Capítulo 5: Volviendo a los orígenes
Lilium y Ciel se aparecieron en lo que parecía ser una celda. Estaba oscuro, solo la silueta de una persona junto a la pared era visible en la penumbra.
Unas antorchas se encendieron en las paredes, y Ciel pudo ver al hombre al que iban a buscar, su aspecto realmente lo sorprendió. Estaba desnudo, lleno de tatuajes tribales, heridas profundas, y algunas de ellas parecían mordiscos. Su cabello castaño y largo, caía sobre sus hombros, mientras sus ojos amarillos, rodeados por una línea roja, lo observaron como si lo conociera de toda la vida.
- Lilium, ¿a qué se debe el honor? – dijo Jared, desviando la vista hacia la chtonian, con un tono de voz cargado de amargura.
- ¿No lo imaginas? – preguntó Lilium.
- Por los pensamientos del demonio que te acompaña, piensas utilizarme de intercambio para transformarlo de nuevo en un humano. Tan compasiva como siempre, mi querida chtonian.
Ciel ya se estaba empezando a cansar de todos aquellos seres que podían saber lo que él pensaba. Notó por el tono de voz de Jared que las palabras amables que había dicho eran solo eso, palabras. No sentía lo que decía realmente.
- Debemos darnos prisa, Jaden te espera – dijo la chtonian.
- Lo sé. Supongo que tienes ya todo bajo control, pero me gustaría pedirte algo antes de que nos fuéramos de aquí.
- Te escucho.
- Una vez que hable con Jaden, mátame.
Ciel lo miró como si el sujeto estuviese loco, Lilium en cambio, solo sonrió con tristeza.
- Sabes que no puedo hacerlo – dijo ella.
- No quieres hacerlo. Mataste a todo un ejército como yo, podrías solo conmigo.
- Eso no está en discusión, lamentablemente solo la fuente puede decretar tu muerte o liberación.
- Oh, sí, eres una verdugo tan obediente.
- No quiero tener contigo la misma discusión que tuve con Jaden.
La chtonian se veía realmente molesta. Liberó a Jared de sus cadenas, y se acercó a él para tocarlo, de inmediato su mirada se suavizó, y se llenó de compasión. Las heridas de Jared comenzaron a cerrarse y sanar.
- No te molestes – dijo él, - cuando descubran que no tengo marcas de sus visitas volverán a hacerlas.
Lo siguiente que ocurrió fue una sorpresa para el pequeño demonio y para Jared. Lilium abrazó al hombre desnudo que tenía frente a ella, le acarició la cabeza como una madre acariciaría a su pequeño y le dijo:
- Lo lamento, de verdad lo siento.
Se separó de Jared mientras unas ropas aparecían sobre el cuerpo de éste.
El escenario cambió de nuevo, y Ciel se vio rodeado por el bosque en el que habían convocado a Jaden. Allí estaba éste acompañado por Sebastian.
Jared y Jaden se miraron como si no dieran crédito a lo que veían sus ojos. Ciel los miraba sin entender nada, pero lleno de curiosidad. Lamentablemente su curiosidad no pudo ser satisfecha porque la chtonian se los llevó de allí, a él y su mayordomo, hacia su hogar sobre el acantilado. Lo que pasó en el encuentro de esos dos seres, lo que hablaron y lo que hicieron, o el tipo de relación que tenían quedó sin respuesta.
- Ahora le debo un favor a un dios griego, y acabo de otorgarle un momento de felicidad a un ser, cuyo decreto de la fuente fue que debía sufrir por la eternidad. Espero no arrepentirme de haberlos ayudado. – dijo Lilium, sentándose en uno de sofás de su salón.
- Yo… - comenzó a decir Ciel.
- Te gustaría saber muchas cosas, – lo interrumpió Lilium – pero la curiosidad no es una buena consejera. Hay cosas que es mejor no saber.
