Todo es ficción VI

CAPÍTULO VI

Nunca le he tenido más miedo a la hoja en blanco que el día de hoy. Me descubro dando vueltas a la misma idea compulsiva que se niega a abandonar mi alma desde que apareció hace poco más de veinte años atrás. Nunca estuvimos destinados a ser.

Escribir el final de una historia que me niego a aceptar, el ver que las letras parecen contrastadas contra el espacio en blanco le dan forma y realidad a todo aquello que me negué a ver. Lo hace real, lo proyecta al espacio tangible de mis sentidos y duele más que el recuerdo mismo o todo aquello de lo que me valí para que no tocara mis sentidos.

Recapitulo y siento la necesidad imperiosa de volver al capítulo seis, a ese instante precioso en el que todo pudo haber sido diferente y no fue, ese instante que podemos perder en un parpadeo sin saber que es el que definió el resto de nuestras vidas, o no.

¿Qué es lo que define la historia de un ser humano y lo distingue de un personaje nacido de la ficción, de la mente de cualquier creador?

Espero con paciencia que tome la estrepada del último tramo de la lectura y trato de evitar estar al pendiente de cada una de sus reacciones. El miedo me paraliza y espero la cruda verdad salir de sus labios.

Marzo 1993

Igual que estrepitosa fue mi llegada a Los Ángeles, lo mismo ha sido la seguidilla de eventos. No sólo he tenido que pararme por primera vez frente a una cámara, entrar a un estudio e interactuar con un mundo para mí desconocido. Termino de leer el guión hasta el final ante la mirada atenta de esos pequeños ojos verdes que me roban el aliento y me dificultan enormemente concentrar mi atención en cualquier tipo de actividad distinta a perderme en ellos.

-¿Y bien? ¿Qué te parece?

Su torso desnudo, esos pectorales de ensueño, su quijada mortalmente masculina y la barba de tras días de encierro me distraen por completo. ¿Cómo pretende que yo haya puesto un ápice de atención a un mundo de diálogos que no entiendo en absoluto?

-Interesante… raro.

Se tumba sobre su espalda y palmea sobre su pecho para que yo recargue mi barbilla en él, le gusta hablar conmigo desde ahí, como si no le fuera suficiente nuestra diferencia de estaturas, pretende mantenerla en posición horizontal, pero me agrada que me vea desde arriba, incluso que de cuando en cuando haga el esfuerzo por incorporar ligeramente su cabeza para hacer énfasis en alguna brillante frase o un algún agudo comentario que merezca una sonrisa de mi parte o incluso una carcajada.

-¿Te parece? Es la cosa más absurda que he leído en años. ¿En realidad crees que esto lo puedan mantener por más de tres capítulos? El día que veamos al primer maldito extraterrestre se acabó el chiste.

Acaricia mi espalda mientras habla y definitivamente es mi pie para comenzar a jugar ante la disyuntiva de dos posibilidades, o nos perdemos en esta hermosa madrugada en disertaciones profundas sobre la realidad posible de vida en otros universos y la estupidez absoluta de los escritores al pretender mantener una línea argumental insostenible o entretener mis hiperactivas manos ocupadas en algo más relevante.

-¿A dónde mujer? Tienes que estar perfectamente fresca y descansada para el gran día. Mañana es tu primera audición y yo no sé si estaré ahí para acompañarte.

Hago caso omiso a su insipiente rechazo pues sé que es incapaz de negarse a una siguiente ronda, pero él insiste. Noto algo extraño en su mirada y no sé qué es.

-¿Qué sucede? No pasa nada hombre. ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué no me den el papel? No se acaba el mundo David, puedo conseguir algo más.

Me mira con ternura y algo más, y ese algo no me agrada del todo. Me incorporo y me siento en la cama abrazando mis rodillas dándole la espalda.

-No soy la gran actriz, pero siempre puedo volver a limpiar mesas si es necesario.

Cuando mis inseguridades me asaltan parecen fieras hambrientas de sangre fresca y atacan sin previo aviso al primer incauto que se atraviese o las despierte. No lo siento moverse, pero sus dedos comienzan a trazar algún tipo de patrón sobre mi espalda.

-No es eso, es que yo mismo no alcanzo a comprender las implicaciones o alcances de todo esto… Tengo miedo.

Giro mi cabeza lo suficiente para volver a hacer contacto con su mirada. En verdad hay miedo en sus ojos y no entiendo a qué diablos le puede tener tanto miedo.

-¿Tienes miedo de no conseguir un trabajo? Ellos ya te seleccionaron…

Me interrumpe riendo y se incorpora para comenzar a depositar un camino de pequeños besos sobre mis hombros.

-Pues no con mucho gusto. Carter no está fascinado conmigo, estoy seguro que no le gusto, no le agrada mi trabajo. Además creo que…

Un pequeño cosquilleo comienza a desconcentrarme y ahorma mismo ya no quiero, necesito saber de qué va todo esto.

-¿Qué te preocupa tanto? Crees que no me he dado cuenta de las llamadas repentinas, de las salidas intempestivas, ¿qué es eso que no te deja dormir tranquilo? Sé que no debo preguntar más, primero porque no quiero saberlo, no me interesa en absoluto y por otra parte no sé si entenderé, sólo quiero que sepas que yo te apoyo en todo lo que necesites, pero no puedo hacer nada si no me lo dices.

-No tienes que hacer nada, sólo se tú y con eso será más que suficiente para conquistarlos como me conquistaste a mí, sólo basta con verte entrar a cualquier lugar para que lo ilumines todo.

-Eso lo dices porque te gusto, pero no es así. Yo no he conquistado a nadie en mi vida y si le preguntaras a mis ex compañero de clase, seguramente te dirían que lo único que sorprendía era ver a un bicho raro entrar por la puerta.

-Tú no eres un bicho raro… o por lo menos eres el bicho raro más hermoso que he visto en mi vida…

Hago el amago de enojarme, pero no puedo, la sonrisa en mis labios me delata, nunca puedo enojarme con él realmente. Es como un niño jugando y eso me impide pensar en otra cosa que no sea en lo hermoso que es. Continúa enmarcando su discurso con una carita de niño entusiasmado.

-… Ya sé. Si nada de esto sale bien, nos regresamos a NY a perdernos en Central Park, comer perros calientes y tirarnos en el pasto días enteros, yo puedo escribir y tú… Ser mesera ya no, porque llegaría cualquier idiota como yo y te llevaría con él, así que esa no es opción.

