Cuando volvieron al salón de clases, Marinette ya estaba ahí, y su cara estaba ardiendo, parecía un fruto rojo. Seguramente ya era novia de Nathanael. Seguramente. No había duda.
—El siguiente grupo está compuesto por Adrien, Marinette, Nino y Alya.
Anunció la profesora, ahora ellos debían exponer y Adrien ni siquiera se había acordado. Todo lo que había estudiado, había desaparecido de su cabeza como si nunca hubiera estado allí.
Marinette se levantó, aún nerviosa, pues se notaba en sus movimientos tambaleantes. Alya le siguió, y luego Nino, que miraba de manera sospechosa a su mejor amigo.
—Adrien... —susurró Nino—. Debemos exponer, levántate.
Adrien salió de su trance y se levantó rápidamente. Solo quería terminar esa exposición e irse del lugar.
Incluso podía ver como Marinette observaba a Nathanael con la cara roja, y eso le molestaba, tanto, que rompió el papel que tenía sujeto con sus manos.
—Eh... A nuestro grupo le ha tocado exponer sobre una antigua historia, que nos lleva a tiempos remotos, y se centra en la vida de Myra y Allen.
Comenzó hablando Alya, al principio un poco nerviosa de tener todas las miradas sobre ella pero luego liberándose de aquello.
Miró a Adrien, pues a él le tocaba narrar la historia.
—Eh... —No se acordaba de nada, y había roto por completo el papel que tenía en sus manos.— No... no recuerdo nada.
Los otros miembros del grupo le miraron entre sorprendidos y enojados. ¡¿Cómo te olvidas de algo que hará salvar tu semestre?!
La profesora era la más sorprendida de entre todos los presentes, por lo que lo único que pudo hacer, fue mandarles a sus lugares y colocarles un cuatro como nota.
La hora pasó, y los demás grupos expusieron. Lo hicieron tan bien, que obtuvieron buenas notas, incluso Chloé, que nadie le tenía fe.
El sonido del timbre se hizo presente, anunciando el final del día.
Todos salieron contentos, menos Adrien, que se quedó allí, y Marinette, al verlo, decidió quedarse para conversar con él.
—Adrien... sobre lo del grupo, quiero decirte que no estamos enojados contigo, bueno, Alya sí, pero yo no, digo, Alya estaba sorprendida pero luego enojada, y mejor dejo de hablar.
El chico de cabellos dorados rió levemente ante los nervios por parte de la contraria.
—Lo siento, por mi culpa, nos ha ido a todos mal. Mi padre me matará. Y hablando de mi padre, debería irme ya, seguro está esperándome en casa.
Marinette notó eso. Notó como quería evadirla y pasar de ella, pero no lo lograría. Ya había notado a Adrien muy distante últimamente, más de lo normal.
Antes de que saliera, lo tomó del brazo.
—¡Espera!
Él la miró asombrado, pero mantuvo su postura.
—¿Qué quieres..?
—Yo... necesito saber que te sucede. Estás más raro de lo normal. Incluso te olvidaste tu parte de la exposición, y tú nunca haces eso. Eres perfecto.
Todo había empezado tan bien, hasta que mencionó la parte de "eres perfecto".
Él no era perfecto, tenía muchísimos fallos, y los ocultaba tras su cara bonita.
—¿Quieres saber qué me pasa? —sonrió, pero fue una sonrisa falsa, casi irónica—. Pasa que ya no quiero verte.
—¿Qué...? ¿Es una broma, no? Adrien... yo sé que quizás tienes problemas pero quiero ayudarte, y si me alejas, no podré hacerlo.
—Mejor ve con Nathanael, él te cuida mejor, ¿verdad?
Y sin siquiera dejarle oportunidad de responder, salió de allí lo más rápido que pudo. Ignorando los pasos de Marinette tras de sí.
—¡Adrien! ¡Por favor, escúchame!
—¡No me sigas!
—¿Qué tiene que ver Nathanael con todo esto?
Y no pudo contenerse, se detuvo, y luego giró, para estar frente a la peliazul.
—Esto tiene que ver.
Y entonces... la besó.
