6.- CIENCIA-FICCIÓN

El muñeco puso los ojos en los tres jóvenes como si estuviera asimilando las palabras que acababa de oír, sin que pudiera dar crédito a sus oídos.

-¿Me puede repetir lo que acaba de decir?

-He dicho que quiero dejar el club de la comedia.

Scarface miraba fijamente a Harley, si bien físicamente, ni siquiera anímicamente, parecía ella. Gafas, el pelo recogido en una coleta, un rostro serio del que emanaba madurez, y un vestuario en cierto modo formal y recatado, formado por una blusa roja, una corbata negra y una falda del mismo color, con medias y zapatos de tacón. Una imagen que no destilaba en absoluto el carácter juvenil, entusiasta y desenfadado de la estudiante que hasta ese momento había formado parte del club.

Acompañada por Jason y Pamela, quienes se encontraban sentados a su lado, la joven se impacientó ante la falta de respuesta de su interlocutor.

-¿Me va a desapuntar o no, profesor?- preguntó.

-Dime, ¿por qué quieres desapuntarte?- preguntó el profesor Wesker a través de Scarface, desde el otro lado de la mesa.

-Porque quiero concentrarme en el club de gimnasia- respondió la joven en un tono serio, acorde con su expresión facial-. Esta semana tengo la exhibición de presentación y dentro de poco empieza el campeonato universitario, y quisiera dedicarle todo el tiempo que fuera posible a los entrenamientos.

-Ya veo…- respondió Scarface, como si estuviera meditando. Y entonces le lanzó una mirada intimidatoria- Señorita Quinzel, ha de saber que la única manera que uno de mis secuaces abandone mi banda es con su cuerpo lleno de plomo, ya sea por traidor o en un tiroteo con la policía. Esta segunda opción no parece la correcta, así que debe tratarse de la primera, ¿verdad?- la marioneta le apuntó con su metralleta- No es más que una vil traidora que nos deja por otra banda, a la que contará todos nuestros secretos.

Harley le miró resignada.

-Por favor, profesor Wesker, ¿quiere parar?- dijo con paciencia- Estoy hablando en serio.

-Está bien, está bien- habló esta vez el profesor por sí mismo, dejando a Scarface sentado sobre la mesa-. Pues es una lástima que nos dejes. Tienes un gran talento para la comedia, y haces una pareja excelente con Jota.

Harley frunció el ceño, y desvió la mirada.

-¿No hay ninguna manera que puedas compaginar los dos clubes?- preguntó el señor Wesker-. Al menos podrías participar en la actividad del sábado. No es necesario que ensayes mucho. Tu talento natural ya es más que suficiente. Y ahora con tu disfraz de arlequín estoy seguro que entusiasmarías aún más al público.

La mención del disfraz de arlequín hizo que el rostro de la joven mezclara su seriedad con una creciente tristeza, lo que le quitó ánimos para seguir conversando.

-Señor Wesker, ahora Harley pasa por un mal momento personal, y no se encuentra en condiciones de seguir colaborando en el club- intervino Pamela-. Tal vez cuando supere este mal bache se decida a apuntarse de nuevo, pero de momento es mejor respetar su decisión.

El señor Wesker suspiró un tanto decepcionado, y cogió de nuevo a Scarface.

-Muy bien, de acuerdo- habló a través del muñeco-. Respeto su decisión, señorita Quinzel. Espero que sea feliz en su nueva vida fuera del sórdido mundo de hacer reír a la gente. Si alguna vez se cansa sepa que será recibida con los brazos abiertos-. Entonces Scarface miró a Pamela-. ¿Y usted, señorita Isley? –la joven se sorprendió- ¿No se anima a apuntarse al club? Aquella vez hizo un gran trabajo en su papel de "la chica Jóker". Como ya le dije, tiene una capacidad incipiente que sería interesante trabajar.

-Y como yo también le dije, no gracias- respondió Pamela-. Hacer el payaso no es precisamente algo que me atraiga.

-¿Por qué no, Pamela?- dijo entonces Jason con cierto entusiasmo- Estuviste la mar de encantadora. Yo quiero volver a verte de nuevo así.

-Mira, ya tengo suficiente con que me hayas liado en lo de la candidatura para ser la presidente del consejo estudiantil. Ahora solo me faltaría que me metieras en otro club de graciosos.

-Bueno, pero al menos les pedirás que de vez en cuando te dejen el traje de Jóker, para que me hagas un pase privado, ¿verdad?- le dijo Jason seductoramente mientras se acercaba a ella. Le dio un suave beso en la mejilla.

-Oh, anda, calla, tonto- respondió Pamela mirándole de reojo y sonrojándose.

La pareja oyó un carraspeo y vieron que Harley les miraba con una seriedad que espantaba, lo que les intimidó e hizo que ambos se sentaran correctamente en las sillas.

-Bien, pues si no hay nada más que decir, nos vamos, señor Wesker- dijo la rubia levantándose-. Buenos días.

-Buenos días- respondió el profesor sin acabar de acostumbrarse a aquella actitud tan formal de Harley.

Jason y Pamela no vieron otro remedio que seguir a la joven, que salió con paso rápido del despacho.

Una vez en el campus, Harley suspiró aliviada.

-¿Te encuentras bien?- le preguntó Pamela un tanto preocupada.

-Sí, muy bien- su compañera respiró profundamente-. Un problema que me he quitado de encima. Total, si en el club de la comedia solo estaba apuntada para hacerle las gracias a Jota, no porque tuviera un interés especial. Ahora podré concentrarme en los estudios y en la gimnasia, que es lo mío.

Pamela dejó que se le formara una pequeña sonrisa. Se alegró que su amiga se estuviese recuperando del desengaño amoroso que había sufrido hacía unos días. O, al menos, había mejorado desde los primeros momentos. De mantenerse encerrada en su habitación, en la cama con la cara marcada por las lágrimas y no querer ir ni a clase ni a los entrenamientos, a su decisión de plantar cara a la situación y a la vida, deshacerse de todo lo que tuviera que ver con Jota y centrarse en sus intereses, su pasión por la psiquiatría y el club de gimnasia. Eso sí, había sido difícil convencerla para que dejara el círculo "residencia-facultad-club-residencia" y que saliera a respirar el aire y a tener algo de ocio.

-Bueno, pero esta tarde nos harás un hueco a las chicas y a mí, ¿verdad?- le preguntó- Te acuerdas que quedamos ayer para ir al centro comercial todas juntas.

-Sí, me irá bien despejarme un poco- dijo Harley-. Para olvidar los problemas y todo eso. Según parece, volcarse durante unas horas en una afición que no haces habitualmente te ayuda a ver que un problema que creías importante no lo es tanto. En especial uno relacionado con el tema sentimental.

-Eso es- exclamó Pamela-. En otras palabras, esta tarde te lo pasarás bien, lo que hará que te olvides definitivamente del imbécil de Jota.

-Sí- respondió Harley sonriendo por fin, si bien no era su amplia sonrisa habitual, sino una más discreta, pero no menos sincera-. Por cierto, Pamela, ¿a dónde se supone que vas?

-¿Eh? Pues a la facultad de botánica, claro- respondió la pelirroja separándose de los otros dos-. Llego a tiempo para la tercera hora.

-¿No habíamos quedado que os acompañaría a Jason y a ti a ver a la subdirectora para registrarte como candidata para las elecciones del cuerpo estudiantil?- le recordó Harley- Que hoy era el último día para hacerlo.

-Sí, ya se estaba escaqueando- intervino entonces Jason con una sonrisa divertida-. Lo hemos estado atrasando hasta ahora, siempre poniéndome excusas para no hacerlo, pero hoy sí que no te vas a escapar.

-A ver, recuérdame por qué tengo que ser candidata- dijo Pamela poniéndose seria, con los brazos cruzados.

-Porque si ganas las elecciones, podrás proponer que no derriben el jardín botánico- le respondió Jason con naturalidad.

-Gracias.

Pamela suspiró. Ella no tenía ningunas ganas de meterse en temas de elecciones y politiqueo. Siempre había pensado que la mejor manera de luchar por lo que creía era montar manifestaciones, recoger firmas y si acaso boicotear según qué actos, lo cual le había dado buenos resultados en las causas ecologistas que defendía. Pero en esta ocasión reconocía que no tenía nada que hacer contra la situación, sobre todo debido a la pugna personal que mantenía con Harvey "Dos Caras" Dent, quien estaba claro que tenía intención de sacar el jardín botánico de en medio solo para fastidiarla a ella. Porque si había algo que no soportaba Pamela era que hicieran daño a las plantas, y ahí estaba su punto débil: si no fuera porque Jason le recordaba la motivación, ella lo habría dejado correr y aceptaría que Harvey hubiese ganado esta vez el duelo que mantenían los dos. Aunque tenía que reconocer que Jason se lo tomaba más en serio todo este tema, si bien tenía claro que, más que por el tema ecologista, era para enfrentarse a Peyton Riley, la pareja de Harvey, ya que no parecía que se hubiesen caído muy bien estos dos.

