DESPUES DE LA HISTORIA

CAPITULO 6

Los días habían transcurrido con tranquilidad, como si lo de hace unas semanas hubiese sido un sueño, o por lo menos así lo sentiría, de no ser por…

― Ey! ¿No vienes?

La voz de Yon, me sacó de mi concentración.

Era cierto.

El reloj marcaba un par de minutos más de las doce del mediodía.

Teníamos una hora libre para salir a almorzar.

― Oh, no me había dado cuenta de la hora, lo siento, hoy no podré acompañarte, tengo que atender un compromiso mientras almuerzo…

― Mmm… me has dicho eso, toda esta semana. No estarás empezando una nueva dieta sin mí, ¿no? ― la voz juzgante e infantil de la que había vuelto a ser mi amiga, de manera inesperada. Llamó la atención curiosa de nuestros otros compañeros de sección, que caminaban con dirección a la salida con el mismo propósito―. ¿O me estas evitando? Ya te dije que lamento haberte tratado tan mal antes…

― ¿Eh? No… no es eso, es solo que tengo que llamar a alguien, créeme, no te gustaría tenerme frente tuyo, ignorando con mi móvil…

― ¿Es la misma persona de todos los días? Mmm… acaso tu estas…

El solo hecho de sentir que hablaría del tema, hizo que me pusiese nerviosa internamente.

Para fortuna mía, la interrumpieron.

― jaja ya no agobies a Shin con tus preguntas ―su novio apareció con expresión alegre, mientras la tomaba de la mano, con la intensión de que la siguiese―. Si dice que hoy no puede, compréndela… ¿y si vamos a almorzar juntos hoy?

― Si, pero… ―Yon se detuvo, mientras me miraba con confusión e intriga, para luego ceder―, está bien.

Apenas encontré un lugar vació, en aquel pequeño restaurante que había a unas cuadras del edificio.

En una extensa mesa giratoria apoyada alrededor de los chefs que cocinaban y ponían los platillos en porciones medianas y pequeñas, en una columna delgada, mucho más que la de un bar, donde desde tu asiento podías coger los platillos a elección, tal iba pasando frente tuyo, para luego posarlos en tu delgada pero cómoda mesa inferior.

Era un lugar bastante raro a primera vista. Pero muy concurrido entre las personas adultas y mayores. Siendo raro ver a una oficinista como yo en aquellos lugares. Ya que todos, incluyéndome, preferían las tiendas de comida rápida, rica, pero nada saludable.

Apenas me acomodé en el banquillo alto, tomé un platillo al azar del mostrador ambulante, para luego sacar mi celular mientras comía.

Si, estaba llamando a esa persona que me había recomendado ir a sitios como este, donde si bien el ambiente no era ostentoso, se comía de forma más sana.

El tono solo sonó una vez, antes que contestara.

― Oh, holaw… ―expresó con voz graciosa, dando a entender que se encontraba también almorzando―. Justou estabha pensando en si recibiría tu llamhada… ―reí por lo bajo, mientras empezaba ha llevarme un par de fideos a la boca, con los palillos―. ¿Qué estas comiendo hoy?

― Nha pada hablarg, you comendo… ―solté a propósito, mientras masticaba de costado.

Desde el otro lado, pude escuchar su leve risa, para luego tomar un momento y terminar lo que tenía en su boca.

― ¿Disfrutas tu comida de hospital, hoy?

― No… no sabe a nada ―se quejó como un niño―, ahg… siento que llevo una eternidad aquí… ya quiero ser dado de alta, no me gusta estar quieto sin hacer nada.

― Si, pero debes calmarte, ya solo faltan dos días, y te quitarán los vendajes… ― lo consolé, mientras volvía tomar una porción de fideos con los palillos, llevándolos a mi boca―. Anímate ¿sí?

― Si… ―su voz se tornó confortante―. Pero debo confesar que lo que más me anima es saber que cuando salga, tendré la libertad de verte más seguido ―río con un tono coqueto y algo tímido―. Me siento un poco mal, que seas tú quien siempre tenga que venir a mi…

― No te sientas así, sé que tu harías lo mismo si el rol fuese invertido…

― Sé que sí ―me interrumpió emocionado―, aunque debo admitir que yo soy muy terco jeje ―se escuchó de fondo, un ruido como si caminara―. Oh, Seven acaba de llegar…

― Pensé que estaba almorzando contigo, ya me parecía demasiado tranquilo.

― Oh, pues solo me acompañó los primeros días, pero ahora solo vine unos minutos cada par de horas… eh? Sí, estoy hablando con ella… espera, no! No voy a darte mi teléfono! Seven! ―eso último se escuchó lejano, y como si forcejearan en tener el móvil.

Luego se escuchó un golpe brusco, como si algo cayese.

― ¿Hola? Yoosung ¿Qué esta pasando? ¿Qué fue ese ruido?

― Holaaaa novia de Yoosung, aquí el agente 707 informando situación ―respondió Luciel, con su voz clásica de bromas―, Yoosung ahora no se encuentra disponible en estos momentos…

― Eh? ¿Qué pasó? ¿Qué le hiciste a mi Yoosung esta vez, Seven? ―me quejé, con fingida molestia.

