Akane, no entendía el motivo de la huida de Ranma, pero no podía permitirse seguir pensando en él, al menos no cuando estaba a punto de casarse con otro.

—¡Qué injusta eres!, ¿cómo te atreviste a casarte con otro?—recriminaba el joven Saotome.

—Ahora resulta, que la culpa es mía ¡deja de verme así!, es muy incomodo—contrarrestaba Akane

—Y ¿cómo quieres que te vea? Estoy a punto de perderte por tus arrebatos, si tan sólo no hubieras aceptado…La última frase se perdió en el silencio.

—¡Ranma!—el grito desesperado de Akane alarmó a Kasumi, que sin dudarlo acudió a su hermana menor a sabiendas que otra pesadilla la había abordado.

Sin dudarlo Kasumi arropó a su hermana menor en su regazo, ¡Cuánta falta le hacía su madre!, esa labor era muy pesada para ella.

—Akane, de verdad si no quieres llevar el apellido Hibiki, aun estas a tiempo de arrepentirte.

—No, Kasumi, si voy a casarme con Ryoga, Ranma tomó su decisión y yo no puedo esperar a que me dé el tiro de gracia.

—Lo sé, pequeña, tu ilusión secreta siempre había sido ser Saotome Akane, pero ¿por qué renunciaste a ello? La única prometida eras tú— decía mientras le acariciaba afectuosamente su cabello.

—Él se fue, sin decir nada—unas tenues lágrimas nacían de sus ojos.

No lo decía, pero Akane tenía la débil esperanza de verlo cruzar el portón de la casa, junto a su padre y a su tío, pero nada, ellos habían regresado solos. Los días seguían pasando y las cosas cada vez eran más difíciles en esa casa, el compromiso de Akane y Ryoga era oficial.

La familia Tendo, suponía que las más felices serian, Ukyo, Kodachi y Shampoo y así lo parecía, pero el día que vieron a la novia, toda su alegría se esfumó. Ella parecía una muñeca sin vida, no irradiaba felicidad, su mirada cansada a causa de las tantas pesadillas que tenia, era más delgada y a leguas se notaba que no quería casarse.

Nabiki, estaba desesperada, pues el cerdo de su futuro cuñado no había reparado en la cantidad tan inflada que le pedía diariamente a cambio de su secreto, pero su hermana era más importante que todos los yenes que había y por haber, únicamente estaba ganando tiempo, pues bien Hibiki estaba cavando su propia tumba. Solamente contaba con una carta ilegible firmada por Ranma, ¿cómo lo encontraría a ese paso?, sin pensarlo dos veces tomó el papel y se dirigió al Nekohaten.

—¡Abuela!, por favor ayúdeme a encontrar a Ranma, mi hermana está a punto de cometer la mayor estupidez de su vida, ella no ama a Ryoga y además, él también es un maldito de Jusenkyo que bien supo aprovecharlo—su rabia y desesperación se hicieron presentes.

—Así que te has dado cuenta Nabiki Tendo, pero no puedo ayudarte, no puedo buscarlo si no tengo nada de referencia.

Nabiki extendió el papel sobre la mesa y lo desdobló

—Es de Ranma, lo escribió para mi hermana, pero Ryoga lo interceptó y jamás llegó a su destino.

Cologne, observó el papel minuciosamente, no cabía duda que Ranma Saotome pensaba en todo, o tal vez sus corazonadas no lo traicionarían jamás.

—¡Shampoo!, trae de inmediato el libro del fénix, eso nos puede ayudar en un caso como este.

—¿Qué suceder Abuela?

La anciana colocó el papel entre las páginas de un hermoso libro, ricamente decorado y una esfera de fuego lo resguardó, una vez consumido la abuela lo abrió, dejando caer unas cenizas. Y en segundos la carta estaba sobre la mesa despidiendo un olor fresco a tinta de dragón, como si fuese recién escrita.

—¡Gracias! ¿Cómo podría pagarle?—decía Nabiki mientras tomaba la carta en sus manos.