Cuando ella y sus dos acompañantes entraron en las oficinas de la universidad, se sorprendieron al encontrar allí nada menos que Harvey y Peyton, quienes tampoco esperaban encontrarles ahí.

-Vaya, Pam, no me digas que vienes a registrarte como candidata a las elecciones en el último momento- dijo Harvey.

-Veo que tú también- respondió Pamela entornando los ojos.

-Nosotros no habíamos venido antes porque no habíamos tenido tiempo- intervino entonces Peyton-. Seguro que a vosotros os daba pereza.

-Bueno, ¿qué más da cuando nos apuntemos?- dijo Jason sonriendo sarcásticamente- La cuestión es que os venceremos en las elecciones.

-Ah, ¿sí?- exclamó Peyton mirándole con el ceño fruncido- Pues…

-Ey, ¿entramos a ver a la directora?- interrumpió Harley, aliviada por haber encontrado una excusa para detener la incipiente y previsible discusión.

Jason y Peyton giraron la cara al otro y pasaron al despacho, seguidos de Harvey y Pamela, quienes empezaban a resignarse ante aquellas actitudes de sus respectivas parejas, continuando con Harley, la cual se preguntaba si valía la pena aguantar aquellas trifulcas por muy amiga que fuera de Pamela.

-Ah, señor Dent- dijo la subdirectora Montoya, sentada en la silla de su mesa, nada más ver al grupo-. Me imagino que viene a presentarse de nuevo como candidato a presidente del cuerpo de estudiantes.

-Sí, yo…

-Exacto, y no solo eso, sino que va a ganar también- exclamó Peyton sonriendo triunfante.

-Eso está por ver- dijo entonces Jason-. Pamela Isley, aquí presente, también se presenta como candidata.

-Oh, vaya, dos candidatos más- dijo la subdirectora mirando en la pantalla de su ordenador-. Entonces tenemos un problema.

-¿Problema?- exclamaron al unísono Jason y Peyton. Entonces se miraron y volvieron a girarse la cara mutuamente.

-Sí- respondió la señora Montoya-. Las normas establecen que solo puede haber dos candidatos para el cargo, y ya tenemos un alumno de la universidad que se ha registrado.

-¡No puede ser!- volvieron a hablar al unísono Jason y Peyton.

-¿Y quién es?- preguntó Harvey con curiosidad.

Tras teclear con el ratón, la subdirectora respondió:

-Se trata de Oswald Cobblepot, estudiante de la facultad de criminología.

-¿Qué? ¿Oswald?- exclamó Pamela, un tanto sorprendida, como los demás.

En ese momento llamaron a la puerta, y esta se abrió.

-Buenos días, señora subdirectora- saludó el recién llegado, quien no era otro que el mencionado. Este se sorprendió al ver al grupo, perdiendo su sonrisa-. ¿Interrumpo? Si quiere puedo volver más tarde.

-No, no, quédese- dijo la señora Montoya-. Precisamente estábamos hablando de usted, señor Cobblepot.

-¿Qué? ¿De mí?- preguntó Oswald algo extrañado, mientras entraba en el despacho y cerraba la puerta detrás de sí.

-Les estaba comentando a la señorita Isley y al señor Dent que usted ya se había registrado como candidato a las elecciones para la presidencia del cuerpo de estudiantes- explicó la subdirectora-. Y que por lo tanto solo se puede aceptar una candidatura más.

-¿Desde cuándo te interesa la política, Oswald?- preguntó Harvey.

-No es que me interese especialmente- respondió el otro volviendo a sonreír-, pero esto de ser un millonario ocioso me está aburriendo mucho últimamente. Ni siquiera la invención de gadgets me resulta distraída.

Oswald alzó el paraguas que llevaba y lo abrió, cubriéndose con él. Seguidamente, y ante el asombro de todos, el aparato alzó el vuelo hacia arriba, con el joven agarrado a él, llegando hasta el techo.

-Un aplauso, por favor- pidió Oswald con naturalidad desde las alturas.

Sin dejar su sorpresa, todos aplaudieron, mientras el joven volvía a posarse sobre el suelo.

-Espectacular- exclamó Harley.

-Sí, sí, gracias- dijo Oswald sin darle importancia, mientras cerraba el paraguas-. Así que esto de presentarse a unas elecciones me ha parecido interesante y emocionante, donde podré dar alas a mi gran creatividad, ya sea en cuestión de montar la campaña, y en exponer los defectos y las debilidades del programa de mi oponente, o del propio oponente.

-O sea, que no lo haces porque consideres que, una vez elegido, puedas aportar algo positivo al consejo estudiantil o a la universidad- dijo Harley con un rostro serio que mostraba cierta decepción.

-Bueno, cuando gane las elecciones- respondió Oswald-, me centraré de lleno para mejorar las cosas dentro de mis posibilidades, que son muchas.

-Ya, pero también como un pasatiempo, ¿verdad?- intervino Peyton- Pues has de saber que mi Harvey es mucho más serio que eso. Él se preocupa por el bienestar de los alumnos y por mejorar sus condiciones en la universidad. ¿No es así, Harvey?

-Sí, claro- respondió este.

-Pues mi Pamela también- exclamó Jason-. Su dedicada preocupación por el medio ambiente la trasladará como nadie al campo del consejo de estudiantes, ¿verdad, Pamela?

-Sí, todo lo que tú quieras- contestó la pelirroja ya algo cansada de todo aquello.

-Bien, pues me temo que uno de ustedes dos tendrá que abandonar sus aspiraciones en beneficio del otro- dijo la subdirectora, mirando a Harvey y Pamela-. Solo podemos tener un candidato más.

Harvey y Pamela se miraron con cierta incomodidad, mientras que Jason y Peyton lo hicieron con un intenso desafío en sus ojos.

-Tengo una idea- dijo Peyton de repente, mostrando una sonrisa de seguridad-. ¿Por qué no lo echamos a suertes? Harvey, ¿tienes una moneda?

-¿Una moneda?- dijo este sorprendido- Sí, tengo una.

-Bien, sácala- Peyton se dirigió al grupo- Entonces, nos lo jugaremos a cara o cruz. Quien gane, será el otro candidato. Nosotros pedimos cara.

-Pues entonces nosotros cruz- dijo Jason serio y decidido, pareciéndole una buena idea.

Harvey, resignado, lanzó la moneda con un movimiento de pulgar. Todos la miraron alzarse en el aire hasta llegar a cierta altura, mientras iba girando sobre sí misma. Pero antes de que pudiera iniciar el itinerario de bajada, una mano la atrapó, cerrándose a su alrededor.

-Ey, Pamela, ¿qué haces?- exclamó Jason, mientras todos miraban a la mencionada.

-Un momento.

La pelirroja alzó la moneda a la vista de todos, situándola entre su pulgar y su índice, mostrando el rostro de perfil de una mujer joven que representaba a la libertad. Entonces en un movimiento rápido le dio la vuelta y apareció el mismo rostro, ante la sorpresa de la mayoría.

-La moneda en que ambos lados es cara- dijo Pamela con una pequeña sonrisa. Le lanzó la pieza a Harvey, quien la atrapó al vuelo-. Este truco ya me lo hacías cuando éramos pequeños.

Harvey no dijo nada, mostrándole una sonrisa amable a la joven.

-Así que querías engañarnos- le reprochó indignado Jason a Peyton-. Con una moneda trucada.

-¿Y qué más da?- respondió con suficiencia la rubia- El fin justifica los medios, y si hay que librarse de ti y de tu amiguita Pam pues se hace.

-Ah, ¿sí?- exclamó Jason- Pues a eso yo también sé jugar.

Los dos jóvenes se miraron con expresiones amenazantes, hasta que habló la señora Montoya:

-Bueno, ya está bien- dijo severa-. Señorita Riley, lo que acaba de hacer no es en absoluto correcto. Por lo cual, como castigo será Pamela Isley el otro candidato.

-¿Qué? Pero…- exclamó Peyton.

-Bien- dijo Jason triunfante-. ¿Creías que te saldrías con la tuya, Sugar?

-Oye, así solo me puede llamar Scarface- se le dirigió Peyton enfadada.

-Ya ves, Scarface. Ahora resulta que Sugar se cree que su muñequito es una persona de verdad- ironizó Jason-. ¿Y te gusta que te llame así, ventrílocua? ¿No será que te has enamorado de él?

-Y tú tanto tiempo en el club de botánica te has enamorado de las flores, hombre florónico.

-Bueno, se acabó- exclamó de repente Pamela, visiblemente enojada-. Renuncio a ser candidata a presidente del cuerpo estudiantil.

