Una Noche En La Taberna
-Pasa por favor- dijo Aragorn con un hilo de voz. No podía creer que los hubiera escuchado. ¡Era imposible!...o al parecer no
Cuando Alewin entró, los hobbits estaban dispuestos a fingir de acuerdo con lo que Trancos les había dicho, pero se sorprendieron al ver que Alewin ya sabía todo.
-Permítanme que los acompañe hasta Rivendel. Quiero ir con ustedes- los hobbits confundidos por aquello miraron a Trancos, quien sólo pudo resoplar fastidiado de los problemas que la chica traía cada de que la veía
-No creo que sea necesario que vayas Alewin, por favor deja en paz este asunto de una buena vez. Guarda el secreto y déjanos continuar
-De hecho Trancos, Rivendel es mi próximo destino. Ahí conozco a alguien que me dará el dinero que necesito para pagarte. Aparte creo que esta tierra no es la mas segura de todas últimamente; necesitaras ayuda, toda la que puedas. Alguien capacitado que pueda hacer frente a los orcos
Los hobbits se encogieron de miedo ante la simple mención de aquellas horripilantes criaturas.
Alewin se sentó de nuevo en el sillón y esperó la respuesta de Aragorn, quien comenzó a caminar de un lado a otro frente a ella evaluando todas la opciones que tenía. De pronto se dio cuenta de que el aspecto de la chica había cambiado, y para ganar un poco de tiempo decidió hacérselo saber. Si ella le podía decir algo acerca de quién era tal vez consideraría que se uniera a ellos, pero, como la misma Alewin había dicho, últimamente no se podía confiara en nadie en aquellas tierras.
Los hobbits murmuraban entre si tratando de sacar sus propias conclusiones; como tampoco sabían gran cosa de la chica y muy poco de Trancos, la mente les daba vueltas y revueltas.
-Tu cabello- dijo Aragorn, llamando la atención de todos. Alewin se puso visiblemente nerviosa-¿Cómo creció tanto de la noche a la mañana?
-No te interesa saber...
-¡Claro que me interesa! como también me interesa saber por qué tienes una herida de esa magnitud en tus costillas. Por qué andas como un hombre por las mañanas, porqué estas aquí, quien eres de verdad. Todo eso me interesa y mas si de verdad quieres acompañarnos. Podrías ser peligrosa o trabajar para el mal. No sé quien eres ni tampoco cual es tu objetivo. Y ahora por un maldito descuido puedes arruinar todo- un destello de furia le iluminaba los ojos al dúnadan.
-Escucha. Creo que lo que tú quieres es la certeza de que no causaré problemas, así que te digo toda la verdad- la chica se puso de pie y encaró al montaraz. Sin embargo mantenía un estado de calma en sus expresiones- Existen muchas cosas que te rodean, pero que ignoras porque el tiempo de que las veas aun no ha llegado. En ocasiones tienes que confiar sin conocer, y esta es una ocasión así, lamento no poder aclarar todas tus dudas en este momento, de verdad quisiera, pero el tiempo aun no ha llegado. Solo te digo que camino a Rivendel contigo dispuesta a cuidar las espaldas de todos ustedes sin recibir nada a cambio. Por favor Trancos accede a mi propuesta
Aragor pensó en las palabras de la chica unos momentos. La verdad es que aquella respuesta no se la esperaba y por alguna razón l
Su argumento le recordaba los sermones de los grandes sabios como Gandalf o Elrond, aunque claro, la sabiduría de Alewin aun era joven. Aragorn quería mas tiempo para pensar las cosas, así que tomó una decisión
-Esta noche la pasaremos en esta sala, pues no es seguro mostrarse en público ahora que Frodo a mostrado el anillo a toda la taberna. Pude ver, después del "incidente", que unos sujetos caza recompensas, salían de la taberna murmurando y observando con atención. Existe la posibilidad de que ahora mismo el enemigo sepa donde encontrarnos
Los hobbits se juntaron como sí de esa manera se creara algún tipo de protección contra las oscuras suposiciones que tenía Trancos.
Alewin no se inmutó y observó las actitudes de Aragorn, siempre con aquella indescifrable mirada, que relajaba y hacia aminorar la preocupación.