― El agente 707, no hizo nada esta vez… ¡No me culpes! ―en esta última frase se salió de su papel y pareció molesto de verdad―. El objeto A, en segundos pasados, forcejeó con el objeto B ―su voz volvió a ser normal―, por el poderío del móvil arcaico. El objeto A parecía que ganaría, pero en un vuelco de sucesos inesperados, su bandeja empezaba a deslizarse, para luego deslizarse más y al final terminar deslizada en el suelo, junto con el objeto A que evitó intento evitar el deslizamiento, pero sin éxito ―se rio―. Convirtiendo al objeto B en el ganador…

― ¿Yoosung se cayó? Seven, en vez de estar riéndote deberías ayudarlo a levantarse, su condición aun es frágil…

― ¿Ehhhh? Yo también me vi afectado con la caída, había dejado sobras en su plato y estas cayeron en uno de mis zapatos…

De fondo podía escuchar renegar a mi bebé, al parecer recogiendo todo lo que había en la bandeja.

― Esta bien, está bien, mira, ya casi no te falta recoger nada ―escuché que hablaban―, dámelo, tu novia ya me regañó, deja que yo lo deje en el carro, para que se lo lleve la enfermera… oh… justo llegó… Lo sentimos… fue un accidente…

Me reía por lo bajo, mientras aprovechaba para comer rápido.

― ¿Hola? ¿Sigues ahí? Lo siento, sabes cómo es Seven… ―volvió a tomar el móvil mi amado, con voz apenada―. Hum… estoy triste… no había tocado mi gelatina, lo único que tiene sabor en este lugar… hum… hum…

― Eso es triste… pero no te aflijas, ya te mencioné que no se cocinar, pero puedo prepararte al menos gelatina… ¿qué sabor te gusta más?

― ¡El de manzana! ―respondió animado de nuevo―, digo, es lindo que quieras animarme, gracias, siempre sabes cómo llegarme ― escuché que suspiró levemente―, tu presencia y la gelatina que me dan de postre, han sido mis fuentes de dulzura estas casi dos semanas.

― Pero yo soy más dulce ¿verdad? ―bromeé.

― Por supuesto que sí, de eso no hay dudas ―su voz sonó tranquila y dulce―, pero ya hemos hablado mucho de mí, ¿qué hay de ti? Espero no hayas vuelto a escoger el tazón de fideos solo, sabe bien, pero igual no es saludable si lo comes todos los días…

Casi me atoré al ver que había adivinado, para luego toser, poniéndome en evidencia.

― Amor… así que acerté, tch ― me habló con tono de regaño.

― Pero es nutritivo, tiene semillas de sésamo y brotes de bambú mezclado con aceite de oliva ―traté de excusarme.

― Mmm…

― Bien, está bien, tomaré otro platillo más ―extendí mi mano, para tomar justo un bowl de ensalada con atún, mientras el cocinero me miraba con gracia, siendo ya consciente de mi condición―. Ese platillo es bueno, muy bueno para gente que estuvo enferma, les fortalece, debes traer a tu chico cuando le den de alta ―agregó el amable anciano sollastre, para luego centrarse de nuevo en su cocina―. Si, lo haré…

― ¿Eh? ¿Con quién hablas?

― Con el señor del restaurant, es muy agradable, me acaba de decir que te trajera cuando te den de alta, dice que su comida es buena para fortalecer ―le hablé por lo bajo, mientras mezclaba mis fideos con la ensalada―, me agregué un bolw de ensalada con verduras, espero este contento, ha este paso, terminaré subiendo de peso ―terminé diciendo con tono de puchero.

― También me gustaría visitar ese lugar contigo, las fotos que me envías se ven muy bien, hacen que odie más la comida de acá… ―respondió―, y sobre lo de engordar, tontita, las ensaladas no engordan, y aunque engordases en un futuro, te seguiría amando igual. Incluso… ―se tomó una pausa un tanto nervioso―, no te vayas a enojar con lo que voy a decir, pero tuve que imaginarte, en mi mente te recreaba como alguien gordita…

― ¿Qué? Entonces te defraudé con mi delgadez actual… ―escupí un poco asombrada.

― Si, estas muy delgada y pálida, me preocupa que tengas anemia…

No pude responder ante eso y solo solté un suspiro de asombro indignado, ante sus palabras que sonaban tan serias.

― Jajaja solo bromeo, con eso ultimo ―siguió hablando―. La verdad es que no tomo mucho en cuenta la apariencia física de las personas. Tanto aquí, como en Busan, conocí a muchas personas que son extremadamente hermosas de físico, pero eran unas horribles personas en sentimiento. Y puedo llegar a comprender un poco el complejo que suelen tener las chicas con su peso, mi mamá me explicó sobre ello cuando era un niño. Aunque la verdad es que lo comprendo mejor que la mayoría, ya que yo… ―tomó un segundo, como si pensase las palabras―, yo hasta noveno grado fui gordo. Y muchas veces en el colegio me molestaban por ello, me llamaban "Unsung" en vez de "Yoosung", recuerdo que al principio a veces lloraba por ello…

― Oh… eso es terrible, que niños más crueles.