Todos la miraron sorprendidos.

-Pero, Pamela, ¿qué dices?- dijo Jason alterado- ¿Que renuncias?

-Sí, eso he dicho.

-Bien, veo que sabes retirarte a tiempo- comentó Peyton sonriendo de nuevo con suficiencia.

-Ya estoy harta de tanta discusión y tanta tontería- continuó hablando Pamela, enérgica-. Puedes apuntarte tú, Harvey, que yo paso.

-Vaya, pues gracias- respondió el joven algo desconcertado.

-Magnífico- dijo Oswald satisfecho-. Sin ánimo de ofender, pero creo que Dos Caras será un mejor rival a mi altura.

-¿Estás segura, Pamela?- insistió Jason- ¿Y qué ocurre con el tema del jardín botánico y la piscina?

-Ya se nos ocurrirá algo para solucionarlo- respondió la pelirroja-. Ya sabes que yo, en cuestión de salvar a las plantas, no ando falta de ideas. Ey, Oswald- dijo mirando a este, quien se giró hacia ella-. ¿Verdad que si te votamos salvarás el jardín botánico sobre el que pretenden construir una piscina?

-Bueno, si veo que construir una nueva piscina es innecesario y es más útil tener el jardín botánico, puedes estar segura de que, si salgo elegido, trataré de convencer al señor Al Ghul y compañía para que se vuelvan atrás en su decisión- explicó el joven con una sonrisa decidida, mientras se situaba su paraguas sobre un hombro.

-Pues solucionado- concluyó Pamela fríamente. Luego se dirigió a la puerta, la abrió y salió del despacho, cerrando detrás de ella, ante los ojos de todos.

-Eh, Pamela, espera- exclamó Jason, y fue hacia la puerta, pero alguien le detuvo cogiéndole de un brazo. Vio que se trataba de Peyton.

-Ey, hombre florónico- dijo esta sonriendo, y señaló con un índice hacia arriba, mientras que la otra mano la cerraba en puño-, uno a cero.

-Mira, ventrílocua, no me fastidies- exclamó Jason frunciendo el ceño.

Harvey les miró, y, antes de que nadie se diera cuenta, se dirigió hacia la puerta y salió del despacho.

Mientras Jason y Peyton continuaban intercambiándose ingeniosas frases insultantes, Harley se dirigió a Oswald:

-Y hablando de todo, muy bueno el truco del paraguas- le dijo-. Pero me parece que ya nos lo mostraste una vez, con aquel que te quitó Croc, para su "colección de objetos frikis", como él la llama- entonces le vino algo a la cabeza-. Ey, no me digas que es el mismo. ¿A ti también te lo han devuelto?

-Sí, bueno, me lo encontré en mi taquilla del club de jóvenes millonarios, el día siguiente a Halloween- respondió-. Y eso que la tenía cerrada con llave. ¿Quieres decir que tú también has recuperado tu broche en forma de arlequín? ¿El que te había robado Waylon Jones?

-Sí, yo también me lo encontré a la mañana siguiente de la fiesta de Halloween, sobre el escritorio de mi habitación de la residencia- respondió Harley-. Alguien debió colarse por la noche mientras yo dormía, y me lo dejó ahí.

-Igual Waylon se arrepentía de habernos robado esos objetos, y ha querido devolvérnoslos de forma discreta.

Ambos se miraron unos momentos.

-Noo…- exclamaron los dos a la vez.

-¡Ya está bien! ¡Se acabó la discusión!- gritó de repente la subdirectora Montoya, refiriéndose a Jason y Peyton-. Si se quieren pelear, se van fuera.

Los dos jóvenes se miraron amenazantes, y luego, con el ceño fruncido y los brazos cruzados, se dieron la espalda el uno al otro.

-Por cierto, señor Cobblepot- se dirigió la subdirectora a Oswald-, ¿quería verme?

-Ah, sí, se me olvidaba- dijo este-, solo quería comunicarle personalmente que el señor Al Ghul acaba de decidir que, a partir de este año, el número de candidatos para la presidencia del cuerpo estudiantil podrán ser más de dos.


Pamela avanzaba con paso rápido por el campus. Consultó su reloj de pulsera: si se daba prisa, llegaría a tiempo antes de que empezara la tercera clase. Mientras tanto, iba pensando en lo ocurrido. Todas aquellas continuas discusiones entre Jason y la novia de Harvey le habían hecho perder la paciencia, y había decidido que era mejor cortar por lo sano, pasando de presentarse a las elecciones, para ver si así se callaban. Total, ella tampoco tenía ningún interés en presidir el cuerpo estudiantil, ni siquiera para salvar a sus queridos bebés. Siempre podía contar con su poder de convicción en el debate y las protestas, el cual era infalible para estas situaciones. Aunque lo que no podía creer era que ella y Harvey hubieran hecho tanto el ridículo las veces que habían discutido en público, como ocurría con Jason y Peyton. Y si solo fuera eso, ¿pero podía ser que ella sintiera el mismo desprecio por Harvey que estos dos parecían sentir el uno por el otro? ¿Sentiría lo mismo su antiguo amigo de la infancia por ella? ¿Valía la pena seguir peleados por algo que pasó hacía ya muchos años?

-Eh, Pamela.

La joven se giró y vio a Harvey viniendo hacia ella. Decidió detenerse y esperarle.

-Ya has vuelto a sacar tu mal genio de siempre- le dijo el joven nada más llegar, sonriendo divertido-. Cuando éramos pequeños hacías lo mismo cuando una cosa te hartaba: lo mandabas todo a paseo.

-Yo no tengo mal genio- replicó ella cruzando los brazos y con el ceño fruncido.

-Bueno, pero lo cierto es que siento mucho que no podamos enfrentarnos en las elecciones- se lamentó Harvey-. Hubiera sido interesante.

-¿Sí? La verdad es que no quiero ni imaginar cómo hubieran sido nuestros debates políticos- respondió Pamela formándosele una pequeña sonrisa-. Nos hubiéramos tirado los trastos a la cabeza delante de toda la universidad.

-En eso tienes razón- dijo Harvey también sonriendo un poco-. Cuando veo a Peyton y a Jason peleándose como lo hacen, y pienso que nosotros hacemos lo mismo, me entran ánimos de hacer las paces contigo. De olvidar lo que ocurrió y que volviéramos a ser amigos. Los mejores amigos que éramos.

Los dos se miraron durante unos instantes, en silencio.

-Esto…- habló primero Pamela, con cierto nerviosismo- Veo que aún conservas tu vieja moneda de dos caras.

-Sí- Harvey se la sacó del bolsillo de su pantalón corto, y se la mostró-. Podemos decir que es mi amuleto de buena suerte.

El joven la lanzó al aire y la dejó caer sobre la palma de su mano.

-Pero eso es hacer trampa- dijo Pamela-. Yo creo que deberías hacer alguna marca en una de las dos caras que las diferenciaran- hizo una pausa-. Una cosa que siempre quise decirte, pero nunca me decidí a hacerlo.

-Pues si es momento de decir cosas que uno quería decir, ahí va otra: siento mucho lo del jardín botánico- dijo Harvey con decisión-. Reconozco que me he pasado mucho con esto, y ahora me arrepiento de haberlo propuesto. Si salgo elegido, intentaré que no lo destruyan.

Por alguna razón, Pamela no se sintió enfadada con él, al contrario. Las disculpas de Harvey le hicieron sentir una sensación agradable, pero no quiso demostrarlo.

-Te tocará enfrentarte a Oswald- dijo-. ¿Cómo lo ves?

-Difícil- respondió Harvey con algo de resignación-. Él siempre se toma en serio las cosas que hace. Aunque el hecho que se presente por simple pasatiempo quizá sea un punto a mi favor.

-Hum, a mí me parece que el mejor punto a favor que tiene Oswald es que siempre viste de forma elegante, y mírate tú- la joven le señaló-. Siempre vistiendo con esa camiseta y esos pantalones deportivos. Oye, ¿por qué no te pones para la campaña el traje ese de fiscal del distrito que vestiste en Halloween? Te quedaba la mar de bien.

-¿Tú crees?

-Claro que sí.

-Bueno, si sale cara me lo pongo- bromeó Harvey a punto de lanzar al aire la moneda-. Si sale cruz, sigo vistiendo así.

-Venga, Dos Caras, que ya va siendo hora que vayamos a nuestras respectivas facultades- le dijo Pamela con entusiasmo, mientras empezaba a marcharse-. Quizá me lo piense y te vote a ti.

-Gracias, Hiedra Venenosa- respondió Harvey mientras también se marchaba, él en dirección contraria-. ¿Y sabes una cosa? A ti también te quedaba muy bien tu disfraz de señora de las plantas. Estabas muy atractiva y seductora.

