DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
N/A: Hola chicas! (siempre digo chicas, perdón si hay algún hombre presente por aquí, hasta ahorita no me ha tocado) Primeramente quiero disculparme con ustedes por no haber contestado los reviews, me siento muy mal por ello, pero he tenido unas semanas extremamente complicadas y supuse que si querían algo de mí sería el capítulo y no mis contestaciones absurdas, así que mejor aquí les dejo el capi y les prometo que no volverá a pasar!
También les comento que nos estamos acercando a la recta final, yo había supuesto que el fic sería de 6 capítulos, pero evidentemente no será así. Estoy contemplando dos, o tal vez 3 capítulos más a lo mucho.
Ya estoy activamente en Twitter, y probablemente ponga un par de pequeños avances por ahí, porque parece que estos días pintan para estar igual de complicados para escribir, así que les pido paciencia por favor... Mi cuenta twitter la encuentran directo en mi perfil.
Y antes de que la nota se vuelva más larga que el capi me despido! Gracias por todo su apoyo! Son una verdadera inspiración =*
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Atrapados por el Destino
Capítulo 6. La intrusa
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Se planteó en más de una ocasión la posibilidad de omitir la información que logró conseguir Emily después de un día entero de ardua investigación (y probablemente más de una persuasión rayana en lo ilegal). Pero después de recurrir a todos los métodos muggles y mágicos para contactar con Malfoy, no le quedaban muchas alternativas.
Tras varios intentos infructíferos había deducido que los Inefables tenían alguna especie de anti-rastreador que incluso desorientaba a las lechuzas. Ni siquiera los memos interdepartamentales llegaban a las zonas de oficinas del Departamento de Misterios.
Definitivamente eran paranoicos, y quería suponer que en parte se debía a la cantidad de infortunios por los que habían tenido que pasar los Inefables en toda la historia del Departamento. Aunque por desgracia (y para su conveniencia) esa paranoia no los impulsaba a aplicar medidas adecuadas de protección a sus salas, confiando en el mecanismo de desorientación ya existente en su funcionamiento y distribución. Craso error: ella, que ya había birlado su seguridad anteriormente, había esperado algunas modificaciones en el funcionamiento de aquel departamento, cosa que evidentemente no había ocurrido.
Esa tarde había esperado a que terminara la jornada laboral y el Ministerio estuviera desierto para bajar a hurtadillas, logrando colarse por la puerta sin ser vista; por segunda vez en su vida. Alguien tenía que hablar con los encargados, era un hecho.
Una de esas puertas tenía que ser la que condujera a las oficinas de los Inefables.
Recordaba perfectamente el funcionamiento de aquella primera sala circular y probó suerte con la primera puerta a su derecha. No, esa no era. La marcó discretamente y probó con la siguiente.
Al tercer intento se encontró con un largo pasillo con un conjunto de puertas secundarias intercalándose regularmente sobre toda la extensión de ambas paredes. Aventurándose, se encaminó en el interior del pasillo y comenzó a leer las inscripciones grabadas en las puertas. ¡Lo había encontrado!
Estaba casi segura de que Malfoy no se encontraría en su despacho a esa hora, pero su intención era averiguar su actual residencia para llegar a buscarlo, tal como él había hecho con ella, e intentar arreglar el estropicio que había creado… Esperaba encontrar algún indicio de su actual domicilio, pero a esas alturas, cualquier información sería bien recibida.
La puerta tenía que ser ésta: D. M. No había ningún otro nombre con esas iniciales en la lista que había conseguido Emily.
Probó abrir la puerta y para su sorpresa no tenía llave. Con un gesto de triunfo entreabrió y se asomó discretamente, comprobando que la habitación estuviera vacía.
Lo estaba.
Entró sigilosamente, cerrando la puerta tras ella, y se quedó mirando estupefacta la amplitud de aquella oficina. Era enorme.
Había un escritorio dominando el centro de la habitación. Reparó en el escrupuloso orden que reinaba en él y no pudo evitar sonreír, siempre era agradable encontrar a alguien que fuera tan ordenado como ella misma lo era.