- En realidad, a mí también me gustaría saber algunas cosas – dijo Sebastian – Si voy a estar a tu servicio me gustaría saber si hay mucha gente que te odia, cuantos enemigos tienes, de esa manera te serviré mejor.
Lilium no se dejaba engañar por las palabras del demonio. El solo quería saber si su seguridad se vería afectada una vez reconociera a Lilium como su akra.
- Oh, Sebastian, no necesitas fingir conmigo. – dijo Lilium – Pero supongo que lo que ha pasado en estas últimas horas merece una que otra explicación. Además, si hablo de más, después puedo borrar sus memorias.
Los demonios se miraron entre sí, preguntándose si la chtonian ya había hecho uso de ese poder con ellos.
- No se preocupen – dijo ella, sabiendo lo que pensaban – todo lo que recuerdan es lo que ha pasado.
- ¿Podrías dejar de hacer eso, por favor? – pidió Ciel – Deja de meterte en mi cabeza, no necesito que sepas lo que pienso. Mis pensamientos son míos solamente.
- Deberías ser más amable con quien te ayuda, Ciel. Pero está bien, me mantendré alejada de tus pensamientos. Y contestaré algunas preguntas, después de todo, Ciel, aunque vuelvas a ser humano, ya has estado en este mundo, y el conocimiento que has adquirido en este tiempo puede ayudarte a futuro. Los seres sobrenaturales se sienten atraídos por aquellos que saben o creen en ellos, ya sea para bien o para mal. Algo de información al respecto no está de más.
- ¿A qué se refería Jaden con que ya moriste una vez? – preguntó Sebastian.
- A eso, ya morí una vez, es bastante claro ¿no te parece? – contestó Lilium, pero al ver la cara de los demonios decidió ampliar la explicación. – Está bien, comenzaré por el principio. Yo sería la chtonian más antigua, de no haber muerto una vez. Tú, Sebastian, ya sabes lo que es una chtonian, y se lo dijiste a Ciel en su momento. Mi raza nació de la sangre humana, que gritó por venganza y justicia, derramada por las constantes luchas entre los dioses de distintos panteones. Cuando un Dios muere, muchas veces parte de su poder es absorbido por aquél que lo derrotó, pero el resto de su poder regresa al universo, lo que generalmente se traduce en erupciones volcánicas, terremotos, temblores, huracanes, en fin, en algún desastre natural. Un chtonian tiene el poder para asesinar a un Dios sin que su energía liberada genere este tipo de reacción, y por lo tanto no existen víctimas humanas. Esa es en realidad la verdadera importancia de un chtonian para el universo. Pareciera que no hay seres más poderosos que los chtonian, pero para que haya un perfecto equilibrio en el universo, la fuente no crea ninguna criatura sin una forma de controlarla, o destruirla. Solo un chtonian puede acabar con otro chtonian, o al menos así debería ser. Y eso fue lo que ocurrió, otro chtonian me asesinó.
- Pero estas aquí, viva – dijo Ciel, tratando de entender las palabras de Lilium.
- Sebastian ¿sabes por qué Jaden me llamó la ejecutora?
- Yo solo he oído rumores. Se dice que eres la encargada de ejecutar sentencia o castigo sobre quien traicione a la fuente. Pero… no me dirás que Jared es el Sephirot, el guerrero que traicionó a la fuente – dijo Sebastian.
- ¿Sephirot? ¿Podrían explicarse? – exigió Ciel.
- Hace eones los Sephirii eran un ejército de guardianes de los primeros dioses, poderosos ellos, impusieron las leyes sobre el universo. El Primus Bellum, el poder más oscuro, el Mavromino se volvió contra la fuente, y creo una raza de guerreros, los malachai, para destruir a los Sephirii que habían sido liberados para destruirlo. Fue una guerra impresionante, y los Sephirii hubiesen destruido a los Malachai si no hubiesen sido traicionados por uno de ellos. – Explicó la chtonian.