(NOTA: "Unsung" es como se llama a los meteoros, piedras espaciales enormes que impactan contra la tierra, mientras que "Yoosung" significa estrella fugaz, los cometas que cruzan cerca de la tierra y son hermosos de ver)

― Si… no sé si fue por esa razón, pero cada que conocía a una persona, lo primero que miraba eran sus ojos. Era como si me diesen una descripción del tipo de persona que son, sin que ellos lo sepan. Tal vez te suene tonto, pero puedo sentir claramente la esencia de las personas, viéndole a los ojos, los que son… es algo que me gusta, pero a la vez me causa miedo, porque nunca sé que podría descubrir.

― No me parece tonto, pero leí en revistas científicas, cuando estaba esperando mi turno en el dentista, que las personas sensibles pueden notar ese tipo de cosas, mejor que alguien menos emocional ―respondí, aun un tanto asombrada ante tal confesión―. Puede que me asuste la respuesta, pero debo preguntar… ¿Qué sentiste viendo mis ojos? Con sinceridad.

― Hehe justo iba a hablarte de ellos ―dijo más emocionado que cualquier otra cosa―. Tus ojos… los amo. El diseño que tienen, su color, la forma en que me miran, e incluso cuando miras a otras personas… ―suspiró de forma reconfortante―. Ehem… perdona, sé que con eso no estoy diciendo nada objetivo, pero entiéndeme, ¡soy un hombre enamorado!

― A mí también me gustan tus ojos… son tan tiernos.

― ¿Tiernos? Mmm… no quiero que me veas de forma tierna, tendré que cambiar eso, pero gracias por decirlo ―respondió con voz de puchero―. Sobre lo que veo en tus ojos… jeje yo… te lo diré, pero no ahora, me gustaría decírtelo en persona…

― Esta bien, pero te estaré esperando, no vayas a olvidarlo.

―Sí, prometo que te lo diré apenas aparezca el momento oportuno. Gracias por comprender y permitirme algunos caprichos…

Hablamos todo lo que mi hora libre me permitió hacerlo.

Siempre lograba robar mi atención y hacerme sentir bien con sus palabras.

Amaba eso de él.

El ruido de la impresora me sacó de mi pensar.

Todos los formularios que necesitaba ya estaban impresos.

Con mi pequeña torre de papeles, volví a mi cubículo.

Ahora tenía mucho que rellenar.

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La puerta se abrió de forma que lo despertase.

― ¿Jumin? Ha, estaba esperándote, hay algo que quería pedirte….

― Siento no ser tu amigo, Jihyun, pero también tengo que hablar contigo ―respondió con voz seria, la presencia que lo visitaba.

V lo reconoció al instante.

Conocía su voz desde siempre, y su forma de hablar lo puso en alerta, haciendo que levantase medio cuerpo, para estar sentado en su cama.

― Padre, no te esperaba, lo siento.

Inclinó su cabeza hacia adelante, teniendo aun vendado completamente ambos ojos.

― Si, es algo que supuse ―expresó el hombre, quien alguien bastante mayor, con un aire muy fino, vestido en un esmoquin negro impecable. A pesar de su avanzada edad, mostraba rasgos de belleza varonil, mas con su rostro molesto―. Sé que nuestra relación no es tan buena como la del CEO Han y su hijo, pero… aun así esperaba que te dignases a llamarme cuando necesitases ayuda. Eres tan problemático como lo fue tu madre en su tiempo, cuando creo que no podía decepcionarme más de ti… ―tomó silencio por unos segundos, al notar que su voz desbordaba molestia, y quería mantener un perfil digno de su clase―. Debí haber intervenido esa vez que me presentaste a esa mujer, debí haber hecho caso a mis presentimientos…

V siguió en silencio, con la cabeza gacha y expresión inerte, escuchándolo.

― Todo eso de la caridad siempre me producía desconfianza. Si hay algo que aprendí a distinguir en mi larga vida, es que las caras "puras e inocentes" suelen esconder a las peores personas. Y esa mujer era una de ellas. Incluso tu madre lo hubiese notado. Pero lo que más molestia me causa, es que tenga que ser el último en enterarme de todo, a pesar de que seré yo quien tenga que cubrir y resolver todo el caos que dejas que se forme a tu alrededor. Debo estar pagando algo malo que hice en mi vida pasada, para tener un hijo como tú…

Se detuvo de golpe, al notar que alguien tocaba la puerta y entraba sin esperar respuesta.

― V, soy Jumin, siento la tardanza, yo…

Han se cayó al notar que su amigo no se encontraba solo.

― Buenas tardes, Sr Kim, disculpe la interrupción, no sabía que lo encontraría aquí ―lo saludó mientras inclinaba levemente la cabeza.

― Ah, buenas tardes Han Jumin ―respondió a secas este, intentando ocultar lo sobresaltado que estaba―. Justo estaba por mencionarte en nuestra conversación. Antes no tuve tiempo de agradecerte, en que hayas logrado convencer al terco de mi hijo, para que se tratase la ciegues provocada que estuvo ocultándome todo este tiempo. Envidio al CEO Han, al tener un hijo tan digno y responsable, no tengo duda de que un futuro te convertirás en el mejor CEO que tendrá C&R. Estaré pensando en la forma de retribuir tu ayuda a mi familia.

