Capítulo 6: La Caída de un Ídolo.

Robert, ¿cómo puedo estar en la ruina? –

Amelia, seguramente hay juego sucio, pero me dejaste atado de manos, nada se podía hacer sin tu firma.

¿qué voy a hacer?

Tienes el departamento de Nueva York y el fideicomiso de emergencia, si bien ese fideicomiso no puede mantener tu estilo de vida, al menos es algo, mi consejo sería que vendas el departamento y compres algo más modesto, añade ese dinero al fideicomiso, lo único es que el dinero que está ahí dentro no lo puedes tocar, ese lo estableció tu padre para un caso extremo, así que te será imposible invertir.

Amelia se desmoronó. Se creía intocable, y la vida le daba la lección más grande de todas, después de todo era mortal. Robert se acercó y la abrazó.

¿Qué quieres hacer?

Destruir a William.

De eso se encargará Candy y la señora Elroy. Te advertí que no se jugaba con los Andrew.

Pero ella se veía tan inocente…

Amelia, lo que tú y William le hicieron no tiene nombre, no sé qué esperabas.

Que se rindiera.

¿Qué te sirviera a William en bandeja de plata? Amelia, tu mejor que nadie sabes lo que es capaz de hacer una mujer despechada.

Robert, me enamoré de él.

Lo sé, pero no hay nada que hacer, haz sido una caprichosa, y haz tirado la felicidad por la borda a manos llenas. - Robert clavó su mirada en Amelia, el conocía a la verdadera mujer, a la niña herida por la decepción que era el matrimonio de sus padres. – Vámonos, yo tengo suficiente dinero para los dos, olvídate de Andrew, yo seré el padre de tu hijo. -

Robert, no puedo pedirte eso.

No me lo estas pidiendo, yo te lo estoy ofreciendo. –

Déjame pensarlo…

Está bien, pediré una habitación, y si quieres una cita con William la conseguiré.

Quiero una cita con Elroy Andrew.

Amelia…

Seré prudente.

Veré que puedo hacer.

Gracias Robert.

Amelia se quedó sola, tratando de decidir qué hacer, Tal vez Robert tenía razón, ¿de qué servía tener atrapado a un hombre que no la quería?

Junta del Concejo Andrew.

Albert llegó muy temprano al Corporativo Andrew, su secretaria lo vio y por un momento no supo que hacer, pero George la rescató.

William, pasa a la sala de juntas.

¿Ya llegó ella?

Aún no.

¿Le dijiste que necesito hablarle?

Sí William, pero aún no se decide.

¿Cómo está?

William, no sé qué esperas que te responda. Tú mismo la verás en unos momentos.

El concejo Andrew entró y saludaron a William con una inclinación de cabeza, pero no dijeron nada más, él se había sentado al lado opuesto de la cabecera, pero deseaba estar cerca de ella.

A las 9 en punto la puerta se abrió y una hermosa y serena Candy entró acompañada de Archie y de la tía abuela. Ella iba vestida con un moderno atuendo negro, de pantalón y blusa de fina seda, cuyo único adorno era un lazo blanco en el cuello. Albert reconoció el modelo como una creación de Chanel, y no pudo evitar admirar la osadía de Candy al usar algo tan progresista para la época que vivían. Por un momento sus ojos se cruzaron, y él pudo ver cómo su mirada estaba cargada de dolor. ¿En qué momento había sido tan idiota? ¿cómo pudo lastimar a esa hermosa mujer? ¿cómo pudo ceder a la tentación?, estaba consiente que él era mucho más culpable que Amelia, después de todo ella era libre, y él estaba casado.

El concejo esperó, por protocolo William aún era el patriarca, él debía comenzar la reunión. William suspiró.

Señores, tía, Candy, esta reunión de concejo como ustedes saben es con el fin de firmar la sesión de derechos a mi aún esposa. Esto con el fin de que ella vele por el patrimonio de mis hijos, ya que mis acciones demuestran que no soy el indicado para hacerlo.