Una enorme mesa, colocada en el extremo de la oficina, estaba cubierta a rebosar por libros y papeles de aspecto antiguo, custodiada a ambos lados por dos enormes libreros también rebosantes de documentos. Algunos de esos libros eran sin duda únicos. Sus manos le picaban por la ansiedad de ir a hojear aquellos ejemplares. Pero no, no iba a ver libros, por más antiguos y tentadores que le parecieran.
Se dirigió al escritorio con pasos acelerados, mientras sus ojos terminaban de reconocer el lugar. Había un enorme papel tapiz en la pared más larga de la oficina, lleno de garabatos e inscripciones. Que curiosa manera de decorar una oficina… ¿Qué serían aquellos intricados grabados?
Haciendo caso omiso a la extraña pared, se acercó al escritorio y rebuscó en él de manera un tanto superficial. Abrió un par de cajones y revisó entre los pergaminos, por si encontraba algún documento de interés. ¿Por qué los magos no se manejaban con recibos, como hacían los muggles? Sería mucho más fácil encontrar a Malfoy si tuviera a mano una factura de agua… O si las lechuzas no se perdieran en el trayecto a su domicilio, como habían venido haciendo toda la semana.
Volvió su vista nuevamente hacia la pared, tentada a echar un vistazo rápido. Al final ganó la curiosidad, así que se acercó para averiguar si los garabatos eran palabras, como ella suponía. Y lo eran… era un desfile interminable de nombres, escritos todos en tinta dorada con cuidada caligrafía, y unidos entre sí por líneas rectas que viajaban de un lugar a otro, conectándolos de las maneras más extrañas posibles.
Observó el tapiz, recorriendo con la mirada toda su extensión. Aquel desorden aparente creaba un efecto realmente bello. Comenzó a leer algunos nombres al azar mientras caminaba por toda la longitud de la pared, acariciándola con sus dedos extendidos en el trayecto.
Uno de los nombres llamó su atención mientras caminaba, y regresó el par de pasos que había dado para mirarlo nuevamente: Ignacio Solar. Le sonaba de algo…
Observó que aquel nombre tenía, además de una línea gruesa en cada extremo, un par de líneas más delgadas que lo conectaban con otro nombre. Recorrió esa unión doble y encontró el nombre de una mujer: Elena Santana.
La piel de sus brazos se erizó. Conocía ese nombre, ¿de dónde?
Siguió la línea, gruesa y recta que se desprendía de uno de los extremos del nombre hasta toparse con otro, también de mujer: Galya Petrova. Frunció el ceño, mientras sentía cómo su pulso iba acelerándose en su pecho. Estaba unida al nombre de Alekséi Ivanovich por la doble unión paralela.
Si mal no recordaba, ésa era la manera de unir a las parejas en los árboles genealógicos. Al menos el de los Black así se manejaba.
Comenzó a seguir frenéticamente los nombres conectados por todo lo largo de la pared. Pietro Lombardi unido a Antares Zarggoh, Pria Nayar unida a Rakesh Jhadav. Con cada nombre que leía, su pulso se iba acelerando más y más, ya que por imposible que pareciera, sentía que cada uno de esos nombres le era familiar. Recorrió la línea que unía a aquel último hombre y leyó Franco Messina.
Sintió como el alma se le caía a los pies, dejando todo su cuerpo frío.
Ese nombre sí que lo recordaba. Era el hombre enfermo, el de sus sueños. Unido a él estaba el nombre de Astrid Renaldi.
No podía ser una coincidencia. No podía… ¿Qué era esto?
Volteó a la puerta, de pronto llena de nerviosismo, y comprobó que seguía cerrada. Una parte de ella le decía que debía salir de ahí ya, pero la otra parte –mucho más persistente- la instaba a que continuara leyendo aquella pared. Que ahí había algo que tenía que saber.
Ella había soñado con el nombre de aquellas personas ¿no? A su manera de ver las cosas, eso le daba el derecho suficiente para continuar leyendo las inscripciones.
