El fic que hoy recomiendo se llama Down Like Rain, de Anais Lacquestar; esta en inglés. Es un Melkor/Luthien un tanto extraño, pero a mí personalmente me gustó mucho.
Este capítulo se lo dedico a un amigo especial. Él sabe.
Capítulo 6: Ninjas
Lunnaris se levantó temprano esa mañana, como de costumbre últimamente. Fué como siempre a darse su baño matutino, ese día también se vistió con la ropa que había traído de su mundo. Bajó a desayunar con su mochila rápidamente, estaba bastante impaciente por saber que era lo que Glorfindel había preparado para ella. Los elfos que había congregados en el salón, la miraron con igual extrañeza que el día anterior pero esta vez sí logro "pasar de todos". Se sentó junto a Glorfindel y mientras untaba un bollo con mantequilla, miró al elfo, que en ese preciso momento abría la boca para dirigirse a ella:
-No te molestes, Glorfindel, no voy a cambiarme de ropa, aunque no sea mi mundo yo quiero seguir...
-No Lunnaris, no era eso lo que iba a decir -cortó el- De hecho tus ropas son más adecuadas para lo que tengo planeado que ese traje élfico que te regalé.
-Ahh... -dijo ella un poco cortada- Espera... ¿qué me regalaste? ¿Era tuyo? Yo pensaba que pertenecía a alguna mujer elfa de Rivendel...
-Te equivocas Lunnaris -aclaró el Elfo- Ese vestido fué confeccionado en los Días Antíguos para Idril Celebrindal en su juventud, la hija del Rey Turgon y madre de Ëarendil; terminó en la Casa de la Flor Dorada y fué uno de los pocos tesoros que puede salvar del reino oculto de Gondolin.
Lunnaris levantó las dos cejas en señal de asombro. Es que no se lo podía creer... Idril... la princesa de los Noldor, nieta del mismo Fingolfin... No tenía palabras para agradecer ese regalo a Glorfindel y tampoco sabía que hubiera hecho con el vestido si lo hubiera sabido antes, pues habría dudado entre ponerselo todos los días y a todas horas o por el contrario guardarlo en un cajón para manterlo impoluto.
-Muchas gracias, Glorfindel -dijo finalmente con un hilo de voz- Significa mucho para mí.
-Entontes ¿has descansado bien? ¿estás preparada? -preguntó el elfo cambiando de tema.
Si no fuera porque eres un Alto Elfo, esa frase me haría pensar mal...
-Si, he descansado bien, pero eso de que si estoy preparada... depende para qué, aún no se lo que me espera -respondió ella riendo.
-Bien, entonces, vayamos a que lo averigues -propuso Glorfindel levantándose de la silla.
Ella le siguió y la verdad es que ya estaba empezando a preguntarse que sería. Al fin llegaron a una especie sala abierta hacia el exterior, en su interior había una fragua y diversos utiensilios que se empleaban para la forja de metales. Las paredes estaban cubiertas por relucientes espadas con piedras preciosas en la empuñadura, cotas de maya ligeras, yelmos plateados y brillantes, lanzas de madera pulida, puñales, escudos labrados con las diversas insignias de diferentes casas élficas...
-Vaya, la armería de Rivendel... -aventuró ella.
-Exacto -confirmó Glorfindel- Dime, Lunnaris, ¿en tu mundo existen las espadas?
-Pues sí -respondió ella- pero ya no son armas tan efectivas, ahora tenemos pistolas, grandas, bombas atómicas, carros de combate... Pero eso no es una parte de mi mundo de la que me sienta orgullosa, ese tipo de armas han causado mucho dolor y destrucción...
-Todas las armas son destructivas -afirmó el elfo.
-Si, pero no comprendes... -explicó ella- ... con una espada puedes matar a un hombre de un golpe, con una pistola a muchos más y a gran distacia, con una catapulta puedes tirar una casa, con una granada (un artefacto no más grande que una naranja) puedes tirar una torre... Eru Ilúvatar puede destruir este mundo si se lo propone o eso afirmais, una bomba atómica también...
