Capítulo VI: Destino

El Destino...

Por mucho que corras no puedes huir de él

Por muy rápido que seas, siempre te atrapará

¿Has pensado en detenerte y enfrentarte a él?

Sólo así tendrás una posibilidad de vencer.

Desperté en una habitación pobremente decorada y con un extraño olor a medicamento, indudablemente la cama de un hospital. No sabía cuanto tiempo había pasado, pero al mirar por la ventana, vi que era bien entrado el día, aunque había perdido la noción del día y la noche hacía ya tiempo. Me traté de incorporar, pero un dolor intenso en la tripa me lo impidió.

Claro, la herida, recordé mis momentos dentro del depósito, aquel cálido líquido que salía sin parar de mi torso, sería sin duda sangre. Me aparté un poco la sábana, y miré debajo de la ligera prenda con la que me habían vestido.

Efectivamente, una gran venda cubría todo mi abdomen, y se podía intuir alguna que otra mancha de sangre. Palidecí, preguntándome si todo aquello que había visto fuera cinco años atrás, volvería estar en su sitio.

- No te preocupes por eso- una voz de hombre, extrañamente familiar, me hizo volver la vista.

Casi se me saltaron las vendas al reconocerle.

Michael.

Estaba vivo.

- ¿Mi... Michael-san?- pregunté con voz débil.

No había duda de que era él, un gigante de 2,20 de altura y más de un metro de hombro a hombro era absolutamente inconfundible.

Estaba ahí, de pie, en la puerta de la habitación, una ligera prenda de hospital sustituía a su acostumbrado traje negro. Me pregunté de donde habían sacado uno que le quedara bien. Llevaba también unas zapatillas de hospital, además de ir acompañado de una vía que debía ser de suero. Indudablemente le habían ingresado. ¿Cómo había sobrevivido? Juraría haberle visto morir ¿Quizá solo se desmayó? Aquel cuerpo estaba hecho a prueba de bombas, desde luego.

El hombretón sonrió. La primera sonrisa que le había visto esbozar jamás.

- Te han curado bien- comenzó a explicarme mientras se acercaba- aunque lo consideran un milagro... esas heridas han sido sólo superficiales, pero tienes los órganos intactos.

Le miré aun algo perdida, preguntándome que había pasado, y cómo había llegado hasta aquí, mucho me temía que había retrocedido en el tiempo... menuda locura. Además... ¿Intactos? Aun recordaba mis vísceras esparcidas por el suelo.

- ¿Dónde estoy?- conseguí preguntar apenas sin voz.

La respuesta sería obvia, claro, sabía que me encontraba en un hospital, quizá lo más correcto hubiera sido preguntar "Cuando", y Michael, debió saberlo, porque respondió:

- Has pasado tres días inconsciente... estás en un hospital- añadió casi por cortesía.

Así que tres días... lo cual quería decir que hoy era 18 de noviembre, y supongo que del mismo año en el que morimos. Aquella noche del 15 de noviembre no se me había borrado un instante de la cabeza, en todo momento lo recordaba como si fuera ayer...

Suspiré y bajé la mirada, sabía que, por muy milagroso e inexplicable que fuera mi regreso, era la única que había sobrevivido junto con el gigantesco mayordomo.

- No hay nadie más...- fue más una afirmación que una pregunta.

- No- me confirmó él- somos los únicos. Lo lamento...

Me quedé mirando las sábanas, todas aquellas muertes las tenía ya asumidas, pero al volver atrás, un pequeño destello de esperanza brillo en mi corazón... totalmente en vano.

Corazón... algo de lo que casi me había olvidado, dejando solo espacio para un vacío desolador, un vacío que ahora sentía lejos, como si algo hubiera vuelto a su sitio…

Sin tener en cuenta que Michael estaba cerca, me llevé la mano al pecho, un poco por debajo de las clavículas, donde debería estar aquel infernal y odioso hueco. Note la piel más fría que una piedra y miré…

Allí donde debiera estar el hueco, había un disco blanco y perfectamente redondo, la piel estaba helada dentro de ese círculo, como muerta, pero conservando el tacto de una piel viva: suave y blando.