Regresó sobre sus pasos hasta volver al nombre de Elena Santana, y lo siguió ahora en sentido inverso hasta llegar al nombre de Mary Gray, quién estaba unida a Nicolas Sanders.
Sentía que las piernas se le volvían de goma. Ella había soñado con esos nombres, con todas esas personas, durante estos últimos siete días. ¿Cómo era eso posible? ¿Por qué estaban conectados, y qué tenían que ver con ella?
Siguió el último tramo de la línea de Nicolas Sanders con un presentimiento emergiendo en su pecho, y leyó en él Draco Malfoy. Rebuscó la conexión doble, pero no estaba por ningún lado, así que regresó por el mismo trayecto, para recorrer ahora la línea de Mary Gray.
Retrocedió asustada. Pasmada. Sentía que le faltaba el aliento y se tomó el pecho con ambas manos, mientras trataba de regular su respiración.
Su nombre, Hermione Jane Granger, estaba ahí. Escrito claramente, gritándole algo que no alcanzaba a comprender del todo pero que comenzaba a tener perfecto sentido.
De pronto sintió ganas de salir corriendo de ahí, de huir no sabía a dónde, pero de desaparecer de ese lugar. Giró para correr hacia la puerta, pero se detuvo, porque la puerta estaba obstaculizada.
Draco Malfoy la observaba, con el rostro imperturbable pero la mirada intensamente clavada en ella. Tenía uno de sus hombros recargado contra el marco de la puerta y los brazos firmemente cruzados sobre el pecho.
Hermione sólo pudo tragar saliva y mirarlo de regreso.
—¿Encontraste lo que buscabas?
Comenzó a temblar. No podía articular palabra alguna, tenía los sentidos exacerbados y su mente aún intentaba dar sentido a lo que acababa de encontrar… lo peor que podía haberle pasado en aquel momento era toparse de frente con él.
Porque ahora, mirándolo a los ojos, comenzaba aquel indescriptible desfile de emociones encontradas, que sólo agravaban el estado de total desubicación en que se encontraba.
—Granger, te hice una pregunta. ¿Qué demonios estás haciendo aquí?
—Malfoy, yo… —sus manos vagaban, nerviosas, alternando entre su cabello y el dobladillo de su blusa, sin poder controlar el movimiento, y la acerada mirada del rubio no hacía mucho por calmar su estado de ánimo. Parecía que quería degollarla con una sola mirada afilada—. Yo lamenté mucho haberme ido ese día, pero no podía encontrar ninguna forma de localizarte.
—Ésta es una zona restringida Granger. —Draco cerró la puerta tras de sí y se aproximó a ella despacio, calculando cada movimiento, mientras continuaba con la vista clavada firmemente en ella—. No sé cómo se te ocurrió venir aquí.
No iba a llorar. No se iba a soltar a llorar como una chiquilla atrapada en medio de una travesura. ¿Por qué se sentía tan vulnerable? Ella era una mujer fuerte. Era una mujer valiente, por Merlín. Tenía que controlarse.
Respiró profundamente.
—Lo lamento Malfoy. Quería hablar contigo, para disculparme por mi comportamiento… La verdad es que no pensé que te encontraría aquí, pero eres más difícil de localizar que un grindylow en medio del desierto. Se me hizo fácil venir aquí y ver si podía encontrar dónde vivías.
—¿Se te hizo fácil entrar al Departamento de Misterios? —una pequeña risa de escepticismo se escapó de sus labios, quebrando el aspecto hasta ahora inflexible del rubio—. Bueno Granger, definitivamente no puedo decir que eso me sorprenda pero… Coño, de verdad te hubiera sentado bien no juntarte tanto con Potter.
¿Cuánto tiempo llevaba ahí parado? Seguramente era poco, pero ¿cuánto había visto, sabría que había descubierto su nombre ahí? No quería comenzar a hacer preguntas si antes no se detenía a pensar en el asunto, pues ella misma aún no alcanzaba a comprender lo que había descubierto.
