Beats Hunter
Capítulo VI
Edward voltea al frente, mantiene su mirada fija en la pared pero se por su postura que está listo para actuar si yo intento algo.
– Podría correr hacia las escaleras, no pierdo nada intentándolo – espero su reacción.
Él sólo se ríe.
– Me tomaste desprevenido hace rato, cuando me atacaste – no contesto.
Edward voltea a verme, palmea el lugar junto a él, en el piso. Dudo por un momento mientras lanzo otra pequeña mirada hacia las escaleras.
– Vamos, siéntate sólo un momento. Si después quieres intentar huir, será divertido perseguirte un rato – me sonríe y levanta las cejas de modo sugestivo.
Eso me hace reír. Y aquí estoy yo, riéndome por segunda vez con Edward. Suspiro y me muevo hasta que me siento junto a él. Me abrazo las piernas hacia el pecho, mientras descanso mi barbilla en mis rodillas juntas.
– Bien... ¿y ahora qué? – mi voz suena cortante. No es mi intención sonar así, es sólo la costumbre de diario.
– Te decía que me tomaste con la guardia baja hace un rato, eres muy rápida ¿sabes? – sólo sonrío un poco – de los miembros de mi familia yo soy el más rápido –
– Suenas orgulloso de eso –
– Lo estoy. No es fácil vivir con seis vampiros y tener siempre la constante idea de que eres el más débil –
Me quedo callada, no sé qué decirle así que simplemente cierro la boca y veo un punto fijo en la pared frente a nosotros.
– Lo siento – susurra.
Eso me confunde mucho.
– ¿Por qué me pides perdón? –
– Lo que dije hace rato. No tenia... no debí decir eso, quiero decir, no te conozco y no tengo porque juzgarte ni asumir que se lo que te ha pasado –
De nuevo no sé qué decir. Nunca antes alguien me había pedido perdón, mucho menos un vampiro... o lo que sea que Edward es.
– Edward –
– ¿Si? –
– La habitación en la que estábamos ¿es tuya? – el sólo asiente, se ve confundido – Creo que... también te debo una... disculpa – él sonríe por el modo en el que lo digo, como si me estuviera atragantando con un pedazo de vidrio o algo.
– ¿Por qué? –
– Bueno... – me ve mientras levanta una ceja – en mi defensa diré que no me quisiste devolver mi cuchillo –
– ¿Hablas del maldito desastre que dejaste dentro? –
Me quedo boquiabierta, Edward solo suelta una musical y traviesa risita.
– ¿Cómo lo sabes? –
– Alice es una buena... amm... –
– ¿Quién es Alice? –
No contesta mi pregunta porque ambos volteamos hacia el inicio de las escaleras. Alguien viene, es curioso pero con Edward no me sentí en peligro o alerta; pero ahora me siento lista para saltar o salir corriendo.
– Edward –
El vampiro se acerca y prende la luz del pasillo. En un parpadeo todo está iluminado.
– ¿Qué hacen aquí? – el recién llegado pregunta.
Es un hombre. Tiene más o menos la altura de Edward, y una complexión estilizada pero fuerte. Su cabello es rubio, brillante y corto, con un peinado sencillo pero elegante. Su piel es muy blanca, como la cal y sus ojos son de un dorado tan intenso que parecen iluminar su rostro entero. Lleva puesta una camisa blanca, con las mangas dobladas hasta los codos, y un pantalón negro, sencillo pero bien arreglado.
– Parece que Bella quería dar una caminata nocturna – Edward se encoge de hombros, como si no le importara aquello.
El vampiro se acerca unos pasos. Se para frente a mí y se inclina un poco.
– Tú debes de ser Bella – su tono es dulce y paternal. Su sonrisa es tan sencilla y parece tan franca que me aturde.
Él... me recuerda mucho a mi padre. Sonríe del mismo modo en que papá lo hacía, y me ve con los ojos impregnados de dulzura, confianza y curiosidad... como eran los ojos de mi padre. Agacho la mirada, asustada por la intensidad de las emociones que me invaden. Simplemente asiento a su pregunta.
