Capítulo 6: Aquellos días


Imagen: 176, Pareja de niños en puente, propuesta por jacque-kari.

Género: Amistad.

Personajes: Taiki, Akari.


Akari vio a Taiki y quiso golpearlo, reclamarle por lo que le había hecho pasar. Lo había buscado durante horas, preguntado a varios de sus conocidos y a los integrantes de la mayoría de los grupos escolares por él sin obtener una respuesta. Akari estaba feliz de verlo bien pero molesta con él por haberle hecho pasar un momento tan angustiante. No era su culpa, Akari lo sabía pero en ese momento lo sentía como si así fuera.

Dichos pensamientos desaparecieron en cuanto vio a Taiki, su expresión le hizo sentir que algo andaba mal. Lo había desde días atrás aunque en apariencia continuaba siendo el mismo. No había faltado a ninguna de sus clases ni rechazado ninguna petición de ayuda pero había algo que lo delataba. En ese momento ella se sintió culpable.

No era solo por haber querido golpearlo, varias veces había tenido que regañarlo para evitar que se excediera o brindarle ayuda cuando estaba tratando de ayudar, el bolso que tenía era prueba de ello. Lo que le angustiaba era el motivo por el que lo estaba buscando, no quería causarle más problemas de los que ya tenía.

Había intentado esperar a que Taiki la buscara hablar pero al verlo apoyado sobre el puente con la mirada perdida consideró que si quería ayudarlo tendría que ser directa. En momentos como ese le molestaba que su amigo se preocupara tan poco por sí mismo, quería ayudarlo pero no era tan fácil si él no se lo permitía.

—Hola, Taiki —lo saludó, no gritó ni fue efusiva, solo quería hacerle saber que estaba allí.

Taiki le devolvió el saludo con menor efusividad, ni siquiera volteó a verlo y eso hizo que su angustia aumentara. Si bien había pensado en esperar a que Taiki decidiera hablarle lo había descartado en ese momento. Prefería ser directa.

—¿Qué te pasa? Te he notado angustiado.

—No, nada.

—No te creo, ni un poquito.

Un suspiro escapó de los labios de Taiki y ambos callaron. No era la primera vez en que ambos permanecían juntos sin decir ninguna palabra pero sí en que se tornaba incómodo. Akari tenía tanto que decir, tantas dudas por resolver y por la expresión de Taiki supo que su situación no era del todo diferente.

—Akari —le dijo Taiki después de lo que le pareció una eternidad —. ¿Crees que estén bien?

Taiki no había dicho nombres pero Akari sabía de quiénes estaba hablando. Ella misma también había estado pensando en lo mismo. Tan solo habían pasado semanas desde la última batalla del equipo Xros Heart pero parecía ser mucho más tiempo. Ambos habían viajado a otro mundo, hecho amigos con seres que hasta ese momento habían considerado inexistentes. En varias ocasiones Akari había dudado si lo vivido fue real, en especial cuando vio que las fotografías que había tomado no mostraban a ningún digimon pero descartaba esos pensamientos con rapidez, aunque estuvo allí menos tiempo que Taiki sabía que lo que vivió fue real, más que sus recuerdos eran los sentimientos.

—Shoutmon es el rey, lo hará bien.

—Sí —agregó Taiki y parecía más animado —. Pasó por mucho para llegar hasta ese lugar y a él realmente le importan sus camaradas. Espero poder volver a verlo.

—Algún día las puertas al Digimundo se abrirán nuevamente.

Era algo improbable, Akari lo sabía pero realmente creía en sus palabras, no sería la primera vez que algo así sucedía en su vida. Con Taiki había aprendido a creer incluso en lo que era imposible. Él y su voluntad le habían enseñado que todo era posible y que a veces solo se necesita de amigos y esperanza.

—Apuesto a que debe estar muy ocupado —le dijo Taiki con una sonrisa, su mirada comenzaba a recobrar algo de su acostumbrado brillo —. Después de todo ser rey no es fácil, incluso para los Digimon.

Volvieron a quedarse callado pero ese silencio no fue tan incómodo como el anterior, incluso se podría decir que resultó agradable para ambos. Era uno de esos silencios en los que se decían mucho sin ninguna palabra. En cuanto Akari vio unos patos tomó a Taiki de la camisa para que también pudiera verlos.

—Parecen estar en una competencia.

—El más grande ganara.

—No, será el más pequeño ¿Apuestas?

Al final ninguno de los dos patos ganó. Ambos se habían desviado del lugar que habían marcado como la meta pero eso no lo hizo menos aburrido. Aquello se sintió nostálgico, como en los viejos tiempos.

—¿Me invitas a un helado? —le preguntó Akari conforme se alejaban del puente.

—Solo si me cuentas lo que querías decirme —le respondió Taiki con el mismo tono de voz, Akira no pudo disimular la sorpresa que aquellas palabras le provocaron —. Te conozco, Akari.

—Supongo que no puedo engañarte —comentó Akari con falsa resignación —. Pero primero el helado.

Taiki no volvió a insistir y agradeció por ello. Sabía que no podría seguir ocultandolo por mucho tiempo y que aunque no hiciera nada terminaría por darse cuenta pero también quería alargar ese momento. Su amigo lucía angustiado y lo entendía, ella también sentía nostalgia cuando pensaba en el Digimundo a pesar de que en un principio lo único que deseaba era regresar a su casa.

Ninguno volvió a hablar durante el camino a la heladería y tampoco lo hicieron cuando estuvieron en la misma. Akari agradeció por ello, eso le daba tiempo para pensar en la forma en que le contaría sobre lo que ocurría. No había hecho grandes avances, cada vez que lo hacía solo pensaba en que no quería hacerlo.

—Ya te comiste el helado ¿Qué tienes que decirme?

—¿Más helado? —preguntó Akari un tanto nerviosa pero la mirada seria de su amigo le dio a entender que no funcionaría.

Respiró profundo sabiendo que de seguir actuando de ese modo solo lograría que Taiki se preocupara y eso era lo último que deseaba. Trató de repetirse que estaba exagerando y que ese no tenía que ser el final de su amistad pero sabía que sería muy diferente y eso no le gustaba.

—Tendrás que ser más cuidadoso ya que no podré estar allí para ti —dijo finalmente —. Estaremos en escuelas diferentes.

Notó como la expresión de Taiki cambió ligeramente y su rostro adquirió una expresión melancólica durante unos instantes. De no conocerlo tan bien como lo hacía no lo habría notado. A veces se preguntaba cómo se había convertido en alguien tan importante para ella.

—Siempre puedo visitarte —agregó Akari y eso hizo que ambos se sintieran un poco mejor —. No es como si me fuera del país, la única diferencia es que no me tendrás todo el tiempo asegurándome de que no te excedas.

Decir en voz alta aquellas palabras la habían hecho sentir mejor, si bien no harían que pudiera estudiar en la misma escuela que Taiki o hacerla volver a aquellos días le daban esperanza. Lo que más le preocupaba era el perder a su amigo y el no poder estar allí para ayudarlo como lo había hecho en el pasado.