A pesar de morirse de curiosidad, estaba segura que si se ponía a cuestionarlo sobre la pared y lo que significaban aquellas conexiones Draco se enojaría incluso más de lo que ya estaba. Había dejado muy claro que su investigación era privada, y que ésta era un área restringida. Se había metido en las fauces del dragón por voluntad propia.
Pero, y esto la tranquilizaba un poco, él no sabía que ella conocía aquellos nombres, y las probabilidades de encontrar su propio nombre en aquel intrincado tapiz de más de 15 metros cuadrados era prácticamente nula… Así pues, decidió que hacerse la desentendida respecto al muro obraría buenos resultados.
—¿Qué hacías en mi oficina, Granger? Porque ten por seguro que mi dirección no la vas a encontrar en la pared.
—No encontré nada que me sirviera, y ya me iba a ir pero… —por Merlín, ¿por qué se ponía tan nerviosa mientras lo miraba a los ojos? Tenía que serenarse si pensaba mentirle tan descaradamente — me entretuve con la pared. ¿Es un árbol genealógico, cierto?
Él entrecerró sus ojos con sospecha y la miró detenidamente. ¿Habría visto algo que delatara su investigación? Algo la había alterado, aunque no llegaba a comprender del todo qué podría ser: tal vez se trataba solamente de la ilegalidad de su intrusión. El problema hubiera sido que encontrara los archivos en la mesa del fondo, que eran los más comprometedores, pero incluso aunque los hubiera visto, no habría sido suficiente para que descubriera su investigación, ya que la parte más delicada la tenía asegurada fuera del alcance de cualquier persona, sólo por si acaso. Solamente había visto la pared, estaba seguro, y sospechaba que un montón de nombres sin relación aparente no suponían un problema mayor.
—Algo parecido —decidió contestar—. Pero como ya te dije, es confidencial.
Su corazón estaba acelerado, muy acelerado. En cualquier momento comenzaría a hiperventilar si no salía de ahí.
—Perdona por meterme en tus asuntos Malfoy, como te dije, solamente quería buscar tu dirección… Ya me voy.
Comenzó a caminar rumbo a la puerta, pero Draco la detuvo nuevamente por el brazo. Todo su cuerpo vibró ante el contacto.
—¿Qué es lo que querías decirme, Granger? ¿Qué es eso tan importante que te impulsó a venir a buscar dónde localizarme, aún a pesar de las restricciones del departamento?
Hermione giró para mirarlo de frente, y tuvo que contener el aliento al percatarse de la cercanía del joven. Lo tenía solamente a un palmo de distancia, y sus ojos, grises como el acero, la miraban interrogantes y cargados de electricidad.
—Yo… yo sólo quería… —de nuevo se sentía absorbida por aquella energía que los rodeaba, solamente podía mirarlo a él, sus ojos, su boca. —Solamente quería decirte que siento mucho haberme ido de aquella manera.
—¿Solamente eso? —No podía dejar de mirarla. Era como si un imán lo estuviera atrayendo, como si ella misma fuera el centro gravitacional de su universo. Había olvidado ya que estaba molesto, y que había decidido dejar las cosas así. Toda la ira acumulada en esos días se había derretido con la calidez de su mirada en esos momentos. Estando tan cerca de ella era casi doloroso para él mantener la distancia, pues su cuerpo gritaba por acercarse y besar sus labios.
—No —Contestó a la pregunta del rubio, mientras intentaba tomar nuevamente las riendas de su cuerpo, que se empeñaba en actuar por cuenta propia: milímetro a milímetro iba acortando la distancia que los separaba.
El aliento de la joven rozaba su boca como una caricia. No podría contenerse por mucho más tiempo, no si ella seguía acercándose así, si continuaba mirándolo de aquella manera.
—Entonces dímelo Granger, ¿por qué te tomaste tantas molestias? —El gris de sus ojos brillaba como si se tratara de un metal maleable, casi líquido, y ella se encontraba sumergida en su profundidad. Su juicio racional se había desplazado a los confines de su mente en esos momentos, dejándola desprotegida y expuesta, totalmente a merced de los instintos de su cuerpo.