-Oye. ¿Qué insinúas? ¿Que me voy con el primer idiota que pase?

Se irgue firmemente sobre su espalda y pasa sus manos por un lado de su cuerpo como si presentara un producto en televisión.

-Soy el idiota más hermoso que te haya llevado, eso sí.

Me giro completamente y tomo sus mejillas con mi mano obligándolo a hacer un chistoso gesto con sus labios y los muerdo.

-Cuídate de los idiotas, que aparentemente son mi punto débil y el mundo está plagado de ellos.

Contra toda indicación y prudencia tampoco dormimos como se debe. El amanecer me sorprende entre sus brazos y mi cabeza sobre su pecho. Me parece el mejor lugar del mundo para ver el sol salir.

Trato de no hacer ruido cuando me levanto, me meto a bañar y al salir él aún duerme como un bebé. Tomo el ridículo bolso espantosamente grande, pero del que fui persuadida de comprar al quedarme sin mayor defensa ante una simpática vendedora que me aseguró que era la nueva tendencia en Milán y que pronto vería a todo mundo usarlas. Hasta ahora no he visto a una sola mujer con un bolso así de ridículamente grande y contrastado con mi tamaño se exacerba la percepción de su dimensión, pero por lo menos me ayuda a cargar más cosas de las que necesito y que mi pulsión obsesiva me obliga a prever en cualquier posible eventualidad.

Cuando cierro la puerta detrás de mí, echo una última mirada hacia donde él se encuentra y permanece aún dormido. Es un espectáculo maravilloso que comienzo a extrañar en cuanto cierro la puerta.

En el trayecto a las oficinas no hago más que tratar de recordad ese sinnúmero de parlamentos que no me hacen sentido y me aterra pensar que pueda paralizarme al momento de leerlos ante quien tenga que leer.

Me siento más que ridícula montada en este par se tacones que en mi situación parecen más un par de sancos. Pienso que en cualquier momento iré a parar al piso aplastada por mi monumental bolsa y con un tobillo fracturado, pero trato de mantener la línea lo mejor que puedo.

El no tan atento guardia del mostrador revisa en una lista tratando de localizar mi nombre, cuando evidentemente lo hace me extiende el gafete de visitante sin mayor amabilidad. Yo quedo en espera de cualquier otra indicación pues desconozco a dónde me debo dirigir. El tipo me observa con exasperación y me pregunta que qué espero. Me siento intimidada y mi escueta respuesta le pide indicaciones.

-La esperan en la oficina del señor Roth…

Sonrío como si supiera de qué diablos me está hablando, pero mi cuerpo sigue sin moverse, no sé a dónde diablos dirigirme, la única ocasión que estuve en esa oficina fui guiada por David y Randy ante mi evidente incapacidad de salir del asombro de encontrarme en un edificio de esas características, lo que me distrajo por completo y me impidió poner atención de a dónde me dirigía. Con mayor exasperación el tipo me ayuda aún contra su voluntad.

-Último piso. La secretaría le indicará que hacer.

Yo sigo sin entender, no es que nunca haya asistido a ningún casting, pero en definitiva no me parece el procedimiento convencional.

-Pero yo vengo a un casting… The X-Files… no sé…

Corro el riesgo de que el tipo me saque a patadas del lugar, pero en verdad no entiendo por qué debo dirigirme a la oficina de alguien en lugar del espacio destinado para el casting.

-A la oficina del señor Roth, es lo que indica mi lista, no dicen nada de ningún casting.

Ante la evidente exasperación del hombre no me queda más que acatar sus instrucciones a pesar de que no me hagan sentido. Camino con lentitud pues el temor de caer es mayor a los nervios que una situación desconocida me provoca. Prácticamente cuento los pasos para ver si mi cerebro logra concentrarse lo suficiente en mantener el equilibrio. Maldigo al que se le haya ocurrido un invento de tortura de tal magnitud, los zapatos de tacón deberían estar en exposición en cualquier sala de museo dedicado a la tortura.

Al subir por el elevador imagino que en el piso al que debo llegar estarán el resto de los aspirantes o las aspirantes al papel. No recuerdo con exactitud, pero me parece que el espacio no era lo suficientemente grande como para albergar a muchas personas. He asistido a castings donde somos cientos de aspirantes y más tratándose de una posible serie de televisión.

La puertas se abren y no veo a nadie más que a la amable secretaria de la vez anterior.

-Buenos días señorita Anderson, tomo asiento por favor. El señor está muy ocupado, pero la estaba esperando. Tiene una junta con los directivos y el señor Carter. Espere por favor… ¿desea algo de tomar?

Cavilo las posibilidades, tengo miedo de desplazarme más de lo debido con toda esta parafernalia que traigo a cuestas, así que declino amablemente la invitación a tomar cualquier cosa. No quiero tener que moverme más allá de lo necesario.

Tomo asiento en el sillón individual que se encuentra a un costado de la puerta de la oficina y bajo la mirada atenta de la secretaria o recepcionista. La moda nunca ha sido lo mío, pero al ver el hermoso atuendo de la chica comienzo a repasar mentalmente el mío. ¿Vendré correctamente vestida? Desconozco la definición de eso y me recuerda la recomendación del hombre en el elevador tiempo atrás. No reparé en eso pues lo olvidé casi de inmediato después de terminar en un hotel a pocos kilómetros de aquí. Una expresión involuntaria sale de mi boca y llama la atención de la atractiva señorita.

-Fuck…

Me mira con extrañeza para luego regalarme una sonrisa y yo corresponder apenada. Escucho el sonido típico del arribo del elevador y la campanilla que lo acompaña. Desde donde estoy se puede escuchar más no ver, pues queda de frente al mostrador y yo estoy a un costado. La sonrisa de la mujer resplandece y los ojos se le iluminan.

-¡Hermosa! Tengo cita con el señor, me podrá…

Desde el momento que escuché la expresión un balde de agua helada cayó sobre mí. Era su voz, era él y lo reconocería a cinco kilómetros, no necesitaba verlo. El rostro sonrojado de la mujer me enfureció el doble. En el momento en el que entré en su campo de visión se detuvo de golpe, pero no modificó un ápice su tono o comportamiento. Hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo escueto y continuó su trayecto hasta el mostrador en tanto la mujer le respondía con un entusiasmo descomunal.

-¡David! Yo encantada de hacerte pasar, pero el señor está en una junta y además está esperando a la señorita.

La chica dirigió su mirada hacia mí haciendo énfasis en la última palabra como si encerrara una doble intención. Él se giró nuevamente para verme y saludó verbalmente.

