Saludos y muy feliz año nuevo a todos. Ya se han acabado las vacaciones y me temo que voy a tener que comenzar a retomar la periodicidad de Némesis Divino, así que... ¡de vuelta al trabajo!

Como no recuerdo muy bien si respondí los reviews, lo voy a hacer aquí mismo (me perdonáis si ya lo he hecho, pero es que mi memoria es MUY mala XD). Empezaré con lady Shadir, que es la que primero me aparece en la lista de reviews...

"Un poquitito irónica jiji" -- Si mal no recuerdo, esto lo decías por mi pregunta de si era retorcido o no... y no sé si alegrarme o no... ¡Yo quiero ser retorcido! XDD

"Un final casi de tragedia griega, pero dentro de todo esperanzador." -- Teniendo en cuenta que la historia acaba de empezar, sería muy triste que empezase directamente con el más trágico dramatismo, ¿no crees? No obstante, prometo un poco de todo. Finales felices y finales tristes.

"Sobre la publicación, prfiero el capítulo entero que por pedacitos." -- Os haré caso y publicaré por capítulos, aunque ello signifique que me pueda demorar, intentaré que no más de dos semanas por capítulo, mas ahora entro en fecha de exámenes (que espero pasar pronto). Gracias por la opinión.

"Un detalle, la alumna debería estar usando la mascara, una vez que son escogidas, deben ponerselas y no sacarselas mas y seguir la ley de las amazonas."-- Verás, esto es un grandísimo problema. Se me han ocurrido ideas para zanjarlo, pero Astrea de Virgo, la nueva protagonista, no está llevando máscara. ¿Acaso los santos de oro pueden prescindir de la ley de las máscaras? ¿Es que esa ley aún no ha sido dada, o mejor aún, ha sido abolida? Como ni yo mismo sé la respuesta a esta pregunta, dejemos que el tiempo la responda y lamento si molesta demasiado, pero si es así, dímelo, pues preferiría dar explicaciones y dejarlo zanjado... ^^

Y ahora, la señorita Eriha. ^^

"Ays que capitulo, me gusto, buen final. Tonta de mi que lo daba por muerto ya... jaja me ha gustado! :D" -- Aún le quedan muchas balas en la recámara a Iskandar. Me alegra que te haya gustado y que disfrutes con lo que viene. Por cierto, aunque Iskandar pase a segundo plano, no estará olvidado. No quiero tener un protagonista central, así que prefiero que todos vayan saliendo con su momento de protagonismo.

"Bueno, la verdad que es la primera vez que veo un fic dividido en tres partes cada capítulo y por eso mismo me gusta también como está. Personalmente prefiero esperar más tiempo (por mucho que me pese...) y ver el capítulo completo." -- Intentaré ser menos perezoso de lo que soy y publicar a un ritmo de capítulo cada dos semanas. Sólo espero que no lo consideres demasiado tiempo, pues soy persona de releer lo escrito y editarlo, rehacerlo, e incluso borrarlo y empezar. Al final, los resultados se notan (véase en "Marte sobre Melitón" del capítulo 7). Gracias por la opinión.

"Yo iba a decir Eurito pero no, creo que diré Piscis! No sé, como se le vio un poquitito de nada xDD" -- Piscis tiene reservada una parte muy importante, y Sagitario... ¡no! ¡Jajajaja! Bueno, realmente le toca a Virgo, pero no es ningún secreto. Unas líneas más abajo lo descubrirás. ^^

PD: Me parece que Éurito está gustando a la gente. ¿Estoy en lo cierto?

"A lo mejor lo que voy a decir es una estupidez, pero... ese Maya no sera el Maya de la peli de Eris, verdad? de Milo no digo nada porque las fechas no cuadrarían sino jajaj Pero Maya..." -- Hombre, lo de Milo en principio es sólo un guiño, pero ya se verá, y sobre Maya... ¡Es el caballero fantasma de la película de Eris! Sólo espero que Shiori no lo use en el Lost Canvas, pues de ser así, tendría que dar una solución a eso... u_u

"Nos vemos en el siguiente! Saludos!!" -- ¡¡Pues aquí he vuelto después de la Navidad!!

¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!

PD: Tal y como prometí, también traigo la ficha de Iskandar con fanart incluído. Al final del capítulo podréis verla. ¡¡Que os guste, espero!!

¡La Espada del Juez ha sido finalmente afilada! Astrea, la llamada Hija de Temis, da sus primeros pasos como guerrera de Virgo en la búsqueda de un caballero desertor de origen misterioso. ¡La verdad que le rodea hará despertar a la criatura con la Espada del Juicio! ¡El poder de la justicia en sus dos vertientes, cara a cara!

1491 – VIRGO

Astrea, la Divina

Enero estaba resultando frío y duro, y las mentes de todos los habitantes del Santuario estaban ocupadas con las palabras que el caballero de Escorpio dijo al Patriarca hacía ya dos meses.

La crispación en el Santuario era patente y muchos caballeros comenzaron a entrenar duro nada más se estableció el estado de alerta. Algunos maestros de jóvenes aspirantes habían pedido que se anticipasen los duelos.

Nadie tomó la palabra de Iskandar como falsa a pesar de que éste apareció intacto ante el Patriarca. La sola palabra de aquel hombre que dirigía la ciudad sagrada era más santa aún que la de la pequeña Atenea, aún incapaz de tomar las riendas de lugar.

El diligente del Santuario se encontraba de madrugada en la cámara de juntas tomando vino y charlando. Alzó su copa llevándosela a los labios con sutileza y después sonrió a un hombre que, sentado sobre la oscura mesa de la estancia, le correspondió. Él era su único acompañante y se mostraba desenfadado y con una pierna cruzada sobre la otra.

-Señor Kishut, a tu salud.

-¿Otra vez? –dijo el Patriarca.

-Así es. Tantas como sean necesarias por cómo pensamos –el hombre desenfadado, de cabello corto y rojizo y ojos serenos dio un corto trago de su cálida bebida.

-Pero hay algo que no me deja tranquilo. Ya sabes que Astrea es una de las únicas personas por las que siento ese... afecto especial.

-¿Ahora lo llamas afecto especial? –Licaón, el hombre pelirrojo, levantó de un saltito para caminar hacia el balcón, por el que se colaban traviesos copos de nieve arrastrados por el gélido viento. Miró por él al lejano reloj del Santuario, cuya llama de Sagitario ardía vigorosa-. Son las tres de la madrugada y sabes que después de unas copas no me puedes mentir. No a mí, que tengo algún que otro año más que tú –añadió con cierta ironía.

-Es verdad, Licaón. Siento como si esa muchacha necesitase ser protegida; como si el mundo la hiriese, y mandarla a ella precisamente, me parece algo cruel.

-¡Kishut, por favor! –respondió girando sobre sí mientras desplegaba sus brazos en un gesto de crucifixión-. Sabes mejor que yo que Astrea es la persona que mejor lee el cosmos. ¡Esa niña podría hurgar en lo más sórdido de nuestra conciencia!

-¡A esa niña le hiere la sordidez, como tú dices, de forma alarmante! –contestó el Pontífice levantando agitado de su silla tronesca de brazos enrollados-. ¡Y le hiere porque su corazón es puro!

-La pureza... ¡No me vengas con esas, Patriarca! –exclamó el otro con desparpajo. -¡Si tan sólo Iskandar se hubiese conocido como ella a sí misma, habría aceptado su juicio!

El sumo pontífice suspiró con profusión. Sabía que el caballero de Géminis tenía toda la razón del mundo. Si bien Astrea era una muchacha débil, podía descifrar por completo el alma de cualquier persona mediante la lectura de su cosmos. Por desgracia, el don que se le había dado, quizá por la vileza de la raza humana, era despreciado. ¡Le hacía daño ver cuál rastrera era su especie!