—No puedo explicarlo Malfoy. —Estaba perdida. Condenada e inevitablemente perdida, y lo sabía. —Solamente sé que no quiero alejarme de ti.
Y entonces lo besó.
En un solo segundo, el universo entero colapsó en el ínfimo espacio entre sus labios, solamente para volver a expandirse de manera vertiginosa ante el primer roce, como una onda de choque. El orden del mundo se quebró cuando él la tomó por la cintura para acercarla a su cuerpo, y volvió a recomponerse en un nuevo sentido cuando ella entreabrió sus labios y él la tomó por completo, adueñándose de su boca como si siempre le hubiera pertenecido.
El tiempo perdió sentido, sumergidos en la cadencia del movimiento de sus labios, y el espacio dejó de existir fundidos en aquel abrazo.
Él recorría con movimientos lentos y suaves la extensión de su cintura, despertando cada terminación nerviosa de su piel a su paso. Ella lo tomó por el cuello, acercándolo con suave firmeza para impedir que se retirara.
Se sentía tan bien, era tan perfecto, tan total, que era como si no hubiera ninguna otra posibilidad mas que esa. Como si cada segundo de su vida hubiera esperado por aquel contacto. Sus brazos no bastaban para abarcarlo mientras seguía sumergida entre sus labios, su cuerpo no le alcanzaba para sentir su proximidad, el calor que irradiaba. Era como si su propio ser quisiera desprenderse de su cuerpo, salir de él, y fundirse por completo con aquel hombre que tenía entre sus brazos.
Pero tarde o temprano su raciocinio tendría que volver, y muy pronto comenzó a hacerse consciente de la realidad.
Por su cabeza comenzaron a desfilar poco a poco aquellas imágenes oníricas que no había podido erradicar de su mente, volviéndola poco a poco a la realidad. Recordándole que tenía mucho que pensar…
La pared, los nombres en ella, los sueños que las ligaban, las palabras de la adivina…
Depositando un suave beso en los labios de Draco, se separó de él, rozando con sus dedos el pómulo del chico mientras lo contemplaba con dulzura contenida.
Despacio, él abrió los ojos y la miró de manera indescifrable, pero con una intensidad abrumadora.
—Perdóname Malfoy, por haber sido tan obstinada, y haberme marchado tan abruptamente aquella noche. Voy a respetar tu silencio, y no volveré a cuestionarte sobre las razones que te llevaron a buscarme. ¿Podemos vernos de nuevo?
—No sé Granger, déjame pensarlo —Draco se tocó los labios en un ademán jocoso—. Tal vez necesites trabajar un poco más en tu labor de convencimiento.
Hermione sonrió —¿Eso es un sí?
—De acuerdo Granger, te veré el sábado, yo paso a buscarte. Y ahora, sal de mi oficina antes de que alguien te vea aquí. Para que te lo sepas, el Departamento de Misterios nunca permanece vacío, gracias a la intrusión de tu gran amigo Potter. En cualquier momento llegará mi remplazo y entonces te verás en su serio aprieto.
Con una risa nerviosa, Hermione salió de su oficina, después de murmurar en un susurro un débil nos vemos entonces.
Se quedó parada de espaldas a la puerta cerrada, soltando un enorme suspiro de alivio. Al parecer no la había descubierto, ahora lo que necesitaba era salir de ahí inmediatamente. Entonces miró la puerta que se dirigía hacia la primera sala circular y su interminable número de pasadizos, y se lo pensó mejor.
—¿Malfoy, y si mejor me ayudas a salir de aquí…?
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Aún tenía el sabor de Granger impregnado en sus labios, a pesar de que hace mucho se había marchado.
Había sido tan tremendamente impulsiva al decidir entrar en su oficina, tan imprudente… Probablemente debería sentirse molesto por aquella intrusión, pero la realidad era que lejos de eso, se sentía intrigado.