-Hola.

Así, sin ningún tipo de emoción, como si efectivamente no me conociera en absoluto. Yo no sé siquiera si respondí al saludo pues el flujo sanguíneo a mi cerebro bombeaba con tal fuerza que estoy segura de que mi rostro estaba más que enrojecido y mi pensamiento totalmente obnubilado. Después de saludarme así, giró nuevamente recargando todo su cuerpo sobre el mostrador acercándose demasiado a la mujer ante la estúpida reacción de ella, como si de una colegiala se tratara. Comencé a sentir náuseas.

-Dime hermosa, ¿no crees que el Señor Duchovny no merece más deferencia? Si me hace esperar me tendrás que compensar tú.

La mujer comenzó a reír como niña estúpida. Mi respiración ya rallaba en bramido, mis fosas nasales se expandían y contarían sin control, siguiendo el ritmo de mi agitada respiración.

La puerta a mi costado se abrió de golpe y en efusivo saludo retumbó en toda la sala.

-¡David! ¿Qué haces aquí hombre?

El cínico no desvió la mirada del escote de la mujer cuando le pasó el dedo por la barbilla y le dijo sin intención alguna de ser discreto.

-Luego vuelvo por mi compensación hermosa.

Todos los hombres que salían de la oficina rieron al unísono ante tan galante gesto ignorando mi presencia por completo.

-Pasa hombre, te estábamos esperando…

Mientras el tipo ese, el tal Roth lo tomaba por el hombro para dirigirlo a la oficina continuó hablando sin percatarse que yo estaba ahí, sentada a un lado de él.

-…Mira, acabamos de tener una pequeña junta y creo que necesitas conocer a los directivos, yo les estaba diciendo que tú tienes una magnífica propuesta para la que puede ser tu compañera, Jennifer Beals es un bombón de chocolate divino…

Las voces se perdieron detrás de la puerta mientras la mujer del aparador no hizo el menor esfuerzo por anunciar mi presencia, simplemente se limitó a mostrarme una sonrisa estúpida.

No sé cuanto tiempo pasó, sólo podía escuchar estruendosas carcajadas de cuando en cuando y que no mermaban mi enojo. Sabía a la perfección que el acuerdo era mantener nuestra relación en secreto, que incluso nadie debería saber que nos conocíamos, ¿pero eso? ¿Eso era parte del trato, era necesario tal despliegue de galán conquistador? Me hacía cuestionarlo todo, en principio qué diablos hacía yo sentada en ese sillón esperando quién sabe qué cosa y en segundo lugar, replantearme si verdaderamente el hombre que conocí en ese lugar en Nueva York era realmente el que conocía. Si todo esto no fuera más que una estúpida pantalla, que yo no fuera más allá de una conquista de ocasión. Yo qué podría saber de su modus operandi, no le conocía en absoluto y eso fue lo que más me aterró. ¿Cuánto podemos llegar a conocer realmente a una persona?

Nuevamente la puerta se abrió para que únicamente él saliera, cerrando tras de sí se dirigió a mí.

-Soy David. ¿Vienes para lo del papel? Si quieres podemos leer unas líneas, yo soy una de las opciones y creo que te podría ayudar practicar conmigo.

El derroche de testosterona parecía insoportable. Extendió su mano a manera de saludo y respondí escuetamente, realmente prefería evitar el contacto físico con él a menos que mi mano fuera a parar en su mejilla en forma de cachetada. Hasta el tono de su voz se transformó en algo que me pareció casi repulsivo., lo único que menguó un poco la sensación fue la cara de decepción de la mujer que nos observaba.

-No escuché tu nombre. ¿Eres de aquí?

Se puso en cuclillas a lado mío mientras preguntaba y yo respondí con frialdad mirando al frente.

-No lo escuchaste porque no lo dije. Soy Gillian y no soy de aquí.

Yo podía ver las reacciones de la mujer pero no quería ver las de él. La mujer se sorprendió un poco con mi fría respuesta, pero su indignación era mayor a su sorpresa, evidentemente él me estaba prestando atención a mí y no a ella.

-Déjame adivinar… ¿Nueva York? Tienes toda la pinta de ser una chica rebelde de Brooklyn.

En tanto yo sacaba las desordenadas hojas del guión de la descomunal bolsa, me limité a responder sin prestar atención a su pregunta o afirmación o lo que fuera que haya salido de su boca. Entregué las primeras que salieron de aquella caja de pandora y él comenzó a revisarlas.

-Perfecto, mi escena favorita… la del motel.

Los ojos de la chica se abrieron de forma poco discreta. Él comenzó a leer sus muchos diálogos y en cuanto comencé a escuchar su voz giré mi cabeza para encontrarme con sus ojos, el diálogo lo requería pero mi alma más.

Respondí con fluidez, los diálogos salían de mi boca automáticamente. Hacía años que me sucedía, a pesar del terror que me producía el olvidar en cualquier momento una línea de texto en el escenario, sin saber cómo, al momento de necesitarlo las palabras surgían de mi boca como por arte de magia. Nunca necesite de apoyarme en el texto para un ensayo.

Quizás sólo fueron un par de minutos, quizás una eternidad en la que nos perdimos en un océano profundo, su mirada y la mía, nada más en el universo.

-Sonido del teléfono… y hasta ahí terminamos. Gracias Gillian, nos vemos abajo.

Se levantó y dirigió rumbo al elevador. Antes de desaparecer de mi vista se giró sobre su eje.

-Gillian de Nueva York ¿cierto? Con G, no con J.

Me guiñó un ojo y se volvió a continuar con su camino hasta desaparecer por completo de mi campo de visión, yo no atiné a decir nada ni permitir que mi rostro mostrara ningún tipo de reacción. La voz de la mujer me sacó del momento.

-Cuidado con él, es un conquistador.

No atiné a responder pues la puerta se abrió en ese instante y los hombres salieron de a pocos en un desfile de testosterona que me ignoró por completo hasta que aparecieron Randy, Carter y Roth.

Peter Roth con un gesto me indicó que pasara a su oficina en tanto le indicaba a la secretaria que llamara a no sé quién.

Tomé asiento mientras él terminaba de girar instrucciones para después cerrar la puerta tras de sí.

Se sentó detrás de su escritorio y acto seguido me pidió que me pusiera de pie. Me observó con detenimiento y descolgó el auricular para girar nuevas instrucciones. Tras colgar.

-Tenemos que hacer algo contigo, no puedo presentarte así.