Jumin pudo notar el ambiente tenso que había antes de su llegada, tras esas palabras.

― Agradezco sus palabras CEO Kim, pero no soy digno de tanto encomio. Solo actué como un buen amigo. Veo que los interrumpía en algo importante, con su permiso. Volveré más tarde.

― Gracias Jumin ―fue lo único que articuló V, girando su cabeza en su dirección, asintiendo.

Una vez estuvieron solos de nuevo, el CEO Kim volvió a su reprimenda.

― No tengo mucho tiempo para seguir regañándote, más teniendo a alguien esperándote, así que iré directo al grano, con lo que quiero decirte. Te prohíbo volver a tomar parte de esa organización a la que llaman RFA, y si es posible, quiero que la desintegres. Ya es hora de que tomes conciencia de quien estas destinado a ser. Así como lo tiene claro quién será en un futuro, Han Jumin. Ya te he dejado mucho tiempo a que juegues al "artista". Podrás continuar con ese pasatiempo ridículo tuyo, una vez te jubiles y hayas dejado nuestra empresa en manos de los nietos que espero empieces a tener pronto. Si no tienes en mente a alguien para ello, puedo ayudarte en tu búsqueda, hay decenas de candidatas, entre las hijas de nuestros socios más importantes. Espero no hayas creído todo este tiempo, que dejaría la empresa en manos de tus hermanos menores. Ellos nacieron con el destino de ser tus soportes y ayudantes en la empresa. Si tú decides huir de tu destino, afectarás también el futuro de ellos. Aun son muy jóvenes, y yo no llegaré a poder guiarlos como quisiese, cuando llegue la hora de hacerlo. Es hora de que entierres tu pasado, junto con esa mujer que solo supo causarte más tragedias que alegrías. No puedes vivir guardándote a una difunta. El mundo sigue, y si no avanzas, te termina aplastando…

― Padre, comprendo tu sentir, pero, con todo respeto, yo no pienso seguir lo que dice. No puedo ser el sucesor que deseas… yo…

Sus palabras acallaron cuando sintió el impacto seco de algo en su rostro, que lo obligó a torcer el rostro a un lado.

El CEO Kim se había quitado uno de su guantes oscuros y finos, y con tal, lo había abofeteado a modo de reprimenda y desafío.

― No estoy negociando contigo. Desafíame esta vez y te destruiré en cuestión de segundos, aun con el dolor que me provoque el hecho de que seas mi hijo ―agregó este, mientras volvía a colocarse en guante y guardaba decoro, acomodándose ligeramente los cabellos cenizos que se habían despeinado ante su brusco movimiento―. Tus caprichos cuestan dinero. ¿Quién demonios crees que pagó a influencias de la policía, para que no investigasen a fondo el caso de esa mujer que murió en aquella casa cercana a esa iglesia alejada de la ciudad, teniéndote a ti y Rika como mayores sospechosos? ¿Quién crees que hizo que se borrara todo rastro físico de la existencia de esos gemelos que te encimaste en cargo? Incluso sé el por qué muchos los quieren muertos. No creas que soy un estúpido, que se conforma solo con lo que tú me dices. El hacker que trabaja para ti, no es el único en el mundo, es solo un niño jugando con el peligro, lo vigilo con alguien de su misma calaña, pero mucho más experimentado. Siempre fingí ser ignaro, esperando el momento en que tu llegases y me vuelvas tu confidente y me pidieses ayuda, pero me cansé de que ese día llegará. Puedo leer tu rostro, seguro piensas que desheredarte sería lo mejor… ¡ha! ¿Crees que lo que factura un artista podría sostener todos estos gastos? Tal vez si fueses Da Vinci o Picasso. Ni siquiera podrías pagar la boleta de ese muchacho que está internado en este mismo hospital, ese que es el hijo menor del secretario de estado de la provincia de Busan. ¿Tienes idea a cuanto ascendió sus gastos médicos? ¡Prácticamente perdió un ojo! Tenemos suerte que su padre, a pesar del poder político que tiene, se haya conformado con que nos encarguemos de los gastos médicos en su totalidad. Si nos hubiese demandado, por introducir a su hijo en una organización tan conflictiva y haberlo expuesto a tal peligro, nos hubiera traído grandes problemas, un escándalo que arruinaría nuestra intachable reputación. Un bufet completo para los medios amarillistas.

― Él era un familiar cercano de Rika, no podía rechazarlo…

― ¡Claro que podías! No quieras mentirme, te dije que lo sé todo. Ellos ni siquiera son familiares políticos ahora. Esa mujer era tan problemática que ni su familia adoptiva pudo soportarla, terminando desvinculándola de ellos. Y es lo que todo Kim haría por honor al apellido ― suspiró con pesar―, al final nunca supiste tomar las riendas de forma seria y decir no a todo lo que te acontecía, provocando un caos mayor. Tu madre era igual de blanda…

― Padre, ¿acaso estas aceptando que mi madre cometió un error en escogerte a ti? ―expresó por fin el de ojos turquesa, con un gesto melancólico dibujado en sus labios.