Michael me miraba suspicaz, como si sospechara algo que llevara tiempo guardándose.

Retiré las manos y le miré.

- Te vi morir...- fue poco más que un susurro, pero aun así, Michael me oyó.

- Quizá... o quizá tan solo me desmayara, el caso es que yo recuerdo perfectamente verte a ti como solo un alma y al tío ese de negro... no me llevó porque aun no había muerto, pero me dijo que se quedaría cerca porque quizá no tardara en hacerlo.

Me pregunté si no sería el mismo tipo que me encontré yo en Karakura.

- Pero no lo hice, y recobré la conciencia, o la vida, como sea, al poco tiempo...- miró el disco blanco en mi piel y frunció en entrecejo, ¿Recordaría que ahí antes estaba la llamada "cadena del destino"- Tuve las suficientes fuerzas como para coger el móvil de mi bolsillo, y llamar a urgencias, no tardaron nada en venir, pero solo quedábamos con vida tú y yo.

Percibí cierta nota es escepticismo en su tono, podría tener tan solo ocho años... -bueno 13, en realidad-, pero mi conversión en hollow, y posteriormente en Vasto Lord, había aniquilado cualquier rastro de inocencia, o infancia de mi. Algo positivo de esto era que era bastante más espabilada que el resto de los niños pequeños. No todos se habían tenido que ganar la vida como una bestia devorando presas y huyendo de los "Dioses de la Muerte".

El caso es que mi manera de ver las cosas difería enormemente de cualquier crío de ocho años normal, pero sabía que eso era algo que había de ocultar, aunque con Michael quizá no fuera tan fácil él era parte de este juego, de esta historia.

Él me había visto cuando estaba muerta, siendo tan solo un alma.

- Hay mucho que explicar- admití mirando los pies de la cama con aire ausente- Pero de momento, tan solo quiero descansar...

El asintió amablemente, como si ya se esperara esa respuesta, y acto seguido se marchó, no sin antes decir.

- Llamaré al médico para hacerle saber que ya estás despierta... aunque seguramente ya lo sabe, es un tipo muy raro...

Después desapareció por la puerta.

Me quedé largo rato contemplando las sábanas, sin duda alguna, Michael sospechaba algo ¿El qué? No lo sabía, pero tenía claro que mi "resurrección" no se le había pasado por alto, ni tampoco la marca blanca donde antes había estado mi cadena... mi "hollow".

Oí un ruido en la puerta, y levanté la cabeza. En cuanto lo vi, supe por qué Michael había dicho "es un tipo muy raro"

Tenía la piel oscura, muy oscura, pero sin llegar a ser de raza negra, el pelo largo y oscuro con un sutil brillo morado, y los ojos del plateado más brillante que había visto jamás.

Era jovencísimo, tanto que, si no fuera porque es imposible, hubiera jurado que no tenía más de 20 años. Tenía una mirada astuta y no pude evitar recordar a aquel extraño Vasto Lord que me había traído hasta aquí por medio de su peculiar método.

Una sonrisa relampagueó en los labios del curioso personaje al ver mi reacción, que fue de desconcierto total.

- Al fin despiertas- comentó mientras entraba en la habitación.

A pesar de tener la voz acorde con su aparente edad, había algo en ella que hacía que se le tuviera que tener respeto, como si esa voz hubiera existido desde hacía milenios... como si ese personaje estuviera por encima de cualquier ser humano... y de cualquier shinigami, o hollow común que pudiera haber.

- Por un momento pensé que no volverías- supe de inmediato que esa afirmación era falsa, y que él no había hecho nada por ocultarlo- ¿Qué tal te encuentras...?

- Estoy bien...- contesté aun sin haberme recuperado del todo de la impresión.

