Capítulo VI
- ¿¡Qué!? - la voz chillona de Ino unido a su exuberante grito lleno de sorpresa, me hizo cerrar los ojos con cansancio mientras mi cabeza se hundía en una depresión aún mayor.
Decidir contarle todo lo que había ocurrido hace algunas horas, en cierta parte me reconfortaba, pero, al igual que ella, yo todavía no quería aceptar por ningún motivo que esa noticia fuera cierta, por lo que su pronosticada reacción, no me hizo sentir mejor.
Asentí aturdida antes de lanzarme de espaldas contra el colchón. Mi corazón todavía latía fuerte contra mi caja torácica, y por más que trataba de controlarlo, no podía.
- me estás tomando el pelo ¿verdad? - preguntó de pronto, golpeando mi pierna para llamar mi atención. Había regresado hacía poco de mi encuentro no esperado con el Uzumaki, y mis nervios de por sí descontrolados por la noticia, seguían aturdidos por todo lo que había sucedido dentro de ese despacho. Hubiera dado todo de mí, para que mis palabras sólo fueran eso, una cruel broma.
Cerré los ojos y mordí mis labios con presión. Entonces respondí:
- No creo ser tan tonta como para jugar con algo así, Ino - le reclamé, todavía con los ojos cerrados y tratando de concentrarme para no volver a perder los estribos - es una total estupidez. Pero es la verdad. No sé qué diablos estaban pensando mi papá y Shikaku para aceptar un trato así.
- ¡pero qué horror! - exclamó, volviendo a golpearme, cosa que hizo que la mirara mal - ¿Cómo pueden comprometerte con alguien desconocido así como así? - dijo, ignorando mi gesto - ¡Eso no tiene sentido!
- Dímelo a mí - susurré con cansancio estrujando mi rostro - mi padre me compromete con un chico a quien no conozco, y para colmo, lo hace responsable de mis finanzas - solté un suspiro irritado y me dieron ganas de golpear a alguien - ¿¡pero cómo demonios me vi involucrada en esto!? - pregunté a la nada. Ino no respondió y a mí, me dieron unas terribles ganas de llorar.
Literalmente, de la noche a la mañana había pasado de ser una chica totalmente soltera que amaba la independencia, a estar comprometida con un chico del cual no sabía absolutamente nada más allá de su nombre.
¿Acaso eso era sensato? ¡Por supuesto que no!
¿Cómo se suponía que tenía que reaccionar?
Me vi acorralada entre una molestia innegable y una recóndita tristeza. En realidad, ya no sabía qué hacer ni que pensar. Había pasado una de las semanas más horrendas de mi vida, y los días oscuros al parecer, no querían terminar de irse.
Me acurruqué en las piernas de Ino y ella comenzó a hacerme cariños en el pelo. Su manera apaciguada de acariciarlo, me sosegó un poco. Casi podía recordar con detalle los mimos de mi madre. Y en ese momento, me pregunté qué hubiese pasado si ella aún seguiría con vida. ¿Estaría de acuerdo con mi padre?, me pregunté melancólica, pero casi de inmediato deseché esa idea. Mamá tenía un carácter dulce y tranquilo, y a su vez, poseía el don de encontrar soluciones donde muchos no podían.
Si los problemas económicos nos hubiesen acorralado en aquel tiempo, de seguro comprometerme con alguien para asegurar mi futuro económico y personal, no hubiese tenido cabida a la realidad. Y era por esa razón, que no comprendía del todo aquella decisión. Papá también era bastante racional. Y esa idea, no tenía nada de racional. Entonces ¿por qué insistía en hacerlo?
- no tienes idea de cómo me siento en este momento, Ino - mis ojos picaron, pero me obligué a retener mi sentimentalismo para abarrotarme de resentimiento y determinación. Tenía que lograr hacer algo para poner las cosas en perspectiva y buscarle una solución afable. Tenía que ser como mamá. ¿Qué habría hecho ella en mi posición?
Me lamenté al no encontrar respuesta inmediata.
- no sé qué decirte, nena – confesó, al tiempo que soltaba un suspiro lleno de cansancio- pero quiero ser capaz de ayudarte. Lo reitero. Esto no tiene sentido. ¿Por qué Hiashi insiste tanto en el compromiso?
- no lo sé. No he hablado con él personalmente. Pero los comentarios de Shikaku me han encaminado a la supuesta raíz de todo.
- ¿lo hicieron?
- sí - me tensé al recordar haber leído el aparente contrato que daría inicio al compromiso entre es rubio y mi persona.
- ¿y…? - la insistencia de Ino me hizo soltar una larga y bullosa exhalación. Cuando mis pulmones necesitaron recargar el oxígeno, este vino acompañado de palabras.
- Su excusa es la falta de consideración que he tenido con el dinero, Ino.
- ¿el dinero?
Moví la cabeza afirmando en silencio.
- las deudas que tengo son muy elevadas, y la compañía de papá no ha tenido un buen ingreso en los últimos meses. No puede seguir costeando mis gastos y el tonto del Uzumaki ha decidido hacerse cargo del problema - bufé irritada, y mis ojos dieron de lleno con la pequeña lámpara que se encontraba frente a nosotras - ¿Puedes creerlo? Pedir la mano de la hija de tu socio para salvarla de un lamentable quiebre económico - ironicé, con voz aguda y de programa televisivo. Luego me reí sin gracia mientras mi cabeza seguía reiterando una y otra vez aquellos desagradables recuerdos - la mejor telenovela jamás inventada.
- estoy de acuerdo.