La vieja amazona guardó silencio, dirigiendo una mirada a su nieta como invitándola a hablar.

—No ser nada, Tendo, sólo no dejar que Akane casarse con ese cerdo y…—un nudo se apoderó de su garganta—juntar a Ranma y a tu hermana, ellos amarse, Shampoo rendirse y darse cuenta de ese amor.

Al llegar a su casa no sabía si decirles a su padre y a su tío o decirle la verdad a Akane, por primera en vez en su vida Nabiki no sabía qué hacer, unos minutos fueron suficientes y su maquiavélica mente le dio el fruto tan anhelado.

Aprovechando que sólo los patriarcas y el maestro Haposai estaban en casa decidió contarles lo que sucedía, la postura de Ryoga y les mostró la carta.

—¡Ese cobarde!, no merece ser un artemarcialista—bufó el anciano.

—¡Silencio, Maestro!, este es el plan…pero procuren discreción, Ryoga no debe estar alerta o sospechar.

Soun se enaltecía por tener una hija tan inteligente y muy en el fondo noble, pero sobre todo leal a su familia.

Había sido un viaje muy largo, pero Nabiki mágicamente corrió con todos los gastos, el tiempo era pieza fundamental en esta situación.

Al verlo comprendieron su dolor, como artemarcialista y como hombre, estaba deshecho, sus manos sangraban, pero no estaban rotas como su corazón, sus ojos están hinchados sólo él sabía si de tanto llorar o de haber dejado de dormir.

—¡Ranma!—emitieron los patriarcas al unísono.

—¿Cómo supieron que estaba aquí?, nadie excepto ella lo sabía y no le importó, porque jamás llegó—el aludido, los miró casi macabramente con una mirada vacía.

—Mi hija nunca lo supo, Ranma—la mirada triste de Soun no lo dejaba mentir.

—Pero, yo le dejé una nota—se dejó caer pesadamente y un pequeño anillo salió de su bolsillo, Ranma lo tomó y no pudo evitar llorar.

—Hijo sé que no he sido un buen padre, pero me duele verte así, no tienes mucho tiempo, Ryoga es el causante de todo esto y ahora está a punto de conseguir su cometido en unos días se casará con Akane.

Ranma abrió desmesuradamente los ojos, el corazón volvió a latirle y comenzó a tronarse los dedos.

—Solamente denme unos minutos, que no puedo presentarme así a la boda de mi mejor amigo, sus mandíbulas crujieron ante las últimas palabras.

Los patriarcas de ambas dinastías sabían que el joven no iba a quedarse solamente observando, solo esperaban llegar a tiempo.

En el Dojo Tendo, los últimos arreglos estaban listos, el banquete era uno de los más esperados por todo Nerima, el jardín lucia precioso, pero lo que más esmero tenia era el estanque, la obra había sido de Nabiki, no podía fiarse de un solo plan, aunque rogaba a todos los dioses que Ryoga se perdiera.

La novia, lucia radiante con ese hermoso vestido blanco, pero su rostro parco frente al espejo le quitó la venda de los ojos, definitivamente no podía unir su vida a la de un hombre que no amara.

Los minutos pasaban, el bullicio comenzaba a crecer, la novia no llegaba y la desesperación crecía en la mirada de Hibiki, las manos le sudaban y comenzaba a reírse como un demente a causa de los nervios.

—¡Nabiki!, ¿No tienes nada que ver, cierto?

—No, Ryoga, tú pagaste por mi silencio

—¿Por qué demonios no llega, Akane?—decía mientras limpiaba sus manos sobre el smoking negro.

Ranma corría lo más rápido que le permitían sus piernas, las calles parecían interminables, pero por fin entro en la casa, Akane estaba bajando las escaleras y ambos se quedaron inmersos en sus miradas.

—Siempre, he sido un cobarde, pero no pienso estar en el filo de creerte perdida.

