Capítulo 6
Su sueño
Después de la llamada de Terry a Candy, ella regresó con sus invitados. El coctel en Lakewood continuaba con un ambiente alegre, a pesar de que estaba por terminar, y todo el mundo se iría a descansar, para estar listo para la recepción de la noche.
Mientras se acercaba hacia ellos, no pudo evitar observarlos a todos. Acariciarlos a cada uno con su mirada. Amados rostros sonrientes. Eternos amigos. Sus queridos nietos, y por supuesto, sus hijos. El aliento de su vida... "... familia". Su sueño... una familia amorosa normal... "Una madre, un padre, sus hijos..." Su sueño.
Desde muy temprana edad ella supo que había muchos tipos de familias. No habiendo conocido nunca a su madre biológica, ella aceptó, amo, y adoró a sus dos madres adoptivas, ellas fueron su familia… Annie también, y después, Stear, Archie y Anthony. El Tío Abuelo William. Su familia cambió de forma tantas veces... pero su sueño siempre permaneció igual... profundamente dentro de ella, en secreto siempre quiso el clásico modelo de familia.
Y ella vivió su sueño. No pudo vivirlo por toda su vida, pero lo vivió. Ella fue bendecida. Ahora lo sabía. El día en que su sueño murió, se sintió maldecida... Ella no podía comprender la grandeza de vivir, aunque fuera por un corto tiempo, sus sueños. El día en que ese sueño murió, ella se odió.
Pesadilla
Candy y Albert volvieron a América unos días después del Año Nuevo. Ambos encantados, anunciaron a sus seres queridos las buenas noticias acerca de la llegada de un nuevo integrante a su familia. Todos estuvieron emocionados y les dieron sus mejores deseos.
Dos meses después, Archie y Annie se convirtieron en padres por primera vez; Tom le propuso matrimonio a Patty. La felicidad había acampado en los rostros de todos. Candy resplandecía como el sol más brillante durante su embarazo, sin embargo, Albert notaba las sombras abstractas que de vez en cuando pasaban por el rostro de su esposa. Él quiso saber. No solo por ella, sino también por él. Así que lo hizo.
Un día partió rumbo a Nueva York para intentar encontrar a Terry. Decepcionado encontró que él había abandonado la compañía Stratford, había dejado su viejo departamento y estaba básicamente, de nuevo, desaparecido. Albert no sabía cómo iba a contarle todas estas noticias a Candy; cuando un día, bastante accidentalmente, mientras él iba a un almuerzo de negocios vio a la madre de Terry saliendo del restaurante.
- "Buenos días Sra. Baker, no le molestaré mucho, yo soy…"
- "Sé quién es usted. A diferencia de mi hijo, aún leo los periódicos" dijo con voz melodiosa Eleonor Baker.
Ese día Albert supo con alivio que Terry no había renunciado al teatro, al menos no como lo había hecho en aquella época en Rockstown.
Él había renunciado a Broadway y había regresado a Inglaterra... pensando en continuar su Carrera en el Real Teatro de Londres, "Él escuchó acerca de la boda... y se fue tan lejos como podía... Lo siento tanto Terry, mi amigo, en verdad lo siento, pero en última instancia, nadie sabe las vueltas que da la vida..."
Cuando Albert le dio las noticias a Candy, la notó aliviada por una parte, porque Terry no renunció a su sueño, pero por otro lado, no pudo dejar de notar la dulce melancolía que cubrió a Candy por algún tiempo.
Los pensamientos de Albert acerca de las vueltas que da la vida y los juegos del destino, quizás fueron proféticos.
Nadie realmente lo sabía y eso fue comprobado en los años venideros.
Un año y medio después del nacimiento del pequeño Anthony, llegó a la vida de Candy y Albert un pequeño tesoro más, su princesa Rosemary. El sueño se había convertido en realidad para Candy. Finalmente tenía la familia que había querido, que siempre había soñado.
En los años que siguieron, ese sueño lo compartió con todas las personas que ella amaba y que la rodeaban. Estaba felizmente criando a sus hijos felices y no dejó, ni por un minuto, de sentirse también como una niña ella misma. Tenía a Albert a su lado, quien le dio generosamente su tierno amor y los años pasaron como minutos... porque la felicidad no cuenta ni las horas ni los meses.