Pamela se giró hacia él, sorprendida por aquel comentario. Vio cómo se alejaba casi corriendo. Poco habitual en ella, se le formó una sonrisa amable, y continuó su camino.


-Bueno, Harley, no nos veíamos desde la fiesta de Halloween- dijo Peyton cambiando su semblante serio a otro más cordial-. ¿Cómo te encuentras?

-Bastante bien, gracias- respondió la otra joven con una sonrisa, mientras ambas avanzaban por el campus.

-Oye, perdona si no debería preguntártelo, pero…- Peyton se sentía cohibida, no sabiendo si hallaría las palabras correctas- Con todo lo que pasó con Jota, ¿continuarás viniendo al club de la comedia?

-No, lo siento- respondió Harley un poco triste-. He dejado el club. El único interés que tenía para estar apuntada lo he perdido.

-Entiendo… Bueno, si hay algo que pueda hacer por ti, no tienes más que pedírmelo, ¿vale?

-Sí, gracias, Sugar. Quiero decir, Peyton- dijo la otra chica sonriendo de nuevo.

-Tú puedes llamarme "Sugar" siempre que quieras. Al fin y al cabo fuiste la primera en hacerlo.

-Oye, esta tarde me voy con las chicas de Mansión Arkham al centro comercial. ¿Por qué no te vienes?

-Ah, vale- dijo Peyton entusiasmada por la idea. Pero entonces mostró una expresión de duda-. Aunque tendría que llevarme a Scarface para practicar. Este sábado es mi debut como ventrílocua. Si creéis que os haré pasar vergüenza ajena hablando todo el rato a través del muñeco, comprenderé que prefiráis que no venga.

-No seas tonta- exclamó Harley-. ¿Cómo va a importarnos? Además, en el campus de esta universidad se han visto cosas aún más fuera de lo corriente, así que no creo que a nadie le llame la atención verte hablando con Scarface.

-Entonces, de acuerdo- dijo Peyton volviendo a sonreír.

Harley se alegró de verla con su rostro agradable y simpático habitual, alejado de la furia que solía mostrar cuando discutía con Jason. Todo un carácter temperamental. Como era el suyo, de hecho.


La puerta del laboratorio se abrió, y Nora y Victor se giraron hacia ella. Allí vieron a Jota, quien no mostraba estar con muy buenos ánimos, sin su expresión sonriente de siempre.

-Vaya, hablando del rey de Roma…- murmuró Nora malhumorada, y se volvió otra vez hacia la pantalla del ordenador.

-Hola, pareja- saludó Jota.

-Hola- correspondió Victor-. Qué mala cara tienes.

-Sí, desde la fiesta de Halloween que las chicas de la residencia me la tienen jurada- respondió el otro joven mientras pasaba y se sentaba en una silla-. Y parece que no son las únicas- concluyó mirando hacia Nora.

-Sí, ya he visto cómo te hacen malas caras, y cuando estás delante, hablan sarcásticamente de ti, como si no estuvieras- dijo Victor mientras volvía a tomar notas observando el aparato criogénico-. Se lo han tomado mal, que te pasaras con Harley.

-Yo no me pasé con Harley- se defendió Jota.

-¿Qué no?- intervino entonces Nora con su serenidad un poco alterada- Tengo entendido que habíais tenido varias citas, dándole esperanzas de que le correspondías. Y luego va y le sueltas que tienes novia.

-Habíamos salido dos o tres veces al cine y a tomar algo- explicó Jota serio-. Y muy de vez en cuando. Yo creía que quería que fuéramos juntos porque no tenía a nadie más con quien ver las películas que fuimos a ver. Y como a mí no me importaba verlas, pues le dije que sí. No me daba la impresión de que ella esperase algo más.

-¿Y eso que te llamara cariñosamente "Pastelito" no te hizo pensar que se sentía atraída por ti?- preguntó Victor.

-Harley le da seudónimo a todo el mundo- replicó Jota-. A ti, por ejemplo, te llama "Mr. Frío", por lo del aparato criogénico- hizo una pausa-. Bueno, y también porque, según dice, tienes la piel tan blanca que parece que estés congelado- sonrió, divirtiéndole la ocurrencia, si bien Victor no le vio la gracia-. En todo caso, ¿cómo me iba a imaginar que en mi caso era algo especial?

-Todo lo que quieras, pero cualquiera sabe que si alguien del sexo contrario quiere quedar contigo a solas es que busca algo sentimental, por muy poco que lo parezca- dijo Nora más calmada-. Deberías haberle dejado las cosas claras desde el principio- se volvió hacia el ordenador-. Si no directamente, al menos lanzándole alguna indirecta.

Jota no dijo nada. Suspiró desanimado.

-¿Has hablado con ella?- le preguntó Victor.

-No- respondió el joven de pelo ondulado-. Me gustaría disculparme, pero no he tenido ocasión. En las pocas veces que nos hemos visto desde la fiesta de Halloween siempre me ha evitado. Y si está acompañada de las chicas, en especial de Pamela, es aún peor. No veas cómo la defienden y cómo me envían a tomar viento.

-Vamos, Jota, anímate- le dijo Victor-. Estoy seguro que Harley lo superará y se recuperará, si no lo ha hecho ya, como todo el mundo que ha tenido un desengaño amoroso. Tú lo que deberías hacer es salir y despejarte un poco. Mira, ¿qué te parece si esta tarde te acompaño a dar una vuelta por el centro comercial? Vamos a jugar a los videojuegos o a lo que sea. Quizá podamos convencer a unos cuantos para venir con nosotros.

Jota estuvo pensativo unos instantes.

-Vale, hace tiempo que no voy al centro comercial- respondió finalmente-. Desde la última salida que hicimos Harley y yo…- musitó poniéndose momentáneamente alicaído, pero recuperándose al instante- Tendré que tomármelo con calma.

-Y mientras tanto, a ver si aquí haces algo útil, para variar- dijo Nora sin levantar la vista de la pantalla del ordenador.

-Claro- respondió Jota sonriendo-. ¿Queréis algo de la máquina de refrescos?


-¿Un robo?- preguntó Bruce sorprendido.

-Así es- confirmó el señor Gordon, desde el otro lado del mostrador, en el vestíbulo de la residencia-. A Waylon Jones.

-¿A Croc?

Bruce frunció el ceño.

-Dice que acaba de darse cuenta que le ha desaparecido su aparato de radio. Que lo tenía guardado en el armario de su habitación bajo llave, y anoche cuando decidió escuchar música se encontró con que dicho armario estaba sin echar la llave y la radio ya no estaba.

-¿No será que se la dejó en otra parte y no se acuerda?- aventuró Bruce- Igual se la llevó a su casa y se la olvidó allí.

-No, él dice que está seguro que la dejó en el armario la noche de Halloween, antes de ir a la fiesta, y que no la había tocado hasta entonces- explicó el administrador-. Además, tiene a Bane como testigo que dejó ahí la radio.

-Antes de la fiesta de Halloween…- murmuró Bruce pensativo.

-¿Crees que deberíamos ponerlo en conocimiento de la universidad, y avisar a la policía?

-¿Eh?- dijo el joven despertando de sus pensamientos- No, de momento no. Si me permite, señor Gordon, antes que nada me gustaría hacer una pequeña investigación por mi cuenta. Quizá podamos resolver esto de manera discreta.

-¿Sospechas que podría haber sido algún residente?

-Prefiero no sacar conclusiones sin pruebas- respondió Bruce serio-. Pero me gustaría comprobar algo.


-Caramba, Selina, veo que vuelves a tener el cascabel que te había quitado Croc- susurró Barbara a la joven, con la vista en su cuello.

-Sí, bueno…

-¿Tú también te lo encontraste en tu habitación al día siguiente de Halloween? Yo, cuando me levanté, me sorprendí al ver sobre mi escritorio el llavero con forma de murciélago que me había robado Croc.

-¿De qué habláis?- preguntó en voz baja Alice, quien estaba sentada al otro lado de Selina.

-No sé si conocerás a Waylon Jones, del club de lucha libre, que se hace llamar "Killer Croc"- respondió Barbara asomándose por el otro lado de Selina-. Pues resulta que…

-Señorita Gordon, ¿me puede explicar que es eso más importante que mi lección sobre la farmacología del sistema nervioso?

Un hombre de no más de treinta y cinco años, de pelo rubio y despeinado, rostro no muy atractivo pero de cierto encanto, y trajeado al estilo clásico, contemplaba severo al trío de jóvenes que compartían el alargado pupitre, mientras el resto de alumnos presentes estaban atentos a la situación.

-Supongo que el área de la neurociencia no le debe parecer lo bastante interesante para tomar apuntes o al menos para estar atenta- siguió hablando el hombre.

Barbara no supo hacer otra cosa que bajar la mirada al pupitre, avergonzada.