-Licaón, creo que tú deberías estar en mi lugar; ser el Pontífice. Los sentimientos nublan mi razón y es cierto que en ocasiones el sufrimiento de uno puede traer la gracia a los demás.

-Al menos lo reconoces, pero sabes tanto que incluso sabes que yo no podría aceptar ese cargo. ¿Te gustó mi juego de palabras? –Géminis, envestido en una toga negra con remaches dorados, se aproximó a la mesa sobre la cual la botella de vino brillaba con el resplandor de las velas. Sin vacilar, la volcó sobre su copa dejándola medio vacía.

-No se hable más, Kishut. Astrea debe ser ordenada como santa guerrera de Virgo ahora mismo.

-Astrea ya fue ordenada esta tarde -contestó Kishut apurando su cristal de un trago-. Así lo han ordenado...

Capítulo VI: El príncipe desertor

Madre del mandoble

Era imponente la melodía de un descomunal órgano tubular que resonaba, haciendo vibrar las paredes del oscuro recibidor de un sórdido palacio de paredes oscuras. Ante él, con majestuosa habilidad, una dama de grácil figura y vestido albo lo hacía gritar de placer. Su destreza era tal que la persona que recién abrió la gigante y vieja puerta, quedó maravillada escuchando por varios minutos, sin decir nada.

Las delgadas manos de aquella mujer se movían con tanta presteza como sus pies, y al unísono, dibujaban y esbozaban los acordes de un hermoso réquiem. Tras acabar de convertir el último pentagrama, el silencio se hizo en la sala gris de columnas ordenadas vitrubianamente.

La corriente generada tras abrir la puerta llamó la atención de la artista, que giró sobre sí, y con la cabeza de soslayo, le clavó su sincera mirada con agridulce gesto. La recién venida tenía una pequeña brecha en la frente.

-¿Ya has llegado?

-¡Tú! ¡Has estado acosándome en mis sueños desde hace dos meses!

-¿De verdad he sido yo? ¿Estás segura? –inquirió la dulce y misteriosa dama de vestido blanco mientras levantaba de la banqueta de cojín de terciopelo. Su voz sonó tan serena que la recién llegada cayó de rodillas.

-¿Quién eres? –A pesar del aspecto tosco de ésta, se inclinó y reverenció a quien tenía enfrente, por mucho superior a ella.

-Realmente... este palacio no existe. Lo has encontrado por tu voluntad. A pesar de todo, has resultado herida, pero has llegado justo cuando el sol se cierne sobre él. El mediodía. ¡Eso es!

La mujer herida, de facciones masculinas y coleta marrón, levantó y alzó la mirada hacia aquella desconocida. Sin duda alguna le daba miedo, mas ya imaginaba algo de lo que estaba ocurriendo.

El interior del vestíbulo en que se encontraban oscureció como si de pronto la noche hubiese reinado siempre. Un resplandor externo provocó que las vidrieras arco iris se encendiesen cual velas iracundas, tiñendo la oscuridad del lugar en las losas grises y la blancura de la ropa de la doncella.

-Ánfora, ya lo sabes; nunca has sido como los demás... Tú siempre has tenido esa fortaleza, ese fuerte sentido de la justicia... Tu corazón es la más fuerte de las piedras, convertida en barro ante el improperio del hombre. Por eso, tal y como has deseado desde que eras una niña, se ha reconocido el fulgor de tu anhelo –dijo calmada-. El poder para juzgar el mundo yace en tu corazón.

-Yace en mi corazón... –contestó la fornida mujer con voz profunda. El cabello de su imponente receptora se agitó ante el gesto victorioso que la hizo arquear su cabeza.

-Así es. Y como prueba de ello... –levantó su zurda y, caminando despacio, la posó entre los pechos de Ánfora.

-¿Qué haces?

-En tu corazón, Ánfora... El rencor y el odio por la injusticia y lo frágil de tu corazón para el débil. Tu bondad, en ocasiones maliciosa, permite que albergues el poder de una hija de Dios, de la ejecutora de Némesis: Mesembria, la Hora sexta.