Porque por un pequeño instante llegó a pensar que ella había descubierto su secreto, su investigación… y se encontró preguntándose qué sucedería ahora. ¿Qué pasaría si ella se enteraba de su pasado en común?
Aún tenía grabado en su memoria el punto exacto en le que la descubrió, parada frente a su pared. Justo en el lugar donde ahora mismo se encontraba él.
Mirando fijamente su nombre escrito por su propia mano.
Había descubierto su nombre, de eso no había duda alguna, la pregunta era: ¿qué más habría visto? ¿Y que tanto podría descubrir su sagaz cabecita de aquella información?
Pero por sobre todas sus dudas se preguntaba ¿Si ella descubría que estaban destinados a estar juntos, cómo actuaría?
¿Se dejaría atrapar de aquella manera tan irrevocable por el destino, o lucharía contra él?
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Tuvo que esperar un cuarto de hora para recuperar un ritmo cardiaco saludable, y alrededor de media hora más para que su mente comenzara a pensar racionalmente.
Había sido difícil dejar de pensar en aquél beso, pues la sangre bullía en sus venas al rememorarlo, pero poco a poco los nombres que había leído en la pared, y las imágenes que ahora tenía bien identificadas en su mente, comenzaron a volcar su interés en algo más apremiante.
¿Lo que había visto significaba acaso una conexión. No sólo de su vida en relación con aquellas personas del pasado, sino con cada uno de los hombres ligados a Draco Malfoy?
Ella había soñado con esas personas, había vuelto a vivir de alguna manera lo mismo que aquellas mujeres habían vivido con ellos…
Nunca habría creído que algo así era posible, pero últimamente venían pasándole cosas que nunca habría considerado factibles siquiera.
Le daba vueltas al asunto, y se preguntaba una y otra vez lo mismo. ¿Cuál era la conexión?
Las cosas comenzaban a cobrar sentido para ella, aunque no por ello le parecían lógicas. Al menos ahora podía entrever una relación entre todos los sucesos ocurridos hasta ahora.
Si el camino que comenzaba a tomar el hilo de sus pensamientos era correcto, entonces todas esas mujeres estaban relacionadas con ella. Había soñado con ellas y sus respectivas parejas. Todos esos sueños por si mismos eran eventos aislados, y jamás hubiera podido encontrar una relación que los vinculara, no más allá del sentimiento que le ocasionaban en todo caso.
Pero después vio todos aquellos nombres conectados en la pared de Draco. Y no solamente conectados entre sí como pareja, cosa que de cualquier manera ella ya sabía, sino que además estaban conectados unos con otros, llevando alguna especie de orden cronológico implícito y que a todas luces no era linaje sanguíneo.
Y desembocaban en ella. Y en él.
¿Acaso era que ella había sido todas esas mujeres? Vaya manera de emplear un viernes por la tarde… Pensar siquiera en reencarnación le habría resultado irrisorio en cualquier otro momento. Pero aquellos sueños no eran un juego, y la investigación de Draco tampoco lo era.
Y por alguna extraña razón, estaba convencida de que esa era su respuesta: la reencarnación.
¿Acaso por eso la había buscado? ¿Había descubierto de alguna manera que la reencarnación existía, y que ella había sido todas esas mujeres?
Y lo más sorprendente de todo, lo que incluso quería evitar pensar por todo lo que conllevaba, era que él había estado ahí, siempre… en cada una de esas vidas. En cada una de sus vidas. ¿Por eso se había acercado a ella? ¿Por eso se empeñaba en no decir nada?
Él fue tu pasado, más allá de las barreras de tu entendimiento del tiempo; y en tus manos estará que forme parte de tu futuro, al menos, en ésta vida. El destino no conoce sobre los límites mortales…
Él forma parte de tu destino, desde antes de que nacieras. Es tu complemento, tu opuesto… y por lo tanto, es lo que te falta.
Draco Malfoy: su complemento, su opuesto… ¿Su qué? ¿Su alma gemela?