Fue poco después de la caída de la bolsa del '29, cuando su sueño comenzó a convertirse en una pesadilla...
Cientos de personas se quedaron literalmente en la calle. En cuestión de solamente unas horas, imperios económicos se hicieron añicos por completo. El emporio Ardley se agitó vigorosamente, pero las pérdidas fueron casi nulas. Albert había logrado mantener al coloso de sus ancestros , pero no fue consciente del precio. El volumen de problemas, el estrés y la presión tuvieron un impacto sobre él.
La mayor parte de su tiempo vivía con Candy y los niños en la casa de Chicago. Sus domingos, sin embargo, los pasaban ya fuera en Lakewood, o en la casa de la abuela Pony, como los pequeños solían llamarla.
Así que ese domingo también visitaron todos juntos el pequeño Hogar de Pony. Los niños estaban corriendo y jugando felizmente con los otros niños del orfanato; mientras Candy junto con Albert, no perdieron la oportunidad de pasar algún tiempo únicamente los dos, en su colina favorita. Estaban sentados relajadamente en la hierba fresca, cuando de repente, ¡Candy saltó como si algo la hubiera pellizcado!
- "¡Albert! ¡Mantente vigilante... !"
- "... ¡¿Eh?! ¡¿Qué sucede Candy?! ¡¿Por qué mantener la vigilancia?!" le preguntó él extrañado.
- "Ssh... Mantén baja la voz,
mantén la vigilancia para no ser visto por los niños..." ella dijo con complicidad y rió.
- "¡¿Estabas jugando a las escondidas y no me di cuenta...?!"
- "¡No, mi tonto Bert!", le dio un beso en la mejilla, "Quiero trepar al árbol y no quiero que los niños me vean..." Ella le guiñó un ojo y comenzó a trepar.
Él no pudo evitar reír y se levantó.
- "¡Oh! ¡Eres una tramposa! ¡¿Quién va a mantener la vigilancia para mí?!" preguntó aun riéndose, pero en el momento en que iba a tomar la primera rama, todo a su alrededor se oscureció.
- "¡Albert...!" gritó ella con todo el aire que había en sus pulmones.
Candy vio cómo su marido colapsaba.
Cómo pasaron las horas siguientes ella ni siquiera las recordaba ¿Cómo se bajó del árbol? ¿Cómo ella y Albert llegaron al hospital en Chicago?, ¿A qué hora llegó Archie con Annie?; nada. Ella no podía recordar nada.
Ahora estaba sentada al lado de su marido, quien estaba acostado en una cama de hospital. Las lágrimas fluían en silencio por sus mejillas. De sus labios salían susurrando pequeñas oraciones... Sintió que estaba reviviendo los momentos en que Albert había llegado al hospital con amnesia... "Todo va a estar bien... Sí, Albert, todo va a estar bien...", dijo una y otra vez, tratando de convencerse a sí misma.
Archie pensativo, daba vueltas en la sala de espera cuando el médico se acercó a él.
- "Sr. Cornwell… Tenemos los resultados de los exámenes."
- "... Por favor, espere minuto doctor, voy a buscar a su esposa, ella es enfermera y usted sabe..."
- "Sr. Cornwell, prefiero hablar con usted primero. No sé cómo lo tomará ella..."
Archie se sintió cubierto de un sudor frío.
- "... Por favor, dígame..."
- "Tiene cáncer... Lo siento..."
La conmoción para Archie fue instantánea.
- "¿No hay nada que pueda hacer? ... Operarlo o.…"
- "Tristemente no, él sufrió un derrame cerebral debido a que el tumor está localizado en su cabeza, una operación así sería imposible..."
- "... Doctor ¿Cuánto tiempo le queda…?" Archie no podía creer que él estaba allí y que estaba teniendo esta conversación.
- "No mucho, lo siento, algunos meses, quizás menos..."
- "¡Noooo! ..." Candy gritó y se desmayó.
En el momento en el que salía de la habitación de Albert, escuchó las últimas palabras del doctor.
El príncipe de la colina se desvaneció…
Los días que siguieron, Candy tuvo la sensación de que había estado viviendo la vida de otra persona y no la suya. Era como si hubiera salido de su cuerpo y estuviera viéndose a sí misma viviendo, respirando, caminando, como un mero espectador. Con el único poder de su alma, inició una lucha de la que desde el principio sabía que saldría derrotada.