Por más que buscaba una verdadera y sensata razón para creer en lo que decían, no la encontraba. El dinero podría ser el problema, pero yo tenía dos manos a las cuales recurrir y piernas fuertes que me facilitarían el trabajo para mantenerme y pagar mis deudas. Y aunque nunca lo había hecho por el insólito miedo de mi padre a verme trabajar y ganar un sueldo por cuenta propia, siempre existía una primera vez. Y yo, estaba decidida a hacer cualquier cosa antes de comprometerme con un desconocido.
Y cuando decía cualquier cosa, lo decía de verdad.
Ino dejó de mover la mano por encima de mi cabeza de manera abrupta y yo me distraje. Al parecer, algo le preocupaba bastante, y su gesto, me dio confirmación de ello.
- dime algo Hina… - me dijo, con voz temblorosa y algo apagada, lo cual me puso nerviosa.
- ¿si? - pregunté con cautela, casi en un murmullo bajo y ronco y todavía con la vista perdida en la lámpara.
- estás diciendo todo esto pero, de todas maneras no es algo oficial ¿verdad?, tú todavía tienes potestad de cancelar el compromiso si quieres. No es como si te estuvieran obligando o algo parecido... ¿cierto?
Sus palabras me bloquearon por completo y retuve una oleada de desolación que quiso apoderarse de mí. Adormecí los ojos y me estrujé más fuerte contra ella, casi como si quisiera desaparecer.
Esta noticia venía de mal en peor. Y yo, no quería tener que contestarle. De sólo acordarme de la pequeña cláusula que mi padre había impuesto en su testamento, las ganas de llorar volvían repentinamente a mis ojos.
Hubo un breve minuto de silencio en la habitación hasta que otro gran y agudo chirrido lleno de sorpresa, se escuchó por todo lo alto.
Mi falta de respuestas le dio a entender que me encontraba atrapada. Y en cierta forma, así era.
- ¡A la mierda! ¿¡Lo están haciendo!? - soltó de pronto - ¡Hinata! - Y me obligó a responderle con otro golpe, esta vez, dirigido a mi brazo.
Cerré los ojos y respiré. Una, dos, tres veces… cuando ya comenzaba a hiperventilar de nuevo, fui capaz de contactar con su enfurecido rostro. Desde abajo, mi mirada demostraba decepción, la suya, irritabilidad.
- sí, en parte - confesé, y su extrañeza aumentó casi en un cien por ciento.
- ¿Qué quieres decir con eso? - su mirada se mostró preocupada y me miró con urgencia.
Me cubrí los ojos con las manos y bufé.
- ¿recuerdas el proyecto que presenté el mes pasado para el orfanato "Sueños y Esperanzas"?
- sí, lo recuerdo - asintió - aquél que te colocaba como cabecilla para financiarlo ¿no es así?
- ujum...
- ¿y?, ¿qué sucede con eso? - insistió al ver mi cara de terror.
- mi padre, era quien tenía la potestad de firmar los papales definitivos que me permitían tomar parte de mi herencia para invertirla allí. Pero se le presentaron muchos inconvenientes y al final no lo hizo. Ahora, está implícito en su testamento que para poder tener control del dinero que necesito, debo aceptar el compromiso y casarme con el Uzumaki.
Una gran O envolvió por completo el contorno de su boca y sus delineadas cejas, se alzaron hasta el tope.
- mierda... - dijo, antes de dejarse caer sin fuerzas de espaldas contra la madera barnizada de la cama- ahora sí estás completamente jodida. ¿Cómo harás?
Cerré los ojos y con molestia me levanté como un resorte, quedando sentada casi en la orilla.
- ¡No lo sé! - admití - los niños necesitan el dinero y yo me comprometí en ayudarlos. ¿Cómo voy a poder declinar mi oferta ahora si soy lo único con lo que cuentan?
- habla con tu padre.
- no me escuchará.
- podrías intentarlo…
- ¡No! - dije con pánico y molestia - no quiero ni pensar en verlo en este momento, Ino, mucho menos hablar con él, siento que si lo hago saldrá de mí un dragón que evaporizará todo lo que hay a su alrededor, a él incluyéndolo - declaré. Volviéndome hacia ella y haciendo que nuestras rodillas chocaran - cuando fui a verlo a su despacho luego de enterarme, tenía la intención de confrontarlo y exigirle respuestas, pero ahora, algo dentro de mí me dice que no es una buena idea. Tengo miedo de hacerlo.
- pero necesitas intentarlo, Hina - sentí su mano en mi hombro - lo necesitas hacer. A como dé lugar.
- no ganaré nada con eso, Ino - tomé mi cara y la cubrí con mis manos, llena de desesperación - No lo haré. Será una completa pérdida de tiempo y no quiero arruinar nuestra relación por algo así. Nos merecemos algo mejor, Ino. Además, de seguro Shikaku estará al pendiente, y si es algo planeado con minuciosidad, que es lo más probable, no serán tan incrédulos al dejarme actuar como quiera. Me tienen acorralada, y presiento que lo mejor por ahora será quedarme tranquila.
-cariño, lo entiendo, pero esto es algo serio. ¡Estamos hablando de casarte con alguien!, Hinata, no de jugar carritos chocones. De alguna manera tienes que intervenir e imponerte. ¡Es tu vida! Al demonio con lo que se supone es correcto. Ellos tomaron la decisión de pasar por encima de tu criterio y de tus sentimientos. Y eso es muy grave, nena.
- lo sé, lo sé - mis ojos picaron - pero, es mi padre… ¿qué se supone que deba hacer?
Levanté el rostro para a encararla y sentí las sábanas envolverse en mis entumecidos dedos.