-Sois una civilización extraña, creais maravillosa música y fabricais ingeniosos inventos; pero también poderosas armas para aniquilaros entre vosotros, puesto que por lo qe me dijiste, sois las únicas criatutas inteligentes-dijo Glorfindel.
-Sí, lo somos -respondió Lunnaris que no quería seguir hablando del tema- Pero bueno, hoy no toca hablar de mi mundo... ¿Para que me has traido aquí?
-Para que elijas una espada, en primer lugar -contestó Glorfindel- Obseva las que hay en las paredes y elije la que más te guste.
Lunnaris se extrañó ante ese ofrecimiento pero tenía una oportunidad única, una auténtica espada élfica iba a ser suya, debía eligir cuidadosamente cual quería. Fué paseándose por toda la estancia, las espadas que veía eran magníficas, tenían la empuñadura dorada casi todas ellas y algunas hasta incrustaciones con piedras preciosas. Sus ojos se posaron frente a una de las armas en concreto, era una espada ligeramente curvada, con el filo plateado, brillante y no tan largo como el de las demás espadas, sin cruceta, el mango de la empuñadura era de color azul oscuro acompañado por una fina hebra de color plata que se enroscaba haciendo espirales alrededor y en pomo se posaba una piedra brillante azul, un zafiro. Sin dura, esa era su espada. Se acercó al elfo para informarle sobre su elección.
-Lord Glorfindel, ya he decidio. Esa será mi espada -dijo ella señalando al precioso objeto.
-Buena elección, pues en realidad es una espada que no fué forjada para varones -aprobó él mientras tomaba dicha arma y se la entregaba a la muchacha.
-Impresionante -dijo ella mientras la tomaba en sus manos- Si parece una katana....
-¿Katana? -preguntó extrañado el elfo.
-Si, una katana es una espada japonesa, quiero decir, una tipo de espada algo curvada que se fabrica en nuestro mundo y aunque ya casi nadie las utiliza, son en verdad muy apreciadas. La difencia está en que esta espada es de doble filo, mientras que las Katanas sólo tienen uno... -explicó ella que ahora tomaba su arma blandiéndola por la empuñadura- Es muy ligera, no puede estar hecha de acero forjado puesto que brillaría menos, tampoco de plata pues resultaría muy pesada... Sinceramente, no tengo ni idea de que metal puede ser.
-Mithir, plata de Moria -aclaró Glorfindel- Un metal muy duro y a la vez muy ligero y la hoja brilla...
-...cuando hay orcos cerca -terminó Lunnaris.
-Exacto -confirmó Glorfindel- Veo que conoces mucho de nuestro mundo, a ver si tienes el mismo conocimiento sobre nuestras artes.
Dicho esto, el elfo se retiro la capa y desenvainó una larga espada recta, muy hermosa y brillante, de empuñadura color verde salpicade de flores doradas, esa espada tampoco tenía cruceta ni piedras engastadas. Glorfindel se puso en guardia.
Vamos no me jodas... El tío que mató un Balroj quiere pelea... Qué mal rollo...
-Veras, Glorfindel -dijo Lunnaris con calma- yo nunca he practicado esgrima... Esto... Esto... ¡Esto es una absoluta pérdida de tiempo! Tú ganas.
-Lunnaris, si fueras una gran guerrera no te habría traído hasta aquí -explicó él- Me gustaría compartir contigo mis conocimientos sobre la batalla, podrían serte útiles en este mundo.
-Pues permíteme dudarlo, porque no pienso salir de Rivendel sino es para volver a mi tierra -dijo ella- Pero no reusaré tomar unas lecciónes, sobre todo si es el gran espadachín de Gondolin el que las imparte.
Glorfindel atacó de repente y ella solo tuvo tiempo de echase a un lado, lo más lejos posible de la espada de su contrincante. Siempre había sido bastante ágil y esquivar se la daba mucho mejor que golpear.