― ¡¿Qué?! ―exasperó su padre ante la sentencia, mas prefirió no ahondar en el tema―. Yo… admito que no fui el mejor esposo que pudo tener tu madre, pero por lo menos nunca la metí en líos ni expuse su vida al peligro. Pero nunca pude comprenderla del todo… En todo caso, estoy seguro que me daría la razón en todo este asunto.

― Un año, dame un año para resolver todo esto por mi cuenta, por favor…

― ¿Un año? ¡Por supuesto que no! Si dejamos que esto siga, será más difícil de resolver luego…

V insistió con una prórroga.

Su padre se mantuvo firme en su decisión, hasta que este mencionase que el hijo del CEO Han también lo ayudaría, para actuar de forma discreta.

Al final, cedió con una condición.

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El día había llegado.

Si salía rápido del trabajo y no perdía el tren en tal hora, llegaría justo al hospital para acompañarlo a salir.

¿Debería llevar flores o globos?

Esa duda me carcomía la cabeza.

Aparte de la vez que recogí a mi madre de su cirugía, hace muchos años atrás, nunca había ido al hospital a acompañar a alguien que fuese dado de alta.

Ya lo había noogleado la noche anterior, y las flores eran la mejor elección, pero…

¿Rosas rojas o rosadas?

Las rojas expresaban pasión y un amor intenso con locura, y las rosadas un amor puro y tierno, tirando a la inocencia y cariño.

Me sentía representada por ambos, pero si escogía el inapropiado, me sentiría apenada.

Me llevé ambas manos en la frente.

A pesar de mi edad, nunca antes había estado o iniciado una relación romántica, y quería dar lo mejor de mí. Era algo extraño que estaba sintiendo por primera vez.

De verdad quería dedicarme en ello.

Algo que nunca antes sucedió en el pasado, en mis trágicos intentos de interesarme en alguien, nunca concretando a una primera cita.

Dejé de trabajar por un segundo, para usar el navegador de mi móvil y nooglear las florerías cercanas a la parada de estación.

Con un poco de suerte, y el consejo de la florista que me atendiese, podría elegir un ramo para la ocasión.

Sé que a primera vista podría ser exagerado, pero un detalle como ese, alegraría a Yoosung.

Era algo notorio en él, y tanto Zen como Jaehee también lo habían mencionado y confirmado en unos chats pasados.

― ¿Flores?

Yon volvió a asustarme, apareciendo detrás mío, y observando por encima de mi hombro, lo que reflejaba la pantalla de mi celular.

― Si ―respondí a secas, ya que por el momento prefería no hablar del tema con ella.

― ¿Iras a visitar a alguien a un hospital? O… ¿al cementerio? ―preguntó un tanto preocupada.

― Hospital.

― Oh… ¿acaso tu mamá volvió a decaer? Eso es terrible…

No pude hacer un sonido de risa contenida.

― Dios mío, no ―respondí―. Mi madre por suerte se encuentra estable desde hace años. Es… ―titubee un segundo, si debía por lo menos ser un poco más abierta― …alguien más. Hoy le dan de alta, espero llegar a tiempo para verlo.

― Ah… y "ese alguien" ¿puede que sea la razón por la que pones cara de babosa cada que hablas por tu teléfono? ―me preguntó de forma directa, mientras arqueaba las cejas de forma coqueta.

― Eso… seguirá siendo un misterio para ti ―le sonreí, para luego guiñarle un ojo, dándole a entender que no me haría hablar tan fácil.

― Mmm… que mala eres ―se quejó como teniendo una rabieta―, yo te conté cuando empecé a salir con Ahn…

― Si, pero fue porque tu querías decirlo, yo nunca te lo pregunté…

Yon gruñó ante mi respuesta.

― Es cierto, a ti solo te interesan los hombres ficticios de los libros y mangas que lees… un hábito que perduró en ti, de tus años frikis de la escuela, seguro ―expresó con resignación, mientras volvía a su cubículo―. Fui muy ingenua creer que al fin un hombre real estaba robando tu interés…

Iba a responderle, pero el ambiente fue interrumpido por una mala noticia.

La señora Wong llamó a todos los de la sección al piso de conferencias, donde siempre se hacia la reunión de comunicados y balances del mes.

Pero aún faltaba semanas para que el mes terminase, lo que significaba que el motivo podría ser…

Mi estómago se encogió al deducirlo.

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Con pesar sellaba documento tras documento.

La reunión imprevista fue para informar un cambio de fecha con las entregas administrativas. Un adelanto.

Lo que significaba que trabajaríamos horas extras.

Era un adiós a mis planes.

En el almuerzo ya le había mencionado que lo vería hoy.

¿Cómo me retractaría sin desanimarlo?

Sabía que comprendería, pero…

Suspiré con tristeza.

Pero, mientras maldecía mi destino una idea cruzó por mi mente.

Me levanté rápido, para ir al baño un momento, para hacer una llamada sin el riesgo de ser llamada la atención.

Solo deseaba que esa persona contestase.