Guardó silencio y mientras masajeaba su barbilla yo sólo pensaba en volver a tomar asiento pues el dolor en mis pies comenzaba a hacer mella en mí.

-¿Puedo…?

Pregunté más por cortesía que por pedir permiso, pero él negó con la cabeza.

-No, no. Espera que no tardan.

Un par de golpes en la puerta indicaron que habían llegado las personas que él había ordenado, evidentemente la gente corría para complacerlo.

-Adelante.

Ni bien comenzaron a entrar un séquito de mujeres, él giró instrucciones a diestra y siniestra como si yo no fuer más que un objeto a reparar.

-Hagan algo con ella, el peinado por el amor de dios y esos zapatos. Evidentemente necesita maquillaje, el personaje debe verse adusto, serio… mayor.

Las mujeres no preguntaron y acataron órdenes de inmediato. Me sentaron en la silla y se lanzaron sobre mi humanidad sin chistar. Yo me dejé hacer de la misma manera, pero eso no evitó que mi molestia fuera en aumento. Yo sé que no soy la mujer con más sentido de la moda o el buen vestir, pero me parece ridículo que pretendan transformarme en un instante en alguien que no soy. Si mis características no dan con el personaje pues entonces que no me lo den y santo remedio.

-De prisa que no tenemos mucho tiempo, están esperando abajo.

En unos minutos las mujeres terminaron con su labor no sin antes aclarar que era lo mejor que podían hacer con tan poco tiempo. Apenas si se me permitió mirarme al espejo y reafirmar mi temor de que había terminado como un maldito payaso. Quizás era un poco exagerada mi percepción por la falta de costumbre, pero de igual manera no podía evitar la sensación.

Nuevamente alguien golpeó la puerta y acto seguido pareció el sonriente rostro de Randy detrás.

-¡Oh por Dios! Pero si estás hermosa.

Randy extendió su mano ofreciendo levantarme y al instante en el que alcancé la vertical por completo me besó en los labios y me abrazó con fuerza.

-¿Cómo está mi pequeña favorita? Ven conmigo, vamos abajo.

El resto ya se había adelantado y él deliberadamente me hizo bajar el ritmo, cosa que no era necesario pues yo no podía ir más rápido debido a los tacones y al peso del bolso. Me tomó la mano y comenzó a jalar de a pocos para que deliberadamente dejáramos que ellos se adelantaran.

-Está complicado pequeña. Ellos quieren algo distinto, pero confiemos en que todo saldrá como queremos. No quiero que te pongas nerviosa, pero ahora todo está en tus manos. Yo no puedo hacer mucho más si tú no les muestras lo que tienes y yo sé que lo tienes. ¿No soy el Rey Midas del casting? Confía en mí, si se los permites ellos verán en ti lo que yo vi en esos hermosos ojos azules desde el primer momento en el que te vi.

Tomó mi rostro entre sus manos y depositó otro dulce beso en mis labios para después susurrar muy bajo.

-¡Dios! Qué maldito suertudo es ese hermoso bastardo.

Me volvió a tomar de la mano y nos dirigimos al elevador. En cuanto llegamos al piso, las puertas se abrieron para enmarcar una nueva escena. David al fondo rodeado de unas cuatro chicas sumamente atractivas, con el clásico estilo de Hollywood. Exuberantes todas, con minifaldas y cuerpos esculturales, sonriendo de oreja a oreja con algún chiste del galán en cuestión.

Randy posó su mano en mi cintura y empujó levemente para obligarme a salir. Se inclinó para susurrarme al oído.

-Es parte del negocio pequeña. Su corazón es tuyo, créeme, lo conozco. Basta con verle mirarte.

David distrajo por un instante su vista del grupo de chicas y me dirigió la mirada manteniendo la sonrisa que ya tenía y compartía con las chicas. La sostuvo sólo un instante mientras Randy se perdía detrás de una puerta cercana al grupo de chicas. Me acerqué a un sillón que se encontraba libre, pues todas estaban de pie rodeando a mí chico. Perdí la mirada en el guión sólo para aparentar que leía y que nadie se acercara a mí, hasta que su voz me interrumpió de nuevo.

-¿Leemos unas líneas chica de Nueva York?

Ahora le respondí con una sonrisa y aparté mi mirada de las borrosas líneas del guión.

-Creí que eso ya lo habíamos hecho chico de…

Se levantó de golpe y extendió su mano para ayudarme a parar.

-De Nueva York también.

Me apartó un poco del grupo que nos observaba con atención.

-¿De qué parte de Nueva York eres?

Lo miré con extrañeza, parecía que genuinamente formulaba la pregunta y reparé en el hecho de que en todo este tiempo no habíamos hablado en absoluto de nosotros. Por lo menos yo no había dicho prácticamente nada sobre mí. Más allá de la cama había habido poco de pasado envuelto entre las sábanas y quizás de ahí provenía mi propia inseguridad. Mis palabras trastabillaron pues evidentemente había mentido, yo no era de Nueva York. Comencé a reír de forma nerviosa y cuando esos arranques me sobrecogen no hay poder humano que los detenga.

-No soy de Nueva York, no sé por qué te dije que sí. Es más, no sé en que momento te dije que era de ahí.

Me apartó un poco más, pero no lo suficiente como para que nadie nos escuchara hablar, el lugar era lo suficientemente pequeño para que eso no sucediera. Al parecer el asunto comenzaba a hacerse personal.

-¿Así que me mentiste? ¿Quieres leer conmigo o no?

Su semblante cambió drásticamente. Yo permanecía de pie frente a él sintiendo que esa no podía ser yo, me sentía más fuera de mi centro que nunca. Mi rostro maquillado como payaso o por lo menos eso sentía, los malditos tacones y la actitud de él. Todo aquello parecía un maldita película surrealista.

Alguien abrió la puerta donde supuse se encontraban todos los directivos y se dirigió a nosotros.

-Ustedes dos, ya que están en pareja vengan aquí.

David buscó mis ojos por un instante y mantuvo la mirada fija en mí por más tiempo del debido, pero eso me fue suficiente para anclarme a él. Las manos me sudaban y mi cuerpo completo comenzó a estremecerse.

Sus enormes pasos lo alejaron de mí con prontitud y al llegar a la puerta hizo una pausa y se giro para apresurarme.

-Vamos "G" woman.

En cuanto alcancé la puerta él colocó su mano en mi cintura y así entramos al diminuto espacio donde se realizaría la lectura. Todos los directivos estaban sentados a escasa distancia de donde nos indicaron debía ser nuestra posición. La iluminación era pobre y no entendí el motivo, generalmente se utilizan luces de set o sesión fotográfica, pero para sorpresa mía no había cámara que grabara la lectura.

