Los personajes que aparecen a continuación no me pertenecen, si no a CLAMP y a otros creadores de ánime/manga, yo solo juego y los torturo un poco ^^

4Sakura: no, muchas gracias por tomarte el tiempo y leerla(: Realmente te agradezco que te halla gustado! *w*

rubi-chan00: jajajaja si yo también amo la serie *O* en el prox capítulo prometo meterlos!, pero necesitaba hacer unas cosillas antes, para poder hacer que se involucren Inu y el resto:3 ntp se entiende, yo también sufro lo mismito con la escuela T.T

Maru-chan1296: jajajaja gracias! aquí esta el otro capítulo, gracias por tu tiempo ^^

Gracias por los alertas, review, etc, ¡me hacen muy feliz!, además, ¡me dan ánimos para continuar la historia!

Perdón por la ortografía ^^u bueno sin más, ¡disfruten de otro capi!


-Eriol...-

El ojiazul profundo miraba a los castaños, con una sonrisa gentil, que casi siempre se colocaba en ese rostro de facciones suaves. Tenía la ropa practicamente intacta a excepción por unas cuantas manchas de tierra tanto ahí, en su ropa, como en el rostro. Era normal, después de todo, pues había estado ayudando a los aldeanos y ellos le pagaban con comida, aunque él se negara a aceptar eso.

-¡Eriol!, ¡estás bien!- dijo una animada ojiverde mientras iba y lo abrazaba con un poco más de fuerza, había estado muy preocupada por él. Lo había estado buscando y ¡por fin lo encontraba!, ¡que alegría!.

El mago se sorprendió ante la acción de la pequeña maga, pero no dudo en corresponderle a aquel afectuoso abrazo. Su sonrisa se había agrandado casi imperceptiblemente y había cerrado los ojos durante un instante para poder disfrutar la sensación de tenerla entre sus brazos, segura, con esa sonrisa y energía que la caracterizaban, se alegraba de verla como si nada de lo anterior hubiera sucedido. No había podido evitar dejar escapar una risa divertida, justo en ese momento la ojiverde alzo su rostro para mirarlo a los ojos.

-¿Por qué te ries?- preguntó confundida, ignorando la tercera presencia que se encontraba en aquel lugar.

-Querida Sakura, él que se alegra que estés bien soy yo- sonrió divertido mientras la miraba a los ojos, sin poder apartar la mirada de aquellos ojos esmeraldas hipnotizantes -sin embargo, me causa gracia que te preocupes por mi cuando tú eres la que ha estado incosciente alrededor de tres días- explicó con una voz dulce, cálida. -siempre te has preocupado más por el resto que por ti misma, es algo que admiro de ti, querida flor de cerezo- susurró en su oido, para que ella solo pudiera escuchar.

La castaña se tiñó de un fuerte color rojo intenso por aquellas gentiles palabras y por la cercanía del chico-G-gracias...- La ojiverde dio unos pasos para atrás para que no viera aquel rostro ruborizado que tenía en aquellos momentos. Le dio la espalda y ahí fue cuando sus ojos verdes se toparon con unos azules más claros.

-¡Ahhh!, Takishima Ryuu, él es Hiragizawa Eriol; Eriol él es Takishima Ryuu- presentó la chica después de notar el error que había cometido, señalando a los chicos después de la mención de sus respectivos nombres. Se había olvidado tan solo por un instante de la presencia de Ryuu, cuando la había invadido la sensación de alivio de ver sano y salvo a Hiragizawa.

-es un placer Takishima- dijo con voz amable el inglés, centrando su atención en el chico.

-No, el placer es mio, Hiragizawa Eriol- le correspondió con una sonrisa amable, pero perspicaz, había notado algo extraño en el chico.

-perdón por la tardanza- dijo una cuarta voz, una menos grave que la de los chicos, pero menos aguda que la voz de Kinomoto. Era la anciana Kaede, que regresaba a paso tranquilo. Los tres la miraron pero el primero en hablar fue Takishima.

-Señora Kaede- una pequeña reverencia es producida por el hijo del terrateniente- es un placer volver a verla, mi padre me ha dicho que quería hablarme-

-Así es, podremos hablar tranquilamente mientras damos un paseo- la miko miró a los dos jovenes que la miraban con tranquilidad- la noche casi esta por caer, les aconsejo que vayan a un lugar seguro y no se adentren en el bosque, será mejor si mañana prosigan con su viaje-

La castaña se confundió un poco por las palabras de la señora miko, pero al mirar a Eriol, él simplemente asintió una sola vez en dirección hacia la miko Kaede antes de verla a los ojos. Parecía que él sabía algo, lo podía ver através de sus ojos, así que decidió confiar en él, como siempre lo había echo. Una sonrisa apareció en el rostro de la castaña.

-Vamonós Sakura- La ojiverde después de escuchar estas palabras asintió. Ambos se dirigieron a aquel lugar donde se habían hospedado.

La miko como el hijo del terrateniente vieron como se marchaban, después de unos segundos de haberlos perdido de vista se miraron entre si.

-Necesito pedirte un favor...


-¡Syaoran!- unos brazos lo rodearon usando más fuerza de la normal -¡me tenías muy preocupada Syaoran Li!- reclamaba Meilin con voz decidida pero a la vez aliviada, pues no le había sucedido nada malo, aparentemente.