– Bien – responde – pero no deberías estar aquí Bella. Perdiste mucha sangre en esa herida que tenías, debes descansar. Ya es de mañana y creo que no has dormido casi nada –
Lo siguiente me sorprende enormemente. Coloca una de sus manos sobre mi cabeza y me revuelve un poco el cabello, en un gesto cariñoso y paternal. Me quedo muy quieta y abro los ojos hasta que casi se salen de su lugar.
De pronto me doy cuenta de algo, algo que no quería creer y algo que aun siento, no es correcto. Levanto la mirada y la clavo en el vampiro de ojos dorados.
– Ustedes... – susurro – ustedes no van a lastimarme – me siento tan indefensa.
Me siento más indefensa que cuando creía que me matarían y se beberían toda mi sangre. Es un sentimiento raro, y estúpido supongo, pero es así como lo siento.
El vampiro no sonríe, se agacha por completo, doblando las rodillas y recargando los brazos en ellas, hasta que su rostro queda a la altura del mío. El sacude la cabeza sin dejar de verme. No, esa es su respuesta.
– Bella – es Edward – lo único que queremos es hablar, saber la verdad ¿sí? Sólo quiero saber que pasa... saber qué te pasa Bella – cambia el queremos por el quiero, aunque no parece muy consciente de ello.
¿Por qué hace eso? ¿Por qué me ve de ese modo? ¿Por qué tiene que preocuparse por mí, hablarme y tratarme como a un ser humano, como a alguien importante? En toda mi vida... mi vida después de conocerla a ella quiero decir, nunca me habían vuelto a tratar con tanto cariño o confianza. Nadie me ve como Edward lo está haciendo. Nadie me ha tratado como este otro vampiro lo está haciendo.
Los cazadores tratan de hacerme entrar en el círculo, tratan siempre de que me abra o me derrumbe para que puedan ayudarme o consolarme... Yo jamás los dejé. Pero Edward me está tratando diferente, como si no sintiera lastima, sólo pura y genuina curiosidad. Como si no le interesara saber lo malo que he hecho, y sólo tratara de entenderme pero no juzgarme.
Esto no debe agradarme... Edward no debe agradarme.
– No tienes que decir nada que no quieras Bella – es el vampiro de ojos dorados – Por ahora solo quiero que vayas a descansar ¿de acuerdo? –
De nuevo no puedo hablar, el modo en el que me dice las cosas me deja muda. Sólo asiento.
Con una confianza que no me molesta, sólo me confunde, el vampiro de ojos dorados me toma con delicadeza de las manos y me ayuda a levantarme. Edward se adelanta y abre la puerta de su habitación, los tres entramos pero Edward deja la puerta abierta. El vampiro me deja en el borde de la cama, me sonríe y comienza a caminar a la salida.
– Espera – susurro, aun con la vista fija en el suelo. En un pedazo de pastel, para ser exacta.
– ¿Si? –
– ¿Puedo saber cómo te llamas? –
– Carlisle – sonríe mientras responde – Carlisle Cullen –
Asiento, mientras el suspira.
– Alice tenía razón. Eres persistente cuando buscas algo – pasea su mirada por todos los destrozos que deje en el cuarto. Siento que me sonrojo.
– No te preocupes, yo lo limpiare – Edward me sonríe.
Volteo para disculparme con Carlisle pero ya no está.
– Espero que no te moleste que duerma aquí –
– ¿Tú duermes? – pregunto estupefacta.
– Típico...– susurra, sonriendo a medias.
– Puedo dormir en el sillón – intento sonar normal.
– Claro que no – responde tajante – Yo dormiré en el, tu quédate en la cama –
Aun dudando me meto debajo de las cobijas. Siento que la cabeza me va a reventar y que las lágrimas comenzaran a desbordarse en cualquier momento. Estoy tan malditamente confundida que siento la necesidad de gritar como loca. De pronto escucho un ruido, como el quebrar de madera, volteo y veo a Edward quitando una tabla del mueble donde tiene sus discos y libros. Es una vista falsa, la clase de tabla que quitas y encuentras un pequeño agujerito donde poner algo. Saca de él un objeto largo y envuelto en un pedazo de cuero, después pone la tabla de nuevo en su lugar.