- El que los traicionó fue Jared.
- Así es. Pero finalmente se decidió llegar a una tregua, y fue así como la Fuente y el Mavromino decidieron ejecutar a sus propios soldados. La encargada de la ejecución… fui yo. Pero Jared debía pagar de otra manera, su vida no era suficiente, así que se le condenó a una vida eterna de esclavitud, y como debe haber equilibrio en el universo, al existir un Sephirot con vida, también debe existir un Malachai.
- ¿Jaden es el Malachai?
- No, claro que no. Pero definitivamente su poder se le iguala. Pero no me voy a extender en el tipo de relación que tienen o el motivo de la traición, lo que deben saber es que desde entonces me convertí en la ejecutora de la fuente, aunque más bien pienso que por eso fui creada.
- ¿Eres tan poderosa como para destruir dos ejércitos tan importantes? – preguntó Ciel, lleno de admiración.
- Créeme, no es me provoca ningún orgullo o no es ninguna hazaña el destruir dos ejércitos que no se defienden – dijo la chtonian con algo de amargura en la voz, lo que hizo pensar a Ciel que se arrepentía de sus acciones. – Pero eso es algo que no puedo deshacer, como tampoco Jared puede deshacer la traición. En realidad lo único que me diferencia de otros chtonians es que yo no me debilito cuando asesino a otro dios. Cuando un chtonian asesina a un dios se vuelve más débil frente a otros chtonian, yo no cumplo esa regla, pero aun así, yo caí. No morí lentamente, pero si fue doloroso, especialmente porque me asesinó uno de los seres en quien más confiaba.
- Pero si tú no te debilitas al asesinar dioses, ¿cómo pudo asesinarte otro chtonian?
- Ciel, independientemente de lo poderosos que seamos, todos tenemos un punto débil, el equilibrio ¿recuerdas? No se ha creado nada que no pueda ser destruido.
- Y el chtonian que te traicionó sabia cual era tu punto débil.
- Así es, un error que no pienso cometer otra vez.
- Pero estas aquí ahora.
- La fuente decidió que era mejor tenerme aquí otra vez, en caso de ser necesario.
- ¿Te resucitó?
- No, yo renací, que no es lo mismo que resucitar. Volví a nacer, tuve una nueva infancia, crecí, y estoy aquí como me ves ahora.
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Fue el momento de volver donde estaban Jaden y el Sephirot, y de regresar a este último a la celda, cercana al templo de Artemisa, donde lo tenían confinado.
Una vez fue hecho esto, Jaden cumplió su promesa. Ciel cayó al suelo, quejándose, Sebastian se acercó a él, preocupado.
- ¡Joven amo! – le dijo el demonio mayordomo.
- El ya no es tu joven amo – le dijo Jaden, luego de lo cual desapareció.
Ciel levantó la vista hacia Sebastian, y este último pudo comprobar que lo que había dicho Jaden era cierto. La marca en uno de los ojos azules de Ciel desapareció, y el demonio sintió como su propia marca en el dorso de su mano hormigueaba de forma incómoda.
Pero la transformación de Ciel no terminó allí. Ahora no solo era un humano libre de un contrato demoniaco, sino que además su cuerpo comenzó a cambiar. Sebastian debió alejarse de él para no entorpecer el proceso. El niño que aparentaba tener trece años desapareció, dando paso a un alto y apuesto joven de veinte años. Su rostro, antes infantil y serio, aunque bello, ahora era más varonil, aunque igual de serio. Sus ojos azules resaltaban aun más en su rostro. Su estatura había aumentado considerablemente, hasta alcanzar la misma altura de la chtonian, aunque no alcanzaba el metro noventa de Sebastian.