- ¿qué se supone que haga con eso, Ino? - le pregunté, esperando una respuesta que simplificara todo y lo volviera sencillo - ¿Qué hago? - insistí - ¿revelarme?, ¿imponerme?, ¿negarme? - sacudí la cabeza - nada de eso funcionará, Ino. Nada - su mirada se endureció y apartó los ojos de mí, decepcionada - si lo dejo todo con la excusa de querer pagarlo por mi cuenta, el dinero que planeaba usar en los niños se perderá, y no es justo para ellos - miré mis manos - realmente me tienen acorralada, y por más que trato de visualizar una salida, no la encuentro. Puedo declinar la oferta del Uzumaki, adquirir control de mis finanzas y pagarlas luego de conseguir algún empleo pero, si hago eso ¿qué será del orfanato, Ino? ¿Qué será de los niños? ¿Qué será de Hanabi? - un nudo se movió hasta el medio de mi tráquea cuando mi mente idealizó el tener que apartarme de ella - todo caerá en ruinas y se hundirá. Y si eso llegase a ocurrir, no me lo perdonaría. Nunca.
- pero Hinata. No es justo.
- no, no lo es - estuve de acuerdo - pero me atraparon. Se aseguraron que no tuviera opción para rechazarlo. Lo planearon bien, Ino. Demasiado para mi gusto. Ahora estoy entre la espada y la pared. Si doy una paso hacia atrás, los niños no tendrán el sustento necesario para que su hogar siga de pie y, si sigo adelante con su idea descabellada y me dejo hacer, terminaré arruinando mi vida para siempre - mordí mis labios y volví a acurrucarme entre las piernas de la Yamanaka. Su único consuelo fue acogerme para luego volver a acariciarme el pelo. Reconfortándome en silencio - ¿Se supone que haga lo correcto y me arriesgue, o sólo soy egoísta y termino mandando todo al diablo?
Hubo un breve silencio.
- yo… no lo sé - contestó, algo apagada - disculpa, soy una pésima amiga, pero no tengo idea de qué decirte. Se supone que esto no pasa hoy en día, Hinata. Yo…
- tranquila - la interrumpí, sonriendo para mis adentros - No tienes que decir nada. Entiendo. Yo en tu lugar tampoco sabría qué hacer con toda esta repentina y loca situación. Es sólo que… me siento atrapada.
- y yo mal por ti, Hina. Por todo esto. No sé ni que pensar al respecto. Pero sigo insistiendo. Debes hablar con Hiashi. Tienes que escucharlo de sus labios. Necesitas una explicación, mereces una explicación, pero no de terceros, si no de él mismo - detuvo de nuevo sus caricias y me hizo volcar la mirada hacia ella - Intuyes que algo aquí huele mal ¿verdad?
Desvié la mirada y asentí. Ino tenía razón. Desde que el comportamiento de mi padre se había vuelto tan ausente y poco ameno conmigo, tuve la sensación de que me ocultaba algo importante. Y no hablo de algo como lo del compromiso, sino de un hecho aún más problemático.
No sabía qué hacer con esa palpitante y ensordecedora sensación que yacía instalada en mi pecho y me advertía de la sospecha. Por sobre todas las cosas, Hiashi era mi padre, y que decidiera por cuenta propia ocultarme algo, aun sabiendo que nuestra relación era estrecha y comprometida la una con la otra desde que murió mamá, era lo que me preocupaba.
¿Qué podría ser lo suficientemente grave como para obligarlo a guardar silencio? ¿Qué podría ser lo suficientemente grave como para querer mantenerme a raya?
No lo sabía y eso, era lo que me preocupaba. Por eso tenía tanto miedo a la confrontación.
- sé que algo más allá de un problema económico lo está impulsando a tomar esta decisión, Ino. Pero no tengo idea de qué. Y mi cabeza, no quiere seguir imaginando cosas.
Y de verdad, no quería. La imaginación suele ser un arma punzante de doble filo. Y mi maltrecho corazón ya tenía suficiente con afrontar lo que me estaba pasando. No quería tener que agregar preocupaciones de más.
- Entonces lo dejaremos pasar por ahora, pero no podemos fingir que no está sucediendo nada, Hinata. Esto de por sí ya es bastante preocupante. Lo entiendes ¿verdad?
Asentí con paciencia y ella volvió a acurrucarme como una mamá osa consolando a su cachorro, dejando de por sí, el tema saldado.
Sonreí con gratitud. En esos días así, era cuando más agradecía de tenerla en mi vida.
Desafortunadamente, el silencio no duró por mucho tiempo.
- bueno, sé que quieres cortar rollo con lo del compromiso y demás, Hina, pero tengo que preguntarlo, ¿al menos el tipo es guapo? - su voz ahora más apaciguada y con un tono juguetón cargado en su pregunta, llamó mi atención. Le miré y luego fruncí el gesto.
Sin decirle nada, tomé mi celular que se encontraba a un lado de la cama, y busqué en internet su nombre. Dos millones de resultados congruentes a mi búsqueda de improvisto llenaron mi pantalla. Cuando alcancé a darle a la palabra: Imágenes, su rostro atractivo y su profunda mirada azulina, contactó directamente conmigo. Gruñí molesta apenas le miré, y con la necesidad de apartarlo lo más rápido de mi vista, le pasé el celular a mi interesada amiga.
- ¿¡pero qué…? ¿Naruto? - moví mi cabeza de manera afirmativa sobre sus piernas mientras ella seguía con la mirada sobre el celular.
- sí, ese es su nombre - dije, observando sin ningún interés especial el dedo meñique de mi mano.