-Disculpe, profesor Tetch- intervino entonces Alice, en un tono dulce y amable-, solo me estaba comentando una cosa que no entendía, sobre la proteína número 10/6 y su relación con la estalomicina, pero ahora ya lo tengo claro.

El profesor miró el rostro agradablemente sonriente de la alumna, quedándose ensimismado. De repente, sonó el timbre del final de la clase, lo que le sobresaltó.

-Bien, para el próximo día, quiero que me hagan los ejercicios de la página veintitrés- dijo mientras descendía la escalinata que separaba las dos filas de pupitres, dirigiéndose a su tarima.

Por su parte, los alumnos empezaron a coger sus mochilas y carpetas, y a marchar a la salida de la sala.

-Buf, eso sí que es salvarse por la campana- comentó Barbara.

-Ya lo puedes decir- respondió Alice-. Lo cierto es que no tengo ni idea de lo que le he dicho.

Mientras el trío de jóvenes pasaba por delante de la tarima en dirección a la puerta, oyeron que llamaban a Alice:

-Señorita Pleasance, ¿puede venir un momento?- dijo el profesor Tetch.

-Voy- respondió la rubia sin problemas-. Chicas, ¿me esperáis un momento fuera? Ahora salgo.

Barbara y Selina aguardaron en el pasillo unos cuantos minutos, hasta que finalmente apareció Alice, cerrando la puerta del aula tras ella.

-¿Qué es lo que quería?- preguntó Barbara mientras las tres chicas iniciaban su camino.

-Nada importante- respondió Alice despreocupada-. Cosas de estudios. Por cierto, ¿cómo está Harley? No nos hemos visto desde lo de la fiesta de Halloween. A Jessica y a mí nos preocupa un poco que de momento no tenga ánimos para hacer con nosotras el trabajo del curso, con lo entusiasta que siempre es. Ese desengaño sentimental que sufrió le debe haber afectado mucho.

-Sí, esperemos que no se acabe suicidando- dijo Selina fríamente.

Las otras dos la miraron con cierta turbación.

-Selina, que aflora la chica gótica que hay en ti- exclamó Barbara-. Poco a poco va cogiendo más ánimos, no te preocupes- le dijo a Alice- Precisamente esta tarde unas cuantas chicas iremos con ella al centro comercial, para que se anime. ¿Por qué no venís también tú y Jessica?

-No podrá ser- respondió Alice-. Jessica tiene una cita con Edward Nigma- de repente, el rostro de Barbara se oscureció-. Y yo también he quedado.

-Vaya, ¿y quién es el afortunado?- preguntó Barbara curiosa- ¿Le conocemos?

-Pues… Es un secreto- respondió Alice sonriendo misteriosamente.

-Un secreto- dijo Selina pensativa-. Si fuera un alumno corriente de nuestra edad no creo que tuvieras motivos para guardarlo en secreto. Debe ser alguien con quien no debe estar muy bien visto salir, por eso de la diferencia de edad, o porque los demás no aprobarían que tuvierais una relación más allá de lo estrictamente profesional. ¿No saldrás tú también con un profesor?

Ante aquellas palabras, Alice enmudeció durante unos segundos, abriendo los ojos de par en par, desconcertando a las otras dos.

-Esto… Tengo que dejaros- dijo alterada y nerviosa-. He quedado con Jessica para comer, y se me va a hacer tarde. Hasta luego.

Y la joven se adelantó con paso rápido.

-Vaya, Selina, diría que la has vuelto a acertar- dijo Barbara con una pequeña sonrisa.

-Bueno, no era muy difícil deducirlo.

-¿Y has dicho "también"? ¿Es que tienes noticia de que haya algún alumno liado con una profesora?

Selina no contestó enseguida.

-Me encontré el cascabel encima de mi escritorio, como te pasó a ti con el llavero- dio finalmente como respuesta-. Me pregunto quién habrá sido.

Barbara levantó una ceja, extrañada. ¿Otra que quería ocultar algo?


El centro comercial se hallaba bastante lejos de Mansión Arkham, por lo que se hacía necesario viajar hasta allí en el tren que conectaba las facultades y demás lugares dentro del enorme recinto que ocupaba la universidad de Gotham, prácticamente una ciudad en sí misma. Selina contemplaba el paisaje a través de la ventanilla, mientras escuchaba de fondo la conversación entre las demás chicas. No es que hubiera tenido muchas ganas de acompañarlas en su salida, pero por alguna razón no había podido decirles que no. Tal vez porque consideró que no tenía nada mejor que hacer. O porque quizá se iba sintiendo integrada en aquel grupo que no la discriminaba de ningún modo, al contrario de lo que le había sucedido en su época de instituto, y se estaba empezando a sentir hasta cierto punto cómoda con ellas. Aunque hablar con la profesora Leland sobre sus problemas e inquietudes también le había ayudado a ver las cosas un poco diferente de cómo solía verlas. Pese a sus reparos iniciales, se había acabado sintiendo aliviada desahogándose con ella, y sus conversaciones con la profesora le había hecho ver según qué cosas. Pero tal vez el principal motivo por el que se había apuntado a la salida fue Harley. Cuando ella misma se lo explicó, le supo mal el bache por el que había pasado su compañera de club, sobre todo al ver lo ilusionada que había estado sobre la evolución de su relación con Jota, para después encontrarse que todo había sido un espejismo. Se giró y miró a la joven rubia, quien parecía bastante entusiasta con aquella salida y con encontrarse con sus compañeras, si bien también se le notaba un poco de tristeza que no conseguía evitar.

-Por cierto, Pam, ahora que Harley deja el club de la comedia, ¿por qué no te apuntas tú y tomas su lugar?- preguntó Peyton con una sonrisa, mientras le ajustaba el sombrero a Scarface, sentada enfrente de la pelirroja- Estoy segura que harías un excelente papel. Sería interesante ver cómo te queda el disfraz de arlequín.

-Ya- respondió Pamela mirándola de reojo-. Lo que tú quieres es, además de en las elecciones, también tomarme el pelo en tu club de payasos. Que ya nos conocemos.

-¿Yo? Qué va, hablo en serio- exclamó Peyton poniéndose a Scarface en la mano- Yo nunca desecharía a un diamante en bruto, y tú lo eres- habló entonces con la voz de la marioneta, mientras esta movía su boca.

-Entonces, ¿finalmente te has registrado como candidata?- preguntó Harley a Pamela.

-Sí, Jason vino corriendo a avisarme que se había cambiado la norma en el último momento, y que podía apuntarme, y bueno, así lo he hecho- Pamela sonrió satisfecha-. Después de todo, me parece que será divertido compartir con Harvey esta aventura.

Todas dirigieron la vista hacia ella, extrañadas, de lo cual se dio cuenta la joven.

-¿Qué? ¿Qué pasa?- exclamó ante aquellas miradas que le lanzaban.

-¿Tú encuentras divertido compartir con Dos Caras algo?- le preguntó Sondra, quien se hallaba al lado de Peyton.

-Bueno, no, quiero decir…- Pamela trató de buscar las palabras adecuadas en pocos instantes- Seremos oponentes y todo eso, como siempre.

-¿Quizá habéis hecho las paces?- preguntó Barbara intrigada, quien se encontraba sentada junto a Selina al lado de la otra ventanilla. Sacó un bloc de notas y un bolígrafo- Cuéntanoslo con pelos y señales.

-No hay nada que contar- dijo Pamela frunciendo el ceño-. La que sí que tendría que contarnos algo eres tú, Barbara. Desde un tiempo a esta parte que no paras de ir a la habitación de Bane. No estaréis saliendo juntos, ¿verdad?

-¿Eh? Por supuesto que no- se defendió Barbara-. Simplemente le estoy ayudando en sus estudios, en comportarse como mejor persona, en ver que hay algo más que meterse con los débiles y hacer idioteces. Mi relación con él es estrictamente de guía y monitora.

-¿Y cómo lo haces exactamente?- preguntó Selina curiosa.

-Le enseño a cuidar de su habitación y sus cosas personales, hacemos actividades de grupo un par de días a la semana con otros estudiantes, cosas así.

-No debe ser fácil con un tipo como Bane- reflexionó Selina.

-No, no es muy fácil, pero sé meterlo en vereda- respondió Barbara con una sonrisa triunfadora.

-Vamos, que te toca hacer de niñera- dijo Sondra-. Tú siempre tan caritativa con los rebeldes. Bien, mientras consigas que no siga armando jaleo, ya estará bien.

Barbara se sintió ofendida al ver que trataban a Bane como si fuera un animal salvaje. Ni que hubiera que enjaularle.

-Oh, tengo intención de llevarlo a la inauguración de vuestra exposición de figuras de barro- le dijo a Sondra, saliéndole un tono irónico sin quererlo-. Espero poder controlarlo para que no os lo destroce todo.

-Pobre de él- contestó la otra joven con el ceño fruncido-. Y pobre de ti.