La joven amatista, gran amiga de la cardcaptor, junto sus manos y las pego a su pecho, estaba aliviada de que su buen joven amigo se encontrara perfectamente. Una criatura de tamaño pequeño, semejante a una bola amarilla se iba a acercar al chino, pero fue entonces que notó otra presencia, una que no conocía y esta pertenecia a una joven de cabellos rubios que se encontraba al lado del chino.

-¡Oye mocoso!, ¡cómo te atreves a preocupar a todos de esa manera y además traer a esta joven!- pensó el guardián, finguiendo como tantas veces ser un muñeco de felpa.

-Lo siento- se disculpó en general, en un tono serio, pues sabía que lo había echo y no le gustaba que fuera así.

-Hmpf, ¡bueno al menos pude comer más mientras el mocoso no estaba aquí!-pensó el guardián de la cardcaptor.

-Que bueno que te encuentres bien- dijo una voz femenina, la más apartada de todos, esa había sido Nakuru. -Pero dime, ¿quién es esa chica?- preguntó la curiosa guardiana, mientras miraba a la joven de cabellos rubios, que se encontraba a lado de Li.

-Caí desmayado y esta chica me ayudo- miró a la chica de ojos amatista y cabellos rubios, ella se encontraba expectativa de la reacción de aquellas personas, comportándose extrañamente normal por todo lo que se le presentaba - se llama Utau, esperaba que..- miró a todos, con ciertos reflejos de súplica en sus ojos -esperaba que ella pudiera estar con nosotros una temporada, no tiene a donde ir..

-esta bien- dijo una joven de cabellos largos y oscuros, había sido la guardiana. Algo no iba bien,tenía esa sensación y eso la inquietaba. Sabía que no estaba del todo bien aquella decisión, pero de todas maneras de alguna manera se tendría que pagar el favor echo por la joven hacia el chino.

Varios pares de ojos se posaron en la guardiana, pero no argumentaron nada en contra.

-Gracias a todos- por fin habló una melodiosa y tierna voz, haciendo una reverencia -será un gusto estar con ustedes, mi nombre es Hoshina Utau-


El sol resplandecía, los pajaros cantaban y las ramas de los arboles eran mecidas por aquel tranquilo viento. Tres jovenes llegaban a una aldea no muy distinta de la anterior. Después de un rato paseando por la aldea, para conocerla, llegaron a un lugar donde se habían de hospedar. Era el lugar donde vivía el terrateniente, su esposa y su hijo, éste último los estaba acompañando, pues él mismo los había invitado a visitar aquella hermosa aldea y también a quedarse unos dias en ella.

El ojiazul y la ojiverde tenía ropas tipicas de aquel lugar, se habían cambiado para no llamar la atención. Su idea inicial era salir temprano de la aldea de Kaede para ir en busca de sus amigos, pero con argumentos bastante buenos les convencieron para ir allí, a la otra aldea cercana. Ya era tarde, cuando los dejaron por fin solos.

Ryuu miró a Kinomoto con una sonrisa dulce mientras paseaban por su extenso jardín, se detuvieron en medio de un pequeño puente echo de madera para poder cruzar un no muy pequeño estanque.

-espero que disfrutes de tu estadía en este lugar, dulce Sakura- decía, mientras que sus cabellos castaños eran mecidos por el viento. La castaña no pudo evitar pensar en su parecido a Syaoran y un ligero rubor cubrió sus mejillas. Esto fue malinterpretado por el ojiazul, haciendo que el joven se acercara a la chica, cortando la distancia.

-E-esto... - tartamudeo nerviosa la ojiverde, al ver que la distancia se cortaba. Se encogió un poco, intimidada por el extrovertido y directo hijo del terrateniente. El chico en un rápido movimiento tomó el mentón de la joven, cortando un poco más la distancia.

-Disculpa que sea tan directo, pero no puedo evitar que me cautive tu dulzura y belleza, pequeña Sakura- decía con voz queda, solo para que ella escuchara, acercándose solo un poco más, estaban a unos cuantos centimetros. Kinomoto sentía como su rostro ardía. -desde el momento en que vi tus ojos, supe que eras especial..-

-Y-yo..- sus palabras se quedaron atascadas en su garganta cuando vio que se acercaba cada vez más y más. ¡Espera!, quería decir eso la castaña, pero no lograba encontrar su voz por ningun lado.

-.. y porque eres tan especial, me gustaría, que ningún otro hombre te tuviera, por eso mismo me gustaría que te quedarás a mi lado, te puedo dar todo lo que quieras con tan solo un precio, se mi prometida Kinomoto Sakura...- Las palabras que soltó el chico retumbaban en la mente de la ojiverde. ¿su.. su prometida?. -Se mia..- volvió a hablar, sin percatarse de que el rostro de la cardcaptor palideció.

-N...- A la ojiverde le costaba hablar, todavía sentía aquel nudo en su garganta por la sorpresa que se había llevado.

-¿N..?- repitió a escazos centimetros de su rostro. Deteniendose un poco para escuchar su respuesta.

-No...- susurro, muy bajito, por lo tanto fue incapaz de escucharlo el joven Ryuu. Él sólo vio que había movido sus labios, en una respuesta monosílaba. Asumió entonces que había aceptado, tanto por sus actitudes y también porque era imposible que una dama se negara a tal petición si venía del guapo hijo del terrateniente, era imposible que alguien se le negara, todas caían a sus pies.