Se acerca a mí y me tiende el objeto.
– Creo que estabas buscando esto – me dice cuando lo tomo.
Desenrosco el pedazo viejo y gastado de cuero, y dentro encuentro mi cuchillo. Intacto, pero sin rastros de mi sangre en él.
– No entiendo... ¿Por qué me lo das ahora? – pregunto con total franqueza.
– No lo oculte para que te sintieras desprotegida Bella. Lo guarde para proteger a mi familia de un objeto bendito –
Con eso toma una manta que está en el suelo y una almohada de la cama. Rodea el mueble y se recuesta en el sillón. Se quita de una patada los zapatos, acomoda la almohada un poco y luego se pasa descuidadamente la manta encima.
– Además, no quiero que creas que aún puedo matarte, así que te lo devuelvo para que te sientas más cómoda conmigo aquí – bosteza hasta que su boca forma una perfecta O, y cierra los ojos.
– Gracias... – es el primer agradecimiento honesto que doy en años, sin ningún rastro de sarcasmo o ironía en él.
Edward no contesta, pero abre un ojo y me sonríe. Después vuelve a cerrarlo y veo, con total sorpresa como se queda dormido.
De verdad no eres un vampiro.
Aun sin quererlo del todo y sin ser muy consciente, cierro los ojos y me pierdo en el mundo de los sueños.
. . . . . . . . . .
Tres días.
Habían pasado tres días desde que Edward me encontró en el bosque, y con esos tres días muchas cosas me preocupan ahora.
Primero, el darme cuenta que estos... vampiros no intentaban matarme, o al menos no de momento, me tiene total y completamente loca. Quiero decir, llevo toda mi vida cazándolos y odiándolos, y ahora no puedo quitarme el sentimiento de que no debo confiar en ellos, aun siendo consciente de lo bien que me tratan.
Segundo, el conocer a Carlisle me dejo de cierto modo mejor y peor que después de perder a mi familia. Me dejo mejor porque me hace creer, de cierto modo y de forma muy pequeña pero persistente, que no todos aquellos que se alimentan de sangre tienen que ser malos. Y claro, me tiene peor porque con cada gesto que muestra hacia mí, me recuerda a mi padre... lo cual trae como consecuencia un torrente de dolor, angustia y enojo para mí.
En tercer lugar, está el hecho del resto de cazadores. Hasta ahora no sé nada sobre ellos, no sé si me están buscando o creen que algún grupo de vampiros me encontró y termino con mi estúpida existencia. No he sabido nada de James, Jake ni... nadie. En realidad, ahora que lo pienso no sé nada fuera de estas cuatro paredes.
Después de la primera noche, sólo Edward o Carlisle me ven, ambos han tratado de hacerme salir del cuarto, de presentarme "A toda la familia", pero yo me niego. También han intentado que coma algo de lo que me traen a diario, pero tampoco lo han logrado. Tampoco han insistido en hacer preguntas sobre mí o sobre los cometarios que solté con respecto a matar vampiros. Aunque Edward siempre esta viéndome de cierta forma... de ese modo que me da a entender que no me dejara tranquila y hará sus preguntas.
Yo tampoco he tenido la oportunidad de preguntar nada. Ni que es Edward realmente, o porque todos tienen los ojos de un dorado intenso y muy bello. O porque Edward siempre parece adivinar lo que todo el mundo piensa. Aunque, supongo que si yo no contesto sus preguntas, ellos no me responderán las mías.
– ¡La comida llegó! – un Edward muy sonriente entra a la habitacion, cargando una charola con mucha comida.
Me ve desde el marco de la puerta -sus ojos son ahora dorados- y hace una mueca como todo el tiempo que me encuentra así: estoy sentada junto a la enorme ventana de su habitación, tengo las rodillas abrazadas con mis brazos, mientras juego con el cuchillo entre mis manos.