Al terminar la transformación, Lilium reemplazó las ropas de Ciel, desgarradas debido al cambio, por unas acordes a su estatura. Lo ayudo a levantarse y lo estudió con detenimiento. No hizo ningún comentario, solo levantó su ceja izquierda al mismo tiempo que esbozaba una sonrisa.
- Vaya, vaya, por fin ha crecido Conde Ciel Phantomhive – dijo Sebastian sonriendo burlonamente.
- Ya es momento de que cambies esas ropas de mayordomo que llevas puesta, – dijo Lilium a Sebastian – y formemos nuestro vínculo. Piensa en lo que quieres llevar puesto, Sebastian.
La sonrisa no se borró del rostro de Sebastian, al contrario, fue ampliada. Sus ropas de mayordomo desaparecieron, siendo sustituidas por un pantalón de cuero negro, no tan apretado como el que solía llevar cuando adoptaba su real forma de demonio. Una camisa de seda del mismo color, y un largo abrigo de cuero.
- ¿Por qué la mayoría de los demonios, dark hunter, chtonian y otros seres sobrenaturales prefieren el cuero? – dijo Lilium, luego se miró el ajustado pantalón de cuero negro que llevaba puesto, y suspirando agregó – Me han contagiado sus gustos.
- Es hora de que me des un nombre – dijo Sebastian.
- Puedes seguir siendo Sebastian, me gusta ese nombre para ti, te queda perfecto. En cuanto al sello, te agradecería que fuera en mi cadera, no me gustan las marcas visibles.
- Asi será.
Lilium sintió como en su cadera izquierda se formaba el sello del vínculo que acababa de cerrar con Sebastian. Bajó un poco su pantalón, lo suficiente para dejar al descubierto la pequeña marca en su cadera, que al igual que la que el demonio tenía en su mano, asemejaba a un pequeño tatuaje. La estudio unos segundos y luego la cubrió.
Ciel, quien tenía de regreso todas sus emociones humanas, se sonrojó visiblemente al ver a la chtonian mostrar algo de su piel. Esta no se dio cuenta, pero el demonio, que no perdía detalle del comportamiento de su antiguo amo lo notó, y estaba a punto de hacer un comentario mordaz, algo que definitivamente era uno de sus pasatiempos favoritos, cuando aparecieron nuevamente en el hogar de la chtonian.
- Creo que es momento de ir a dormir. Nos merecemos un descanso – dijo la chtonian.
- ¿Tu duermes? – preguntó Ciel.
- Por supuesto. No necesito dormir tanto o tan seguido como un humano, pero debo dormir. Les mostraré sus habitaciones y hablaremos mañana.
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Cuando Ciel se despertó el sol ya estaba en lo alto y se asomaba por entre las cortinas del gran ventanal que daba a un balcón. Como no tenía otras ropas, aparte de las que Lilium había hecho aparecer durante la noche anterior para él, se había acostado desnudo.
La habitación que le habían dado era tan amplia como la que usaba en su mansión, pero se veía algo más pequeña porque la cama era mucho más grande. Se sentía extraño con su nuevo cuerpo y su humanidad recién devuelta. Pero agradecía interiormente no seguir con la apariencia de un niño de trece años.
Dos ligeros golpes en la puerta de su habitación lo hicieron regresar de sus cavilaciones.
- Pasa, Sebastian.
- No soy Sebastian – dijo la chtonian entrando en la habitación.
Al ver a Lilium, Ciel enrojeció, agarró las sabanas que lo cubrían hasta la cintura y las tiró hacia arriba para cubrirse.
- Pensé que querrías comer algo. Te he estado esperando para el desayuno, pero como no bajabas decidí venir a buscarte. Es alrededor de mediodía. – dijo la chtonian disimulando una sonrisa sin mucho éxito, lo que aumentó el rubor en las mejillas del conde, y también su molestia.