El joven se situó al lado de mi cama y volvió a medio sonreír, la misma sonrisa que antes, fugaz, pero increíblemente convincente.

- Vaya, que grosero he sido- dijo de repente- no me he presentado, soy Kuriel, tú médico desde que el forense Hirashi, y su joven aprendiz Yuuto-kun te encontraron- hizo una ligera inclinación de la cabeza- Les diste un buen susto a ambos, el pobre Yuuto aun no se ha recuperado- soltó una suave risa.

Ante todo esto, yo seguía sin decir nada, mirándole con desconfianza ¿Por qué no iba al grano de una vez y me decía quién era en realidad? Y pareció que él se dio cuenta, por que dijo:

- Como ya te habrás dado cuenta, no soy lo que aparento ser- comenzó- Los humanos normales me ven como un sabio y anciano doctor al que le faltan dos días para su jubilación. Obviamente se equivocan.

Volvió a guardar silencio, como si esperara que yo dijera algo. Al final suspiró y acercó sus labios a mi oído.

- Vamos... ¿no me dirás que no me reconoces?- me susurró poniendo su mano sobre mi frente. Un repentino mareo me invadió y al fin lo entendí.

Su aspecto, su voz, su presencia... su poder ¡Era el Vasto Lord que me había traído hasta aquí! Pero ¿De veras era un Vasto Lord? El peculiar personaje se apartó para mirarme a los ojos.

- Tú...- le dije sin terminar de creérmelo- ¡Eres tú!- exclamé en modo de acusación.

Él no se alteró en absoluto, de hecho, hasta sonrió divertido, aunque con un toque de lástima.

- No salió como esperaba...- comentó- pero no obstante ahora estás bien- se quedó unos instantes en silencio- o por lo menos todo lo bien que podrías estar después de todo lo que has pasado...

›› Sería difícil explicarte esto de manera precisa, pero digamos que alguien por encima de mi está interesado en que sigas viva... y en que ellos regresen. No me preguntes el porqué, sólo se que tiene algo que ver con una cosa que sucederá dentro de unos 10 años. Sois necesarios, los tres‹‹

›› Has regresado, pero como bien sospechas ya no eres la misma. Has obtenido unos poderes especiales que se irán desarrollando durante el paso del tiempo, y yo seré el encargado de ello. Seré tu entrenador, en definitiva. No esperes que esto sea algo fácil o que sea un entrenamiento como comúnmente se conoce, si tengo que hacerte vomitar sangre para que seas más fuerte así lo haré. Si hiciste una promesa es para cumplirla‹‹

›› Olvídate de que eres una niña, olvídate de tu infancia, olvídate incluso de que eras humana. Recuerda que tu alma ya no te pertenece‹‹

Duras palabras para alguien de apenas 13 años.

Pero ciertas. No se si su repentina seriedad era para darme miedo y que me tomara en serio ese supuesto entrenamiento. O si realmente iba en serio... en cualquier caso eran ciertas, y eso era lo único que importaba.

¿Qué me haría vomitar sangre?¿Que mi alma ya no me pertenecía?¿Acaso pensaba que todo aquello me importaba lo más mínimo?

Había vivido cinco largos años con esa promesa en mente, y nada, nada en absoluto me haría abandonarla. Le miré con desafío, con seguridad, como quien mira un rival antes de enfrentarse a él. Si quería derrumbarme, no lo conseguiría.

Poco o nada pareció importarle eso, pues me sonrió de nuevo con su peculiar gesto y se dio media vuelta.

- Al parecer, tu sirviente, Michael, también me puede ver casi tal y como soy...- comentó mientras se marchaba- Parece que ha ganado algo, después de haber estado a punto de morir- se detuvo en la puerta, sin mirar atrás- Y si piensas que sospecha algo de todo esto, haces bien, quizá se vaya convertir en algo más útil que un simple maestro para ti... Recupérate pronto, no hay tiempo que perder.

Y diciendo esto, se marchó tan rápido como había venido.