Disclamer: Varios de los personajes no son míos sino de la maravillosa Stephenie, la historia y algunos de los personajes si son míos
La intrusa.
Capítulo 6: Tears
Sus labios devoraban los míos apasionadamente, sus brazos aprisionaban mi cuerpo sin dejarme salida. Yo no quería moverme, estaba completamente a merced de este hombre y no me importaba.
Sin dejar de besarlo enredé mis piernas en su cintura invitándolo a que continuara. Sus labios descendieron haciendo un camino húmedo desde mi cuello hasta mi clavícula.
Emmett me recostó en el escritorio y comenzó a quitar mi camiseta. Yo con la respiración agitada y algo nerviosa desabotoné su camisa con dificultad.
El resto de mi ropa desapareció con rapidez, Emmett continuó besándome esta vez dejando besos en mis pechos haciéndome gemir de placer.
Lo aparte para poder quitarle los pantalones, estaba desesperada, lo necesitaba ya.
-Emmett. –gemí cuando volvió apoderarse de mis pechos.
-Shh.-puso un dedo en mis labios. –Nos pueden escuchar.
Y con eso continuó con su tortura de besos, esta vez descendiendo por mi vientre y deteniéndose en mi entrepierna. Levantó la cabeza y dándome una mirada que debería estar prohibida, me sonrojé como nunca al percibir sus intenciones.
Gemí como una gata en celo, este hombre me estaba matando, lenta y dulcemente.
-Emmett. –Tiré de su cabello alejándolo de ahí.-Por favor. –mierda, estaba suplicando ¿Cómo había caído tan bajo?
-¿Qué quieres, Rosalie? –preguntó con una sonrisa petulante.
-No seas pesado. –Dije con la respiración agitada y con el ceño fruncido.
-Dime Rose, ¿Qué deseas?-Sonrió.
-A ti. –Pedí. –Te necesito ahora.
-Tus deseos son órdenes. –Y con eso me besó.
Cuando se estaba quitando los pantalones el odioso ruido de un celular nos interrumpió.
Emmett cortó la llamada sin siquiera mirar el identificador, volviendo su concentración a mí. Sonreí, que pena por quien quiera que fuese que estuviese llamando.
Él me penetró con fuerza sin dejar de besarme, no se detuvo hasta que el puto celular tocó nuevamente. Esta vez lo dejó tocar pero el clima se había cortado por completo, en lo único que podía pensar era en la maldita persona que estaba arruinando mi orgasmo.
Cuando el teléfono dejó de tocar una voz hizo que me paralizara de miedo al ser descubierta, James estaba intentando abrir la puerta.
-Mierda. –Murmuré. –Mierda, mierda, mierda.
Emmett estaba tan pálido como yo, de seguro pensando que pasaría lo peor si nos llegaban a encontrar así.
-Vístete. –Ordenó. –Vístete rápido.
-Eso estoy haciendo. –Busqué mi ropa lo más rápido que pude, Emmett ya estaba vestido.
-Rosalie, abre la puerta. –James ordenó del otro lado.
-Ya, eso estoy intentando. –mentí. –Pero creo que algo tiene.
-¿Cómo? –James preguntó completamente perdido, me sentía como la mierda por mentirle pero era necesario.
-El señor Cullen me está ayudando. –Emmett me observaba asombrado con mi mentira. –Pero no quiere abrir, ve por las herramientas tendremos que sacarla.
-¿Me estás diciendo que te quedaste encerrada?
-si James, eso estoy intentando decirte. –Dije con voz cansada.
-Bien, voy por las herramientas. –Habló desde el otro lado, suspiré aliviada cuando lo oí alejarse.
-fue por poco. –dije viendo a Emmett que me miraba con una ceja alzada.
-Eres una convincente mentirosa. –Él dijo haciéndolo parecer más un insulto que un halago.
-Pues esta mentirosa acaba de salvar tu maldito trasero. –Me defendí molesta.
-Solo me pregunto qué otras mentiras habrás dicho…-se dio de hombros, el muy descarado se dio de hombros.
-Me estas jodiendo ¿verdad? –le fulminé con la mirada. –No me digas que estás hablando de la maldita sortija.
-Oh vamos Rose, podemos ser sinceros entre nosotros. –Sonrió. –Después de todo lo que ha pasado…
-Después de todo lo que ha pasado que sigas creyendo que yo robé esa maldita cosa es completamente ridículo. –Solté furiosa. -¿Para qué querría yo esa sortija de mal gusto?