Candy, aquí están los papeles que debes firmar.

Gracias. – ella tomó los documentos y estampó su firma en ellos.

William, desde ahora pierdes todo derecho de opinar en el corporativo, y tu presencia en estas oficinas no es necesaria, como ya lo sabes, sólo tienes acceso al 2% de tu fortuna personal, ninguna de las propiedades Andrew puede ser usada por ti sin el permiso de Candy. Todo será salvaguardado por Candy para tus hijos. Candy, hay documentos que revisar sobre los negocios que quedaron pendientes la semana pasada.

Está bien, John, ya lo tenía contemplado, George y Archie me pondrán al tanto, agradezco a todos por estar aquí presentes, y sí no hay algo más…

En realidad, si hay algo más, desearíamos poder darles privacidad en esto, pero cómo el asunto ha sido tan público debemos salvaguardar el buen nombre de los Andrew…

Deja de darle vueltas John y ve al grano. – le dijo Albert, su tono de voz era el del hombre acostumbrado a mandar, la entonación del presidente del concejo Andrew.

William, déjalo terminar. – dijo Candy tranquilamente. Su corazón se aceleró, era la primera vez desde ese día en su oficina que ella le dirigía la palabra. Y la indiferencia que destilaba su voz lo golpeó más que cualquier otra cosa que ella hubiese podido utilizar.

Gracias Candy, necesitamos saber cuál será su decisión en cuanto a su matrimonio, y al hijo de la Señora Amelia. Y también hay que resolver lo de la custodia de Anthony y Stear.

Los rubios guardaron silencio, y sus miradas se cruzaron, la de Albert era suplicante, la de Candy no revelaba nada, había una época en la que él había podido leer su mirada, pero esa época al parecer había pasado.

-Candy, tenemos que hablar. – Albert decidió romper el silencio. Candy lo ignoró.

- John… la realidad es que aún no tengo una decisión, y si creo que tengo que hablar con William, ¿cuánto tiempo tenemos?

- Pues tomando en cuenta que la prensa está de tu lado y se está callando no hay prisa, pero si es importante tener una postura para dar tranquilidad a nuestros socios en cuanto a la estabilidad de nuestra familia.

- ¿Qué opinan ustedes? ¿Qué es lo mejor para las empresas? – Ni Albert ni nadie se esperaba esa pregunta.

El miembro más anciano del concejo, Josh McEnthyre había guardado silencio hasta ese momento, era un hombre bondadoso, conocía a William desde pequeño, y siempre le había apoyado. Él había sido el que hizo entender al concejo que lo mejor era dejarlo casarse con Candy. La admiraba por su buen corazón, y serenidad en momentos tan difíciles, él sabía de sobra que Elroy quería que no tuviera piedad de William, y aunque repudiaba lo que William había hecho no estaba dispuesto a cargarse con la culpa de deshacer un matrimonio. Así que antes que John contestara decidió tomar la palabra.

Candy, nosotros vamos apoyarte, si te somos sinceros, lo mejor sería cerrar filas, demostrar que su matrimonio es sólido a pesar de todo puede ser beneficioso para todos, sin embargo, también entiendo que las circunstancias no son sencillas.

¿Dices que debemos aparentar?

Digo que no debes apresurarte a un divorcio, no condono lo que William hizo, eso no tiene nombre, sin embargo, una decisión apresurada puede desestabilizarnos. Hay caminos legales para que tu tengas la custodia física y legal de los niños sí eso es algo que te preocupa.

¿Qué implicaría lo que propones?

Pues pueden admitir una separación civilizada. Él no tiene que vivir en la mansión, sin embargo, en eventos como el cumpleaños de Elroy, sería conveniente que estuviese presente. Creo que el divorcio puede esperar, o más bien debe esperar por ahora, no debemos dar la impresión de que le estas dejando el camino libre a Amelia. Y menos ahora que su reputación en los negocios está hecha trizas, y que prácticamente se encuentra en la ruina. – La noticia sorprendió a Albert, y al ver a Candy se dio cuenta que ella ya estaba enterada. Un solo vistazo a la tía Elroy le hizo saber que ella había tenido algo que ver.