– Bella – suspira, su tono es desaprobatorio – sabes que no te hare daño –
– No me matará ser un poco precavida – desvío la mirada de la comida.
Tengo tres malditos días sin comer y me muero de hambre. Lo único que me impide lanzarme como una salvaje por toda la comida sobre la charola, es mi orgullo. Mi sentido de supervivencia y los recuerdos de que no debo caer en sus trampas, aun si tengo el vago presentimiento de que no me harán daño.
Edward pone la charola sobre el pequeño escritorio y se acerca a mí.
– ¿Puedo sentarme? –
– Estás en tu cuarto – el sonríe por mi tonto chiste.
– Llevas tres días sin comer. Necesitas alimentarte Bella – no contesto, el resopla – Bien, si no quieres comer te obligare a hacerlo –
Frunzo el ceño mientras volteo a verlo, siento como la ira me invade, como cada vez que alguien trata de decirme que hacer. Abro la boca para gritarle algunas palabrotas, pero solo lanzo un grito a media voz cuando algo se estrella contra mi cuchillo y éste sale volando hasta terminar clavado en la puerta del baño.
Me pongo de pie lista para lanzarme sobre Edward, cuando siento que mis pies ya no tocan el piso. Edward me toma por la cintura y luego me lanza sobre su hombro, con mis piernas colgando por delante de su cuerpo y el resto del mío colgado a su espalda. Comienzo a patalear y gritar hasta que el aire desaparece de mis pulmones cuando me lanza a la cama.
Y de nuevo, esta sobre mí, la única diferencia al primer día es que no me sostiene los brazos por las muñecas, sino que tiene sus dedos entrelazados con los míos y mantiene mis manos a cada lado de mi cabeza. Sus piernas de nuevo están abiertas, a los lados de las mías y su rostro esta peligrosamente cerca del mío.
– ¡POR TU BIEN ESPERO QUE NO ME SUELTES! – el sonríe de modo travieso, con su boca inclinada y torcida hacia un lado.
Me quedo embobada y en blanco por unos momentos, aturdida y deslumbrada por esa sonrisa que no me había mostrado hasta ahora.
– En realidad no pienso soltarte hasta que comas... o hasta que me convenzas de hacerlo –
Cierro los ojos y comienzo a retorcerme debajo del cuerpo de Edward, hasta que escucho como gruñe levemente. Abro los ojos para tirarle en cara algún comentario amargo, pero me quedo callada cuando me doy cuenta que tiene sus ojos un poco cerrados, y que un pequeño rubor le cubre las mejillas.
Es hasta este momento, que me doy cuenta de lo mucho que me estaba moviendo... y de lo mucho que afecto eso a Edward.
Extrañamente para mí, no siento asco o enojo... lo único que siento es pánico y una extraña y desconocida sensación removerse dentro de mí, mientras me sonrojo furiosamente. Me quedo completamente quieta y desvío la mirada de su rostro.
Se queda muy quieto por un momento, pasan algunos segundos hasta que suspira.
– Disculpa – aún mantiene ese tinte rosa en sus mejillas.
No le contesto nada.
– De acuerdo, ya que insistes en no comer... y que tratar de obligarte me perjudico más que ayudo – no puedo evitar sonreír a medias por eso.
– Te quitaras de encima ¿cierto? –
– Nop. ¿Qué te parece si hablamos de ese trato que te mencione antes? –
– Ya te dije que no hay ningún trato –
Suspira y siento como aprieta un poco más mis dedos entre los suyos.
– Bella... Por favor. Sólo... ayúdame a entenderte –
Lo veo de nuevo y curiosamente me doy cuenta que no ganare esta batalla. Convivir con Edward me está volviendo débil.
No tendría por qué decirle nada a un vampiro sobre los cazadores de vampiros, o más bien no debería decirle una palabra. Pero estoy tan hastiada de toda esta mierda... de todo el dolor y de vivir cada día cazándolos sin obtener un alivio de eso, o de tener alguna pista sobre ella; que ya no me importa que lo sepa y me odie o me mate después.
Ya nada importa... nunca nada a importado.
Suspiro. Me quedo callada por un momento, disfrutando un poco más de su mirada expectante.