-Entonces ¿Qué ocurrirá conmigo?- preguntó
-Quédate esta noche aquí, ayúdame a cuidar de los hobbits. Espero que no me esté equivocando. Sólo te advierto que al primer indicio que tenga de que no eres una buena persona...te mataré ¿Oíste, Alewin?
-Claro, haré que todo esto tenga sentido en el futuro, ya verás- diciendo esto Alewin se quitó el cinturón donde tenía las vainas de su espada y una daga. Le tendió las armas a Aragorn y solo pidió conservar el arco y carcaj. Muy sorprendido, el montaraz accedió.
Después de unas breves indicaciones todos se dispersaron por la habitación. Los hobbits crearon una cama cerca de la chimenea, y pidieron algo para cenar antes de irse a dormir. Aragorn se ocultó como siempre en la penumbra de la habitación en un viejo sillón, perecía que dormía pero Alewin sabía bien que estaba alerta y atento en todo momento, por su parte ella se había sentado en un taburete al pie de la ventana, callada y prudente permaneció siempre, con aquel gesto de seriedad pasivo.
-¡Merry!- gritó de pronto Pippin sacando de sus pensamientos a los humanos- Salió a tomar un poco de aire, pero no ha regresado
De inmediato Aragorn y Alewin se pusieron de pie y echaron mano a sus armas; él se acercó a Pippin para que le dijera todo lo que sabía de la última vez que lo habían visto. Alewin escuchaba atenta con la mano sobre la perilla de la puerta. Cuando el pequeño terminó de decir todo, Aragorn la observó, como si con sólo la mirada ambos pudieran deducir un plan
-Yo iré. Tu tienes que quedarte con Frodo- dijo Alewin mientras se ponía la capucha de su capa y tomaba el arco en sus manos. Sin objeción salió rápidamente cerrando la puerta tras ella.
La taberna comenzaba a ser limpiada ya, cuando atravesó el comedor corriendo en la penumbra que las paredes le brindaban, una vez fuera de la taberna el viento fresco hizo elevar sus ropas.
Ciertamente no sabía por donde comenzar a buscar a un hobbit, pero lo que más temía era que alguien le hubiera dado alcance y ahora todos estuvieran en peligro. Con una flecha cargada en el arco caminó por unas cuadras fijando la vista a todas partes.
Llegó a las callejuelas mas alejadas de la ciudad y la sombra de dos sujetos hizo que retrocediera, escuchó un momento, escondida tras un poste de madera. Era Merry a quien traían arrastrando aquel par de hombres. Alewin tensó el arco cuando vio que aquellos malditos se querían esconder en la otra calle, pero tal fue su sorpresa cuando unas sombras oscuras los jalaron al interior del callejón y dejaron al hobbit tendido en el fango de la calle. Alewin se apresuró con sigilo, Merry estaba inconsciente, revisó que tuviera pulso y de inmediato se pegó contra la esquina de la pared que daba al callejón, para espiar lo que estaba pasando. Se sorprendió al ver que unas extrañas sombras forcejeaban contra los hombres que habían tratado de llevarse a Merry. Pronto sintió un miedo aterrador recorrerle el cuerpo, la herida en sus costillas ardió al notar la presencia de la oscuridad. Ella conocía a esas sombras.
Fue corriendo a lado de Merry y lo cargó, pues era aun considerado un hobbit pequeño y por lo tanto no pesaba tanto. Alewin comenzó a correr sin mirar hacia el callejón, tenía miedo de que así como ella había podido saber quienes eran esas sombras, estas la hubieran detectado a ella
Cuando llegó a la taberna el señor Mantecona abrió pronto la puerta y la cerró de igual manera, estaba visiblemente asustado y preocupado. Alewin cayó al suelo junto con Merry, pero en ningún momento se alejó de él (como una madre que cuida a su hijo de cualquier peligro, y esta dispuesta a dar la vida por él)
Aragorn salió de la sala rápidamente al escuchar los repentinos y débiles sollozos de la chica. Los otros hobbits salieron tras él y cuando vieron a Merry, se arrodillaron a su lado. Aragorn ayudó a Alewin a ponerse de pie y pudo notar que la chica se tomaba con fuerza el abdomen, justo donde tenía aquella herida. El señor Mantecona llegó a su lado y le ayudo a la chica a caminar hacia la sala donde estaban antes, Aragorn cargó al aun inconsciente Merry y todos lo siguieron.
