Un destino incierto
Un mar de recuerdos en una mente atormentada por un destino incierto, eso era Severus Snape.
Recordar como hace más de una década y media pasó por una situación semejante, le produjo un escalofrió que le recorrió toda la espalda provocando en él, espasmos que se intercalaban entre cada gota de sudor frío que recorría su espalda. Faltaban quince minutos para su audiencia, y no se veía ninguna persona que viniera en su defensa.
Los recuerdos llegaban de manera imprevista, y se estacionaban en su cabeza imágenes insondables, quince minutos faltaban y parecía la eternidad, de repente esas imágenes se volvían más nítidas, y el bombear de su sangre aceleraba los latidos de su corazón, determinando los segundos que le quedaban de "efímera libertad". Una Lily Evans, "nunca Potter" se decía Snape siempre que pensaba en ella, yacía muerta en sus brazos aquella noche de otoño. Un Albus cayendo lentamente por la Torre de Astronomía de Hogwarts, el padre que siempre deseo tener, muerto por sus propias manos. Un sinfín de rostros, desde pequeños infantes de no más de dos años de edad hasta ancianos muggles y magos, pasaban por su mente; "Qué momento he elegido para recordar cada asesinato a causa mía, la vida sí que es irónica". Cerró sus ojos, y lo que vio fue lo más impactante. Hacía ya alrededor de dieciocho años, se encontraba sentado en esa misma sala, en una silla rodeado de cadenas que lo apresaban hasta el cuello, cadenas mágicas, una sala con paredes de piedra color negro, con gradas a su alrededor pero enfrente de él aproximadamente 50 bancos donde tomaban asiento los miembros del Wizengamot, se le acusaba de haber matado a más de 500 muggles como miembro de los mortífagos, tomando en cuenta que era la cantidad que como mortífago le correspondía, un secuestro de una familia completa de magos considerada por los mortífagos como "traidores de la sangre" de 5 miembros, la familia "Williams", en la cual los padres fueron asesinados brutalmente por Lucius Malfoy y a él se le fue considerado como cómplice de los asesinatos, además de proporcionar información al mago oscuro conocido como Lord Voldemort, le preguntaron cómo se declaraba, pero cuando él estaba a punto de responder Albus Dumbledore se presento intempestivamente, más bien se levantó, y se presento como defensa del acusado, muchas especulaciones y murmullos se habían escuchado en la sala, y Severus sabía que nada de lo que el director de Hogwarts diría le ayudaría a salir librado, sin embargo, no contaba con que el director de Hogwarts, además de demostrar que era espía de la Orden del Fénix, no lo excusaba por los asesinatos, mas si por el secuestro ya que era de primera necesidad que él demostrará su lealtad a Lord Voldemort, además ofrecía una condena de 10 años como profesor en Hogwarts sin la libertad de salir de los terrenos de Hogwarts, ya que no era un peligro para la sociedad y era un mago con vasto conocimiento en varias materias y un mente tan prodigiosa como la de él no podría ser desperdiciada en un lugar como Azkaban que terminaría por volverlo loco, cosa que en realidad Dumbledore no creía del todo. Y con esa proposición el Wizengamot en pleno decidió que Severus Snape, Ex-Mortífago era considerado en libertad condicional bajo la supervisión de Albus Dumbledore, dentro de las instalaciones de Hogwarts, en donde impartiría clases durante 10 años para cumplir su condena, sin libertad de salir fuera de las instalaciones y terrenos del castillo de Hogwarts. Eso fue un 9 de enero de hacía casi veinte años, donde a pesar de ser uno de los mejores regalos de cumpleaños, fue uno de los peores momentos de su vida, confinado a vivir en un castillo, aunque no se podía negar, era el único lugar al que consideraba hogar.
Volvió su mirada a su muñeca izquierda, cinco minutos restaban, decidió que era tiempo de entrar, se paro derecho, su mirada levantada, con el rostro en alto y él erguido en todo su esplendor, decidido a que fuera cual fuera el resultado de esa visita el saldría con la frente en alto, por algo se hacía llamar el Príncipe Mestizo, no provenía de una familia real, pero su andar y su seguridad lo hacían parecer de la realeza, o bien, una serpiente parada y muy grande de color negro.
Abrió la puerta, y miles de flashes de cámara lo retrataron pero él ni se inmuto, con una leve inclinación de su cabeza camino en medio del mar de periodistas que lo asediaban, "definitivamente, si salgo libre de esto al único que le daré entrevista será a Lovegood, es más le pagaré para que me entreviste, así le quito la idea de que soy un vampiro" pensó. Pasando el mar de cámaras, vio la sala, imponente como la primera vez que estuvo ahí, los cincuenta miembros del Wizengamot en pleno estaban ahí, no como la primera vez que estaban solamente la mitad de bancos llenos, respiro profundamente, vio la silla de los acusados, bajo su mirada a su viejo reloj gris, "madre, si estás ahí, dame valor, y demuéstrame que brillo para que el veredicto sea justo" pensó, deseando con todas sus fuerzas la justicia y pidiéndole ayuda a un espíritu; levanto si se podía aun más su frente, y emprendió el camino hasta la silla de los acusados.
Kingsley Shacklebolt, se levanto de su asiento, en medio de la primera fila de los bancos del Wizengamot, y con un leve carraspeo llamó la atención de Severus Snape, y dijo:
Señor Snape, cuando guste puede tomar asiento en la silla de los acusados – Señalando la silla a la mitad de la sala -, aun falta un minuto para dar inicio a su audiencia.
Snape lo miro escéptico, "¿acaso parezco idiota Shacklebolt? Ni que fuera el estúpido de Potter para saber donde debo sentarme" pensó.
Vio la silla, la silla donde muchos recibieron el beso de dementor, ¿ese sería su fin?, un escalofrío le recorrió el cuerpo, y sin pensarlo en dos zancadas estuvo de frente a la silla, y sin más miramientos se sentó.