― Oh, es usted ―me respondió de forma amable, aquella voz femenina―, justo estaba por llamarla. Leí su mensaje donde me mostraba que consiguió los boletos para ver la producción de Zen, estoy muy emocionada, ahora tengo una razón para esperar el fin de semana con ansias. Incluso ya aparte la fecha, para que ningún imprevisto de los que se le ocurran al Sr Han, pueda evitar a que falte, más ahora que iré acompañada con alguien.

Sonreí al escucharla con tal emoción, casi y me sentí culpable por lo que estaba a punto de pedirle.

― Por cierto, seguro que ya lo sabe, pero hoy dan de alta a Yoosung ―agregó―, justo acabo de salir del chat, ya que fue el único lugar donde encontré disponible al Sr Han, y pude ver que hablaba un tanto emocionado con Zen, compartiendo sus recientes experiencia de hospital. Y Seven intentando molestarlos, como de costumbre.

Podía imaginármelo.

En las últimas semanas, durante el día rara vez entraba al chat, por el trabajo y por qué el poco tiempo libre lo dedicaba a hablar con Yoosung, pero intentaba leer todo en la noche, o por lo menos hasta donde mis ojos aguantasen, ya que el cansancio solía vencerme.

― Si, justo por ese motivo quería hablarte Jaehee ―expresé un tanto tímida―, yo… siento pedirte esto a ti, sabiendo que estas siempre muy ocupada, pero eres la única de los miembros de la RFA a la que puedo pedir ayuda en esto, sin ser bombardeada con preguntas que no vienen al caso, y tomarlo de la forma más seria posible…

―Es cierto que los chicos y el Sr Han no son buenos para los recados y peticiones, pero también son confiables ―me respondió la castaña con cierto aire de ironía―, pero si prefieres recurrir a mí, respeto tus motivos, y te ayudaré si es algo que esté al alcance de mi manos y tiempo.

― Gracias, bueno… la razón es…

Traté de hablar lo más rápido posible, para volver rápido a mi puesto.

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Como procedimiento estándar del hospital, los dados de alta, eran llevados a la entrada, en silla de ruedas, firmando por última vez en la entrada de asistencia, presentando su formulario de salida.

― Ahora abre tus alas y vuela al cielo al que perteneces, Yoosung ―expresó Seven, quien bajó todos los pisos con él―, me gustaría acompañarte de vuelta a casa, pero yo debo quedarme un tiempo más en el hospital, por V… ya sabes.

El rubio le miró con cierto aire de incredulidad.

Si había algo que de verdad no extrañaría de su estancia en el hospital, seria soportar al rojizo y su humor peculiar que lograba hartar a la mayoría.

― Si, no importa. No soy un niño, como para que tengan que acompañarme a todos lados, se cuidarme solo.

Lo cierto, es que se encontraba un tanto apagado, al haber leído aquel mensaje de ella, disculpándose que no podría venir.

Seguro tendría una razón concreta para ello, pero no la explicó.

Estaba firmando su formulario de salida, cuando dos personas cruzaron la puerta principal.

Eran Zen y Jaehee.

Esta última parecía que había estado corriendo, por su cabello un tanto despeinado.

― Oh Yoosung! ―expresó el cenizo, mientras se acercaba y lo aprisionaba con uno de sus brazos ―, al fin libre, ¿no? Oh… que parche tan coqueto, me recuerda a uno que usé para una obra, pero en color negro…

― Me alegra saber que llegué a tiempo ―le interrumpió la castaña, mientras se acomodaba los lentes, para luego extenderle el ramo de flores que traía consigo―, yo tengo que entregar unos papeles a V, de parte del Sr Han, pero otra persona me encomendó entregarte esto. Por mi parte, es bueno saber que vuelvas a estar activo, con permiso de todos.

― ¿Eh? Pensé que el ramo era de parte tuya, Jaehee ―articuló Zen, sorprendido―. Ya hasta me estaba sintiendo culpable al no traer nada para Yoosung, ya que los detalles no son lo mío ― rio―. ¿Pero quién entonces los mandó?

― Pero que pregunta ¿Quién más le regalaría a nuestro Yoosung, rosas de color rosado con blanco, aparte de cierta persona? ―enunció con gracia el rojizo, mientras examinaba el ramo que sostenía asombrado, con ambas manos, el rubio, y ubicaba una nota entre los pétalos.

― Mmm… ―pensó por unos segundos el cenizo―, ah… cierto, es cierto… así que ella no pudo venir, pero envió esto… jajaja que linda.

― Esto… hasta ahora, nunca había recibido flores de nadie ―articuló entre sonrojo y emoción, el ahora dueño del ramo, demostrando con su pupila sana, estar al bordo del sollozo.

― Pues yo si recibí muchas flores de mis fans, aunque nunca de ese color, así que puedo comprenderte ―dijo Zen, con orgullo.

― ¿Los hombres también podemos recibir flores? ―preguntó Luciel entre asombro y exageración―, esto me tienta a internarme a propósito, para que mi sirvienta, la señorita Vanderwood me envié mi ramo de flores.