-Rápido movimiento, pero intenta detener con tu espada los ataques -dijo Glorfindel.
Al cabo de un rato, descubrió que aunque no era un samurai, no era del todo mala, bueno por lo menos no era un desastre como en un principio se había imaginado. De hecho había aprendido algún arte marcial en su mundo y eso la ayudó a mantener la concentración en el combate, a intentar anticiparse al rival y a ser más ágil en movimientos. Pero estaba aún demasiado lejos para llegar algún día a pelear como lo hacía Glorfindel, y eso que todo aquello para el elfo no era más que un juego. Lunnaris no quería imaginarse lo que pasaba cuando Glorfindel peleaba en serio.
Ellos seguían practicándo cuando una voz ajena se escuchó desde el otro extremo de la sala en la que se encontraban:
-Un combate.
Ambos se giraron hacia el elfo que había hablado, era uno de los hijos de Elrond, pero Lunnaris no sabía cual de los gemeros era.
-Elladan -saludó Glorfindel.
-Glorfindel, no sabía que ahora te dedicabas a entrenar a mujeres -bromeó el hijo del Elrond.
-Lunnaris, él es Elladan, uno de los hijos de Elrond -dijo Glorfindel.
-Lo sé, fueron él su hermano gemelo los que me encontraron y me trajeron hasta aquí. Ya nos habían presentado formal aunque bevemente -afirmó Lunnaris que aún no sabía si le tenía simpatía a ese elfo en concreto y el comentario anterior no ayudó nada a mejorar la opinón que la muchacha se había formado de él.
-¿Qué tal Lunnaris? ¿Te gusta Imladris? -preguntó Elladan jovialmente.
-Estoy muy bien, gracias y Rivendel es un lugar muy hermoso sin duda -respondió Lunnaris con menos antipatía, pues intuía que el elfo más que un pincha-uvas, era un tipo alegre y bromista.
-Te pido disculpas en mi nombre y en el de mi hermano por tratarte con rudeza durante nuestro primer encuentro, pero todo fué muy extraño, temíamos que fueras un siervo del enemigo -dijo Elladan.
-Disculpas aceptadas, Elladan, posiblemente si yo fuera tú habría actuado de la misma manera -afirmó ella.
Bueno, no, seguramente habría actuado peor...
-¿Y cómo va el combate? ¿Te sientes capacitada para vencer al famoso Lord Glorfindel? -bromeó Elladan.
-Pues no, de echo esto no se me dá del todo bien -confesó ella.
-Te he visto pelear y te aseguro que un orco torpe caería bajo tu fijo -sentenció Glorfindel.
Vale, o sea que solo tendría posibilidades de no morir si topo con un sólo orco y encima subnormal...
Elladan se echó a reir y Lunnaris miró a Glorfindel y dijo también divertida:
-Si eso era un cumplido no ha sonado como tal.
-Para alguien que no ha manejado nunca una espada debería serlo -confirmó Glorfindel.
-¿Puedo probar yo? -preguntó Elladan.
-Si, claro, Glorfindel es todo tuyo -respondió Lunnaris mientras se apartaba.
-No lo decía por Glorfindel -aclaró Elladan mientras él también sacaba de debajo de su capa su espada élfica.
-Ahh.. pues vale, pero sé benévolo, por favor -dijo Lunnaris poniendose en guardia.
Después de un ratito peleando entre ellos, Glorfindel dijo:
-He visto orcos con más reflejos, venga, moved más rápido esos brazos....
Elladan le miró y gritó:
-¡A por él!
Lunnaris lo entendió y ambos se precipitaron espada en mano a por el elfo rubio. Glorfindel desenvainó su espada y peleó frente a los rivales. Para Lunnaris fue visto y no visto, al cabo de un minuto y ni llegaba, su espada había saltado por los aires y ella todavía se estaba preguntando que cómo había sucedido eso. Elladan duró algo más, y después de un intenseo combate, también acabó derrotado.