-te prometo hacerte muy feliz mi pequeña y hermosa flor de cerezo...- empezó a decir; retomando su camino, acercándose a los labios de la chica. Cuando estaba a tan solo cinco centimetros de ella, cuando la ojiverde sintió la respiración del joven chocar contra su rostro, algo dentro de ella despertó.

-¡NO!- lo empujó, para quedarse libre de aquella prisión que había formado el joven al mantenerla agarrada de esa manera. -¡No quiero!- La castaña junto sus manos y las llevó hasta su pecho, tratando de tranquilizarse -Gracias por la proposición, pero no puedo aceptarla. -dijo con voz débil, pero suficientemente fuerte para que el ojiazul escuchara.

-pero, ¿por qué?, ¿es que acaso hay alguien más?- preguntó entre curioso y molesto, ¡nadie lo rechazaba!. Mientras hablaba dio un paso hacia adelante, hacia la cardcaptor. Kinomoto reaccionó ante esto y dio un paso para atrás, como auto reflejo.

-H-ha decir verdad... ya encontré a la persona que más quiero, es por eso...-

-¿¡QUÉ!, ¿QUIÉN ES?- Preguntó furioso al saber que su corazón ya era de alguien más. Nunca lo habían rechazado y al ser ella la primera, la más hermosa y dulce joven que jamás había conocido, lo había herido profundamente, ¡esto era inaceptable!. La cardcaptor dio un respingo al escuchar el tono de voz empleado por aquel aparentemente gentil chico. -¡NADIE TE TENDRÁ SI NO SOY YO!- entonces un terrible miedo la invadió al ver la amenaza en los ojos del joven.

-Y-yo.. ¡realmente lo siento!- dijo apenada, haciendo una reverencia. No quería decirle quién era, lo único que deseaba era salir de ese lugar en ese instante. -¡C-con su permiso!- giró sobre sus talones y salió corriendo como bólido. Él no iba a permitir que se saliera con la suya, no la iba dejar escapar. Siguió sus pasos sin perderla ni un segundo de vista.

-¡SAKURA!- gritó, se escuchaba enojado. Esto sólo hizo que un escalofrio recorriera el cuepo de la joven y cerrara los ojos con fuerza, tratando de concentrarse en su meta: correr. No podía permanecer más tiempo a solas con él. Simplemente no podía, necesitaba que la suerte estuviera con ella.

Pero lamentablemente no era así.

Una raiz de un árbol, que salía a la superficie al crecer y tomar un tamaño descomunal, hizo que la pequeña Sakura se tropezara. Su respiración era agitada, su pecho subia y bajaba, gracias a la carrera, producida por el miedo insano que le generaba aquel chico de ojos azul claro.

Se había lastimado el tobillo, lo sabía pues un dolor punzante era generado en aquel lugar. Instintivamente se llevó una mano a esa parte de su cuerpo, con tan solo el roce de su mano con la parte lastimada hizo que una mueca de dolor se plantara en su rostro. -Ay...-

Escuchó unos pasos acercarse, su corazón dio un salto. Giró su rostro y al ver aquello sus ojos se abrieron desmesuradamente. Ryuu se acercaba a paso lento, tenía la vista fija en ella, sus ojos no tenían vida, parecían oscuros y decididos. En ese instante, un resplandor llamó su atención, miró aquello que el chico tenía en su mano derecha, eso era... eso era una navaja, ¿qué planeaba?.

Tengo miedo, pensó la cardcaptor. Eriol le había dicho que había sellado sus poderes para no atraer demonios y que así sería más seguro, pero que si algún día los necesitaba, sólo debía pedirlo para que enseguida se los devolviera, ¡pero ahora los necesitaba y él no estaba cerca!. Estaba en desventaja.

Se puso de pie, aunque el incesante dolor de tobillo se volviera más fuerte, no podía quedarse ahí. Su carrera prosiguió pero no dio ni tres pasos antes de que se volviera a caer, le había fallado el tobillo. Estaba demasiado lastimado como para soportar aquello.

¿qué haré?, pensó angustiada, su corazón latía a mil por hora. Miró hacia atrás y pudo distinguir la figura del chico. Escuchó como esos pasos avanzaban cada vez más y más rápido, tomando velocidad. Entonces a unos metros de ella, vio como el ojiazul levantaba la navaja, para lastimarla. Ella cerró los ojos esperando el golpe, el golpe que jamás llegó.

Espero unos segundos más, pero no pasaba nada. Hasta que sintió una cálida mano rozar su mejilla, de algún lugar tomó fuerzas y abrió los ojos, sólo para topase con unos ojos azules. Su corazón dio un brinco y no quitó la vista de esos ojos. Sus ojos esmeralda se llenaron de lagrimas que se rehusaban a caer. En un rápido movimiento la castaña rodeo el cuello del ojiazul con sus brazos, sintiendo ahora la seguridad que había estado anhelando minutos antes.

-Eriol- susurró, con la voz débil -q-que bueno que estas aquí- se le cortó la voz al decir lo último. El inglés escuchó las palabras que salían de los labios de la castaña y la abrazo con fuerza.