- e-él… él es - el tartamudeo en su voz me hizo observarla con desconcierto.
- sí, lo sé, demasiado atractivo… - admití sin interés volcando los ojos. Al menos en eso aquel sujeto tenía las de ganar, podía aceptarlo. Pero aun así, su belleza seguía sin lograr hacerme cambiar de opinión, por lo que realmente, no era tan importante.
Ino bajó mi celular y luego contactó con mi rostro. Su repentino y sepulcral silencio, me tomó por sorpresa.
- ¿ahora se puede saber que te sucede? - le pregunté. No esperaba esa reacción. O al menos, no de ella.
- realmente él… él es… ¿tu prometido?
Entrecerré los ojos y traté de detallar con incredulidad su extraña actitud.
De la nada había perdido cualquier gramo de molestia y en cambio, una cruda e inesperada actitud fría, distante y llena de incredulidad y pasmo, adornaban cada una de sus facciones.
No entendía de qué iba todo aquello.
- Sí, Ino, te lo he dicho desde que llegué.
- ¡claro que no lo has hecho! - gritó indignada y yo me retraje casi tan rápido como ocurrió su cambio de personalidad. ¿Ahora qué diablos le pasaba?
- ¿podrías calmarte? - le pedí, pero fue en vano. No me hizo ningún caso. En cambio se puso de pie de un salto y me obligó a apartarme casi con agresividad de ella.
- ¡Maldición Hinata!, sólo has nombrado su estúpido apellido, yo no tenía idea de que él era… ¡mierda! - Podía ver terror en su mirada y por lo tanto, me comencé a preocupar.
- Ino, ¿quieres tratar de calmarte? No entiendo porque te preocupa tanto, yo...
- Hinata, esto es grave, esto es… - me interrumpió con palabras apresuradas, pero luego guardó silencio, volvió a echarle una ojeada a la pantalla del celular y negó desorientada.
- ¿el qué? - insistí pero pese a ello, no contestó al momento - ¿Ino? - me apoyé sobre los codos y me levanté para mirarla mejor. Estaba pálida y bastante sorprendida. No supe que pensar - ¿estás bien?
Negó ofuscada.
- ¿qué te pa…
- él es Naruto Uzumaki, Hinata - dijo de pronto, interrumpiéndome. Volqué los ojos al escucharla decir algo que era más que evidente.
- sí, Ino, el reconocido modelo y empresario exitoso que aparece en tus tontas revistas de farándula. Lo conozco, yo…
- No, Hinata… - siguió mirándome inquieta. Y para lo que dijo a continuación, no estuve preparada - Él es el Naruto Uzumaki de Sakura.
Un vacío incómodo y lleno de sorpresa me envolvió el estómago como una ráfaga arremetiendo contra el oleaje.
Una rara sensación se expandió por mi pecho y cayó en caída libre hacia mis pies. Éstos, totalmente incontrolables, se desvanecieron sin poder controlar mi peso y caí de culo sobre el colchón.
Las cosas todavía venían de mal en peor.
- ¿te refieres a que él y Sakura…?
- sí, el romance de verano que no llegó a más de una noche, ¿lo recuerdas?
Asentí consternada y me quedé viendo a la nada.
Por supuesto que lo recordaba. Y es que ¿cómo no hacerlo?, el cómo la prima de Ino nos había relatado esa ferviente historia de pasión desenfrenada de una noche con un desconocido, no era algo que se te olvide con facilidad.
Sakura nos había hablado hacía por lo menos dos años y medio de una aventura que había surgido en su vida cuando su agente, llevado por la necesidad de hacerla surgir, le programó una sesión de fotos en la capital con un renombrado artista para una campaña publicitaria de un perfume unisex. El chico Uzumaki era el rostro principal, y tras la acalorada sesión de fotos, surgió entre ellos una química instantánea. Ella se arrepentía del hecho, puesto que aún en ese entonces Sasuke Uchiha, su actual pareja, quería estar con ella, pero de igual forma había sucedido y eso, no era para nada bonito de recordar cuando aquél chico era el mismo tipejo con el que me habían comprometido.
¿¡Pero como demonios mi vida se había vuelto tan complicada de la noche a la mañana!?
- esto… esto tiene que ser una maldita broma de mal gusto, Ino - le dije, luego de un largo silencio.
- lo sé - contestó, ya más calmada y dejando el celular encima de la mesita de noche antes de sentarse a mi lado. Ambas quedamos mirando al frente sin enfocarnos en nada en particular - esto es problemático ¿no? - dijo, y no sé por qué razón me comencé a reír.
Tal vez la presión que yacía en todo mi cuerpo se había salido de control, y si no me permitía llorar de la impotencia, con algo tenía que desahogarme.
Reí cuanto pude hasta que mis mejillas dolieron. Ino me miraba con gracia desde su posición, pero no agregó nada hasta que me calmé. Las crudas noticias me habían golpeado fuerte. Y por ese día había tenido más que suficiente.
- ¿Qué haremos? - me preguntó, cuando ya no salía de mi boca más que suspiros para controlar mi respiración.
- no lo sé - sonreí sin gracia - realmente ya no sé ni que decir, Ino. Esto… se ha salido de control. Siento que si no me doy un respiro por hoy, terminaré explotando.
Sentí una presión en mis manos y al bajar el rostro noté que ella me las presionaba con agrado.
- entiendo - me sonrió de vuelta - ¿Qué tal un pastel de chocolate y nata para pasar el trago amargo? - propuso, a lo cual tuve que asentir.
Quería distraerme y se lo agradecí.