-Bueno, quizá pueda retenerle si me das algo a cambio.

-¿El qué? Ah, ya, mi colección de libros antiguos para la biblioteca de la universidad. Qué pesada estás con eso.

-Señoritas, hagan el favor de no pelearse más, que parecen el señor Dent y la señorita Isley- intervino entonces Scarface con un tono amenazador-. Les recuerdo que estamos aquí para animar a la señorita Quinzel, y no para crear nuevos conflictos. Sugar, dales un caramelo a cada una de ellas a ver si así se calman. Coge uno para ti también.

-Sí, señor Scarface- respondió Peyton sumisa-. ¿Quiere usted también uno?

-Sugar, ¿no ves que ahora estoy fumando?- preguntó Scarface mirando a la joven- ¿Has visto alguna vez a alguien con un puro en la boca mientras lame un caramelo? ¿Tú crees que sería algo normal?

-No, señor Scarface, tiene razón- dijo Peyton inclinando la cabeza hacia abajo y cerrando los ojos-. Ha sido una pregunta tonta. Le doy mis disculpas.

-Bien, disculpas aceptadas- dijo la marioneta rebajando el tono amenazador-. Y ahora haz cómo te he indicado.

Con su mano libre, la joven rubia sacó una pequeña bolsa de dulces y ofreció su contenido a las demás chicas, quienes se habían quedado mudas ante la brutal naturalidad con que había manejado al muñeco y se había comunicado con él. Un tanto intimidadas, no vieron alternativa a coger cada una un caramelo y a degustarlo en silencio.

-Así me gusta- dijo entonces Scarface satisfecho, mientras Peyton saboreaba su caramelo-. Calladitas estáis más guapas.

Todas miraron al muñeco, pero sin atreverse a decir nada.

-Mirad, ya estamos llegando- exclamó entonces Harley.

Momentos después, las cinco chicas entraron en el centro comercial, un edificio de tres plantas, amplio y extenso, formado por una gran variedad de tiendas y lugares de ocio. El lugar estaba bastante lleno de gente, ya fuera en parejas o en grupos, la mayoría alumnos de la universidad.

-Bien, ¿por dónde empezamos?- preguntó Selina, nada más dejar atrás la puerta de entrada, junto a las demás.

-Que decida Harley, que es la interesada- dijo Pamela-. ¿A dónde quieres ir?- preguntó a la rubia.

-Podríamos empezar por la tienda de artículos de broma…- musitó Harley pensativa.

-¿Cómo dices?- preguntó Pamela extrañada.

-No, esto…- titubeó la otra- Comencemos por las tiendas de ropa, eso.

Todas estuvieron de acuerdo, y decidieron ir a la más popular del centro comercial, en el segundo piso, así que se dirigieron a las escaleras mecánicas.

-Ey, mirad quienes vienen por ahí- dijo Sondra.

Viniendo hacia ellas, vieron a Jessica avanzar elegantemente y con una sonrisa satisfecha, seguida de alguien que cargaba con unos cuantos paquetes que llegaban hasta la mitad de su rostro, y al que reconocieron por sus gafas y cabello pelirrojo.

-Eh, hola, Eddie- saludó Harley sonriendo amablemente cuando ambos grupos llegaron al mismo punto-. ¿Venís de compras?

-Sí, Jessica me pidió que la acompañara a comprar unas cosillas, y yo no pude negarme- explicó el joven tal vez un poco avergonzado.

-Bueno, no es exactamente lo que ocurrió- objetó Jessica-, ya que fue él quien insistió en que fuéramos juntos a dar una vuelta al centro comercial, así que de paso aprovecho la situación.

-Ya, te aprovechas de que le gustas a Eddie para que te haga de burro de carga- soltó Barbara con el ceño fruncido.

-Eso no es cierto- exclamó Jessica.

-A ver, pregunta- intervino entonces Eddie-: ¿Cómo se llama a la persona que pone cuidado o esmero en el cumplimiento de un deber?

Ninguna de las chicas habló por un breve espacio de tiempo.

-Una persona celosa- respondió al fin Selina.

-Pues eso- dijo Eddie serio, mirando a Barbara.

-¿Me estás tratando de celosa?- le preguntó entonces la joven un tanto airada- ¿Porque pasó aquello en mi fiesta de cumpleaños te crees que voy a seguirte el juego?

-Ey, vayamos ya a la tienda de ropa- dijo Pamela empujando a Barbara-. Eddie, Jessica… Hasta luego.

-Hasta luego- correspondió Jessica un poco confundida, mientras el grupo de chicas marchaba hacia las escaleras mecánicas-. ¿Qué es lo que ocurrió en la fiesta de cumpleaños de Barbara?- preguntó dirigiéndose a Eddie.

-Nada peligroso- respondió el pelirrojo encogiéndose de hombros-. ¿Nos vamos a tomar algo hasta la hora de la película?

-Vale- dijo Jessica sonriéndole-. ¿Me lo pagas tú? Es que yo me he quedado casi sin dinero.

-No hay problema.


-Creí que a ti quien te gustaba era Bruce- dijo Sondra-. No sé a qué vienen estas escenitas con Eddie.

-Mirad, prefiero no hablar sobre el tema- respondió Barbara-. Ahora vayamos a lo que estábamos.

Las cinco chicas entraron en la tienda de ropa elegida, un lugar donde se podía encontrar el más variado vestuario juvenil, junto a zapatos y otros complementos.

-¿Te comprarás algo, Harley?- le preguntó Pamela, mientras el grupo se detenía junto a la ropa expuesta.

-Bueno, quizá me decida a renovar un poco mi atuendo, que siempre voy vestida bicolor- contestó su amiga-. ¿Y tú, pelirroja, no crees que deberías variar un poco? Siempre vas vestida de verde.

-No es algo que me quite el sueño- respondió Pamela con su tono frío-. Aunque creo que me compraré unas botas nuevas.

-Y nuestra gatita también debería ser algo más original y no ir siempre de negro- dijo Harley con una pequeña sonrisa y mirando a Selina.

-Tal vez- respondió esta-. Pero de momento prefiero esperar a que se me pase la época "emo".

-Ah, pues si quieres una tienda de ropa alternativa también la hay aquí- dijo Sondra.

-Sí, ya lo sé, ya la visité anoche- respondió Selina como si pensara en voz alta, distraída contemplando unos vestidos que juzgó demasiado caros para lo que eran.

Todas la miraron extrañadas.

-¿Qué quieres decir con que la visitaste anoche?- preguntó Barbara sin entender, como las demás.

Selina despertó de su distracción y se dio cuenta de lo que se le había escapado.

-Quiero decir que anoche visité su página web- respondió-. Mientras buscaba información en internet sobre el centro comercial.

-Ah, claro- dijo Barbara satisfecha con aquella respuesta.

-Mirad, chicas, creo que me probaré este vestido- exclamó de repente Harley con entusiasmo.

Momentos después, el grupo se dirigía al mostrador de la tienda, con Harley sujetando un conjunto de ropa tan vistoso como juvenil y de colores claros, mientras que Pamela llevaba un par de botas de color verde oscuro.

-¿A dónde te apetece que vayamos luego, Harley?- le preguntó la chica pelirroja.

-Mmmh… ¿Queréis que vayamos a la tienda de maquillaje?- propuso esta.

-¿Tú, maquillaje?- se extrañó Pamela- Ey, ¿no será para tu disfraz de arlequín?

-Eh, no, claro que no- se apresuró en negar Harley, sorprendiéndose a sí misma por aquel pensamiento fugaz-. ¿Por qué querría volver a ponerme ese disfraz? Esa es una etapa de mi época de estudios que he desterrado completamente.

-Quinzel, me parece que por mucho que te escondas detrás de tus gafas de psiquiatra, no puedes evitar que te aflore el espíritu juguetón y divertido de todo miembro del club de la comedia- habló Scarface.

-Aunque me cueste reconocerlo, debo decir que es verdad- dijo Pamela con cierta resignación-. Me temo que Jota te ha influido mucho.

-Oh, mierda, las tarjetas- exclamó de repente Harley mientras miraba en su cartera-. Me las he olvidado. Y no llevo dinero suficiente- el rostro sonriente de la joven pasó a una mueca de frustración-. Lo siento, chicas, pero no puedo comprar la ropa.

-No fastidies- dijo Pamela frunciendo el ceño-. Esta es tu tarde de ocio y diversión, y hoy vas a quedarte con esa ropa, como Harvey me llama "Hiedra Venenosa".

Las otras vieron cómo la joven sacaba de su bolso un lápiz de labios y se lo extendía sobre los suyos. En ese momento las chicas llegaban al mostrador. Al otro lado de este, un joven veinteañero de aspecto tímido y apocado les preguntó qué deseaban.

