Mía…
Capitulo 6.
"¿Cómo estas tú…?"
-Mai… en serio no tengo ham…
Natsuki se quedo muda al ver quien entraba a su cuarto. Por la puerta no entraba Mai, sino Shizuru, la joven que conoció el día anterior en el parque.
-Hola Natsuki. –Shizuru saludo con una sonrisa y actitud tímida.
-Hola Shizuru… ¿Qué haces aquí? –Natsuki la miraba interrogante.
-Lleve tu chaqueta al restaurante del centro comercial. Mai-san me comento que estabas enferma. Le pedí su dirección para entregártela en persona además para traerte un poco de sopa de verduras y pollo, eso me da mi nana cuando enfermo…
Shizuru había dicho todo mirando la charola en sus manos y alzo su vista viendo que Natsuki tenía una pequeña gasa en su mejilla y un poco inflamados los labios. Se alarmo. Dejo la charola en la mesita pero en el movimiento tiro la cajita con los dijes de corazón. Natsuki abrió sus ojos, había olvidado esa caja, debía devolver lo que contenía. El corazón de Shizuru se estrujo, se miraba que era un regalo para alguien especial. Se recompuso, levanto la cajita, ambos collares y los coloco dentro, mientras lentamente se incorporaba. Se acerco a Natsuki, quien la miraba atenta. La ojirubi dejo la cajita en el buró al lado de la cabecera de la cama de Natsuki.
-¿Qué te paso? –Decidió cambiar de tema, estaba preocupada por la ojiverde.
El rojo mirar de Shizuru se clavo en el esmeralda de Natsuki, la ojiverde quedo como ida, pues no era capaz de apartar la vista de los ojos de Shizuru ni de contestar a su pregunta. Por su parte Shizuru sentía que podía estar horas mirando los ojos de su persona especial.
-¿Por qué estas triste…? -Natsuki lo soltó casi en un susurro al cabo de unos segundos.
-¿Cómo…?- Esto sorprendió a Shizuru. Se acababan de conocer hace menos de 24 horas y Natsuki podía distinguir que estaba triste.
-No lo estoy… -Shizuru respondió de manera apresurada y nerviosa.
-Tus ojos no brillan como ayer… -Shizuru suspiro, se sentó al borde de la cama de Natsuki. Por su parte la ojiverde estaba recargada en la cabecera de su cama. Se encontraba reflexionando sobre los últimos acontecimientos.
-…-
-Se que sonara cliché… pero… aquí estoy para lo que necesites Shizuru…
En la soledad del cuarto Shizuru comenzó a llorar, silenciosamente trato de hacerlo, sin embargo Natsuki la escucho. Era como cuando su madre lloraba a veces, tratando de esconderse de los demás porque algo la preocupaba o alteraba su paz. Natsuki se sintió como si estuviera de vuelta en Palacio, pero tal vez ahora si podía hacer algo más que solo quedarse ahí sin hacer nada. Natsuki se incorporo de la cama, se sentó al lado de Shizuru y la envolvió con sus brazos. La ojirubi al no esperarse esto, se sorprendió y dejo salir todo su sentir por medio de las lágrimas. Natsuki no dijo nada solo le daba pequeñas palmaditas y masajeaba de vez en cuando la espalda de Shizuru, era algo que su madre hacia cuando ella era pequeña y su padre la regañaba, ella se sentía reconfortada, deseaba transmitirle el sentimiento a Shizuru.
-Mis padres… ellos quieren que haga algo… estoy enojada y triste… -Al cabo de unos minutos Shizuru rompió el silencio, seguía bajo los brazos de Natsuki, la hacia sentirse mejor, protegida. Natsuki esbozo una triste sonrisa, mejor dicho una especie de mueca y sin pensarlo dijo.
-¿Qué todos los padres son así?
-¿Cómo? –Shizuru pregunto y se separo de Natsuki solo un poco para poderla ver. Aun tenia lagrimas y trato de limpiarse con sus manos, sin embargo Natsuki le extendió un pañuelo muy suave, parece de seda.
