la biblioteca, por si necesitaba recurrir a algún libro (lo cual era más que probable). Observó el guardapelo del derecho y del revés, le sacó brillo, le lanzó varios hechizos pero nada. El objeto seguía inmutable.
-¿Cómo te abrirás?-susurró Hermione para ella misma y sólo entonces algo le llamó la atención, vio unas letras grabadas en el dorso posterior. En uno de los movimientos que hizo, el guardapelo quedó a contra luz permitiéndole ver ahora aquellas letras. Tuvo que acercarse aún más a la luz de la lámpara de aceite y cambiar el ángulo de visión un par de veces más antes de que las letras se pudieran leer nítidamente sobre la lisa superficie del objeto. Con letra pulcra y alargada aparecía una sola palabra que Hermione reconoció fácilmente.
Malfoy.
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Aquella noche Hermione no durmió más de cinco horas seguidas. El descubrimiento del dueño del medallón la había dejado trastocada. Ese medallón pertenecía Lucius Malfoy, dudaba que perteneciese a su hijo ya que este no participaba en tales reuniones. ¿Y ahora qué? Tenía dos opciones, le decía a Harry a Ron de quién era el medallón o se lo devolvía a su legítimo dueño.
Sí se lo decía a sus amigos, éstos se negarían a devolverle el guardapelo a Malfoy e incluso le obligarían a abrirlo para saber que se escondía en su interior. En cambio si se lo devolvía a Malfoy, seguro que le gustaría tener algún recuerdo de su familia ya que todas sus pertenencias se encontraban en Malfoy Hall. Además de que ella sabría que había hecho una buena acción aunque el rubio no se lo agradeciese.
Tenía que tomar una decisión y pronto porque sus amigos le preguntarían por el guardapelo en cuanto tuvieran ocasión. ¿Por qué siempre le pasaban aquellas cosas a ella?
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Salió de su habitación bien temprano para bajar a desayunar con la intención de no encontrarse con sus dos amigos. Pero con quién se encontró abajo fue con Malfoy. Cuando abrió la puerta se quedó allí parada, no había contado con que podría encontrarse con él.
-¿Piensas quedarte ahí parada Granger?
La voz del rubio la trajo de nuevo a la realidad y caminó dentro de la cocina. El chico se encontraba sentado tomándose tranquilamente una taza de café. Ella ni siquiera le habló.
-¿Mala noche Granger?-preguntó con burla.
Cosas cómo aquella hacían que la chica se pensase si darle el guardapelo o no. ¿Por qué siempre tenía que ser tan insoportable?
-Si Malfoy- respondió con hastío- he tenido una mala noche.
-Es bastante predecible con esa cara con la que te has levantado y ese pelo que parece un nido de lechuzas- él sólo se rió de su propio chiste.
-Mira Malfoy, no estoy de humor para aguantar tus payasadas- le hablaba de espaldas mientras se preparaba su desayuno- asique déjame en paz.
-Menudo humor nos gastamos por las mañanas- seguía molestándola- Aunque no me extraña, si yo tuviera ese aspecto también me levantaría de muy mal humor.
Era realmente increíble, ¿cómo podía pasar de un extremo al otro? Ayer acabó hablando con ella sin insultos, sin ironía y sin burla y hoy de nuevo regresaba el verdadero Malfoy. ¿Acaso se proponía hacerla enfadar cómo mínimo una vez al día? ¿Qué había hecho ella para merecer eso? ¡Por Merlín!
-¿No puedes evitar ser tan desagradable desde tan buena mañana?
-Siento mucho que la verdad te duela, bueno no, en realidad no lo siento.
Hermione refunfuñó por lo bajo, no podía caer en su juego cada vez que el quisiese, no podía enfadarse sólo porque eso fuese lo que el buscase.
-Déjame en paz Malfoy- le soltó secamente.
Pasaron unos minutos en silencio en los que Hermione no sabía si estar agradecida porque la dejase en paz o sorprendida porque hubiese hecho caso a su petición. Pero lo que no sabía era que el rubio sólo estaba esperando a que se sentase en la mesa junto a él para volver a molestarla.
-¿Qué encontraron ayer los ineptos de tus amiguitos que venían tan contentos?
-No te importa- no podía creer lo cotilla que podía resultar algunas veces.
-¿Tan importante era que no te ha dejado pegar ojo en toda la noche?- ni tampoco podía creer lo suspicaz que podía resultar también.
-¿Por qué crees que no dormí por eso?
Él se encogió de hombros como toda respuesta y de nuevo quedaron en silencio. Al poco tiempo Malfoy terminó su café y fue a irse cuando se paró en el marco de la puerta y se volvió hacia la chica.
-Déjame que te diga algo Granger, dúchate y hazte algo con ese pelo no vaya a ser que al cara rajada o al zanahorio le de un infarto al verte así- y con una sonora carcajada desapareció de la habitación.
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Por mucho que le pesara, Hermione le hizo caso a Malfoy (aunque nunca lo reconocería) y se duchó y vistió mejorando su aspecto notablemente. Durante un rato se encerró en su cuarto con el guardapelo en sus manos valorando los pros y los contras de las dos opciones. Una parte de ella le dictaba que se lo diese al chico pero otra le prevenía de aquello y así ahorrarse una discusión con sus amigos. Al final bajó a buscar a sus amigos con la decisión ya tomada.