Un fulgor danzante entre los dedos de la dama de blanco se introdujo en el cuerpo de Ánfora presuroso. La quietud del salón abandonado vibró hasta que un grito de aquella dama musculada lo quebró.

-¿Qué me has hecho? –la agonía en sus palabras era tal que no profirió ruido, sino violencia. Con rapidez, se alejó de quien la había herido y se agarró el pecho con una mano-. ¡Maldición! –un grito de espanto llegó. Luego otro más largo. La desesperación se hizo presa de Ánfora, que podía ver con sus ojos, entre dolor y asco sublime, cómo daba a luz lenta pero inexorable, una esfera del tamaño de un puño. Intentó remediarlo bajando su brazo, pero ya era tarde y no sólo la esfera, sino un pequeño manantial de sangre habían acabado de brotar de ella.

-¡Qué belleza! –exclamó la alba Dice, hechicera de milagros o tragedias, con una sonrisa en su faz.

Ánfora se sintió liberada, pero el dolor en sus entrañas seguía ardiendo. La mujer miraba estupefacta aquello que había parido y brillaba teñido de sangre. Sin explicárselo, un destello la empujó con su fuerza expansiva varios metros atrás.

Ante Dice y Ánfora, una armadura color luna había nacido. Estaba ensamblada adoptando la forma de un descomunal mandoble casi tan alto como ellas. De repente, un segundo haz de luz pálida resonó en la estancia; Ánfora estaba envuelta por las piezas de aquello que había salido de su interior.

-Este poder...

-Ahora no eres Ánfora, sino Mesembria, Hora sexta de la Justicia y octava en volver desde el reino de los cielos para juzgar a quienes protegen la raza que tanto odias.

-Ánfora... de Mesembria –afirmó la masculina mujer entre sollozos de dolor y sorpresiva alegría.

-Así es. Y cuando todo vaya mal, entrégate a tu prenda, la Ánima de Némesis, que te defenderá con el magnífico poder de la justicia. Ya sabes cuál es tu cometido. Ahora, lucha por él... por tu sueño de defender a los justos.

La majestuosa fémina de blanca ropa y cortísima melena ondulada desapareció de la vista de la Hora de Némesis. Había nacido una nueva diosa; un nuevo ser con avidez de justicia...

Justicia de Virgo

A pesar del frío intenso y de que el sol apenas había comenzado a salir por el horizonte, Astrea yacía sentada de lado en las gradas del coliseo. Tenía la cabeza apoyada sobre una mano, y sus ojos, entreabiertos, observaban casi al borde del sueño cómo un muchacho entrenaba con su maestro.

-Qué dulce... –pensó antes de dar una cabezada. Gracias a su nueva prenda dorada, apenas notaba las gélidas corrientes invernales.

-¡Astrea! –exclamó un muchacho mientras caminaba hacia una rubia niñita en medio de la plaza-. ¿Qué haces ahí esperando?

-Mi maestro me ha pedido que espere aquí –dijo ella temblorosa. El frío entonces sí se notaba. Justo en ese momento comenzó a nevar, y el muchachito, con cariño, posó sobre los hombros de la pequeña un blusón de lana gruesa de olor almizclado.

-¿Llevas mucho rato esperando?

-Desde que la llama del reloj estaba en Virgo.

-¡Ha pasado más de una hora! –respondió sorprendido.

-Pero yo... debo esperar.

-Ven conmigo. Nos refugiaremos bajo la cornisa de la biblioteca. Desde allá podremos ver cuando tu maestro venga.

La pequeña siguió cabizbaja al niño. Apenas debía tener dos años más que ella, unos diez, y ya había logrado ser caballero de Unicornio.

-Yo...

-¿Qué sucede, Astrea? –preguntó él mientras se sentaba en el más alto escalón del templo-biblioteca.

-Enhorabuena, Stavros.

-Gracias –dijo ruborizándose.