-Perdóname por llegar tarde- se disculpó, con voz algo grave, pero aún así cálida -si hubiera llegado antes de seguro que no te hubieras lastimado el tobillo-

Ella negó con la cabeza, restándole importancia. Había llegado. Ella miró sobre el hombro del inglés, ahí tirado, se encontraba un Ryuu inconsciente. Un alivio llenó su cuerpo y solo entonces sus ojos miraron los profundos de su salvador.

-Gracias- dijo con una pequeña sonrisa, mientras se limpiaba las lágrimas que habian logrado escaparse. Él al principio la miró preocupado, pero al final terminó regalándole una sonrisa. Hiragizawa Eriol no había llegado a tiempo por el simple echo que lo habían estado manteniendo ocupado, para que el hijo del terrateniente tuviera un tiempo a solas con la muchacha. Pero, con astucia, había logrado escaparse, aunque, no lo había echo a tiempo.

El mago limpió las lágrimas de la castaña, las que le habían faltado. -No me tienes que agradecer nada querida Sakura, mas bien gracias a ti por ser tan fuerte y valiente-

La castaña lo miró avergonzada y no pudo evitar que un pequeño rubor cubriera sus mejillas. Él la miró de manera dulce antes de ponerse a trabajar en el tobillo de la cardcaptor.

-Creo que lo mejor será salir de aquí- comenzó a hablar de manera tranquila, después de terminar con el tobillo lastimado, estaba seguro que un unos dias sanaría -no creo que les agrade la idea que dejara a su único hijo incosciente- decía refiriéndose al terrateniente y a su esposa.

Kinomoto estuvo inmediatamente de acuerdo, ella no quería pasar ni un segundo más en aquel lugar.


Los chicos habían tenido un gran progreso, habían estado visitando aldeas, había caminado mucho pero nuevamente se quedarían en el bosque, pues no les gustaban las miradas que les dirigian los aldeanos de cada aldea que visitaban. ¡Le miraban como si fueran bichos raros!, bueno, aunque era claramente comprensible. No había podido hallar a sus amigos, no habían sentido sus presencias, parecían ocultos o algo similar.

Pero no era lo único que había progresado, también había avanzado considerablemente la relación que tenía la señorita Utau con el joven Li, algo realmente extraño si uno se preguntaba, pues el joven Li era alguien complicado, serio y hasta incluso distante. Pero con ella parecía que ya tenían tiempo de conocerse, como si fueran incluso amigos que ya tienen tiempo. Era algo realmente extraño e inquietante.

Era hora de la cena, todos estaba reunidos esperando la comida ansiosos, estaban agotados por caminar tanto y eso hacia que el apetito fuera aún más grande e incontenible.

Los chicos como siempre, estaba reunidos alrededor de la hoguera, platicando cada quien de cosas triviales o sus puntos de vista respecto al viaje o sobre los ausentes.

-la cena esta lista- anunció una ánimada Nakuru mientras les repartía a cada quien su porción.

-¡Gracias por la comida!- dijeron al unisono antes de empezar a comer. Todos estaban comiendo de forma tranquila a excepción de alguien, una chica de cabellos rubios que comía sin parar.

Li miraba a Hoshina Utau con ojos sorprendidos, parpadeando varias veces, pensando que estaba alucinando o algo similar. Ella seguía comiendo de forma tranquila, llenando su estómago que pedía a gritos un poco de comida, no se dio cuenta cuando este hecho empezó a atraer la atención de los presentes.

Tomoyo la miraba sin poder creerlo, sin decir palabra. Spi y Kero la miraban con una gotita en la cabeza, pero tampoco dijeron nada, aunque al segundo no le faltaba las ganas, ¡se estaba acabando SÚ comida!, pero él no podía hablar o los descubrirían. En cuanto a Nakuru la miraba divertida y para finalizar Meilin la observa de manera seria e incrédula, no podía creer que ella estuviera tan delgada, si comía de esa manera.

Fue entonces que sintió muchas miradas sobre ella, alzó la vista y se topó con varios pares de ojos sobre su persona. -Oh, ¡discúlpenme por comer tan rápido!- dijo avergonzada la rubia.

-¡Noooo!- dijo Li, negando con la cabeza repetidas veces -al contrario es bueno comer en grandes proporciones-

-Si- dijo la amatista de cabellos claros -es que la cena está deliciosa- se excusó

El joven Li asintió, estando de acuerdo con ella -una prueba de tener buena salud es decir que la comida... sabe deliciosa-

La joven lo miró y le sonrió de forma amable -es verdad- el ambarino al ver tal gesto no pudo evitar que un sonrojo cubriera su rostro. Las manos del chino se convirtieron en puños y sus ojos se ocultaron por el flequillo, mientras continuo comiendo.

Los presentes los miraron por unos segundos antes de seguir con lo suyo; Nakuru soltó una pequeña risita mientras que la joven Daidouji miraba de manera dulce a ambos, pero con un mal presentimiento.


Eriol y Sakura se encontraban alrededor de una pequeña hoguera que les brindaba calor y ayudaba a calentar los alimentos dados por los aldeanos de la aldea de Kaede. Habían agradecido mentalmente esto, pues de lo contrario se hubieran quedado sin comer.