Traté de ignorar la cercanía de todas las miradas y que eran únicamente hombres los que nos observaban. Evidentemente reconocí los tres rostros familiares, Randy, Carter y Roth. Miré a Carter esperando su indicación, pero me encontré con su mirada fija en las hojas del guión lo que produjo en mí una clara reacción de extrañeza. Mi ceja se levantó ante el evidente gesto de desinterés de su parte y el resto hacía lo propio a excepción de Randy. Una voz que no supe ubicar dio la instrucción de comenzar y entonces escuché la coz de David.

Lo que siguió lo vi entre brumas, no tengo claro cuanto tiempo transcurrió ni de qué forma. Sólo sé que mis ojos eran incapaces de ver otra cosa que no fueran esos ojos verdes o perderse de cuando en cuando en esos hermosos labios que se movían. La iluminación exacerbaba sus rasgos varoniles, hablaba con lentitud lo que produjo un efecto casi hipnótico en mí. Su voz llegaba con claridad a mis oídos y mi fascinación por él comenzó a hacer estragos. Pasó en más de una ocasión su lengua por sus labios humedeciendo ese labio inferior que sabe me enloquece y concentrada en esa acción simplemente escuché mi voz lejana. Supe que respondía en el momento preciso con mis diálogos pues de alguna manera mi cuerpo era consciente de ello, pero no tuve oportunidad de participar voluntariamente de la escena. Dejé que todo en mí fluyera y no hice nada por evitarlo. Fuimos él y yo en ese momento y nadie más.

La escena concluyó y una voz en alto me trajo de vuelta a la realidad de golpe.

-No quiero ver a nadie más.

Era el hombre rubio entrecano. Carter sonó lo suficiente determinante como para que todos se giraran a mirarlo y comenzaran a argumentar. En ese momento un frío espantoso recorrió todo mi ser. Seguramente lo he hecho tan mal que he arruinado la audición y no sólo para mí sino para el resto de las aspirantes que esperan en la estancia. El tipo parecía lo suficientemente molesto como para alzar la voz a los que trataban de disuadirlo o incluso le ordenaban que cambiara de parecer.

Uno de los hombre se dirigió a nosotros pidiéndonos que abandonáramos el lugar. Un nudo en mi garganta se fue gestando de a pocos, definitivamente había arruinado todo, nada de esto había valido la pena, pero me pesaba más por él que por mí, se suponía que yo debía haber demostrado capacidad para que ellos pudieran sostener su proyecto y no lo hice. Había defraudado a todos en un instante.

-Tú, ya te puedes ir y tú, espera afuera.

Mi confusión era tal que no alcancé a comprender a cuál de los dos dirigían cuál instrucción. Salimos y la puerta se cerró detrás de nosotros. Estaba a punto de tomar mi bolso y salir de ahí cuando David colocó su mano sobre la mía.

-Yo soy el que se va, tú espera aquí.

Y sin más se alejó perdiéndose en la nada. Tomé asiento envuelta en mi total confusión y esperé junto al resto de las chicas sin saber qué hacer. Se alcanzaban a escuchar algunas voces y un claro tono de discusión, pero era imposible saber el contenido de la misma.

Al tiempo, el mismo tipo que nos había llamado a David y a mí se asomó por la puerta para llamar a una chica más y otro chico de los dos que faltaban; con David eran tres en total. En definitiva no entendía nada, a mí por lo menos me había quedado claro que no querían saber nada más de mí, a razón de qué debía esperar.

Así continuó el desfile en tres ocasiones más hasta que finalmente el mismo hombre que llamaba a los aspirantes salió a informar.

-Por hoy ha sido todo, gracias pro asistir y nosotros nos comunicamos con ustedes para informarles lo que sigue. Los que no han pasado aún, ya se les llamará para informarles cuándo proseguiremos. Gracias a todos.

Con un grado de desconcierto todos nos levantamos de nuestros asientos para prepararnos a salir, pero el mismo tipo se aproximó a mí.

-El vestuario, aún no te puedes ir, necesitamos que devuelvas lo que se te prestó.

Las chicas me miraron con extrañeza y mi rostro ruborizado creo que causó más lástima que suspicacia. Me sentí tratada como una vulgar ladrona, como si me fuera a ir sin devolver las zapatillas y el saco. Una mezcla de vergüenza e ira se entremezclaron en mi estómago. Todos tomaron sus cosas y se retiraron mientras yo permanecía con mi guardia a un lado. En cuanto todos se alejaron lo suficiente el hombre me tomó por el brazo y me susurró.

-Quieren hablar contigo.

Y me escoltó de nuevo hacia el interior del lugar, pero nos encontramos con la salida masiva de la mayoría de los hombres que se encontraban dentro. Todos me ignoraron al pasar y la sensación de dirigirme ante un tribunal para ser juzgada por robo se incrementó.

Roth y un par de hombres que desconocía se encontraban de pie y hasta ellos me dirigió mi escolta. Uno de ellos comenzó a hablar acelerado intercalándose con los otros dos.

-Debes hacer algo con ese cabello y el vestuario…

-Necesitamos algo más formal…

-¿Seguro? Creo que el problema es que se ve demasiado joven, no parece de 27.

-No, necesitamos más escote, debemos compensar esa falta de estatura.

-Quizás más maquillaje, no sé… algo le falta.

Mientras deliberaban y me giraban instrucciones contradictorias, mi cerebro giraba en torno a una maldita pregunta ¿Si no les intereso, para qué diablos quieren que cambie algo? y como siempre, no pude contener el impulso y lo que mi cerebro pensó se vio impedido a pasar por el filtro de la conciencia y salió de mis labios.

-Si no les intereso, para qué quieren que haga algo con mi apariencia.

Todos guardaron silencio por un instante, intercambiaron miradas y fue Roth el portavoz.

-El jueves aquí y haz algo con ese cabello. Él quiere volver a verte.

Mi sorpresa fue mayúscula. Evidentemente se referían a Carter pues la mirada de todos se posó sobre él. Repetí por inercia.

-¿El jueves?

Roth respondió sin un dejo de amabilidad, parecía verdaderamente molesto y como si todo aquello fuera totalmente en contra de su voluntad.

-El jueves 18. Tenemos algunas cosas que discutir, nos permites.