– De acuerdo, dime... ¿cuál es el trato? –
Edward se quita de encima y me ayuda a sentarme mientras sonríe. No sólo lo hago por estar harta de todo, hablare con él porque lo que me ha dicho hasta ahora me está dejando llena de estúpidas preguntas... preguntas que Edward tendrá que responder.
Tal vez vaya a decirle sobre los cazadores de vampiros... pero no le diría una palabra sobre mi pasado.
Me siento en la mullida cama, con mi espalda recargada en la cabecera. Edward se sienta junto a mí. Él está en el lado izquierdo, el lado que queda junto a la puerta; interiormente me pregunto si se sentó de ese lado por mera casualidad, o pretende que yo permanezca lo más alejada posible de la puerta.
– Entonces... – Edward me ve sonriendo – ¿Cuál es el trato? –
– Tú me dices la verdad, sobre eso de matar vampiros y todo lo demás... –
– ¿Y...? –
– Y yo te digo lo que soy –
Me rio con un tono de burla. La sonrisa de Edward desaparece.
– Eso no me parece justo. Yo sé lo que eres, yo te estaría revelando muchas cosas y tú no me darías nada nuevo a cambio –
Sin decirme nada toma una de mis manos y la pone sobre su pecho, con su propia mano sobre ella. La coloca a la altura de su corazón y se mantiene quieto mientras presiona nuestras manos sobre su pecho.
– Dime a cuantos vampiros con corazón has conocido, y te diré que el trato no es justo –
Me quedo callada, observando nuestras manos unidas aun sobre su pecho y sintiendo los rápidos latidos de su corazón a través de su playera. Desvío la mirada hacia el rostro de Edward, su sonrisa vuelve suavemente mientras me observa.
– Pero tienes que demostrarme que lo que dijiste antes es cierto... lo de vampiros y humanos conviviendo y eso. O juro por Dios que saltare por esa ventana, sin importar si sobrevivo o no –
Edward suelta un sonoro suspiro, como señal de frustración.
– Sera difícil demostrar eso. Más bien será difícil que me creas –
– Si dices la verdad no tiene porque ser difícil – contraataque.
– Lo es si no confías en mi palabra –
– Estoy seguro porque es la verdad – hice una pobre imitación de su voz. Edward suelta una gran carcajada al escucharme hablar así, su risa me parece el sonido más bello que haya escuchado en toda mi vida.
Debo estar perdiendo la cordura.
– Si es la verdad, deben existir, no se pruebas o algo – finalice.
– Ok, veré que puedo hacer... pero tengo una última condición – espero a que continúe mientras lo veo a los ojos – Debes prometerme que te quedaras aquí, que no intentarás huir –
Me quedo callada, pensando en esa petición. Edward no quiere que escape, pero si no sabe lo que soy ¿Porqué trata de mantenerme aquí? No entiendo nada. Nadie me ha tratado como él me está tratando desde que mi familia murió ¿Por qué justamente él me tiene que tratar de este modo? ¿Por qué un vampiro... o lo que Edward sea? Supongo que tendré que averiguarlo.
– Entonces... ¿tenemos un trato? –
Suelto mi mano de la suya y la quito de su pecho. Aún sobre la cama, me siento cruzando las piernas al modo indio, después entrelazo mis dedos y mantengo mis manos sobre mi regazo. Suspiro.
– ¿Primera pregunta? –
Aquí vamos... le confesare a un vampiro que desde los 9 años mato a los de su especie.
[...Don't punish me for being myself,
Don't blame me for who I am,
You always knew...
That I'm just a Beats Hunter...]
Saludos especiales a Gaby Madriz y a todas aquellas que me apoyan incondicionalmente n.n Y disculpas por tardan en De rey León a Gatito salvaje hando corta de inspiración para esa historia asi que paciencia mis cielos =) Son lo máximo, las amo, las adoro y ¡Soy su Fan!
¡Espero nos leamos pronto!
¡Besos de vampiro... de lobito y abrazos de Emmett para todos!
Atte:
..dayaaBlack...
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