-Eriol, eres muy amable conmigo y quiero agradecerte por todo lo que has echo por mi y nuestros amigos, por este viaje...-

-No me agradezcas, es algo que quería hacer igualmente- decía con voz gentil el chico -sin embargo, hay algo que me ha estado inquietando. Tomoyo me comentó que la carta Revelation te había puesto una prueba, para ver si eras digna de ser su dueña y que te había estado preguntando si era este viaje lo que en realidad deseabas...

-Yo... en verdad no deseaba viajar, pero, tenía una motivación más fuerte que quedarme en casa- decía con decisión la castaña -y era poder proteger a todas las personas que quiero- sonrió dulcemente -aunque si te soy sincera, extraño mucho a mi papá, a mi hermano, a Yukito, a mis amigas y amigos, a todos, pero también sé, que aunque los extrañé pronto estaré de nuevo con ellos.

El inglés la miraba con cierta admiración, atento a las palabras que soltaba la ojiverde -en eso tienes razón dulce Sakura-

-¿tu no los extrañas Eriol?- preguntó curiosa la castaña.

-Bueno...- su mirada se ensombreció un poco, su vista se centró en la hoguera que tenían enfrente. -la verdad es que también los extrañó, incluso a mi padre...- dijo lo último en un susurro.

La esmeralda lo miró con los ojos un poco más abiertos de lo normal. Nunca había hablado de eso con él -¿tu padre?- preguntó en voz alta, sin darse cuenta. Enseguida se tapo la boca con ambas manos. -¡Disculpa por ser tan curiosa!, yo...

-No te preocupes- la miró esta vez, regalándole una sonrisa para que se calmara, pero esa sonrisa no le llegaba a los ojos, no era una sonrisa feliz. -Mi padre y mi madre me adoptaron de un orfanato cuando tenía solo dos años. Mis padres eran conocidos en Inglaterra por su fama y su riqueza, muchas personas les tenían gran envidia y rencor. Yo les quería mucho a pesar de que no lograra estar mucho tiempo con ellos por su trabajo. Pero todas las noches, mi madre se sentaba conmigo y me enseñaba a tocar el piano y mi padre nos observaba viendo como iba progresando con la ayuda de su esposa. Los domingos soliamos ir a pasear o hacer cualquier actividad para tener un rato juntos, ellos se tomaban las molestias de dejar un hueco en la agenda sólo para mi. Realmente fui muy feliz, ellos fueron y siempre serán, para mi, los mejores padres. Si estaba en apuros, aunque fueran los más mínimos siempre me ponían a mi antes que a su trabajo, yo los amo, por todo lo que me han dado y enseñado- pero entonces su mirada se endureció, su flequillo ocultó sus ojos, para evitar que Kinomoto viera la tristeza y debilidad reflejados en ellos. -pero un día, cuando comenzaron las vaciones de verano, tuvimos un accidente automovilístico, mi mamá murió ese día...- se calló por unos instantes y entonces Sakura sintió como algo la atravesó el corazón, él también había perdido a su madre.

-Lo siento...

-Mmm- el negó ligeramente con la cabeza-después de eso mi padre no volvió a ser el mismo. Mi padre era muy gentil, amable y caballeroso pero después de aquel accidente...- sus manos se convirtieron en puños, puso tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos -se volvió muy frio y distante en los meses que siguieron, siempre se encontraba trabajando y todo lo que le recordaba a ella lo guardó, esperando que así se fuera el dolor. Le recordaba tanto a ella que también me alejó a mi. Aunque trate numerosas veces de hablar con él y poder estar juntos para que lograramos superar la pérdida, él no me lo permitió me gritaba... se enloquecía con tan solo verme- una mueca hizo acto de aparición en el joven ambarino.

Él no se daba cuenta que él no era el único que sufría, también lo hacia Eriol, pero Eriol tenía que aguantar la grave pérdida de su madre y también el mal trato de su padre, tuvo que superarlo solo, siempre estuvo solo en aquella situación... pensaba la ojiverde, mirandolo triste.

-Estuve muchos meses tratando de hacerlo entrar en razón hasta que tuvo un viaje a Hong Kong debido al trabajo, yo me quedé solo en la mansión aunque claro también estaba el ama de llaves y unas cuantas sirvientes de la familia. -Sus manos se juntaron, sin perder de vista el fuego que bailaba tranquilamente en frente de ambos chicos -fui entonces que una noche, fui a la biblioteca, era inmensa, me la pasaba la mayor parte del tiempo ahí, me gustaba leer para perderme de aquel mundo tan cruel que sentía estaba en contra de mi. Me había arrebatado la felicidad y había destrozado mi corazón de paso. Esa noche descubrí que no era una persona normal, que me habían otorgado ciertos provilegios, a partir de ese momento estuve investigando y estudiando acerca de mi magia, descubrí mi pasado y encontré, una manera de no estar solo. De ahí el nacimiento de Ruby moon y Spinnel. Cada día que pasaba me hacia más fuerte, hasta que conocí a Kaho Mizuki- por primera vez desde que empezó el relato una sonrisa apareció en el rostro del mago- fue ahí cuando le entregué lo que el mago Clow había dejado para ti. Para cuando se marchó, mi relación con Kaho se había fortalecido notablemente. Al principio había pensado que había caido enamorado de Kaho -la castaña se sorprendió ante la revelación pero no comentó nada -pero tiempo después me di cuenta que eso era por sus poderes que provenían de la Luna, yo me sentía atraido hacia ellos.. pero mis verdaderos sentimientos hacia ella eran y son de admiración y de un gran cariño. Era un sentimiento muy parecido al que le tienes a Yukito. -trató de explicar- Luego viaje a Japón, no tuve problemas pues mi padre seguía tan frio y distante como siempre, incluso podía pasarme lo que fuera y creo que a él no le hubiera importado-