Amablemente me corrió del lugar así que no me lo tenía que repetir dos veces. Me encaminé a la salida pero a un lado de la puerta se encontraban de pie Carter y Randy. Con un tono bajo Chris me murmuró.

-Compra o pide prestado un traje sastre y arregla tu cabello.

De nuevo con el maldito cabello, ¿verdaderamente será un desastre tal que todo el mundo hace énfasis en eso? Apenas y atino a asentir y largarme del lugar lo más pronto posible. Si el infierno existe, debe ser un día interminable de casting con los directivos de la Fox.

Cuando alcanzo la puerta de salida, la bocanada de aire es revitalizante, por lo menos dejar de respirar ese aire viciado me libera de esa carga invisible. El claxon de la lancha café llama mi atención, mi caballero andante aparece a mi rescate. Me quito el par de zapatos de tacón, los echo al interminable bolso y corro a su encuentro. Como si fuera chica de alquiler, me recargo sobre la ventanilla del copiloto.

-Sácame de aquí ahora.

Él estira su brazo para abrirme la portezuela al tiempo que ríe.

-No pudo haber sido tan malo.

Mientras entro al auto y azoto la puerta, le respondo compaginando mi molestia con el estruendo que produce la pesada puerta.

-¿De verdad está tan mal mi cabello? Cuando tenía quince años lo entiendo, ¿pero ahora? Dime la verdad…

Arranca a toda velocidad tratando de contener la risa sin lograrlo del todo.

-Bueno…

Mi mano va a aparar en su hombro en una pequeña palmada.

-¿De verdad? Si hubiera llegado con media cabeza rapada, el piercing en la nariz, mechones rosas y morados, lo entendería.

Abre los ojos descomunalmente y me mira con asombro.

-¿De verdad mujer? Que bueno que no te conocí así, no sé si tus hermosos ojos azules hubieran sido suficientes para reconocer a mi alma gemela detrás de semejante esperpento.

Se detiene en un semáforo lo cual agradezco para poder golpear su hombro a discreción con un sinfín de palmaditas.

-Oye, era una punk, no un esperpento.

Se lanza hacia mi cuello evadiendo la seguidilla de palmadas.

-Bueno, quizás tu olor me hubiera guiado, pero eso me hubiera hecho más difícil la labor y sí, debes hacer algo con tu cabello, no es que esté mal, pero no pareces una maldita agente del FBI, pareces más una estudiante de Class of 96.

Descargando toda la frustración y enojo le platiqué a detalle el resto de lo que él ya no presenció. Finalmente llegando a la casa y antes de descender del auto.

-Así que el jueves 18 tenemos el recast, entonces mañana al salón a arreglar ese cabello desastroso y hoy, ya que sobrevivimos al día qué te parece… ¡una cena a la Duchovny!

Lo tomo con mis dos manos sobre sus mejillas y con falso tono de ternura le replico.

-¿Desnudos en la cama con un par de emparedados o las famosas albóndigas?

Achica los ojos y sé perfectamente lo que se aproxima, yo misma lo he pensado antes de decirlo pero no quise evitarlo, para mí hay sólo dos formas de liberar tensión: Sexo y risas.

-No te hagas que adoras mis albóndigas.

Tomo sus labios entre los míos y sobre ellos le digo.

-Cállate que no me tienes nada contenta… ¿La recepcionista?

Él me toma por el cuello e imita mi movimiento, con una sola mano abarca casi la totalidad de mi rostro apretando un poco mis mejillas y profundizando el beso superficial que yo había comenzado, para de golpe soltarme y mirarme profundamente a los ojos.

-¿Qué con la recepcionista?... ¿Estás celosa?

Hago el intento de alejar mi rostro pues el golpe de recuerdo no me es agradable, no sé definir si son celos o no los que la producen, lo único que me queda claro es que no me gusta.

-Yo no soy celosa, creo ya haberlo dicho antes. Todo esto me desconcierta, no sé dónde estoy parada ni qué terreno estoy pisando. Quizás no soy la mujer mas brillante que hayas conocido en tu vida, pero sé cuando algo no marcha como debería y hoy sentí que yo no tenía nada que hacer ahí.

Su gesto de extrañeza es respaldado por un entrecejo un tanto descompuesto y en sus pequeños ojos se dibuja un enorme signo de interrogación.

-¿Por lo de la recepcionista?

Ahora sí hago un esfuerzo por liberarme de sus manos que aprisionan mi rostro y cabeza.

-No reduzcas esto a un simple berrinche de mujer celosa David, ya te he dicho que no lo soy, pero te das cuenta de lo que puede implicar para nosotros el que todo esto camine. Qué pasará si consigo el papel o peor aún, si como dice tu amigo Randy, todo está dispuesto para que suceda o no.

Su semblante se torna serio y adusto. En general yo no tengo muy buenos recuerdos de pláticas o discusiones dentro de un automóvil, preferiría sustituirla por algo distinto, pero me sabe mejor hacerlo aquí que en el departamento, no quiero hacer de ese lugar en el que compartimos la cama y algo más, un campo de batalla.

Él continúa después de una pequeña pausa, parece estar buscando las palabras adecuadas.

-No te voy a negar que soy consciente de que esto es algo importante, no sólo para mi carrera sino también para las personas que me lo han pedido. Sé que aunque no sea mi proyecto soñado, hay algo más que me obliga moralmente a sentir la responsabilidad de continuar, pero ahora mismo no quisiera que fuera algo que se interpusiera entre nosotros.

Mira al frente mientras habla y no me dirige la mirada, sólo se pierde en sus pensamientos y los manifiesta conforme las palabras van fluyendo. No quiero hacer preguntas tontas sobre algo que no entiendo del todo, sólo sé que es importante para ellos y a mí lo único que me interesa es apoyarlo a él. Coloco mi mano sobre su antebrazo para llamar su atención y que me mire cuando le diga lo que pienso, necesito que vea en mis ojos que no miento ni pretendo tomar una postura falsa ante esto.

-Mira, no quiero que hagamos una tormenta en un vaso de agua. No necesitamos justificar ni explicar cada una de las cosas que hagamos, simplemente yo confiaré en que tú harás lo que tengas que hacer y yo trataré de hacer lo mismo. El que la vida nos haya hecho coincidir no significa que dependamos el uno del otro. Estamos juntos ahora porque así lo queremos y no creo que haya mucho más que analizar al respecto.

Ahora me mira como si se hubiera liberado de una carga, con infinita ternura me observa y sonríe de lado.

-¿Qué diablos habré hecho yo para merecerte?