Además, no conocía nada más allá del chocolate para limpiar mis penas.
- ¿con nutella extra? - pregunté, al tiempo que me levantaba para seguirla fuera de la habitación.
- por supuesto - me guiñó y ambas nos dirigimos en total silencio a la cocina.
Desde que me había estado quedando en su casa, esta era la primera vez que nos encontrábamos solas. Su mamá y Sakura habían salido hace un par de horas para realizar algunas compras y la casa de por sí, lucía bastante apagada sin sus presencias.
Por extraño que parezca, me había acostumbrado muy rápido a ellas. Y fue algo que tuve que retribuirle al hecho de que se habían comportado demasiado amables conmigo. En especial Sakura, quien me había ayudado a no pensar en nada más que en las locas hazañas que desempeñaba con Ino para alegrarme el día.
De sólo imaginar que tenía que decirle aquella noticia, un escalofrío me recorría el cuerpo. ¿Cómo demonios reaccionaría a eso? ¿Le afectaría siquiera?
Ino pasó de mí antes de que mis pensamientos siguieran formulando esas preguntas, y se dirigió directo a servir la deliciosa torta que había preparado su madre el día anterior. Estaba deliciosa, y quise distraerme con su sabor una vez terminó por colocarla frente a mí junto a un frío vaso de leche.
Estaba agotada. Mis párpados cada vez pasaban más y tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para lograr sentarme en el taburete.
Cuando ella tomó asiento junto a mí, algo pasó por mi cabeza y detuve el pedazo que dirigía a mi boca para volcarme a encararla, lo cual logró que ella hiciera lo mismo.
- ¿Qué sucede? - me dijo extrañada, con el tenedor a medio camino.
Levanté la vista hacia sus cuencas verdes e hice una mueca.
- ¿qué pasará con lo que acabamos de descubrir, Ino? - quise saber. Ella pareció dudar.
- ¿te refieres a…
Asentí.
- Sakura - completé - ¿crees que debemos contarle? ¿Crees que sería bueno decirle la verdad?
- ¿de qué verdad habláis ustedes dos? - una fuerte pero pausada voz unida al tintineo de unas llaves y al sonido de una puerta cerrándose, nos paralizó a la rubia y a mí en un par de segundos. Cuando le dimos vuelta al taburete para comprobar nuestra desdicha, quedamos frente a una pelirosa extrañada que se encontraba viéndonos con atención desde la entrada de la cocina, a sólo unos pasos de distancia.
Tenía el abrigo mojado como si afuera estuviese cayendo una suave llovizna, y sobre sus manos cargaba un par de bolsas de supermercado.
Mi boca quedó muda. La de Ino, igual.
- ¿y bien? - comenzó de nuevo cuando notó nuestro repentino silencio - ¿de qué queréis hablarme? - y se acercó. Apenas noté que dejaba las bolsas y su abrigo a un lado para encararnos mejor. De inmediato supe que la alternativa de no contarle nada era casi imposible de lograr.
Los latidos de mi corazón aumentaban. Y muy dentro de mí, no entendía la razón de mi involuntario nerviosismo. No podía controlarlo.
Por mi cabeza pasó cada cosa que había ocurrido a lo largo de la semana y me tensé.
Miré a Ino y ésta a su vez me miró a mí, había resignación en su mirada, en la mía, creo que pánico.
La rubia me hizo una seña con la cabeza en confirmación para que hablara y con el nudo muy sujeto a mi tráquea, solté sin escrúpulo lo primero que se me vino a la cabeza.
- estoy comprometida, Sakura - dije, mirando como sus ojos jades se dilataban a medida que pasaba el tiempo - y eso no es todo…
- ¿a-ah no?
Ino carraspeó y yo negué.
- No. Su prometido es nada más ni menos que Naruto Uzumaki - soltó de la nada, completando la información por mí- el chico que conociste hace dos años - terminó, y antes de que Sakura siquiera dijera algo al respecto, continué con la narración y le comenté todo lo que había sucedido. Desde que comenzó esta dramática y descabellada historia cuando me enteré esa mañana en el despacho de Shikaku lo que habían planeado, hasta lo que acabábamos de descubrir hacía minutos.
Ella no interrumpió nuestro relato en ningún momento, y cuando terminamos, tanto Ino como yo tuvimos que insistirle en que dijera algo. Se había quedado tan sorprendida y muda que hacía que nuestros nerviosismos aumentaran con cada minuto.
La miramos y esperamos en silencio a que reaccionara pero, por más que lo hicimos, cuando por fin dio su opinión, ninguna de las dos estuvo preparada para escuchar aquello.
- C-Creo entonces que tengo que felicitarte, nena - se dirigió a mí, por lo que me tensé aún más. Ella sonreía con agradable gracia.
- ¿p-por qué? - pregunté, y estalló en carcajadas.
- ¡tienes suerte!, al menos el desgraciado que te eligieron es un potente motor en la cama.
- ¿¡Qué!? - Ino se atragantó con un pedazo de pastel y su esfuerzo por respirar normal hizo que cayeran migajas en mi brazo - ¿pero qué dices?
Ella se encogió de hombros y sonrió.
- la verdad - se giró a encararme y me susurró -: no dejes que esa decisión te derrumbe. Por lo menos no lo han hecho tan mal.
- ¿Qué quieres decir? - insistí.
Se mordió los labios y me sonrió mostrando una estupenda sonrisa.
- Que eligieron bien. Naruto es... especial.
- ¿qué eligieron bien? ¿Especial? ¡Pero Sakura!, ¿acaso escuchaste el resto de la historia?