― Esa es una excusa muy mala para recibir flores, pero para alguien tan anormal como tú, Seven, supongo que es la única opción rápida ― respondió indignado el cenizo, quien también divisó la nota que había en el ramo―. Oh, mira… una dedicatoria, veamos que te dijo…

Pero en el momento en que intentó tomar la tarjeta, su mano fue desviada de una palmada, por parte del rubio, que se mostró serio.

― No, esa nota fue escrita por mi amor, exclusivamente para mí, hum.

Tanto su voz como el brillo en su mirada mostraban seguridad, pero a la vez discreción.

Terminó de firmar, para luego agradecer que lo hayan seguido hasta ahí, para acompañarlo en su alta.

― ¿Quién es este tío? ¿Qué han hecho con el verdadero Yoosung? ―escupió Zen, al ver como este camina de forma imponente, solo, hacia la salida.

― Hum, nuestro pequeño Yoosung ha madurado un poco con el poder del amor jeje ―respondió el rojizo, mientras se acomodaba los lentes, con un brillo en ellos―, pero, aun así, el defensor de la justicia sabe cómo sacarlo de quicio, ese es su don, su maldición…

― Si, ser retrasado a pesar de ser inteligente, es tu maldición, como sea, yo vine de pasada, en verdad solo quería verla a "ella", ya que la última vez que la vi, fue el día de la fiesta, y casi nunca podemos hablar en los mismos chats, y cuando lo hacemos, entra en modo cursi con Yoosung…

― Oh… celoso Zen, no me digas que piensas intervenir entre ellos, que mal perdedor ―argumentó Seven, con una cara graciosa de indignación, llevándose ambas manos a la boca.

― ¡¿Qué?! ¡Espera! Yo no quiero destruir relaciones, y menos le haría eso a Yoosung, que es como un hermanito menor al que siento debo proteger, solo es que… me cuesta creer que no le agrade a ella… es la primera vez que en verdad quiero ser amigo de una chica interesante, y sufro de un silencioso y discreto rechazo…

― Mhe… mhe… mhe… ―respondió Luciel, con los ojos entrecerrados, dando a expresar que no le creía.

― Como quieras, no me importa si no me crees, oh… Yoosung está por subirse a un taxi ¡Yoosung, espera! ¡Compartamos taxi! ―expresó el cenizo corriendo hacia la salida―. Adiós Seven… ¡Yoosung espérame!

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El taxi lo dejó justo en la entrada de su edificio.

Zen lo había acompañado parte del trayecto desde el hospital, pero se había bajado en el distrito vecino, donde vivía en su sótano hogar.

Había estado ausente por más de dos semanas en su pequeño hogar de una sola persona.

No quería ni imaginarse como estaría el plato con sobras que había dejado en la mesa de su cocina.

O su montaña de ropa sucia, el desorden por salir apurado o el haber dejado su ordenador encendido, ya que no recordaba haberlo apagado.

Su heladera la había dejado vacía, recién se hacía de noche, así que tendría que salir de nuevo para comprar algo en el mini súper que había a un par de cuadras.

Con todo eso en mente, subió las escaleras, para llegar al tercer donde vivía.

Se golpeó ligeramente en el trayecto, al ya no tener la vista completa, y doblar en las esquinas.

Sacó la llave de su bolso, cuidando de no dañar las flores que le recordaban a ella.

Un regalo de ella… pensarlo le provocaba una gran sensación reconfortante.

Abrió la puerta y entró a ciegas en la oscuridad, quitándose los zapatos en la entrada, hasta toparse con el interruptor de la luz.

Se quedó quieto ante lo que observó.

El lugar… parecía y no parecía, su hogar… al mismo tiempo.

Corrió a la puerta, para asegurarse de que no había entrado al departamento equivocado, como una vez le había sucedido en el pasado, pero no… ese era su departamento de estudiante.

Todo estaba limpio y ordenado. Y un aroma a lavanda inundaba el ambiente.

Dejó su bolso y la flores en la mesa que tenía en su cocina, para revisar que más había cambiado en su ex pocilga.

Su cesto de ropa sucia que había en el baño, estaba vacío ¡vacío! Y su baño… bueno… su baño estaba igual que antes. Era uno de los lugares, en los que si era muy pulcro.

¿Pero quién había hecho esto?

¿V? Era imposible, ni siquiera era capaz de darse detalles a sí mismo, menos con otros. Pero era el único que tenía una copia de las llaves de su departamento, al ser quien dio su nombre como garante, para rentarlo.

Sacó el celular de su bolsillo.

Si había un lugar donde tener respuesta, este seguro era el chat de la RFA.

Estaba a punto de conectarse, cuando notó que había una nota pegada con uno de sus imanes en la puerta de su heladera.

"En verdad siento no haber podido pasar el resto del día contigo, como teníamos planeado. Espero que las esto logre reemplazar aunque sea un poco mi ausencia".

PD: Siento también haber invadido tu espacio personal. Pero descuida, no vi nada. Jaehee me ayudó contratando a la limpieza, ya que aún no se tu dirección.

PD2: Si el repartidor intenta cobrarte, no le pagues. Ya está todo pago. Cena a vicio hoy, pero mañana hazte un desayuno decente como acostumbras, tu heladera te apoya."