Fox Home Entertainment

2121 Avenue of the Stars

# 100, Los Angeles, CA

Jueves 18 de Marzo 1993.

No fue suficiente con enfrentarme al infierno de pasar todo un día en un salón de belleza sin poder decirle a las chicas qué era lo que realmente necesitaba, yo misma no tengo idea de lo que buscan ver en mí, sino que además tuve que poner a prueba mi escaso sentido de la moda. En el salón sólo atiné a decirles que necesitaba verme mayor y formal. Hicieron lo que pudieron con indicaciones tan vagas y heme aquí de nueva cuenta camino al casting sin saber qué diablos hago.

Recorro el camino ahora ya conocido para mí. Una pizca de seguridad me reconforta en el mar se desasosiego, pero la vida nunca es plana y he aprendido que definitivamente cuando crees estar preparado para cualquier circunstancia se presentará ante ti la única que no consideraste.

Yo me entero de todos los comunicados porque Randy es el que se los hace saber a David, de otra manera hubiera sido demasiado fácil descubrirnos. En esta ocasión nos han citado a ambos a la oficina de Peter Roth antes del recast. Evidentemente debemos llegar por separado y mantener este teatro.

El guardia parece reconocerme pero eso no aumenta su grado de amabilidad en lo absoluto, simplemente me extiende el gafete de visitante sin hacer preguntas. Me dirijo sobre pasos ya andados hasta la oficina donde me recibe la exuberante señorita de mis infiernos y me concentro en ella sin fijarme en que no soy la única persona en el lugar. Caigo presa de un abrazo efusivo y a pesar de mi sorpresa, sé perfectamente de quién se trata.

-¡Pequeña hermosa! Te esperan ya, pero como toda una princesa es mejor que los hagas esperar. Date a desear, que tu presencia sea siempre el ulterior regalo, que únicamente lo puedan conseguir si pagan el precio justo.

Trato de entender sus palabras, pero entre la sorpresa y la complejidad del mensaje me siento perdida entre palabras. Creo que mi expresión apoya mis pensamientos, pero Randy continúa en su soliloquio y aparente discusión interna.

-Bueno, tampoco debes convertirte en una diva de Hollywood sin cerebro, porque yo sé que esa cabecita loca está llena de inteligencia, utilízala siempre a tu favor.

Toma mi mano y me hace girar sobre mi propio eje como si de el final de un baile se tratara para terminar sujetando mis hombros y poner suma atención en mi rostro, en tanto yo no atino a articular una sola palabra.

-Déjame verte. ¡Por Dios! Este rostro de belleza sofisticada lo veré hasta el cansancio en todo el mundo y por muchos años. Nadie podrá negar que sigo teniendo el toque de Midas. Ahora sí estás perfecta, casi tanto como mi Jodie.

Deposita un pequeño beso en mis labios y con la misma delicadeza de siempre toma mi mano y me conduce hacia la puerta.

-Hasta aquí la compaña su primer y más ferviente admirador señorita. No los haga esperar más.

Abre la puerta y con su mano me indica el camino. No ha tocado para anunciar mi llegada ni he escuchado que la señorita voluptuosa tampoco lo haya hecho. Creo que se perdió en la escena que Randy representó ante ella. Peter se encuentra sentado en su silla, David al frente de él y del otro lado del escritorio, Carter sentado en la otra silla a un lado de David. Peter me recibe con efusividad en la voz, pero no hace nada más que eso y David se limita a girar su rostro para observarme, el único que se pone de pie y de inmediato me ofrece el asiento es Chris Carter. La voz en cuello de Roth rebota en las paredes.

-Siéntate por favor, estábamos comentando con los muchachos que moríamos de ganas de ver tu transformación.

Mientras Carter separa la silla y la acomoda para que yo tome asiento, Peter continúa con un tono no del todo agradable para mí.

-Mejor, mucho mejor, pero creo que todavía hay mucho por hacer. ¿No te parece Chris?

Hay algo en el ambiente que no logro reconocer y la falta de respuesta de Carter me lo confirma. La densidad aumenta en el momento en el que el señor Roth abre uno de sus cajones y deposita sendos paquetes de hojas sobre su escritorio.

-Perfecto, ahora sólo tienen que firmar.

Aproxima un tomo a David y otro a mí. Coloca un bolígrafo sobre cada uno de los abultados paquetes de hojas.

-Tuvimos que ceder en algunas cosas, ciertos términos legales que ninguno de nosotros comprende, pero que el departamento legal exige por mero trámite. Ya saben, cosas de abogados; confidencialidad, residencia, honorarios, regalías, y un extenso etcétera…

En ese momento mi cabeza comienza a perder contacto con la escena que observo, sé que habla, pero por alguna razón sus palabras no llegan a mis oídos. No entiendo que hago aquí y no abajo en el recast, quiero suponer que esto significa que ya no lo habrá, que de alguna manera me han elegido sin mayor trámite como había dicho Randy y eso me pierde en el sinnúmero de detalles en los que según yo tuve que perder el tiempo; mi peinado, el vestuario, accesorios y zapatos, que dicho sea de paso son los mismos que me prestaron, que no entregué la ocasión anterior y que por supuesto entregaré ahora mismo en el momento en el que termine todo esto.

Desconozco el tiempo en el que mi cerebro ha decidido salir de paseo y perderse en el mundo de los detalles banales y es en el momento en el que me percato que Peter ha hecho una pausa en su discurso, que mi cerebro se siente regañado. Roth me ve directamente a los ojos y sospecho que espera una respuesta de mi parte, pero continúa en el instante en que se percata que ha vuelto a captar mi atención.

-…sólo sepan que estamos haciendo historia. Firmen en los recuadros que correspondan a su nombre, en cuanto lo hagan pueden ir al recast. Todo el mundo debe estarlos esperando.

No entiendo absolutamente nada. Si no son los contratos del proyecto entonces qué diablos nos está pidiendo que firmemos. ¿Debo presentarme al recast, pero antes debo firmar un contrato? Quisiera preguntar y salir de la duda, no sé lo que debo hacer. Mis ojos buscan con desesperación los de David, pero él, envuelto en su papel de indiferencia no se digna a mirarme ni por equivocación.

Ahora es Carter el que me observa con detenimiento esperando a que yo haga lo que me piden. No distingo ninguna expresión en su rostro, simplemente espera, pero tampoco me presiona.