-Pero Eriol...-

Él prosiguió, como si la castaña no hubiese dicho nada -ahí fue cuando te ayude a convertir las cartas Clow en cartas Sakura, tuve que regresarme a Inglaterra por petición de Kaho, no dude en obedecer. Cuando estuve ahí mi padre había tenido un accidente automovilístico, por eso me había llamado, él se encontraba inconsciente cuando lo fui a ver. Esto realmente me entristecio, aunque hubiera sido así conmigo, era y es mi padre. Todos los dias lo iba a visitar y platicaba con él aunque bien sabía que no podía escucharme. Le cuidaba aunque muchas veces me era negado verlo, siempre era bastante terco, de echo varias veces me metí en problemas por serlo. Hasta que un día despertó y se enteró de todo lo que había echo por él. Él se enojó, me gritó, me amenazó y cuestionó mis actitudes- un pequeño suspiró salió de sus labios -pero fui débil, traté de mostrarme igual que siempre, pero, la tristeza me inundó en ese momento al verlo en aquel estado, siendo igual que siempre conmigo, había tenido la esperanza de que hubiera cambiado. No aguanté más y simplemente me vi débil frente a él- él giro su rostro en dirección opuesta al de la chica, para que no viera como sus ojos se habían vuelto cristalinos al recordar esas dolorosas escenas. El corazón de Eriol se encogió y unas cuantas lagrimas traicioneras se escaparon de sus ojos, resbalandose por sus mejillas hasta caer en el césped, no quería que Kinomoto lo viera en ese estado tan deplorable, tan debil. Sus laios temblaron ligeramente antes de volver a hablar -algo parecio cambiar en su actitud, me pidio que me fuera y que no volviera a visitarlo. Los dias pasaron y yo quería ir a verla a pesar de todo, pero no me era permitido. Le veía gracias a mis poderes, desde mi habitación. Hasta que por fin, un día le dieron de alta y regresó a casa -su voz falló en ese instante pues un sollozo quería escapar, pero para disimular carrapeo un poco -cuando regresó me evitaba y las pocas veces que le veía me miraba como si fuera poca cosa, con desprecio. Fue entonces que tiempo después Kaho Mizuki falleció -su voz empezó a sonar más grave -me había serio, mis ojos habían perdido su brillo, según me decía mi guardiana, y aunque estos dos trataban de ayudarme les fue imposible. Yo no quería ser ayudado. Fue cuando comprendí un poco el sentimientos de mi padre. Yo no quería que mis guardianes pasaron lo mismo que yo, así que poco a poco pude nitigar ese sentimiento para no hacer pasar por malos ratos a las personas que les importaba y además, de paso podría ayudarme a mi mismo; mis guardianes y amigos de la escuela me ayudaban y poco a poco, logré que aquel insoportable dolor, llegara a ser la esperanza de que ella esta en un lugar mejor. Mi padre inevitablemente se enteró de aquello, pero para mi sorpresa no paso desapercibido, me habló después de muchos meses y fue entonces que todo se solucionó. Me abrazó y me pidió disculpas por su comportamiento, me dijo que haría hasta lo imposible para enmendar su error y que no volvería a suceder. Y yo le dijo que todo había sido perdonado; pasaron algunos meses donde todo volvió a como era antes. Realmente fue como si los últimos años jamás hubieran existido. Pero un día Clow me mostró en una visión lo que tu viste en tu sueño. Al día siguiente le comenté que quería regresar a Japón. Pero a diferencia de lo que pensaba, que se iba negar, no lo hizo. Él sabía lo que era, realmente te diré que me sorprendió saber aquello, había sido muy cuidadoso, pero al final mi padre terminó diciendome que había sido gracias a una carta de la señorita Kaho, una que le había escrito antes de fallecer. Entonces me preguntó las razones y se las di, quitando algunos detalles, el me dejó en total libertad, confiaba en mi y en que pronto, regresaría a casa- una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Eriol Hiragizawa -sus palabras al despedirse de mi fueron, "se fuerte, confió en ti, sé que serás mucho mejor que tu padre. El amor es la clave de todo". Y vaya, el resto de la historia ya la conoces..-

Unos brazos cálidos rodearon al chico desde atrás, éste se sorprendió nuevamente al sentir aquella acción por parte de la castaña. El mentón de la chica descansó en el hombro del mago. -siento haberte echo que me contaras todo eso, realemente lo siento...-

La mano del albino se colocó encima de la mano de la cardcaptor. -No te preocupes- volvió a decir -me alegra haber compartido esto contigo, querida Sakura- su voz se encontraba más dulce ahora, lo que alivió un poco a la ojiverde. Ella cerró los ojos y guardó silencio, asintiendo simplemente. A ambos se le había quitado el apetito.