Ambos, él y ella, se arrimaron para combatir el frío, y cuando la llama de Escorpio se encendió, tras una larga hora en silencio e incipiente sueño, a lo lejos, la silueta de aquel caballero de plata tan querido por Astrea se hizo visible en la plaza, cercano a la fuente.

-¡Maestro! –exclamó la pequeña al verle cojear. Con su grito despertó a Stavros, quien se había quedado dormido en tan dulce compañía.

Astrea corrió hacia el alto caballero de Águila, Evander. Su rostro, serio, mostraba un leve corte en la sien izquierda, bajo el cuál resbalaba un finillo hilo carmesí.

-¿Qué le ha pasado?

-Nada, pequeña. Sólo nos queda admitir nuestros errores ¿verdad? –respondió.

Stavros lo contempló todo y sonrió. Simplemente corrió hasta su amiguita.

-¡Maestro! –gritó Astrea asustada. De pronto, Evander cayó al suelo. De su pierna comenzó a brotar algo de sangre, que acabó por teñir la pálida nieve alrededor de la fuente pétrea de la plaza.

El fornido guerrero de melena plateada estaba inconsciente, y mientras Astrea gritaba y lloraba, Stavros regresó apresurado hacia la biblioteca para pedir ayuda.

-¡Maestro, maestro! –pero no obtenía respuesta de aquel caballero herido-. ¡Maestro!

Poco a poco, Astrea iba notando cómo la voz que tenía en su sueño se fundía con la del joven que entrenaba en el Coliseo. Abrió los ojos siendo consciente de que se había quedado dormida. Cuando volteó el rostro, vio a aquel caballero maldito.

-¡Maestro! –gritó el niño, que avanzó asustado a donde su mentor yacía tirado.

-¿Cómo? –se preguntó Astrea-. ¿Quién ha hecho eso?

Virgo levantó agitada de las gradas y bajó de varios saltitos a la arena. Tal y como imaginaba, alguien estaba molestando a la trabajadora pareja, pero quien era, que ni ella notaba el halo de cosmos residual de la agresión, era un misterio.

-¿Estás bien? –preguntó Astrea al joven.

-Yo sí, pero mi maestro...

-No me digas más. Ha debido ser un caballero dorado con máscara ¿verdad? –el chico asintió sorprendido-. ¡Iolao! ¡Sal de donde estés!

Una cosmoenergía muy desagradable se situó tras el frágil cuerpo de la pubescente Virgo. Allí estaba él, el caballero de Cáncer, con su sórdida figura de rostro enigmático.

-¿Te divierte abusar de los débiles? –cuestionó ella enfurecida.

-¿De los débiles? –la voz horrible de Iolao, el engendro, resonó amenazante para los espectadores-. ¿Crees que por llevar siendo de la élite unas cuantas horas ya no eres débil?

-¡Cállate, bastardo! –recriminó.

-Sucia niña...

Iolao saltó hacia Astrea para clavarle su puño en el estómago. Ella no se percató del golpe, así que fue arrojada de espaldas contra el suelo sólido de la arena. El ruido sordo que causó intimidó al chico y su herido maestro, que preguntó el motivo de aquella agresión.

-¿Yo? –dijo Iolao-. Sólo me divierto...

El guerrero de Cáncer dio otro espectacular salto para derrotar a Virgo, que se incorporaba. La rápida joven se arrastró a un lado cuando el golpe era inminente para patear el rostro de su enemigo, quien tras recibir el impacto, perdió su máscara, que cayó al suelo haciéndose añicos.

-¡Tú! –gritó llevándose ambas manos al rostro-. ¡Juro que me vengaré por esto!

Iolao se fue como había venido. Al parecer, no deseaba mostrar su desfigurado rostro. El cosmos que Cáncer había mostrado era bastante agresivo, y Astrea agradeció no haber tenido que librar una batalla con un caballero como aquel, al que le apodaban el Sanguinario.

-¡Sorprendente, Astrea! –un hombre envestido en una túnica aplaudió desde las gradas del Coliseo. Su corta cabellera pelirroja le delató.