Aborrezco la sensación de absoluta soledad en compañía, la he vivido siempre, la he sentido siempre, pero nunca como hoy. Aspiro una profunda bocanada de aire y mi visión periférica me permite percibir el movimiento de David firmando cada una de las páginas del mamotreto. Me hubiera gustado tener un instante para pensar y otro para leer lo que firmo, pero no hago ni el intento pues no he traído conmigo mis lentes de lectura y sin ellos, aunque quisiera hacerlo me sería imposible. Me resigno y confío en que David sepa mejor que yo lo que estamos haciendo.

Firmo lo más rápido que puedo cada una de las páginas ante la atenta mirada de Roth y Carter. Al finalizar y dado que yo me había retrasado, Carter ya estaba firmando el tomo que ya contaba con la firma de David. Roth me guiñó un ojo y comenzó a hablar de nuevo.

-Listo, los esperan en el recast y tus hermosas contrincantes han venido desde Nueva York y su trayectoria nos exige no hacerlas esperar. Muchas suerte señorita y de lo mejor de sí. Esperemos que lo que haga sea del agrado de los directivos.

Su comentario me parece incisivo y malicioso, evidentemente está dejando en evidencia que yo no poseo dicha trayectoria y que no soy nadie para hacer esperar a las estrellas, además de dejarme en claro que a diferencia de lo que había supuesto en un principio, aún me encuentro en la lucha por el papel.

Mi alma rebelde hace su aparición y en cuanto salimos de la oficina me dirijo al sanitario. Como debo mantener el juego en el que se supone que David y yo no nos conocemos, ni siquiera me digno a informarle que no bajaré junto con él.

Al descender al mismo piso en el que se desarrolló el primer casting, las puertas del ascensor se abren para mostrarme un déjà vu completo, David rodeado de mujeres con la única variante de los personajes que lo representan. Cynthia Nixon y Jill Hennessy, son a las únicas que puedo reconocer, pero es suficiente como para saber a lo que me enfrento ahora y sentirme perdida sin haber jugado.

Todas ellas son altas y espigadas, con todo la pinta de estrellas de Hollywood, con la trayectoria y credenciales suficientes como para sacarme del carril sin siquiera haberme colocado.

Como éramos muchas menos que la ocasión anterior, todo transcurrió con mayor celeridad y en esta ocasión no fui la primera en pasar, tuve que esperar mi turno y verlas entrar, salir con un aire de suficiencia y seguridad que evidentemente yo no poseía.

Jill fue la única que se aproximó a mí y entabló una superficial plática conmigo. Me dijo que su apretada agenda la había traído hasta aquí, pero que la requería de vuelta en Nueva York a primeras horas de la mañana. No es que le haya prestado mucha atención, pero en vista de que no tenía otra cosa en la cual enfocar mi atención y no martirizarme por lo que evidentemente estaba perdido, decidí pasar el rato lo mejor posible.

Observaba con detenimiento a cada una y me imaginaba a David compartiendo miles de horas de trabajo a lado de cualquiera de ellas. Los visualizaba y hacía un esfuerzo por representarlos frente a mis ojos; sus complexiones, estaturas perfectas, sus rostros armónicos y yo como el lado opuesto de esa moneda.

Al finalizar nos agradecieron a todas y con algo parecido a la consabida frase de "Nosotros les llamamos" dieron por terminado mi suplicio, evidentemente con algo más acorde con el nivel de las aspirantes "Nos comunicaremos con sus agentes a la brevedad" Creo ser la única del selecto grupo que no cuenta con uno, lo que de inmediato me indicó que evidentemente yo no estaba incluida en esa lista y por lo tanto fuera de toda posibilidad de haber obtenido el papel.

No sabía que pasaría con David y conmigo de ahora en adelante, pero de cualquier forma ya veríamos qué nos depararía el destino. "Sino estamos destinados a ser, no hay nada que podamos hacer y si lo estamos, entonces tampoco estará en nuestras manos" Lo qué sí era una verdad de peso, era que ya no tendíamos por qué ocultarnos más y el darme cuenta de eso algo se detonó dentro de mí.

Una abrasador sensación comenzó a envolver todo mi ser y se gestó en mi pecho una emoción desconosida.

Yo podría viajar con él y acompañarlo en su nuevo proyecto, pero al yo no ser parte de eso, ya no tendríamos que fingir o pretender nada. El futuro se proyectó en mi mente con tal claridad que casi pude tocarlo con las manos.

Imaginé cómo serían esos días de grabación sin mí, pero al tiempo pensé en que podía esperarlo en casa y mimarlo después de sus intensas jornadas de trabajo. Un perro a nuestro lado y quizás algún pequeño jugando por ahí.

Por primera vez en mi vida una imagen así tuvo cabida. Me imaginé en ese momento en el seno de una familia conformada por nosotros tres y nuestra mascota. En un instante el mundo cambió para mí, una ilusión que llenaba mi corazón por completo se apoderó de mi alma en ese instante haciéndome sentir completa.

No habría obtenido un papel, un trabajo seguro o estable, pero tenía en mis manos el futuro de una vida sencilla sin fama ni fortuna, pero a su lado y era lo único que en verdad me importaba.

Desde el momento en el que dieron el anuncio de finalización del recast, me dejé envolver por la ensoñación dejando que todas esas imágenes que hasta hace poco me producían ganas de huir, me invadieran por completo.

Un jardín no muy grande para que el perro y nuestros hijos jugaran, tiempo para decorar una casa y criar los niños o quizás hasta cocinar yo misma u hornear de cuando en cuando un pie de manzana.

Me visualicé junto al mar con él a mi lado disfrutando de unas merecidas vacaciones. En ese momento me asaltó un recuerdo y repasé en mi memoria sus propuestas de matrimonió. Si en algún momento decidiéramos casarnos, me gustaría que fuera junto a la playa al atardecer.

Cómo es posible que un simple evento, que el hecho de no haber obtenido un trabajo pueda significar el quiebre que desvíe tu vida hacia lugares que nunca imaginaste y en mi caso, a un sueño que nunca me permití soñar.

Creo que una estúpida sonrisa comenzó a asomar en mi rostro, todo parecía iluminado y vaporoso como en un hermoso sueño y entonces lo vi aparecer ante mis ojos.

Su hermosa sonrisa me recibió de frente y comenzó un trayecto que me pareció la gloria en esplendor. El primer instante del resto de nuestras vidas.

Continuará…

FINAL DE LA PRIMERA TEMPORADA.

PRÓXIMAMENTE ESPERA LOS AVANCES DE LA SEGUNDA TEMPORADA EN MI CUENTA DE TWITTER Roma_X