—Ranma—balbuceo ella—¿Por qué apareciste precisamente hoy?

—No importa, no te cases…

—Lo siento, pero no puedo hacerle esto a Ryoga, con permiso él me está esperando—no alcanzó a salir de la casa, porque un brazo la detuvo.

—No lo hagas—suplicaba Saotome—yo te a…am…amo

—Pero, yo escuche que tú ya te habías decidido, no querías hacerla sufrir más y le dirías la verdad.

La atrajo hacia su pecho, la abrazo con tanto fervor como si de eso dependiera su vida. Su piel le devolvió la vida.

—Boba, siempre sacando conclusiones erradas, hablaba de ti, pero ahora tú tomaste decisiones precipitadas.

—Yo, lo siento, y es verdad, todos tienen razón no quiero casarme con Ryoga, iré a decírselo.

—No, Akane, por favor quédate en casa yo lo arreglare.

Hibiki tenía cuentas pendientes que saldar con Saotome y este le iba a cobrar de esta manera junto con todos los intereses que hasta ahora le debía.

A Nabiki Tendo le brillaron los ojos cuando vio la camisa roja frente al que casi era su cuñado, pero no veía a su hermana por ninguna parte, así que no podía asegurar que su plan hubiese funcionado.

Ryoga se acercó a su acérrimo rival, lo rodeo un par de veces no cabía duda seguía siendo el mismo ególatra confiado de siempre, no pudo evitar soltarle un golpe en su hombro.

—Perdiste, Ranma, acéptalo—mientras sonreía con burla.

—No, aun no ha dicho que acepta ser tu esposa—contraatacaba Saotome—no tenias derecho Ryoga, tú sabías que me estaba atormentando que mi Akane estuviera enamorada de otro hombre y aún así traicionaste mi amistad, al maquinar todo este engaño.

—Ranma, amigo, es tarde, Akane llegará de un momento a otro, acéptalo, perdiste.

—Tal vez pueda aceptar una derrota en una batalla, pero no aceptaré jamás perder a la mujer que amo y menos ante un cerdo como tú.

Este último comentario sacó a Hibiki de sus cabales y comenzó a atacar a Ranma. La batalla se prolongó más de lo que Saotome esperaba, ni uno de los dos renunciaría al amor de Akane.

Los golpes resonaban en el cuerpo maltrecho de Ryoga, el rencor cegó a Ranma y este lo único que quería era que su rival despareciera de la faz de la tierra, que se perdiera en el lugar más recóndito del planeta, pero eso no sucedería jamás. La sangre comenzó a relucir, las técnicas de combate habían quedado atrás hace mucho tiempo, y sólo quedaron dos hombres heridos.

Soun y Genma se acercaron a Nabiki para rendir el informe de su misión y esta comenzaba a sonreír triunfante.

Comenzaba a obscurecer y Akane estaba preocupada por Ranma, sabía de antemano que Ryoga lo enfrascaría en una batalla. Así que decidió ir al lugar donde iba a casarse, pero cuando llegó vio a Ranma maltrecho, este alzó la mirada y al verla como pudo trato de ponerse en pie.

—¿Qué pasó? Estas muy lastimado—su preocupación era genuina y dulce.

—No paso nada, sólo que Ryoga no quería entender, que no lo amas ni lo amaras nunca y tuve que hacerlo entrar en razón. Aunque si acabe algo lastimado.

Nabiki aprovechó la distracción de todos y mojó a Ryoga haciendo reaccionar a P-chan que inmediatamente saltó a los brazos de Akane, Ranma lo miró con desdén.

—Lo siento P-chan, pero no creo que pueda atenderte más, ahora oficialmente tengo un prometido al que debo de cuidar y creo que te daré en adopción.

—Tengo una idea mejor, y si lo arrojó tal vez alguien lo encuentre y se encargue de él.

Todos los presentes comenzaron a reír, mientras el traidor de P-chan volaba hacia las estrellas y Akane le decía adiós sin separarse del hombre de su vida.