-¡Señor Licaón! –se apresuró a decir ella.

-No. Ya no debes tratarme como a tu superior. Ahora somos iguales; compañeros de batalla.

Él se acercó a la chica llevando algo en su mano. Parecía ser una carta lacrada del Santuario. La rasgada mirada rojiza de Licaón se postró sobre los labios de Astrea con ferviente deseo.

-Esto... son órdenes del Patriarca del Santuario para ti. Tu primera misión, Astrea –La sonrisa confidente del hombre resultó alentadora para Virgo, que sentía cómo uno de los camaradas que siempre la habían apoyado volvía a estar ahí, para ella.

Tras que la muchacha tomase el sobre con sus manos, vaciló. No sabía si abrirlo ahí, ante Licaón, o no.

-No te preocupes. En realidad yo sé lo que dice la carta. Es un puro formalismo de su santidad el haberla escrito.

-¿Y bien? -preguntó ella arrancando el sello rojo de lacre del Santuario.

-Tal y como dicen las líneas que lees, debes ir en la búsqueda de un hombre que antaño nos sirvió como uno de los Cuatro Grandes.

-¿Los cuatro grandes? –cuestionó ella intrigada. Se apresuró a leerla.

"Veinticinco de enero de 1.492.

Ante los recientes hechos ocurridos en el mes de diciembre de 1.491 y la amenaza del advenimiento de una nueva guerra santa contra la diosa Némesis, se plantea la necesidad de reunir a los doce caballeros dorados en el Santuario de Atenas.

Astrea, guerrera de Virgo, deberá partir hacia las ruinas de Melitón acompañada de Therón de Perseo para traer de vuelta a Baltsarós, el Príncipe, caballero que renegó de sus obligaciones huyendo con la armadura sagrada de Leo.

Por las dificultades que puedan surgir en la misión, es recomendable evitar enfrentamientos directos. Sólo hay una condición: el retorno con vida del caballero desertor."

El rostro de Astrea palideció. Jamás imaginó que en su primera misión le fuera encomendado el retorno de aquel que otrora fue caballero de Leo, uno de los conocidos grandes de las pasadas décadas. No pudo sentir más que inseguridad.

-Astrea, no debes temer. Baltsarós no es una persona agresiva. Él huyó por motivos personales. No en vano se le conocía como "el Príncipe", una persona que detestaba derramar sangre sin motivos; una persona que detestaba luchar si otro podía hacerlo en su nombre.

-¿Qué tiene que ver eso? ¡Es un caballero dorado! –exclamó.

-Así es. Pero ahora más que caballero dorado, él es un príncipe desertor... No lo olvides.

Licaón de Géminis caminó en dirección a las doce casas sin despedirse de Astrea. La dejó ahí, tirada, insegura y satisfecha en parte, ante la que iba a ser su primera misión. ¡Era necesario encontrar a Therón de Perseo antes de partir!


FANART: (Cortesía de Hades_sama, Gus para los amigos) ht tp:/ /fotos. subefotos.c om/e4ba4ec4391758a66231cd8fa991d3cao.j pg

(lamento haberla cortado en trozos, pero si no, no me la admitía)

Edad: 25 años *(las fechas se ajustan a enero de 1.496)
Altura: 1,80m.
Peso: 81 kg.
Fecha de nacimiento: 2 de noviembre de 1.470
Origen: Grecia
Sobrenombre: el Angelical
Técnicas:
Lazo Carmesí
Lluvia de Furia
Antares
Tormenta de Furia
Legión de Éter

Tanta afinidad tiene Iskandar con su buen amigo Éurito que siempre que el Santuario tiene problemas graves, les envían a ellos. Así pues, es un caballero muy experimentado en la batalla y tan rápido como el viento. No tiene miedo a nada y es tan impulsivo que se enfrentaría a un dios sin dudarlo.
En lo referente a su personalidad, procura estar siempre alegre aunque en el fondo no sea así.