-¿Mal gusto? –se indignó. –Esa sortija costó catorce mil quinientos dólares y es de diseñador.
-¿Cómo sabes tanto de la puta sortija, Emmett? –pregunté nerviosa comenzando a sospechar que algo raro había con él y su extraña obsesión con el objeto. – ¿No será tuya?
El solo hecho de pensar que esa sortija pudiese ser de él para alguien más me ponía de los nervios, sentí que mi corazón paraba mientras esperaba los segundos que tardó en responder.
-¿Mia? ¿Cómo crees? –habló pasándose una mano por cabello revuelto. –Es de un amigo, ya te lo dije, yo fui con él a comprarla.
-Aun no entiendo por qué tu amigo dejaría algo tan valioso contigo. –Dije con el ceño fruncido.
-Porque confía en mí. –dijo algo molesto. –Nunca se imaginó que una mocosa iba a robármelo.
-¿Cómo me llamaste? –me indigné. ¿Cómo se atrevía? No podía creer que después de todo lo que habíamos pasado continuara queriendo discutir por la maldita sortija que ni siquiera era de él. –Nunca vuelvas a llamarme mocosa, te he dicho miles de veces que no soy ninguna niña.
-Vale me pase. –puso las manos en alto. –Es que aún no puedo creer que no admitas que te robaste la sortija.
-Y yo no puedo creer que no me creas. Es insultante.
-Eres una excelente mentirosa, ¿Por qué debería creerte?
-Solo mentí para salvarte el trasero a ti. -me defendí. –Tú eras el que no quería que nos descubrieran.
-Solo digo que como voy a saber que no es la única mentira que me has dicho.
-cree lo que quieras. –me aburrí de discutir con él. –Poco me importa lo que pienses de mí. –Mentira, gritaba en mi interior, me importaba y mucho lo que él pensara de mí y eso me molestaba.
-¿Qué vamos a hacer? –preguntó de repente.
-¿a qué te refieres? –hice una mueca confundida.
-A esto. –nos señaló a ambos. –No podemos seguir haciendo esto, no está bien.
-¡Ah no! No me digas, que te bajo la culpa de nuevo. –exhalé frustrada.
-Rosalie, estoy hablando en serio. –dijo viéndome con una mueca. –Es ilegal.
-No seas grave. –puse los ojos.
-Es grave. –dijo serio. –Podría irme preso.
-Nadie te va a arrestar por esto, créeme. –casi me reí ante su cara de preocupación ¿Cómo podía ser tan grave? –Relájate un poco.
-Esto no se puede volver a repetir.
-¿Por qué no?
-¿no me escuchaste? Esto no está bien, Rosalie.
-¿Te gusto? –Pregunte viéndolo a los ojos.-Dime, Emmett.¿Te gusto?
-Eso no tiene nada que ver.
-Tiene todo que ver. –exclamé cansada. –Vive un poco.
-Soy un hombre adulto, no puedo dejarme llevar por el deseo.
-A mí me gustó, y quiero volver a repetirlo. –dije sin tapujos. Emmett me gustaba y no valía la pena seguir ocultándolo. –A pesar de ser fastidioso, malhumorado y testarudo me gustas.
Antes de que él pudiese responderme, escuchamos un estruendo y segundos después la puerta estaba en el suelo.
-Pensé que sería más rápido que con las herramientas. –Dijo James chocando los cinco con Jacob quien lo había ayudado a derribar la puerta.
-Muy efectivo. –Dije desviando la mirada de Emmett, después de esa declaración mi dignidad estaba en las mismas condiciones que la puerta.
-Señor Cullen, lamento el trastorno. –se disculpó mi amigo.
-No se preocupe, no ha sido problema.
-Espero que Rose lo haya entretenido. –Me sonrojé de inmediato con el comentario.
-Hemos tenido un buen rato. –Emmett dijo como si nada. Afortunadamente James no captó las segundas intenciones del comentario.
…
…
…
Sus labios bailaban dulcemente sobre los míos tentándome, el perfume de su cabello nublaba mis sentidos atontándome. Su perfecto cuerpo se amoldaba perfectamente al mío como si hubiesen sido hechos el uno para el otro. Esa niña sería mi perdición, el más dulce de los pecados.
-Emmett. –escuche a mi madre llamar. –Emmett.
-¿Qué? –pregunté distraído.
-llevo llamándote media hora. –Ella señaló. -¿Dónde tienes la cabeza?