-Lord Glorfindel, no ha perdido maestría -dijo Elladan haciendo una ligera reverancia de cara el otro elfo.
-Yo es que todavía estoy intentando asimilar cómo ha pasado todo... -dijo Lunnaris aún confusa recogiendo la espada del suelo.
-Mejorarás con el tiempo -aseguró Glorfindel.
-Me extraña mucho, teniendo a alguien tan torpe como maestro -dijo el hermano de Elladan entrando en la sala junto con Erestor.
-Elrohir... -dijeron a la vez Glorfindel y Elladan.
-Glorfindel, Lunnaris, Elladan... buenos días -dijo Elrohir- ¿Un uno contra uno, hermano?
-Hecho, pero si pierdo será culpa de Glorfindel, tengo el brazó algo cansado... -respondió Elladan tocándose el biceps derecho.
-¿Otra vez te ha dado una paliza? -bromeó Elrohir.
-Sí -contestaron al unísono Glorfindel, Lunnaris y Elladan.
-Yo os dejo con vuestros asuntos, ya hablaremos en otro momento Elrohir -dijo Erestor con cara de palo- Buenos días a todos.
-Buenos días -dijeron los cuatro.
-Uff... menos mal... ya no sabía como librarme de él -afirmó Elrohir aliviado.
-¿Qué le has hecho esta vez al pobre Lord Erestor? -preguntó Glorfindel como con cansancio, se notaba a la legua que esa pregunta ya había sido formulada en más ocaciones.
Los rostros de las tres personas se giraron hacia Glorfindel y lo miraron con incredulidad,
-¿El pobre Lord Erestor? -preguntaron a la vez los gemelos, y Lunnaris hubiera dicho lo mismo si no fuera porque lo podrían tomar como una descortesía.
-Bueno, esta muy pesado ultimamente porque quiere recuperar unos manuscritos que me prestó... -aclaró Elrohir.
-¿Y donde está el problema? -preguntó Glorfindel.
-El problema está en que no sabría donde encontralos -respondió Elrohir.
-Vamos, que los has perdido -especificó Lunnaris.
-Pues si -corroboró Elrohir.
-Por favor, cuándo decidas decirle la verdad a Erestor, avísame... Así no tendré que presenciar una regañina bastante desagradable -dijo Elladan.
Todos rieron, incluído Glorfindel. La campana que indicaba el almuerzo sonó y los cuatro se encaminaron hacia el salón de siempre. La misma comida... pensaba Lunnaris. Esta vez estaba sentada entre Elladan y Glorfindel, y la comida al menos transurrió entre bromas sobre los duelos a espada. Al terminar, cuando todos se levantaban, Glorfindel dijo a Lunnaris:
-¿Te apetecería otra sesión de práctica? Tengo que reconocer que se me hace muy entretenido pelear contigo, porque al menos puedo enseñare y no es un simple combate.
-De acuero, tengo muchas ganas de mejorar y a mi también me resulta entretenido -respondió Lunnaris.
Ambos salieron y se encaminaron de nuevo a la armería. Prácticamente pasaron casi toda la tarde ensayando fintas y Glorfindel admitió que Lunnaris era una muchacha perseverante y rápida para ese tipo de aprendizaje. A ella esos ratos de evasión la venían de maravilla, pues así se olvidaba de todo lo demás. De hecho, cuando se dirgían otra vez al salón para cenar, la chica tenía el brazo cansado, al día siguiente tendría agujetas seguro.
Fué derechita a su habitación y al quitarse la ropa se dió cuenta de que necesitaba un buen baño. Estaba cogiendo sus cosas de siempre cuando se la ocurrió una idea, no la apetecía bañarse en la especie de piscina de siempre, el río era una opción mucho mejor, desde luego; sumergirse en las aguas de ese río cristalino a la luz de las estrellas era una idea que la había rondado por la cabeza desde el día en que llegó.
Fin del capítulo.
Dejad reviews, porfa.