-Úsalo… por favor… -Natsuki le comento esto porque Shizuru miraba el trozo de tela con cautela, parecía no comprender. Lo que la ojiverde no sabía es que Shizuru se sentía muy especial por todas las muestras de amabilidad de Natsuki. Pensaba que aunque tuviera a alguien más, podría aspirar a ser por lo menos amiga de la ojiverde, se sentía feliz pero a la vez triste por ello, pero más feliz que triste.
-Gracias Natsuki… sabes desearía escapar… pero no tengo el valor…
-Esa no es la solución… mírame a mi también mi padre quiere que haga algo que no quiero… y eso que hace años "los deje" –El "los deje" lo decía haciendo unas comillas con sus manos. Acción que hizo sonreír a la ojirubi.
-Por lo menos no querrá casarte con una especie de… de príncipe… o algo así de la realeza.
-¿Qué?
…..
….
…
A varios kilómetros de ahí y unas horas antes, por el cambio de uso horario, una pelinegra de ojos color azul se encontraba en el comedor de Palacio. Sentada a la cabecera de la enorme mesa. Tenía cinco minutos esperando a sus hijos, Nina y Reito para comer como familia. A unos metros detrás se encontraba Sakomizu, el mayordomo de la familia y una sirvienta esperando indicaciones. Saeko hizo una seña para que sirvieran su comida, al parecer de nuevo comería sola. Estaban sirviendo sus platos cuando Reito se apareció por el enorme comedor. El azul mirar se ilumino, hoy era una fecha muy especial para ella, pensó que tal vez su hijo lo recordaría.
-Hijo, pensé que no vendrías a comer. Siéntate para que te sirvan. –Otra sirvienta estaba acomodando la losa para el joven príncipe.
-Estas en lo correcto madre, tengo que ir con Nagi a atender unos asuntos a la ciudad. Comeremos allá.
-Pero hijo.
-Mientras mi padre no está, tengo que atender los asuntos de la realeza. Este país no se dirige solo madre. Además tengo que ir conociendo todo lo relacionado con el Reino. Provecho madre. -Reito se acerco a Saeko, le dio un beso en la frente y se dirigía a la salida del comedor –Por cierto madre, Nina nos acompañara. –Y salió del lugar. De pronto el hambre se le había ido. Se entristeció, Sakomizu lo noto y le dijo a la sirvienta que se retirara, el se quedaría con la Reina, si la necesitaban la llamaría. Ambos se quedaron solos. Sakomizu seguía en su sitio unos metros detrás de su señora.
-Por favor Sakomizu, ven siéntate, come conmigo. -Sakomizu hizo lo que le decían, se sirvió y se sentó a comer con Saeko. Comieron en silencio, mejor dicho lo intentaron, ninguno tenía apetito.
-¿Qué hice mal? ¿En qué me equivoque? Diem Sakomizu ¿Qué hice para que mis hijos prefieran todo, menos el estar cinco minutos conmigo?
-Si me permite… no ha hecho nada malo, simplemente les toco nacer bajo el apellido Kruger, y creo que todos siguen esa tradición…
-¿El Reino antes que la familia? Legado… maldito… -Saeko se miraba derrotada, frustrada y decepcionada, estaba dolida, ella no pidió nada de esto. Tal vez era el precio justo por nunca revelarse, por seguir la tradición familiar, el ser un simple adorno para Viktor y para el Palacio. A Sakomizu no le gustaba verla así, la conoce desde que eran niños, básicamente crecieron juntos, son como hermanos mas allá de su relación laboral. Recordó algo que había olvidado, tal vez Saeko se sentiría mejor. Y no es que lo hubiera olvidado, sino que quería evitar que Reito lo viera antes y lo desapareciera.
-Tengo algo para usted. –Sakomizu se levanto de la mesa y salió del comedor. Unos minutos después regreso con un paquete. Se lo entrego a Saeko.