Paso un rato, ninguno de los dos se habían movido de esa posiciones -¿Sakura?- llamó el mago, girándose levemente solo para encontrar su rostro muy cerca del suyo. Sin embargo este no se hizo para atrás, simplemente se quedó ahí al darse cuenta que la castaña había caido en manos de morfeo. -Supongo que han sido demasiadas emociones para ti en un sólo día- dijo con una sonrisa divertida, ahora tranquilo, con su mano libre, procurando no moverse para no despertarla, le quito una lágrima que se había quedado en su mejilla. Sus manos, con un movimiento suave y ágil, tomaron a la chica y la recostaron en el suelo, con su cabeza apoyada sobre su regazo. Tomó su chamarra que se encontraba a poca distancia y la cubrió con ella, pues se empezaba a sentir frio y no quería que se enfermara.

Él se apoyó en el tronco de un árbol y también se dejo llevar por morfeo. Dejando aquel terrible pero extrañamente dulce día atrás.


La mañana siguiente habían ido a visitar una aldea. Pocos aldeanos se habían percatado de su presencia, lo que era un tanto anormal, pues siempre que iban a una aldea los veían raro, los veían desconfiados y hasta con ciertas ganas de asesinarlos en aquel instante, pues no era algo común que unos viajeros trajeran puesto aquellas ropas extrañas; pero al parecer había sucedido algo que llamaba más la atención de aquellos habitantes en ese preciso momento.

Por toda la aldea se rumoreaba acerca de dos viajeros que habían sido cordialmente invitados por el hijo del terrateniente Ryuu, de cómo habían desaparecido misteriosamente, dejando al joven en un estado inconsciente. También se rumoreaba que estos posibles viajeros podían haber sido mensajeros del otro mundo, dejando en claro que en un futuro habría muerte y desgracia; rumores así iban y venían, unos más creibles que otros.

En mente de los viajeros pasaron imagenes de Eriol y Sakura, pensando que podrían ser estos los posibles viajeros, pero enseguida descartaron aquella posible idea, pues ninguno de los guardianes o el mismo Li habían logrado sentir sus presencias; además aquello que contaban los aldeanos, aquella acción sería imposible de realizar para cualquiera de los dos magos, ellos no eran así, no habrían dejado tirado al hijo del terrateniente. De seguro habían sido otros tipos.

Una chica rubia indiferente ante tanto rumor, miraba a un pequeño de no más de seis años, con cabellos azulados, del mismo color que sus ojos, de piel albina, le recordaba tanto a alguien...

Éste chico corría alegre, con una gran sonrisa plasmada en su rostro. Extendía sus brazos, semejando dos grandes alas, pensando que así, lograría flotar por los aires. La mirada amatista de la chica rubia se suavizó por un instante. El niño parecía tan libre, tan feliz. De pronto el niño se detuvo y al mismo tiempo se escuchó un ruido estruendoso, como si algo se hubiera roto; en el segundo siguiente el niño hizo una pequeña reverencia, mientras cerraba sus ojos fuertemente.

-¡L-LO SIENTO MUCHO!- dijo el pequeño apenado, frente a un vendedor ambulante, cuyas pertenencias habían sido rotas en tan sólo un instante. Éste le miro con furia, sin poder contenerse, alzó una de sus manos para poder golpearle por ser tan torpe y distraido. El niño cuando alzó el rostro para observar al señor, vio aquello, sus ojos se llenaron de temor, de un gran miedo y como auto reflejo los cerro, esperando el golpe. Hoshina observaba aquello que los demás no parecían notar. Sus manos se volvieron dos puños y sin pensarlo dos veces corrió a interponerse entre el señor y el niño indefenso.

-Deténgase- dijo en un susurro, pero con la voz segura y decidida. Le miraba de forma amenazadora, algo que el señor no esperaba de una chiquilla con unos cuantos años más que el pequeño de cabellos azulados, al cual defendía. Él dio unos pasos para atrás, inconscientemente, al sentir una sensación de amenaza que le recorrió todo el cuerpo.

El señor carraspeó para disimular su nerviosismo, cosa que Utau notó al instante -Tú no te metas mocosa- La joven al escuchar éstas palabras estrechó sus ojos color amatista y le miró con desafió y de una manera tan frívola que el señor sintió un escalofrió colarse por sus huesos. Le había dicho mocosa, eso no se lo permitía a absolutamente nadie, a ella le trataban con respeto.

Pero el señor era tan orgulloso que siguió en aquella posición, aunque el miedo le calara por los huesos -¡no me mires así!, ¡el mocoso destruyó toda mi mercancia!, ¡YO SOLO LE DARÉ SU MERECIDO POR INÚTIL!-

La chica de cabello claro le miró por unos instantes, pensando en una posible solución para que el señor no armara un escándalo y no terminara destrozando al pequeño que se encontraba sollozando a sus espaldas. "El inútil aquí es otro, haciendo llorar a un pequeño, cualquiera puede cometer errores, estoy segura que el hombre que está parado enfrente de mi no es perfecto; pero no quiero que el pequeño detrás de mi empeore, será mejor terminar está situación de una vez por todas, aunque ganás no me faltan para decirle sus verdades..", pensaba la rubia, mientras le miraba de forma gélida.