En la habitación había dos puertas mas, una daba a un vestidor, y la otra a un tocador bastante amplio. Lilium se acercó a una de las puertas, la abrió y se disculpó con Ciel por no haber dejado algo de ropa para él, la noche anterior, pero que ahora estaba solucionado. El joven estiró su cuello, y se acomodó en la cama de manera de poder ver lo que había en el vestidor, pero sin soltar la sabana que lo cubría.
- Gracias, ahora me gustaría quedarme a solas para vestirme – dijo Ciel.
- Sí, claro, pero antes de eso – dijo la chtonian acercándose a la cama de Ciel - ¿podrías descubrirte por favor?
- ¡Que! – dijo el asombrado conde.
- Solo hasta la cintura. No te preocupes, no te haré nada malo… o al menos nada que tu no quieras.
Al oír esta última frase dicha de manera seductora, Ciel abrió desmesuradamente los ojos por la impresión.
- Lo siento, lo siento, era solo una broma… es que al verte así no pude evitarlo. – dijo ella, riendo. – Te ves algo gracioso.
- No le veo la gracia a esto – el conde se oía de mal humor.
- Pero aun así necesito que te descubras, eso si era verdad. Quiero hacerte un regalo.
Ciel esperaba que ella no estuviera leyendo sus pensamientos en ese momento, porque al oír sus palabras se le vinieron a la cabeza una serie de imágenes poco castas. Al no ver ninguna reacción negativa en ella, entendió que estaba cumpliendo su promesa de no meterse en su cabeza para saber lo que pensaba, lo que en esos momentos agradeció.
- Oh, vamos, Ciel. No voy a comerte, o algo así.
El conde bajó la sabana hasta su cintura, después de todo ella no era humana ¿Qué importaba? Nunca sintió pudor frente a Sebastian porque era un demonio ¿por qué debería sentirlo ahora ante una asesina de dioses? ¿Solo por el hecho de que era una mujer? Y bellísima, por cierto.
Cuando era demonio había notado la belleza de la chtonian. Una belleza que no podía compararse a ninguna humana, y se había sentido atraído por ella, pero ahora que era humano, esa sensación era más potente.
Lilium se sentó en la cama y recorrió el torso desnudo de Ciel con sus ojos. Este no perdía detalle de lo que ella hacía, notando que lo miraba con una expresión absolutamente neutra. Hasta que se detuvo en las cicatrices que tenía a un costado, una cerca de la otra. La primera era de la herida de bala que había sufrido en el palacio de la Reina Victoria, ocho años atrás, la segunda era la marca grabada a fuego por los sujetos que lo habían comprado, alrededor de diez años atrás, para ser el sacrificio a un demonio. Ella cubrió con su mano derecha las cicatrices y una sensación parecida a una muy leve descarga eléctrica recorrió todo su cuerpo. Cuando quitó la mano las cicatrices ya no estaban, y ella lo miraba con una sonrisa que podía ser calificada como ¿dulce quizás?
Ciel quiso decir algo, pero alguien se aclaró la garganta para llamar la atención de ambos desde la puerta de la habitación. Puerta que la chtonian no se había molestado en cerrar. Se giraron para mirar quien interrumpía.
El conde esperaba ver a Sebastian mirándolo con su acostumbrada sonrisa irónica, pero en su lugar había un tipo de más de dos metros, con el cabello largo, negro azabache, con algunas mechas de color verde, algunos tatuajes en el cuerpo, visibles a través de la camisa de seda desabotonada hasta casi la cintura. Tenía los ojos plateados y lo miraban como si lo evaluara. Ciel juraría que el tatuaje de un dragón que tenía cerca del cuello se había movido unos centímetros. Este hombre despedía una extraña energía, algo que atraía y repelía al mismo tiempo.
- Buenos días Acheron – dijo la chtonian poniéndose de pie y acercándose al hombre que los interrumpía.
- Buenos días Lil. Vine para saber cómo habían ido las cosas.
- Te presento a Ciel Phantomhive. ¿Viste ya a Sebastian?