-Llego esta mañana, es de… Natsuki…
Sakomizu miro como el semblante triste de Saeko cambio a uno más alegre. Comenzó a romper elegantemente el borde de la caja, dentro encontró en primer plano una tarjeta. La tomo con sus manos para sacarla y sonrió al leer lo que decía "Feliz cumpleaños" decía aquel trozo de papel, la abrió y al instante comenzó a sonar una melodía, leyó el interior, unas líneas comerciales, que la hicieron seguir sonriendo, en la parte de abajo se podía leer que estaba firmada por Mai y Mikoto
-No mientas Sakomizu, esto lo mandaron Mai-San y Mikoto-chan.
-Nunca le he mentido.
Saeko lo miro con duda, volvió su vista a la caja y había más cosas. Lo siguiente era una carta, la tomo y girándola observo que estaba sellada con el sello real de Natsuki, sus otras hijas y Reito usaban el símbolo de su padre pero Natsuki tenía uno propio. Unas lágrimas salieron de sus ojos, su hija si se había acordado de su cumpleaños, no solo Mai y Mikoto, su pequeña rebelde también lo recordó. Estaba sonriendo aunque sus ojos tenían lágrimas. Al ver esto Sakomizu pidió permiso para retirar la losa y dejarla a sola.
-Gracias Sakomizu. Muchas gracias.
-No tiene que agradecer, le dije la envió Natsuki.
-Gracias. –Saeko le decía mientras apretaba el sobre contra su pecho, por su parte Sakomizu salió del comedor.
…..
….
…
-¿Eso quieren hacer tus padres? –Pregunto con duda.
-Sí, quieren que me case con un hijo de un amigo de mi papá… yo… no lo conozco…
-…
-¿Puedes creer que en pleno siglo veintiuno aun existan monarquías?
-Sí, de hecho hay varias aun…
-Parece de cuento ¿verdad? Cualquiera estaría feliz por casarse con un príncipe, pero yo no quiero.
-Dile eso a tus padres…
-Ya se los dije, no les importo… -Natsuki tenía un mal presentimiento, Príncipe, no quería hacerse ideas equivocadas, alguna vez escucho a su padre hablar de su época en Japón y de un amigo muy especial que tuvo, sería una broma cruel del destino que ese amigo sea el padre de Shizuru y mas que quiera casarla con el patán de su hermano. Así cataloga Natsuki a Reito. Pero no se adelantaría, quizá era alguien más. Muy en el fondo sabía que podía ser verdad pero se lo preguntaría sutilmente a Shizuru. No quería sonar desesperada por saber si su padre estaba detrás de esto también.
-Quisiera irme lejos de ellos, a un lugar donde nadie me conozca… pero soy muy cobarde…
-Créeme Shizuru, huir no es la solución… por mas lejos que te vayas siempre terminan por alcanzarte…
-Perdón Natsuki, estoy hablando mucho de mí. No quiero agobiarte con mis dramas.
-Alguien que se preocupe por mí y me trae sopa de verduras y pollo para que me recupere tiene derecho a "agobiarme" –Shizuru sonrió. Esa es la sonrisa que Natsuki siempre quiere ver en ella, la acaba de conocer pero no quiere verla triste. Se acerco a la mesita de su cuarto y tomando una silla se sentó a comer.
-Ven, cenemos.
Shizuru se levanto y se acerco a Natsuki, quien fue por otro plato para compartirlo con la ojirubi. Mientras Natsuki estaba fuera de su cuarto Shizuru no pudo evitar echar un vistazo al cuarto de la ojiverde, y en un rincón encontró ¿un bóxer de hombre? Esto solo logro alterar un poco mas sus sentimientos negativos, al demostrar, según ella, que la ojiverde compartía habitación con un hombre, eso la alejaba más de la idea romántica entre las dos, pero de nueva cuenta se repetía que por lo menos se conformaría con su amistad. Natsuki entro a su cuarto, dejando la puerta abierta y miro lo que Shizuru observaba, inmediatamente dejo el plato y los cubiertos en la mesa y se aproximo para tomar la prenda y meterla en un cajón del ropero.