Ella juntó las cejas.
- por supuesto que lo hice - aseguró.
- ¿y?
- ¿y qué? - preguntó Sakura.
- ¿por qué no estás molesta? - cuestionó la Yamanaka.
La Haruno se mostró aún más confundida.
- ¿creían que me enfadaría cuando me contaras que estás comprometida, y no por tu elección, con un chico con el que dormí sólo una vez hace ya dos años? - mis mejillas se sonrojaron. La verdad, exponiéndolo de ese modo la pelirosa lo hacía sonar bastante estúpido.
De pronto me sentí muy tonta y no pude evitar sonreír. Mis nervios por contárselo al igual que los de Ino habían sido sólo una exageración. La pelirosa estaba tan relajada y fresca como una lechuga en pleno apogeo de vida.
- nosotras creímos que…
- creyeron que el pasado seguía importándome y que me volvería loca por algo tan tonto como eso- nos guiñó un ojo comprensiva antes de comenzar a guardar las compras en la despensa - lo entiendo chicas, de verdad, pero no es algo que me interese tanto. Ya saben lo que pienso de esa noche. Además, no es por mí por quien debieron preocuparse - y me miró - me has dicho que no tienes alternativa ¿verdad?
Yo asentí. Dándole la razón.
- se han asegurado de que la ceremonia se lleve a cabo pese a cualquier circunstancia - expliqué. Ella hizo una mueca y se detuvo mientras comenzaba a girar sobre sus dedos un paquete de frijoles.
- entiendo - dijo, algo pensativa.
- ¿nada que quieras agregar? - volvió a interrogar la Yamanaka.
Su prima la miró.
- ¿qué? ¿Cómo un consejo o algo?
La rubia asintió.
- sí, no le caería nada mal ¿sabes?, no he podido ayudarla con eso.
- tú nunca puedes ayudarla con nada, Ino - y se rio, llevándose como consecuencia un pequeño pastelazo en la mejilla. La de ojos Jade sólo rio con más fuerza antes de saborear el chocolate en su piel. Estaba sobrellevando la noticia demasiado bien, y eso, por alguna razón, me hizo sentir extraña - pero ya, hablando en serio, creo que deberías de preocuparte menos y de disfrutar más, Hina.
- ¿disfrutar? - la miré confundida - pero… ¿cómo voy a disfrutar de algo como esto? Yo no conozco a ese tipo.
- ni yo lo hacía cuando me acosté con él, pero de igual forma estuvo genial y disfruté cada postura.
- ¡Sakura! - la voz de Ino la regañó.
- ¿qué?, ¡es la verdad! - guardó los frijoles en un pequeño cajón y volvió a mirarme - a veces no tenemos elección más que afrontar la realidad, Hinata. Si no tienes nada más que hacer contra eso ¿por qué luchar contra algo que de igual forma pasará? Creo que en lo que deberías enfocarte, es en buscar la manera de jugar las cartas que te están dando.
- pero eso no es…
- te engañaron, decidieron por ti, se impusieron e entrometieron en tu vida, te han dejado sin ningún tipo de salida y prácticamente te obligan a casarte, pero, la gran noticia, es que todavía no lo has hecho y ni siquiera has firmado los papeles.
- ¿y qué tiene eso de grandioso? - preguntó la Yamanaka. Quien lucía aún más alterada que yo.
Sakura sonrió.
- que tiene tiempo. No mucho, pero si el suficiente como para tranquilizar las cosas y tomarlas con calma. Desde mi punto de vista, te han dado la oportunidad de saldar tu deuda, vivir tranquila económicamente y disfrutar con plenitud y sin ningún tipo de remordimiento de un hombre sensacional.
¿Disfrutar?... ¿Un hombre sensacional? - susurré para mis adentros, no creyendo en lo que oía.
- piensa que es un regalo…
- ¿pero cómo demonios va a pensar que es un regalo, Sakura? ¡La quieren atar a él de por vida!
- ¡por favor, Ino!, ¿todavía no entiendes a qué punto quiero llegar?
- ¡pues no! Si sigues hablando así, jamás lo sabré. ¡Ve directo al grano!
Y eso fue exactamente lo que trató de hacer Sakura. Volcó los ojos, me tomó de las manos y sus brillantes esferas contactaron directamente conmigo.
- eres joven, Hinata, hermosa, brillante y muy inteligente. Te han hecho cuestionarte por este repentino cambio de planes, pero créeme, todavía existe una posibilidad.
- ¿existe? - le dije, apenas con aire en mis pulmones.
- bueno, en realidad no es una posibilidad inmediata que te hará descartar el compromiso ni librarte de él, pero sí de lograrlo a largo plazo y, mientras tanto, podrás disfrutar del proceso y dejar la tensión a un lado.
- Sakura, esto no es buena idea, no creo que Hinata deba…
Levanté la mano e interrumpí a Ino. No entendía hasta donde quería llegar la Haruno, pero me intrigaba.
- ¿Cómo lo logro?
- entreteniéndote - me dijo, a lo cual fruncí el ceño.
- pero… ¿cómo?
Sakura sonrió, soltó un suspiro y se acomodó en un taburete frente a mí para tener cierta libertad y comodidad al hablar.
- a partir de mañana muéstrate segura, sé tú misma, no le permitas pensar que te han derrumbado, aprovecha la oportunidad que te están ofreciendo. Te lo dije, desde mi punto de vista, aquí la que sale ganando, eres tú - hizo una pausa y yo me limité a procesar sus palabras - sé que una parte de ti todavía está pensando en la idea del compromiso y del engaño y de todas esas cosas, sé que te sientes mal… pero es cuestión de un cambio de perspectiva, nena.