-Yo…hmm…solo estoy cansado. –mentí, la verdad es que llevaba pensando en Rosalie todo el día.
-¿Cansado de qué? Ni siquiera has abierto el bar aun. –Edward preguntó en tono burlón.
-Edward, no molestes a tu hermano. –mi madre le regañó. –Tiene muchas cosas de las que preocuparse con la nueva apertura del bar.
-Solo digo que yo creo que lo que lo tiene cansado es otra cosa.
-¿Qué hay de Heidi, cariño? –Mi madre hizo el intento de cambiar el tema, desgraciadamente era exactamente de lo que no quería hablar, Heidi me había llamado dos veces en cuanto estaba con Rose. –Hace mucho que no nos hablas de ella.
-Está bien, manda saludos. –Mentí, hacía mucho que Heidi no recordaba mandarle saludos a mi madre, la cual le tiene mucho cariño.
-Esa chica es tan dulce. –Mi madre sonrió agradecida.
-Tan dulce como una pimienta. –Edward comentó.
-Edward no seas mal educado. –Esme le retó.
-¿Cuándo volverá al país? –preguntó mi padre, yo me di de hombros algo incómodo con la conversación.
-La verdad es que no hemos hablado de eso. –respondí algo seco.
-Lleva mucho tiempo lejos ¿no has pensado en visitarla? –Mamá preguntó sonriendo esperanzada.
-No, ella está trabajando, no quiere que la moleste. –Meses atrás pensé en visitarla y se lo plantee, Heidi se volvió loca cuando se lo propuse diciéndome que no le daba espacio.
-Pero sería tan romántico. –Mi madre habló con voz soñadora, yo puse los ojos. –Heidi estaría tan contenta, esa muchacha es tan linda…
-¿Me pasas el pavo?-La corté no queriendo escuchar más sobre Heidi.
Mamá me acercó el pavo con una mirada apenada en la cara, y papá y Edward me observaban fijamente.
Cuando iba a decir algo para aligerar la tensión mi celular tocó. Mi estómago se revolvió al ver el identificador de llamadas: Heidi.
Tuve que retirarme para atender la llamada, sabiendo que no sería una conversación agradable, puesto a que había rechazado una de sus llamadas y la otra la había ignorado.
-Hola. –saludé intentando sonar relajado.
-¿Hola? ¿Se puede saber quién te crees que eres para cortarme el teléfono? –Reclamó al otro lado de la línea. –Y no contento con eso ignorar cuando volví a llamarte.
-Estaba ocupado.
-Me importa un pepino si estabas ocupado, soy tu prometida y tienes que contestarme cuando te llamo.
-Tenía cosas que hacer. –mentí.
-nada es más importante que yo, Emmett.
-Me duele la cabeza, Heidi. ¿Qué quieres?
-Quería saber si ya le hablaste a tus padres del compromiso.
-No aun no lo he hecho. –dije pasándome una mano por el cabello sintiéndome estresado.
-¿Por qué no? No me digas que te estas arrepintiendo. –Ella chilló del otro lado.
-claro que no, es solo que no he tenido tiempo. –mentí, por alguna razón no había querido hacerlo.
-Pues hazte tiempo Emmett. –ordenó. –No falta mucho para la boda, no quiero que tus padres se enteren un día antes.
-No te preocupes por eso, voy a decírselos pronto. –dije tomando una bocanada de aire buscando valor para hacerlo.
-Bien, porque quiero que tu madre me ayude con los preparativos de la boda. –se emocionó. –tengo que irme, ciao.
Y colgó, sin un te quiero, sin un beso o un abrazo, dejándome completamente desolado y con el estómago revuelto ¿estaré haciendo lo correcto?
La imagen de Rosalie volvió a mi mente en seguida y no me abandonó ni siquiera en mis sueños.
…
…
…
Shoot to thrill, play to kill
too many women, with too many pills
i said, shoot to thrill, play to kill
i got my gun at the ready, gonna fire at will
La canción shoot to thrill de AC/DC tocaba en mi mp3, llevaba más de dos horas intentando hacer un maldito ejercicio de matemáticas, de aquellos en los que tienes que encontrar la x, la pregunta que siempre rondaba mi cabeza ¿era en qué maldito momento de mi vida cotidiana voy a tener que buscar una puta x?
Los recuerdos de mi encuentro con Emmett me impedían concentrarme en mi tarea. Por lo que decidí ir por algo de comer a la cocina, afortunadamente esta noche mi madre no estaba en casa.