-Hola, señor dependiente- se le dirigió Pamela inclinándose sensualmente hacia él, mirándole y hablando de una forma seductora-. A mi amiga le gustaría quedarse con un pequeño conjunto de nada, y tú serás tan amable de dejar que se lo lleve sin pagar, ¿verdad?

-Por supuesto- respondió el joven sin dudar, con una mirada perdida.

-Y de paso, ¿me puedo llevar yo estas botas?

-Sí, adelante.

-Gracias. Eres un encanto- dijo Pamela sonriéndole.

La joven se le acercó y le besó suavemente en los labios. Inmediatamente el dependiente cerró los ojos y se desplomó en el suelo.

-Caramba, eso sí que es un beso mortal- exclamó Harley-. Oye, ¿el colega está bien?

-Sí, tranquila- respondió Pamela con seguridad despreocupada-. Dormirá durante unos minutos y cuando despierte no se acordará de nada. Bien, ¿nos vamos a la tienda de maquillaje?

-Definitivamente eres uno de los nuestros, Asley- habló con un tono satisfecho Scarface, mientras el grupo se dirigía a la salida de la tienda-. Esto prueba que estarías como pez en el agua en mi banda. ¿Por qué no te decides de una vez?

-Lo que acabas de hacer no está nada bien- dijo Barbara seria-. Esto es robar con todas sus letras.

-Tú siempre tan santurrona, Barbara- se le dirigió Pamela, mirándola de reojo con el ceño fruncido.

-Tranquila, mañana volveré y entregaré el dinero, y aquí no ha pasado nada- explicó Harley.

-Eso espero.

-Y hablando de todo- intervino Selina-, ¿a nadie le extraña ese poder de seducción de Pamela? ¿Nos puedes explicar cuál es tu secreto?

-Bueno, pero porque sois vosotras- dijo Pamela. La joven sacó un frasquito de cristal con un líquido transparente dentro-. Uno de mis descubrimientos: es el extracto de una determinada planta carnívora que esta usa para atraer a los insectos, y que he logrado manipular para que despierte las feromonas femeninas, que aplicando unas gotitas sobre tu piel y en las distancias cortas te hace irresistible a los hombres.

-Guau, eso sí que es un descubrimiento- exclamó Sondra sorprendida.

-En qué cosas os divertís los del club de botánica- dijo Barbara, en un tono reprobatorio.

-A mí me suena a ciencia-ficción- comentó Selina-. ¿Y lo del beso mortal también es química recreativa?

-Sí, más o menos- respondió Pamela-. El pintalabios que me he puesto tiene una toxina natural, también extraída de ciertas plantas carnívoras, que deja atontado a quien entra en contacto con él y le provoca una amnesia parcial sobre lo ocurrido poco antes. Por suerte yo soy inmune a dicha toxina.

-Pero, espera, un momento- dijo entonces Barbara-. ¿Me estás diciendo que utilizas ese extracto para hacer que los mandamases de la universidad y los del ayuntamiento cambien las normas de medio ambiente a tu gusto?

-Por supuesto que no- respondió Pamela poniendo cara de póker-. Ni se me había pasado por la cabeza.

-Y no lo utilizarás para ganar las elecciones para el cuerpo estudiantil, ¿verdad?- preguntó Peyton, dejando a un lado a Scarface.

-No tendría tanto interés como para hacerlo- contestó la pelirroja con una mirada un tanto inquietante.

A todo esto, mientras las otras hablaban, Harley, seria y pensativa, había estado mirando fijamente el frasquito, que Pamela volvió a guardarse en el bolso.


-Si quieres que te diga la verdad, me sorprende que hayas aceptado venir a dar apoyo a Jota- decía Victor, mientras él y Bruce entraban en el salón de videojuegos del centro comercial, al tiempo que el mencionado avanzaba a cierta distancia delante de ellos, ajeno a su conversación-. Todos sabemos que no te cae precisamente bien.

-Casualidad. Tengo algo que hacer en el centro comercial, y de paso os acompaño- contestó el heredero de los Wayne con un tono serio.

-Ya. Me extrañaba que vinieras expresamente para animarle tras lo ocurrido con Harley- dijo Victor mirándole de reojo.

Más que caerle mal, a Bruce le resultaba un tanto irritante el carácter festivo y bromista de Jota, y que le buscara sentido del humor a cualquier cosa. De acuerdo que era el presidente del club de la comedia, pero al menos fuera de dicho club podría tomarse las cosas más en serio. Pero, en fin, si algo positivo se podía sacar del mal que le había hecho a Harley, es que a Jota le había afectado, y que desde ese momento parecía mostrarse algo más responsable y menos despreocupado. Aunque le desconcertó que en su camisa volviera a verse su flor de broma que expulsaba agua.

-Oye, Jota, ¿esa flor no es la que te había quitado Croc?- le preguntó, rodeados los tres muchachos de máquinas de videojuegos de todas clases.

-Sí- dijo su compañero mientras se miraba el objeto-. Se ve que alguna alma caritativa se la arrebató y me la dejó en mi habitación sin que yo me enterara.

-Es verdad- habló entonces Victor-. Parece que alguien se ha hecho con los objetos que Croc había quitado a varios estudiantes y los ha ido devolviendo de forma anónima.

-Igual fue el mismo Croc, que se ha arrepentido de sus malas acciones- comentó Jota.

-No creo- contestó Victor-. Bueno, ¿a qué quieres jugar, Jota?- le preguntó.

-No sé- respondió el otro mostrando desánimo-. He jugado a todos no sé cuántas veces, y ya me los sé de memoria.

-Vamos, ¿quieres jugar a uno de lucha? Bruce es bastante bueno en esos. Estoy seguro que te sería muy difícil vencerle.

Jota miró a Bruce, y mostró una amplia sonrisa.

-¿Qué me dices, Bats?- le dijo con un regresado tono festivo- ¿Te atreves a desafiarme? Te advierto que yo también soy muy bueno.

Bruce dudó unos instantes.

-Bueno, está bien.

Ante la mirada atenta de Victor y de otros estudiantes que se fueron agolpando detrás de los dos jugadores, Bruce y Jota iniciaron una partida ante la pantalla de un juego llamado "Airplane fighter".

-El vencedor será quien gane tres de cinco combates, ¿de acuerdo?- propuso Jota mientras él y su contrincante manejaban con gran maestría los mandos del videojuego.

-Como quieras.

Ante la emoción de los espectadores y el progresivo apuro de Jota, Bruce fue cogiendo terreno, hasta que finalmente consiguió vencer los tres últimos combates.

-Bien, pues ya está- dijo el joven tras ganar la última partida y dejando los mandos-. Ha sido relativamente fácil.

-Hasta ahora nadie me había vencido en este juego- comentó Jota contrariado-. Tienes que darme la revancha.

-Hoy no. Juega con Victor si quieres.

-Vamos, no me digas eso. Te acabas de ganar un némesis de por vida. O al menos hasta que pueda vencerte.

Bruce suspiró resignado.

-De acuerdo. Otra partida. Pero solo una.

-Bien- dijo Jota sonriendo con malicia. Decidido, se situó frente a la pantalla y cogió otra vez los mandos, al igual que Bruce-. Ah, pero antes tengo que ir al lavabo.

Y, ante la mirada estupefacta de todos, marchó con paso rápido hacia la salida del salón.


Mientras se secaba las manos ante uno de los lavabos de los servicios masculinos, Jota se miró al espejo. Se fijó que últimamente aquella expresión que le hacía una sonrisa simpática y le empequeñecía los ojos ya no se le mostraba tanto como antes. Le vino a la memoria la mala situación que había hecho pasar a Harley, y pensó que tal vez tenía algo que ver. Y es que no podía evitar algo de sentimiento de culpa cuando recordaba lo que ocurrió en la fiesta de Halloween. Suspiró. Se pasó la mano por sus ondulados cabellos castaño oscuro, peinados hacia atrás, y trató de serenarse. Debía encontrar un momento para estar con Harley y hablar con ella sobre el tema, pedirle disculpas y tratar de ser buenos amigos. Respiró profundamente, y se dirigió a la salida de los servicios. Una vez en el exterior, cuál fue su sorpresa al encontrarse que salía de los servicios femeninos Selina Kyle.

-Vaya, hola, Jota- saludó la joven también un tanto sorprendida, deteniéndose frente a él.

-Caramba, Kitty, ¿cómo tú por aquí?

-Bueno, he venido a comprar a la tienda esa de ropa alternativa- improvisó la joven, pero sin perder la naturalidad-. ¿Y tú?

-Estoy con Victor y Bruce en el salón de videojuegos- respondió Jota desenfadadamente-. Aunque no lo parezca, has de saber que tu novio es muy bueno en esto de los juegos de lucha. Me ha vencido como quien no quiere la cosa. Quizá le proponga que se apunte al campeonato que habrá en breve.

-Bruce no es mi novio- dijo Selina impasiblemente.