- Sakura… al grano… - comentó Ino en un murmullo.
- si te pones a meditarlo un poco, el Uzumaki fue quien le ofreció la ayuda a tu padre, por lo tanto, pagará la deuda, firmará un contrato que lo hace responsable en cualquier circunstancia de velar por tu seguridad económica o no, y te deja el camino libre para estar tranquila con los conflictos monetarios. Ese, es un buen punto para ti. Aquí él, es quien tiene las de perder.
- en eso tiene razón… - estuvo de acuerdo la rubia a mi lado, antes de ingerir el último pedazo de torta que le quedaba en el plato.
Sakura prosiguió:
- te lo dije, tienes tiempo. No creo que lleven a cabo la boda en un par de días, es imposible, y por eso, te pido que disfrutes de cada momento que se te presente. No lo conoces, pero date la oportunidad de hacerlo. Tal vez no lleguen a nada, pero al menos puede que un buen revolcón salga a colación de ese acuerdo.
- ¡Sakura! - la voz de Ino de nuevo indignada le hizo reír.
- está bien, está bien, dejaré de insistir en eso. Pero realmente es lo que pienso. Tu padre ha pensado bien al elegirlo para ti.
- creí que no lo conocías de nada y que te arrepentías de haberte acostado con él - Ino, desde un lado, la miró extrañada - ¿ahora piensas que Hinata tiene suerte y que todo esto ha sido una buena idea?
La Haruno la miró e hizo una mueca en su dirección, sin dejar de apretar mis manos. Parecía que la contienda se desarrollaba entre ella y su prima, y yo, desde mi asiento, sólo era una simple observante más de la historia.
- no, Ino. No creo pensar que esto sea una buena idea, sólo digo que si ya se tomaron tantas molestias por concretar este plan, Hinata no debería de darse mala vida por ellos ni por lo que desean hacer.
- ¿entonces sugieres que se case, tenga hijos y finja ser feliz por el resto de su vida?
- por supuesto que no.
- ¿entonces?
Sakura volvió a volcar los ojos y soltó mis manos para prestarle atención a la rubia que yacía frente a nosotras. De nuevo, me sentí apartada de toda conversación. Pero fue un alivio imaginarme crítica de sus palabras, puesto que al escucharlas sin tener que intervenir, podía prestarle atención a esos detalles que al final me harían tomar una decisión.
- ¿sabes lo que haría yo en su posición? - su pregunta retórica fue contestada.
- ¿qué? ¿Tirártelo? - se mofó Ino, viéndola con diversión.
Sakura se encogió de hombros.
- sí, cuantas veces pudiera - confesó en el mismo tono - pero no sólo eso. También trataría de ganarme su confianza, acercarme a él para conocerlo y tratar de entender el porqué de las decisiones que está tomando.
- ¿con que fin?
Sus ojos jades brillaron con astucia.
- futura manipulación.
Ino y yo guardamos silencio.
- ¿quieres que lo manipule? - pregunté, sin entender del todo a qué punto en concreto quería llegar. Todo esto se estaba volviendo demasiado complicado para mí.
Su mirada entonces contactó con mi rostro.
- ¿sabes lo frágil que se vuelve un hombre cuando se enamora? - me dijo, y mis labios quedaron sellados. Por lo que ella prosiguió - no quieres casarte, Hinata, y te están obligando a hacerlo mediante un chantaje absurdo y cruel. No te están dando la alternativa de librarte, por lo que tus decisiones deben basarse de acuerdo a las probabilidades que tienes. Debes aprovechar lo que te dan, tomarlo y moldearlo como una masa a tu gusto - la miré pensativa.
- ¿básicamente le estás diciendo que finja, lo enamore, lo engatuse, se lo tire y luego lo engañe para que decline la oferta del compromiso?
- algo así... - confesó Sakura - pero escucharlo de ti lo hace sonar crudo y sin gracia. Y ese no es el objetivo.
- creo que estás tomando esto de una forma extraña, Sakura - comentó Ino, viéndola.
- ¿por qué? Yo sólo quiero que se libre de esto al igual que tú, sólo que en lugar de armar un escándalo y berrinches sin sentido que al final no le asegurarán nada, tenga confianza en sí misma y tome la oportunidad de darle un pequeño giro a la historia. Somos mujeres, Ino, y las estrategias unidas a la inteligencia nos llevan a alcanzar grandes metas. La meta aquí es librarnos del compromiso, pero de una manera sutil y tranquila.
- no creo que disfrutar de él, tirármelo, enamorarlo y luego convencerlo o en cualquier caso, idear un plan para que me deje ir, sea una manera sutil y tranquila de terminar con esto, Sakura - mis palabras sonaron suaves y frágiles, pero sobretodo bastante inquietas.
No podía imaginarme haciendo algo así.
- Hinata tiene razón, Sakura, suena hasta macabro - agregó la rubia.
La susodicha rio.
- por supuesto que es algo macabro, pero es cuestión de sobrevivencia. Aquí se pone en juego dos cosas. Tu felicidad, o la de él. ¿Qué quieres hacer? ¿Casarte?
- no - dije con rapidez, de solo pensarlo un nudo me impedía respirar con normalidad - no quiero hacerlo, pero tampoco me veo ideando un plan así.
Un leve silencio nos envolvió a las tres. Luego, fue Saura quien rompió de lleno con ese ambiente de pesadez.
- te puedo asegurar que si el rol de ambos se invirtiera, él no dudaría ni un segundo en hacerlo, Hinata.