Quería soltarse a reír a carcajadas y mandar al diablo a la adivina y al mentado destino, aquél en el que nunca había creído. Pero cada vez le costaba más trabajo burlarse de ello. Cada vez estaba más segura que de alguna manera, todo aquello era verdad.
Y en menos de seis horas volvería a verlo. No tenía ni idea de cómo se iba a comportar, o de qué iba a hacer al respecto.
Ahora que conocía aquella supuesta conexión entre ella y Draco, se encontraba preguntándose si en realidad era su destino estar a su lado. Si siempre había sido así… Moría de curiosidad por saber si él estaba enterado de toda aquella situación, pero sabía que no se atrevería a preguntárselo, al menos no directamente.
Era algo demasiado íntimo, demasiado personal… Demasiado comprometedor.
De pronto comenzó a sentir una imperiosa necesidad de hablar nuevamente con la adivina.
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Aún no terminaba de arreglarse, y Draco llegaría en cualquier momento. Ese hombre era la puntualidad personificada.
Se encontraba frente al espejo de su habitación, alternando entre un vestido y una blusa, sin poder decidir qué ponerse. Se sentía como una adolescente nuevamente.
Suspiró, descartando el vestido, y se dirigía a su armario para tomar otro cuando el teléfono sonó.
De pronto se le ocurrió pensar que podía ser Draco, pero lo descartó enseguida en cuanto recordó la cara de amenaza que se había formado en su rostro al escuchar sonar el aparato. Seguramente nunca había visto un teléfono antes en toda su vida, menos aún sabría cómo utilizarlo.
Una sonrisa se dibujó en su rostro mientras tomaba la llamada.
—¿Hola?
—Hola Hermione ¿Cómo estás?
—Lis, qué sorpresa, pensé que estabas fuera de la ciudad —cambió el teléfono a su oído izquierdo y se encaminó nuevamente a su armario— ¿Cómo está Sebastian?
—Muy bien, de hecho. Es increíble, pero es como si nunca hubiera tenido el accidente. No le quedó ni una sola cicatriz, bendito sea el cielo. Y claro, no deja de decir que tu amigo, el señor ojazos grises, fué quien lo curó.
Hermione rió en silencio.
—Los niños son tan creativos… todo lo atribuyen a la magia. —comentó Hermione mientras seleccionaba un nuevo vestido de su guardarropa.
—Oye, prima… ¿Tienes algo que hacer hoy?
Iba a decir que sí, pero la verdad era que de solo pensar en contarle que iba a salir con el "señor ojazos grises" y el arguende que armaría por aquello, decidió que mejor lo omitiría, al menos por el momento.
—Nada seguro, ¿Por qué lo preguntas?
—Lo que pasa es que me acaba de surgir una reunión importantísima con un nuevo cliente, y bueno… ¿sería posible que cuidaras de Sebastián un ratito?
Demonios. ¿Cómo no se le ocurrió que algo así podría pasar si no decía que tenía un compromiso?
—Si no puedes no pasa nada…
Demonios, y mil demonios. ¿Tenía que hablar con aquel tono tan decepcionado?
—Claro Lis, cuenta con ello. ¿A qué hora me lo traes?
—Prima, ¡te adoro! ¿Te parece bien en unos 20 minutos?
Vaya, eso de no tener vida social era un martirio. Estaba segura que su prima había dado por hecho que no tendría nada que hacer. ¿En 20 minutos? No le daría oportunidad ni de enviar una lechuza a Malfoy para que llegara más tarde: Por fin él le había contado que la única manera de que una lechuza localizara su domicilio era si él le entregaba la dirección de propia mano, algo similar a un fidelio, aunque menos extremo. Medidas de seguridad del Departamento, había comentado crípticamente.
—De acuerdo Lis, aquí te veo.
Colgó el teléfono, y el vestido que había tomado.
Acababa de aceptar que cuidaría a su sobrino a pesar de haber quedado de verse con él. Menuda la había hecho…
¿Y ahora qué le iba a decir a Malfoy?