Gracias por tu sinceridad Josh, tendrás mi respuesta lo más pronto posible, ahora si me disculpan, debo hablar con William. –

Todos se pusieron de pie, Archie titubeo en la puerta, pero Candy le aseguró con la mirada que no había de que preocuparse.

Candy y Albert se quedaron solos en la sala de juntas. Ella guardó silencio esperando que él hablara.

¿No tienes nada que decir? ¿Tantas llamadas y mensajes para que ahora te quedes callado? ¿Lamentas que la opinión del concejo es que no nos divorciemos?

Candy… - él se puso en pie para acercarse.

No te acerques, ahí estás bien.

Sé que te lastimé…

William, eso no comienza a describir lo que me hiciste.

Deja de llamarme William, tú nunca me has llamado así.

Tendrás que acostumbrarte, Albert, el príncipe de la colina, él amor de mi vida, el hombre qué me juró protegerme de todo y todos está muerto. Murió el día que prefirió ceder a la tentación de otra mujer. Sólo queda William Andrew, el hombre de negocios, el padre mis hijos, y posiblemente mi esposo de nombre por un tiempo más.

Candy, mi amor…

Perdiste el derecho de llamarme tu amor, si en verdad lo hubiese sido jamás te hubieras acostado con ella. Es muy cómodo William. Es muy cómodo culparla a ella, como si fuera la única responsable, pero la realidad es que ella no me debe nada, tú fuiste quien me traicionó. - La indiferencia en su voz lo mataba lentamente, no había pasión, no había enojo, solo había aceptación de la realidad, y un tono de total decepción.

Permíteme demostrarte de que a pesar de que soy el peor de los hombres aún puedo ser el hombre del cual te enamoraste.

Para eso necesitarías regresar el tiempo y quedarte a mi lado el día de año nuevo, en vez de asistir a esa fiesta. Pero no tengo nada más que discutir sobre esto.

Está bien Candy, sé que todo está muy reciente… dime ¿Cuándo podré ver a los niños?

Nunca.

Candy… -

Ella suspiró, si bien lo odiaba, y el estómago se le revolvía tan sólo de pensar que había sido suya al mismo tiempo que Amelia, también sabía perfectamente que el odio sólo le haría daño a ella misma, y por otro lado Anthony y Stear tenían derecho a su padre.

Puedes verlos en cuanto hayas resuelto que harás con Amelia.

¿a qué te refieres?

Decide que harás con ella y con su hijo, decide si vivirás con ella, si ese niño será un Andrew.

No viviré con ella, y no voy a darle el apellido Andrew a ese niño si tú no estás de acuerdo, pero tampoco puedo desentenderme, y menos ahora que ella está en la ruina.

Muy bien, habla con ella y llega a un acuerdo legal, no la quiero cerca de mis hijos, y no quiero escándalos, por esa razón no te permito ver a los niños hasta que lo hayas resuelto.

¿qué hay del cumpleaños de la tía?

Debes asistir, puedes subir y darles las buenas noches a mis hijos, pero nada más.

¿Iremos como pareja?

Estaremos en el mismo salón los dos, tomarás tu lugar en la mesa. Ya que como la matriarca me corresponde la cabecera, la Tía Elroy estará a mi derecha, a mi izquierda Archie, Annie a su lado, George al lado de la tía, así que supongo que puedes sentarte al lado de George.

Lo tienes todo fríamente calculado.

No William, no está fríamente calculado, es solo que de ahora en adelante nada puede ser dejado al azar entre tú y yo.

¿El vals?

Puedo dejar que Archie y Annie lo abran, o bailar con John, Archie, o cualquier otro miembro del concejo. ¿algo más?

¿tienes algo que ver con la ruina de Amelia?