-Buenos días chicos- los saludó cuando regresó a las cocinas y se los encontró desayunando.
Ambos les devolvieron el saludo.
-¿Averiguaste algo sobre el medallón?- porque Harry tenía tanta prisa por hablar del tema.
-Que va Harry, aún no he conseguido abrirlo- después de todo no estaba diciendo ninguna mentira- Hoy seguiré con eso, probaré algunos hechizos y buscaré en los libros.
Poco a poco la mañana pasó y Hermione no sabía cómo ir a hablar con Draco. Tenía que reconocerlo, estaba nerviosa, mucho y no sabía que decirle cuando le dijera que lo estaba buscando. Además de que no estaba muy segura de su reacción. Vamos Hermione eres de Gryffindor ¿recuerdas? Se dijo a sí misma infundiéndose ánimos, asique decidida se encaminó escaleras arriba. El primer lugar al que iría sería la biblioteca, pero no hubo suerte. La recorrió de punta a punta pero no lo encontró. Y lo maldijo mil veces por no encontrarse allí porque eso sólo podía significar que tendría que buscarlo en su habitación.
A paso lento salió de la biblioteca y se situó justo detrás de la puerta de su cuarto. Cualquiera que pasara por allí en aquel momento podía tomarla por tonta, estaba de pie frente a la puerta mirando la madera pero sin hacer ningún movimiento. Poco a poco decidió subir su mano derecha para llamar a la puerta, el recorrido le pareció extremadamente largo pero al final ya tenía la mano cerrada en un puño lista para llamar. Suspiró y haciendo acopio de todas sus fuerzas pegó con los nudillos en la vieja madera.
A los pocos segundos Malfoy apareció bajo el umbral de la puerta con cierto grado de sorpresa pintado en su cara.
-Vaya Granger, que sorpresa.
-¿Pu…puedo pasar?- tartamudeó un poco la chica presa de los nervios.
-No creía que fueras de ese tipo de chicas Granger, ¿no te parece que eres demasiado directa?- se burló.
Todo los nervios que sentía Hermione desaparecieron dando paso al enojo.
-No seas imbécil Malfoy, no te estoy insinuando nada. Sólo vengo a darte algo.
Malfoy se quedó unos instantes mirándola fijamente sopesando las posibilidades hasta que al fin se hizo a un lado y dejó entrar a la chica. Hermione no había vuelto a entrar en la habitación del rubio desde aquellos primeros días de su estadía en la casa. La habitación estaba levemente iluminada con la luz que dejaban entrar las cortinas semiabiertas, lo demás seguía todo igual, pulcramente ordenado y limpio salvo un par de libros que estaban abiertos sobre la cama.
-¿Qué es eso que quieres darme?- la cuestionó haciendo que la chica dejara de analizar su habitación.
-Esto- Hermione le tendió la mano con el medallón.
Al principio el chico sólo se quedó mirándolo hasta que su pálida mano lo recogió de la de ella haciendo que por unos instantes sus pieles se rozaran produciéndole un escalofrío a ambos a causa de la diferencia de temperatura de sus manos. Draco se acercó el medallón a los ojos para poder observarlo mejor. Lo había reconocido desde el instante en el que Hermione se lo mostró, era el guardapelo de su padre. Siempre lo llevaba con él, Narcissa se lo había regalado. Su padre podía ser muchas cosas pero amaba a su madre y siempre lo llevaba consigo como amuleto protector.
-¿De dónde lo has sacado?- le preguntó a Hermione sin apartar la vista del objeto.
-Es una de las cosas que trajeron ayer Harry y Ron- le explicó.
-¿Dónde estuvieron para encontrar eso?
-Eso no tiene importancia, lo importante es que lo encontraron.
-¿Por qué me lo das?
-Bueno…pensé que te gustaría tener aquí algún recuerdo de tu familia ya que no puedes ir a tu casa a por nada…- respondió ella con la mirada fija en el suelo bastante acalorada.
Malfoy levantó la vista del guardapelo y la fijó en ella con la cabeza agachada retorciéndose las manos. Otra vez estaba ahí esa sensación cálida en su pecho cada vez que ella hacía ese tipo de demostraciones. Él se pasaba los días metiéndose con ella y retándola para verla enfadarse, y ella tenía ese tipo de detalles con él. Él sabía que ya sus conversaciones habían perdido ese matiz dañino que tenía al principio pero aún así tenía que reconocer que esos detalles no se los merecía.
-Bueno, yo ya me iba. Sólo era eso- y sin dirigirle la mirada a Malfoy despareció de la habitación dejando al chico perplejo con la situación.
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No dejaba de dar vueltas en su habitación con el guardapelo entre sus manos, la situación no podía continuar así. Había llegado demasiado lejos. ¿Desde cuándo él sentía esas mariconadas? No podía permitirse el lujo de tener esa clase de sensaciones ni de pensamientos respecto a Granger. Ella era una maldita impura y el era Malfoy, enemigos de toda la vida. Iba a poner distancia entre ellos y si eso significaba volver a su antigua máscara de frialdad e insultos con ella lo haría, por Merlín que lo haría.
Si les ha gustado, si no, críticas, sugerencias un review!