No había mucho para comer, por lo que me preparé un sándwich con un poco de queso y mostaza y me dispuse a ver la vieja televisión que estaba en la sala.
Solo teníamos cinco canales, estaban pasando un viejo juego de futbol, un programa de cocina, una novela mexicana, un programa de entrevistas y las noticias de Washington. Lo dejé en el último y limpié la casa mientras escuchaba la televisión.
-Rosalie.-la voz de mi madre me hizo desviar mi atención del tapete manchado con whisky.-Rosalie.
-Aquí estoy. –dije molesta. -¿Qué pasa?
-Tráeme una cerveza. –Ordenó. –Bien fría.
-¿No crees que ya has bebido demasiado? –señalé viéndola.
-No seas grosera.-escupió. –Haz lo que te digo.
Y obedecí sin ánimos de discutir con ella, el problema fue que cuando abrí la nevera no había cerveza, no había ninguna botella de alcohol.
-mierda.-Mascullé, sabiendo que mi madre se desquitaría conmigo si no le daba su alcohol pronto.
-¿Por qué demoras tanto? –gritó desde el sofá.
-No quedan, ya no tenemos cerveza.
-¿Qué dices? –se enfureció. -¿Cómo que ya no quedan?
-no hay, se acabaron.
-te las tomaste, te tomaste mi cerveza.
-Yo no me tome tu maldita cerveza. –respondí ofendida.
-Tu, ladrona. –me apuntó con el dedo. –Tráeme más o no vuelvas a pisar esta casa.
-¿Qué? Es media noche. –Genial, otra vez tendría que salir a mitad de la noche para cumplirle uno de sus caprichos. –Te volviste loca si crees que voy a salir a esta hora, acabas de volver completamente borracha, no necesitas más alcohol.
Y antes de que pudiese reaccionar mi madre me pegó una bofetada que me tiró hasta el suelo. Vale, me la merecía.
-Vete, vete y no vuelvas hasta que tengas mi cerveza.-Me gritó con los ojos llenos de odio.
Salí de la casa rápidamente apenas con mi cartera y una chaqueta.
Me dirigí a la estación de servicio que estaba bastante alejada de mi casa, afortunadamente era veinticuatro horas, por lo que compré la maldita cerveza y salí de regreso a casa.
Las botellas se golpeaban mientras caminaba por las húmedas calles de Forks, la lluvia caía sin parar y yo estaba completamente empapada. Estaba intentando cubrirme con la chaqueta cuando tropecé con algo y caí al suelo, las malditas botellas se quebraron y el contenido se derramó por la acera.
-Mierda. –masculle entre dientes adolorida y frustrada. –Mierda, mierda, mierda.
Lágrimas de rabia comenzaron a correr por mi rostro, era media noche estaba en medio de la calle con frio, completamente empapada y para colmo las malditas cervezas estaban regadas en el suelo. Sentí una puntada de dolor en mi mano derecha, un pedazo de cristal de una de las botellas se me había clavado, genial
Las cosas no podían irme peor, apoye mi cabeza entre mis piernas y lloré de rabia y frustración.
-¿Rose? –una voz me llamó la atención.-¿Qué haces aquí? ¿Y qué sucedió?
-tropecé con una puta piedra.-lloriquee.
-¿Qué haces aquí tan tarde? –James preguntó sentándose a mi lado.
-mamá me envió por cervezas. –limpie la sangre de mi mano con mi ropa.
-no debiste hacerle caso. –hizo una mueca. –Vamos a casa.
Él tomo mi mano y dejo apartó mi cabello de mi rostro.
-Dios Rose, vas a morir de frio si sigues aquí.
-No quiero volver a casa. –hice una mueca. –mamá dijo que no volviera si no tenía las cervezas.
-puedes quedarte en la mía.
-Gracias. –Sonreí.
-¿Está todo bien? –una inconfundible voz hizo que ambos nos volteáramos.
Emmett nos observaba con el ceño fruncido, parecía cabreado.
Hola, aquí les dejo un regalo de navidad bastante atrasado, espero que les haya gustado.
Muchas gracias Paula por toda tu ayuda, eres grandiosa!
Lamento haber tardado tanto en publicar pero he tenido muchos problemas y no había tenido cabeza para escribir.
Muchas gracias por todos esos reviews maravillosos, a todos los Alerts y favoritos.
Pueden hacerme preguntas en ask, o agregarme en face, los links están en mi perfil.
Nos leemos
Xoxo
Rosalie Hale de Cullen ** Emmett McCartys angel