No.

¿La tía?

Pregúntaselo a ella.

No quiero una pensión, con el porcentaje que me corresponde me conformo, y de ahí pagaré lo que tenga que pagarle a Amelia. Pero quiero la oportunidad de estar en las fechas importantes de mis hijos, no tengo derecho a pedírtelo, pero…

Sí para ellos es importante que estés ahí no me negaré. Pero más te vale ganártelos, porque tampoco los voy a obligar a nada.

¿Qué les dirás?

Por ahora piensan que estás de viaje.

¿Y sobre nosotros?

Que los concebimos con amor, y que siempre podrán contar con nosotros, pero que no podemos estar juntos.

Candy, dame una oportunidad.

No te desgastes, la respuesta es no. Y ahora, si me disculpas hay mil negocios que atender, entre más pronto resuelvas lo de Amelia mejor, con permiso.

Él la observó partir, ella volteó a verlo desde el umbral, se veía derrotado.

William Albert Andrew ya no era invencible, su gallarda figura se mostraba en ruinas, su hermosa fisonomía de dios griego asemejaba más a un ídolo caído en el Acropolis qué a un héroe mitológico.

Candy lo vio por última vez con un dejo de amor en los ojos, pero la indiferencia la reemplazó en fracción de segundos, cerró la puerta y se dirigió a la oficina al fondo. Ella haría todo por mantener a los Andrew a flote.

Notas:

Yagui, pido una disculpa porque este es un tema sensible para ti. Gracias por compartir tu experiencia.

Sé que muchas tienen una opinión al respecto porque lo han visto de cerca, y dependiendo como sucedieron las cosas es lo que hemos aprendido de la infidelidad y del perdón.

En lo personal soy firme creyente de que los hijos merecen tener ambos padres, ambas familias, porque a temprana edad ellos no tienen que ser contaminados por los problemas de los adultos. Claro que hay excepciones a esto, pero si el padre o la madre y su familia aman a los niños no hay porque alejarlos de ellos.

Me duele ver a padres pidiendo que no dejen ir a la madre al festival de navidad, o a madres esperar a que el ex esposo autorice que recojan al hijo en la escuela porque la custodia no es de ellas.

En muchos casos solo las dos personas protagonistas de los hechos saben que paso y como paso, y todos se dedican a tomar partido dependiendo a quien amen, y los hijos quedan en medio, jalados de un lado a otro, se les pide que decidan, que tomen partido, cuando en su corazón aman a los dos. A mí me tocó vivir algo así, y la verdad nunca se los haría a mis hijas. Mi esposo y yo hemos pasado por momentos difíciles, pero nunca he dicho no pueden ver a tu familia, ni viceversa, es por eso que no puedo escribir que Candy dejará a Albert sin sus hijos.

Tampoco creo que es vida vivir odiando. OJO: tal vez la relación se rompa para siempre, y como muchas han dicho la confianza se pierda, pero quedarte odiando solo te daña a ti.

Habiendo hecho ese statement. Vayamos a los comentarios.

Alguien escribió que esta Candy le recuerda a Scarlett O´Hara, y debo decirte que amo y odio a Scarlett O´Hara. Amo su valentía, su empuje para enfrentar la vida, su actitud de "devil may care". Pero la odio por amar a Ashley en contra de todo, por dejar que el la utilizara. Y sobre todo por haber sido tan tonta con Rhett. Dejo ir el amor por no ver más allá de sus narices. Así que si es muy posible que haya matices de Scarlett en esta Candy, es lógico, he leído Lo que el Viento se Llevó al menos una vez al año durante los últimos más de 10 años. Pero, no quiero que cometa los mismos errores. Es un honor que compares a mi Candy con Scarlett.

Chicas, aquí el primer capítulo del día de hoy, la vdd con estas fechas no se si lograré otro mas, mi casa se colapsa, y necesito hacer algo por ella….jajajaja tal vez limpiar….Un abrazo, y las sigo leyendo.