A Merry lo acostaron en la cama improvisada y Alewin se sentó en el sillón a esperar que pasara el dolor. Aragorn se apresuró a revisar al pequeño hobbit y cuando estuvo seguro de que no pasaría nada con él todos se tranquilizaron; entonces se acercó a la chica y le preguntó como se encontraba, ella trató de ocultarle el dolor que le producía la herida, pero este era mas fuerte. Alewin no quería preocupar a los hobbits quienes ya estaban bastante asustados y confundidos, pero a Aragorn no le podía ocultar el dolor tan fácilmente, cuando el montaraz se dio cuenta de esto, mandó a los hobbits a dormir y le pidió a Alewin que no dijera nada y que se alejara de ellos para que no la vieran en tan pésimo estado.
Después de una hora los hobbits ya habían sucumbido al sueño, ya que después de varios días volvían a sentirse con la confianza de descansar.
Aragorn llamó a la chica cuando se dio cuenta de que los Medianos ya se habían dormido
-Tengo que revisar tu herida
Alewin con mucho trabajo logró quitarse las prendas. La venda tenía un poco de sangre, lo que preocupó a Aragorn, ya que si se habían vuelto a tronar los puntos no estaba seguro de que era lo que haría. La piel de la chica ya estaba muy lastimada. Para su sorpresa cuando le quitó la venda vio que aún seguían los puntos, pero la piel estaba algo enrojecida e inflamada, sacó de uno de sus bolsillos un racimo de hierbas, las masticó y cuando estuvieron hechas una pasta verdusca se la aplicó en la herida. Alewin tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no gritar y despertar a los hobbits
-He hecho lo que puedo, pero esa herida es demasiado para mi. Dices que tu próximo destino es Rivendel ¿cierto?
-Si, asi es
-Espero que lleguemos a tiempo antes de que todo se complique. Créeme que no se como puedes aguantar el dolor de algo así, es obvio que esa herida te la hizo algo proveniente de Mordor, pero un orco no creo, el veneno que tienes es mas intenso, mas oscuro. Me gustaría saber como es que te pasó eso, quizá pueda ayudarte
-El dolor es bastante, pero por ahora temo decirte que no puedo darte mas explicaciones. Por favor confía en mi y pronto todo quedara resuelto
Aragorn no le dijo nada mas y se alejó al rincón más oscuro de la habitación. Alewin pronto sintió el frescor de aquella mezcla de hierbas absorberse por la herida. Estaba de acuerdo con Aragorn en una cosa, si ella no llegaba a tiempo a Rivendel para que la curaran... Las cosas saldrían bastante mal
Después de una hora toda la taberna quedó en absoluto silencio. Alewin estaba en el taburete con la vista perdida en la noche que desfilaba lenta tras el cristal, cuando del cielo se desprendió una sombra pequeña que bajó hasta la ventana. Alewin al reconocerla abrió un poco la ventana para que el cuervo entrara.
Aragorn se dio cuenta de esto y se sorprendió bastante por el hecho de que él solo había visto a los enanos domar cuervos, pero sin duda ella no era descendiente de los enanos, ya que incluso era solamente un para de centímetros mas chica que él. Estuvo tentado a preguntarle pero no sabía si era correcto o no
-Se llama Amirendes- dijo la chica mientras acariciaba las alas negras del ave- Antes eran tres los cuervos que seguían mi andar por la tierra: Mirandialy, Jantiava y el mas pequeño de todos era Amirendes, ha sido un gran amigo durante muchos...muchos años.
Aragorn no dijo nada y se limitó a contemplar con ternura la escena que tenía frente a él. El cuervo se acurrucó en el vientre de Alewin y se quedó al poco rato dormido al igual que su dueña, quien recargaba la cabeza en la ventana. Al montaraz todavía le costaba trabajo creer que aquella chica tuviese la sangre tan fría como para matar a alguien. Este pequeño detalle aun no se le olvidaba, sin embargo no tenía pruebas a parte de sus suposiciones, para enfrentarla.
...
Gracias por leer este capítulo. Perdonen si la historia les parece algo larga, pero me gusta dedicarle esfuerzo y tiempo para que sea un trabajo de calidad (lo intento) así que gracias por tenerme paciencia. Recuerden dejar comentarios pues sirven mucho de inspiración. Los quiero mucho, actualizaré pronto