Las horas que no estaba al lado de Albert, quien se había recuperado, pero continuaba hospitalizado, los pasó en la biblioteca leyendo libros de medicina sobre su caso. Ella visitó la mayor cantidad de médicos que pudo. Discutió, riñó, escuchó opiniones. Sin dormir, sin comer, ella llevaba la máscara de la felicidad delante de sus hijos, ella le mentía a su marido diciéndole que todo estaba bien...
- "¡Ya verás mi pequeño Bert, todo estará bien! Te harás algunos exámenes más y entonces..." su corazón estaba llorando.
- "Candy... Querida..."
Un día, él la miró tiernamente con sus claros ojos azules...
- "Quiero salir del hospital... Candy."
- "... Pero... No Albert, no puedes... Aún no... En algunos días quizás..." ella no podía soportar esta farsa.
- "...Candy, mi dulce Candy, por favor, solo déjame ir a la Colina por última vez..." él extendió la mano y acarició suavemente su mejilla.
- "... ¡¿De qué hablas?!..." ella gritó en su interior, sus sollozos golpearon su alma...
- "... Mi amor... Mi pequeña... Sé lo que tengo..."
- "Ssh... No lo hagas… No..." ella murmuró, sus lágrimas comenzaron a fluir como un mar silencioso infinito.
- "... Escúchame... Candy, siempre supe que podría enfermar algún día... Rosemary..."
"... Su hermana... Mi madre enfermó y murió Candy... Pero ella sigue viviendo a través de estas rosas... Ella vivirá por siempre..."
Mirándolo a través de la bruma de sus lágrimas, sus manos estaban temblando... con una voz de dolor, ella gritó su nombre y él cayó en sus brazos.
- "...Mi pequeña, no llores..." Él le acariciaba el pelo, la consolaba, "Siempre debes sonreír... Siempre debes ser feliz..."
"... No, no el príncipe de la colina, no mi príncipe…"
...
Los siguientes dos meses, Candy y Albert vivieron en el Hogar de Pony, allí mismo, cerca de su colina. Hasta ese atardecer de otoño cuando el príncipe de la colina se desvaneció... para siempre.
El nombre de un Duque
- "¡Madre!"
Candy vió a sus dos hijos aproximándose. Su hijo Anthony y su hija Rosemary. Estaban sonriendo cálidamente. "...Mi vida entera..." Candy pensó en el momento en que ambos la tomaban por el brazo y comenzaban a caminar.
- "¡¿Me perdieron de vista por un momento y se preocuparon?!" Les preguntó bromeando.
- "... ¡Nah!" dijo su hijo alegremente, aunque la mirada azul claro de sus ojos tenía un rastro de preocupación.
Su siempre serio Anthony. Siempre disciplinado y racional. Aunque sus rasgos eran casi idénticos a los de su padre, y a los de su difunto y joven tío Anthony; su personalidad era completamente diferente.
Desde muy joven, había mostrado una seriedad, que por momentos hacía pensar a Candy lo feliz que podría haber sido la tía abuela Elroy si hubiera visto que había dejado un serio y digno sucesor de los Ardley.
Sí, era formal y severo, pero su corazón era puro y grande. "... ¡Por suerte él sacó algo de su padre!" Candy pensó con una sonrisa.
- "¡Mamá, sabemos que tienes un espíritu incansable! ¡No nos sorprendería si te levantases y salieras hacia Brasil en este mismo momento!" dijo Rosemary y rió.
- "¡Oh!... Rosy"
"... Mi princesa..."
Rosemary había heredado los ojos verdes de su madre, su espontaneidad y su sonrisa. El juego de los genes, sin embargo, le había dado el cabello negro ébano de su tío Stear y su mente brillante. "...Rosy, me entenderá más fácilmente... Mi hijo... Sin embargo…" Candy suspiró lentamente mientras recordaba la terquedad que mostró su hijo hacía varios años...
Ella estaba en la clínica en Chicago.
Era un día feliz. Se había convertido en abuela. Hasta ese día, Candy no creía poder amar tanto como amaba a sus hijos. Pero ese día, cuando vio a su nieto por primera vez, simplemente no pudo describir todo el amor que sintió en su corazón.