-¿Quién ha dicho nada de Bruce?- preguntó Jota divertido- También podría haberme referido a Victor.

-Victor ya tiene novia.

-Cierto- dijo Jota dándose cuenta-. Un lapsus por mi parte. En todo caso, es una lástima que Bats y tú no seáis novios, haríais una muy buena pareja.

-Me temo que ahora no está el horno para bollos entre nosotros dos- se lamentó Selina bajando la mirada.

-No te pongas tan seria, mujer. Estoy seguro que tenéis más cosas en común que las que os separan, y que un día gracias a él voy a poder ver dibujarse una sonrisa en tu cara.

Selina no dijo nada, pero le miró con cierta simpatía.

-Bien, y ahora te dejo que me están esperando para empezar otra partida- dijo Jota con entusiasmo. Pero entonces se puso un poco más serio-. Por cierto, ¿cómo está Harley?

-Bien- respondió Selina amablemente, dándose cuenta de la preocupación del joven-. Ha decidido centrarse en el club de gimnasia, y está muy animada por la exhibición de presentación.

-Me alegra saberlo- dijo Jota con una pequeña sonrisa-. Un día de estos tengo que devolverle su pistola, que aún la tengo desde Halloween. Venga, hasta luego.

-Hasta luego.

Mientras Jota se alejaba, Selina oyó la melodía de su teléfono móvil (el tema de la película "La mujer pantera"). Lo sacó y miró el nombre de quién llamaba. Seguidamente apretó una tecla y se lo puso al oído.

-Dime, Maven.


Dentro de la cama, Sondra se desesperezó y se puso erguida. Después de unos segundos salió de debajo de las sábanas y caminó por la habitación mirando al suelo, mientras Preston, quien seguía en el lecho y se había sentado, se deleitaba contemplando su cuerpo desnudo.

-Y hablando de todo, ¿cómo os ha ido la salida de esta tarde al centro comercial?- preguntó el joven- ¿Harley ya está de mejor humor?

-Sí, más o menos- informó su novia, mientras recogía unas bragas que había tiradas sobre el piso junto a otras piezas de ropa, y se las ponía-. Parece que ya se ha olvidado de Jota, pero no del todo del club de la comedia.

-¿Y eso es malo?- preguntó Preston quien, también desnudo, salía de la cama y se sentaba en un borde de esta- Si ya tiene superado su desengaño amoroso, no veo por qué no puede seguir en el club de la comedia si le ha encontrado el gusto.

-No sé, no lo veo del todo claro- dijo Sondra pensativa-. La que me preocupa un poco es Selina.

-¿Y eso?

-Ya ha vuelto a desaparecer como en Halloween. En un momento dado dijo que iba al lavabo y si te he visto no me acuerdo. La hemos esperado, pero en vista que no volvía, hemos decidido regresar sin ella. Supongo que no le habrá pasado nada.

-Qué curioso- dijo Preston mientras caminaba hacia ella, ante la mirada examinadora de la joven-. Victor me ha contado que en la salida que han hecho al centro comercial esta tarde Bruce también se desvaneció en cierto momento. ¿Crees que tendrá algo que ver?

-Oh, oh- Sondra sonrió y rodeó con sus brazos el cuello del chico-. Igual esos dos están saliendo en secreto. Creo que ahora sí que tenemos una nueva pareja en Mansión Arkham.

-Mejor que no lo menciones. Lo mismo dijiste de Harley y Jota y ya ves lo que pasó.

-¿Crees que doy mala suerte?

Preston se encogió de hombros.

-Oye, ¿por qué no te quedas a dormir?- preguntó el joven con una sonrisa pícara, abrazando a la castaña.

-Nooo- respondió ella poniéndose seria-. Ya hemos hablado de ello. Nada de quedarse a dormir. No quiero que mañana las chicas y la profesora Al Ghul me vean salir de tu habitación, y me tomen el pelo de nuevo, como la primera vez.

-Bueno, ¿pero al menos lo hacemos otra vez como despedida?- preguntó Preston con una mirada lastimosa.

Sondra volvió a sonreír.

-Cualquier excusa es buena, ¿verdad?


-Señor Gordon.

El administrador, sentado en su silla giratoria, se movió de la pantalla del ordenador al mostrador, donde al otro lado de este se encontraba un joven de figura seria e imperturbable.

-Vaya, Bruce, no sé cómo te lo haces, pero nunca te oigo venir- comentó el señor Gordon.

Sin decir nada, Bruce dejó sobre el mostrador una radio de pequeño tamaño y color oscuro.

-¿Es la que le había desaparecido a Waylon Jones?- preguntó el administrador un tanto sorprendido.

-Exacto.

-Entonces, ¿tus sospechas eran ciertas?

-Al menos una parte sí.

El señor Gordon tuvo claro que, como siempre, no podría sacarle más información a aquel joven, cuya característica principal era mostrarse de lo más reservado.

-En cualquier caso, gracias por tu ayuda- concluyó el administrador, contemplando el objeto-. Mañana le preguntaré a Waylon que me describa su aparato de radio, y si me demuestra que es el suyo, se lo entregaré. Y caso cerrado.

Entonces el señor Gordon miró enfrente suyo y se dio cuenta que estaba hablando solo, y que Bruce ya había desaparecido escaleras arriba.


Bruce avanzaba con paso rápido por el último tramo de escalera antes de llegar a la puerta que daba a la azotea de la residencia, cuando, estando a mitad de camino, dicha puerta se abrió y apareció una figura femenina.

-Ah, buenas noches, Bruce- saludó la recién aparecida, mientras empezaba a bajar las escaleras-. Si venías a hablar un rato llegas tarde. Yo ya me voy a la cama.

Pese a la parcial penumbra de la escalera, el joven pudo ver que la chica vestía uno de sus atuendos gótico-oscuros, lo que de algún modo, junto a sus ágiles movimientos, le daba un aspecto inquietantemente felino.

-Buenas noches, Selina- dijo el joven fríamente-. ¿O debería decir "Catwoman"?

-Creo que prefiero lo de "Kitty"- respondió ella con una media sonrisa, con sus ojos a la altura de los de él, gracias a estar unos escalones más arriba.

-Según parece, no solo te hiciste con tu cascabel, sino que les has devuelto todos los objetos que había robado Croc a sus propietarios.

-¿Lo desapruebas?

-No me parece el modo mejor de hacer las cosas. Y peor me parece el "ojo por ojo" y tomarte la justicia por tu mano.

Bruce esperó una respuesta por parte de la chica, pero no la hubo.

-Dime, ¿conoces a una tal Maven Herrera?- le preguntó.

-¿Maven Herrera?- dijo Selina como si hiciera memoria- No me suena. ¿Debería conocerla?

-Es estudiante de empresariales y casualmente también forma parte del club de gimnasia- explicó Bruce-. Y tiene un empleo de media jornada en la tienda de ropa alternativa del centro comercial.

-He oído hablar de esa tienda- dijo Selina, como no dando importancia a las palabras de Bruce-. Un día de estos tengo que pasarme.

-Yo diría que ya te has pasado- siguió hablando su interlocutor-. En esa tienda también hay un negocio clandestino de compra y venta de objetos robados.

-Vaya, se puede decir que en esta universidad realmente hay de todo- dijo la joven aparentando sorpresa-. Y si el señor detective aquí presente lo sabe, ¿cómo es que no lo denuncia?

-La cuestión es que esta tarde me he pasado por la tienda y Herrera me ha contado que hace unos días una chica enmascarada vestida de negro, y que se hizo llamar "Catwoman", le entregó un aparato de radio para su posible venta, precisamente el mismo que hace poco, la misma noche en que tú te hiciste con tu cascabel y demás objetos, le robaron a Croc. Afortunadamente aún no lo habían vendido y he podido recuperarlo.

-Así que Catwoman se ha quedado sin su parte de los beneficios, y los riesgos que ha pasado no han servido de nada- comentó Selina-. Y por lo que veo, según tú, yo he pasado de ser "Kitty" a ser "Catwoman"- dijo mientras descendía unos escalones, quedándose al lado de Bruce-. Pues entonces, según yo, tú pasas de ser "Bats" a ser "Batman"- la joven descendió unos escalones más y se giró hacia el joven, quien también le miraba.

-Entonces, ¿reconoces que eres tú quien le robó la radio a Croc?- preguntó él.

-Lo que reconozco es que Batman sabe ir un paso por delante de Catwoman, cuando ella seguramente pensaba que era al contario- respondió Selina al tiempo que empezaba a bajar las escaleras-, y puede que lo tenga en cuenta. Felices pesadillas- hizo una pausa-. ¿Y dices que una de mis compañeras de club estudia empresariales? Pues quizá un día la contrate como mi secretaria.

Bruce, con su mirada seria, vio bajar las escaleras a Selina y desaparecer por una esquina.