La rubia a mi lado se levantó y pellizcó un pedazo de mi, hasta ese momento, intacta torta de chocolate.
- sí, es cierto, los hombres son unos completos idiotas para idear planes así. Creen que enamorando a la chica se librarán de todos los problemas - comentó Ino, dejando su plato en el lavavajilla - pero de ahí viene mi preocupación, Sakura. Hinata no es un hombre, y para mucha suerte no piensa como uno. Planear enamorar al Uzumaki para usarlo a nuestro antojo es algo muy bajo.
Sakura se encogió de hombros.
- bajo, pero necesario - hizo una pausa y volvió a hablar -: Oigan, yo sólo estoy tratando de darle un giro a los acontecimientos. Sé que esto no es una estúpida película romántica donde las cosas al final se resuelven, pero creo que vale la pena intentarlo.
- ¡Por Kami! te acostaste con él ¿no tienes ni un poco de compasión?
- ¿Compasión? - se mostró sorprendida - ¿Por qué habría de tenerla? Se supone que aquí él es el chico malo ¿lo recuerdas?
Buen punto
- aquí no debería existir moralidad cuando a quienes te enfrentas se han rebajado a no tenerla, Ino - prosiguió - Si vamos a jugar, entonces que sea un juego par - dijo, sin titubear y con seriedad. Parecía que tampoco le gustaba en la situación que me encontraba gracias a ese trío de inconscientes, y de cierta manera me hacía sentir mejor. Mejor porque no era la única que pensaba que eso era una completa locura y, sobre todo, mejor porque aún bajo esa rara circunstancia, no estaba del todo sola.
La rubia hizo una mueca y guardó silencio.
- tienes razón, lo que hacen también es cruel, pero de todas formas nada nos asegura que el plan funcione.
- eso es cierto, Sakura - intervine - no quiero terminar como una idiota por hacer algo que no funcionará.
- para eso nos tienes, nena, y nos tendrás en cada momento. Cada paso será preciso. Y, si lo hacemos bien, esto terminará con los dados mandándolos de una vez por todas directo a la salida.
- ¿realmente crees que pueda lograrlo? ¿Y si no logro persuadirlo ni un poquito?
Ambas me miraron con gracia e ironía.
- ¿qué? - pregunté, frunciendo el ceño.
- eres rebelde, ruda e inteligente cuando quieres, Hina, pero bastante ingenua al darte cuenta del efecto que causas en los hombres.
- yo no causo ningún efecto en los hombres - refuté, más que sorprendida. Y era verdad, el único novio que había tenido en mi vida se llamaba Gaara, y pese a querernos con locura todo aquello había concluido cuando su familia se mudó y él ejerció la carrera en otro continente. Más allá de esa relación de dos años y medio, no había nada. ¿Cómo entonces podían decir eso si mi experiencia se limitaba a ser casi nula?
- Como sea - dijo Ino - si nos embarcamos en ese tema terminaremos ahorcándote, así que lo mejor será pasar de él - noté sarcasmo y gracia en su tono - mejor hablemos de lo que haremos a partir de ahora con este asunto.
- ¿Hacer? ¿Entonces realmente hablaban en serio? - le dije, llevándome a la boca el pedazo de torta que había dejado a un lado.
- y muy en serio, así que necesito que me digas si estás dispuesta a intentarlo. Es tu decisión, Hina.
Mastiqué con tranquilidad mientras repasaba sus palabras en mi atormentada mente. Había una clara contradicción en mí, era notable, pero la duda y el miedo no me permitían tomar una decisión certera. Sin embargo, cuando mi mente vislumbró el recuerdo de esos tres hombres haciendo planes con el fin de hundirme en una situación extraña, fuera de lo común y por supuesto de lo más molesta e incómoda, la respuesta pareció llegar por sí sola.
Asentí en dirección a la pelirosa y sonreí cuando ella casi salta de la silla por la emoción.
- ¿en serio lo harás? - preguntó Ino, viéndome desde la encimera.
- sí, quiero hacerlo, pero con una condición.
- por supuesto. ¿Cuál? - contacté con la mirada expectante de Sakura.
- el objetivo de enamorarlo será sólo y exclusivamente para averiguar la trama central de este embrollo. Nada más.
- ¿la trama central? - sus ojos color jade se mostraron confundidos.
- tanto Hinata como yo pensamos que esto va más allá de un problema económico, Sakura - argumentó Ino - Y sí, en eso te doy la razón, Hina. Si debe haber algo aquí que tengamos que descubrir, es el misterio que tienen esos tres.
La pelirosa miró a Ino, y luego volvió la vista hacia mí antes de encogerse de hombros.
- bien, si eso es lo que deseas no tengo problemas. Te lo dije, es tu decisión - me sonrió - ¿algo más que quieras agregar a esa condición?
Volví a asentir.
- no me permitan enamorarme.
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¡Hola! :D
Un placer saludarlos como siempre de este lado del monitor.
Primero que nada disculpen la tardanza :( mi vida se salió un poco de control en estos últimos meses y por ello no había podido actualizar, pero lo importante es que aquí estoy, viva y con ganas de seguir compartiendo esta historia con ustedes.
De verdad muchas gracias por sus comentarios y sus visitas a la página :D, Espero les haya agradado el capítulo y me hagan llegar sus opiniones mediante un review.
*También me quiero disculpar si hubo algún problema con la lectura o algún error gramatical, con sinceridad acabo de terminarla y no he querido esperar para subirla :)*
Prometo actualizar pronto y no perderme tanto a partir de ahora n.n
Cuídense...
¡Sayonara!
DLB