-Perdón… -Natsuki hizo una reverencia, se miraba que estaba muy avergonzada.
-No te preocupes Natsuki. –Shizuru quería quitarle hierro al asunto. No era quien para meterse en la vida privada de Natsuki, aunque le encantaría. Natsuki le sirvió y ambas comenzaron a comer.
-¿Vives con tu novio? –De pronto Shizuru pregunto. Tenía mucha curiosidad.
-¿Qué? No… este…esos… yo… los uso… a veces… son cómodos… - Natsuki respondió mirando intensamente su plato de comida, no se atrevió a mirar a Shizuru en ningún momento.
-Oh… -Shizuru no sabía cómo interpretar el actuar de la ojiverde y tampoco sabía si lo que le decía era verdad. Tal vez, pensó, Natsuki no quería hablar sobre el tema de su novio, se acababan de conocer, aun no había la suficiente confianza.
- Además no me gustan los hombres, hablando románticamente… -Natsuki quería dejar el tema de los novios y ropa interior de lado, sentía que debía aclarar su situación con Shizuru para evitar malos entendidos.
-¿Te gustan… las chicas?
-Si…, algo así…
-Por lo menos eso no hará que te obliguen a casarte con un desconocido…
-… ¿A ti te gustan… las mujeres?
-Solo una… Ayer le dije a mi familia y la "solución" según ellos es el casarme con el príncipe de ¿Kruger?
-¿El amigo de tu padre se llama Viktor?
-Si… Viktor Kruger…
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Saeko había ido a su biblioteca personal, estaba llorando al estar leyendo la carta de Natsuki. La ojiverde comenzaba felicitando a su madre, deseándole los mejores deseos para su día. Eran unas cuentas frases pero para Saeko significaban mucho. Dentro del paquete estaban dos cajas más. Una, la más brillante y grande en comparación a la otra fue tomada por Saeko, quien la abrió cuidadosamente, dentro un juego de collar y aretes en color rosa, diamantes rosa. La otra caja un disco que Saeko inmediatamente puso en el aparato para ver su contenido.
El video comienza mostrando el fondo de un cuarto, y a alguien que ha prendido la cámara, a los pocos segundos ve que Natsuki se sienta frente, la ve, más hermosa que antes, tiene el pelo más largo y parece más alta. No puede evitar seguir llorando.
-"Mamá, feliz cumpleaños. Perdona por este silencio pero es por el bien de ambas, si Viktor se entera… no quiero que te haga daño… Estoy bien, crecí varios centímetros, creo que estoy casi al tamaño de Reito. Me va bien en la escuela, conseguí una beca. Mai y Mikoto envían saludos… muchos saludos y te desean feliz cumpleaños también… Yo… yo volveré por ti, te traeré conmigo y nunca tendrás que llorar de nuevo. Te quiero Saeko, te amo mamá…"
Saeko se acerco al televisor, se hinco y pauso la imagen, para ver a su hija y lloro, lloro como hace mucho no lo hacía de felicidad, por comprender que Natsuki no la odiaba, que la quería y deseaba llevarla con ella. Un deseo que tal vez su hija nunca llegaría a realizar, ella estaba atrapada en su jaula de oro, de la cual, comprendía, solo saldría cuando muera. Pero eso Natsuki no debía saberlo, ella tendría que seguir manteniendo la esperanza de su hija.
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Natsuki se puso de pie, se miraba nerviosa pero también enojada. Reacciones que no pasaron desapercibidas por Shizuru.
-¿Sucede algo Natsuki…? -Natsuki suspiro. Como era posible que su padre quisiera casar a una persona como Shizuru con el patán de su hermano. Tenían unas horas de conocerse pero la ojirubi no parecía mala persona y menos merecía terminar desposada con su hermano.
-Shizuru… yo… yo…
Hola, me escape un momento de mis "responsabilidades". Gracias por su comentarios. Espero les guste este nuevo capitulo. Una disculpa por los errores que encuentren, esto de escribir en el celular no esta nada bien.
Nos vemos.