- "¡Madre, quiero presentarte a tu nieto!" Anthony le dijo rebosante de felicidad, mientras sostenía en sus brazos a su hijo recién nacido.
- "Oh ... Hijo mío... ¡Él es un ángel en la tierra!" Lágrimas de alegría empezaron a correr por las mejillas de Candy.
- "¡Terrence William Ardley, esta es tu abuela!" Añadió Anthony con una gran sonrisa y puso el bebé en manos de su madre.
Candy se congeló. "… ¿He oído correctamente, o mis oídos están jugando conmigo? …"
- "... ¿Qué has dicho, hijo mío...?" Ella prácticamente murmuró.
Anthony miró a su madre desconcertado.
- "¡Dije que el nombre de tu nieto es Terrence, pero Teresa desea que le llamamos Terry, como su actor favorito Terry Graham! '' Completó lleno de alegría
"... Terry... Como su actor favorito... ¡¿Por qué no Albert?! ¿Por qué? ... ¿Por qué no darle el nombre de tu padre, Anthony?... Terry... No puedo decir este nombre aún... No frente a ellos... No es... Oh qué hacer... Oh Dios mío, Terry... ¿Qué he hecho? ... ¿Por qué no hablé con ellos años atrás...? Estúpida Candy ¿Por qué no puedes ver que cuanto más tarde, más difícil se hace?".
Candy, en un esfuerzo sobrehumano por no mostrar qué tan perturbada estaba, miró tercamente a su hijo.
- "¡¿Quieres decirme que, en lugar de darle el nombre de tu padre a tu primogénito, le estás dando el nombre de un actor?!"
- "Pero madre, su segundo nombre es William, yo sólo..."
- "¿Sólo qué?"
- "¡Madre, sabes cuánto ha sufrido Teresa en su vida! ¡Sabes cuánta debilidad siente por el Sr. Terry Graham!... ¡Yo no quería echar a perder su deseo!"
"¡Si supieras lo que dices!"
- "¡Si supieras lo que dices! ... ¿Quién la encontró y la llevó al orfanato? ¡¿Crees que no la amo?! ¡Pero el niño debe tener el nombre de tu padre!" dijo Candy con chispas verdes saliendo de sus ojos.
En ese momento llegó una partera a recoger al bebé, para llevarlo con su madre para alimentarse. Candy dijo adiós al pequeño y se dispuso a salir, pero su hijo la detuvo.
- "Madre, creo que no hemos terminado nuestra conversación." Ahora era el turno de Anthony de ser obstinado.
- "Dije lo que tenía que decir."
- "¡Sí, pero yo no, madre!"
- "Bien, estoy escuchando Anthony..."
- "¡El nombre de mi hijo será Terry, esto es lo que mi esposa quiere, y esto es lo que yo quiero también!"
- "¡¿Crees que es apropiado, especialmente para ti entre todos, no honrar la memoria de tu padre?!"
- "¡Pero honro su nombre! ¡Yo honro su memoria! ¿El nombre de Terrence William Ardley, que te dice? ¡Después de todo, no estamos dándole un nombre al azar! ¡Y especialmente tú sabes lo que significa este nombre, madre!"
"... ¡Dios mío, él lo sabe! ... Anthony lo sabe..."
- "¡No, no lo sé! No entiendo qué es lo que quieres decir..." A pesar de esto, ella respondió.
- "Sé muy bien que el actor que mencionas, no era sólo un actor para ti... ni para papá! ¡El tío Archie me dijo todo!"
- "... ¿Qué dijiste...?" Candy se sintió mareada...
- "¡Él me dijo que ustedes son viejos conocidos, amigos de la escuela y que mi papá era un buen amigo suyo!"
"... Esto no está sucediendo... ¡Ah! ¡Archie, te mataré! ..."
- "Y para concluir, madre, estoy orgulloso de que mi hijo lleve estos dos nombres ¡El nombre de la cabeza de la familia Ardley y el nombre de un Duque!"
Candy se dio cuenta de que había perdido la batalla con su hijo. Cuando Anthony decidía algo, no lo cambia por nada en el mundo... "... Muy bien, entonces…" dijo tercamente a sí misma, "¡Pero yo no lo llamaré Terry! ... Terry le pertenece a alguien más..."