- No, aun no. Pero creo que deberíamos dejar las presentaciones para cuando él se vista.
Acheron se dio la vuelta y caminó por el pasillo. Lilium lo siguió después de decirle a un muy incómodo Ciel que lo esperarían en el salón comedor.
Mientras el dios y la chtonian bajaban la escalera el primero dijo:
- ¿Me puedes explicar que es lo que acabo de ver?
- ¿Tu qué crees? – contestó la chtonian riendo.
- Borraste sus cicatrices – dijo el atlante, levantando una de sus cejas – Pero eso es algo que podrías haber hecho sin tocarlas directamente. Es más, ni siquiera tenias que verlas para borrarlas. Con haberle tocado la punta de un dedo hubiesen desaparecido.
- No pude evitarlo, jajaja… es que se puso tan nervioso cuando entré al cuarto, se veía adorable con sus mejillas sonrojadas. No pude evitar molestarlo un poco.
- A veces eres un poco perversa.
- Pero si no fue para tanto.
Cuando Ciel bajó al salón comedor, lo esperaban allí la chtonian, el dios y el demonio. Los tres estaban sentados alrededor de la mesa conversando tranquilamente.
El conde tenía y representaba veinte años, por lo tanto ahora vestía con los correspondientes pantalones largos, acorde a su edad, status y según la moda que se llevaba en Londres.
- Toma asiento y come algo – le dijo Lilium al verlo.
Ciel se sentó junto a Sebastian, frente a Acheron. Lilium estaba a la cabecera de la mesa. Frente a ellos, distribuido en un orden que el conde reconoció como muy propio de Sebastian, había una cantidad considerable de dulces y masas. El té ya estaba servido para él y la chtonian. Acheron bebía una copa de vino, y Sebastian tenía frente a si un cáliz, que no permitía ver su contenido, pero que podía ser adivinado con facilidad.
Hacia tanto tiempo que no probaba la comida humana que se sentía extrañamente emocionado al ver tantos dulces frente a él. Definitivamente seguían siendo sus favoritos, no importaba la edad que tuviera. El conde percibió el olor del té, reconociéndolo en seguida, era Earl Grey.
- Estábamos comentando las palabras de los demonios cuando los acorralaron en la cueva, en su breve estadía en el reino de las tinieblas – le informó Lilium.
- ¿Los demonios? – preguntó el conde.
- Si, aquello de que les habían prometido libertad a cambio de matarnos, conde ¿lo recuerda? – intervino Sebastian.
Qué extraño era para Ciel oír a Sebastian llamándole conde, en lugar de amo, o joven amo. Pero pronto se repuso. Ahora el demonio junto a él no le pertenecía y debía aceptarlo. Tendría que vivir un poco más. ¿Cómo y dónde? Aun no estaba decidido. Mientras tanto se sentía cómodo en el hogar de la chtonian.
- Oh, tienes razón, lo había olvidado. Lilium ¿sabes quién haría un trato para acabar con nosotros? – preguntó Ciel.
- De eso hablábamos justamente. Ni Acheron, ni yo podemos verlo, por lo tanto hay alguien o algo poderoso ocultándolo. – contestó ella.
- ¿Cómo es posible?
- Son muy pocos los seres que podrían ocultar esta información a nosotros. Por lo tanto yo creo que se trata de algún talismán u objeto el que le da el poder. – dijo el dios.
- Tenemos una idea de quién puede estar involucrado en esto, pero es mejor que nos aseguremos, y le haga una visita a Misery, – dijo la chtonian. – aunque sería mejor hacerlo en unos días más. Thorn no va a estar muy feliz de verme vagando por el reino de las tinieblas por algún tiempo, y en estos momentos prefiero estar en paz con él.
- ¿Es que acaso le temes, akra? – preguntó Sebastian.