-¿Cuánto es?- preguntó con voz fría. Al hombre le dieron ganas de reirse, ¿qué esta chiquilla pagaría?, ¡ja!, su abuela tenía mucho más que ella. Pero su risa amarga se congelo en su boca, el miedo lo detuvo de burlarse de tal manera de aquella niña idiota. El señor le dijo la cantidad que esperaba por aquellas mercancias que ahora se encontraban en el suelo, rotas y sin valor alguno. Pero en vez de que la pequeña buscara pagar en ese instante por aquel desastre; giró sobre sus talones y guardó unos segundos silencio antes de que una fina y dulce voz saliera de los labios de la chica, empezando a cantar.

Open your shiny eyes in the silent night
Fushigi na yoru maiorita
Ashioto tatezu shinobiyoru
Nayamashi ge na kuro neko no poozu

Tsuki akari o se ni ukabu shiruetto
Kocchi e oide to hohoende

Temaneki

Yokubou no kage ugomeku machi
Tenshi no furi de samayoi

Los viajeros, aldeanos, tanto como el señor y el niño que se encontraban a unos metros de ella, se quedaron asombrados al poder tener la oportunidad de escucharla cantar. Poseía una hermosa voz que dejaba hipnotizado a quien la escuchara. Todos estaban pérdidos en su propio mundo, ensimismados por el bello canto. Perdidos.

Fue en ese instante que la joven Utau Hoshina tomó aquella preciada oportunidad. Y como si fuera parte del espectáculo que se había formado, pues muchos aldeanos la empezaron a rodear, señaló con su dedo índice a Li Syaoran, en un movimiento fluido. Justo en ese instante algo cambio, algo que no fue percatado por ninguno de los presentes, el brillo en los ojos del joven chino se perdieron. Los ojos de Utau no se apartaban de los ambarinos del joven Li, parecía hechizado.

Taisetsu sou ni kakaeteru (los fragmentos de amor)
Ikiba no nai ai no kakera (en los preciosos pensamientos que)

Nemuri ni tsuku koro anata mo dokoka de (sostuve en mis brazos, no eran nuestro destino)
Shiawase na yume o mite iru no? (la felicidad es un sueño, ¿lo puedes ver?)
Hoshizora ni kisu o shite ii ko wa mouo oyasumi

Mitsume naide tsukamaenaide
Mayoikonda butterfly
Jiyuu utau dare ni mo mienai hane
Kakushiteru no anata no mune no oku

Kagami no naka no omokage wa
Nakimushi datta ano koro
Dakeredomou kodomo ja nai
Nobashita kami o hodoita

Mune o shimetsukeru amai fureguransu
Yuuwaku shiteru kizuite iru
Kotoba o nakushita kuchibiru ni mahou kaketa no

Mitsumenaide tsukamaenaide
Mayoikonda butterfly
Itoshi sugite taisetsu sugite
Kowarete shimau watashi no mune no kagi

Sagashi tsuzukeru jibun no sutoorii
Unmei ni mekakushi sarete mo
Kono kumo o tsukinuke haruka na asu e to habataku

Justo antes de que la rubia terminara de cantar, los ojos ambarinos recobraron un poco el brillo, pero éste era diferente. Después de unos segundos, los ojos amatista de la rubia se conectaron con los del ambarino, éste le miraba de forma penetrante y con un leve sonrojo. Después de todo, había funcionado el plan de Utau.

Mitsumenaide tsukamaenaide
Mayoikonda butterfly
Negai matoi tobitatsu mienai hane
Kakushiteru no anata no mune no oku

Los presentes aplaudieron ante semajente espectáculo, dejando cosas de valor cerca de ella. Recolectando, hasta al final, lo suficiente para pagar al señor y para tener una rica cena.

-Muchas gracias- dijo el pequeño de cabellos azulados, sonriente, mientras le daba un efusivo abrazo antes de marcharse.

-No, gracias a ti- dijo la rubia, con una sonrisa misteriosa en su rostro.


¿Hoe?, ¿quiénes son ellos?, se preguntaba la castaña mientras miraba una escena. Era un chico y una chica abrazados; el chico tenía cabello castaño, no podía verle las facciones porque le estaba dando la espalda, la chica sin embargo tenía el cabello rubio, sus facciones eran suaves.

Pronto la niña abría los ojos lentamente, revelando unos hermosos ojos amatista, ésta le sonrió con suficiencia y con cierta burla. Luego de aquello pareció que su atención se centraba de nuevo en el chico que la rodeaba con sus fuertes brazos.

-Te quiero...- decía suavemente la pequeña de cabellos rubios al joven de cabello castaño, sin apartarse. Sakura sentía que la persona que tenía atrapado entre sus brazos le era familiar, pero no sabía quién era o por qué sentía un nudo en el pecho. -... siempre serás mio...-

Una sensación angustiante penetró todo su cuerpo, hasta calarse por sus huesos, tratando de hacerla caer. La niña de cabellos rubios volvió a hablar, parecía que decía el nombre de aquella persona, pero ella no alcanzó a escuchar pues todo se empezó a nublar, hasta volverse completamente negro.


¿Y?, ¿qué tal?.

Dudas, sugerencias, comentarios lindos son bien aceptados(:

Prometo que si llego a los 15 reviews el próximo capítulo será maaaaaas largo *w* y con muchas más sorpresas ewe

Os quiere

B.C.M