- "¿Brasil eh?... Hmm ¡Buena idea Rosy! Tengo muchos años sin visitar Río... ¡¿Vamos hacer nuestro equipaje?!" dijo Candy con entusiasmo a su hija.
- "¡Sí, sí! ¡Oh! Mamá... Nunca pierdes tu buen humor..."
- "Damas" dijo Anthony y aclaró su garganta, "Dejemos de lado, por ahora, los viajes exóticos; ¿Vamos a ver a papá, que nos espera desde la mañana...?"
Ellas sonrieron con nostalgia y los tres empezaron a caminar hacia el lugar de descanso final de Albert, la tumba de la familia Ardley.
Arthur Cook
Neal, después de dejar a su hermana en el hotel para que se alistara para la recepción de esa noche en Lakewood, pensó pasar por su oficina por un rato, antes de volver a casa. Las oficinas estaban vacías a esa hora. Entró a su oficina y se dirigió directamente a la barra para servirse un gran trago de whisky.
- "... Voy a necesitar un trago hoy..." - murmuró entre dientes, cuando su mirada cayó sobre un trozo de papel en la parte superior de su escritorio.
Su secretaria, aparentemente, había dejado los mensajes que no había recibido el día de hoy. Él apuró su bebida con un largo trago, "si no muero de esto hoy, nunca lo haré" pensó y tomó la hoja en sus manos. Varios mensajes que le dejaban del todo indiferente. Estaba a punto de arrugar y tirar el papel, cuando notó el nombre en la última línea... "Arthur Cook".
¿En dónde había escuchado ese nombre antes? Trataba de recordarlo... Cuando se dio cuenta de que el número contenía el código telefónico británico.
"¿Puede ser...?"
Tomó el auricular y llamó al número. No pasó mucho tiempo en responder una voz masculina, con un fuerte acento británico.
- "¿?"
- "¡¿Sí?!
- "¿Cook?"
- "El mismo ¿Quién habla…?"
- "Neal Leagan, aquí"
- "Oh… Señor Leagan, esperaba su llamada... Asumo que usted sabe quién soy yo..."
- Si no recuerdo mal... así es; hace algunos años le hice una oferta a través de mi colega, pero usted la rechazó..."
- "Diría que las cosas han cambiado desde entonces... si su oferta sigue en pie, me gustaría compartir con usted alguna información…"
- "Bueno, creo que depende de la información..."
- "Oh... sí, por supuesto; sin embargo... No le sería agradable enterarse por medio de los periódicos británicos, ¿cierto?..."
"Él sabe muy bien cómo se juega este juego..." pensó Neal "Pero yo lo juego mejor…"
- Sí, sin duda no me gustaría, pero puedo vivir de todas formas sin esa información Sr. Cook, por lo que si no desea otra cosa..."
- "... Sr. Leagan"
Arthur sintió que no podría ganarle a este feroz americano.
- "Lo escucho; sin embargo sea breve, tengo un compromiso que no puede esperar".
- "... Candy White Ardley..." dijo Arthur derrotado.
- "¿Ahora se da cuenta Sr. Cook... lo bien que podemos entendernos?" Neal sintió que el tiempo por fin había dado frutos.
- "Sí, supongo..."
- "Mi oferta es la misma... y me encantaría escuchar lo que tiene que decir, soy todo oídos."
Cuando su conversación con Arthur terminó, Neal llamó a Eliza. No podía esperar, después de lo que había oído de la boca de Arthur Cook...
- "Neal, ¿por qué me llamas otra vez? Hemos dicho que nos encontraremos en un par de horas, necesito prep..." Eliza comenzó a regañarlo.
- "... ¡Ah! ¡Qué diablos Eliza! ¡Me preguntó cómo ese idiota esposo tuyo, el Barón, te soporta! ¡¿Es que nunca te callas?!"
- "Mientras que yo no lo moleste, y le permita tener en su cama a quien él quiera, él me tolera" dijo fríamente Eliza, "¿Ahora me dirás qué es lo que quieres Neal para poder terminar de prepararme"
- "Bueno hermanita… ¡La atrapamos! ¡La tenemos en la palma de la mano!"
- "¡Me contarás todo camino a Lakewood, ven aquí en dos horas!"
Colgaron.
"La tenemos en la palma de la mano" Pensaron los dos; los dos hermanos corruptos.
Continuará