- Eso quisiera él, pero no. Es solo cuestión de estrategia. Es tan delgada la línea de su autocontrol, que no quisiera provocar problemas a otros con mi presencia. Esperaré unos días, después de todo Misery no irá a ningún lado.
- Thorn no puede permanecer mucho tiempo molesto contigo, aunque lo quisiera, – comentó Acheron sonriendo enigmáticamente – reconoce que no quieres encontrarte con él.
- Quizás, quizás… pero el esperar unos días no representara problema alguno, después de todo mientras permanezcan aquí estarán protegidos. Son muy pocos los seres que tienen permitida la libre entrada a este lugar.
Ciel hubiese querido entender las palabras de la chtonian, y lo oculto de su relación con Thorn, pero dudaba que sus preguntas fueran sido contestadas.
El conde miró a su alrededor y cayó en cuenta que en realidad solo él estaba comiendo. Acheron se llevaba la copa a los labios de vez en cuando, al igual que Sebastian lo hacía con el cáliz. La taza de té de Lilium casi no había bajado y el trozo de tarta que tenía en el plato estaba casi intacto. Este hecho insignificante le hizo tomar conciencia de que era el único humano entre estos seres, y por un momento se sintió insignificante. Otro detalle que los diferenciaba era la ropa. Lilium había tenido razón la noche anterior, los seres sobrenaturales parecían preferir el cuero.
Repentinamente Lilium se puso de pie, sacándolo de sus pensamientos.
- Casi lo olvido – dijo ella, luego de lo cual desapareció, sorprendiendo a los presentes.
Apareció nuevamente en menos de un minuto, llevaba los brazos en la espalda como si ocultara algo.
- Sebastian, te tengo un regalo – dijo Lilium.
Ella le enseñó lo que tenía a sus espaldas. Los ojos del demonio se abrieron desmesuradamente, sus mejillas se sonrojaron y estiró las manos, anhelante. Mientras tanto, Ciel comenzó a estornudar sin control. Un hermoso gato negro ronroneaba en brazos de la chtonian. Con delicadeza se lo entregó a Sebastian.
Ciel se puso de pie y se alejó de la mesa, estornudando.
- ¡Soy… alérgico a los… gatos! – se quejó el conde.
Lilium se acercó al él, le tocó el rostro con una de sus manos, provocando otro rubor en las mejillas de Ciel. Pero los estornudos se detuvieron, pudo respirar con tranquilidad. Ella había curado su alergia.
- No, ya no eres alérgico – dijo ella.
- ¿Eso también fue para molestarlo? – proyectó Acheron telepáticamente en la mente de la chtonian.
Lilium miró al dios sonriendo, y negando con la cabeza.
Era realmente un espectáculo ver a Sebastian acunando al gato en sus brazos y mirándolo como si fueran lo más frágil y delicado que hubiese visto nunca.
- Es francamente sublime, maravilloso. ¿Puedo conservarlo? – preguntó Sebastian.
- Por supuesto, es tuyo – dijo Lilium – Pero tú te encargarás de él. Debes ponerle un nombre.
- Y dices que yo consiento demasiado a Simi. – comentó Acheron, dándole otro sorbo a su copa de vino.
- No te atrevas – le dijo Ciel a Sebastian, al ver la forma en cómo lo miraba, con aquella sonrisa irónica dibujándose en su rostro. Lo conocía hacia diez años, así que para el conde era fácil saber el motivo de su actitud.
- ¿Qué no me atreva a qué, conde? – preguntó Sebastian haciéndose el inocente.
- ¡No te atrevas a llamarlo como yo!
- ¿Cómo tú? Yo pensaba llamarlo Phantom. Creo que es un nombre apropiado para él.
- ¡Maldito!
- Creo que mi vida será un poco menos aburrida durante algún tiempo en este lugar – le dijo Lilium a Acheron telepáticamente, mientras sonreía.
- Si tú lo dices – le respondió el atlante de la misma manera, terminando su copa de vino.