Soltó el papel, para abrir su heladera, encontrándola llena como nunca antes había estado, con lo básico y… ¿acaso eso que había en el cajón de las frutas y verduras era un melón?

No pudo verificarlo, al escuchar que tocaban el timbre.

― ¿Si? ―preguntó un tanto desconfiado, sin abrir la puerta.

La persona del otro lado, recitó su dirección, para luego presentarse.

― Soy el repartidor de pizza, vengo a dejar un pedido ya pago ¿Kim Yeosung, no?

El rubio abrió la puerta, comprendiendo lo que estaba escrito en el papel.

― Hum… Yoosung, Kim Yoosung ―aclaró, mientras aceptaba el pedido.

― Eh… si… posiblemente, la que escribe las comandas es bien bruta, como sea, firma aquí ―dijo el repartidor, extendiéndole el papel donde debía firmar como comprobante―. Que lo disfrutes, quien te la envió debe quererte bastante, una cuatro quesos no la pide cualquiera.

― Si… gracias…

Una vez cerró la puerta, se fue directo a la cocina.

No tenía ni idea a lo que el repartidor se refirió con "cuatro quesos", hasta que abrió la tapa, y el aroma lo envolvió.

Nunca había esperado esto, cuando leyó la nota de las flores que decía:

"Siento no poder estar ahí, espero que mi detalle reduzca mi ausencia, y no te aflijas".

Con las flores, él ya se había quedado más que satisfecho.

Descubrir todo lo demás…

Se sentó en silencio, con un mar de emociones, tomando una rebanada de pizza y para morderla, mientras unas gotas rebeldes caían de su ojo derecho, recorriendo sus mejillas.

Esa noche, a comparación de muchas otras no tan lejanas, no se sintió solo, a pesar de que físicamente lo estaba.

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Caminaba de prisa.

Me había levantado tarde, al haber casi llegado a media noche a casa.

Si había algo que odiaba de hacer horas extras en la oficina, por lo menos yo, era que luego de salir, todos obligadamente teníamos que acompañar a la jefa Wang, a un bar a tomar.

Otro protocolo social que detestaba en mi vida, pero que debía cumplir si quería preservar mi empleo.

Recordaba que llegué en un taxi, media zombi. Mi celular muerto, sin un porcentaje de batería y una terrible jaqueca, por mi baja resistencia al alcohol, a pesar de solo haber tomada obligada dos vasos.

Había dejado cargando mi móvil, para ducharme apena, cayendo luego tiesa en la cama.

El tren se detuvo, dando a entender que había llegado al punto de cruce, donde cambiaba de estación para por fin llegar al trabajo.

Mi celular empezó a sonar.

Caminando a paso rápido, acepté la llamada, sin fijarme el número.

― Hola?

― ¡Hola! Soy tu Yoosung ¿Estas ahora en la estación de cambio que mencionaste antes que siempre tomas para llegar a tu trabajo?

Mi rostro se tornó de alegría y cierta culpa.

No me había tomado el tiempo de revisar sus mensajes, ya que prácticamente llegué a dormirme para luego despertar y volver al trabajo.

― Oh, Yoosung, siento lo de ayer, no pude responder tus mensajes…

― Yo, comprendo eso, pero por favor responde ―me interrumpió. De fondo se escuchaba un montón de gente, dándome a entender que seguramente también estaba tomando el metro para llegar a clases―. La estación norte, ¿verdad?

― Si… ―respondí un tanto contrariada ante la pregunta―. ¿Por qué…

― ¿Llevas hoy tu saco de oficina? ¿cabello suelto o con moño? ―siguió preguntándome con cierta fatiga en su voz.

Me miré a mí misma, ya que había salido deprisa de mi casa, y no había tomado mucha atención a mi vestuario.

― Eh… no, llevo mi saco doblado en mi brazo, camisa blanca y hoy llevo una coleta alta con un moño negro, creo, no me fije muy bien cuando la tome al peinarme ―respondí, mientras aceleraba el paso, al escuchar la voz de aviso, que daba la cuenta regresiva para que las puertas del tren que tomaba se cerrasen―. Yo… odio hacerte esto, pero debo cortar o perderé el tren…

Pero cuando vi de forma rápida la pantalla, parece que la llamada había fallado, ya que solo vi mi fondo que daba la hora.

Entre la multitud que caminaba rápido, pensé que no lograría llegar a la puerta, hasta que sentí como alguien me estiraba de mi brazo derecho, para apurarme.

Iba mirando hacia abajo, preocupada por no tumbar nada, que no pude mirarlo bien, hasta que por fin llegamos a penas a entrar, en los últimos vagones, ya que los primeros iban extremadamente llenos.

Apenas recuperé el aliento, iba a levantar la mirada para hablar y agradecer al extraño que me ayudo a llegar cuando…

Este me abrazó de golpe, para luego fundir sus labios con los míos.

Instantáneamente iba a reaccionar de forma brusca, hasta que noté los cabellos rubios que tocaban mi frente, junto que esa energía que solo una persona podía hacerme sentir.

¿Yoosung?

FIN DEL CAPITULO.